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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
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            Luis Castillo: &quot;No sabemos cuándo se podrá volver a abrir el teatro&quot;
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7aOQFX_ASVaWUglr5tjGAUjDWq0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/07/luis_castillo_ahora_o_nunca.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luis Castillo, subsecretario de Cultura del municipio, se refirió a la delicada situación del Teatro Gualeguaychú, actualmente cerrado por los daños estructurales detectados en el piso de la platea. “No tenemos ni idea de cuándo podrá volver a abrir el teatro”, aseguró en declaraciones a Ahora o Nunca, al explicar que primero se debe fumigar para eliminar los insectos, y luego evaluar qué estructuras pueden recuperarse y cuáles deberán reemplazarse. “Plantear fechas es imposible”, insistió.</p><p>&nbsp;</p><p>Castillo aclaró que no se trata de un problema de mantenimiento, sino de una combinación de factores, como la humedad por la rotura de un caño y la presencia de insectos que habrían quedado dentro de la madera. También reconoció que el teatro estuvo cerca de un escenario mucho peor: “Esto podría haber sido una catástrofe, porque de haberse hundido por completo, había más de un metro hacia abajo”, advirtió.</p><p>Durante la entrevista también abordó otras temáticas vinculadas a la cultura local: el crecimiento de las murgas y su rol de contención social, el trabajo para potenciar los corsos matecitos y la necesidad de generar eventos turísticos que extiendan la estadía de los visitantes. Además, destacó la importancia del Carnaval del País como industria cultural, la creación de cursos con salida laboral como el tallado en telgopor, y la preocupación por los bajos niveles de comprensión lectora en los estudiantes, impulsando espacios como la Feria del Libro para revertir esta realidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7aOQFX_ASVaWUglr5tjGAUjDWq0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/07/luis_castillo_ahora_o_nunca.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Tras el hundimiento del piso en el contexto de un recital realizado el pasado domingo 24 de junio, el subsecretario de Cultura habló en Ahora o Nunca y advirtió que la situación es compleja y que aún no hay plazos para la reapertura, ya que se debe en primera instancia completar el diagnóstico, luego eliminar la plaga y hacer un trabajo "artesanal" de reconstrucción. Además, remarcó que se evitó una posible tragedia ya que gran parte del piso estaba comprometido.]]>
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                <published>2025-07-02T14:25:23+00:00</published>
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            Usted no sabe leer... Usted no sabe escribir
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Fd84V8scnjlupH5Z-JxOpDmzdS4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/leer_escribir.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luis Castillo*</p><p>La comprensión lectora no es de ningún modo un atributo natural de ciertos elegidos sino, por el contrario, una capacidad que se enseña, se aprende y se ejerce en cada momento. O así debería ser.</p><p>Leer es un acto maravilloso que excede al habitual uso que se hace de este verbo como si solo estuviera limitado a usarse con los textos. Se leen rostros, situaciones, imágenes. El mundo es un gran texto que se expresa en múltiples lenguajes abiertos a ser interpretados por quien desee esforzarse para hacerlo. El mundo, diría parafraseando a Emil Cioran, es tan grande como nuestra capacidad de interpretarlo. Para no ser tan ambiciosos, limitémonos en este momento a la lectura de los textos escritos.</p><p>En ese intento de aprehenderlo, apelamos a interpretar la intertextualidad, a descifrar la simbología camuflada sutilmente ―o no tanto― entre lo que a prima facie se nos ofrece como evidente. A descubrir los meta mensajes. A adentrarnos en un íntimo diálogo con un universo que de otro modo es inasible y ajeno. &nbsp;</p><p>Pero ¿qué es eso de la “comprensión lectora”? es un proceso que se lleva a cabo en nuestro cerebro y que nos permite entender el significado de un texto.&nbsp;Es decir, no alcanza con saber leer, ni siquiera con saber hacerlo correctamente ―sin errores, sin titubeos y con la entonación adecuada― sino que además, y fundamentalmente,&nbsp; comprender lo que vamos leyendo.</p><p>Para poder comunicarnos, es decir, relacionarnos los unos con los otros, los seres humanos contamos con cuatro destrezas o habilidades: hablar, leer, escuchar y escribir. En cualquier ámbito en que intentemos comunicarnos necesitaremos utilizar al menos una de ellas. En este contexto, la comprensión lectora es la capacidad para entender lo que se lee, no solo en referencia al significado de las palabras que forman un texto, sino en cuanto a la comprensión integral del texto mismo. Lo mencionábamos como un proceso y esto es así ya que se generan significados y estos se relacionan con los conceptos que ya tienen una significación previa para el lector.&nbsp;</p><p>En definitiva, interactuamos con el texto. No somos (o no deberíamos, al menos) ser consumidores pasivos de un texto sino que este se debe identificar tanto con palabras como con significantes. De allí que podamos leer y comprender un texto de manera literal (centrándonos en lo expuesto de forma explícita), de modo crítico (con juicios fundamentados sobre los valores del texto) o bien inferencial, es decir infiriendo, lo que no es otra cosa que comprender lo que se dice entre líneas. Leer lo no dicho. Preguntarnos por qué el autor de ese texto dice lo que dice, desde qué lugar lo dice, con qué autoridad lo hace, qué busca con eso, qué no dice, cuál es, en definitiva, la intencionalidad de ese texto. Esta somera enumeración, obviamente, vale tanto para una extensa novela como para un tweet, para una publicación en cualquier red social o en una presentación académica.&nbsp;</p><p>Somos lo que decimos y lo que callamos. Somos el producto de nuestra historia y nuestro tiempo. Nuestra producción textual tiene que ver con esto y con la posibilidad de interpretar y ser interpretados. De dar a conocer esos mundos que somos cada uno de nosotros. De conocer esos mundos que son los otros.</p><p>Leer y no interpretar lo que está escrito es lo mismo que no saber leer. Cada vez son más los lectores analfabetos. Me recuerda la paradoja de fabricar armas para asegurar la paz o la peligrosa ingenuidad de creer que todos los libros son iguales.</p><p>No alcanza con enseñar a leer; si no enseñamos a interpretar lo que leemos, seguiremos fabricando automóviles en un lugar en donde no existen carreteras.</p><p>*Médico y escritor</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Fd84V8scnjlupH5Z-JxOpDmzdS4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/leer_escribir.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>Luis Castillo*La comprensión lectora no es de ningún modo un atributo natural de ciertos elegidos sino, por el contrario, una capacidad que se enseña,...]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2024-01-27T23:23:54+00:00</published>
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            Sabe a jabón pero es queso
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gBPU_AKuSDZznFzFQRpMZGXrSNQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/08/jabon_queso.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Desde los años 60`, cuando aparecieron los primeros estudios que trataban de explicar un fenómeno que se conoce actualmente como “sesgo de confirmación”, ha ido describiéndose con mayor rigor científico una característica que hoy, sabemos, está estrechamente ligada a nuestra propia evolución como animales sociales.</p><p>Vamos por partes. No voy a aburrir a los lectores dominicales con detalles académicos, lo importante es que está claramente demostrado que lo que hoy llamamos “razón” es un rasgo de la evolución tanto como haber pasado de caminar en cuatro patas a dos o la visión tricolor de la que carecen otras especies; la mayor ventaja de los humanos es nuestra capacidad para cooperar. La cooperación, sabemos, es difícil de establecer y más difícil aun de mantener. Para cualquiera de nosotros que, hoy se afirma, no somos animales sociales sino que somos más parecidos a lobos solitarios que necesitaron unirse para lograr sobrevivir, la razón se desarrolló no para permitirnos resolver problemas lógicos sino para para intentar resolver los problemas devenidos de vivir en grupos colaborativos.</p><p>Ahora bien, en ese contexto, el concepto de "sesgo de confirmación" puede definirse como la tendencia que tienen las personas a adoptar como cierta solo aquella la información que respalda sus creencias y rechazar toda información que las contradiga. Es curioso que, ante los argumentos de otra persona, somos prácticamente expertos en detectar las debilidades y falencias; el problema es que, casi invariablemente, las posturas y convicciones sobre las que estamos cerrados a todo examen crítico son las nuestras.</p><p>Decíamos antes que la razón fue producto de la evolución con la función específica de que ningún otro del grupo se aprovechara de nosotros, esa quizás fuera la base de la argumentación pero, los temas producto de estas discusiones eran escasos y concretos relacionados ante todo con la supervivencia. Ahora bien, en esa racionalidad no existían las influencias de los medios ni de las redes sociales, el bombardeo mediático y las fake news; esto, según explica un interesante trabajo publicado hace poco tiempo, "es uno de los muchos casos en los que el entorno cambió demasiado rápido para que la selección natural lo alcance".</p><p>Otro importante aporte a la confusión general es lo que se conoce "ilusión de profundidad explicativa", y que no es otra cosa que creer que se sabe mucho más de lo que realmente se sabe. Para las sociedades actuales prácticamente no existe tema sobre el que no se pueda emitir una opinión. No importa lo disparatada que esta sea. Lo que sucederá, seguramente, es que esa opinión ―generalmente sin ningún asidero ni sostén― será compartida o aceptada por alguien a quien, simplemente, le confirmó su creencia previa sobre ese tema y cuyo desconocimiento también era absoluta o parcial, generando una retroalimentación que puede llegar a límites que podrían catalogarse como ridículos o como peligrosos según la temática.</p><p>Como vemos, el sesgo de confirmación se puede manifestar en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana y también, claro está, en la política, en donde las personas tienden a consumir noticias o seguir a personas en las redes sociales que respalden sus puntos de vista políticos, lo cual refuerza aún más sus creencias y opiniones preexistentes y esto sucede a tal punto que, a la hora de tomar decisiones, también buscaremos información que respalde nuestras opciones preferidas y descartaremos aquella información que no lo haga. Como puede comprenderse, los efectos negativos de este fenómeno cognitivo no solo limitan nuestra capacidad de aprender y adoptar nuevas ideas y perspectivas sino que contribuye a la polarización y a la creación de verdaderas “burbujas de información”, donde nos rodeamos solamente de personas y fuentes que refuerzan nuestras creencias pudiendo aumentar no solo la división sino además, y fundamentalmente, la intolerancia.&nbsp;</p><p>Para intentar revertir esto, seguramente hallaremos miles de recetas infalibles en libros de autoayuda o, más probablemente, en flyers motivacionales de esos que recorren incesantemente las redes pero, sin dudas, en un momento en el que lo mas valioso que tenemos, lo único valioso, el tiempo, lo dilapidamos insensatamente, optamos por lo más fácil aunque más peligroso, seguir comiendo jabón mintiéndonos que es queso.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gBPU_AKuSDZznFzFQRpMZGXrSNQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/08/jabon_queso.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Un viejo chiste, en referencia a la testarudez atribuida a los vascos, cuenta de uno que estaba comiendo jabón pero de ningún modo iba a reconocer que se había equivocado al tomarlo creyendo que era queso.]]>
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                <updated>2023-08-12T21:43:23+00:00</updated>
                <published>2023-08-12T21:39:11+00:00</published>
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            Buscan cambiar el nombre de la plaza Colón: la intención es que se llame Manuel Almeida
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CYf5TaIcvUEME-0n6tlUNBV4DuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/10/plaza_colon.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Amílcar Nani</p><p>Mediante el ingreso del proyecto de ordenanza titulado “Imposición del nombre “Plaza AMnuel Almeida” a la actual Plaza Colón”, el concejal del partido vecinalista Gualeguaychú Entre Todos introdujo el cambio de denominación al espacio público ubicado en plena Costanera, frente a los Galpones del Puerto.</p><p>El objetivo es homenajear el legado del docente, arqueólogo y uno de los mayores divulgadores científicos que tuvo la ciudad durante el siglo XX, Manuel Almeida, y la necesidad de seguir glorificando la figura del conquistador y esclavista del siglo XV Cristóbal Colón.&nbsp;</p><p>“Este jueves, el proyecto pasó a comisiones, así que se va a empezar a tratar la semana que viene. Es una iniciativa mía, y por supuesto que me comuniqué con la familia Almeida para pedirles autorización”, contó a Ahora ElDía el edil Luis Castillo.&nbsp;</p><p>“Este cambio de nombre es totalmente simbólico. Todo surgió cuando me llegó un viejo pedido para cambiar el nombre de la plaza Colón por el de Pueblo Originarios. Pero esto quedó en la nada. Me pareció una iniciativa buena, pero me parece medio genérico el nombre Pueblos Originarios. Entonces me sugirieron que sería un buen homenaje a su legado rebautizarla como Manuel Almeida”, ahondó en el tema.&nbsp;</p><p>Al mismo tiempo, Castillo hizo referencia a la necesidad de hacer un revisionismo histórico sobre la figura de Cristóbal Colón: “Creo que no cabe ninguna duda es que vino buscando oro pero encontró mano de obra y se transformó en el esclavizador número 1 de la época. Tan así que la reina Isabel lo manda con una tarea evangelizadora porque eran los Reyes Católicos, pero cuando se entera sobre las atrocidades que estaba haciendo es cuando le saca los títulos y los soportes, y es por eso que muere en la miseria y condenado por los reyes por esclavista. Por supuesto, después vinieron sujetos muchos peores como Hernán Cortés y los esclavizadores de México. Pero este fue el primero que se dio cuenta que había una ganancia en la mano de obra esclava. Lo que pasa es que nos vendieron un cuento tan lindo que durante 500 años nos vendieron el nombre Colón como uno para homenajear cualquier cosa, yan así que hasta hace un par de años seguíamos festejando el Día de la Raza”.&nbsp;</p><p>Finalmente, el concejal del vecinalismo se refirió a uno de los legados más importantes de Almeida en Gualeguaychú: “El Museo Almeida de Gualeguaychú es una de las joyas que tenemos en Gualeguaychú, y es el legado más grande que nos pudo dejar el profesor Almeida. Hoy en día, turistas y escuelas están recorriendo las instalaciones e instruyéndose sobre el pasado cultural y natural de Gualeguaychú”.</p><p>Manuel Almeida: una referencia para la ciencia en Gualeguaychú</p><p>Nació el 4 de diciembre de 1915, y en 1944 se casó con Susana Jurado y comenzó a construir su familia, pero también su legado. Egresó de la Enova, fue docente de escuelas primarias durante 20 años, de los cuales 14 los pasó siendo director de la Escuela Nº177. También enseñó Biología, Física y Actividades Prácticas en diferentes colegios secundarios.</p><p>En el estrato terciario, fue docente en la cátedra de Paleontología en el “Sedes Sapientiae” y titular de Prehistoria General y Arqueología en el Departamento de Historia del mismo Instituto.</p><p>Pero además, fue un prestigioso investigador que logró recuperar y clasificar más de 8.000 piezas (cerámicas, puntas de flecha, lanzas, arpones, etc.) pertenecientes a los pueblos originarios que habitaron la zona (Chanás y Guaraníes), actualmente reunidos en el Museo Almeida, que abrió en 1992.</p><p>Además, fue integrante de la Comisión de Estudios Hechos Históricos que editó el libre “De Gualeguaychú y su Historia”.</p><p>Entre los premios y distinciones que recibió a lo largo de su vida, se destacan el concedido en 1991 por la Municipalidad de Gualeguaychú al “Mérito a la Investigación Histórica y Arqueológica”; el premio Gente de Letras, en 1993; fue Ciudadano Ilustre en 1997 y recibió la Medalla del Honorable Cámara de Senadores de la provincia de Entre Ríos.</p><p>Manuelo Almeida murió a los 88 años en la ciudad de Gualeguaychú el 26 de julio de 2004, dejando un legado imborrable que forma parte de la identidad de nuestra ciudad, y que sería justo y noble rebautizar con su nombre la plaza que actualmente es conocida para reconocer al primer esclavista que pisó el continente americano.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CYf5TaIcvUEME-0n6tlUNBV4DuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/10/plaza_colon.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El proyecto de ordenanza fue presentado por el concejal del vecinalismo Luis Castillo. Ya se está tratando en comisiones y en unos días bajará al recinto. Entre los considerandos se plantea la necesidad de homenajear el legado del docente, arqueólogo y divulgador científico de Gualeguaychú, además de restarle importancia al conquistador esclavista del siglo XV.]]>
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                <published>2022-10-27T23:45:18+00:00</published>
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            El vasto universo de los imprescindibles
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ssExXDj-1hu4HEtJPA3MEHLOTFU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/10/ausencias.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>Es quizás inevitable en nuestro actual mundo de urgencias y falsas necesidades, que la palabra imprescindible se asocie invariablemente al mundo laboral. A lo competitivo dentro de ese universo de engranajes que anticipara Charles Chaplin en Tiempos modernos. Somos todos piezas desechables dentro de una maquinaria invisible en la que el sometimiento es muchas veces más importante que el conocimiento o la aptitud. Siempre habrá quien pueda hacerlo mejor o, al menos, más barato. O sin quejarse ni cuestionar nada. Un simple intercambio cuasi mercantil, capacidad por obsecuencia. Estas son las reglas, o se acatan o estás fuera. No se discute. El poder no se discute. Poder que puede ejercerse desde lo económico o lo social. O ambos. En la casa de Gran hermano lo que importa es la casa, no quienes la habiten.&nbsp;</p><p>Cuando una persona deja un lugar (en una empresa, en una pareja, en un gobierno, cito estos ejemplos para poner énfasis en lo innecesario del contexto) ese lugar, de algún modo, cambia. Nada deja de funcionar porque no estemos más, eso está claro, pero funcionará distinto. Mejor, peor, es solo una cuestión de perspectiva, pero, sin dudas, algo cambiará. Eso nos convierte no en imprescindibles sino en insustituibles. Aunque algunos diccionarios aseguren que estos términos puedan ser utilizados como sinónimos, no lo son. Que una empresa, un club o nuestra pareja anterior nos reemplace por otro u otra nos habla de nuestra prescindibilidad (A rey muerto, rey puesto, gritaban los vasallos) pero el hecho de que cada uno sea único nos hace insustituibles. Nadie es igual a otro. Cada persona es única. Cada padre, cada madre, cada hermano, cada amigo, cada hijo, cada mascota es única.</p><p>Reemplazar&nbsp; es ocupar un lugar en el que estaba otro, pero de ningún modo es ser ese otro. Si determinados sitios da lo mismo quién lo ocupe, lo prescindible quizás sea ese sitio.</p><p>En política sucede algo similar. La neroniana imagen —o ingenuo pensamiento— de que quien ocupa un determinado lugar de poder es irreemplazable a costa del caos emergente de su ausencia habla solo de egolatrías que no pocas veces provocan dolorosas divisiones en una sociedad que precisa —como toda sociedad— de todos y cada uno de sus ciudadanos con el objetivo común del bienestar general, como reza nuestra carta magna.&nbsp;</p><p>Aceptar como natural que se nos reemplace como si de repuestos se tratase es tan malo como creer que después de nosotros solo puede haber desconcierto y angustia producto de nuestro alejamiento. Tal vez el secreto sea saber cuál es nuestro lugar, nuestro momento, nuestro&nbsp; rol. Tal vez, sea bueno releer al poeta Jean Cocteau cuando afirmaba: “Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué”. ¿Y nosotros?</p><p>Puede ser doloroso a nuestro ego darnos cuenta de que, muchas veces, nuestro mejor puesto en un evento deportivo, por ejemplo, quizás sea ocupando un lugar en las tribunas.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ssExXDj-1hu4HEtJPA3MEHLOTFU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/10/ausencias.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Era un maravilloso rey, pero tuvo la ocurrencia de morirse y entonces: A rey muerto rey puesto; el rey ha muerto, viva el rey. ¿Somos, de verdad, así de reemplazables?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-10-22T22:05:36+00:00</updated>
                <published>2022-10-22T22:04:34+00:00</published>
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            Una multitudinaria marcha en Gualeguaychú repudió el atentado contra Cristina Kirchner
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/marcha-en-gualeguaychu-en-repudio-al-atentado-contra-cristina" type="text/html" title="Una multitudinaria marcha en Gualeguaychú repudió el atentado contra Cristina Kirchner" />
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aanAs4UIeIozfHUBUnmnmrn03-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/movilizacion_en_gualeguaychu_cfk.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La convocatoria fue este mediodía en 25 de Mayo y Rocamora, donde con el correr de los minutos se dieron cita numerosas agrupaciones políticas y sociales, como la Juventud Peronista, La Cámpora, Barrios de Pie, la Federación Nacional Territorial (FeNaT) &nbsp;el Partido Federación Comunista y el MTS, entre otras.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida de Ahora ElDía -Gualeguaychú- (@eldiaonline)</p> <p>Además, estuvo prácticamente todo el arco político de la ciudad, encabezado por el propio intendente Martín Piaggio, que estuvo acompañado por funcionarios de su gabinete, el senador provincial Jorge Maradey, la diputada provincial Mariana Farfán, los concejales del Frente de Todos, el edil vecinalista Luis Castillo y los concejales Juan Ignacio Olano y Pablo Echandi de Juntos por el Cambio.</p>Fotos: Joaquín García<p>Con banderas y cánticos en apoyo a la vicepresidenta, la columna de militantes que abarcó más de tres cuadras marchó por 25 de Mayo hasta calle Mitre, donde doblaron para concluir en el centro de la Plaza San Martín, alrededor del monumento.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Allí, los manifestantes cantaron el himno y luego canciones de apoyo hacia Cristina Fernández de Kirchner. El acto no contó con ningún orador, sino que simplemente se manifestaron de manera simbólica, plegándose a las marchas que hubo por todo el país.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida de Ahora ElDía -Gualeguaychú- (@eldiaonline)</p> <p>&nbsp;</p>]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aanAs4UIeIozfHUBUnmnmrn03-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/09/movilizacion_en_gualeguaychu_cfk.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Cientos de personas se movilizaron por el centro de la ciudad mostrando su enfático repudio al intento de asesinato sufrido por la vicepresidenta. Estuvieron presentes el intendente Martín Piaggio, funcionarios, concejales del oficialismo y de la oposición.]]>
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                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2022-09-02T16:17:08+00:00</published>
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            Pienso, luego, existo
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        <author>
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L8NgHGrhq2stA53ovhDIzaTKk6k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/08/salman.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>A la historia le gustan las paradojas, o eso pareciera al menos. Matar es el apellido del hombre que se puso al hombro la tarea de cumplir con la fatwa, la sentencia de muerte dictada ya hace más de tres décadas por alguien que se sentía ―y quizás lo fuera para muchos― la palabra de su dios encarnada en su garganta y sus sentencias. Recordemos un poco. Un escritor de origen indio Salman Rushdie, quien, vale la pena destacarlo, no gozaba de fama ni trascendencia mundial, publicó un libro al que tituló Los versos satánicos. En éste, había ciertos pasajes que parecían ofender al profeta Mahoma y eso despertó tanto la ira del mundo musulmán (que naturalmente salvo honrosas excepciones no creo que hayan tenido acceso a este libro hereje pero aun así lo condenó) y el Ayatolá Ruhollah Jomeiní, quien estaba a cargo de la teocracia de Irán, el 14 de febrero de 1989 decretara la pena de muerte del escritor. Esta proclama es lo que se conoce como fatwa, a través de la cual se instaba a la población musulmana de todo el planeta a ejecutar no solo al escritor sino a cualquier persona relacionada con la publicación del libro.&nbsp;</p><p>¿Es realmente ofensivo el libro, su argumento o su fantasía? Eso, en mi opinión, poco importa. Al fin y al cabo, en definitiva, es una cuestión de interpretaciones y, del mismo modo (salvando las distancias) con lo sucedido con El código Da Vinci, cuya ira por parte de algunos grupos ultracatólicos solo consiguió incrementar las ventas del libro hasta límites inimaginables.&nbsp;</p><p>A partir de esa decisión del supremo iraní, el autor posteriormente nacionalizado británico vivió perseguido, acosado y bajo vigilancia permanente y su vida no dejó de correr riesgos ya que, sumado a lo que pudiera estar relacionado con lo religioso, se ofreció una recompensa de casi tres millones de dólares para quien llevara a cabo la muerte del hereje.</p><p>Hace un par de días, un joven de apenas 24 años llamado Hadi Matar, lo apuñaló y dejó al borde de la muerte al novelista en plena disertación en Nueva York. Después de 33 años, alguien consiguió llevar una infame alegría a quienes se puedan llegar a regocijar con lo aberrante no solo de la concreción del acto homicida sino con que se condene a alguien por expresarse. Por escribir. Por pensar distinto. Por pensar.</p><p>Este no es un acto terrorista más. Y digo terrorista porque así se denominan los actos que llevan la función implícita de generar terror. Terror que, como sabemos, paraliza. Calla. Domestica. Este es un llamado de atención ―o debería serlo― para todos aquellos que creen que las amenazas a la libertad de expresión es algo liviano, superficial. Banal. La libertad de expresión, de expresarnos, de hablar, de disentir, de gritar lo que consideramos injusto, de escribir con sangre las paredes, no se calla con amenazas veladas ni, como en este caso, con la muerte misma. Ya vimos cómo se quiso en nuestro país callar las voces quemando libros, cortando gargantas, persiguiendo ideas. Y acá no pudieron. Y en el mundo no se debe dejar que nadie pueda. Sin libertad no hay vida. A menos que alguien anhele la vida del esclavo.</p><p>Lo invito a reflexionar, estimado lector, estimada lectora, acerca de si somos conscientes, cada vez que emitimos una opinión que censure, que ofenda, que hiera, que descalifique, si no estamos ―en una escala menor, sin dudas, pero no por eso menos canalla― siendo tan intolerantes como el fanático que insta a matar o el que lleva a cabo esa infamia.</p><p>Alguien escribió alguna vez: “En un lugar en donde todos piensan igual, sin dudas, alguien está pensando por todos”.</p><p>*Escritor, médico y Concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L8NgHGrhq2stA53ovhDIzaTKk6k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/08/salman.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La intolerancia no solo no parece tener límites sino, por el contrario y lamentablemente, está cada vez más viva y omnipresente.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-08-13T23:58:26+00:00</updated>
                <published>2022-08-13T23:50:42+00:00</published>
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            Recuerdos del más allá
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        <author>
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Cv2Yixns3CpcWD4salN3rtFFPpw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/cementerio_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Dos&nbsp;de las mayores preocupaciones de nuestra especie son, primero, morirnos; cuestión inevitable (pese a nuestros esfuerzos por retrasar ese infausto momento y que apenas si alcanzamos a prolongarlo) y segundo, no ser recordados. “Solo una cosa no hay, es el olvido” sentenciaba Borges, sin embargo, el olvido existe. Es real. Y más dolorosamente real cuanto mayor sea nuestro ego y sensación de que no podemos hacer nada por limitar nuestra existencia a algo meramente físico o biológico. Necesitamos trascender. Perdurar. Vencer al olvido ya que no podemos vencer a la muerte.</p><p>En ese afán, más allá de las cuestiones inherentes a la salubridad y el urbanismo, nacieron los cementerios. Los epitafios que distingan una tumba de otra. Que hagan saber quién está ahí, que planteen una lucha más o menos efectiva contra el anonimato de una lápida en blanco. Los panteones, que, si bien son apenas edificaciones que buscan destacar familias ilustres o nombres que merecen perpetuarse en la memoria colectiva, no dejan de ser otra cosa que la búsqueda de diferenciación entre esa cosa igualitaria que&nbsp;—pese al deseo de algunos— conlleva la muerte. Es curiosa la etimología de la palabra panteón, que proviene del griego y significa nada menos que “templo de los dioses”. Deidad, que sin dudas, puede adquirirse con dinero.&nbsp;</p><p>Hoy, la tecnología nos permite otros lujos. O al menos a quienes puedan pagar esos lujos, claro. Y lo que ayer prometía el incierto mundo espiritual hoy las aplicaciones digitales lo hacen realidad. Aunque sea mediante ese oxímoron que llamamos realidad virtual. Veamos, Suma Tomb, por ejemplo, es una aplicación que permite crear un video que se activará cuando alguien visite la tumba de su finado suscriptor y, de ese modo, no se visitará un nicho o un panteón sino que podrá “ver” al dueño de los huesos o las cenizas que allí descansan. La compañía&nbsp; Forever Mortal crea eso que hoy llamamos “tributo” del fallecido y puede accederse a él internet mediante desde cualquier sitio del mundo; más avanzado aún está el gigante&nbsp; Amazon, quien, merced a la inteligencia artificial, recupera las voces de los muertos (ya que todo cuanto hablamos e interactuamos permanece en ignotos archivos pero no desaparece) y &nbsp;las coloca en un asistente virtual -&nbsp;Alexa es su nombre- para que podamos seguir comunicándonos con el más allá sin necesidad de recurrir a médiums de dudosa reputación sino solo mediante una aplicación y un costo insignificante frente a la posibilidad de “hablar” nuevamente con nuestros seres queridos. Empresas mucho más pequeñas, sin embargo, ofrecen avatares digitales que se conforman mediante todas las interacciones que hubieran tenido los finados en cualquier tipo de plataforma y, de ese modo, no solamente se puede “hablar” sino “interactuar” con los muertos (o su avatar, que es casi lo mismo pues, ya que no podemos ingresar al inframundo, ingresamos al otro mundo, el de la virtualidad).&nbsp;</p><p>Como es esperable, algunos estudios (no hay demasiados al respecto) muestran (o demuestran) que las personas adultas mayores no temen tanto a la muerte como los jóvenes. Esto es natural si consideramos que la mayoría de los adultos mayores considera que, de un modo u otro, ya han vivido su vida, cosa que no sucede con los jóvenes, cuya incertidumbre frente al futuro los hace particularmente temerosos de lo que vendrá. Eso, sin dejar de lado que otro fantasma acosa a los jóvenes (también a los viejos, es cierto, pero desde otra perspectiva) y es el de la soledad. Ante la soledad, los viejos se recluyen en los recuerdos y los jóvenes en la tecnología. Amigos virtuales. Avatares. Parejas generadas a medida del deseo. Ficticio, podrán decir algunos, pero el amor, acaso, ¿no es muchas veces apenas una ficción?</p><p>Debe ser, sin dudas, una cuestión generacional pero debo confesarle que, frente a la hiper realidad de un avatar que interactúe conmigo más allá del tiempo y el espacio, sigo prefiriendo el calor de un mate compartido aunque esto dure apenas lo que tarde la yerba en enfriarse.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Cv2Yixns3CpcWD4salN3rtFFPpw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/cementerio_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Muchas personas tienden a soñar con la perpetuidad de su recuerdo olvidándose que para eso, inevitablemente, primero tienen que morirse.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-07-16T22:32:34+00:00</updated>
                <published>2022-07-16T22:31:07+00:00</published>
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            Desagravio a la Coca Sarli
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            <name>
                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bMymDHaCod_V9H1-2NNoFDcC8b0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/coca_sarli.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Entre las palabras que prácticamente han desaparecido de nuestra habla cotidiana se encuentra el término: matiné. Cómo explicar a los niños, niñas y jóvenes de hoy que ese vocablo robado del francés era mucho más que un horario para un espectáculo ―tal como expresan los diccionarios― sino que era el espectáculo mismo. Matiné era sinónimo de cine, de griterío previo a que las luces se apagaran y se encendiera la magia, el aroma de las generalmente inalcanzables golosinas que se apiñaban en una caja de madera y se ofrecían a los gritos por los pasillos de los cines. La primera salida con amigos y sin los padres. La primera cita. Y por si todo eso fuera poco, dos películas. Sí, dos. Aptas para todo público, naturalmente.</p><p>Qué significado tenía entonces y cuál ahora ese término, me pregunto; qué era lo prohibido, lo que no debía verse. Lo que debíamos ver los niños. Lo que hoy sí pueden ver y yo no podía. Por qué, en definitiva, existían las películas no aptas para menores de 18 años.</p><p>Recuerdo que durante una clase ―yo estaría en cuarto o quinto grado― un maestro ridiculizó a uno de mis compañeros por lo que había escrito en su trabajo acerca de los indios (no se les llamaba Pueblos originarios por aquel entonces); había que describir vida y costumbres de los indios del norte argentino y mi compañero no tuvo mejor ocurrencia que describir ―eso sí, hay que destacar, con detalles casi fotográficos― vida y costumbres de los Sioux. ¡Y es que era lógico! Esperable y natural ―si se quiere― que, para la mirada de un niño, lo que veíamos en las películas era lo que sucedía o había sucedido en un mundo cuyas fronteras estaban demarcadas por la cultura dominante. Nuestra realidad, nuestro universo, era ese, el de los cowboys simpáticos (sí, había malos también, pero era fácil darse cuenta quién era quién), los indios malos, feroces, taimados, bastante ingenuos y fáciles de engañar ―por suerte― y teníamos de nuestro lado a la caballería, que siempre llegaba unos minutos tarde, es cierto, pero llegaba. Y todos nos poníamos de pie, gritábamos y nos abrazamos presos de emoción y algarabía cuando escuchábamos ese clarín que anunciaba que, finalmente, llegaban los buenos.</p><p>En una clase de Educación cívica (o no recuerdo bien cómo se llamaba en aquel momento esa materia), otro compañero relató (y frente a toda la clase) sin pudor y sin titubeos, cómo se llevaba a cabo un juicio por jurado, cuando en nuestro país aún faltaban décadas para que eso comenzara. ¡Pero, caramba! Si lo habíamos visto todos en el cine a esos juicios, cómo íbamos a saber que eso acá no sucedía. Que los niños o niñas no declaran en el estrado, y que no siempre ganan los buenos. Los indefensos. Los que osan enfrentar al poder.</p><p>¿Y qué tenía que ver que Superman o El capitán América usaran como uniforme la bandera de Estados Unidos? ¿No era acaso solamente una cuestión estética? ¿Que los alienígenas, cuando decidían tomar el mundo empezaran por Estados Unidos, no era lo que hubiera sucedido en verdad si estos hombrecitos verdes hubieran decidido aterrizar sus platillos voladores en este planeta? ¿Y, cuando tecnología mediante pedían comunicarse con el líder del planeta no aparecía en pantalla el presidente de Estados Unidos?</p><p>Quizás, solo quizás, el cine de un modo u otro nos estaba diciendo cosas que, dada nuestra inocencia, tomábamos como verdades absolutas y modelo de pensamiento. Éramos tan chicos, tan ingenuos. Cómo no creer que de verdad todos los negros eran malos, los asiáticos serviles, que los centroamericanos no sabían hacer otra cosa que bailar al son de sus maracas y sonreír a los amables turistas que les hacían el favor de visitarlos o los alemanes prepararse para una nueva guerra mundial. Gracias a ese cine aprendimos que los rusos no saben reír, los hindúes (no los llamo indios, como debiera ser, para no generar confusión) estaban realmente encantado con la posibilidad de ser ingleses, y que nunca debíamos preguntarnos por qué el rey de la selva era un hombre blanco a quien los simios obedecían y respetaban en lugar de hacerlo frente a los Watusi, los Mangani (que le pusieron el nombre Tarzán, que significa piel blanca) o cualquier otra tribu local.</p><p>Esas eran las películas “Aptas para todo público” de las que disfrutaba en mi infancia; por no mencionar el siniestro final de Marcelino pan y vino (quienes no la conozcan no se molesten en hacerlo) y que, incluso, la llevaban a las escuelas para verla previo a las Pascuas; lo que le sucedió a Espartaco por no someterse al poder imperial o a Jerónimo por no entregar sus tierras a los rubios del otro lado del océano.</p><p>Películas en las que no había besos (a lo sumo alguno muy, muy inocente); de tetas ni hablar, naturalmente, esas sí estaban prohibidas. Más aun las de Isabel Sarli. Porque parece que lo malo no era que a la pobre muchacha la violaran arriba de un camión frigorífico o que el patrón se abusara de su inocencia, no, ese no era el problema. El problema es que se le veían las tetas. Pero de eso nos dimos cuenta después, mucho después, cuando la icónica frase: “Qué pretende usted de mí” ya tenía otro significado. Uno mucho más grande aun que las tetas de la Sarli, mucho más duro que sus gestos; un significado que nos muestra como canallas complacientes, como animales que, al igual que los personajes de esa escena inolvidable, dentro de ese camión solo veíamos carne.</p><p>A los censores, a los calificadores de películas, a todos aquellos que seleccionaron el modo de entretenernos mientras nos tapaban los ojos de propaganda: salud. Son unos capos. Siniestros, perversos, pero de verdad hicieron bien su trabajo. A la Coca, no me queda más que pedirle perdón; yo también fui uno de los tantos que se olvidó que, ante la magnificencia de sus atributos, dejamos de ver todo lo que había detrás de cada imagen, perdimos el contexto, la miseria social, en definitiva, el durísimo mensaje subliminal que se ocultaba detrás de cada escena en la que, tristemente, solo alcanzábamos a ver un par de tetas.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bMymDHaCod_V9H1-2NNoFDcC8b0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/coca_sarli.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando yo era chico el cine, sin dudas, era distinto. Entre otras cosas porque había películas prohibidas]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2022-07-09T23:47:51+00:00</published>
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        <title>
            En la Biblioteca Rodolfo García se realizó el lanzamiento de la Feria del Libro 2022
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/c9LH2bZZrUzbiAc1CMV6yjeNb-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/feria_del_libro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Consultada por AHORA ElDia, Ferrari indicó que “el Municipio apoya la iniciativa del profesor Henchoz, director de la Biblioteca, que va realizar la Feria del Libro más grande que se ha efectuado en la ciudad, y como parte del estado y de nuestra gestión cultural, nos parece que &nbsp;es fundamental acompañar e impulsar la iniciativa”.Por su parte, el licenciado Henchoz indicó que “estamos como anfitrión, ingresamos en un programa de Cultura de Nación que tiene apoya a ferias de libros del interior y junto con experiencias que ha desarrollado Luis Castillo, organizando los eventos anteriores y el apoyo incondicional de Cultura Municipal, vamos a encarar esta propuesta para los primeros días del mes de septiembre con la aspiración de que se pueda convertir en un evento a la altura de las circunstancias que nos merecemos”.&nbsp;Henchoz explicó que “nosotros en el programa que llama Feria del Libro de la Ciudad, tenemos 80 títulos, pero sabemos que hay muchos trabajos más. En Gualeguaychú se trabajan todos los géneros, inclusive uno que estaba faltando de metafísica va a salir en los próximos días. Para nosotros es un orgullo ser anfitriones de editoriales que son cooperativas independientes de las llamadas artesanales que de pronto no están en el circuito comercial y necesitan de este tipo de encuentros para promocionarse”.“Hoy hacemos el lanzamiento de la Feria del Libro, que es necesario para poder llegar a las editoriales, a aquellos &nbsp;escritores que si no replicamos estas novedades no se enteran de las mismas y nosotros de sus trabajos y existencia. Sabemos que nos está faltando esa red de contactos para poder llegar a distintas localidades, a cada escritor, a gente que produce cultura”, expresó el titular de la Biblioteca.Por su parte, el concejal y escritor Luis Castillo señaló que “todos los que integramos &nbsp;la organización estamos muy felices de que la Feria del Libro vuelva a la ciudad y que regrese para quedarse, que sea un evento que forme parte de los numerosos atractivos culturales que Gualeguaychú &nbsp;propone y que cada vez imponen más la Marca Gualeguaychú. Trabajamos para que desde la parte turística y cultural sea una feria que año a año siga creciendo. Nos parece fundamental la llegada de editoriales independientes que de otra manera no sobreviven, teniendo en cuenta que hay un oligopolio editorial muy fuerte que no permite crecer &nbsp;y estas pequeñas editoriales, entre las que está la Rodolfo García, que permiten cumplir el sueño de tantos escritores y escritoras que de otra manera no podrían publicar sus trabajos”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/c9LH2bZZrUzbiAc1CMV6yjeNb-U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/07/feria_del_libro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En la mañana del miércoles en las instalaciones de la Biblioteca se realizó el lanzamiento de un evento que se va a realizar en el mes de septiembre. La Directora de Cultura, Silvana Ferrari acompañó al titular de la Biblioteca, licenciado Marcos Henchoz y al doctor Luis Castillo en la presentación. La Feria se realizará los días 2,3 y 4 de septiembre.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2022-07-07T11:34:34+00:00</published>
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        <title>
            Aquellos soldaditos de plomo
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/aquellos-soldaditos-de-plomo" type="text/html" title="Aquellos soldaditos de plomo" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/aquellos-soldaditos-de-plomo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8hN8CgPgT1k73pmwBT0FN1Bk_vE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/soldaditos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>“El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; él debe aspirar a que nunca puedan obrar mal; que sus pasiones tengan un dique más fuerte que su propia virtud; y que delineado el camino de sus operaciones por reglas, que no esté en sus manos trastornar, se derive la bondad del gobierno, no de las personas que lo ejercen, sino de una Constitución firme, que obligue a los sucesores a ser igualmente bueno que los primeros, sin que en ningún caso deje a estos la libertad de hacerse malos impunemente”. Si nos tomáramos el trabajo de dedicar unos minutos a la lectura y muchos, muchos más obviamente, al análisis de este texto, quizás no solo descubriríamos al genio que hay detrás de estos conceptos sino que daría pie para empezar a pensar y delinear el país que queremos. Que necesitamos.&nbsp;</p><p>Esto fue escrito el primero de noviembre de 1810. Escasos meses más tarde de la llamada Revolución de mayo;&nbsp; que necesitaba de pensamientos como este para comenzar a serlo de verdad y no solo una maniobra que pretendía ganar tiempo hasta que vientos menos turbulentos permitieran recuperarse a la maltrecha España. Su autor: Mariano Moreno. El medio de publicación: La gaceta (o Gazeta) de Buenos Aires, periódico que él mismo había fundado el 7 de junio de 1810, es decir, apenas 12 días después de los conocidos hechos de Mayo.</p><p>En esta verdadera aventura de publicar un periódico en donde hacer conocer las ideas revolucionarias que, estaban seguros, ya habían comenzado a madurar, no estaba solo. Junto a Moreno estaban Manuel Belgrano, Bernardo de Monteagudo, Juan José Castelli y Pedro Agrelo.</p><p>Qué tal si, este frío domingo de finales de junio, recordamos de un modo excesivamente breve&nbsp; &nbsp;—que no deja de ser una invitación para que usted pueda seguir investigando por su cuenta con lo cual el objetivo de esta columna estará más que cumplido— algunos episodios de la vida de estos olvidados o marginados héroes. Pedro Agrelo, por ejemplo, quizás sea el que menos ruido haga en nuestra memoria del panteón de la emancipación, sin embargo, no solo fue quien estaba a cargo de la redacción de La gazeta de Buenos Aires sino que, dada su condición de jurisconsulto (había estudiado derecho en Chuquisaca, donde probablemente conoció a Moreno), fue miembro de la Asamblea Constituyente de 1813 (aquella que nos enseñan que declaró la libertad de vientres para los esclavos pero nada se dice de quien promovió y dio el contexto jurídico a dicho decreto); fue autor, asimismo, del Proyecto de Constitución Argentina de dicha Asamblea y del decreto que creaba la primera acuñación de moneda con el Escudo Nacional. Por si todo esto no alcanzara para que se lo reconozca entre nuestros prohombres, en 1924 comenzó a dictar clases de Economía&nbsp; política en la Universidad de Buenos Aires, que se había creado en agosto de 1821. Haremos una pequeña digresión en este momento; la UBA no estaba pasando por un buen momento en los primeros años de su creación por diferentes razones que no es momento de analizar, pero lo importante es que ante la falta de recursos y ausencia de un reglamento interno, su rector pidió asistencia al entonces gobernador de Buenos Aires, Gregorio de Las Heras, para que resolviera estas cuestiones, cosa que hizo, claro. Lo curioso es que, Gregorio de Las Heras, cuando era un joven estudiante de 16 años que compartía el Colegio de San Carlos con el pequeño Mariano Moreno, lideró un alzamiento en dicho colegio debido a la mala alimentación y el exceso de castigos corporales que recibían los alumnos. Esta no solo fue la primera toma estudiantil de un colegio sino que, para sofocarla, el entonces virrey Melo tuvo que enviar tropas del Regimiento Fijo de Buenos Aires. Esto era en mayo de 1796. Entre los amotinados estaban también Manuel Dorrego, Bernardino Rivadavia y José Rondeau.</p><p>Bien, encarrilemos el relato. Como suele suceder —o solía, al menos— con nuestros héroes, además de olvidado, Pedro Agrelo murió exiliado y pobre.&nbsp;</p><p>Bernardo de Monteagudo, ilustre e ilustrado tucumano, no solo fundó periódicos y estampó allí sus letras revolucionarias sino que fue estrecho colaborador de San Martín (muchos aseguran que sin la red de espionaje que montó previo a la liberación de Perú esta habría sido imposible), fundó junto a Pedro Agrelo (otra vez) la Sociedad Patriótica que, con la recién fundada Logia de Caballeros Racionales (mal llamada Logia Lautaro) y San Martín a la cabeza, participará el 8 de octubre de 1812 del derrocamiento del Primer Triunvirato y la instalación del Segundo, quien convocó al Congreso Constituyente que conocemos como la Asamblea del Año XIII en la que Monteagudo estuvo presente como diputado. Murió asesinado por un sicario en Lima ante el dolor de San Martín al ver cómo había en apariencia más traidores que patriotas en esa patria grande que soñaba. Publicó en La gazeta: “Sé que mi intención será siempre un problema para unos, mi conducta un escándalo para otros y mis esfuerzos una prueba de heroísmo en el concepto de algunos, me importa todo muy poco, y no me olvidaré lo que decía Sócrates, los que sirven a la Patria deben contarse felices si antes de elevarles altares no le levantan cadalsos”.</p><p>San Martín, Güemes, Belgrano, Moreno, Agrelo, Monteagudo, las guerreras que dejaron su sangre en los campos de batalla, las que colaboraron desde sus ocultos —y aun ocultados e invisibilizados— puestos de lucha: Macacha Güemes, María Remedios del Valle, Juana Azurduy, Mariquita Sánchez de Thompson… quedan muchos nombres aun por conocer, reconocer y, en el mejor de los casos, imitar. No su genio, no su humildad, no su valentía, apenas el amor por ese sentimiento de hermandad y amor hacia el otro y que pocos se atreven a llamar Patria.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8hN8CgPgT1k73pmwBT0FN1Bk_vE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/soldaditos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En estos días —y afortunadamente, debo decirlo— vemos cómo se comienza a reconocer (para hablar de conocer aún falta tiempo) a algunos de nuestros héroes y heroínas.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-06-25T23:47:57+00:00</updated>
                <published>2022-06-25T23:46:28+00:00</published>
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        <title>
            La Municipalidad proyecta la restauración de la Casa de Andrade
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/la-municipalidad-proyecta-la-restauracion-de-la-casa-de-andrade" type="text/html" title="La Municipalidad proyecta la restauración de la Casa de Andrade" />
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/la-municipalidad-proyecta-la-restauracion-de-la-casa-de-andrade">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/veXrz2nVOtG3U1sJ3E4tq8wD-fU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/casa_de_andrade.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la mañana del jueves en el Salón de la Memoria, el intendente Martín Piaggio encabezó la reunión que dio comienzo a las gestiones para la restauración y puesta en valor de la Casa de &nbsp;Andrade.</p><p>Además, estuvieron presentes la Secretaria de Hacienda y Política Económica Delfina Herlax, el subsecretario de Planeamiento Urbano Pablo Bugnone, el Director de Planeamiento y Proyectos Gustavo Dumón, la Directora de Cultura Silvana Ferrari y los concejales Luis Castillo y Susana Villamonte.</p><p>“En el marco de los 140 años del fallecimiento del poeta Olegario Víctor Andrade comenzamos el proceso que conlleva la futura restauración y puesta en valor de la Casa Andrade”, explicó el intendente Piaggio, quien agregó: “actualmente la propiedad es del gobierno provincial por lo que se juntó la documentación necesaria para solicitar la donación de la propiedad a la Municipalidad de Gualeguaychú, como primera instancia de acción para desarrollar el museo, una acción similar a la que realizamos con el Museo Casa Fray Mocho”.</p><p>Cabe señalar que dadas las características arquitectónicas y los valores materiales e inmateriales de la Casa de Andrade, desde la Municipalidad de Gualeguaychú se considera que puede ser parte de un circuito patrimonial, junto a los Museos de la Ciudad, vinculándose a las propuestas de turismo cultural, educativas, artísticas y culturales. El espacio cultural está ubicado en la intersección de las calles Andrade y Borques.</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/veXrz2nVOtG3U1sJ3E4tq8wD-fU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/casa_de_andrade.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En esta primera etapa se busca que la provincia ceda los derechos sobre la titularidad de dominio del sitio patrimonial, para luego hacer las obras.]]>
                </summary>
                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2022-06-23T18:08:19+00:00</updated>
                <published>2022-06-23T18:00:42+00:00</published>
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        <title>
            Tiempo al tiempo
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/tiempo-al-tiempo" type="text/html" title="Tiempo al tiempo" />
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/tiempo-al-tiempo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7NcyWs-Ax_FmGxTSWs-hSBkZqVA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Suelo especular con que uno de los primeros descubrimientos que debieron haber hecho nuestros ancestros fue la certeza de su finitud. Ver nacer y morir a todo lo que les rodeaba daba un mensaje claro de que, salvo las rocas y quizás algunas plantas que podrían perdurar varias generaciones, todo tenía su tiempo de finalización. Su vida. No debe haber sido nada agradable -como presumo continúa siéndolo hoy- darnos cuentas de que nuestra única certeza es la certeza de nuestra propia muerte.&nbsp;</p><p>Sin embargo, no fue hasta que ciertos pensadores ―de ambos sexos, es bueno aclararlo ya que la historia se encargó de destacar solo a los hombres― comenzaron a preguntarse acerca de nuestra razón de ser en esta vida, nuestra misión, si se quiere, que empezó a verse el tiempo como algo a lo que, quizás, habría que prestarle algo más de atención de lo que se suponía debía dársele. Los filósofos, sin duda, cambiaron radicalmente la forma de ver e interpretar al mundo a partir de sus observaciones y posteriores reflexiones; no obstante, hay cierto crédito que debemos darle a otros anónimos pensadores que, sin embargo, trascendieron a través de su obra y no de sus nombres. Se supone que fueron alrededor de cuarenta y esta obra fue escrita ―según aseguran algunos investigadores a los que puede darse cierto crédito― diez siglos antes de Cristo, es decir, unos 500 años antes del nacimiento de la filosofía. La obra de la que hablamos: la Biblia.</p><p>Allí, podemos leer en el conocido Eclesiastés 3 la referencia al tema que nos convoca hoy y que comienza diciendo: Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. Y luego comienza una algo extensa (para este artículo pero que vale la pena leer en su totalidad) enumeración: “Un tiempo para nacer, y un tiempo para morir; un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar; un tiempo para matar, y un tiempo para sanar; un tiempo para destruir, y un tiempo para construir; un tiempo para llorar, y un tiempo para reír (…) ; un tiempo para callar, y un tiempo para hablar; un tiempo para amar, y un tiempo para odiar; un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.”</p><p>Quizás, alcanzaría con cerrar aquí esta columna e invitarlo a reflexionar sobre este escrito que, especulo, puede haber servido a nuestros primeros filósofos a preguntar y preguntase acerca de si es verdad esa enunciación y si, de verdad, los evolucionados homo sapiens de hoy, tenemos realmente tiempo para todo.&nbsp;</p><p>En 1957, el historiador británico Cyril Northcote Parkinson escribió un libro que, si bien algunos afirman que se trata lisa y llanamente de una sátira, no está exenta de ciertas afirmaciones que invitan, por lo menos, a repensar sobre las mismas. Son conocidas como Las leyes de Parkinson. Allí encontramos tres supuestos directamente relacionados con esto que mencionamos como la distribución de nuestro tiempo y el valor que le asignamos (o no) al mismo.</p><p>"El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización".</p><p>"Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos".</p><p>"El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia" (a esta premisa o ley, Parkinson la llamaba ley de la trivialidad)</p><p>&nbsp;A estas “leyes” podríamos sumarles otras que pueden tener más o menos grado de certeza (no es lo que se busca, en definitiva) pero que todas buscan, de un modo u otro reflexionar sobre nuestro tiempo. Aprovechado o perdido pero único e invaluable. Veamos. La ley de Perls, según la cual el 70 % de las cosas por las que nos preocupamos nunca llegan a ocurrir; es decir, ocuparnos en preocuparnos. Otro ejemplo interesante es el principio de Pareto, también conocido como el 80:20 (sí, igual que el fernet con coca) que afirma que el 80 % de nuestro tiempo solo genera un 20 % de resultados, al tiempo que el 80 % restante se consigue con tan solo el 20% de nuestro esfuerzo. Finalmente, quería citar lo enunciado por un prestigioso psicólogo, Paul Fraisse, quien estableció la ley que es conocida con su nombre y que refiere que el tiempo tiene una dimensión objetiva y otra subjetiva. Esto explica, según él, porqué los momentos gratos nos parecen breves y los displacenteros pueden sentirse como eternos.&nbsp;</p><p>En definitiva, volvemos al punto de partida, solo tenemos una certeza y una interminable lista de incertidumbres y especulaciones que tratan de explicarlas. Lo que es indiscutible es que cada vez tenemos más probabilidades de vivir más años y pese a eso, menos tiempo para vivirlos. Más posibilidades de comunicación y estamos cada vez más aislados. Mas sueño y menos sueños. Más psicofármacos y mayor angustia.&nbsp;</p><p>Quizás, no estaría de más, un día de estos, empezar a vivir. No hoy, claro, pero capaz que un día de estos.&nbsp;</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7NcyWs-Ax_FmGxTSWs-hSBkZqVA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Lo más valioso que tenemos; lo único, quizás, sobre lo que asumimos un relativo control, es lo que menos valoramos hasta que es demasiado tarde, nuestro tiempo.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-06-12T00:53:08+00:00</updated>
                <published>2022-06-12T00:49:47+00:00</published>
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        <title>
            El amor no tiene cura, es la cura
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/el-amor-no-tiene-cura-es-la-cura" type="text/html" title="El amor no tiene cura, es la cura" />
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/el-amor-no-tiene-cura-es-la-cura">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vrDkASN2EkpiZZhwNHs3hMZZDHQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/alzheimer.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para Vero y Pablo, Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>A fines de los años ´60 algunos investigadores crearon la Asociación de neurociencia más grande del mundo, fue en Washington, más precisamente en 1969. No está de más recordar, como antecedente, que ya en el siglo V un ignoto anatomista, Acmeón de Crotona, describió los nervios ópticos, que llevarían la información de lo que veíamos hacia el cerebro, dando por tierra todas las hipótesis previas acerca de que el órgano de los sentidos era el corazón. En 1808, Franz Gall publica la afirmación de que no solo todos los procesos mentales se dan en el cerebro, sino que, además, cada uno de ellos se ubica en un área específica; lo cual dio pie a muchas temerarias teorías científicas que afirmaban que se podían reconocer o predecir determinadas habilidades intelectuales o morales solo mediante la forma o el tamaño de las cabezas.</p><p>Pasaron muchos años hasta que los procesos cognitivos comenzaran a ser investigados e interpretados de un modo más racional y&nbsp;―aunque pueda parecer contradictorio―, científico. No hace mucho que algunos investigadores como Reisberg, en 1999, hicieran hincapié en lo que ellos denominaron retrogénesis. ¿Qué es eso y por qué me interesa invitarlo a conocer&nbsp;―no solo la palabra―, sino el concepto? Veamos.</p><p>Desde muchos aspectos, no es difícil observar&nbsp;―y ciertos refranes populares y universales así lo confirman― acerca de las similitudes entre el envejecimiento y el desarrollo infantil normal. ¿O acaso no es habitual escuchar acerca de muchas personas mayores que “parecen que fueran niños”? Esta afirmación, convengamos, también tenía su sostén, si se quiere, en escritos médicos de hace más de 200 años. Ahora bien, la retrogénesis es un concepto que hace referencia al proceso mediante el cual las habilidades cognitivas e intelectuales van perdiéndose en orden inverso a cómo se adquirieron durante el desarrollo normal. Lo primero que adquirimos, desde este punto de vista, es lo primero que perdemos.&nbsp;</p><p>¿Por qué cobra interés&nbsp;―o más interés, mejor dicho― este concepto en los últimos años? Porque, entre otras razones que después trataremos de abordar, el descenso de los índices de natalidad, la mejora en las condiciones sanitarias y sociales y, como consecuencia, el aumento en la esperanza de vida, han hecho que el número de personas mayores de 65 años sea cada vez más grande.&nbsp; Es decir, con el trascurso de los siglos&nbsp;―en líneas generales― no solo vivimos más años, sino que, comparándonos con nuestros ancestros más cercanos o más lejanos, también mucho mejor. O al menos a eso es a lo que dicen aspirar todos los gobiernos del mundo.</p><p>En 1906, un médico alemán analizó el tejido cerebral de una mujer que había muerto de una extraña y desconocida enfermedad mental; esta mujer había ido perdiendo, sin ninguna causa aparente que lo justificara, la memoria, el lenguaje y hasta el normal o esperable comportamiento social. Sin embargo, no parecía ser una enferma psiquiátrica. Su cerebro, como era esperable, mostró lesiones que, hoy por hoy, ya son características de esa enfermedad que este médico estaba describiendo por primera vez y con cuyo nombre hoy se conoce a la enfermedad. Su nombre era Alois Alzheimer.&nbsp;</p><p>¿Cómo se relacionan estos dos hechos? A partir de los trabajos del mencionado Barry Reisberg, quien postuló la relación del mecanismo de degeneración cerebral que produce esta enfermedad con esa involución inversa a la que él llamó retrogénesis.</p><p>Ahora bien, derribemos dos o tres mitos antes de seguir adelante con este diálogo imaginario autor-lector. El Alzheimer ―como muchas otras enfermedades que provocan condiciones similares de deterioro cognitivo―&nbsp; no es una “enfermedad de los viejos” ya que, hasta un 30% de los casos de Alzheimer, se producen entre los 30 y los 65 años; en las personas con Síndrome de Down las probabilidades de padecer deterioro cognitivo son altísimas a partir de los 40 años y, finalmente, la idea de la retrogénesis no es muy bien recibida en general dentro del campo del Alzhéimer, no por razones científicas sino a partir de cuestiones éticas ligadas a este concepto y que tiene que ver con cierta infantilización denigrante de los adultos mayores. El “son como gurises chicos” que mencionábamos al principio.</p><p>Si termináramos acá está excesivamente breve crónica de un tema trascendental desde lo personal y social, dejaríamos un amargo sabor a biologicismo en todo lo antedicho. Hablamos de cerebros, de cuerpos, de conductas, como si todo eso, o tan solo la suma de todo eso alcanzara para convertirnos en personas ¿Y los sentimientos? ¿Y el amor? ¿Y la pasión? ¿Y los recuerdos, realmente mueren, desaparecen, se van, así nomás, cómo llegaron? Esto, apreciado lector o lectora, es lo que creo podemos invitarnos mutuamente a pensar, reflexionar y, hasta si le gusta la propuesta, sacar conclusiones que solo nos sirvan a cada uno. Si es que eso, de algún modo ―y yo creo que sí― nos hace sentir mejor. No sé si alguien tiene respuestas certeras para esas preguntas que escribí como una invitación, pero, si acaso existieran, la verdad, no me interesarían. Las respuestas creo, solo puede tenerlas y darlas uno y para uno mismo. Eso, como la experiencia, puede comentarse, compartirse, pero no enseñarse ni pretender que sirvan de enseñanza. Mi dolor es más mío aun que mis zapatos, que mi piel. Que mis retratos. Podemos olvidar. De hecho, olvidamos más de lo que recordamos, qué duda cabe (y afortunadamente; si no, que lo diga Funes, el memorioso personaje creado por Borges) pero hay cosas, hechos, pieles, olores, sonidos, miradas, palabras dichas o susurradas, momentos, incapaces de ser vencidos por ningún tipo de olvido.</p><p>Hemos logrado&nbsp;―tecnología y ciencia mediante―, vivir más años. Las personas con demencias entre las cuales la enfermedad de Alzheimer es la más cuantitativamente importante es también cada vez mayor. Sabemos que los sentimientos positivos, el amor, aunque quizás no lo podamos expresar, están ahí, persisten. La enfermedad de Alzheimer hoy no tiene cura, quizás, en algún momento la tenga.&nbsp;El desamor, la indiferencia, el maltrato que muchas veces&nbsp;―por ignorancia― damos como respuesta a quien no puede expresar lo que siente o lo que piensa pero que, no por ello deja de pensar o de sentir, sí la tiene. No hace falta que escriba su nombre, usted sabe de qué estoy hablando.</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vrDkASN2EkpiZZhwNHs3hMZZDHQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/06/alzheimer.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Al nacer, y como parte de nuestro desarrollo, comenzamos a atesorar recuerdos, aunque eso, en ese momento no lo sepamos y, por lo tanto, tampoco lo recordemos.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-06-04T23:36:07+00:00</updated>
                <published>2022-06-04T23:27:03+00:00</published>
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        <title>
            Sean eternos los laureles
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mKgN9Z_xhpku_6cEpj75weiKmCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/revolucion_de_mayo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Las calles ―algunas, no todas― se tiñen de un bello celeste y blanco. Las escuelas viven frenéticos momentos de preparativos; se escriben ―o reciclan― discursos, glosas, palabras grandilocuentes que resaltan algunos nombres y ciertos hechos que son nuevos para los más pequeños y casi redundantes para quienes los venimos oyendo sin escuchar desde hace muchos años. Los acontecimientos de La semana de mayo. Semana que culmina ―paradójicamente― el día 25 y que es, quizás, cuando recién comienza todo. Y es lo que comenzó ese lluvioso día en la por entonces lejana Buenos Aires, lo que motiva esta invitación a rever algunos hechos y pensarlos a la luz de nuevas miradas y, por qué no, cierta madurez interpretativa producto de nuestra propia evolución como país y como ciudadanos. Porque, no está de más remarcar que, por aquel 1810, no todos quienes ―se dice―, se agolpaban en la plaza frente al cabildo, podían considerarse ciudadanos, del mismo modo que el concepto de país no era entonces sino casi una utopía.</p><p>Con frecuencia, cometemos el error –naturalmente producto de cierta tendenciosa enseñanza– a convertir la cronología en causalidad. Con las historias en general y la Historia en particular (la mayúscula es para señalar que hablamos de los sucesos de una comunidad y no de los propios) observamos secuencias de acontecimientos que van ordenándose en una metafórica línea temporal en donde pareciera que cada evento lleva invariablemente al siguiente, olvidando o dejando de lado que, para que cada evento suceda, hay una concatenación de hechos –conocidos o no– que provocan que suceda un determinado acontecimiento.</p><p>De este modo, esa simplificación permite llegar a conclusiones casi lógicas y muchas veces engañosamente inmutables, que no hacen sino provocarnos la ilusión del conocimiento de los hechos sobre los cuales –salvo que de un estudioso de la materia se trate o de alguien a quien no satisface la historia oficial–, por lo general, tampoco indagamos demasiado. Así, en la construcción de los acontecimientos históricos, no son pocas las veces que las categorías de héroes o tiranos no son más que una maniquea construcción del poder.&nbsp;</p><p>Hablar de nuestra revolución de mayo de 1810 como algo que se gestó de la nada, en una plaza o un cabildo, en una semana y con el ingenuo romanticismo que se aprende (y se enseña) desde los jardines de infantes, es llevar ese reduccionismo del que hablamos al principio hasta límites inaceptables.</p><p>Podemos hacer el ejercicio de pensar, para nuestro análisis, en un año bastante particular para la historia de nuestro continente: 1776. Ese año se produce, en el norte, la independencia de los Estados Unidos; en el sur, la creación del Virreinato del Rio de la Plata. Los sucesos independentistas del norte permitieron comenzar a soñar con que la emancipación era algo no tan imposible. La Constitución recién nacida en la América del norte proclamaba la igualdad de todos los hombres ante la ley (excepto los esclavos, claro), el derecho de propiedad y, básicamente, la libertad bajo un gobierno republicano, es decir, elegido por el pueblo. Unos años después, en 1789, cuando hacía apenas 6 años desde la fundación de la Villa de Gualeguaychú, la Revolución francesa hacía realidad la supresión de los privilegios de los nobles con su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (“Libertad, Igualdad, Fraternidad”). Mientras tanto, en Gran Bretaña, estaba en su apogeo la revolución industrial iniciada en 1750 y, ante el crecimiento de la producción, se precisaba de nuevos mercados. se comenzó a mirar entonces, con codiciosos ojos, las colonias Españolas en América, absolutamente desprotegidas tras la invasión Napoleónica a España.</p><p>Con este escenario mundial, podemos poner como punto de partida a nuestra revolución (esto también es caprichoso y arbitrario si se quiere) el año de 1806, con las invasiones inglesas que obligaron, por así decirlo, a crear milicias que defendieran el territorio ante la imposibilidad de España de hacerlo.</p><p>Al llegar los ingleses en 1806, quedó claro tanto que España nada podía hacer para proteger a sus colonias como que el virreinato podía ya defenderse a sí mismo conformándose el primer ejército netamente nacional: el regimiento de Patricios.&nbsp;</p><p>&nbsp;Cuando estalló el movimiento revolucionario, tres eran las villas con cabildos existentes en Entre Ríos: Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Gualeguay.&nbsp; Los tres cabildos estaban a cargo de españoles peninsulares por lo que la convocatoria a adherir a una Junta que respondiera a Fernando VII no pareció afectarles. Al menos inicialmente.&nbsp; El 15 de junio el Cabildo de Montevideo rompió relaciones con la Junta y el 16 de octubre una flotilla al mando del capitán de navío Michelena avanzaba por el río Uruguay para apoderarse de Entre Ríos. La contrarrevolución estaba en marcha.&nbsp;En febrero de 1811, Bartolomé Zapata, un paisano ignoto, al frente de unos pocos gauchos y armados apenas con rebenques, cuchillos y alguna obsoleta arma de fuego, el 18 de febrero de 1811 recupera Gualeguay. El 22 de febrero, secundado por Gregorio Samaniego, quien se le unió con sus criollos gualeguaychuenses, recuperaron Gualeguaychú. El 7 de marzo entraron en Concepción del Uruguay junto a algunos soldados blandengues de la compañía que había comandado Artigas, desertores estos de las filas realistas, permitiendo, de este modo, que la revolución del 25 de mayo pudiera seguir adelante rumbo a la independencia. Casi un detalle, ¿no? Dos paisanos entrerrianos, ignorantes, pero más que eso, ignorados, permitieron que la revolución siguiera adelante y, sin embargo, para la historia oficial, esa que se escribió en Buenos Aires, no existieron. Y si existieron, había que teñirlos de olvido.</p><p>La historia, afortunadamente, no tiene un punto final, siempre está invitándonos a reescribirla. Pero eso no depende de ella, claro, sino de nosotros.</p><p>&nbsp;*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mKgN9Z_xhpku_6cEpj75weiKmCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/revolucion_de_mayo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En estos días de mayo celebramos los acontecimientos que dieron origen, hace ya 212 años, a lo que sería un proyecto de país. ¿Tiempo de celebración o de reflexión?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-05-28T23:40:07+00:00</updated>
                <published>2022-05-28T23:35:23+00:00</published>
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            De la ética y otras cuestiones menores
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JGfyzbHfZiIyTIh-NemLvxguDeU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/medicina_experimental.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Afirmar que los hechos históricos o culturales se producen espontáneamente no solo es una falacia sino una canallesca forma de justificación de eventos de los cuales somos&nbsp;―por acción u omisión― responsables. La historia del desprecio xenofóbico de ciertas comunidades no es nuevo y mucho menos desconocido. Después de que el mundo conociera las atrocidades llevadas a cabo por los “científicos nazis” en sus campos de experimentación, la sensación de que habíamos aprendido algo respecto del respeto hacia el otro parecía ofrecer un bálsamo de humanidad con miras al futuro.&nbsp;</p><p>La segunda guerra, recordemos, finalizó en 1945. Dos años antes, la producción industrial de penicilina permitía su distribución en todas las fuerzas aliadas permitiendo bajar la mortalidad por infecciones del 18% en la primera guerra al 1% durante la segunda. En esa misma conflagración, uno de los grandes problemas debido a los desplazamientos de tropas fue la profusión de las enfermedades de transmisión sexual. La sífilis y la gonorrea. La penicilina era eficaz en ambas afecciones. Eso también se sabía. Un equipo de investigación a cargo del médico John Cutler avanzaba sobre la prevención de dichas enfermedades.</p><p>Para ello, consideraron importante hacer un seguimiento desde cero, es decir, desde el momento mismo de la infección. Qué mejor modo&nbsp;―razonaron con perversa lógica― que infectar a las personas ellos mismos como parte del experimento y diseñaron entonces, un ambicioso plan: infectar a población sana utilizando prostitutas previamente infectadas ex profeso.</p><p>Esto, claro, no podía llevarse a cabo en Estados Unidos por la repercusión que podría tener si se conocía el mismo, por lo que contactaron al doctor Juan Funes, médico militar de Guatemala, que trabajaba en Estados Unidos y este ofreció a los estadounidenses llevar a cabo los estudios en su país.</p><p>Las autoridades involucradas pertenecían tanto al Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos de Norteamérica (después convertido en el CDC), la Oficina Sanitaria Panamericana (después reconvertida en Organización Panamericana de la Salud (OPS) y los Ministerios de Salud, de Gobernación y de la Defensa del Gobierno guatemalteco. El experimento se inició en las cárceles y siguió en instituciones de salud mental. Por otro lado, y simultáneamente, se utilizó a prostitutas infectadas como un modo de diseminar la gonorrea entre los soldados y prisioneros; se conocía en ese momento que una prostituta podía tener sexo con 8 soldados en 71 minutos y asimismo se tenía monitoreado su tiempo de diseminación en las cárceles.&nbsp;</p><p>A finales de 1948 el experimento se dio por terminado por motivos desconocidos y no fue divulgado sino hasta 2010 y en forma sesgada. Pero, claro, esto sucedió en Guatemala, donde la pobreza y otras urgencias dejaron en un plano de total indiferencia mediática lo ocurrido.</p><p>Ahora bien, antes y después de esta abominable muestra de desprecio por la vida humana, se llevaría a cabo lo que se conoció como El experimento Tuskegee. El nombre se debe a que se llevó a cabo en la localidad norteamericana de Tuskegee (Alabama) y se trató de un estudio clínico que duró cuarenta años (desde 1932 a 1972) y que buscaba conocer la evolución natural (¡pese a que ya existía tratamiento para esta enfermedad!) de la sífilis en un grupo de personas negras, de bajo nivel adquisitivo y de bajo nivel cultural. Durante ese extenso periodo de tiempo&nbsp;―como era esperable― tanto permitieron morir gente de una enfermedad curable como nacer bebés infectados de sífilis a sabiendas de los daños que provoca esta enfermedad. Como mencionamos al comienzo, ya los médicos militares norteamericanos usaban la penicilina para tratar la sífilis en las tropas del Pacífico en diciembre 1943 y a mediados de los años 50 ya empezó a pensarse que la enfermedad sería erradicada por completo; no obstante, el experimento Tuskegee siguió adelante y no se dio tratamiento a ninguno de los desinformados participantes a fin de conocer correctamente cómo la enfermedad progresaba y mataba al paciente. &nbsp;Siniestro.</p><p>Paradójicamente, mientras en Núremberg se condenaban los crímenes de guerra, el doctor John Heller, director de la División de Enfermedades Venéreas del Servicio Público de Salud, continuaba con sus experimentos a los que defendería años más tarde afirmando que “los médicos y el personal civil se limitaron a cumplir con su trabajo. Algunos siguieron órdenes, otros trabajaron para gloria de la ciencia”. Entre quienes “trabajaron para gloria de la ciencia” estaba la enfermera Eunice Rivers, una afroamericana que, además de su tarea específica, se encargaba de convencer a sus vecinos de participar en el experimento.</p><p>Esto continuó hasta 1972, cuando se filtró la información a la prensa y el escándalo mediático que provocó su divulgación obligó a cancelarlo y al presidente Clinton pedir perdón por estos verdaderos crímenes de lesa humanidad recién en 1997. Como siempre, demasiado tarde.&nbsp;</p><p>¿Por qué unimos estas dos historias? Porque nada es casual ni repentino. Porque la retórica de la supremacía blanca nació junto con la gran nación del norte. Porque estas ideas llegaron desde la Europa blanca en el siglo XVI, con los españoles primero y los ingleses un siglo después. &nbsp;Porque en las trece colonias fundacionales del norte, tanto las tradiciones religiosas como las teorías científicas del momento justificaron la esclavitud e incluso varios de los “Padres fundadores” como Thomas Jefferson estaban convencidos de que los americanos blancos eran superiores tanto a las personas esclavizadas provenientes de África como a los habitantes originarios. Porque la bandera de la Confederación es hoy un símbolo de odio y racismo y por eso no es casual que, durante su gobierno, el presidente D. Trump defendiera el derecho de algunas bases militares de llevar el nombre de generales de la confederación. No hace falta explicar por qué.</p><p>Las actuales organizaciones de supremacistas blancos y grupos racistas utilizan conceptos como “genocidio blanco”, “despojo blanco”, y “la gran teoría del reemplazo” frases que escribió Payton Gendron, de 18 años autor de la masacre de hace algunos días atrás como justificación a sus acciones.</p><p>Esto pasó en Estados Unidos, es verdad. Acá nomás y tan lejos. Tan distinta a nosotros y tan igual. Porque el odio es universal, la xenofobia también. Porque se utiliza mas tiempo en enseñar a ver nuestras diferencias antes que las similitudes. Porque es mas sencillo decir te odio que decir te amo, insultar que elogiar, aborrecer que admirar.</p><p>El experimento Tuskegee no se trató de una cuestión de científicos locos y cobayos desprotegidos, se pudo hacer porque una sociedad, de un modo u otro, no solo permitió que se hiciera, sino que generó las condiciones para que se hiciera. Así como genera madres que matan a sus hijos, hijos que matan a sus padres, parejas que matan a quienes dicen amar. Y la sociedad, amigo lector, amiga lectora, nos guste o no, somos todos.&nbsp;</p><p>*Escritor, médico y concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JGfyzbHfZiIyTIh-NemLvxguDeU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/05/medicina_experimental.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Un joven toma un arma de alta gama y provoca una masacre entre la población negra en Estados Unidos. ¿Un hecho aislado o la crónica de un (otro más) suceso anunciado?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-05-22T00:18:23+00:00</updated>
                <published>2022-05-22T00:12:15+00:00</published>
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            El depreciado arte de saber perder
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X6T8uFpzkPEucJq3hUNwgT1gz6M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/hombre_pensando.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Para los lectores de esta columna que disfrutan de la poesía ―placer que muchos aún desconocen pero que están a tiempo aún. Siempre hay tiempo― sin dudas el título de esta nota los debe haber conducido directamente a Elizabeth Bishop, notable poetisa norteamericana contemporánea que falleció en 1979 dejando tras de sí una vasta obra digna de ser conocida; entre ellas, se destaca un poema, “Un arte”; pero dejaré para el final compartir esa belleza.</p><p>Vivimos en un tiempo en donde se nos inculca, bajo diferentes formas, una verdadera apología del ganador. Del triunfo. Del éxito. Una buena película ―por poner apenas un ejemplo― solo tendrá buena crítica si el o la protagonista ―perdedores, fracasadas― terminan revirtiendo tal situación y se convierten de la noche a la mañana en la contracara de lo que fueron. Quedarse en esa situación no sería un buen ejemplo, ¿o acaso hoy veríamos con buenos ojos a un Diógenes que, más allá de la sabiduría que tuviera (si fuera como el griego, claro) llevara el tipo de vida que el otro en Atenas? Sin dudas hoy solo sería un vagabundo, un croto (si viviera en Argentina), un homeless en el país del norte. ¿Se detendría algún rey o conquistador ―como Alejandro Magno― a intentar hablar con él y, de yapa, soportar ser ninguneado por un aparente don nadie? Impensable, claro. Como no pretendo que todos conozcan la referida anécdota, la recordamos: La misma cuenta que, estando Diógenes en Corinto, dormía en una tinaja. Al llegar Alejandro a la ciudad con su ejército, toda la población fue a recibirlo, pero Diógenes, se mantuvo indiferente a la pompa del emperador. Entonces fue el propio Alejandro Magno quien, conocedor de la fama del filósofo, buscó a Diógenes y le dijo: “Quería demostrarte mi admiración. Pídeme lo que tú quieras, puedo darte cualquier cosa que desees”, ante lo que Diógenes respondió: “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo”.</p><p>&nbsp;</p><p>ESTE ES CONTENIDO EXCLUSIVO. PARA LEER LA</p><p>NOTA COMPLETA TE INVITAMOS A SUSCRIBIRTE</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/X6T8uFpzkPEucJq3hUNwgT1gz6M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/hombre_pensando.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>¿Cuál es la sutil diferencia entre saber perder y ser un perdedor? Sabemos que ganar es bueno, ¿es tan malo perder?]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2022-03-26T23:13:48+00:00</published>
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            El Centro de Convenciones podría llevar el nombre de Gustavo Carbone: “Será un acto de justicia”
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Y7rqlDnT8qjBHW9I0Oe3L4e9W4s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/gustavo_carbone.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mónica Farabello</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>El Centro de Convenciones de Gualeguaychú está situado en el predio del Corsódromo. Se trata de un espacio dispuesto para el encuentro y el diálogo comunitario. Por esto, es que el concejal del vecinalismo, Luis Castillo, manifestó que Gustavo Carbone fue, ante todo, “una persona que hizo de la palabra una simbólica construcción de conciencia y compromiso ciudadano, su mayor sostén fue la ética y su más grande ambición la libertad de expresión, base fundamental de un sistema democrático y de un país soberano.</p><p>Hizo del periodismo una escuela de opinión, respeto y férrea defensa de valores, no le tembló la voz ni la escritura para denunciar inequidades ni desnudar enemigos disfrazados de progreso”.&nbsp;</p><p>“Que el Centro de Convenciones de la ciudad de Gualeguaychú lleve su nombre no será solamente un acto de justicia sino, y fundamentalmente, el recordatorio permanente de la importancia del diálogo para la construcción de consensos, del respeto irrestricto hacia las ideas y formas de pensamiento de los otros y de que personas como él son quienes nos marcan el rumbo hacia un lugar mejor para vivir, soñar y crecer”, expresó el edil.</p><p>Entre los argumentos de su proyecto, el concejal expuso que “esta propuesta no tiene otro objetivo que la de hacer carne en la comunidad la necesidad de que se reconozca y rinda homenaje a quienes han hecho un valioso aporte a esa misma comunidad y a la ciudad en la que vivieron y se destacaron; que tal como refiere Vicente Leñero: “No está llamado el periodismo a resolver las crisis, está llamado a decirlas, a registrar su peso, a gritar qué se esconde, qué se oculta o simula, cómo duele la llaga, por qué y cómo y a qué horas, desde cuándo y por qué se manifiesta el yugo que oprime nuestra vida social”, pensamiento profesional de un periodista de raza como lo fuera Gustavo Carbone.</p><p>Gustavo José Carbone nació el 15 de abril de 1948, en Gualeguay, en el seno de una familia de periodistas. Su padre, Adán Ernesto Carbone, fue uno de los fundadores de Difusora Popular, en Gualeguay, antecedente de la radio AM LT 38 Radio Gualeguay, que él también dirigió.</p><p>En Gualeguaychú, Carbone dirigió el Diario ElDía y Radio Cero, como así también fue el director del semanario Gualeguay al Día y de Uruguay al Día, de la ciudad vecina de Concepción del Uruguay.&nbsp;</p><p>En los últimos años de su vida, Gustavo trabajó incansablemente junto a la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, quienes en septiembre de 2011, momento de su partida física, expresaron: “Su muerte significa una pérdida para el movimiento ambiental de Gualeguaychú. Se ha ido una persona que en forma permanente y desinteresada se comprometió con la lucha de nuestra comunidad, fundamentalmente acompañando el reclamo por la instalación ilegal y contaminante de "Botnia-UPM".</p><p>&nbsp;</p><p>En palabras de Carbone</p><p>El impulsor del proyecto que busca que el Centro de Convenciones lleve el nombre de Gustavo Carbone, destacó que “la defensa irrestricta de la libertad de expresión y la pluralidad de las voces en los medios que dirigió fueron dos valores rectores en la vida profesional de Gustavo Carbone como se desprende del escrito que publicara en el diario ElDía del 26 de abril de 2009 ‘El valor épico de la lucha contra Botnia’”.</p><p>El texto escrito por el recordado periodista sostiene que: “Hay un conjunto de valores alrededor de la vida. En ellos está incluida la vida humana misma. Y, por cierto, que para que se dé en plenitud, debemos comenzar por el cuidado del medioambiente.</p><p>Con la complicidad maldita de algunos que desde adentro se han enrolado en un colaboracionismo consecuente, favorecedor del daño irremediable para la salud y calidad de vida de las actuales y venideras generaciones, se ha determinado que en muy poco tiempo ya estuviesen aquí, ejecutando la acumulación silenciosa de una indiscutible contaminación.</p><p>Pero todos estos designios de la historia, en estos tiempos que nos toca vivir, y sufrir, han sido también el germen de una reacción social sin precedentes en el mundo, cuyo origen se ubica en Gualeguaychú.</p><p>El asentamiento sobre los recursos naturales que países del llamado primer mundo como Finlandia, España, Portugal u otros que han decidido descargar en nuestros países todas sus basuras, detonó la movilización que ha caracterizado la lucha local, a través de distintas acciones”.</p><p>Estos argumentos ya fueron alcanzados a los distintos concejales para que los analicen, debatan y definan en el recinto.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Y7rqlDnT8qjBHW9I0Oe3L4e9W4s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/gustavo_carbone.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Dedicó su vida entera al periodismo y es recordado por el valor que le otorgó a la palabra y por el tesón con el que sostenía la necesidad de escuchar todas las voces. Hombre de radio y de gráfica, fue resaltado por el valor con el que enfrentó a los valores económicos y a favor del medioambiente. El concejal Luis Castillo, expuso sus argumentos.]]>
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                <updated>2022-03-25T23:32:58+00:00</updated>
                <published>2022-03-25T23:31:58+00:00</published>
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            De deportistas y sueños rotos
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/PXHizXqM3jCLcbh76ZIwJRpkdps=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/deportista_trans.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>&nbsp;</p><p>Toda historia tiene un inicio y, como cuestión absolutamente arbitraria, podría decir que esta comenzó en marzo de 1984, cuando una joven atleta llamada María José Martínez Patiño, una galleguita de Vigo que vivía en Madrid en ese entonces, decide donar medula ósea a su hermano que padecía un tipo de leucemia. Tamaño acto de altruismo y amor, sin embargo, no fue muy bien aceptado por su entorno ya que María José, “La Paty”, era la primera española de la historia ibérica que obtenía una beca en un Centro de Alto Rendimiento Deportivo y, por aquel entonces, una donación de médula ósea no conllevaba la simpleza de hoy en día. Como es de imaginarse, desde que había llegado a ese lugar reservado para hombres sus días no habían sido fáciles. Ni las noches. Desde la primera que pasó en esa residencia, cuando tuvo que trabar la puerta con la cama ya que sus compañeros le habían escondido la llave como una forma de “broma de bienvenida”. Su hermano, finalmente, no superó la enfermedad y La Paty tuvo que enfrentar, además de ese golpe, una cantidad de situaciones que darían para todo un libro en sí mismas; no obstante, entrenó en forma frenética y logró obtener uno de los cuatro lugares reservados para mujeres para competir en Kobe, Japón, en su especialidad, la carrera con vallas. Allí fue descalificada. ¿El motivo? Tenía cromosomas masculinos, por lo tanto… era un hombre.</p><p>La sorpresa que produjo esta situación tanto en ella como en la comunidad deportiva española e internacional fue inimaginable. ¿Qué sucedió en realidad? Trataré de explicarlo del modo menos complicado posible. María José presenta una condición conocida como el Síndrome de Morris o feminización testicular, en donde una persona tiene cromosomas sexuales XY, propios del sexo masculino (XX es femenino, recordemos) pero, las hormonas encargadas de desarrollar las características físicas masculinas (llamadas andrógenos), no son reconocidas por las células correspondientes lo cual provoca que el cuerpo se desarrolle con apariencia total o parcialmente femenina; en definitiva, a pesar de que la persona posee los cromosomas masculinos XY, su cuerpo se desarrolla como el de una mujer. Paty no pudo volver a competir sino hasta 1998, cuando se cambiaron -parcialmente- las reglas del Comité Olímpico Internacional.</p><p>De este lado del océano, en la sureña y conservadora Texas, uno de sus mejores nadadores desde que tenía cinco años e integrante del equipo masculino de la Universidad de Pensilvania venía marcando los mejores tiempos en diferentes estilos y se perfilaba como toda una promesa del deporte acuático hasta que, en 2018 decidió cambiar su nombre al de Lia Thomas y aceptar lo que hasta entonces trataba de negar y le provocaba una tremenda lucha interior: que no era un hombre sino una mujer. ¿Así de fácil y sencillo cambiarse de la liga masculina a la femenina? Desde luego que no.</p><p>En los últimos juegos olímpicos de Tokio se suscitó un problema particular en lo que se conoce como Halterofilia, que no es otra cosa que el levantamiento de pesas. Allí, compitió, aunque no ganó, la neozelandesa Laurel Hubbard, de 43 años, despertando la polémica ya que se trata de una deportista transexual. Y, según argumentaron algunos dirigentes: “Hay que buscar la igualdad en el deporte y esa posibilidad de que deportistas transexuales compitan con ventaja física contra mujeres cisgénero [aquellas cuya identidad de género coincide con su fenotipo sexual] es una injusticia. Es como el dopaje”, sentenciaron.</p><p>El Comité Olímpico Internacional redactó la primera norma que permitía competir a las deportistas transexuales en las pruebas femeninas en 2003 y hubo una modificación en 2015; allí, se estableció que para que una transexual que se declare mujer pueda competir debería tener un nivel máximo de testosterona en sangre de 10 nano moles por litro. En algunas federaciones establecieron como límite mínimo dos años de terapia de reemplazo hormonal (TRH). Otros tres años. Pero ¿qué significa todo esto?</p><p>Desde la mirada de los biologicistas, los atletas de élite masculinos tienen ventajas físicas considerables sobre las atletas femeninas; aseguran que quienes vivieron su pubertad bajo el estímulo de la testosterona (hormona masculina por excelencia) tienen, en promedio, mayor capacidad cardiovascular, mayor masa muscular, mayor fuerza mecánica de los tendones y mayor densidad ósea. Al ser habitualmente los hombres más altos y, en general más corpulentos, en ciertos deportes que implican velocidad estos son entre un diez y un doce por ciento más rápidos que las mujeres. Sucede algo similar en deportes que implican salto o fuerza, en donde es mayor aun la diferencia.&nbsp;</p><p>Siguiendo con las modificaciones del COI de 2015, las reglas variaban cuando se trataba de mujeres transexuales que quieren competir con mujeres; en este sentido se puso la condición antes mencionada del nivel máximo de testosterona. En otro apartado, indica que la deportista que declare que su identidad de género es mujer no podrá cambiar el mismo -en lo referente al deporte- durante al menos cuatro años. El cambio más destacable es que se abolió la regla que indicaba que quienes hubieran hecho la transición de un sexo a otro que no podrían competir salvo que se hubieran sometido a una cirugía, seguida por al menos dos años de terapia hormonal.</p><p>En nuestro país, el deporte que se ha mostrado más inclusivo ha sido el rugby (no sucede lo mismo en muchos otros países; sin ir más lejos, La World Rugby, institución que representa las federaciones de este deporte a nivel internacional, ha prohibido que las mujeres transexuales disputen en sus competiciones); al respecto, el vicepresidente primero de la Unión Argentina de Rugby, Néstor Galán, aseguró: “Si la persona tiene un documento que dice que es mujer, está habilitado para jugar con mujeres. La UAR siempre va a respetar eso”; Carlos Araujo, Presidente de la entidad, expresó: “hombre o mujer puede jugar en cualquier equipo con el DNI correspondiente”. Lo mismo aplica para el voleibol, Juan Gutiérrez, presidente de la Federación del Vóleibol Argentino dijo que: “no hay impedimentos para que un transexual juegue con el género que quiera”.</p><p>Muy lejos de estas miradas se encuentra el fútbol y su organización rectora, la FIFA, quien no solo continúa marcando una diferencia entre hombres y mujeres, sino que además aseguró que “se juzgará y penará a aquellas asociaciones que no cumplan con las reglas y seleccionen jugadores o jugadoras que no sean “del sexo correcto”. La AFA aún no se expidió al respecto.</p><p>Actualmente y tras más de dos años de trabajo el Comité Olímpico Internacional (COI) ha publicado su nuevo "Marco sobre la equidad, la inclusión y la no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones sexuales", modificando las ultimas del consenso de 2015;&nbsp; además de eliminar el discutible y discutido límite de testosterona en el marco de diez puntos básicos: Inclusión: en el deporte, en el espacio físico, evitando las acciones discriminativas, atendiendo a las vulnerabilidades y preservando la intimidad y razonabilidad en la imposición de los criterios de elegibilidad; Prevención del daño: tanto físico, como mental y social de todos los involucrados; No discriminación;&nbsp; Evitar la exclusión por presuposición de una ventaja: por apariencia física o variación sexual; Predominio y cuidado de la salud y de la autonomía corporal: donde el atleta no sea forzado por ningún organismo para someterse a procedimientos o tratamientos no deseados para poder competir, ni a ser revisado médicamente de forma que vulnere su intimidad, ni a ser evaluado por profesionales no capacitados previamente por los organismos de control; y el ultimo y quizás más destacable:&nbsp;Revisiones periódicas, es decir, todo lo escrito hasta acá es transitorio y debe y puede ser revisado y eventualmente modificado para garantizar cada vez mayor equidad, respeto y tolerancia.</p><p>Quisiera cerrar esta historia volviendo al principio, a La Paty, a quien quisieron destruirla destruyendo sus sueños y no pudieron, pero, como ella misma refiere en una nota periodística: ““Les he perdonado (…) Pero se la devolví, porque he podido transformar lo negativo en positivo... Ahí es donde le he ganado la batalla. No por haber competido, sino por reconvertirme y salir fortalecida. (…) Sinceramente, hay cosas que no se comprenden. Y a algunos se les tiene que caer ahora la cara de vergüenza. Ahora que pienso en ellos y serán padres y abuelos, me pregunto: ¿les habrá compensado? Cuándo se sienten a mirar a sus hijas y a sus nietas, ¿qué pensarán? ¿Podían dormir tranquilos sabiendo que habían eliminado a una persona que no les había hecho nada, que lo único que hizo fue darlo todo por el atletismo? ¿Por qué tanto daño innecesario? Al final, la gente cuando conoce tu historia te respeta. Le dan igual tus cromosomas”.</p><p>Como es de imaginar, esto, recién comienza.</p><p>*Escritor, médico y Concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/PXHizXqM3jCLcbh76ZIwJRpkdps=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/deportista_trans.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El gran naturalista ítalo argentino Florentino Ameghino dijo alguna vez: “Cambiaré de idea tantas veces como adquiera conocimientos nuevos”. Lo opuesto al dogmatismo en solo una frase.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-03-19T22:16:57+00:00</updated>
                <published>2022-03-19T22:11:00+00:00</published>
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            Icardi, te perdonamos
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                <![CDATA[Luis Castillo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7Xpczwq3r7j7zqx3UsdSRzAOUtQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/icardi_y_wanda.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Luis Castillo*</p><p>Esto que escribí al comienzo no pretende ser ningún juego de palabras sino apenas recordar ―tantas veces se ha repetido que la realidad y la ficción no suelen estar muy distanciadas―&nbsp;que el arte, que no es otra cosa que una manera particular de decir algo (aunque en ese decir esté no pocas veces oculto algún silencio) precisa de determinados elementos para poder expresarse. La más explícita de las artes sin dudas es la literatura y en las narraciones ―no importa si llevan la forma de poema, de cuento o de canción― hay componentes que no pueden faltar. Uno de ellos, y bajo diferentes formas, es la traición. ¿Puede acaso haber historias en la que falte el condimento de la traición y su brazo ejecutor, el traidor? O la traidora, claro.</p><p>No es preciso definir este término ya que, de uno u otro modo, todos tenemos una clara visión de lo que significa. Del dolor que produce y de lo dificultoso ―o debería decir imposible― de su olvido. Ya lo refería poéticamente Borges en Everness: Solo una cosa no hay/ es el olvido. Ahora bien, no es lo mismo no olvidar que recordar y, no solo eso, sino que muchas veces se remarca tanto la figura del traidor que parecería casi apologético al punto tal de que pueda llegar a confundirse con la falsa imagen de virtuosismo que suele dar la fama. Ser famoso no significa ser virtuoso como ser anónimo no implica ser nadie. Aunque esto esté cada vez mas confuso ya que hoy en día por un “like” en las redes hacemos o haríamos cosas inimaginables.&nbsp;</p><p>¿Por qué resulta entonces tan sencillo recordar a los traidores si no debe haber mayor castigo que el olvido? Dante Alighieri en su reconocida obra La Divina Comedia nos hace conocer el infierno y en una especie de enumeración de lo despreciable coloca en lo más alto (o lo más bajo, según se vea) a los traidores. El noveno círculo del infierno, el que encierra a los humanos más abyectos, está reservado a los traidores. Sin embargo, de los doce apóstoles el más recordado o el menos olvidado es Judas Iscariote, el traidor. Traidor que, sin embargo, es la pieza clave en la historia no solo de su amigo y maestro Jesús sino de la religión católica toda ya que, si no lo hubiera traicionado, Jesús no hubiera sufrido por nosotros, muerto por nosotros y resucitado por nosotros. En definitiva, la base de sustentación de la religión católica ―la resurrección y la vida eterna― debió valerse del abominable acto de un traidor para llevarse adelante. Aunque este después se haya colgado presa del arrepentimiento, lo hecho, hecho está.</p><p>Si los espartanos no hubieran sido traicionados por Efialtes de Tesala, ―quien en la película que lo hizo conocido (300) es presentado como un deforme y resentido jorobado en clara alusión a que la belleza no podría asociarse a la traición―&nbsp; el nombre de Leónidas nada significaría para la historia y la batalla de las Termópilas sería solo un nombre más entre los nombres de batallas.</p><p>La imagen de Julio César, el más grande conquistador de la historia romana viendo entre los senadores que lo traicionaron (acción nada fuera de lo común en los cenáculos del poder) a quien él consideraba un hijo con la espada goteando sangre y su agónica frase: “También tú, Brutus”, hace valer nada el coraje, los sueños de grandeza y la conquista del mundo. Lo que no pudieron hacer sus enemigos en el campo de batalla lo hicieron aquellos en los que cometió el error de confiar y en su propio terruño.</p><p>La civilización más grande de este lado del océano, la azteca, fue destruida merced a la traición que precedió y acompañó al genocidio de Hernán Cortés de la mano de la Malinche, que pasó de ser esclava ―fue obsequiada como tributo junto a otras 18 mujeres por los indígenas de Tabasco tras la batalla de Centla― a concubina, traductora y colaboradora fundamental dado su conocimiento de la cultura local que permitió al español, con escasos hombres, destruir un imperio.</p><p>Está claro que para ser traidor no es necesario ser resentido ni deforme, sino, pensemos en Napoleón Bonaparte, quien no dudó en quedarse con España después de que se le abrieron las puertas para combatir a los portugueses y ― ¡Ay, los enigmáticos juegos de la historia! ― al poner prisionero al genuflexo Fernando VII agitaba, sin pretenderlo, claro, la llama independentista en América del sur.</p><p>Nuestra historia local también se conformó no solo sobre la base de actos heroicos sino además sobre traiciones, pero, como sabemos, toda moneda tiene dos caras y las historias al menos dos versiones o dos miradas, la de los vencedores y la de los vencidos. Macacha Güemes, por ejemplo, para nosotros heroína, para los españoles una vulgar traidora o el mismísimo Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional y muerto por sus antiguos seguidores por traidor.</p><p>Y podríamos seguir la enumeración siglo por siglo, país por país, año por año, barrio por barrio. Casa por casa. Todos conocemos alguna historia de traición. Todos (excepto quizás usted, claro) alguna vez hemos cometido un acto de traición del cual ―o de los cuales― no solo no estamos arrepentidos sino incluso hasta orgullosos. Sí, porque, aunque parezca mentira, hasta solemos vanagloriarnos al relatar determinados actos de traición ocultos bajo eufemismos tan canallas como el acto mismo.&nbsp;</p><p>Pero, en definitiva, no se trata de juzgar y mucho menos condenar los actos privados que, por más infames que sean hasta están protegidos por la constitución (el articulo 19˚, ¿se acuerda?) sino en cuanto a estos involucren una comunidad o una nación, es decir, la traición política la cual, al decir de Nicolas Macchiavello, es el único acto de los hombres que no se justifica. Y agregaba: “los celos, la avidez, la crueldad, la envidia, el despotismo son explicables y hasta pueden ser perdonados, según las circunstancias; los traidores, en cambio, son los únicos seres que merecen siempre las torturas del infierno político, sin nada que pueda excusarlos”.</p><p>Ante tamaña realidad, qué podemos criticar de un humilde jugador de fútbol que, de yapa, generó un verbo: icardear.</p><p>*Escritor, médico y Concejal por “Gualeguaychú Entre Todos”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7Xpczwq3r7j7zqx3UsdSRzAOUtQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2022/03/icardi_y_wanda.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La historia está escrita con historias, lo cual no significa, claro está, que todas las historias formen parte de la historia.]]>
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                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                <updated>2022-03-05T23:21:33+00:00</updated>
                <published>2022-03-05T23:15:56+00:00</published>
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