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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2024-06-28T21:30:49+00:00</updated>
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            Castillo apuntó contra la oposición: &quot;deberían correrse un poquito y dejarnos trabajar&quot;
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/55EfOqIMymvDVOiK4i1cygZ--Eo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/411/0000411683.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La fiesta del Pescado y el vino sigue generando cruces entre la actual y la anterior gestión. Tras la declaración de la concejal del PJ María Sira Ghisi quien aseguró que en una gestión del peronismo no se hubiese dejado de hacer, el director de Cultura, Luis Castillo, le respondió en Ahora o Nunca (Ahora Cero Radio lunes a viernes de 9 a 12) y aseguró que “plantear cuestiones contra fácticas es una ridiculez, si nosotros hubiésemos estado… no están. Deberían correrse un poquito y dejarnos trabajar”.</p><p>Sobre el evento que fue un sello distintivo de la gestión anterior, Castillo afirmó que “no se puede seguir alimentando la nostalgia. Hay que dar vuelta la página, van a aparecer otras ofertas superadoras al Pescado y el Vino”. El funcionario agregó además que desde el municipio trabajan en “distintos proyectos para el año que viene” y afirmó: “no podemos seguir llorando sobre la leche derramada”.</p><p>El director de Cultura aseguro que “aunque tuviese un presupuesto en cultura de mil millones de pesos, no los destinaría a la fiesta del Pescado y el Vino” y sostuvo que “cada Gobierno tiene su visión y hay que respetarla”. “El Estado tiene que acompañar al privadao que quiere hacer cosas”, aseguró. &nbsp;</p><p>Mirá la nota completa en&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/55EfOqIMymvDVOiK4i1cygZ--Eo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/411/0000411683.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El director de Cultura aseguró que no hay que "seguir alimentando la nostalgia" y llamó a dar vuelta la página sobre la fiesta del Pescado y el Vino.]]>
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                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2024-06-28T21:30:49+00:00</updated>
                <published>2024-06-28T21:27:55+00:00</published>
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            ¡Diario, diario!
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/u3JiO5Of4_k3z4p12kxK4z6c_Lc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/libros.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo *</p><p>En la actual y efímera Biblioteca de Alejandría que es internet, uno de los tópicos más visitados es lo que está relacionado a las noticias. Queremos saber. Informarnos. Reafirmar o refutar informaciones o creencias.&nbsp;</p><p>La escritura, sabemos, fue lo marcó la transición de la prehistoria a la historia. El mundo se transformó a partir del momento en que los hechos, las narraciones, las experiencias, dejaron de ser transmitidas en forma oral o mediante rudimentarios dibujos o pinturas para convertirse en documentos escritos. Las huellas del hombre y su paso por la tierra comienzan un camino de eternización a partir de convertir los sucesos en palabras escritas. Naturalmente que esto no significó la desaparición de la tradición oral ni mucho menos, recordemos que libros sagrados como la Biblia o el Corán nacieron de la palabra hablada y luego llevada al papel.&nbsp;</p><p>Más allá de los libros sagrados que narran los sucesos de un modo particular, es unos 400 años antes de nuestra era que surge quien es considerado el primer historiador del mundo occidental (aclaración que estimo válida ya que nuestra mirada claramente eurocéntrica siempre que se refirió al mundo obvió a oriente dejando de lado que, en China, 800 años antes de nuestra Era los emperadores se ocuparon de ordenar la redacción de los primeros anales de sus reinados) y se llamó Heródoto. Griego, naturalmente, como casi todos los padres del pensamiento, produjo el significativo cambio de dejar de narrar historias en las que la realidad y la ficción, lo natural y lo sobrenatural se entremezclaban entre leyendas y cosmogonías y comenzó a describir el mundo en tiempo presente. Dejó de lado las narraciones épicas y epopéyicas en donde se entremezclaban héroes con demonios y dioses, para comenzar a describir el mundo real, el mundo de los hombres, con sus virtudes y sus miserias, con las grandezas y bajezas propias de la condición humana. Los responsables del mundo que habitaban no eran sino hombres. Y él comenzó a narrar sus historias. Por eso no es casual que sus primeros relatos fueran lo que hoy consideraríamos crónicas de guerra. ¿Cuál era su forma de recopilar información? Haciendo preguntas. Buscaba las fuentes directas que contaran sucesos que luego, con singular estilo, escribía como historias no pocas veces cargadas de humor o ironía.</p><p>No resulta difícil percibir la similitud entre aquellos historiadores y los actuales periodistas; entre la crónica escrita para perpetuar un hecho político sucedido hace 2800 años y el del fin de semana pasado; “el periodismo es la primera versión de la historia y ésta se construye con versiones. El historiador es una persona que opina”, asegura sin dudar el historiador argentino Felipe Pigna.&nbsp;</p><p>Creemos conocer la historia a través de los libros que ciertos historiadores han escrito de ella, historiadores que desde el siglo XVII a esta parte, además de bucear en documentos oficiales, saben que mucho del material que muestra la realidad que buscan conocer está en los diarios. Diarios que de ningún modo son −y sería ingenuo pretender que sean− totalmente objetivos ya que, más allá de su línea directriz editorial, está hecho por personas, por sujetos, por periodistas que −parafraseando a Ortega y Gasset− son ellos y su circunstancia. Hoy hablamos de diarios oficialistas y opositores como si eso fuera un invento de este siglo pero si repasamos un poco la historia vemos que los ideales de la Revolución Francesa se diseminaron por Europa y el mundo occidental gracias a Le Moniteur universel (El Monitor Universal) diario creado el 24 de noviembre de 1789 en París, Francia, y que fue el principal periódico durante la Revolución francesa y durante mucho tiempo el diario oficial del gobierno francés; más aún, fue el órgano de propaganda del régimen napoleónico.&nbsp;</p><p>La historia, en definitiva, se escribe cada día y sus amanuenses son los periodistas, de ahí la responsabilidad de cada uno de ellos y de los medios que representan; las generaciones próximas conocerán de nosotros por lo que cada uno de ellos escribe, habla, opina, juzga o condena. Los diarios serán material de lectura (quién sabe en qué soporte) para los que nos sucedan sepan de nosotros; qué hicimos, cómo lo hicimos o bien, qué no hicimos para que ellos vivan el mundo del modo en que esté en ese momento. Por eso, no hay noticias viejas, a lo sumo, hay historias no leídas. Y hay periodistas que son conscientes de que no están solo escribiendo noticias, a sabiendas ―o no― que están también escribiendo la historia. O al menos una parte de ella.</p><p>*Médico y escritor</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/u3JiO5Of4_k3z4p12kxK4z6c_Lc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/libros.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Luis Castillo *En la actual y efímera Biblioteca de Alejandría que es internet, uno de los tópicos más visitados es lo que está relacionado a las...]]>
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                <published>2024-01-20T18:26:00+00:00</published>
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            Por primera vez se realizó una presentación de los Corsos Populares Matecito
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5b7aqazlQ61lJ7TNdNbTrMd7sEg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/lanzamiento_matecito_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“En esta noche presentamos algunos trajes representativos, a los directores, a los que oficiarán de jurados y a la música que sonará en el circuito, que como todos los años será en Avenida Parque, entre calle España entre España y Montevideo”, contó a Ahora ElDía el director de Cultura Luis Castillo.</p><p>“La idea es poder poner por encima de todo la importancia que tiene desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista histórico, desde el punto de vista de la importancia de que acá se manifiestan y se pueda ver el trabajo de los diferentes barrios que se expresan a través de sus murgas y sus conjuntos carnavaleros. Nos pareció muy importante poder destacar eso y que puedan contar de qué se tratan los temas”, sostuvo el funcionario municipal y agregó: “Esto es fue una presentación, pero al mismo tiempo una revalorización del evento porque es la primera vez que se hace. Eso nos parece importantísimo porque es ponerlo en el lugar que corresponde. No nos olvidemos que estas son las raíces y la madre del carnaval”.</p><p>La presentación de la edición 2024 de los Corsos Populares Matecito estuvo encabezada por Castillo, quien estuvo acompañado por la presencia del secretario de Desarrollo Humano Juan Ignacio Olano y la viceintendenta Julieta Carrazza, quien estuvo en representación del intendente Mauricio Davico debido a que el Presidente Municipal está de viaje en Buenos Aires.</p><p>“Esperamos que este verano haya muchísima gente. El espectáculo que se va a presentar es muy lindo y los precios son muy accesibles”, adelantó el director de Cultura en la presentación, quien además informó que esta temporada habrá un precio diferenciado: 300 pesos para los vecinos de Gualeguaychú y 1000 pesos para los turistas que vienen de otras partes del país.&nbsp;</p><p>“Esperamos que nos acompañen muchos vecinos, y también los que se acerquen a visitar nuestra ciudad. Estamos queriendo mostrar todo este evento como un hecho cultural y turístico”, concluyó el funcionario.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5b7aqazlQ61lJ7TNdNbTrMd7sEg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/lanzamiento_matecito_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Durante una noche espléndida a nivel climático, en la explanada del Museo del Carnaval, en el Parque de la Estación, se realizó por primera vez una presentación de los Corsos Populares Matecito. Para la ocasión de conocer los detalles de la edición 2024, cientos de vecinos fanáticos de las murgas y los conjuntos carnavaleros se dieron cita para ver las novedades que se podrán ver este verano.]]>
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                <updated>2024-01-20T01:05:03+00:00</updated>
                <published>2024-01-20T01:04:15+00:00</published>
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            La foto
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ynA_0HuCBu-Z3I23ht_oPnqd3uY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/12/castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luis CastilloLa distancia entre la tragedia y la comedia pueden ser, muchas veces, apenas delimitadas por el tiempo y el contexto. Situaciones que en un determinado momento se viven con angustia, con terror, con desazón, son recordadas no pocas veces con estentóreas risas aun exagerando más lo que pudo haber sido trágico.&nbsp;Hace un tiempo llegué a la casa de un conocido en Villa María y me llamó la atención que, sobre una desvencijada mesa de luz, un portarretratos de acrílico naranja exhibía un cartón que, sobre la derecha decía en forma manuscrita: “Mamá” y en el otro extremo el otro decía: “Papá”. Sin poder ocultar mi sorpresa le pregunté el porqué de ese extraño adorno (en realidad no sabía cómo llamarlo para evitar ofenderlo); sin molestarse me contestó: es que no tengo foto porque no los conocí a ninguno de los dos.Así, muchas historias pueden ser recordadas con una sonrisa aun cuando en el fondo escondan situaciones que rocen el espanto. Un amigo que supo ser comisario allá por los años ´60, me contó&nbsp; este otro episodio que dejo su catalogación al arbitrio de los lectores.&nbsp;En unas de las estaciones de ferrocarril que daban pie a caseríos que más tarde se convertían en pueblos y algunos hasta crecían al punto de llegar a ser ciudades,&nbsp;se encontraba la oficina en donde , a los fondos, residía este hombre —pongámosle González por apelativo a fin de preservar su anonimato— quién, sin haber pasado jamás por la escuela de oficiales, se hallaba a cargo de lo que vulgarmente se llamaba comisaría —aunque oficialmente no lo fueran— y por lo tanto, su cargo pasaba a ser el de comisario, cosa que naturalmente tampoco eran. Eso, la verdad sea dicha, poco importaba, el uniforme imponía respeto y la presencia de “la milicada” en los bailes o en las cuadreras, si bien no garantizaban el orden total, sí reducían el número de problemas que la euforia y el alcohol suelen provocar cuando se combinan en dosis adecuadas.&nbsp;En este pueblo, que bien le cabría la cervantina frase “de cuyo nombre no quiero acordarme” vivía una familia compuesta por don Jacinto Menchaca (nombre ficticio, por supuesto), su esposa Rosalía y un hijo que, al momento de los acontecimientos que vamos a narrar, tendría unos veintipico de años cronológicos en un cuerpo alto y desgarbado al que movía sacudiendo los brazos como aspas y emitiendo sonidos que quizás querrían imitar a algún pájaro. Jeremías se llamaba, ya que había nacido un primero de mayo, día en el que era más difícil que habitualmente conseguir ayuda a la hora de un parto dificultoso. Jeremías tuvo, según aseguraba alguien, una falta de oxígeno al momento del parto y eso provocó cierto retraso mental&nbsp; que, en ocasiones, se hacía más manifiesto pero que, en la vida cotidiana, pasaba casi desapercibido. El pueblo se había acostumbrado a la forma de ser de Jeremías y para todos era apenas un chico grande.&nbsp;Jacinto Menchaca, sin embargo, nunca terminó de asimilar ese golpe que la vida le dio inmerecidamente; después de los primeros años de vida de Jeremías, cuando ya era imposible no ver que no era un gurí como el resto, la decepción lo hizo no solo sumergirse decididamente en el alcoholismo y la depresión sino que evitaba por todos los medios de tener contacto con el hijo. Lo rechazaba. Pero a Jeremías poco le importaba eso, nada podía evitar que lo siguiera a su padre a todas partes, que se le colgara de las bombachas cuando éste volvía de trabajar en el campo o que lo estuviera esperando hasta la madrugada cuando volvía mamau del boliche y le ayudaba a acomodarse en el catre como quien guarda una marioneta en un canasto. Jeremías era muy querido en el pueblo y hasta en la comisaría solía pasar tardes enteras cebándole mates al comisario y dándole charla acerca de todas esas trivialidades con las que se conjura la monotonía.&nbsp;Cierto día, cuando el agobio fue más fuerte que las ganas de combatirlo con un imposible olvido, Jacinto Menchaca se colgó de un molino. Quiso el destino que fuera justamente Jeremías quién, cuando salió a buscarlo pasada las tres de la tarde de un sábado y el padre no regresaba a almorzar, lo encontró ahorcado. Recorrió los boliches. Nada. Recorrió las casas de los conocidos. Nada. Finalmente, salió al campo y allí, apenas a unos 500 metros de pueblo, lo encontró con un lazo que el mismo Menchaca había trenzado para que su hijo aprendiera a pialar, colgando ya sin vida del molino de la estancia El refucilo. Salió corriendo hasta la comisaría y relató a borbotones la visión. Jeremías no estaba triste, estaba confundido.&nbsp;El comisario González le dijo que se preparara unos mates y lo esperara mientras él iba hasta la ciudad a reportar el suceso. A las dos horas regresó el comisario acompañado de otros dos uniformados y un fotógrafo. Vamos Jeremías, le dijo el comisario, llevanos hasta donde está tu viejo.Jeremías los guió marchando delante de ellos con los brazos quizás más agitados que de costumbre. Llegaron al molino. Los que acompañaban al comisario tomaron algunas notas en unos cuadernos grandes y el fotógrafo se acomodó para registrar el cuerpo tal como se lo había encontrado antes de proceder a bajarlo. Cuando iba a disparar, Jeremías corrió hasta donde estaba el cuerpo inerte y se abrazó a él, miró con una enorme sonrisa hacia el fotógrafo y se quedó tieso. ¿Qué haces Jeremías?, preguntó el comisario incómodo, salí de ahí que tienen que sacarle una foto. Que nos saquen a los dos, dijo Jeremías, no tengo ninguna foto con mi papá.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ynA_0HuCBu-Z3I23ht_oPnqd3uY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/12/castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Está historia que quiero compartir fue tristemente cierta. Por razones obvias fueron cambiados nombres y circunstancias (como suelen referir las crónicas policiales) pero fue dolorosamente real.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2023-12-16T17:07:00+00:00</published>
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            Hackearon el celular de Luis Castillo, concejal saliente de la ciudad y futuro director de Cultura
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/isp0LCg0pSmA7xPyDViuaCwBjGY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/10/castillo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A través de un mensaje los ciberdelincuentes piden $82.000 como una favor, y con la promesa de devolver la transferencia antes de las 20:00 hs.</p><p>Alertado dela situación, el concejal saliente de la ciudad y futuro director de Cultura pide no realizar ninguna transacción económica ya que no es él quien solicita el dinero.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/isp0LCg0pSmA7xPyDViuaCwBjGY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/10/castillo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En la tarde del sábado, el funcionario público fue víctima de un ataque digital a partir del cual tomaron control de su Whatsapp y  piden plata a sus contactos. En este contexto, Luis Castillo pidió no enviar ningún dinero.]]>
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                <published>2023-10-28T22:24:37+00:00</published>
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            La Matrix y la historia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dFy7Niu_iW5GNUI_yHcx7dak8xQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/09/libro.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Cada mirada sobre la historia quizá no sea otra cosa que narrar una nueva historia. Creo, taxativamente, que no existe LA historia, sino que existen tantas historias como miradas haya sobre una época, una situación o un lugar determinado.&nbsp;</p><p>Los historiadores no son sino rastreadores de miradas que luego transcriben con la suya propia. Todas ellas son reales y quizás ninguna lo sea. Los diarios, los documentos, los relatos orales, las vasijas de barro, las armas, cualquier manifestación que nos dé pistas que permitan reconstruir la historia, llevan implícito el inalienable sesgo de una cultura, un tiempo, un espacio y un contexto particular.&nbsp;</p><p>Cada historiador narra una historia reconstruida −asimismo− según su propia historia, su ideología, su tiempo y su intencionalidad.&nbsp;</p><p>Todas son, de un modo u otro, pasibles de ser analizadas. Aun cuando muchas veces se escriben narraciones casi ficcionales o lisa y llanamente falsas, eso mismo puede ser el material con el que otro historiador se nutra para realizar una interpretación del porqué de la mentira, el encubrimiento o la deliberada alteración de un hecho histórico determinado.</p><p>Escribe Tomas Eloy Martínez: “La ficción y la historia se escriben para corregir el porvenir, para labrar el cauce de río por el que navegará el porvenir, para situar el porvenir en el lugar de los deseos. Los mitos reflejan también los deseos secretos de la comunidad por crear símbolos y metáforas que le permitan al pasado transfigurarse en futuro. O, dicho de otra manera, los mitos son las imaginaciones que la comunidad tiene de su propio porvenir.” Quizás por eso muchas veces al escribir hoy lo que mañana será pasado, será historia, nuestro relato no puede escapar a lo que −consciente o inconscientemente− buscamos o deseamos que se conozca de nosotros, de nuestro tiempo, de nuestro accionar o de quienes son nuestros velados u ocultos enemigos o cófrades.&nbsp;</p><p>Durante mucho tiempo y por razones que no es momento ni lugar para analizar, existía una sola historia: la historia oficial; la mirada univoca del poder que interpreta y escribe. Nadie duda acerca de la veracidad de los hechos que se describen, nadie cuestiona y el hecho termina convertido en verdad absoluta. El revisionismo histórico, los revisionistas, sienten que todo acontecimiento o proceso histórico debe ser puesto en duda. Pero no solo los historiadores, cada vez más (y afortunadamente) dudamos de la aparentemente ingenua intencionalidad de quienes escribieron la historia, nuestra historia. Las fuentes historiográficas son cada vez más numerosas y al mismo tiempo más accesibles; las miradas se multiplican y así, podemos tener una visión más crítica −aunque nunca final ni absoluta− sobre determinado hecho o acontecimiento histórico.</p><p>Todo esto bajo una mirada que, pese a todo, no perdía sus rasgos de humanidad. Así como ayer fueron las hemerotecas las mejores custodias (aun sesgadas) de un tiempo y una época, hoy la internet y eso que llamamos “La nube” cobija celosa, inexorable e impúdicamente todo cuanto escribimos, deseamos, odiamos; para esa nube inasible no existen secretos ni posibilidad de ocultamiento.&nbsp; Esa verdadera caja de Pandora es real pese a que se autodenomina virtual (quizás como una artera forma de engaño) y, probablemente, como cada una de las diferentes ofertas a las que ya tenemos acceso directo, escribirá la versión de la historia del modo que “sabe” que queremos escuchar, leer o ver en atractivos dibujitos que nos regalen efímeros momentos de felicidad. Verdaderas historias de la historia “a la carta”. Pareciera que el sesgo solo será el deseo.</p><p>El “Gran hermano” ya llegó hace algún tiempo; la Matrix, temo, está calentando motores.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dFy7Niu_iW5GNUI_yHcx7dak8xQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/09/libro.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Existen tantas historias como versiones acerca de ella; hasta hoy, el sesgo parecía estar impuesto por la ideología o la cultura, ¿seguirá siendo así?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2023-09-09T23:53:32+00:00</updated>
                <published>2023-09-09T23:42:08+00:00</published>
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            El desgarrador testimonio de Luis Castillo: &quot;siempre pensás que lo malo le pasa a los hijos de los otros hasta que un día te toca a vos&quot;
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eHpxQl62cRzr0e6744jszqQzFk8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/755/0000755961.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace más de un año, la vida de Luis Castillo y fundamentalmente la de su hijo Juan Pablo, cambió para siempre. En plena pandemia, el hijo del médico y concejal gualeguaychuense debió ser internado por una encefalitis que lo llevó al borde de la muerte.&nbsp;</p><p>Cuando recuerda los difíciles días en los que su hijo se debatía entre la vida y la muerte, Luis asegura que Juan Pablo se salvó porque “no le tocaba” y cuenta que un paciente de con la misma enfermedad y de similares características terminó falleciendo. “Evidentemente no era su momento”, asegura.</p><p>Tras días de pelearle a la muerte, Juan Pablo recibió el alta médica y fue entonces cuando comenzó una nueva etapa, la de la recuperación. Dentro de las secuelas que le dejó la enfermedad, la más grave es la perdida de visión. Luis es claro a referirse al duro golpe que le tocó recibir a su hijo: “Lo primero es la vida, el resto es pelea. Hay que bancarse lo que toca y lo que queda. Mi esperanza es que recupere la visión y si no es así que aprenda a ver de otra manera. No sólo se puede ver con los ojos”.</p><p>Castillo que además de médico y concejal es un gran escritor que tiene Gualeguaychú, cuenta que su hijo vive el momento con “la tranquilidad que le da no haberse preguntado nunca `¿por qué a mí?´ y asegura que para Juan hay muchas cosas que se pusieron en pausa, se quedaron quietas. Por ejemplo “los rostros de las personas que quiere. Nosotros no somos los mismos que hace un año ni lo seremos en un año. Incluso su propio rostro no es el mismo pero su único espejo hoy es la memoria”.</p><p>Luis no se pregunta por qué les pasó lo que les pasó, sostiene que “uno piensa que siempre lo malo le pasa a los hijos de los otros hasta que un día te toca a vos”. Además cuenta que Juan Pablo se está “adaptando a su nueva vida, retomando el trabajo que hacía antes, reformulando su rutina de escritura (su hijo es sociólogo y suele escribir artículos periodísticos sobre política). No es lo mismo escribir que dictarle a alguien para que lo haga por vos”.</p><p>Sobre la posibilidad de que su hijo recupere la visión, Castillo fue cauto y reconoció que no tienen certezas de que eso vaya a pasar algún día. “El neurólogo nos dijo que hoy lo más saludable es esperar. Así de fácil y de duro a la vez. Tenemos que esperar como se van recuperando las redes neuronales pero como decía Beethoven `cuando llegue la inspiración que te encuentre trabajando´. En este caso es lo mismo. Él sabe que su recuperación no se va a dar de la noche a la mañana y eso lo motiva a seguir formandose, escuchar la radio, seguir las noticias y mantenerse conectado”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eHpxQl62cRzr0e6744jszqQzFk8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/755/0000755961.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En diálogo con Ahora Cero, el médico y concejal aseguró que Juan Pablo "está vivo porque no le tocaba".]]>
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                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2022-09-26T19:48:27+00:00</published>
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            Eternos finales, nuevos comienzos
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qp0ulSQfoATYRsMgL59L7Xlk9Sw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/borges.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Ante todo, quiero aclarar que el escrito de hoy no será una columna literaria, sino que apelaré a ciertas lecturas y relecturas para tratar de compartir algunas sensaciones que particularmente me conmueven.</p><p>Como algunos lectores ya sabrán, Borges escribía acosado por ciertas obsesiones entre las cuales se destacan sus tigres, sus laberintos, el color amarillo, el tiempo cíclico y el inasible cosmos de la simbología.</p><p>Ahora bien, podría parecer, prima facie y más allá de las innumerables interpretaciones que se han hecho acerca de la obra de este maravilloso escritor, que son solo eso, obsesiones, sin embargo, en este momento creo, y perdón por la arrogancia, que hoy me atrevo a vislumbrar otras cuestiones implícitas en dichas obsesiones.</p><p>Siempre me pareció curioso el tema de los laberintos; se me ocurría un recurso más que interesante pero no mucho más que eso: un recurso; lo mismo que el permanente jugar con el tiempo (si acaso pudiera jugarse con el tiempo).</p><p>Por alguna serie de circunstancias cuya concatenación naturalmente desconozco y que ante ese desconocimiento denomino azar, mi vida (perdón por lo autorreferencial) cambió súbitamente de un modo inesperado e insospechado. Leí o escuché alguna vez que el único momento en que Dios se ríe es cuando nos escucha hacer planes; eso, creo, explica todas aquellas circunstancias a las que por ignorancia llamamos inesperadas y es que, naturalmente, no estamos preparados sino para esperar más que lo esperable, lo conocido, lo rutinario.</p><p>Un día como tantos, como cualquiera, que fatalmente no fue un día cualquiera, me encontré con que mi hijo había quedado ciego.</p><p>A partir de aquella infausta circunstancia, empecé a descubrir nuevos momentos y situaciones que se sucedían unos tras otros, sin una lógica aparente, marcando nuevos rumbos tanto en su vida en la mía y la de todos y cada uno de los que, de algún modo, estábamos más cerca de él.</p><p>Para mi hijo, súbita e inexplicablemente, el día y la noche perdieron su sentido; como lo perdieron también la palabra luz, la palabra obscuridad, y sabemos que cuando se pierden las palabras no solamente se están perdiendo las palabras. Un día cualquiera (que dejó de ser un día cualquiera) cada instante comenzó a iniciarse para él con un inútil elevarse de párpados, y cada momento subsiguiente solo alcanzaba a&nbsp;presagiar el incierto encuentro con nuevos laberintos.</p><p>Es que entonces descubrí, a través de los ojos sin vida de mi hijo, que todo cuanto había delante de él, detrás de él, a cada lado (que ya habían perdido su condición de lados) era apenas un nuevo y atroz laberinto que iba conformándose, confundiéndolo o intentando hacerlo; laberintos que, al modo de la casa de Asterión, se convertían silenciosamente en una gigantesca cárcel sin puertas, sin ventanas, sin techo.</p><p>Ese fue el comienzo de mi cambio en la interpretación de ciertos escritos borgeanos, una persona para quién, casi de la noche a la mañana (antes habitó, según narra, un universo monocromo de amarillo) las palabras noche y la palabra mañana pasaron a ser solo palabras y delante de él comenzaron a fatigarse laberintos interminables a los que había que recorrer con manos vacilantes, manos inseguras; comprendí también que para quien no ve con los ojos el tiempo es otro, que el concepto y la percepción del tiempo son otros y que estos no se mensuran con luces y oscuridades ni con inútiles relojes. El tiempo, para mi hijo, pasó a ser algo tan laxo y tan inasible como esos mismos laberintos que se crean en su cabeza a cada instante. En cada nuevo no lugar al que llega una y otra vez, aunque sea el mismo sitio al que fatiga a cada rato.</p><p>Esto que narro, que tengo la fortuna de poder hacerlo, sé que es común a muchos padres, muchas madres, muchas parejas, hermanos, amigos, a quienes la vida los sacude con un cachetazo de nueva realidad en un momento cualquiera. Ese momento en el que sentimos que llegó un final. No importan la edad ni las circunstancias. Sin embargo, quizás podamos, no sin esfuerzo, soñar y perseguir ese sueño de un nuevo comienzo. Diferente claro. Difícil, por supuesto. Pero posible.</p><p>Nadie puede colocarse en los zapatos de nadie, eso está claro, pero imaginar un mundo sin imágenes, sin voces, un mundo hostil que nos castiga con ruidos, con vértigo, con impaciencias, no es tan cruel como saberlo cubierto de indiferencia, de intolerancia, de desamor hacia el otro. Ese otro que camina con dificultad, que no camina, que no ve, que no oye, que no entiende, que lo ensordece hasta un susurro, que no sabe -no comprende- que haya quien no solo pueda hacerle daño, sino que, además, no le importe.</p><p>El tiempo, para mi hijo, en cierto modo se detuvo. Los rostros conocidos, incluso el suyo, el de quienes ama, quedaron congelados, detenidos. Las imágenes no envejecen. El inexorable proceso de los humanos se detuvo. Las voces, seguramente, se volverán más apagadas, más severas, más ajadas, pero los rostros, en su memoria y su recuerdo, seguirán intactos, como estaban el último día en que cerró los ojos para dejar este mundo conocido y comenzar a recorrer, a descubrir, a inventar y por qué no, a disfrutar, de ciertos eternos y vedados laberintos.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qp0ulSQfoATYRsMgL59L7Xlk9Sw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/borges.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde la adolescencia, mi pasión por la lectura de los cuentos de Borges se fue incrementando y no se detuvo jamás; en ese momento, apenas me preocupaba por entenderlos; ahora, creo que finalmente pude empezar, a mi modo, a comprenderlos.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-09-24T22:14:52+00:00</updated>
                <published>2022-09-24T22:10:08+00:00</published>
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            Luis Castillo: “necesitamos abrir el Concejo y que la gente vea la forma en que trabajamos”
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hu6F9LQUOgdvG9EqcvhNVgr0G_M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En diálogo con AHORA Cero Radio, Castillo expresó que “hay algunos temas presentados por los concejales en el HCD que no fueron mencionados, como por ejemplo, la exención de la sobretasa de comercio, que es algo sobre lo que veníamos trabajando hace un tiempo. También hace dos o tres sesiones atrás se aprobó un proyecto para que la habitación de las playas los 365 días del año, que entendemos es algo sumamente importante para el turismo de la ciudad”.“Otro proyecto de nuestro bloque que fue aprobado fue el apoyo a los deportistas de la ciudad, pero hacerlo desde el minuto uno, no cuando ganan algún título y son reconocidos por sus esfuerzos Entonces se aprobó la beca para deportistas amaterus y de elite, algo consensuado con Adrián Romani, director de Deportes, a quien le pareció espectacular el proyecto y pudimos darle sanción”, añadió el concejal.Consultado acerca de si no es muy grande la cantidad de concejales que asumen en cada nuevo período, Castillo profundizó expresando que “el número de concejales actual es el que marca la ley. Su Gualeguaychú tuviera una Carta Orgánica, se podría revisar y debatir si el número de concejales es el adecuado, se podría discutir con qué cantidad de concejales podría trabajar el Concejo. Lo mismo ocurre con el debate del reglamento interno del HCD, hay muchos grises en el reglamento. Actualmente se permite mantener sesiones secretas, que es una barbaridad, tomando en cuenta que los concejales estamos representando a los ciudadanos. Pero son cosas que han quedado vetustas y que con los otros concejales hemos trabajado en poder cambiar algunas cuestiones y dejar una especie de legado para los concejales que lleguen detrás nuestro”.&nbsp;También Castillo resaltó el trabajo realizado por su bloque en generar consensos con el resto de los bloques, remarcando que “como oposición y como oposición minoritaria absoluta, hemos conseguido con nuestro bloque, que a través de consensos hemos logrado aprobar más del 60% de los proyectos que presentamos y, salvo uno, todos fueron aprobados por unanimidad. Tenemos otros proyectos presentados, uno puntualmente sobre la incorporación de personas con discapacidades al ámbito cultural en la ciudad”.Finalmente, el edil vecinalista sostuvo que “nosotros tenemos que trabajar en formar mejores generaciones de políticos para el futuro. Es imprescindible que haya ciudadanos a futuro con muchas ganas de hacer cosas por la política, por la ciudad y por las instituciones. Está en nosotros poder separar a la buena de la maña gente y formar personas que se formen para mejorar la política, con idoneidad, con profesionalismo, con honestidad. Eso es un desafío a futuro, poder hacer tener mejores concejales y mejores políticos. Debemos abrir el Concejo Deliberante, que la gente venga y vea la forma en la que trabajamos, porque es una buena forma de que cambie la idea que tiene de los concejales”.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hu6F9LQUOgdvG9EqcvhNVgr0G_M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El concejal del vecinalismo defendió el trabajo del HCD y profundizó en la necesidad de que “la gente cambie la idea que tiene de los concejales. Es necesario abrir el Consejo y transparentar nuestro trabajo”.]]>
                </summary>
                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2022-09-19T20:03:58+00:00</updated>
                <published>2022-09-19T19:56:34+00:00</published>
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            ¿Qué pasó con la risa?
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YzJNgwHnAxU-15vaycmgnDtRB8I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/risas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Hace ya más de 50 años investigadores de la Universidad de Bucknell hicieron un interesante estudio intentando descubrir si existía alguna relación entre la inteligencia, el humor y la creatividad. Los resultados obtenidos mostraron una clara relación entre inteligencia y creatividad y una correlación aún más importante entre inteligencia y humor. No parece tan sorprendente hallar una correspondencia entre el humor y la creatividad ya que es casi imposible imaginar el uno sin la otra, pero las cosas no parecieran estar tan claras cuando de inteligencia se trata. Y es que la dificultad estriba quizás en comprender qué es la inteligencia.&nbsp;</p><p>Veamos esto. Sabemos que tenemos dos hemisferios cerebrales, es decir, nuestro cerebro, anatómicamente hablando, está dividido en dos partes. Similares pero no iguales. Anatómicamente semejantes pero funcionalmente distintas. Desde hace más de 30 años sabemos que el hemisferio izquierdo es el principal responsable de generar el pensamiento verbal, lógico y matemático, y el hemisferio derecho lo es de las habilidades visuales, artísticas y creativas en líneas generales. Así de diferentes. Así de complementarios. Ahora bien, a partir de allí, el desarrollo de cualquiera de esas áreas nos va a mostrar un diferente perfil de inteligencia, eso es lo que Howard Gardner describió como inteligencias múltiples. Todos tenemos alguna de ellas más desarrolladas que las demás y por eso el error de pretender definir ―o intentar hacerlo― quién es más inteligente, obviando la segunda parte de la pregunta: ¿en qué?</p><p>Se asegura desde la neurología que los estados emocionales denominados positivos (diversión, felicidad), incrementan la producción de una sustancia cerebral llamada dopamina, la cual, entre otras acciones, activa los centros de aprendizaje del cerebro lo cual mejoraría nuestra creatividad. Esta asociación es lo que, desde otras áreas del conocimiento, se describió como inteligencia emocional que, aseguran, las personas con sentido del humor son más exitosas. Un grupo de investigadores austríacos informaron hace pocos años que las personas divertidas, más aún y curiosamente, aquellas que disfrutan del humor negro, tienen un coeficiente intelectual más alto que otros grupos similares y esto se explicaría a partir de que se precisan habilidades cognitivas y emocionales tanto para procesar como para generar humor.</p><p>Sabemos que muchos de los grandes genios universales gozaban (y hacían gozar) de un humor particular. No pocas veces ácido pero siempre ocurrentes. De Borges a Macedonio Fernández y de Einstein a Stephen Hawkins también nuestra galería de próceres podría estar poblada de anécdotas risueñas si la historiografía oficial no los hubiera cubierto de bronce. Juan Manuel de Rosas, uno de los hombres más poderosos de la América de su época tenía un particular sentido del humor del que poco o nada se habla. O Manuel Belgrano. O el mismísimo Sarmiento, ni que decir de Perón o Raúl Alfonsín.</p><p>En un momento y en un mundo signado por las tragedias y el desencanto quizás reírnos un poco más, de nosotros mismos, con los demás, en soledad, al escribir, al soñar, al discutir, al amar, nos devuelva un poco de nuestra humanidad que, sin darnos cuenta, vamos perdiendo día a día. Año a año. Generación tras generación.&nbsp;</p><p>Las máquinas, poco a poco, van haciendo innecesario el desarrollo de nuestras potencialidades cognitivas. De nuestra inteligencia podría decirse en términos vulgares. Por ahora, creo, solo repiten chistes preprogramados, pero cuidado, no tardarán en inventar sus propias humoradas y bromas las que, como es fácil deducir, serán de un dudoso color negro.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YzJNgwHnAxU-15vaycmgnDtRB8I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/risas.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una de las formas de conocer cómo estamos como sociedad, se me ocurre, puede ser a partir de pensar si nos estamos riendo lo suficiente. El humor, creo, es una sutil pero eficaz manera de sentirnos vivos.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-09-10T22:16:55+00:00</updated>
                <published>2022-09-10T22:13:44+00:00</published>
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            ¡A los libros, a los libros!
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/c9LH2bZZrUzbiAc1CMV6yjeNb-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/feria_del_libro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Una feria del libro es, ante todo y fundamentalmente, una fiesta. Un lugar físico en donde se dan cita quienes se dedican a producir material de lectura y quienes consumen los mismos, quienes crean y quienes disfrutan de esas creaciones. Un particular sitio en donde coexisten profesionales ―tanto de la escritura como de la lectura― como amateurs de ambos campos. He escrito profesionales de la escritura, eso está claro, pero también profesionales de la lectura. ¿Qué sería eso? O ¿Quiénes serían esos? Un profesional se define como alguien que ejerce una profesión, así de sencillo, pero ¿existe la profesión de lector? Etimológicamente profesión viene de profesar, que puede definirse según los diccionarios como: Tener [una persona] una determinada inclinación o un sentimiento intenso hacia algo o alguien. ¿Alguien puede negar que esa descripción cabe a cualquiera que con todos o cualquiera de sus sentidos se acerca a un libro? Tanto un libro físico como a sus versiones digitales, eso solo importa en cuanto a qué sentidos estimule, el resto, el placer de la palabra escrita ejercitando nuestra imaginación, nuestros recuerdos, fantasías, temores, vértigos y cientos de emociones que solo terminarían siendo una aburrida enumeración y que, sin embargo, se suceden en cada apertura ―o encendido― de un texto escrito.</p><p>Es interesante recordar el nacimiento de las Ferias del libro; cuestión que se remonta al siglo XVI y que consistían en pequeñas reuniones en donde autores y lectores se daban cita y en los cuales, no está más destacar, existía un estricto derecho de admisión. No era un evento para cualquier hijo de vecina. Lo cual no escandalizaba a nadie si consideramos que quienes sabían leer y, además, tener acceso a la compra de libros no eran mayoría en ningún lugar del planeta. La verdadera democratización de los libros tuvo que esperar hasta entrado el siglo XX. No hay que ser ingenuo y pensar que no existieron ―y existen― velados o manifiestos fines comerciales detrás de este tipo de eventos lo cual, desde mi visión, naturalmente, no los invalida en absoluto aunque haya quienes se rasguen las vestiduras proclamando que no se trata de hechos culturales sino comerciales. La verdad, no me interesa polemizar con quienes piensen de ese modo como tampoco me parece adecuado que el arte no se valorice ―económicamente hablando― y que, más allá de los beneficios sociales y culturales, no considero que este mal ni mucho menos que cualquiera pueda comerciar con sus obras.</p><p>La Feria del libro de Gualeguaychú nació y viene creciendo de la mano de personas que aman tanto los libros como creen en la necesidad de luchar por su llegada a todas las manos, los ojos, las narices y las emociones; Susana Lizzi, Florencia Pérez, Marcos Henchoz y tantos otros silenciosos artífices de hacer posible soñar y creer en soñar. Personas que saben que la libertad viene de la mano del conocimiento, del descubrimiento, de la luz ―el enemigo más temido de la ignorancia― que se genera tras el hallazgo de nuevos símbolos hecho lenguaje. Hecho ideas.</p><p>La feria del libro es más que una feria en donde se exhiben, se compran y se venden objetos, verlo de ese modo es un reduccionismo infame que acaso solo busque equiparar el placer de la lectura al del consumismo banal de objetos inertes. No, de ningún modo, ver los rostros de los niños y las niñas extasiarse frente a un dibujo, estremecerse al escuchar un relato, crear jugando una frase, un poema, un laberinto de palabras, escuchar la voz de los creadores mostrando impúdicamente su alma revelando los secretos escondidos detrás de las páginas de sus obras, vibrar con la música, con el bullicio exultante de quienes no precisan de un catalejo para descubrir nuevos mundos, y además, gratis. Porque, afortunadamente y aunque haya sido necesario esperar varios siglos, este evento es para todos. Al menos acá, en esta ciudad del nombre largo, es para todos. Porque sí, porque esa es la decisión de quienes están detrás de esta invitación a sumergirse en la aventura del descubrimiento que es leer, tocar, escuchar, oler, vibrar, en este fantástico mundo del arte.</p><p>El slogan que guía esta muestra es “Leer es poder” con toda la intensidad semiótica que conlleva ese juego de palabras. ¿Hace falta decir más?</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/c9LH2bZZrUzbiAc1CMV6yjeNb-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/feria_del_libro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En pocos días, Gualeguaychú volverá a disfrutar de un evento cuyo verdadero significado e importancia muchas veces queda soslayado por inciertas urgencias.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-08-28T02:29:39+00:00</updated>
                <published>2022-08-28T02:26:32+00:00</published>
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            El vecinalismo cuestionó al Piaggismo por oponerse a la implementación de la Defensoría del Pueblo
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ynq2j8nJ8vZ-eh29OT-OsaSe1ek=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/08/luis_castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luis Castillo recordó que el proyecto de la Defensoría del Pueblo se trató en Comisión de Conjuntas, se votó y se impuso el oficialismo que no permitió que llegase al recinto. “Nosotros pretendíamos que, al menos, se discutiera en las sesiones, las cuales son públicas, en las cuales la gente puede escuchar y enterarse de cuales con los argumentos de la negativa. Es un poco la raíz, la razón de ser del Concejo Deliberante. Que se discuta, analice un tema, en el cual necesariamente no tenemos que estar todos de acuerdo; más allá de que esta es una norma que está contemplada en la Constitución Nacional, en la de Entre Ríos, en la Ley Orgánica de los municipios por lo tanto es algo que desde el punto de vista jurídico es indiscutible”, opinó.&nbsp;</p><p>En cuanto a las argumentaciones que uno pudo escuchar, marcó que “queda claro que son muy débiles”., ya que "la función del concejal no es la de la Defensoría del Pueblo, sino actuar de nexo entre las necesidades del vecino y ver como resolver la problemática que se plantea”.&nbsp;</p><p>Señaló que la “función de la Defensoría es la de intervenir en actos de omisión, acciones que van en detrimento del Poder Ejecutivo contra los vecinos. Entonces, la actuación de un concejal vendría por el lado de hacer un expediente, con un reclamo, una queja y que eso siga su proceso administrativo, y no como muchas veces se dice que el edil actué pidiendo favores, o pretender que sea el vecino quien se encargue de golpear las puertas de las diferentes oficinas para que se resuelvan los problemas. Si en una calle hay un corte de agua u otro problema -dijo a modo de ejemplo- el vecino no sabe a qué área del municipio recurrir”.</p><p>Sostuvo que “no hay que tenerle miedo a la figura del Defensor del Pueblo, porque justamente es un derecho y si estamos hablando permanentemente de la obtención de derechos para los ciudadanos, este es uno fundamental. No nos olvidemos que través del voto elegimos nuestras autoridades y tenemos ese mismo derecho para exigirles que obren conforme a las promesas realizadas, razón por la cual no podemos quejarnos de que se nos controle y exija. Eso es lo que provoca que cualquier organización funcione adecuadamente. Los responsables de cada organización gubernamental tienen que garantizar mínimamente dos cuestiones muy importantes, como la transparencia y la eficacia en la gestión. Entonces un gobernante, en este caso un intendente, no puede sentirse incómodo porque la misma gente que lo puso en funciones le pida explicaciones, o sus propios funcionarios”, argumentó.&nbsp;</p><p>Destacó que “esta figura, lejos de querer perjudicar, como sería en este caso una norma municipal, al Presidente Municipal, lo beneficia, porque sabemos que uno es responsable cuando está a cargo de algo y tiene que dar respuestas, y muchas veces a través de sus funcionarios. Y sabemos que este gobierno, como en tantos otros, hay funcionarios excelentes y otros que no están a la altura de las circunstancias, ni siquiera de lo que pueda pretender el mismo gobernante”.</p><p>“Nosotros somos consumidores de un prestador que es el propio estado, por lo que tenemos los mismos derechos para reclamar ante una situación que está contemplada en la Ley de Defensa del Consumidor en este caso específico con las funciones que debería cumplir el ejecutivo”, marcó Castillo, y recordó que ”Piaggio manifestó públicamente que está de acuerdo con la figura del Defensor del Pueblo”. &nbsp;</p><p>“¿Ahora porque a nadie la gusta que lo controlen?” se preguntó el concejal, y aseguró que "le es de suma utilidad al Ejecutivo, porque desde un escritorio se puede tener una visión o una idea, y otra cosa es cuando la información es de primera mano. Se puede planificar determinada obra, pero las urgencias de la zona en que se iba a encarar una serie de trabajos son otras. Y ahí es donde se genera una charla en donde se puede llegar a un consenso de que es lo más importante”.</p><p>La Problemática de las DrogasConsultado por esta temática por Ahora ElDía, el concejal planteó que “es un problema con un contenido social muy fuerte donde Gualeguaychú no es una isla. Es un problema que afecta a todo el país y buena parte del mundo. En Argentina, uno puede poner el epicentro en Rosario con una situación que se le fue de las manos a las autoridades. El índice de homicidios es monstruoso, y la gran respuesta tiene que venir desde arriba hacia abajo, pese a que los reclamos son en sentido inverso. Muchísima gente trabaja en las diferentes maneras de contención y trabajo para ver que la persona que puede recuperarse &nbsp;tenga algún tipo de sostén. Somos conscientes de esa realidad y en diferentes aspectos trabajamos en la contención y en mecanismos para evitar que las personas caigan en el problema de la droga”.</p><p>"Por eso me puso muy contento que se apruebe el sistema de becas para deportistas, porque el deporte, el arte, la cultura, constituyen las herramientas más poderosas como sociedad para evitar que los gurises y las gurisas estén en la calle. Que tengan una salida no solo eventualmente laboral, también que tenga que ver con el crecimiento personal. Sabemos que deporte y arte saca a los chicos de la calle y los riesgos de la misma”, añadió.</p><p>Asimismo, se mostró "preocupado por índices que rozan el anafalbetismo. Lamentablemente tenemos un porcentaje de estudiantes secundarios importante que no tiene comprensión de texto, quiere decir que se trata de chicos que no pueden leer la realidad e insertarte en un mundo competitivo y ahí nace una tremenda palabra que es exclusión. Cuando se te excluye del sistema y cuando llega la peor parte que es la autoexclusión”, sostuvo.</p><p>Finalmente, cerró diciendo que “a este mundo globalizado le sirve la pobreza, la miseria, la guerra, y nos genera muchas dudas que haya una intencionalidad de terminar con el flagelo de las drogas”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ynq2j8nJ8vZ-eh29OT-OsaSe1ek=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/08/luis_castillo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El Concejal Luis Castillo lamentó que el proyecto no llegara a tratarse en el HCD. Recordó que cuando funcionarias del área del Municipio de Paraná se presentaron en el Consejo Deliberante, el mismo estuvo lleno con todos los actores de la sociedad, y manifestó que el mismo intendente estaba de acuerdo con la iniciativa. El edil, consultado por Ahora El Día, también habló sobre la creciente problemática de las drogas.]]>
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                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2022-08-05T14:41:29+00:00</updated>
                <published>2022-08-05T14:17:15+00:00</published>
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            No todo tiempo pasado fue mejor
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        <author>
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aqr_kxLt4ztny23I5vVxPyxrIgM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/bullying_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Escribía Jorge Manrique en un texto cargado de dolor y nostalgia —no era para menos si consideramos que el tema era la muerte de su padre— “ (…) cuán presto se va el placer/ cómo después de acordado, da dolor/ cómo a nuestro parecer/ cualquier&nbsp; tiempo pasado, fue mejor”. Este poema fue escrito&nbsp;a mediados del año 1400 y, desde entonces, algunas visiones han cambiado. O deberían haberlo hecho, al menos. Lo que observamos en la realidad es que pareciera que mucha gente se empeña en continuar aferrada a concepciones que, por diferentes razones, consideran inamovibles e inmutables. A veces bajo del manto de un dogma y otras veces con el nombre de tradición. Si esto viene siendo así desde hace cientos o miles de años, ¿por qué cambiarlo? Si antes nos entreteníamos con una caña y un pedazo de papel ¿para qué necesitan hoy los niños y las niñas las pantallas táctiles? Si…, si..., si…, podríamos pasarnos horas enteras buscando y encontrando ejemplos de este tipo&nbsp; que solo nos llevarían a concluir acerca de lo estéril de una enumeración de esas características. ¿Cómo luchar contra las sensaciones que nos provocan los recuerdos? Porque, como bien lo repetía Borges,&nbsp; “Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan los sitios, sino los tiempos.” Y, qué duda cabe, los tiempos de las infancias son —mal que nos pese— construcciones simbólicas de esos momentos y sus circunstancias. Momentos de espanto que hoy se recuerdan romantizados o cubiertos de mantos de piedad, noches de terror que son narradas con risas reparadoras, perdones póstumos para personajes que supieron ser siniestros en su momento, circunstancias canallas que hoy, afortunadamente, quizás sean solo recuerdos.&nbsp;</p><p>Cómo no recordar en los reencuentros de estudiantes las escenas que, a la distancia, son pura y llanamente escenas de bullying y que, en su momento, nos parecían graciosas. Porque no tenía por qué ofenderse el gordo porque lo llamaran gordo y se bromeara todo el tiempo sobre esa circunstancia, o el cabezón o el enano o el mansueta, el tartamudo o el chicato. Cómo no reírse de todos o cualquiera de ellos si cualquiera de ellos, en sí mismos y por esa condición, ya eran graciosos. Diferentes. Algunos hasta raros, es verdad.&nbsp; Ninguno pensaba —o algunos quizás sí, dejemos esa opción— que todo aquello no era gracioso. No era bueno. No era sano, pese a que era habitual. Normal. Lógico. Si toda la vida en los grupos hubo alguien a quien le tocó ser punto y bancarse las cargadas, las humillaciones y no pocas veces la violencia no solo simbólica sino física. Brutal. Y acompañada de risas y de vivas. Cómo ofenderse, para qué delatar, por qué quejarse, si eso solo era un estímulo más para seguir haciendo lo que parecía correcto hacer: reírse del otro. O de la otra, porque era flaca o era gorda o era una tabla o le sobraban tetas, o frígida o flojita de calzones, de un extremo a otro y sin escalas. Negro cabeza, ruso batatero o judío angurriento. Nadie era perfecto en una sociedad que se jactaba de serlo. La argentinidad al palo, diría Cordera. Eso éramos. Eso somos. No es verdad que la música que escuchábamos cuando éramos jóvenes era mejor que esta que escuchan los jóvenes hoy. No es verdad que la teníamos clara y hoy son todos zombies de cabeza quemada por la tecnología. No es verdad que nuestra infancia fue mejor. Fue distinta, eso sí se lo concedo, pero no mejor. Siempre hubo de todo en ese cambalache que es nuestra historia, la de ayer, la de hoy y la de antes de ayer, esa que nos contaron y no nos damos tiempo ni siquiera para corroborar su veracidad.&nbsp;</p><p>No, no fuimos mejores, ni nosotros ni nuestro tiempo. No sé el suyo pero, mi mayor anhelo, es que mis hijos y los hijos de mis hijos sean mucho mejores que yo, que traten mucho mejor al mundo de lo que yo lo hice y que se traten entre ellos mucho mejor de lo que mis contemporáneos y yo lo hicimos. Que tengan mejores recuerdos que yo. Que sean más felices.&nbsp;</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aqr_kxLt4ztny23I5vVxPyxrIgM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/bullying_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Suele afirmarse con la impunidad que dan las citas anónimas que antes —siempre hubo algún antes en nuestra memoria— estábamos mejor.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-07-30T23:32:25+00:00</updated>
                <published>2022-07-30T23:30:38+00:00</published>
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            Humanos deshumanizados
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gChJ-Cq_FHy8aonUMWdd5xjZzmw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/tortura.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Casi no hay lugar del mundo (el casi es por una simple cuestión de desconocimiento personal) en donde no exista o haya existido la tortura como método de interrogatorio o de castigo. Cuando no de modelo ejemplificador, tal como se justificaba la realización pública de las mismas.</p><p>Es interesante rastrear los basamentos jurídicos&nbsp;—ya que no siempre estuvo condenada la tortura— dado que los primeros datan del siglo III, con Ulpiano, que coincide con Azo, un jurisconsulto romano que, mil años más tarde afirma como su antecesor&nbsp;que la tortura solo procura llegar a la verdad. En el siglo XVII, otro jurista, Bocer, escribía:&nbsp; &nbsp;"La tortura es el interrogatorio mediante el tormento del cuerpo, respecto a un delito que se sabe que ha sido cometido, ordenado legítimamente por un juez con el fin de obtener la verdad". Tan solo analizar esta frase ya provoca escalofríos. Sin embargo, por increíble que parezca, no fue hasta 1975 en que las Naciones Unidas redactaron la hoy famosa “Declaración sobre la protección de todas las personas contra la tortura” en la cual, en su artículo 3° podemos leer: “Ningún Estado permitirá o tolerará tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. No podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes.”</p><p>Es interesante destacar, no obstante, que dicha declaración fue posterior a la finalización de la guerra de Vietnam en donde, se conoce, se llevaron a cabo verdaderas aberraciones en esta cuestión y que fueron perfecta y siniestramente documentadas, como lo fueran las cometidas por los vencidos nazis que seguían siendo el paradigma de la maldad y de lo que no debería volver a verse ni siquiera durante una guerra.&nbsp; Para eso fue que se llevó adelante la Convención de Ginebra en 1949 y se expresó, en su artículo 13⁰ que los prisioneros no deben ser sometidos a "ninguna tortura física o moral" ni a ninguna forma de presión o trato degradante o humillante.&nbsp;Pero claro, ya habían pasado muchos años y quizás pocos la recordaban, como sucedió en nuestro país a partir del año siguiente. O en Uruguay. O en Chile. O en Brasil. O en Bolivia.</p><p>Hace un mes o una semana o un día, no importa cuándo, leemos que en Ucrania, hay guerra, violaciones y torturas. No leemos (esos países están demasiado lejos, parece) que situaciones similares o peores aún se suceden en este mismo momento y desde hace mucho más tiempo en algunos de ellos, en Etiopía, Yemen, Myanmar, Siria, Malí, Níger, Burkina Faso, Somalia, Congo y Mozambique, por solo nombrar algunos.</p><p>En definitiva, y ahí es donde apunta esta columna de hoy, no importa el momento histórico ni el lugar de la tierra en que se trate, el factor común es personas torturando a otras personas. Infringiendo dolor. Buscando&nbsp;—en el mejor de los casos— alguna razón que justifique la sinrazón de esa barbarie. Porque, del mismo modo que avanzaba la ciencia en la búsqueda de quitar el dolor y prolongar la vida, se perfeccionaban los métodos para provocar mayor dolor y prolongar la muerte. ¿Acaso no alcanzaba con matar al hombre que marcó el fin de una era y el inicio de otra sino que antes era preciso torturarlo y colgarlo, como ejemplo, en una cruz?</p><p>&nbsp;Incomprensibles paradojas de ser humanos. Porque no solo somos la única especie que busca su autoextinción sino que, además, goza con ello. El solo pensar en sensación de placer provocando dolor ya nos deshumaniza, no nos convierte en animales (que de hecho lo somos) ya que los animales no humanos no torturan. No matan por placer. No perfeccionan el arte de provocar sufrimiento. Y utilizo esa palabra porque se conoce (no los voy a citar para castigarlos con la pena del olvido) que hubo&nbsp;—y seguramente hay— quienes sienten su oficio de torturador como un arte, una virtud y por qué no algo que los llena profundamente de orgullo y satisfacción. Hay escuelas en donde se enseña a torturar, por lo tanto hay maestros y hay alumnos. Y también hay sitio para los autodidactas claro, sino, pruebe a hacer un tour por la internet y sorpréndase con la cantidad y “calidad” de los sitios que enseñan el abominable “arte” de la tortura.</p><p>Quisiera finalizar esta habitual invitación a la reflexión con un breve texto extraído del “Diccionario Filosófico de Voltaire” y que, debo confesarlo, su relectura no deja jamás de provocarme estremecimiento, dice así: "Cerca de una gran ciudad aparece un recién nacido muerto. Existe la sospecha que la madre sea una mujer joven. La encierran en el calabozo y la interrogan. Responde que ella no ha podido dar a luz al niño porque todavía está embarazada. Las parteras la visitan. Estas imbéciles afirman que no está embarazada y que la retención de inmundicia inflama su vientre. La amenazan con la tortura. El miedo conturba su espíritu. Confiesa que ha matado a su presunto hijo. Es condenada a muerte y tiene el hijo mientras le leen la sentencia.”</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gChJ-Cq_FHy8aonUMWdd5xjZzmw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/tortura.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Forma parte de la historia de la humanidad. Creció con ella. Se perfeccionó con ella. ¿En qué lugar oscuro de nuestra psique anidará el placer de la tortura?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-07-23T22:48:06+00:00</updated>
                <published>2022-07-23T22:45:45+00:00</published>
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        <title>
            Palabras y silencios
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/palabras-y-silencios" type="text/html" title="Palabras y silencios" />
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        <author>
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pw_4Yyo2sagfKjgs2qYx238qInA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/maria_moliner.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Como ciertos lectores ya lo han percibido ―o al menos esa es la esperanza que alimenta las ansias de todo aquel que escribe―, cada tanto me gusta compartir historias que buscan ―quién sabe con qué grado de éxito― rescatar personas o episodios que, por diferentes razones y circunstancias, parecieran estar condenadas al olvido. El ejercicio de la memoria se me ocurre, quizás sea una de las más maravillosas experiencias intelectuales que buscan nada menos que combatir la más espantosa forma de la muerte que es el olvido.</p><p>Cuando yo era niño ―perdón por lo autorreferencial de mi introducción― vivía con un particular placer pasar horas enteras leyendo diccionarios. Desde el Pequeño Larousse ilustrado que, afortunadamente, en poco tiempo me mostró que no era casual su nombre de pequeño, a otros no solo mas abultaos en sus páginas sino más ricos en sus definiciones, iba incrementando mi curiosidad ante un universo cada vez más enorme y, al mismo tiempo, fascinante. Descubría palabras con la misma pasión ―supongo yo― que un entomólogo encuentra colores desconocidos o especies nuevas entre un inagotable mundo de insectos que para cualquiera de nosotros no son otra cosa que eso: insectos. Para ellos no. Como no lo era para mí descubrir palabras, significados o acepciones.</p><p>Algo similar, pero en una escala que, final y afortunadamente superlativa, me permito suponer pudo haberle sucedido a María Moliner quien, en palabras de Gabriel García Márquez: “hizo una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana". Apenas eso.</p><p>Empecemos por el principio. María Juana Moliner Ruíz nació en un pequeño pueblo llamado Paniza, en Zaragoza, España, en 1900 y vivió junto a su esposo, un catedrático de Física y sus cuatro hijos hasta 1981. Su padre, que era médico, llegó en 1912 a argentina en una nave de la Marina y no regresó más a España con lo que la economía familiar tuvo que sostenerse, entre otras formas, con los aportes de María, que daba clases particulares de historia, latín y matemáticas. Posteriormente se formó en filología y lexicología en el Estudio de filología de Aragón, una institución no universitaria nacida en 1915 y dedicada al estudio y promoción de la lexicología aragonesa. La lexicología, recordemos, es una rama de la lingüística que indaga acerca de las especificidades de cada lengua, su vocabulario particular y, entre otras cosas, crea diccionarios. Probablemente este haya sido el inicio de su pasión por los mismos. No como lectora sino como creadora de estos. Una locura, sin dudas.</p><p>A los 22 años cumplió el primero de sus sueños en apariencia inalcanzables, tras licenciarse el año anterior en Historia con las mejores calificaciones, ingresó a la Biblioteca Nacional de España. Recorrió a partir de entonces numerosas institucionas cada vez mas prestigiosas y ocupando cargos de mayor jerarquía hasta que la llegada del franquismo la sometió tanto a ella como a su esposo a persecuciones y maltratos. Sabemos que el poder de los dictadores nunca se llevó muy bien con el conocimiento por lo que esto que sucedió y que se repitió en tantos países y épocas (o quiere que le cuente) no fue algo que no se esperara.</p><p>En 1952, uno de sus hijos, Fernando, le trajo como obsequio una edición reciente del Learner’s Dictionary of Current English de A. S. Hornby. La lectura de esta obra sumado a las deficiencias que, en su criterio, tenía el diccionario de la Real Academia Española y en el que ella había tomado la costumbre de hacer anotaciones y correcciones al margen de un ejemplar, le inspiraron la idea de hacer "un pequeño diccionario, en dos añitos". Esos dos añitos, que supuso al comienzo de su solitaria tarea, le demandaron quince.&nbsp; El trípode de sustentación de esta locura fue la mesa del salón de su casa, una lapicera Mont Blanc y una máquina de escribir Olivetti pluma 22. Esta verdadera proeza, el “Diccionario de uso del español”, tiene dos tomos y unas 3.000 páginas en total. Pero lo que hizo diferente esta obra no fue solamente el hecho de haber sido ideada, escrita y diseñada por una sola persona en soledad, sino que, además, como lo explica el escritor Calzada Pérez "Uno de los grandes objetivos que tuvo María Moliner fue crear un diccionario que permitiera ir de la idea a la expresión. Uno más o menos sabe lo que quiere decir, pero no encuentra la palabra exacta y el diccionario de María Moliner te lo permite". Calzada Pérez es el autor de la obra teatral “Diccionario”, basada en la vida de esta increíble mujer y que obtuvo el Premio Nacional a la Literatura Dramática en 2014, en España; “Yo no sabía nada de ella, pero descubrí que María Moliner había muerto sin lenguaje y eso me emocionó y dije: aquí hay una historia que hay que contar", concluye.&nbsp;</p><p>¿Por qué el dramaturgo dice esto? Avancemos un poco en la historia ya que el haber terminado su obra no significó el reconocimiento de su talento ni la posicionó donde sin dudas debía haber estado. No. En 1972 (Franco seguía vivito y dañando) fue candidateada para ocupar una silla de la Real Academia Española (RAE). Sería la primera mujer en ocupar ese sitio. Pero no se la concedieron. Negativa, sin embargo, que no obstó para que las innovaciones que María Moliner introdujo fueran utilizadas en otros diccionarios… ¡incluido el de la RAE!&nbsp;</p><p>En 1975 María Moliner comenzó a padecer un tipo particular de demencia que ―vaya paradoja― la dejó sin palabras.</p><p>Nadie puede saber a ciencia cierta ―o quizás sí, pero no nosotros― cuáles fueron las verdaderas razones por las que no fuera admitida en la RAE, si debido al argumento oficial ―que no era filóloga universitaria― o por no adherir al régimen. O por ser mujer. Ella, al respecto, dijo esto: “Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. Es decir, yo no tengo ninguna obra que se pueda añadir a esa para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia (...) Mi obra es limpiamente el diccionario. (…) Desde luego es una cosa indicada que un filólogo (por Emilio Alarcos, quien entró en su lugar) entre en la Academia y yo ya me echo fuera, pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, dirían: “¡Pero y ese hombre, ¡cómo no está en la Academia”!</p><p>María Moliner no murió en soledad, pero, después de habitar durante toda su vida un mundo de palabras, murió cubierta de silencios.</p><p>&nbsp;*Escritor, médico y Concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pw_4Yyo2sagfKjgs2qYx238qInA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/maria_moliner.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El escritor Anatole France escribió: “Un diccionario es un universo en orden alfabético”. ¿Podría alguien, en su sano juicio, intentar ordenar el universo?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-05-14T22:20:05+00:00</updated>
                <published>2022-05-14T22:03:11+00:00</published>
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        <title>
            De Damocles y tartufos
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Tt0MuGqSp8NHQvNuhEjdY3gh6r0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/damocles.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Un libro poco conocido —quizás no sea algo tan descabellado ya que hay tantos libros que tienen, merecidamente o no, esa condición— de un autor igualmente de escasa trascendencia por estas latitudes se titula: Cómo hablar de libros que no se han leído. El nombre del autor: Pierre Bayard.</p><p>Bayard es psicoanalista y profesor de literatura francesa en la Universidad de París VIII y su libro comienza así: “Nací en un entorno en que se leía poco, no aprecio en modo alguno esa actividad y, de cualquier modo, tampoco dispongo de tiempo para consagrarme a ella.” Viniendo de un profesor universitario y, más aun, de literatura, cualquier ávido lector se predispone ya a leer una obra planteada desde el sarcasmo. Como mínimo. Este ensayo no busca ser un manual de buenas prácticas lectoras ni explicar técnicas de anticipación que nos permitan conocer —o intuir al menos— si un libro puede o no gustarnos hojeando algunas páginas sino, por el contrario, ocupa sus capítulos en explicar cómo hablar de un libro que uno jamás ha leído. Los títulos de cada una de sus secciones podrían ser, prima facie, ocurrentes y hasta graciosos: Primera parte: Maneras de no leer. Los libros que no se conocen. Los libros que se han hojeado. Los libros de los que se ha oído hablar; la Tercera parte: Conductas que conviene adoptar. No tener vergüenza. Imponer nuestras ideas. Inventar los libros. Hablar de uno mismo.&nbsp;</p><p>Ahora bien, esta columna no tiene la intención de ser una crítica de libros ni nada que se le parezca. Mucho menos de una obra que fue publicada hace 12 años (2008). Tampoco pretende sumarse a los ataques —algunos bastante virulentos, sin duda— que recibió de algunos escritores como Rafael Lemus, quien afirma: “hay pocos libros más deplorables que este ensayo. Debajo de su astucia e ironía no se oculta otra cosa que un fácil anti-intelectualismo. Disfrazada de irreverencia predomina la estupidez, un tosco elogio de la estupidez. Ninguna de las frases de este libro promueve la inteligencia; ninguna pretende crear un lector más inteligente.” Y es que, cualquier texto, aunque esté disfrazado de ironía y busque como argumentación la anti-argumentación debería ser al menos leído con cierta capacidad crítica que nos permita aportar lo imprescindible ante cualquier lectura: nuestra mirada. Porque un texto, se conoce, es una construcción de a dos. Una dualidad inseparable entre el autor y el lector, en donde cada uno construye al otro, le da entidad. Le da vida. Roger Chartier, historiador francés especializado en la historia del libro afirma sin ambages: “Contra una visión simplista que supone la servidumbre de los lectores respecto de los mensajes inculcados, se recuerda que la recepción es creación, y el consumo, producción.” En otras palabras, el receptor —el lector— no es pasivo en su tarea lectora, es creador de la misma, la complementa y la completa. Y lector, sabemos, no se nace, se hace.</p><p>Decíamos que no era la intención de este texto analizar el libro de Bayard sino utilizarlo como pretexto para reflexionar acerca de lo que pareciera ser —no vamos a seguir insistiendo sobre las verdaderas intenciones del autor— una apología de la simulación, la viveza, la picardía de mostrarnos “cultos” para impresionar de un modo falaz a quienes, de antemano, suponemos inferiores, crédulos e ignorantes. Personajes que llevan la personalidad de Tartufo, diría José Ingenieros. Creo que se hace imprescindible en este momento —para no caer preso de mi propia telaraña— describir brevemente para quienes no lo conozcan y recordarlo junto a los que sí, quién era Tartufo. Tartufo es el nombre de una obra del comediógrafo Moliere y es una feroz crítica a quienes gozan de la más absoluta impunidad mediante el poder, la mentira, las apariencias y la falsa moral. La hipocresía.&nbsp;Dice Tartufo: "quien peca en silencio, no peca, es el escándalo lo que vuelve pecaminosa a la acción".&nbsp;</p><p>Como vemos, la maravillosa tragicomedia escrita en 1669 no solo no ha perdido un ápice de actualidad, sino que, por el contrario, pareciera colectar cada vez más adeptos fascinados por una verdadera cultura del engaño, la hipocresía y la falsedad. En todos los órdenes y todos los géneros, vemos, escuchamos y padecemos a estos verdaderos profesionales de la simulación hacer uso de recursos como los que tan livianamente enumera, cataloga y elogia Bayard en el libro que citamos al comienzo. Y no me preocupa el tío pedante que busca impresionar en los asados familiares enumerando citas falsas o de dudosa procedencia o quien busca una fugaz —aunque anónima—trascendencia publicando versos propios en su muro y firmando con nombres de poetas renombrados con el solo fin de colectar “Me gusta” tan falsos como sus obras. No. No es ese, ni el anterior, el destinatario de estas reflexiones sino aquel otro, ya convertido en arquetipo, que seduce desde un modesto sitial de poder a quienes creen en él. Falsos profetas. Estafadores de sueños y esperanzas. Verborrágicos vendedores de humo en adornados frascos de colores que remedan a las cuencas de vidrio con que nos impresionaron —dicen— los primeros conquistadores.</p><p>No hay que perder tiempo en leer libros, dice Bayard alegremente, basta con saber hacer creer que hemos leído. Y basta con saber hacer creer que somos capaces. O probos. O virtuosos. Vender fantasías y esperanzas como solían venderse indulgencias. Hacer como sí. Para la tribuna. Para la gilada. Total, sabemos que la patria jamás a demandarlos y Dios está demasiado ocupado protegiendo inocentes en las guerras. La impunidad ante la hipocresía es casi como afilarle el hacha al verdugo y sentirnos satisfechos con nuestro aporte.</p><p>En el siglo I, Damocles, de quien se dice era un genuflexo adulador del tirano Dionisio I, tuvo la mala idea de comentar que su señor era un afortunado al gozar del poder y riqueza de su cargo. Dionisio, buscando escarmentar al ingrato siervo, lo invitó a cambiar por un día sus respectivos cargos. Él sería siervo y Damocles rey. Para celebrar esto, el monarca ofreció un gran banquete en el cual Damocles disfrutó de ser tratado como su fugaz investidura lo hacía merecedor. En un momento dado, Damocles miró hacia arriba y observó una enorme espada que colgaba sostenida solo por un único pelo de crin de caballo directamente sobre su cabeza.&nbsp;Sorprendido y asustado preguntó al rey cual era el mensaje que quería transmitirle con ese gesto y éste le respondió: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.&nbsp;</p><p>Ignorantes o no de esta historia, hubo quienes atribuyeron esta frase a un diputado durante la Convención Nacional de Francia en 1793, otros a William Lamb en 1817, en el Parlamento Británico; leí por ahí que también Winston Churchill, en 1906, dijo: "Donde hay un gran poder hay una gran responsabilidad". Hace pocos días, en una charla con un funcionario, utilicé esa paráfrasis. Con una cómplice sonrisa me elogió diciendo: ¡Qué original, citando una frase del Hombre araña!</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Tt0MuGqSp8NHQvNuhEjdY3gh6r0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/damocles.png" class="type:primaryImage" /></figure>Entre tantas citas maravillosas que pueden extraerse del Quijote hay al menos una que no existe: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”. Del mismo modo, en ninguno de los libros de la saga de Sherlock Holmes éste dice: “Elemental, Watson”. Curioso, ¿no? ¿No?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-05-07T23:26:09+00:00</updated>
                <published>2022-05-07T23:17:12+00:00</published>
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        <title>
            Todos los suicidios el suicidio
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qWncIQacYMin-gj27e65MtjNn6I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/04/puente_zarate_brazo_largo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>¿Por qué alguien se suicida? Quizás, por lo complejo de las motivaciones, termine siendo apenas una pregunta retórica, sin embargo, lo que sí podemos coincidir es que no siempre, es decir, a lo largo de la historia, ni las razones ni la mirada social acerca de esta práctica fueron las mismas.&nbsp;</p><p>Si bien el suicidio se describe desde hace más de 4000 años, no fue sino hasta entrado el siglo XVIII en que comenzó a verse con más detenimiento este fenómeno con la idea de encontrar alguna explicación o justificación al mismo, lo cual llegó por el lado de la medicina. El paradigma biomédico se impuso en un reduccionismo que, la verdad sea dicha, poco colaboró en cuanto a la comprensión y el cabal conocimiento de un tópico que precisó del aporte de muchas otras ciencias para poder ser interpretado. La filosofía, la ética, la sociología, la antropología, el arte, la literatura, los medios de comunicación y por supuesto la historia, hicieron y hacen un invalorable aporte que complementan nuestro conocimiento sobre el tema y que intentaremos abordar sin apelar a estadísticas o definiciones académicas innecesarias.</p><p>Repasar miradas históricas es una forma de acercarnos a la forma de pensamiento colectivo de una sociedad en un tiempo determinado. Sesgada, incompleta, sin dudas, pero no por eso menos válida. Así, podemos repasar que la primera mención al suicidio en un texto escrito fue en un poema traducido como “Diálogo del desesperado de la vida con su alma” y fue escrito alrededor del año 2000 a.C. en Egipto. Es interesante hacer hincapié en el título de esta obra ya que su mirada atravesará muchísimos siglos e incluso me atrevería a decir que, en cierto modo, aún hoy sigue vigente. Mencionábamos, asimismo, la visión de la filosofía o, mejor dicho, de los filósofos acerca de esta temática en donde, naturalmente, muchas escuelas tuvieron miradas contrapuestas; así, mientras los pitagóricos no aceptaban el suicidio por considerarlo como “una salida repentina del alma que trastorna el equilibrio del cosmos” para Diógenes de Sinope darse muerte a sí mismo implicaba ser dueño de nuestro propio destino. Por otra parte, la muerte voluntaria de Sócrates en el año 399 a.C.—quien decidió aceptar su muerte con cicuta en lugar de huir, tras ser condenado por el Estado— su discípulo más fiel, Platón, se posicionó en contra del suicidio ya que, en su visión, atentaba contra el Estado y contra los dioses; Aristóteles en su clásica obra Ética a Nicómaco lo condenó más enérgicamente aún al afirmar que es un acto de cobardía “puesto que el suicida elude su responsabilidad social y afecta a terceros”. Sin embargo, no fue sino hasta la creación del Derecho Romano, en el año 100 de nuestra era, en donde el Código de Justiniano, refiere la primera representación legal de una conducta derivada de un estado mental alterado («non compos mentis») y menciona, como atenuante, la existencia en la mente del suicida de una perturbación de sus facultades mentales.</p><p>Ya en la era cristiana, San Agustín tuvo que apelar a una justificación teológica para detener los martirios y muertes voluntarias, que se contaban por miles, con el objeto de obtener la salvación eterna. Para ello, condenó el suicidio equiparándolo a un “homicidio de sí mismo” y, por ende, una violación del quinto mandamiento: No matarás.</p><p>En la edad media, la dureza contra quienes se suicidaban tomó ribetes siniestros. El suicida no sólo era un pecador sino un delincuente, y como tal, merecedor tanto de castigos físicos extremos como sociales: arrastrar el cuerpo por las calles, mutilarlo, clavarle estacas, vejarlo o negarle un funeral, eran prácticas utilizadas con el objeto de aleccionar al pueblo y hacer desistir de las mismas a quienes tuvieran ideas suicidas. Para Santo Tomás de Aquino suicidarse era el peor de los pecados puesto que no admitía penitencia alguna.</p><p>En la era moderna, más precisamente en 1621, Robert Burton publica “Anatomía de la melancolía”, en donde se postula por primera vez causas científicas y no demoníacas de este fenómeno. Recién promediando el siglo XVIII, se avanzó con la descriminalización del suicidio quedando, no obstante, ligado a la enfermedad mental y a toda clase de “locura”, aunque no se consideraba el suicido una enfermedad mental como entidad. A fines del siglo XIX, el padre de la sociología, Émile Durkheim, describe al suicidio no como un fenómeno individual sino marcadamente social argumentando que son las causas sociales (crisis económicas, pobreza, aislamiento, cambios sociales, exceso de control social, etc.) y no las individuales quienes originan el acto suicida. Este pensador fue, sin dudas, quien permitió empezar a comprender que el suicidio era un fenómeno sociológico e histórico complejo que va mucho más allá de una patología psiquiátrica.</p><p>Hoy, este concepto desarrollado por Durkheim, lejos de perder vigencia cobra cada vez más sentido. Solo los cambios sociales pueden prevenir y combatir las causas que llevan a las personas –y, en particular a una población especialmente vulnerable como lo es la adolescente- a tomar la decisión de quitarse la vida. O a intentarlo. Y una de las herramientas que tenemos disponibles para colaborar con esos cambios es la comunicación. Desde ese punto de vista y como parte de una verdadera construcción de ciudadanía, debemos proteger y fomentar el derecho a informar y ser informado, de hablar y ser escuchado, el derecho a ser visible en el espacio público, lo cual no equivale sino a existir socialmente, tanto en el terreno de lo individual como de lo colectivo, de lo real y lo simbólico.&nbsp;La juventud y adolescencia, más que cualquier otro grupo etario, necesita ser nombrada y visibilizada para garantizar la protección de sus derechos, así como ser reconocida como actor social y político, que interpela pacífica pero enfáticamente al Estado y a una sociedad que parecieran desconocerlo. La adolescencia es&nbsp; &nbsp;el período que va desde la niñez a la adultez. Período de cambios, de desarrollo y de sueños; sin embargo, sabemos que no todas las adolescencias son iguales ya que los sueños, el desarrollo y los cambios están determinados por factores sociales, económicos y culturales.</p><p>Julio Cortázar escribió un cuento maravilloso: Todos los fuegos el fuego, en donde sintetiza poética y filosóficamente, la confluencia de circunstancias y factores que parecen desencadenados entre sí pero que, finalmente, confluyen. De allí, rescatamos este fragmento que habla por sí mismo: “Acepta indiferente las caricias, incapaz de sentir que la mano de Jeanne tiembla un poco y empieza a enfriarse. Cuando los dedos resbalan por su piel y se detienen, hincándose en una crispación instantánea, el gato se queja petulante; después se tumba de espaldas y mueve las patas en actitud de expectativa que hace reír siempre a Jeanne, pero ahora no, su mano sigue inmóvil junto al gato y apenas si un dedo busca todavía el calor de su piel, la recorre brevemente antes de detenerse otra vez entre el flanco tibio y el tubo de pastillas que ha rodado hasta ahí.”</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qWncIQacYMin-gj27e65MtjNn6I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/04/puente_zarate_brazo_largo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hablar o, en este caso, escribir acerca de un tema que a nadie importa hasta que le importa, desde luego no es sencillo. Y no lo es básicamente porque incomoda. Una de las razones de esa incomodidad quizás tenga que ver con que resulta casi un ejercicio de humanidad opinar sin juzgar. Como en casi todo, pero, en situaciones como esta, la toga y la peluca que muchos llevamos dentro pugna por salir con su veredicto inapelable.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-04-23T22:29:04+00:00</updated>
                <published>2022-04-23T22:23:08+00:00</published>
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            La enfermedad que salvó miles de vidas
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/la-enfermedad-que-salvo-miles-de-vidas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AgN40_QtBes19HMqdFOx3CpYnwI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/04/fisioterapia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Esta historia que voy a compartir circuló en forma oral durante muchos&nbsp;―demasiados― años. Aunque, la verdad sea dicha, uno de los protagonistas la escribió en forma de diario, pero tuvo la mala ocurrencia de hacerlo en dos idiomas poco leídos por los historiadores ingleses, el sueco y el holandés, por lo que nunca&nbsp;―que se sepa― fueron traducidos y, por lo tanto, fueron prácticamente desconocidos. Hasta ahora, en que un historiador francés&nbsp;―François Kersaudy― los recuperó de un inexcusable olvido.&nbsp;</p><p>Al escribir que uno de los protagonistas escribió su visión de los acontecimientos, dejo implícito que hay otros protagonistas. No secundarios ni mucho menos. Y eso, creo, hace más interesante el relato. Que podría empezar, quizás, cuando un maestro tibetano&nbsp;―el doctor Ko― enseñó el arte de un particular tipo de fisioterapia&nbsp;―la terapia fisioneuronal para liberar las tensiones nerviosas― a un aprendiz finlandés. Félix Kersten se llamaba y, tras formarse en esta milenaria técnica, comenzó a aplicarla en Alemania. Era la década de 1930. Pero, conozcamos un poco más acerca de este profesional (no hay certeza de si fue médico siquiera) cuyo prestigio fue superlativo en círculos cerrados pero influyentes, como veremos después.</p><p>Había nacido en Tartu, Estonia, y se nacionalizó finlandés tras combatir contra el ejército rojo en una formación de ese país. Por entonces contrajo fiebre reumática, lo que lo dejó invalido durante varios meses en un hospital de Helsinki, en donde, mientras se recuperaba, comenzó a asistir al director de este realizando masajes terapéuticos. Entusiasmado por los resultados, se dedicó a estudiar una rama poco conocida de la medicina denominada “Terapéutica manual” obteniendo el título de "Masajista científico" en 1921; conoció entonces al Dr. Ko, con quien se perfeccionó y llegó a presidir una de las tres instituciones más importantes a nivel mundial relacionadas al ocultismo y la alquimia, la misteriosa "La corte de suiza". Cuando Ko regresó a Oriente, dejó la preciada herencia de su encumbrada clientela a Kersten, entre ella, muchos integrantes de la monarquía europea y la nueva élite de jerarcas del nazismo.</p><p>Mientras tanto, en 1929, había asumido como jefe de las tristemente célebres SS del partido nazi&nbsp;Heinrich Himmler&nbsp;―nuestro otro protagonista― con el cargo de Reichsführer; en otras palabras, el segundo hombre más poderoso de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, responsable de la seguridad del gobierno, así como el funcionario principal y de más alto rango a cargo de concebir y supervisar la implementación de la denominada “solución final”. El holocausto.&nbsp;</p><p>El 6 de enero de 1929, Adolf Hitler lo había designado con ese cargo que lo posicionaba como líder de las SS que, en ese momento, contaba apenas con 280 hombres y tenían dos funciones principales: ser guardaespaldas de Hitler y otros líderes nazis, y promocionar el partido desde el periódico Der Völkischer Beobachter (El Observador Nacionalista Racial).&nbsp;Para cuando los nazis tomaron el poder en enero de 1933, las SS contaban con más de 52.000 personas. Himmler también introdujo dos funciones clave relacionadas con las metas esperadas en el mediano plazo del partido nazi: la seguridad interna y la custodia de la pureza racial.</p><p>Meses después, las SS asumieron el control total de las fuerzas policiales alemanas; para fines de 1934, Himmler centralizó en una única y nueva agencia todas las fuerzas de seguridad: la Policía Secreta Estatal Alemana (Geheime Staatspolizei, más conocida como Gestapo). Tras su papel destacado en abortar el intento de golpe de Estado y asesinato del führer&nbsp;por parte de Ernst Röhm y los jefes de las SA (fuerzas de choque)&nbsp;en lo que se conoció como “La noche de los cuchillos largos” Hitler anunció que las SS eran una organización independiente y que Himmler era su subordinado directo y su cargo lo colocaba por fuera de las leyes del estado alemán. El inmenso poder que Himmler acumuló entonces explica cómo pudieron llevarse a cabo las acciones que son la razón de este escrito.&nbsp;</p><p>Himmler padecía (se supone ya que no hay certeza al respecto) de una enfermedad conocida como Enfermedad de Crohn. Esta patología de causa poco clara se manifiesta con fuertes dolores y calambres a nivel abdominal entre otros tantos síntomas propios de un cuadro inflamatorio crónico y decimos que solo se sospecha ya que, para esa época, no había forma de realizar diagnósticos de certeza y todo lo que se escribió al respecto en el caso del Himmler se refiere a “fuertes dolores provocados por calambres en el estómago”. Tampoco había, en ese entonces, tratamiento adecuado, solo paliativos para el dolor, pero ni siquiera la morfina lograba calmar los padecimientos del jerarca.</p><p>En entonces donde entra en escena Félix Kersten quien, para ese entonces, ya tenía una gran reputación por sus masajes casi milagrosos, así como una exclusiva clientela compuesta por la gente más poderosa económicamente de Berlín. Alguien le hizo llegar a Himmler el nombre de este maravilloso sanador y, de este modo, se conocieron. &nbsp;Kersten logró lo que parecía imposible: aliviar los dolores del segundo hombre más poderoso de Alemania. Sus manos, que parecían mágicas, lograban relajar hasta el límite de ver el paciente en el terapeuta un amigo en quien confiar lo que no podía confiar a nadie.&nbsp; “Hablaba de temas prohibidos públicamente cuando estaba con su masajista en la intimidad, en la privacidad de la consulta médica...Pero no le confió todo, no le dijo lo que pasaba en los campos de exterminio. Eso lo descubrió el propio Kersten. Como muchas otras cosas que le confiaba porque el alivio tras el tratamiento era tan grande que pensaba en voz alta”, explica el historiador Kersaudy en su libro recién publicado “El médico de Himmler”.&nbsp;</p><p>Imposible imaginar lo que habrán sido aquellas charlas&nbsp;―o monólogos, seguramente― entre aquel hombre todopoderoso y el silencioso masajista que lograba lo que nadie: aliviar sus dolores y pensar en voz alta, un lujo que no podía darse el jefe del servicio de inteligencia más férreo de la época. Sin embargo, Himmler se sentía tan agradecido y confiado que le ofreció nombrarlo coronel de las SS con la sola función de asistirlo a él. Kersten, con suma diplomacia, declinó la oferta, pero, a cambio de no abandonarlo como paciente en forma casi exclusiva, le pidió que salvara a algunos prisioneros. Y cerraron trato.</p><p>De este modo, Kersten logró salvar miles de personas&nbsp; “Schindler salvó a mil judíos, Kersten al menos a 300.000 personas, entre ellos 60.000 judíos.” Afirma el citado historiador, y no solo logró eso, sino que, además Kersaudy asegura que Kersten logró incluso que Himmler desoyera una orden directa que recibiera en febrero de 1945: volar los campos de concentración con todos los prisioneros dentro; el terapeuta logró que esto no sucediera. Según refiere el libro: “Le amenazó con no tratarlo más. Himmler pensaba que se moriría por esos calambres abdominales y, por conservar a su médico, desobedeció a Hitler”, “Cuando Himmler estaba en mis manos, le pedía que firmara documentos solicitando la liberación de amigos y conocidos” se lee en las memorias, “Con cada crisis, llegaba con mis listas&nbsp;―más de cien― y en esos momentos firmaba casi todo lo que se ponía por delante. Una vez restablecido, era casi imposible hacerle firmar una liberación”. Asimismo, “El terapeuta convenció luego a su paciente de que antes de que los aliados ganaran la guerra le convenía liberar a los miles de prisioneros de los campos de concentración para que la humanidad no lo juzgará con demasiada severidad”, dice Kersaudy. El 12 de abril de 1945 Himmler firmó la orden que frenaba la eliminación de los judíos y presos aún vivos en los campos de exterminio. &nbsp;&nbsp;El Congreso Judío Mundial estableció en 1947 que Félix Kersten había salvado en Alemania a 100.000 personas de diversas nacionalidades, incluidos 60.000 judíos, a riesgo de su propia vida, pero, en total, se estima que con su accionar, dicha cifra puede elevarse a unas 350.000 personas.&nbsp;</p><p>Kersten fue nominado&nbsp;ocho veces entre 1952 y 1960 al Premio Nobel de la Paz. Jamás se lo otorgaron. Ese mismo año, 1960, Charles de Gaulle le otorgó la Legión de honor por haber salvado a miles de franceses, durante el viaje a París para recibir la condecoración sufrió un infarto y murió en el tren sin que nadie pudiera asistirlo.</p><p>&nbsp; *Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AgN40_QtBes19HMqdFOx3CpYnwI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/04/fisioterapia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando el dolor se vuelve insoportable, lo que estamos dispuestos a pagar a quien nos alivie del mismo no tiene límites. En este caso, afortunadamente.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2022-04-16T21:17:00+00:00</published>
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            Poderoso caballero Don dinero
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s-b3xdaHIcAIwenE5Jr5jN9gdng=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/04/cripto.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Cuando un día cualquiera en una incierta época difícilmente definible comenzamos a vivir en sociedad, empezamos también no solo a descubrir sino a desear lo que tenía el otro. O la otra. Del mismo modo, nos dábamos cuenta de que lo que poseíamos nosotros podía llegar a ser objeto del deseo de alguien más. Para resolver dicha cuestión solo había ―y hay, para qué negarlo― solo dos caminos, intercambiar algo de lo mío por lo que es del otro… o bien por la fuerza. De esto podemos inferir ―quizás casi temerariamente― que el comercio y la guerra nacieron de un modo casi simultáneo.</p><p>Eso que describimos y que no es otra cosa que el trueque, sirvió durante muchísimo tiempo para el intercambio de bienes materiales o de servicios por otros objetos o servicios. Con lo que acá surge el concepto de que no solo los objetos materiales podían ser intercambiables sino también los servicios, es decir, la mano de obra. Surgen entonces dos conceptos que deben tenerse en cuenta en esta breve reseña, hablamos de trueque y no de compraventa ya que, por ese entonces, no existía aun el dinero para intermediar como representante del valor en la transacción; por otro lado, el “contrato” mediante el cual dos personas acceden a un trueque se denomina: permuta.</p><p>El problema surgía si lo que alguna de las partes no necesitaba era lo único que el otro tenía para ofrecer, entonces apareció el dinero, que venía a representar un instrumento general de cambio y, para ello, se utilizó desde la sal (de ahí el término “salario”) hasta piedras preciosas, metales considerados valiosos o especias. Hasta que los imperios comenzaron a acuñar monedas. Para ubicarnos cronológicamente, recordemos que esto que relatamos sucedió varios siglos antes de nuestra era y sirvió, además, para satisfacer los egos de los monarcas que veían sus rostros inmortalizados en metales que presumían eternos. Los billetes, por su parte, debieron esperar hasta que los chinos decidieran comenzar a utilizarlos recién en el siglo IX y no fue sino hasta los siglos XVI o XVII que irrumpieron en Europa, particularmente en Inglaterra.</p><p>Más acá en el tiempo, entrado ya el siglo XIX, surgió el concepto de “patrón oro” lo cual significaba que el dinero (moneda o billete) en circulación estaba respaldado por el mismo valor de estos en oro, el cual estaba al celoso resguardo de infranqueables cajas fuertes. Solo podía circular dinero que tuviera el “respaldo” de lo que cada país cobijaba en oro. Pero esto duró apenas hasta terminada la Primera guerra mundial, en 1918, en donde aparece un nuevo concepto: el dinero fiduciario. ¿Qué es eso? Respaldo basado en la fe. En la confianza. ¿En qué o en quién se confía a la hora de emitir dinero? En la riqueza teórica que tiene ese país emisor. Basado en ese concepto básico, con la riqueza potencial que tiene nuestro país el respaldo fiduciario debería ser fenomenal. Sabemos que eso no es así ya que, naturalmente ninguna ciencia es lineal y mucho menos las ciencias económicas.</p><p>En la práctica, el dinero fiduciario se inició en la era Nixon, en 1971, donde desapareció el patrón oro y en su lugar se colocó al dólar. En definitiva, desde entonces, el Banco Central de cada nación pasó a ser la entidad encargada de emitir, regular y custodiar el valor de la moneda de su país.</p><p>Hoy, sabemos, el dinero físico ―el billete, la moneda― va siendo rápidamente desplazado por el dinero digital. Ese que no vemos, no tocamos, no contamos, el que utilizamos mediante tarjetas de crédito, de débito, las trasferencias bancarias, las llamadas billeteras electrónicas (o los monederos electrónicos, en evidente búsqueda de la memoria emocional de los mayores) y que fueron reemplazando aceleradamente a la billetera de cuero o a los monederos “de antaño”.</p><p>Pero ¿eso es dinero? Preguntará, asombrado, algún nostálgico. Revisemos las características que debe tener un elemento para ser considerado un medio de cambio, es decir, dinero. Debe ser durable (de allí que los alimentos o especias que se usaron debieron ser reemplazados dados su corta vida útil), transportable (un camello podía ser útil para un trueque pero no para acumular y transportar esa riqueza), divisible (debe poder dividirse en unidades más pequeñas con facilidad para que puedan adquirirse cosas o servicios de bajo costo), homogéneo (cualquier unidad del dinero debe tener un valor exactamente igual al de las demás) y de emisión controlada (básicamente para controlar la falsificación). Entonces, sí, todo esto que mencionamos y lo que seguirá en esta breve revisión, es dinero.</p><p>Ahora bien, debo confesar que, cuando yo era niño, Kriptón era el planeta en donde nació Superman y lo único que podía matarlo era la Kriptonita. Eso, me llevó a investigar y descubrir con asombro de niño que “Krypto” significaba escondido (o más específicamente cubierto o escondido debajo de otra cosa). Y, era natural, el hombre de acero se escondía debajo de una apariencia humana. Y traigo esto a colación porque no pude ocultar mi sorpresa cuando hace algunos años (más precisamente en 2009) vi aparecer y luego crecer de modo inimaginable esa palabra cuyo prefijo me remontaba a la infancia: criptomonedas. ¿Qué es, o, mejor dicho, qué son las criptomonedas? Una afirmación que no las define, pero las caracteriza, dice: "Las monedas virtuales, tal vez más notablemente el Bitcoin, han capturado la imaginación de algunos, han causado temor entre otros y han confundido al resto de nosotros". Y es que es una de esas tantas cosas de las que casi todo el mundo habla o ha escuchado hablar y casi nadie sabe bien de qué se trata. ¿Podremos explicarla en unas pocas líneas? Intentémoslo. Una criptomoneda es una moneda digital o virtual de alto nivel de seguridad (ya que utiliza la criptografía para eso) y que, como cualquier moneda, puede ser intercambiada, pero ―y esta es su mayor virtud y al mismo tiempo su talón de Aquiles, según como se mire― se encuentran fuera del control de cualquier gobierno o institución financiera o bancaria. Hablábamos antes de dinero fiduciario, de fe y confianza. Acá, lo vemos en su máxima expresión. La gente ―o mucha gente, no generalicemos― ya no cree ni en sus gobiernos y muchos menos en los bancos o las financieras como garantes de su dinero, ¿por qué no creer entonces en la tecnología? En las mas de 8000 versiones de criptomonedas actuales (el Bitcoin fue la primera y más conocida), en ningún caso intervienen los bancos. Toda transacción es de persona a persona sin regulación financiera ni cobro de comisión por la misma. No dependen de la suerte que corra la economía de un país ya que es un mercado global, mundial.&nbsp; Para la variación de su precio intervienen diferencias entre la oferta y la demanda digital. Pero, siempre hay un pero, al no haber una intervención bancaria tampoco hay un respaldo financiero, lo cual significa que ante algún tipo de inconveniente no hay reintegros ni reembolsos. Al ser algo global, anónimo y sin regulaciones, hay quienes piensan que es una manera de blanquear dinero de dudosa procedencia ya que es imposible rastrear o embargar, no obstante, sabemos que desde hace mucho tiempo se blanquea dinero sucio sin necesidad de apelar a las criptomonedas; solo como dato anecdótico, podemos decir que Monero es el nombre de la moneda virtual con el mayor nivel de anonimato y privacidad que existe (solo por hoy, claro, todo es temporario) por lo que es la moneda más utilizada en el mercado negro de internet, y una de las más utilizadas para el blanqueo de capitales.</p><p>Alguien podría preguntar ―y todo el derecho tiene― qué pasaría si por esas cosas de la tecnología un día cualquiera las computadoras no pudieran funcionar y ya los billetes fueran el lejano recuerdo de alguna época que nos hiciera sentir casi filatelistas, ¿qué pasaría, digo, si todo el dinero virtual se esfumara en solo un parpadeo de pantallas? Quizás mucho, quizás nada, pero lo que sí es seguro, es que volveríamos al trueque. Que tan malo no debe haber sido si duró tantos siglos, ¿no le parece?</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s-b3xdaHIcAIwenE5Jr5jN9gdng=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/04/cripto.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Sin dudas que es una suposición distópica, pero, si alguien me hubiera preguntado en mi infancia qué era una criptomoneda, hubiera respondido, sin dudarlo, la que usaba Superman antes de venir a la Tierra.]]>
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                <updated>2022-04-09T23:01:25+00:00</updated>
                <published>2022-04-09T22:59:35+00:00</published>
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