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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-05-01T11:13:41+00:00</updated>
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            1° de Mayo de 1921, un día trágico en la ciudad
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                <![CDATA[Dario Carrazza]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/B7FxJ4xgcQt58937bdgnhfhaxuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/1_de_mayo_1921.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 1º de mayo de 1921 es, sin duda, el día más negro de la historia de Gualeguaychú como ciudad. Ese día grupos conservadores ataca­ron una manifestación de obreros reunidos en la plaza San Martín –por entonces llamada Inde­pendencia- matando a cinco personas e hirien­do a más de treinta. Hu­bo algunos detenidos y una causa judicial, pero pocos resultados con­cretos. El tiempo fue se­llando el caso con una suerte de estiércol pe­gajoso. Razones políti­cas, vecinales, temores, prejuicios y favoritismos se dieron cita para tapar el hecho durante déca­das. Estuvo allí a la cabe­za de los agresores una de las más prominentes figuras del conservado­rismo local, Juan Fran­cisco Morrogh Bernard. Nunca más se habló del tema hasta la apari­ción de mi primer libro a fines de los ‘80, salvo las misas que tenían lugar en el cementerio por la mañana, ante un reducido número de personas.</p><p>El hecho se enmarca en la lucha desatada por la tensión generada entre trabajo y capital. Esto se dio en las gran­des ciudades en los al­bores de nuestra indus­trialización tardía y en los pequeños pueblos ante el agotamiento de la extensión de las fron­teras productivas. Estos dos hechos significaron que la renta industrial y la del campo le era dis­putada a la burguesía tradicional por trabaja­dores, muchas veces de origen inmigratorio.</p><p>Esa tensión económi­ca y social se materializó en dos grupos antagó­nicos que, en la década de 1920 y con distintas variantes, protagoniza­ron la lucha social: La Li­ga Patriótica Argentina y la Federación Obrera.&nbsp;La Liga Patriótica Ar­gentina era una suerte de alianza policlasista, de ideología naciona­lista que representa­ba a los sectores más conservadores. La Liga organizó una multitu­dinaria reunión y des­file callejero en Guale­guaychú para esa fecha, con el objetivo de cele­brar el pronunciamien­to de Urquiza contra Rosas. La invocación de la gesta de Urquiza era el ámbito favorito de los estancieros e intelec­tuales conservadores de la provincia para dar rienda suelta a su afán reaccionario. Su ecua­ción era sencilla: Bande­ra roja era igual a anar­quía e igual a agresión a los valores nacionales. Eso daba pie a los dis­cursos anti obreros.&nbsp;</p><p>Por su parte, la princi­pal central obrera del país era la Federación Obrera Regional Argen­tina (F.O.R.A.). Había dos vertientes de aquella antigua central. La del V Congreso que era anar­quista y la del IX Con­greso que era socialista o socialdemócrata. Esta última se vinculaba con el Partido Socialista que, a diferencia de los anar­quistas, consideraba viable la presentación de listas en las eleccio­nes para autoridades constitucionales, dejan­do a un lado la lucha ar­mada y la realización de atentados violentos.&nbsp;Volviendo a Guale­guaychú, la Federación Obrera Departamental estaba conectada con la FORA del IX Congre­so, sin perjuicio de lo cual la Liga Patriótica la acusaba igualmente de promover la anarquía por usar una bandera roja. Esta bandera sería protagonista principal de los hechos de ese día, y por ello pienso que la principal causa del desastre fue la pre­sencia de las brigadas de la Liga Patriótica y de sus principales dirigen­tes en la Plaza Indepen­dencia el 1° de mayo por la tarde, justamente re­clamando el retiro de la bandera roja de la F.O.D.&nbsp;</p><p>El jefe de policía, Isaías Lahíte, tenía instruccio­nes del Gobierno pro­vincial de evitar que ambos actos se cruza­ran en espacio y tiempo. Por eso dispuso que la Liga Patriótica realizara su desfile y actos hasta las 3 de la tarde, empe­zando por la calle 25 de Mayo, desde Rocamora hasta Mitre, volviendo por Urquiza hasta su inicio y luego hasta el Hipódromo, donde ha­bía varias vaquillas con cuero para promover y agasajar la concurren­cia. Recién una vez no­tificada la desconcen­tración de esos actos se autorizaría la salida de la manifestación obrera –sin duda mucho más modesta en cantidad y despliegue- desde su local de calle Perú –hoy Camila Nievas– hasta la plaza Independencia.&nbsp;</p><p>Así se hizo, solo que al­gunos dirigentes de la Liga Patriótica fueron a la plaza, en actitud pen­denciera –el sólo hecho de concurrir era ya una provocación-, muchos de ellos armados y a ca­ballo. Allí comenzaron a exigir airadamente el retiro de la bandera ro­ja de los trabajadores y no obstante haberlo ob­tenido, emprendieron a tiros contra los trabaja­dores desarmados.&nbsp;</p><p>La causa judicial que trató los hechos fue la Nº 438 caratulada “Su­mario con motivo del choque sangriento ha­bido entre elementos de la Liga Patriótica y Federación Obrera”. Sin embargo, luego de su inicio no tardó mucho en perder el dinamismo de sus primeras horas. Tramitó bajo la carátula de una figura atenuada, que es el homicidio y lesiones en riña o agre­sión. Esta figura –la mis­ma que reclamaba que se aplique la defensa del famoso caso de los rugbiers de la costa- se da cuando resulta im­posible ubicar la perso­na del agresor o agre­sores, y entonces se imputa a todos los que hayan actuado o mera­mente intervenido en el episodio que discurrió violentamente contra las víctimas.</p><p>La causa concluyó lue­go de más de 1.000 fo­jas de actuación, seis años más tarde, el 2 de noviembre de 1927 –va­ya paradoja, el Día de los Muertos–, cuando se declaró prescripta la acción penal respecto de todos los acusados y querellados, por el transcurso del máximo de la condena prevista por la ley para el delito de homicidio en riña. El Juez Cepeda se pro­nunció de esta manera al declarar prescripta la acción para acusar en la causa, sobreseyendo definitiva y totalmente a los imputados y “de­jando a salvo su buen nombre y fama con las costas de oficio”.</p><p>El clima de tirantez que se vivía en los días pre­vios lleva a inferir que los liguistas concurrie­ron a la plaza en forma premeditada, organiza­da, y con un deliberado –o al menos conjetura­ble– propósito de agre­sión del que debieron ser más temerosos. Del riesgo al propósito hay una distancia muy es­trecha o tal vez ningu­na. Como decía un ve­cino citado por el diario La Nación de aquellos días, un liguista hecho y derecho no podía menos que enfurecer­se debiendo presenciar manifestaciones y dis­cursos socializantes y viendo flamear la ban­dera roja –que ellos lla­maban “el sucio trapo rojo”– justo el día del pronunciamiento de Urquiza. Sin embargo, nada de ello justificaría abrir fuego contra ciu­dadanos desarmados.</p><p>Muchos cayeron heri­dos en aquella jornada. Un especial recuerdo para los muertos: Lo­renzo Timón, Ángel Sil­va; Celedonio Iglesias y Pedro Villareal. A ellos debemos sumarle al agente Fernando Ro­dríguez, conocido como Urristi o Urriste, ascendi­do post mortem a Sar­gento. Uno de los casos curiosos en la historia de un policía que estuvo del lado de la manifestación obrera, sin duda identifi­cado con las órdenes de su Jefe Departamental, Isaías Lahíte.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/B7FxJ4xgcQt58937bdgnhfhaxuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/1_de_mayo_1921.png" class="type:primaryImage" /></figure>El 1º de mayo de 1921 es, sin duda, el día más negro de la historia de Gualeguaychú como ciudad. Ese día grupos conservadores ataca­ron una manifestac...]]>
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                <updated>2026-05-01T11:13:41+00:00</updated>
                <published>2026-05-01T11:12:48+00:00</published>
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            Visibilizar el legado chaná: el desafío de transformar una ordenanza en memoria viva
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante gran parte de su historia, Gualeguaychú desconoció sus raíces originarias y quiénes fueron realmente los chaná: un pueblo seminómada de hábiles canoeros y artesanos que habitó los ríos y montes entrerrianos, sustentándose en la pesca, la caza, la recolección y algunos cultivos elementales. Su presencia en el territorio comenzó a ser rescatada del olvido gracias al trabajo arqueológico del profesor Manuel Almeida. A partir de sus investigaciones y de la labor de quienes continuaron su camino, una cultura arrasada durante la Conquista e invisibilizada por el relato dominante empezó a recuperar su lugar en la historia local.</p><p>Dos décadas atrás, un hecho clave fortaleció ese proceso de recuperación: el nogoyaense Blas Jaime reveló que conservaba la lengua chaná, considerada extinta desde hacía casi dos siglos. Según relató, el idioma había sido transmitido en secreto de generación en generación, especialmente entre mujeres, reconocidas como “guardianas de la memoria”. A partir de ese hallazgo, los estudios sobre el pueblo chaná cobraron un nuevo impulso y crecieron el interés y la curiosidad de muchos entrerrianos por redescubrir su pasado y, en algunos casos, sus posibles vínculos ancestrales.</p>Blas Jaime junto a su hija, realizando un tradicional saludo chaná.<p>En la ciudad, ese interés se tradujo en acciones concretas. Músicos, escritores, docentes y vecinos de distintas edades impulsaron producciones artísticas y propuestas pedagógicas que, año a año, fueron ganando visibilidad. En ese marco, en 2023 la docente de Historia y Geografía Noelia Echeverría, junto a estudiantes del Colegio Malvina Seguí de Clavarino, llevó a la Banca Abierta del Concejo Deliberante un proyecto que derivó en la sanción de la Ordenanza Nº 12840, que instituyó el 26 de marzo como el “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”.</p><p>El reconocimiento marcó un punto de inflexión. A partir de entonces se conformó el Comité “Opatimá”, que hace menos de un mes organizó, por tercer año consecutivo, una jornada abierta de reflexión, debate y expresión artística en el Teatro del Puerto y sus alrededores. Entre las actividades se destacó la realización de un mural en la Plaza Almeida, a cargo de la artista Victoria Frigo, quien recrea escenas de la vida cotidiana del pueblo chaná a través de su obra.</p><p>En la previa del Día del Aborigen Americano, que se conmemora cada 19 de abril en toda Latinoamérica desde 1940, Ahora ElDía dialogó con Echeverría sobre los desafíos actuales del comité y la necesidad de profundizar la implementación de la iniciativa, con el objetivo de ampliar su alcance educativo y cultural.“Sentimos que la Ordenanza no logra tener el alcance de impacto educativo ni cultural que quisiéramos. Siempre nos planteamos el temor de que esta iniciativa caduque en algunos agentes interesados y que por lo tanto la normativa pierda vitalidad. Por eso, se nos planteó la posibilidad de establecer que estas jornadas de diálogo y preservación de la cultura chaná puedan designarse como de interés cultural. Todavía nos falta lograr el ensamblaje con la parte educativa, porque la Ordenanza debería ser parte del Área de Educación y de Cultura para que ejecuten su articulación. Como eso no es visiblemente palpable nosotros generamos todo tipo de propuestas y actividades”, contó Echeverría, e indicó que si bien no redactaron un plan de acción ni establecieron un protocolo, la jornada sostuvo un nutrido diálogo en torno a “pensar cómo ampliar los involucrados”.&nbsp;</p><p>“El comité es muy autogestivo. Entendemos que la única forma de mantener esto vivo es que crezca, y nuestro deseo es que lo haga cada vez más. Por eso, revitalizamos la idea de ampliar la comunicación, creando un perfil en redes sociales y dejando a la mano de los docentes y asistentes al encuentro una guía de difusión con información importante para abordarlo en las escuelas. También estamos abiertos a sugerencias y otras instancias de socialización y trabajo compartido y comunitario”, amplió.</p><p>Acerca de la ordenanza</p><p>En noviembre de 2023, el Honorable Concejo Deliberante de Gualeguaychú sancionó la Ordenanza Nº 12840 con el objetivo de saldar una deuda histórica con la nación chaná. A más de dos años de su aprobación, la normativa continúa siendo una herramienta clave en el proceso de recuperación de la memoria y el reconocimiento de esta cultura.</p><p>La ordenanza estableció el 26 de marzo como fecha conmemorativa, en referencia a la presentación del diccionario bilingüe chaná-español de Blas Wilfredo “Don” Omar Jaime, considerado el último hablante registrado de esta lengua en Entre Ríos.</p><p>En sus fundamentos, la norma subrayó que los chaná fueron una sociedad organizada, con normas, autoridades y una cosmovisión profundamente ligada a la naturaleza. Los hallazgos arqueológicos, con más de 2000 años de antigüedad, evidencian una presencia sostenida previa a las narrativas coloniales que estructuraron la historia oficial.</p><p>Asimismo, advirtió sobre el desconocimiento persistente en torno a esta cultura, reflejado en su escasa presencia en la currícula educativa y en los relatos institucionales. En respuesta, la ordenanza promovió la incorporación de contenidos específicos en las escuelas, junto con la realización de actividades, talleres y políticas públicas orientadas a su visibilización.</p><p>La iniciativa también planteó la necesidad de fortalecer la identidad regional desde sus raíces, reconociendo que la relación con el río y el entorno natural, tan característica del ser entrerriano, tiene profundas bases en estas culturas originarias.</p><p>Además, impulsó la articulación entre el Estado, instituciones educativas, organizaciones sociales y universidades, e incorporó una perspectiva de género en las acciones vinculadas.</p><p>A más de dos años de su sanción, la ordenanza no solo sumó una efeméride al calendario local, sino que abrió un proceso más amplio de revisión histórica. En un contexto donde los debates sobre memoria e identidad ganan centralidad, recuperar el legado chaná sigue siendo un desafío vigente. Porque en esa reconstrucción no solo se revisa el pasado, también se redefine la identidad presente de Gualeguaychú desde una mirada más inclusiva y consciente de sus raíces.</p><p>Miradas que sostienen el rescate de la memoria</p><p>El proceso de recuperación de la cultura chaná en Gualeguaychú no es reciente ni aislado, sino el resultado de años de trabajo de artistas, docentes e investigadores que vienen impulsando una reparación histórica e identitaria desde distintos ámbitos.&nbsp;</p><p>En ese sentido, la artista y docente Paulina Lemes remarcó en una entrevista anterior con este medio la necesidad de romper con las imágenes estereotipadas construidas desde la Conquista. A través de proyectos visuales y pedagógicos, planteó la importancia de reconstruir escenas cotidianas que permitan “imaginar a una mamá o abuela haciendo cerámica y a los gurises alrededor”, en contraposición a la figura del indígena asociada exclusivamente a la guerra.</p>Ilustración: Victoria Frigo<p>Desde una perspectiva similar, el profesor y editor Amadeo Nicolás Darchez subrayó que el rescate de esta historia no solo amplía el conocimiento del pasado, sino que también interpela el presente: entender que la sociedad se construyó sobre un “borramiento histórico” permite mirarse de forma más crítica y reconocer otras formas de vínculo con el entorno, más armónicas y sostenibles.</p><p>Sin embargo, también advirtió que se trata de un proceso en desarrollo, con avances, pero aún con desafíos.</p><p>En la misma línea, el antropólogo Axel Weissler consideró que la recuperación de la memoria indígena implica ampliar la idea de identidad local. Señaló que la historia de la ciudad no puede entenderse únicamente desde su herencia europea o criolla, sino que debe incorporar las raíces originarias como parte constitutiva del territorio. “Sin esa recuperación, se está contando solo una parte de la historia”, planteó.</p><p>Además, destacó que este proceso es también una forma de enfrentar el olvido producto del genocidio y de construir una identidad más inclusiva, donde convivan las distintas tradiciones que dieron forma a la región.</p><p>Las distintas voces coinciden en un punto central: visibilizar el legado chaná no es solo una tarea cultural, sino también política y educativa. Y, en ese sentido, el desafío actual, tal como hoy señalan desde el Comité Opatimá, es lograr que ese camino de recuperación histórica se sostenga en el tiempo y se traduzca en acciones concretas que alcancen a toda la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure>A más de dos años de la sanción de la institución del “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”, referentes culturales y educativos de Gualeguaychú impulsan nuevas acciones para fortalecer la implementación de la norma y, lograr que la historia y herencia de este pueblo tengan un lugar real en la comunidad y en las escuelas.]]>
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                <published>2026-04-18T23:13:00+00:00</published>
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            El violento ocaso de Justo José de Urquiza, el crimen que selló el fin de una era
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 11 de abril de 1870, en su residencia del Palacio San José, el general Justo José de Urquiza fue asesinado por un grupo armado vinculado al movimiento encabezado por Ricardo López Jordán. Casi en simultáneo, otras partidas vinculadas a la Rebelión jordanista asesinaron en Concordia a dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino Urquiza. Ambos ocupaban cargos políticos y militares, y eran vistos como continuadores del poder y la influencia de su padre en la provincia.</p><p>Los hechos, violentos y simbólicos, no sólo terminaron con la vida de uno de los protagonistas centrales de la organización nacional y la de sus posibles herederos, sino que también abrió una nueva etapa en la historia política argentina, especialmente en Entre Ríos.</p><p>No hay dudas de que Urquiza fue una de las figuras más influyentes del siglo XIX argentino. Tras años como aliado de Juan Manuel de Rosas, en 1851 encabezó el Pronunciamiento que lo enfrentó al poder porteño. Poco después, al frente del Ejército Grande, logró derrotarlo en la Batalla de Caseros, un hecho decisivo que permitió iniciar el proceso de organización institucional del país. Ese triunfo abrió paso a la sanción de la Constitución de 1853 y a su posterior presidencia de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860.</p><p>Pero la Batalla de Pavón de 1861 marcaría un punto de quiebre para la historia nacional y del caudillo entrerriano. Allí se enfrentaron la Confederación Argentina, comandada por Urquiza, y el Estado de Buenos Aires, dirigido por Bartolomé Mitre. Estaba en juego qué modelo de país se iba a imponer: una organización con mayor peso de las provincias o un esquema centralizado bajo la hegemonía porteña.</p><p>El desarrollo del combate fue parejo y sin un vencedor claro. Sin embargo, en una decisión que aún hoy genera debate, Urquiza ordenó retirarse del campo de batalla y replegarse hacia Entre Ríos. Esa determinación, más política que militar, resultó decisiva: la Confederación se desarticuló y Mitre asumió poco después la presidencia del país unificado, consolidando el predominio porteño.</p><p>Desde entonces, el rol de Urquiza cambió de manera profunda. De acuerdo con algunas corrientes historiográficas, su actitud conciliadora con el poder central -primero con Mitre y luego con Sarmiento- fue vista como una claudicación para muchos entrerrianos y federales. En ese sentido, su negativa a apoyar levantamientos federales y su respaldo a la política nacional, incluso durante la Guerra del Paraguay, habrían profundizado el descontento y conducido a una erosión de su liderazgo, sentado las bases para la posterior insurrección que se cobró su vida. Se argumenta que durante años la figura de Urquiza había sido blanco de críticas, campañas periodísticas y advertencias sobre posibles atentados, y que desde sectores políticos se había instalado la idea de su eliminación como salida al conflicto.</p><p>Sin embargo, otras lecturas de los hechos afirman que no fue así, como la del profesor e historiador entrerriano Gastón Buet, especialista en el tema:&nbsp;“Se han tejido muchas mentiras alrededor de su asesinato. En primer lugar, las fuentes históricas revisionistas mienten cuando dicen que la estrella de Urquiza se había eclipsado. ¿Por qué en la partida que lo asesinó había solo un entrerriano? Si hubiera sido una persona mal vista en Entre Ríos, les hubiera sido fácil encontrar asesinos en la provincia. Por otro lado, cuando se lo acusa de traición y demás, fue toda una falacia inventada por López Jordán, apoyada después por la historia revisionista, que es rosista, y siempre trató de destruir la imagen de Urquiza. El trasfondo real era que López Jordán quería ser gobernador de Entre Ríos. Lo había intentado, había tratado de postularse y Urquiza apoyó a Domínguez. Ahí López Jordán se dio cuenta de que nunca iba a ser gobernador mientras Urquiza estuviera vivo. Entonces planeó este asesinato, que no fue uno cualquiera, fue el asesinato del gobernador legal del estado de Entre Ríos. Y la confirmación es que no solo mató al gobernador, sino también a sus dos hijos mayores que vivían en Concordia y se perfilaban como sus sucesores políticos. Todo fue orquestado por López Jordán para dar un golpe de Estado en la provincia. La excusa fue traición, fue Pavón, fue una alianza con Brasil en Caseros. El asesinato de Urquiza se produce simplemente por ambiciones políticas de un caudillo, que era López Jordán, que no entendía que el tiempo de las lanzas había terminado, que no solo había una Constitución Argentina sino también una Constitución Provincial, y que -en última instancia- fue el idiota útil para intervenir en la provincia. Mientras Urquiza vivía, Entre Ríos era el segundo PBI más rico de la Nación y la única provincia que el presidente Mitre no había intervenido militarmente. La muerte del gobernador le dio el pie legal al presidente Sarmiento para intervenir y ahí empezó el derrotero de fracaso económico del estado entrerriano”.</p>Ricardo López Jordán<p>Tras la muerte de Urquiza, Entre Ríos entró en una etapa de crisis profunda que rápidamente derivó en guerra abierta. El hecho formó parte del inicio de la Rebelión jordanista, encabezada por Ricardo López Jordán, quien poco después fue proclamado gobernador por la Legislatura provincial. Sin embargo, su autoridad no fue reconocida por el gobierno nacional de Domingo Faustino Sarmiento.</p><p>Ante esa situación, la Nación intervino militarmente. Tropas del Ejército ingresaron a Entre Ríos y se desató una serie de enfrentamientos que se prolongaron durante años, dando lugar a las llamadas guerras jordanistas. La provincia quedó así sumida en un conflicto armado casi permanente. Con el correr de las campañas, López Jordán fue derrotado y obligado al exilio, tras varios intentos fallidos de retomar el poder. Su caída marcó el debilitamiento definitivo del federalismo entrerriano como fuerza capaz de disputar el control político.</p><p>Más allá de Entre Ríos, el crimen de Urquiza simbolizó el cierre de la etapa de los grandes caudillos del siglo XIX y consolidó el avance del Estado nacional centralizado. Desde entonces, el poder político quedó cada vez más concentrado en el gobierno nacional, reduciendo la autonomía que las provincias habían ejercido durante décadas.</p><p>La crónica del asesinato y el ocultamiento del cadáver</p><p>A fines del siglo XIX, el escritor gualeguaychuense Fray Mocho publicó en la revista Caras y Caretas una entrevista al coronel Carlos Anderson, quien había sido jefe de la guardia del Palacio San José y testigo directo del crimen. Ese testimonio, recogido casi treinta años después de los hechos, constituye una de las reconstrucciones más vívidas de aquella jornada. Según ese relato, en la tarde del 11 de abril de 1870 una partida armada vinculada a López Jordán irrumpió en la residencia de Urquiza al grito de “¡Abajo el tirano!”. El ataque fue rápido y coordinado.</p><p>“Serían entre las siete y siete y veinte de la noche, cuando sentí que don Justo –que estaba, como era su costumbre, tomando el té bajo la galería en la entrada del patio– le preguntaba al hombre de servicio: “¿Qué ruido es ese?”. Parecía ser un tropel bastante sonoro que se acercaba rápidamente. “¡Ah! lAh! ¡Eso es!… Ha de ser una comisión que debe llegar de Nogoyá…”. Y luego, no más como el tropel siguiera y no se detuviese dónde estaba ordenado se detuvieran las comisiones, agregó –ya gritando– “son asesinos… cierre la puerta del pasillo”. Y lo oí que corría para la sala-costurero de la señora, que quedaba casi en la esquina del patio y se comunicaba con la torre del Palacio por medio de otro cuartito donde estaba la escalera, que era de fierro y de esas llamadas de caracol. En la torre había armas y si el General sube se salva, pero lo perdió su genio, pues como encontró un riflecito a mano, volvió al patio corriendo”, relató Anderson, y agregó que, al ver a sus atacantes, Urquiza les gritó “¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas!”, disparando contra uno de ellos.</p><p>“Álvarez, entonces, le tiró con un revólver y le pegó al lado de la boca –era herida mortal, sin vuelta–. El General cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, –único que venía de militar– que lo alcanzó cuando ya la señora Dolores y Lola, la hija, tomaban el cuerpo y lo entraban a la pieza, en la cual se encerraron con él, yendo a recostarlo en la esquina del frente, donde se conservan hasta ahora las manchas de sangre en las baldosas”, narró ante Fray Mocho el testigo de los hechos.</p><p>El asesinato ocurrió frente a su familia y en el corazón mismo del poder que Urquiza había construido durante décadas. El cuerpo, ya sin vida, fue retirado del Palacio y trasladado a Concepción del Uruguay, donde fue velado con discreción en la casa de su hija. El clima era de temor: muchos de sus allegados evitaban asistir por miedo a represalias en medio de la insurrección jordanista.</p><p>Inicialmente, los restos fueron sepultados en el cementerio local. Sin embargo, la situación política y el odio que aún despertaba su figura generaron un temor concreto: que el cadáver fuera profanado o utilizado como trofeo. Por ese motivo, su viuda, Dolores Costa, decidió trasladarlo en secreto. En una operación nocturna y reservada, el féretro fue llevado a la iglesia principal de la ciudad y ocultado en un lugar desconocido.</p>La foto póstuma de Urquiza<p>Ese secreto se mantuvo durante décadas. Solo unas pocas personas conocían el verdadero paradero del cuerpo y, con el paso del tiempo, esa información se perdió. Durante más de 80 años, nadie supo con certeza dónde estaban los restos de Urquiza. Recién en 1951, tras una búsqueda dentro de la basílica, se descubrió que el cadáver había sido ocultado dentro de una pared, en una cripta tapiada.</p><p>El hallazgo permitió confirmar detalles del asesinato: el cráneo presentaba daños compatibles con el disparo en el rostro y las heridas posteriores. Finalmente, los restos fueron identificados y trasladados a un mausoleo en la Basílica de la Inmaculada Concepción, donde descansan en la actualidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure>Su muerte en 1870 no solo fue el final de un caudillo clave en la organización nacional, sino también el punto de quiebre definitivo del federalismo entrerriano. El asesinato, ejecutado en el marco de la Rebelión jordanista, derivó en la intervención del Estado nacional, una prolongada guerra civil y la consolidación de un nuevo orden político en la Argentina.]]>
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                <updated>2026-04-11T19:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T19:28:19+00:00</published>
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            Más de 200 visitas en marzo: el Museo de la Memoria Popular recibió a estudiantes y turistas que recorrieron su historia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H6cGEs5UnoXCK4WDY6YQ_cuJ3pM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/museo_de_la_memoria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco del Mes de la Memoria, el Museo de la Memoria Popular “Osvaldo Delmonte”, ubicado en la Casa De Deken, se convirtió nuevamente en un espacio de encuentro, reflexión y aprendizaje para instituciones educativas y visitantes de la ciudad. Durante marzo, más de 200 personas, entre turistas, excursionistas, estudiantes y docentes, recorrieron este espacio emblemático, acercándose a una parte fundamental de nuestra historia reciente.</p><p>Entre las instituciones que participaron de las visitas guiadas se destacan: la Escuela Secundaria “Fernando Elgue” Racing, la Escuela Primaria N.º 88 “Los Fundadores”, la Escuela Primaria N.º 8 “María América Barbosa” y la ESJA N.º 10 “Pedro Juan A. Fortunato”, entre otras.</p><p>Las actividades de recorrido guiado permitieron a los alumnos conocer, preguntar y reflexionar sobre el período 1976-1983 en Argentina. A través de relatos, materiales históricos y la orientación de guías especializados, los estudiantes no solo accedieron a información sobre hechos históricos, sino que también pudieron relacionarlos con la actualidad, comprendiendo la importancia de sostener la democracia.</p><p>La sala “Confidencial y Secreto” constituye uno de los espacios más significativos del recorrido. Allí se exhiben urnas y una cronología de la historia del voto, junto con una ventana ploteada que rememora la vuelta de la democracia. Además, el espacio incluye una recreación de un living de la época, donde un televisor reproduce imágenes del Juicio a las Juntas y la histórica frase “Nunca Más”, pronunciada por el fiscal Julio César Strassera, que marca un cierre emblemático del recorrido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H6cGEs5UnoXCK4WDY6YQ_cuJ3pM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/museo_de_la_memoria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el marco del Mes de la Memoria, el Museo de la Memoria Popular “Osvaldo Delmonte”, ubicado en la Casa De Deken, se convirtió nuevamente en un espac...]]>
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                <updated>2026-04-03T11:32:30+00:00</updated>
                <published>2026-04-03T11:31:27+00:00</published>
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            La confesión de Luisana Lopilato a Mario Pergolini: “Mi hermano me salvó la vida”
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ggHf23gc0SEzhvAs0uTR4TzK58k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/luisana_lopilato.avif" class="type:primaryImage" /></figure><p>La revelación de Luisana Lopilato durante su visita al programa Otro día perdido asombró al conductor Mario Pergolini y al resto del equipo con un inesperado relato. La actriz compartió, por primera vez en público, un episodio marcado por el riesgo y la fortuna en su infancia. Un hecho, cargado de detalles personales, sobre un instante que la marcaría para siempre.</p><p>Nacida y criada en el barrio de Parque Chas, Lopilato identificó la “Plaza del Trébol” como el escenario de un accidente que, según sus palabras, nunca antes había contado fuera de su círculo íntimo. El recuerdo se activó cuando el equipo del programa le acercó un mapa de su barrio natal, evocando imágenes y sensaciones de una etapa de cuando era niña, y disfrutaba jugar en la calle.</p><p>Mientras rememoraba su niñez, Lopilato confesó: “Me acuerdo perfectamente de esa plaza. Me he electrocutado ahí. Nadie lo sabe, nunca lo conté. Tengo hasta una marca en la mano y todo”. La actriz situó el incidente en los años en que tenía entre ocho y nueve, cuando acompañaba a su hermano mientras este jugaba al fútbol en la plaza.</p><p>El accidente ocurrió de forma repentina. Lopilato relató que, al esperar a su hermano, se entretuvo balanceándose en un poste de luz. Sin advertir el peligro, tomó el poste sin notar que la tapa estaba abierta y un cable eléctrico estaba expuesto. El contacto fue inmediato: “Me empecé a electrocutar”, explicó, imitando con su cuerpo los movimientos involuntarios que experimentó en ese momento.</p><p>La experiencia no solo dejó una huella emocional, sino también física. La actriz mostró que conserva una marca en la mano. Este detalle se suma a la singularidad de la confesión, ya que nunca antes había compartido públicamente ese momento traumático de su historia personal.</p><p>El relato cobró otra dimensión al describir la reacción de su hermano cuando notó la situación de peligro y sin dudarlo recurrió a una maniobra poco convencional pero efectiva: “Mi hermano me vio desde la cancha, salió y me pegó una patada. Literal”, relató Lopilato.</p><p>El rápido accionar de su hermano, quien la apartó con una patada, fue fundamental para salvarle la vida, según explicó la actriz</p><p>Según la propia actriz, este acto fue determinante. Sostuvo que, de no haber intervenido su hermano, el desenlace habría sido fatal: “Si él no hacía eso me moría. Mi hermano me salvó la vida”. En su explicación, añadió que en casos de electrocución es necesario un golpe fuerte o una patada para separar a la persona del objeto electrificado, ya que el cuerpo tiende a quedar adherido debido a la corriente.</p><p>La narración aportó además un matiz didáctico, al explicar que la reacción de su hermano fue la única solución posible en ese instante. “Se tiene que pegar una patada o algo así porque sino no podés despegarte”, concluyó, reforzando el carácter excepcional de la intervención.</p><p>El diálogo se produjo durante la primera emisión de lasegunda temporada del ciclo, con Mario Pergolini al frente, y en una atmósfera de confianza que permitió a la actriz abrirse más allá de los temas habituales de promoción de su carrera y su familia.</p><p>Luisana y Darío Lopilato, hermanos y cómplices tanto en la vida como en la ficción</p><p>La sorpresa de Pergolini fue evidente ante la magnitud y crudeza del relato. La interacción permitió que la audiencia observara una faceta distinta de la invitada, más ligada a la experiencia personal y al riesgo físico.</p><p>Durante el programa, se evocaron otros episodios vinculados a la Plaza del Trébol, como el recuerdo de una agresión con una piedra, lo que subraya el carácter vivo y a veces accidentado de la infancia en el espacio público de Parque Chas. El episodio que contó la actriz, se sumó a la lista de momentos que definieron el debut de la nueva temporada de Otro día perdido, en el que la memoria y la confesión espontánea fueron protagonistas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ggHf23gc0SEzhvAs0uTR4TzK58k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/luisana_lopilato.avif" class="type:primaryImage" /></figure>La actriz fue la invitada en el regreso de Otro día perdido y sorprendió al público al compartir una experiencia oculta de su niñez]]>
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                                <category term="espectaculos" label="Espectáculos" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-31T14:15:27+00:00</published>
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            La muerte del ex comisario Jaisal Adón y el crimen de la videocasetera
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pj9Mc9tHk5OZ9D43EQnbD8pCHZ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/crimen." class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Para 1989, Gualeguaychú era un lugar tranquilo, sin mayores sobresaltos más que los económicos a los cuales estamos acostumbrados. El crecimiento de la ciudad se mezclaba con la idiosincrasia de un pueblo que se resistía a abandonar, o a resignar, ciertas conductas que la caracterizaban.</p><p>Pero hasta en los lugares más recónditos del planeta, “donde nunca pasa nada”, hay días que quedan guardados en la memoria de sus habitantes, y hasta el día de hoy hay quienes se acuerdan de lo que sucedió con Jaisal Alejandro Adón.</p><p>&nbsp;</p><p>Horrendo y espeluznanteEsos fueron los términos que se utilizaron en los diarios para titular en agosto de 1989 lo que había ocurrido con el Comisario Inspector retirado de la Policía de Entre Ríos que había sido encontrado sin vida en el interior de su domicilio en San José al 200.&nbsp;</p><p>Para ese momento en que los diarios hicieron público lo que había sucedido, la noticia ya corría como reguero de pólvora por la ciudad. Los programas de radio, que no tenían que esperar tanto para dar detalles de lo ocurrido, seguían el minuto a minuto de una investigación que en un principio se mostraba cerrada y misteriosa. Nada se sabía sobre el móvil del terrible crimen.</p><p>Jaisal Alejandro Adón tenía 68 años cuando el 23 de agosto de 1989 abrió la puerta del garage de su casa y fue atacado con “un elemento romo (sin puntas) y contundente”, que le destrozó el cráneo. Su cuerpo fue hallado al lado del Citroën que se guardaba en el lugar.</p><p>Este hombre había sido Subjefe de la Jefatura Departamental de Concordia y su hijo, Héctor Alejandro Adón, que en 1989 era Inspector Mayor, estaba a cargo de la misma Jefatura en la que su padre había ejercido años antes, por lo cual, lo sucedido en Gualeguaychú golpeaba fuertemente a toda la familia policial.</p><p>En un principio el móvil del robo había sido descartado por dos cuestiones. Por un lado, la puerta no había sido violentada, por lo cual se estableció que la víctima conocía a su asesino. La hipótesis era que le había abierto la puerta, sin la sospecha de lo que ocurriría después. Lo único que en un principio se confirmó que faltaba en la casa era una videocasetera y esto llamó la atención, pero como todo lo demás estaba en su lugar y no había nada revuelto, la primera teoría del móvil no fue la de una muerte por robo.</p><p>A partir de esto, la investigación se orientó hacia otro lado, como ser una posible venganza o algo que tuviera relación con el pasado policial de la víctima, pero con el correr de las horas esa videocasetera que faltaba jugaría un rol clave en la causa y permitiría llegar al autor del hecho.</p><p>&nbsp;</p><p>Pasto secoEl ataque ocurrió en la noche del 23 de agosto, pero se cree que Jaisal Adón agonizó alrededor de una hora. Cuando lo encontraron a la mañana del día siguiente, había logrado arrastrarse unos metros hasta la puerta de acceso de la casa sobre la calle San José. Tenía una media colocada “hasta la garganta”.</p><p>Pero con el correr de las horas se confirmó que no sólo se habían llevado una videocasetera, sino también una suma de dinero y un par de anillos de oro, que sumaban en total más de un millón de australes (la moneda argentina de aquellos tiempos). Ya comenzaba a hablarse de “los asesinos”, porque dada la modalidad del crimen se creía que más de una persona había actuado en el crimen.</p><p>Para el sábado 26 ya se tenía a tres personas detenidas, pero solo una de ellas fue la que finalmente quedó como imputada. Se trataba de un joven de 20 años, conocido como “pasto seco” en referencia a su pelo. Néstor Arturo Antonio Quintana fue detenido por tener en su poder la videocasetera de Adón. La encontraron en su domicilio de Doello Jurado 1168, casi Rocamora.</p><p>El juez de Instrucción, Celestino Toller, fue quien tuvo a su cargo la investigación y como era común en aquellos años y hasta el 2013, el mismo magistrado que dirigía la causa e imputaba al sospechoso, era quien estaba a cargo de suministrarle las garantías. Un rol algo “esquizofrénico”, como supo calificar años después otro Juez de Instrucción de Gualeguaychú.</p><p>Quintana se mantuvo siempre en silencio. Nunca abrió la boca. Pese a que había sospechas de que no había actuado solo, este joven decidió no declarar. Y así fue como llegó al juicio. Sin responsabilizarse y sin involucrar a terceros. Pero eso cambiaría años después cuando en el debate realizado en Gualeguay dio su versión de los hechos e involucró a dos ex policías.</p><p>Toller lo imputó de Homicidio agravado en concurso real con robo simple. Se le dictó prisión preventiva y por cuestiones de seguridad fue trasladado a la Unidad Penal de Gualeguay hasta el inicio del juicio que comenzó el 27 de abril de 1992.</p><p>&nbsp;</p><p>Dos policías involucradosEntre el 27 y 28 de abril de 1992 declararon tres peritos y 14 testigos, pero los magistrados dispusieron un cuarto intermedio hasta el 8 de mayo porque entendieron que era necesaria la presencia de un joven a quien se señaló como el encargado de vender la videocasetera que había sido sustraída de la casa de Adón. Como esa persona vivía en Buenos Aires o en el sur del país, no estaba muy claro dónde residía, se necesitó de tiempo, pero una vez que se logró comunicarlo y traerlo al juicio, su palabra no agregó nada importante a lo que ya se tenía.</p><p>Hasta ese momento, una de las declaraciones más significativas había sido la de Héctor Alejandro Adón, hijo de Jaisal y jefe de Policía de Concordia. Este hombre dijo conocer a Quintana y precisó que el joven conocía los movimientos de la casa; y sabía que su padre vivía solo. Incluso reveló que la víctima le había contado pocos días antes que Quintana había concurrido a la vivienda de la calle San José junto a un familiar, con la excusa de que quería ingresar a la Policía.</p><p>Pero lo más importante vino después, cuando el juicio se reanudó el 8 de mayo. Ese fue el día en que Quintana decidió hablar por consejo de su abogado, Virgilio Cardozo. Dos años y nueves meses después del hecho aseguró que no había hablado “por temor a represalias” de parte de las personas que sindicó como los autores.</p><p>Narró que el 23 de agosto de 1989, alrededor de las 20, se encontraba junto a Jaisal Adón en la vereda de la casa y de allí pasaron a una de las salas. Estaban sentados en un sillón, mirando televisión y conversando, cuando tocaron el timbre de la casa. Adón atendió por la puerta del garage, e inmediatamente oyó que entraba gente corriendo.</p><p>En su declaración mencionó que vio a la víctima tirada en el piso del garage y a dos ex policías que conocía, a quienes identificó con nombre y apellido. Dijo que uno tenía una herramienta en la mano y el otro tenía un arma. Cuando lo vieron se acercaron hasta él, y el que tenía el arma lo tomó del cabello y le dijo: “quédate tranquilo, a vos no te va a pasar nada”.</p><p>Relató que logró escapar cuando lo llevaban hacia un apartamento interior que ocupaba a veces el hijo de Adón cuando llegaba a Gualeguaychú. Pudo zafarse del hombre que lo tenía tomado y por una puerta que estaba abierta se escapó. Luego de allí se fue al bar de Campostrini, se tomó una “naranjada” y se fue a su casa.</p><p>Pero el relato no terminó allí. Para explicar lo sucedido con la videocasetera, contó que tomó el bolso con elementos de fútbol y se fue para la casa de su novia. Se subió a un colectivo y como conocía al colectivero, el chofer le habría ofrecido el aparato para ver películas y lo tomó. “Llevala”, le habría dicho el colectivero, pero Quintana no pudo bajar en la casa de su novia porque había mucho barro y por eso regresó a su casa con la videocasetera en su poder. Un relato demasiado extraño.</p><p>Dijo que recién al día siguiente se enteró de la muerte de Adón y que no dijo nada por miedo. Fue en ese momento en que tomó conocimiento que faltaba una videocasetera de la casa de Adón y entonces se acordó del colectivero. Como lo conocía, se la llevó para regresársela, pero Quintana cayó detenido cuando el colectivero lo marcó como la persona que le había querido vender la videocasetera.</p><p>En su alegato, el fiscal Antonio Cirigliano enumeró una a una las inconsistencias en el relato de Quintana y destacó que no sólo fue el hecho de la videocasetera lo que implicó al joven acusado. No tenía coartada. Había confirmado que estuvo presente en el crimen y que luego escapó. Además, en un martillo de zapatero y en una campera “vaquero” que le secuestraron, había rastros de sangre compatible con la de Adón. Incluso, unas zapatillas Adidas y el bolso que reconoció haberse llevado de la casa, también tenían vestigio de sangre, pese a haber sido lavados.</p><p>Otra de las pruebas que lo incriminaron fueron los pelos hallados en la media que tenía Adón en su boca. Eran coincidente con otros rastros que fueron cotejados a los encontrados en la campera de Quintana. Todo lo comprometía y su relato carecía de toda credibilidad.</p><p>&nbsp;</p><p>Probado, con grado de certezaPara la Justicia no hubo dudas respecto a la participación de Quintana en el caso. La única pregunta que restaba responder era si había actuado solo; y esto nunca llegó a esclarecerse con el grado de certeza que se necesita y por ello Quintana fue el único imputado y condenado a 13 años de prisión.</p><p>Existió una movilización pidiendo la libertad de Quintana, luego de haber sido condenado. Esa marcha se realizó frente a la Municipalidad, y fueron los funcionarios de aquel momento los que recibieron a los familiares. El concejal Ernesto Mindeguía, el secretario de Servicio Público Pablo Baffico y el secretario de Gobierno Daniel Irigoyen escucharon los reclamos y denuncias que tenían como objetivo que se investigue a los dos ex policías que habían sido nombrados por Quintana en el juicio, pero eso era menester de la Justicia.</p><p>Se la llamó la marcha del silencio, en clara resonancia con lo que ocurría en otros puntos del país, principalmente con lo sucedido con María Soledad Morales en Catamarca, que fue asesinada en septiembre de 1990. “Un hecho casi inédito, ya que en Gualeguaychú no se recuerda otra movilización de estas características”, escribían los diarios de aquella época.</p><p>La madre de Quintana denunciaba ante los grabadores de los periodistas: “Queremos que se haga justicia. Mi hijo que está detenido no fue culpable de lo ocurrido, simplemente fue testigo del hecho. Y a las personas que Néstor nombró en el juicio, queremos que se las detenga y se las investigue, porque no es justo que vivamos con esta gente”.</p><p>Lo cierto es que nada sucedió judicialmente con estos dos hombres. Lo único que la historia retrata fue la condena de Quintana. Tras permanecer un corto periodo de tiempo en la cárcel de Gualeguay, fue trasladado a la Unidad Penal 2 de Gualeguaychú a cumplir con los 13 años. Se supo que mantuvo un buen comportamiento. Luego, y con los dos tercios de la condena cumplida, comenzó con sus salidas transitorias hasta que finalmente recuperó la libertad.</p><p>El llamado caso Adón fue uno de los sucesos policiales más recordados en Gualeguaychú.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pj9Mc9tHk5OZ9D43EQnbD8pCHZ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/crimen." class="type:primaryImage" /></figure>Parece mentira, y hay quienes aún dudan que ese haya sido el verdadero móvil del homicidio que en aquel tiempo espantó a la opinión pública. Habían matado a golpes, “con un elemento romo” y “destrozándole el cráneo”, a un ex policía, a sólo tres cuadras de la catedral San José.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T23:36:13+00:00</published>
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        <title>
            La presencia olvidada de los franceses en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDWwJZg9qy0ORLBDYuLIifukcSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/franceses.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La influencia de la inmigración italiana, española e incluso sirio-libanesa está muy presente en la memoria e instituciones de la ciudad. Sin embargo, aunque al día de hoy no sea tan recordada, la colectividad francesa supo ocupar un lugar destacado en la Gualeguaychú de la segunda mitad del siglo XIX. La pista sobre su rol protagónico en el pasado ha llegado a nuestros días gracias a las investigaciones de Elsa Beatriz Bachini, quien en 1966 dictó una de sus recordadas conferencias sobre este tema.Según la abogada estudiosa de la historia local, muchos franceses llegaron a nuestras tierras escapando del régimen de Napoleón III, conocido como el Segundo Imperio Francés (1852-1870). Tal es así que el censo de 1853 reveló que, en una Gualeguaychú de alrededor de 3.500 habitantes, 258 eran franceses: 194 varones y 64 mujeres. Más allá de este número, lo que por aquel entonces marcó una diferencia fue el perfil de quienes llegaron, ya que muchos eran hombres de sólida formación cultural que traían consigo ideas modernas en el plano político, social e industrial.Algunos fueron intelectuales y educadores; otros aportaron sus oficios, dedicándose a la agricultura, la industria, el comercio y diversos rubros artesanos. Una figura, probablemente la más notoria dentro de esta colectividad, supo combinar ambos elementos: el hojalatero y periodista José Lefevre.&nbsp;Lefevre llegó a la ciudad hacia 1852 y abrió un taller de hojalatería en la calle Urquiza. Con el tiempo comenzó a participar activamente en la vida periodística local y en 1858 fundó el periódico “La Esperanza de Entre Ríos”, del cual fue director, con Luis Grimaux como editor responsable. Se trató de un medio de firmes convicciones liberales que se oponía al gobierno de Urquiza, y protagonizaba intensos debates con los diarios oficialistas “La Época” y “El Duende”. Sus confrontaciones fueron tan encendidas que llegaron a trasladarse a ámbitos públicos como el teatro 1º de Mayo, donde hubo cruces con insultos de palco a palco.&nbsp;</p>(Grok AI)<p>En el mismo local del periódico también se instaló una librería que anunciaba suscripciones a obras de autores como Alejandro Dumas, que se entregaban en cuadernillos ilustrados a precios accesibles. En enero de 1859, desde la misma imprenta y con colaboradores similares, comenzó a publicarse “El Eco de Entre Ríos”, dirigido por Honoré Roustand, un uruguayo hijo de franceses que impulsó diversas iniciativas de interés público en la ciudad.</p><p>Otro dato que da la pauta de la presencia que tenía la colectividad francesa en Gualeguaychú es el hecho de que algunos textos publicados en esos diarios aparecían directamente en francés. Uno de ellos, publicado en El Eco del Litoral el 6 de abril de 1856, convocaba a los residentes franceses a firmar una solicitud dirigida al ministro de Francia en Buenos Aires para designar un vicecónsul en la ciudad. A partir de ese mismo año, y hasta su fallecimiento en 1876, fue Lefevre quien se desempeñó como agente consular de Francia en Gualeguaychú.</p><p>Los antiguos periódicos locales también dejaron registro de la impronta francesa en la actividad comercial y la vida cotidiana de la ciudad. Emprendimientos como el molino de Crucet, la jabonería y velería de Adela A. de Rivier, la botica “El Indio” de Pedro Peytaví, la mueblería y tapicería de Soulié, o la fotografía de Jardim y Berger. También funcionaban cafés regentados por Dutté, Lalanne, Bon y Descoins, así como el Hotel París de Roustand.</p><p>En marzo de 1856, por ejemplo, el periódico El Eco del Litoral publicaba un aviso de “Madama Gotier, modista francesa”, quien ofrecía gorras, plumas, flores y cintas recién llegadas de París, además de confeccionar manteletas, capas y otras prendas de moda. También estaban presentes por aquel entonces el sombrerero Esteban Clement, que restauraba galeras en la calle San José; y el sastre Devese, que se dedicaba a la compostura y limpieza de ropa masculina.</p><p>En cuanto a su involucramiento en la enseñanza, cabe señalar que franceses e hijos de franceses, como Florencia Marreins (1883-1977), primera directora y maestra de la Escuela Nº 9, no se limitaron a incorporarse como docentes en las escuelas ya existentes, sino que también impulsaron la creación de nuevos establecimientos educativos. Algunos de ellos tuvieron una prolongada trayectoria, como el Colegio Franco-Argentino, que estaba ubicado en Urquiza 120.</p><p>En 1858 aparecía en “El Eco del Litoral “este aviso dirigido a las familias: “A las madres de familia. El día 15 del corriente se abrirá un colegio francés de señoritas, dirigido por la señorita Bertha Grimaux, quien enseñará religión y moral, lectura, escritura, aritmética, gramática francesa, geografía, historia, dibujo, reglas de urbanidad y diversas labores”. En el mismo periódico se anunciaban además “lecciones particulares de teneduría de libros e idioma francés, según un método teórico-práctico breve y sencillo”, a cargo de don Luis Grimaux.</p><p>A estas iniciativas se sumaban las escuelas de Marcela Vidart, Micaela Etchenique, Domingo Plandolit, Olegario Errasquin, Graciana Garat, el Colegio Argentino dirigido por Cayetano Huguet, con profesores Mauleón y Ledesma, y la pequeña escuela de Carmen Bot, que ya funcionaba hacia 1860.</p><p>Otros franceses contemporáneos que dieron sus aportes a la ciudad fueron el arquitecto Ferdinand Lebleu, quien presentó al general Urquiza en 1858 el proyecto del primer muelle del puerto. De hecho, el primer farol público a kerosene de la ciudad fue donado por Lefevre y Poitevín en 1863, cuando se inauguró dicho muelle. También fue un francés, Benjamín Lambert, quien instaló los primeros teléfonos en Gualeguaychú. Y la fotografía más conocida de la ciudad pertenecía a Luis Dorgebal, frente a cuya cámara muchos vecinos posaron, rodeados de palomas y azucenas.</p><p>Juan Iroumet fue el primer ecónomo del Hospital de Caridad en 1866; Casimiro Labastie presidió la comisión encargada de construir el nuevo cementerio ese mismo año; Luis Rauschert tuvo a su cargo los registros matrimoniales y de nacimiento en la Municipalidad desde 1874; y el ingeniero Pedro Eberlé dirigió las obras del nuevo cementerio inaugurado en 1877.</p><p>El doctor Chaumery introdujo cepas traídas de Francia para elaborar vino; Crucet instaló el primer molino harinero a vapor; y Enrique Gambier trajo las primeras máquinas para enfardar lana en su barraca del barrio de la estación. Incluso la alimentación cotidiana cambió con la llegada de los franceses a Gualeguaychú: el pan casero, amasado en los hogares, fue reemplazado gradualmente por el pan francés elaborado por panaderos como Pedro Margalot, los hermanos Batmalle, Domingo Partarrieu, “Petit” Philipe y Juan Pedro Laplacette, conocido como “Yampier” (Jean-Pierre).</p><p>Otra curiosidad que rescató Elsa Bachini en sus investigaciones es que, a pesar de la distancia, la colectividad francesa mantuvo fuertes vínculos con su país de origen. Cada acontecimiento que ocurría en el Viejo Mundo tenía repercusión entre los residentes locales. Así, en septiembre de 1875 se organizó en Gualeguaychú una colecta para ayudar a los damnificados por inundaciones en el sur de Francia, iniciativa que reunió numerosos aportes de vecinos, cuyos nombres fueron publicados en los periódicos de la época.</p><p>Los franceses también cultivaban la vida social y las celebraciones patrióticas, organizando reuniones y banquetes para conmemorar fechas importantes de su país. En 1860, por ejemplo, los residentes celebraron el cumpleaños de Napoleón con una gran cena en el Hotel de París. Del mismo modo, el 14 de julio (Aniversario de la toma de La Bastilla) y la recordación de la batalla de Sebastopol eran ocasiones especiales para reunirse y festejar.</p><p>De aquellas celebraciones surgiría, finalmente, una institución destinada a perdurar: el 14 de julio de 1881, por iniciativa de Luis Vicat, se creó la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos “Unión Française”. Esta entidad levantó su sede en la calle Luis N. Palma y construyó también un panteón en el cementerio local, donde descansan muchos de los franceses que contribuyeron al desarrollo de la ciudad.</p><p>De esta manera, aunque a veces parezca que el paso del tiempo dejó de lado la importancia de los franceses en Gualeguaychú, el archivo histórico y las historias que salen a la luz, nos permiten recordar a este y otros tantos grupos migratorios que nutrieron de multiculturalidad la identidad local y permitieron que la ciudad progrese y se desarrolle como tal.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDWwJZg9qy0ORLBDYuLIifukcSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/franceses.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Durante la segunda mitad del siglo XIX, muchos franceses se integraron a la comunidad local en los más diversos ámbitos y marcaron con su impronta la prensa escrita, la educación y la industria. Aunque no siempre se los recuerde, este grupo de inmigrantes contribuyó de manera especial al desarrollo de la ciudad en una época en la que aún todo estaba por hacerse.]]>
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            María Luisa Guerra, la gualeguaychuense prodigio que conquistó la escena musical europea
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JvrhvoC6pV7bWpS-upRiA7NOKH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/maria_luisa_guerra_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Gualeguaychú es cuna de artistas. Siempre lo fue. Desde los grandes escritores que le dieron su fama de “ciudad de los poetas” hasta los cientos de músicos, bailarines y carroceros que dan vida cada verano al Carnaval del País. Ejemplos hay muchos; innumerables. Pero existe una historia, quizá no tan conocida, que destaca por el contexto en que transcurrió y por su protagonista: la de María Luisa Guerra. Una niña prodigio que a finales del siglo XIX deslumbró al público europeo con sus dotes de pianista y llegó a ser nombrada Baronesa por la Corona Española.“La Flor del Plata”, como le llamaron en España, nació en Gualeguaychú el 8 de junio de 1869 en el seno de una familia acomodada de la ciudad. Hija de Francisco Guerra y de Bárbara Cortínez, creció en una casa ubicada en la esquina de 25 de Mayo y Rocamora, donde tiempo más tarde existiría el Bazar Alemán de los hermanos Crespo.</p><p>Según se reseña en el libro “Mujeres de Gualeguaychú”, desde temprana edad manifestó una marcada inclinación por la música y notables condiciones para el piano. Tal es así que sus tíos, Leopoldo Guerra y Fátima Zunino, la llevaron a Rosario, Santa Fe, con apenas seis años para impulsar su formación artística. Allí estudió con el maestro Narciso Fontanals y, dado su evidente talento, fue llevada con 10 años a Europa para continuar sus estudios y su prometedora carrera musical. Antes de partir, María Luisa ofreció un concierto de despedida en el Club Recreo Argentino, donde despertó gran admiración. Una imagen que se repetiría en las incontables salas y teatros que le aguardaban al otro lado del océano.</p><p>Ya en el Viejo Continente, se convirtió en discípula del maestro Luca Fumagalli, en Milán. Allí profundizó sus estudios, perfeccionó su técnica y desarrolló plenamente sus dotes de intérprete. Continuó su camino bajo la tutela del máximo concertista español Carlos Vidiella y de Melchor Rodríguez de Alcántara en Barcelona, para luego seguir con Valentín Arín en la Escuela Nacional de Música de Madrid.&nbsp;</p><p>En sus conciertos de Barcelona y París, el público quedaba deslumbrado por su ejecución artística y su corta edad. Tal es así que la Asociación Musical Barcelonesa la hizo socia honoraria, y el Ateneo de Barcelona le regaló una medalla de oro como homenaje “a su genio y mérito indiscutible”.</p><p>Pero su verdadera consagración llegaría entre 1890 y 1895, a lo largo de seis conciertos que dio en el Ateneo de Madrid, el cual la nombró socia de mérito, un hecho sin precedentes en la historia de la entidad. Y es que el Ateneo de Madrid se encontraba en una época en la que abrazó la modernidad y dio espacio a que la mujer ocupase un rol de concertista profesional. A su vez, daba un lugar preponderante al público femenino que, según la prensa de aquel entonces, llegaba incluso a desbordar la capacidad del propio salón durante las veladas.El periódico El Nuevo Progreso recoge la noticia de una de las actuaciones de María Luisa en abril de 1890 y destaca que “el entusiasmo del público fue indescriptible, y la ovación de las más entusiastas que el Ateneo ha presenciado”, mientras que El Liberal -cinco años más tarde- señala que “la musa del Ateneo, como llaman algunos socios de esta casa a la célebre pianista argentina, tiene el privilegio de atraer a los salones de aquella corporación mayor auditorio que todas las eminencias políticas y literarias que allí suelen dar sesiones y conferencias”.</p><p>En medio, en 1893, la revista madrileña “Blanco y Negro”, publicaba que “la inspirada pianista (...) ha obtenido recientemente en el Ateneo de Madrid uno de los triunfos más entusiastas, unánimes y valiosos de su brillante carrera artística”. Maestros ilustres en el arte de Euterpe, profesores no fáciles de entusiasmar, público, en fin, perito, autorizado y escogido como pocos, tributó a la Srta. Guerra (...) una ovación delirante y entusiasta, arrancada a pulso por las raras dotes de esta artista”, seguía.</p>Retrato de 1893, publicado en Blanco y Negro<p>Y completaba: “Las obras más difíciles de Thalberg, Raff, Chopin, Liszt y Heller, son dominadas de todo en todo por la bella y muy simpática ejecutante, en tales términos, que, según opinión autorizada, desde Rubinstein no se ha oído en Madrid nada parecido”.&nbsp; Por aquel entonces, María Luisa tenía 23 años. Se dice que era profundamente tímida, y que antes de comenzar a tocar se conmovía hasta un estado nervioso, casi enfermizo, que desaparecía en el instante en que apoyaba los dedos sobre el piano y desplegaba su prodigioso talento interpretativo. También se la describe con un aspecto frágil, de delicada silueta, brazos delgados y manos trémulas, de ojos grandes, oscuros y cabellos renegridos.</p><p>En 1895 viajó a Gualeguaychú y ofreció en el mes de noviembre dos conciertos en el Teatro 1° de Mayo, un recinto para 700 personas que estaba ubicado en la actual calle Urquiza, entre Mitre y 3 de febrero, frente a la plaza. Los recitales estuvieron organizados por las damas de la Sociedad de la Caridad: uno de ellos a beneficio de la Comisión Pro Monumento al presbítero Luis N. Palma; y el otro destinado a las obras que realizaban para sostener un colegio y hogar de huérfanos y ancianos.&nbsp;</p><p>Para la ocasión, encargaron traer desde Rosario un piano de cola, se enviaron invitaciones al Gobernador de Entre Ríos y a destacadas personalidades, se contrató la orquesta del maestro Batlle y se programó alternar la música con recitados de poemas y canciones. Fue un éxito: se vendieron en su totalidad las entradas generales y los derechos a palcos, cazuelas y lunetas de ambas funciones. El piano fue destinado como premio para una rifa que realizaron un mes después.Días más tarde, el 17 de noviembre, María Luisa partió hacia Buenos Aires desde el Puerto de Gualeguaychú a bordo del vapor “Oriente G”. Eran las cuatro de la tarde de un domingo primaveral. Dejaba atrás a su ciudad querida, cuyo amor y reconocimiento seguramente le significaban más que cualquier otro honor recibido lejos de casa.Según se reseña en la edición Nº 21 de Cuadernos de Gualeguaychú, estuvo unida a su pueblo natal por la asidua correspondencia que mantenía con sus familiares y cedió tierras para que se trazara el camino al Cementerio. Esto último se relaciona con otra de sus cualidades, el uso generoso que dio a su inmensa fortuna: tanto la que heredó, ya que sus padres fallecieron cuando era adolescente, como la que amasó con su propio talento.Tanto por su fama y admiración, como por su elevada posición económica y social, mantuvo relación con las élites europeas de la época. Al punto tal que el rey de España Alfonso XIII la distinguió con el título nobiliario de Baronesa, en reconocimiento a su técnica y a su sensibilidad artística.María Luisa se estableció en San Sebastián, en la costa norte de España, donde tenía una finca a la que llamó “Villa Argentina”. Allí descansaba de sus giras artísticas y vivió hasta el final de sus días cuando falleció en 1949, a la edad de 80 años. En su honor, la ciudad española la homenajeó con una calle. Lo mismo hizo Gualeguaychú, pero recién en 1973, cuando nombró Guerra a la continuación de la calle Brasil, que va desde Urquiza hasta la Costanera.A este y al otro lado del Atlántico, “La Flor del Plata” dejó una huella singular. Protagonista de la escena musical europea hace más de un siglo, trajo orgullo a la ciudad que la vio crecer y convertirse en una joven digna de admiración; y fue un ejemplo más de las grandes mujeres gualeguaychuenses que con su vida y obra marcaron el rumbo para que otras puedan ocupar espacios históricamente vedados y desarrollen con plenitud su talento y vocación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JvrhvoC6pV7bWpS-upRiA7NOKH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/maria_luisa_guerra_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Conocida como “La Flor del Plata”, llegó a ser una de las mejores concertistas del mundo a finales del siglo XIX. Con un don innato para la música, dejó su Gualeguaychú natal para formarse con los grandes maestros de Europa y despertar la ferviente admiración del público ilustrado cada vez que tocaba el piano.]]>
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                <published>2026-02-28T21:27:00+00:00</published>
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            A 174 años de la Batalla de Caseros, el rol clave que tuvo Gualeguaychú
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AaRPz5IJdcDH-yjKgIwalGxE9SM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/02/batalla_de_caseros.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 3 de febrero de 1852 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. Ese día, en la Batalla de Caseros, Juan Manuel de Rosas fue derrotado por el Ejército Grande, integrado por fuerzas de Brasil, Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes, bajo el liderazgo del entonces gobernador entrerriano Justo José de Urquiza.</p><p>Pero Caseros no fue solo un hecho ocurrido en las cercanías de Buenos Aires. Fue el resultado de un proceso político y militar que tuvo escenarios claves en el interior, y Gualeguaychú ocupó un lugar destacado en ese camino hacia la organización constitucional.</p><p>Luego del Pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, el 1° de mayo de 1851, fue necesario tejer alianzas, consolidar acuerdos y planificar la campaña que culminaría en Caseros. En ese contexto, Gualeguaychú fue sede de una reunión decisiva. Los días 29 y 30 de junio de 1851, en la Isla de la Libertad, se encontraron Justo José de Urquiza, el canciller oriental Herrera y Obes y el comandante de la Armada Brasileña, Eugenio Garzón. Allí se discutieron y afianzaron los acuerdos políticos y militares que sostendrían la ofensiva contra Rosas. Apenas habían pasado dos meses del Pronunciamiento, y el rumbo de la historia comenzaba a definirse.</p><p>En medio de ese clima de transformaciones, el 4 de noviembre de 1851, la Villa San José de Gualeguaychú fue elevada oficialmente a la categoría de ciudad por decreto de Urquiza. Este ascenso refleja la importancia estratégica y política que Gualeguaychú había adquirido en ese momento histórico.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AaRPz5IJdcDH-yjKgIwalGxE9SM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/02/batalla_de_caseros.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El 3 de febrero de 1852 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. Ese día, en la Batalla de Caseros, Juan Manuel de Rosas fue derrotado po...]]>
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            Los vascos: un linaje protagonista de la historia de Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vZOSwMlN96o-t6cFpU0Jk0CJHqY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vascos_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A lo largo de la historia, un mosaico de pueblos y culturas contribuyeron al progreso de la ciudad y a formar la identidad gualeguaychuense como la conocemos. Entre ellos, estaban los vascos. Asentados desde tiempos inmemoriales en un territorio que hoy abarca el norte de España y el suroeste de Francia, el pueblo vasco es uno de los más antiguos del Viejo Continente, con una continuidad poblacional desde por lo menos el Neolítico. Su rasgo más distintivo es el euskera, una lengua no indoeuropea y sin parentesco demostrado con otros idiomas conocidos.</p><p>Durante siglos, este grupo étnico ha mantenido sus tradiciones, sus instituciones comunitarias y una fuerte conciencia de su identidad a pesar de las invasiones de otros pueblos y los procesos de romanización, primero, y de modernización después. Pero las diversas crisis, guerras y transformaciones sociales que se sucedieron en Europa llevaron a los vascos a buscar nuevos horizontes, y Argentina fue uno de ellos.</p><p>Según la historiadora local Delia Reynoso, la presencia de los vascos en América también responde “a su vocación de navegar y a sus cualidades”, motivos por los cuales participaron “desde el primer momento de la aventura castellana”. “De hábitos sencillos y austeros; como rasgos distintivos de su modo de ser, se le reconocen la franqueza y la tenacidad.&nbsp; Esta última característica es símbolo de tesón y sacrificio, pero al mismo tiempo se aplica para caracterizarlos como porfiados y testarudos”, describió la historiadora en sus escritos.Reynoso ha identificado tres grandes etapas en el arribo de los vascos a nuestro país. La primera coincide con los procesos de exploración, conquista y colonización, que van desde principios del siglo XVI hasta las luchas por la Independencia. Entre aquellos funcionarios, soldados y sacerdotes pasaron a la historia nombres como el de Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Ortíz de Zárate, Juan de Ayolas, Domingo Martínez de Irala, los virreyes Vértiz y Nicolás de Arredondo, o el Fray Martín Ignacio de Loyola. Durante la segunda etapa se produjo la mayor afluencia de vascos, y esta coincide con el período de organización nacional, a lo largo del siglo XIX. Y la tercera, que fue de escasa incidencia en Entre Ríos, se dio en el siglo XX, motivada por la Guerra Civil Española.</p><p>Siguiendo este relato, cabe mencionar que los vascos estuvieron en Gualeguaychú desde las épocas previas a su fundación en 1783. El primer bautismo documentado en la capilla que erigieron los pobladores primigenios data de 1764 y es el de María Josefa de la Cruz, la hija de un matrimonio vasco. A su vez, en las actas capitulares de la naciente Villa aparecen apellidos vascos entre sus habitantes.</p><p>Un dato no menor es que al día de hoy muchísimos apellidos presentes en Gualeguaychú tienen un origen vasco: Orué, Echazarreta, Navarro, Urtazún, Aramburu, Echegoyen, Echeverría, Elizalde, Etchepare, Irigoyen, Mendizábal, Olazábal, Arrate, Salaberry, Murúa, Unzué, Izaguirre, Irigoitía, Ochoa. La lista sigue.Volviendo al protagonismo de los vascos en la temprana organización territorial y productiva de la zona, se pueden mencionar a algunos de los primeros terratenientes como José Antonio de Ormaechea y Miguel de Arburúa, quienes establecieron estancias y hornos de cal en la denominada Calera de los Vascos, en la zona de Ñancay. Yendo a la ciudad ya constituida como tal, cabe señalar que José Antonio Haedo, figura importante de la Gualeguaychú de principios del siglo XIX, provenía del Reino de Vizcaya, en el País Vasco. Hoy su propiedad es la reconocida Casa Museo de Haedo y el edificio más antiguo que sigue en pie en la ciudad.Otros datos curiosos de la época reseñados por Reynoso indican que durante la segunda Invasión Inglesa de 1807, las milicias de Entre Ríos estuvieron bajo el mando de un vasco y contaron con una importante participación de vecinos de Gualeguaychú de ese mismo origen. También está el hecho de que, en 1810, la adhesión de la Villa a la Junta de Mayo fue firmada, entre otros, por tres vecinos de origen vasco, dos de los cuales fueron firmes partidarios de la Revolución.Hacia 1837, el primer saladero de la zona perteneció a un vasco, Juan Iriarte. Años después, en ese mismo lugar se estableció el Frigorífico Gualeguaychú, del cual algunos de sus fundadores también tenían sangre vasca, Ignacio Olaechea y Julián Irazusta. Este último fue el apellido del primer intendente de Gualeguaychú, Don Cándido Irazusta, quien también era vasco, de Gipuzkoa.Tanto en nuestra ciudad como en otras partes de Entre Ríos, los vascos tuvieron un papel destacado en la ganadería, la lechería y la explotación agropecuaria. En las ciudades se dedicaron al comercio, la hotelería, la industria y los oficios, ganando fama por su espíritu emprendedor y su fuerte ética de trabajo. Muchas estancias, tambos y casas comerciales importantes tuvieron origen vasco. Una de ellas fue Casa Goldaracena, el histórico almacén de ramos generales de Gualeguaychú fundado en 1864 por el inmigrante vasco-navarro Eusebio Goldaracena.</p><p>Un ejemplo de este vínculo con la hotelería es el emblemático Hotel del Vapor, que estaba ubicado en el centro de la ciudad y pertenecía a un inmigrante vasco. Lo mismo sucedía con la posada de Isabel Ardans de Harispe, una familia vasco-francesa. Junto a esta posada, propiedad de los Harispe, se creó la “Cancha de los Vascos”, emblema de dicha colectividad en Gualeguaychú que sigue en pie hasta nuestros días. Algunas fuentes apuntan que se construyó hacia 1869 y otras ubican la fecha en torno a 1890. Lo cierto es que los miembros de la Asociación Civil Cancha de los Vascos (instituida como tal en 2011) celebran el nacimiento de una nueva época de la Cancha cada 20 de septiembre.&nbsp;Se trata de la fecha que lleva una foto de 1916 en la que posan jugadores de "Xare" (o "Share"), una de las especialidades de la Pelota Vasca, que constituye el registro documental datado más antiguo de la Cancha. Ese año, un grupo de amantes del juego de “Pelota Mano” (otra modalidad del tradicional juego) arrendó la cancha a la familia Harispe y creó el “Club Pelotaris Unidos”, nombre con el que fue reinaugurada en 1918. Luego, en los años 30, se la empezó a llamar “Cancha de los Vascos”, y es así como se la conoce al día de hoy.</p>Jugadores de pelota vasca de Gualeguaychú en 1916. Créditos: Blogspot de la Cancha de los Vascos.<p>Desde 2009, la “Cancha de los Vascos” forma parte por Ordenanza Municipal del Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbanístico de Gualeguaychú. Un reconocimiento a una de las tantas huellas profundas que este pueblo de raíces singulares y milenarias dejó a través de sus inmigrantes en nuestra ciudad.</p>Otro registro de la Cancha de los Vascos. La foto data aproximadamente de la década de 1930, cuando dejó de llamarse Club de Pelotaris Unidos.]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vZOSwMlN96o-t6cFpU0Jk0CJHqY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vascos_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde los orígenes de la ciudad, muchos inmigrantes provenientes del País Vasco (Euskadi) se asentaron en ella y ocuparon un papel destacado en el comercio, la producción y la política local. Con el tiempo, sus familias y apellidos pasarían a formar parte constitutiva del tejido social gualeguaychuense, trayendo consigo sus costumbres e idiosincrasia.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-02-01T00:59:00+00:00</published>
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            Arqueología en Gualeguaychú: un proyecto para desenterrar nuestra historia de ocho sitios clave
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NIaGpZnhMPSQ9oNt4rlyo60kwCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/arqueoterra_arqueologia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos tiempos, Gualeguaychú ha mostrado un renovado interés por conocer parte de su pasado perdido: reivindicando el legado de sus pueblos originarios; sacando a la luz la historia invisibilizada de los afrodescendientes en la ciudad; o incluso desenterrando los restos fósiles de la megafauna prehistórica que alguna vez caminó por estas tierras.</p><p>Y es que hay nueva generación de jóvenes profesionales -tanto oriundos de la ciudad como radicados en ella- que encuentran en la Historia, la Antropología y la Arqueología la “caja de herramientas” con la cual recuperar historias olvidadas o poco exploradas, para así complejizar y enriquecer el relato que hace a nuestra identidad y pasado en común.</p><p>Dos representantes de esta nueva impronta son Axel Weissel y la gualeguaychuense Micaela Rossi, ambos licenciados en Ciencias Antropológicas con Orientación en Arqueología, quienes forman parte de la Cooperativa Arqueoterra. La novedad que trascendió en los medios locales es que el pasado 29 de diciembre, en la ciudad de Paraná, Arqueoterra firmó un convenio con la Provincia, representada a través del Museo Provincial de Ciencias Naturales y Antropológicas “Prof. Antonio Serrano”, a partir del cual se le dio permiso para la prospección y excavación arqueológica de ocho sitios clave de Gualeguaychú y sus alrededores. El acuerdo, respaldado por el Decreto Provincial Nº 3.503/25 y la Secretaría de Cultura de Entre Ríos, tiene una vigencia de tres años.</p><p>Dicha prospección arqueológica -es decir, el proceso sistemático de explorar y localizar yacimientos y evidencias en un área- así como las excavaciones, se darán en el marco de su proyecto titulado “Primeras aproximaciones arqueológicas al período posthispánico y al proceso de la modernidad de la Ciudad de Gualeguaychú”.</p><p>La iniciativa cuenta con el apoyo institucional del Museo de Ciencias Naturales y Arqueología “Prof. Manuel S. Almeida”, la Fundación Azara, Conicet y la Universidad Maimónides, así como con el acompañamiento de la Subsecretaría de Cultura, Deporte y Juventudes de la Municipalidad de Gualeguaychú, a través de la museóloga Natalia Derudi y del subsecretario de Cultura, Luis Castillo.</p><p>Tras conocerse la noticia, Ahora ElDía conversó con los jóvenes arqueólogos para saber más detalles del proyecto e indagar en su motivación y búsqueda. “A grandes rasgos, y como su nombre lo indica, el proyecto trata sobre el estudio arqueológico de la formación y transformación de la ciudad, desde el período post hispánico hasta la modernidad. Esto implica estudiar ciertos lugares que son clave para comprender todo ese paso histórico que se da entre la llegada de los españoles y la ciudad que conocemos al día de hoy; con sus dinámicas sociales, económicas, políticas, arquitectónicas, etcétera”, explicó Rossi, y aclaró que participarán del mismo otros arqueólogos y estudiantes de arqueología de la cooperativa, así como también Natalia Derudi, quien actualmente está al frente del Museo Casa de Haedo.&nbsp;&nbsp;</p><p>Entre los nombres de quienes integran el equipo está el de la Lic. Ornella Zollo, el Lic. Gustavo Candela, Esteban Ali Brouchoud, Marta Noelia Echeverría, la Dra. Beatriz Rodríguez Basulto y el Dr. Marcelo Weissel. Por otra parte, cabe aclarar que si bien el proyecto no cuenta en este momento con presupuesto, la idea de los investigadores es poder acceder a uno.</p><p>Esta iniciativa tiene larga data. Weissel y Rossi forman parte de Arqueoterra desde 2015 y 2018, respectivamente. Al coincidir en sus intereses, comenzaron a organizar el proyecto en 2022. Weissel, quien se encuentra terminando su doctorado con una tesis centrada en el patrimonio arqueológico del sur entrerriano, agregó que también decidieron encarar este proyecto como un desarrollo que se integre a su formación de posgrado. Rossi, por su lado, se está doctorando en arqueología con el foco puesto en temas de cerámica, etnoarqueología y fisicoquímica en el territorio de Catamarca.</p><p>Ocho lugares clave desde donde mirar nuestra historia</p><p>La Casa de Haedo y el Museo Casa Natal de Fray Mocho son dos de los sitios históricos que serán investigados. Completan la lista la Isla Libertad, el Monumento de los Antepasados, la Unidad Penal Nº 2, los yacimientos ribereños Cerro Lorenzo 1 y Cerro Lorenzo 2 (cerca de Cerros Indios) y un área potencial vecina al río Uruguay -del lado entrerriano, frente a la Isla Vizcaíno- en la cual podría ubicarse el primer asentamiento de la histórica Reducción Santo Domingo Soriano, fundada a principios del siglo XVII.</p><p>Rossi contó que la elección de los lugares tuvo que ver con el proceso o momento histórico que les interesa abordar: “Son todos sitios que podemos estudiar desde la arqueología urbana, y que nos hablan sobre la organización de la sociedad desde aquel primer asentamiento de Gualeguaychú en adelante: para entender cómo se fue transformando y qué procesos sociales, políticos y económicos -las tres grandes esferas desde las que se estudia a las sociedades- sucedieron para que la ciudad sea lo que es hoy”.</p><p>Por su parte, Weissel señaló que apuntan a realizar muestras comparativas, tanto de los objetos que puedan encontrar y de los rasgos arquitectónicos de los bienes inmuebles como de los sedimentos que componen los estratos inferiores de los sitios a excavar. En lo inmediato, contó que continuarán trabajando con el Museo Casa Natal de Fray Mocho, luego de la primera intervención de rescate que hicieron el año pasado en la cual hallaron una estructura subterránea: “La intención es profundizar, ampliar esa estructura que descubrimos, que tiene un formato de cúpula hecha con ladrillos del siglo XIX; queremos saber si se trata de una letrina y/o cisterna, y para eso hay que terminar de abrirla”.</p><p>Luego, su intención es seguir por la Casa de Haedo, sitio vinculado a la investigación de la afro-entrerrianía y del esclavismo en el pasado de la ciudad, una de las temáticas abordadas por Rossi con anterioridad. Al respecto, Weissel indicó que tienen identificado en un plano de época “otra imagen de pozo, que pareciera como el de Fray Mocho, por lo que quizás encontremos ahí otra estructura soterrada”. “También se está proyectando una remodelación de la estructura del fondo de la Casa de Haedo, así que nos viene perfecto para realizar un estudio de impacto arqueológico, asociado a nuestra investigación y también a las necesidades concretas del municipio”, agregó.</p><p>Por otro lado, consultado sobre qué puede hacer la comunidad de Gualeguaychú para colaborar con este proyecto, el arqueólogo destacó la importancia de que puedan seguir a la Cooperativa Arqueoterra en redes sociales (en Instagram @arqueoterra.coop y en Facebook /ArqueoterraCooperativa) y difundir sus noticias.</p><p>&nbsp;“Nuestro interés es que esto sea comunitario, que se desarrolle con muchas personas siguiendo lo que vaya ocurriendo y que la construcción social de la investigación se dé valorando los procesos necesarios, técnicos, científicos, sociales y comunitarios. Los interesados también pueden sumarse a actividades que realicemos en el Museo Almeida u otros sitios; vamos a intentar dar charlas y/o talleres abiertos a la comunidad. Y, por otro lado, cuando terminemos de desarrollar el sistema de financiamiento comunitario en ciencia, también pueden sumarse. Entendemos que la ciencia se construye con todas las personas de una comunidad, ya que adquiere sentido y valor cuando es con y para ellas”, remarcó.</p><p>En busca de la Reducción de Santo Domingo SorianoUno de los lugares para los cuáles los arqueólogos solicitaron y obtuvieron su permiso de prospección y excavación se vincula a su búsqueda del sitio primigenio en el que habría funcionado la Reducción de Santo Domingo Soriano, antes de establecerse definitivamente en el Uruguay. Este fue uno de los asentamientos más antiguos de la Banda Oriental y un punto clave en la etapa inicial de la colonización del Río de la Plata. Su origen se remonta a comienzos del siglo XVII, cuando los españoles, con la participación de órdenes religiosas —principalmente franciscanos—, establecieron una reducción destinada a concentrar y evangelizar a grupos indígenas, en especial chanás y guaraníes.</p><p>Las reducciones de indios eran asentamientos creados por la Corona española tras la conquista del Río de la Plata con el objetivo de concentrar a las poblaciones indígenas para controlarlas y evangelizarlas, administrando su forma de vida y su organización del trabajo. Los nativos debían adoptar nuevas normas de vida, el idioma español y la religión católica. Si bien en algunos casos brindaron cierta protección frente a abusos externos, estas reducciones significaron la pérdida de autonomía cultural, territorial y social para las comunidades originarias.</p><p>Inicialmente, la Reducción de Soriano no tuvo un emplazamiento fijo. Diversas investigaciones históricas, entre ellas las de Don Manuel Almeida, sostienen que su primera ubicación pudo haber estado en el territorio que hoy pertenece a nuestra provincia, sobre la margen occidental del río Uruguay, y que posteriormente el asentamiento se habría trasladado a la margen oriental, donde terminó consolidándose en el actual departamento de Soriano.</p><p>“No se sabe con certeza dónde estuvo la reducción. Don Manuel Almeida la buscó. Estuvimos en diálogo con su hijo, Raúl, conversando acerca de dónde podría estar y de cómo podríamos volver a buscarla, sobre todo teniendo en cuenta los movimientos del río Uruguay, que han ido cambiando las costas”, contó Weissel, y detalló: “Es así que en el permiso de investigación, pedimos una zona potencial para dar con ella. Es una de nuestras búsquedas, y está asociada a Punta Caballo, una zona cerca de Puerto Landa, en la cual en momentos de bajada del río Uruguay se podía cruzar a la otra orilla a caballo. Sería uno de los puntos claves para dar con la búsqueda de una reducción que tuvo a miles de personas viviendo ahí. Sería sorprendente que no quedara nada, pero primero hay que hacer el trabajo de campo e interpretar las evidencias que encontremos”.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NIaGpZnhMPSQ9oNt4rlyo60kwCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/arqueoterra_arqueologia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un equipo de jóvenes arqueólogos obtuvo la autorización de la Provincia para investigar y excavar en ocho lugares estratégicos de Gualeguaychú y alrededores, con el objetivo de reconstruir, desde la arqueología urbana, el proceso histórico que va del período posthispánico a la modernidad. El proyecto, impulsado por la Cooperativa Arqueoterra, busca aportar nuevas miradas sobre la conformación de la ciudad.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-01-18T00:03:36+00:00</published>
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            Una uruguaya de 97 años reveló que hizo tareas de espionaje en Mar del Plata para Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L6aMVZ37a82ELClBuSoDSawPGJY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/12/uruguaya.avif" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tiene 97 años, es alta y delgada, tiene su pelo corto gobernado por canas e intensos ojos azules. Es uruguaya y en su niñez, sus padres, con descendencia escocesa e inglesa, querían que se relacionara únicamente con los inmigrantes de la colonia británica y no con niños nativos. Se considera anglouruguaya y por primera vez en su historia, decidió contar su verdad: en 1982 espío los movimientos navales argentinos durante la Guerra de Malvinas desde un edificio en ruinas en Mar del Plata y expuso una vez más las maniobras que utilizó Gran Bretaña para comprometer la defensa de los territorios del Atlántico Sur.</p><p>Es la historia jamás contada de una mujer que fue reclutada por los ingleses para la transmisión de información secreta. Es Ruth Morton, quien decidió hablar con el periodista y amigo de la familia Graham Bound, el fundador del Penguin News, el diario de las islas. Durante su conversación reveló no solo las estrategias operativas, sino también el fuerte legado familiar de espionaje que moldeó su destino.</p><p>Su padre, Eddie, era empresario, y su madre, Margaret, enfermera. Había, a su vez, dos hermanas mayores, Rose Lily y Miriam. Ruth nació una década después. “Yo solía decir que era inglesa. Recuerdo que a mi madre no le gustaba que fuera amiga de los niños de al lado porque eran uruguayos”, le confió al podcast BBC Outlook.</p><p>Hay un trasfondo que precedió la misión en el Atlántico Sur. Morton y su familia tenían antecedentes en inteligencia británica desde la Segunda Guerra Mundial. Según contó, su padre reclutó a sus hermanas para roles de comunicación secreta. Hacia 1939, año donde estalló el conflicto bélico tras la invasión de las tropas nazis a Varsovia, el padre trabajaba en las Oficinas Centrales del Ferrocarril de la capital uruguaya, que se convirtió en un brazo de la inteligencia británica. Convocó a sus dos hijas mayores para que interceptaran los mensajes, los tradujeran y los transcribieran. “Él conocía su deseo de ser útiles para la causa. Sabía que serían buenas en ese trabajo. Estoy segura de que el hecho de que hablaran ambos idiomas fue una gran ventaja”, indicó Ruth.</p><p>Eran operaciones secretas realizadas por un grupo de ocho integrantes, de los cuales seis eran mujeres. “Era el secreto peor guardado de Montevideo que los espías se reunían en un café llamado el Oro del Rin. ¿Por qué era Uruguay un centro de actividad? Porque se había convertido en uno de los principales proveedores de grano, carne, cuero y lácteos para Gran Bretaña", apuntó Graham Bound en la entrevista. Con apenas once años, Ruth era consciente que pertenecía a una familia de espías y entendía que debía ser cuidadosa en su aporte. Cuando sonaba el teléfono de su casa, atendía y escribía cada indicación. “A veces no sabía lo que estaba recibiendo o transmitiendo, pero tenía que hacerlo palabra por palabra, debía recordar cada palabra y transmitir los mensajes”, relata.</p><p>Décadas después, desde los servicios de inteligencia británicos recordaron a la familia Morton que había servido en la Segunda Guerra Mundial. Miriam fue reclutada nuevamente cuando Argentina inició el proceso de recuperación de las Islas Malvinas, 37 años después del fin del conflicto bélico que se desarrolló en Europa a mediados de siglo. La mujer, contadora de la embajada británica en Montevideo, convocó a Ruth, que por entonces tenía 53 años, estaba casada y tenía una hija. Recalcó cómo fue elegida por su hermana Mina para la tarea de espionaje: “Era mi jefa en esos días. Sabía lo que se necesitaba y se dio cuenta de que yo sería menos sospechosa, así que me mandó”.</p><p>Las dos viajaron a Buenos Aires. “Mi trabajo principal era vigilar el movimiento de tres submarinos”, comentó la mujer, en referencia a su misión en la base naval de Mar del Plata. Los submarinos eran el ARA Santa Fe, ARA San Luis y ARA Santiago del Estero.</p><p>El operativo, supervisado desde Montevideo por una agente con nombre en clave Claire, exigía vigilancia directa de la base, un escondite improvisado bajo las tablas de un edificio parcialmente destruido y la utilización de rutas alternativas para reportar la información. Morton detalló: “Había un espacio para arrastrarse debajo que me daba una vista perfecta de los submarinos a solo unos cientos de metros”.</p><p>La espía uruguaya narró las condiciones físicas de su puesto: “Era arenoso, sucio y sumamente incómodo porque no había espacio. Ni siquiera podías sentarte. Me salieron ampollas en las rodillas y codos de tanto arrastrarme, pero fue al principio, luego me acostumbré”. En cuanto a su estado emocional, Morton sostuvo: “No estaba emocionada. Solo debía tener mucho cuidado en hacerlo palabra por palabra” al transmitir información, y remarcó su objetividad en la tarea.</p><p>El contacto con la red de inteligencia requería una compleja cadena comunicativa. Ruth recordó: “Si tenía información sobre movimientos de submarinos, debía tomar por lo menos dos autobuses hacia el interior, luego usar un teléfono público para llamar a un contacto anglo-argentino. Este le daba otro número para llamar, uno diferente cada vez, y le contestaba alguien con acento británico”. Morton admitió sus reservas: “No me gustaba esa persona, yo no le gustaba a esa persona, y finalmente desapareció”.</p><p>El operativo enfrentó complicaciones al momento de informar un movimiento relevante: “Salieron los tres. Entonces sí, pensé que debía informarlo”. Al no poder contactar a su intermediario, optó por una vía alternativa prohibida: “No debía, pero tenía un número que no tenía que usar, pero como el intermediario había desaparecido, me arriesgué y lo usé”, explicó Morton.</p><p>La precariedad económica también afectó a la espía. Cuando los fondos destinados para gastos desaparecieron junto al contacto anglo-argentino, Morton recurrió a sus habilidades manuales: “Tejía gorros que decían ‘Mar del Plata’ y se vendían como pan caliente”. Indicó que distribuía los gorros a través del portero de un hotel local.</p><p>Durante sus jornadas bajo el edificio, encontró un inesperado aliado animal: “Encontré a ese carpincho, era muy sociable y compartíamos bocados. Era un animal viejo y muy amigable. Olía mal, pobre. Olía muy mal, pero era simpático”. Relató cómo el carpincho resultó determinante en su supervivencia: “Una noche, un barco en el mar disparó justo al sitio donde estábamos y alcanzó al carpincho entre los ojos y no supo nunca qué lo golpeó. Simplemente cayó. Cayó al agua. Sí, me salvó la vida porque podría haber sido yo”.</p><p>Tras ese incidente, su contacto Claire le ordenó que abandonara el puesto de observación: “Me fui. No había nada que hacer. Me despidieron”. Sin embargo, Morton señaló que, en retrospectiva, nunca se sintió más segura. Poco después, recibió un reconocimiento firmado por las fuerzas británicas, junto con un bol de plata. Morton manifestó su incomodidad ante el galardón: “Me molestó. Porque no quería ningún reconocimiento. Lo hice porque pensé que era lo correcto, y no esperaba ninguna retribución”. Morton nunca había revelado su historia, ni siquiera a su hija Patty.</p><p>Fuente: Infobae</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L6aMVZ37a82ELClBuSoDSawPGJY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/12/uruguaya.avif" class="type:primaryImage" /></figure>La historia jamás contada de Ruth Morton, una mujer oriunda de Montevideo y de padres británicos, que comprometió la defensa de Argentina durante el conflicto bélico]]>
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                <published>2025-12-23T17:25:48+00:00</published>
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            Colocaron banderines para reforzar el compromiso con la memoria afro en la Casa de Haedo: qué significa cada color
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d_iaNnLb7ejS6gHpxCf_RoI3nfo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/11/casa_de_haedo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La iniciativa se desarrolla bajo la línea de trabajo “Memoria Étnica – Presencia de Afrodescendientes en Gualeguaychú”, que busca poner en valor la influencia de esta comunidad en la historia y en la identidad cultural de la ciudad.</p><p>En coherencia con su rol como Sitio de Memoria, la Casa de Haedo incorporó a su fachada una intervención simbólica que recupera los colores asociados a la cultura africana: el rojo, que recuerda la sangre derramada y la vitalidad de sus expresiones artísticas; el verde, que alude a la tierra trabajada y al vínculo con la naturaleza; el amarillo, ligado a la riqueza natural, el sol y la espiritualidad; y el negro, que representa identidad, resistencia y pervivencia. Estos colores, presentes también en banderas de países como Etiopía, Ghana, Guinea y Senegal, transforman la fachada en un gesto visual que abre el museo a la comunidad y reafirma su compromiso con una memoria plural.</p><p>Como parte de este proceso, el museo continúa ofreciendo su material documental y bibliográfico a quienes deseen investigar o reconstruir historias familiares vinculadas a la presencia afro en la región. Estas instancias ya han generado encuentros enriquecedores y fortalecen la misión del museo como espacio de reflexión y memoria activa.</p><p>¿Cómo podés sumarte a la propuesta?La participación es sencilla y abierta. A través de un formulario de Google, el Museo inicia un diálogo ágil y accesible que permite llegar a un amplio número de vecinos. Otra manera de sumarse es acercarse personalmente a la Casa de Haedo y compartir la propia historia familiar, especialmente en aquellos casos donde se sospecha la presencia de ancestros africanos. Muchas veces, solo algunos indicios llegan hasta las generaciones actuales: las historias marcadas por el destierro, el sometimiento o la desigualdad suelen ser las menos transmitidas, porque el dolor tiende a permanecer silenciado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/d_iaNnLb7ejS6gHpxCf_RoI3nfo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/11/casa_de_haedo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Museo Casa de Haedo profundiza su trabajo como Sitio de Memoria con una intervención que destaca los aportes afrodescendientes a la historia y la identidad local.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2025-11-19T11:36:51+00:00</published>
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            A partir del sábado, podrá visitarse la exposición de fotografías “Memorias de Gualeguaychú” en Casa De Deken
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/42VExykuBrDdMlkGsP8MJdl4du8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/muestra_gualeguaychu.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco del 242° aniversario de la fundación de San José de Gualeguaychú, el Museo de la Memoria Popular “Osvaldo Delmonte”, ubicado en Casa De Deken (25 de Mayo Nº 734), invita a la comunidad a disfrutar de una muestra especial de fotografías antiguas que retratan el pasado histórico de la ciudad.</p><p>A través de estas imágenes, los visitantes podrán conocer cómo era la vida cotidiana, los paisajes y las transformaciones de Gualeguaychú desde su fundación, el 18 de octubre de 1783, por Tomás de Rocamora. Se trata de una propuesta que invita a reencontrarse con los orígenes de la ciudad y a revivir su memoria colectiva.</p><p>La muestra estará abierta al público el sábado 18 y domingo 19 de octubre, en el horario de 10 a 13 h y de 17 a 20 h, con entrada libre y gratuita.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/42VExykuBrDdMlkGsP8MJdl4du8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/muestra_gualeguaychu.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el marco del 242° aniversario de la ciudad, la muestra se expondrá el sábado 18 y domingo 19 de octubre con entrada libre y gratuita.]]>
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                                <category term="ciudad" label="Ciudad" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2025-10-16T23:17:07+00:00</published>
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            Los rastros del pasado: de los dinosaurios patagónicos a los gigantes del Gualeguaychú prehistórico
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                <![CDATA[Isidro Alazard]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/shZ6T_Od_6_Jh-uV5Jt3hboJ6DA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/opaleontologos_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La paleontología argentina volvió a ocupar titulares en los últimos días tras la difusión de un hallazgo extraordinario durante el nuevo streaming del Conicet: un huevo fosilizado de un dinosaurio carnívoro encontrado en la Patagonia. Se trata de una pieza excepcional, que se destaca por su integridad y un gran potencial para aportar información inédita sobre reproducción, desarrollo y diversidad de los dinosaurios carnívoros que vivieron en la Patagonia hace aproximadamente setenta millones de años.</p><p>“Nunca vimos algo así, nunca vimos un huevo tan bien preservado. Esto es de un dinosaurio carnívoro, muy parecido al Bonapartenykus”, resaltó uno de los paleontólogos en medio de la sorpresa. Esta sería una de las últimas especies de dinosaurios que habitaron el sur del continente antes de su extinción.</p><p>Inspirados la experiencia del Conicet en el Mar Argentino, la “Expedición Cretácica I” busca replicar su esencia, pero esta vez en tierra. La transmisión en vivo a través de streaming permite acercar al público el trabajo que implica excavar, limpiar y preservar materiales tan frágiles como lo son los fósiles prehistóricos y, por qué no, mostrar descubrimientos en tiempo real.</p><p>La expedición tiene lugar a &nbsp;unos 70 kilómetros al sur de la ciudad de General Roca, en Río Negro, donde trabaja un equipo de 14 paleontólogos que busca determinar no solo el origen exacto del huevo, sino también su contenido y su contexto ecológico.</p><p>“Es muy importante que hayamos llegado a tantas personas”, confesó a Ahora ElDía Nicolás Chimento, paleontólogo y doctor en Ciencias Naturales a cargo del Área de Paleontología del Museo Manuel Almeida de Gualeguaychú, que se encuentra en la expedición de la Patagonia.</p><p>“Haber tenido esta masividad que tuvo el streaming me parece muy emocionante. Que los chicos nos hayan mandado fotos mirándonos desde la escuela, o los dibujitos desde sus casas en todo el país, e incluso fuera de Argentina, realmente me gratifica muchísimo, y a todo el equipo también”, confesó sobre su actual proyecto.</p><p>De Río Negro a nuestra región</p><p>Mientras tanto, a más de 1.200 kilómetros de distancia, el sur entrerriano conserva su propio pasado prehistórico, aunque de una era mucho más reciente. En la zona de Gualeguaychú, los paleontólogos han encontrado restos de megafauna del Pleistoceno, animales que poblaron estas tierras hace alrededor de 11.000 años.</p><p>Por ejemplo, hace unos meses, en el arroyo Las Piedras, se recuperaron piezas óseas de gigantes herbívoros que coexistieron con los primeros grupos humanos de la región: un fragmento de húmero de Megaterio (un perezoso gigante terrestre) y placas óseas del caparazón de un gliptodonte (una mulita gigante).</p><p>“La mayor parte de la provincia tiene yacimientos que datan de la Era de Hielo”, introdujo para hablar de nuestra región Chimento. “En aquel entonces, la media térmica en todo el mundo era más baja que la actual y el clima de la región era distinto, más árido y con ambientes más abiertos, como los pastizales. Hace 18 mil años se dio el pico máximo de bajas temperaturas, y desde entonces el clima comenzó a calentarse. Con el calor avanzaron los bosques y selvas, disminuyeron los pastizales y las poblaciones de grandes mamíferos que habitaban allí. La última de estas reducciones fue hace unos 11.000 años y coincide con el momento en que aparecemos los seres humanos, por lo que quizá fuimos nosotros quienes les dimos el golpe final”, contextualizó.</p><p>Chimento explicó que, en la región, la paleontología se centra en el hallazgo de mamíferos extintos, dado que las condiciones geológicas hacen que sea prácticamente imposible acceder a restos fósiles más antiguos como, por ejemplo, de dinosaurios. Uno de los descubrimientos más destacables fueron los restos del temible smilodon, conocido popularmente como tigre dientes de sable, encontrados en un campo de Sarandí, departamento de Gualeguaychú, en 2021.</p><p>Nicolás resaltó que, efectivamente, “Se han encontrado restos fósiles de dinosaurios en Entre Ríos”, pero en la zona noreste de Entre Ríos (cerca de Concordia y Chajarí), ya que allí existen capas geológicas que datan de hace más de 65 millones de años.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/shZ6T_Od_6_Jh-uV5Jt3hboJ6DA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/opaleontologos_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un huevo fosilizado de dinosaurio carnívoro hallado en la Río Negro volvió a poner a la paleontología argentina en el centro de la escena, pero, ¿qué tipo de gigantes habitaron nuestro suelo hace miles de años?]]>
                </summary>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2025-10-11T23:53:46+00:00</published>
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            Cómo ver el streaming del Conicet para descubrir dinosaurios y otros fósiles
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/como-ver-el-streaming-del-conicet-para-descubrir-dinosaurios-y-otros-fosiles" type="text/html" title="Cómo ver el streaming del Conicet para descubrir dinosaurios y otros fósiles" />
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/x4Boal6ZDTdUPOp3HN6PDAe4yrc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/streaming_conicet_donisaurios.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>l Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) anunció la primera transmisión en vivo de una campaña paleontológica, por la cual se buscan fósiles y dinosaurios en la Patagonia. De esa forma, muchos interesados se pregunta cómo se puede ver este streaming.</p><p>Esta apuesta surge tras el éxito del streaming que se hizo desde el fondo del Mar Argentino en agosto de este año. De esa forma, se mostraron los descubrimientos que hicieron investigadores del Conicet en colaboración con la fundación Schmidt Ocean Institut durante la expedición llamada Oasis Submarinos del Cañón de Mar del Plata: Talud Continental IV. Este generó gran expectativa y emoción en las redes sociales y obtuvo picos de audiencia.</p><p>¿Cómo ver el streaming de los dinosaurios?</p><p>Según informó el Conicet, el streaming de esta campaña se podrá ver desde YouTube, ya que se transmitirá a través del canal Paleocueva Lacev. También se podrá ver por Instagram en la cuenta @paleocueva_lacev.</p><p>Se podrá mirar en vivo entre el 6 y 10 de octubre. Esta emisión es posible gracias a la instalación de internet satelital de alta velocidad en el campamento.</p><p>Todo lo que hay que saber sobre el nuevo streaming del Conicet</p><p>La campaña que se transmite en vivo se llama expedición Cretácica I y cuenta con el apoyo del Conicet, la Fundación Azara y National Geographic. Esta empezó el 28 de septiembre pasado y culminará el 15 de octubre. Su objetivo es busca fósiles que permitan continuar el trabajo que comenzó un año atrás, cuando miembros del equipo descubrieron la garra de un dinosaurio inédito en la Argentina.</p><p>En esta ocasión, trabajan 14 investigadores liderados por Federico Agnolín, científico del Conicet del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (Lacev-Conicet), emplazado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-Conicet). Estos realizan prospecciones en la provincia de Río Negro, cerca de la localidad de General Roca, en un yacimiento que ha dado el material más valioso conocido para fines de la Era de Los Dinosaurios en la Patagonia. Este tiene una antigüedad de 70 millones de años y se cree que sus orígenes se remontan a poco tiempo antes de que cayera el meteorito que resultó en la extinción de los dinosaurios gigantes.</p><p>Puntualmente, los científicos pretenden continuar el trabajo interrumpido durante el último día de la campaña anterior en 2024, cuando descubrieron la garra de un dinosaurio conocido como Bonapartenykus ultimus. Ahora, excavan en el mismo sitio del primer encuentro para encontrar los restos faltantes. Además, en ese sitio los investigadores han encontrado una cantidad sin precedentes de restos fósiles, incluyendo los hallazgos más completos de mamíferos, pequeños lagartos, serpientes, varios tipos de dinosaurios, e incluso nidadas de más de cuatro especies de estos gigantescos reptiles. Según indicó el Conicet, esto lo convierte en "la ventana más completa del continente para poder entender lo que sucedió con el mundo de los dinosaurios antes de su extinción".</p><p>Durante los días que se transmitirá la campaña paleontológica en tiempo real, los espectadores podrán ver el modo en que los científicos sacan los fósiles de las rocas e interactuar con ellos en tiempo real. “Nuestro streaming va a ser diferente al del fondo del mar porque nuestro viaje no es geográfico. No es que vamos a un mundo nuevo, sino que vamos a un mundo más bien temporal. A través de los huesos que encontremos, vamos a mostrar un mundo nuevo a través del tiempo”, reflexionó Agnolín.</p><p>Desde el Conicet adelantaron que uno de los momentos más prometedores de la transmisión será durante la llamada “gran excavación”. En ese sentido, Agnolín señaló: “Creemos que van a aparecer elementos fósiles nuevos, hallazgos en vivo y en directo de fósiles de dinosaurios”. Y el científico agregó que “se va a poder captar ese instante de emoción que nos inunda a los paleontólogos cuando aparece un fósil nuevo, que es una cosa que jamás había sido filmada”.</p><p>Fuente: La Nación&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/x4Boal6ZDTdUPOp3HN6PDAe4yrc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/streaming_conicet_donisaurios.png" class="type:primaryImage" /></figure>Tras el éxito de la transmisión hecha en el fondo del Mar Argentino, ahora se mostrará en vivo una campaña paleontológica en la Patagonia.]]>
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                                <category term="pais" label="País" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2025-10-07T16:23:21+00:00</published>
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            Urdinarrain cumple 135 años: una historia que comenzó con el paso del tren en 1890
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5qmz2hyp8NHaJz29J1PUoMaQk5A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/urdinarrain.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Urdinarrain se llama así en honor al general Manuel Urdinarrain. El 23 de septiembre de 1890 se inauguró la Estación Urdinarrain, llamada entonces Estación Villa Florida, al margen de las líneas del ferrocarril General Urquiza, del cual hoy solo funciona su línea de carga, esporádicamente</p><p>Las líneas férreas separaron en dos a la villa que, por un lado seguía siendo Florida (al sur-este) y por el otro&nbsp;Villa Mitre (al nor-oeste ) pero, luego del&nbsp;censo&nbsp;de 1895, se unificó bajo el nombre de Urdinarrain, en honor al jefe de&nbsp;caballería&nbsp;del general&nbsp;Justo José de Urquiza.</p><p>Con el tiempo, estas villas se fusionaron en una sola entidad que tomó el nombre de Villa Echagüe. &nbsp;La denominación de Villa Echagüe generaba confusiones con otra estación existente en la provincia.&nbsp;Por lo tanto, años mas tarde, autoridades y vecinos solicitaron que el poblado y la estación adoptaran el nombre de "Urdinarrain", en honor a la estación de ferrocarril.&nbsp;</p><p>El poblado comenzó a recibir&nbsp;inmigrantes&nbsp;europeos, en el cual confluenciaron en esa zona y favorecidos por el reparto de tierras que propiciaba el gobierno nacional. A los habitantes&nbsp;criollos&nbsp;se sumaron: suizos,&nbsp;franceses,&nbsp;alemanes,&nbsp;italianos,&nbsp;españoles,&nbsp;neerlandeses, belgas,&nbsp;británicos, rusos,&nbsp;checos,&nbsp;eslovacos, búlgaros, rumanos,&nbsp;irlandeses,&nbsp;judíos asquenazíes&nbsp;y&nbsp;polacos, además de otras nacionalidades.</p><p>El crecimiento&nbsp;agrícola&nbsp;y&nbsp;ganadero&nbsp;se hizo sostenido a través del tiempo y en los primeros años del siglo&nbsp;XX&nbsp;el pueblo ya evidenciaba un progreso perseverante y continuo. En 1825 Carlos Meillard y Francisca Kreynborg instalaron en su estancia un generador de&nbsp;energía eléctrica, que se convirtió en la primera en la zona. Luego en 1926 llegó de visita oficial al pueblo el presidente&nbsp;Marcelo T. de Alvear&nbsp;junto a su esposa, en una jornada que fue la primera gran fiesta popular de Urdinarrain y luego presenciaron un día de “yerra” en la&nbsp;estancia&nbsp;de don Santiago Crosa. Uno de los primeros médicos fue el Doctor Julio Sánchez Ruiz que fue Director del Hospital Belgrano en ocasión del traspaso del Hospital a la provincia.</p><p>Con el transcurso de los años, al poblado se le fueron sumando escuelas, clubes, paseos y fiestas populares, como también se han popularizado en este último tiempo bandas de música variada en todos los géneros y coros.Urdinarrain&nbsp;es un municipio distribuido entre los distritos&nbsp;San Antonio&nbsp;y&nbsp;Pehuajó al Norte, con una pequeña parte en el&nbsp;distrito Talitas&nbsp;del&nbsp;departamento Gualeguaychú&nbsp;en la&nbsp;provincia de Entre Ríos,&nbsp;República Argentina. El municipio comprende la&nbsp;localidad&nbsp;del mismo nombre y un área rural. Se halla ubicada al sur de la provincia y cuenta con una población de 10.315 habitantes según el&nbsp;censo de 2022.&nbsp;</p><p>El área urbana de Urdinarrain se encuentra situada a los 58°&nbsp;53’ de longitud oeste y 32°&nbsp;41’ de latitud sur. Sus principales actividades económicas son la&nbsp;agricultura&nbsp;y la&nbsp;ganadería.</p><p>Como comunidad nacida a la vera del paso de un tren y vinculada por el hilo tangible e intangible de los inmigrantes, Urdinarrain supo hacer un reconocimiento a la estación, transformándola en complejo cultural, lo que puso en valor al Museo Agrícola al aire libre y al pulmón verde del Paseo San Martín.Fuente: CristalUrdi&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5qmz2hyp8NHaJz29J1PUoMaQk5A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/urdinarrain.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Un pequeño recorrido por los acontecimientos que formaron un Municipio que es parte de nuestra historia]]>
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                                <category term="departamento" label="Departamento" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2025-09-23T21:05:52+00:00</published>
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            Se cumplen 135 años desde que inició el servicio ferroviario en Gualeguaychú
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ecp5PFscGvlkDr79HlgBsQ3tLBo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/06/ferrocarril_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 23 de septiembre de 1890 quedó inaugurado el ramal Gualeguaychú – Basavilbaso, hecho que permitió que nuestra ciudad se integrara al resto de Entre Ríos a través del ferrocarril, el medio de transporte más innovador y transformador de aquel tiempo.</p><p>&nbsp;La llegada del tren no solo significó progreso y comunicación, sino también la posibilidad de dar origen a nuevas localidades, como General Urdinarrain, que reconoce esta fecha como su fundación al celebrarse el paso del primer servicio oficial.</p><p>Hoy, a 135 años de aquel primer viaje, se recuerda este hecho trascendental que marcó la historia de Gualeguaychú y de toda la provincia, transformando la vida de generaciones.</p><p>En el Museo de la Estación hay una muestra permanente para &nbsp;más sobre la historia del ferrocarril en la ciudad. El horario de visita es de martes a viernes de 8 a 15 horas (horario corrido). Y los sábados, domingos y feriados de 8 a 12 horas &nbsp;y de 13 a 17 horas.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ecp5PFscGvlkDr79HlgBsQ3tLBo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/06/ferrocarril_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>El 23 de septiembre de 1890 quedó inaugurado el ramal Gualeguaychú – Basavilbaso, hecho que permitió que nuestra ciudad se integrara al resto de Entre...]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2025-09-23T13:52:00+00:00</published>
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            16 de septiembre: Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kALkRen0eGqDs1vyb05bmKEBagI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/la_noche_de_los_lapices.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 16 de septiembre en nuestro país se conmemora el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios, en memoria de los trágicos hechos conocidos como La Noche de los Lápices, ocurridos en 1976 durante la última dictadura cívico-militar.</p><p>Aquel día, un grupo de estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata que impulsaba la implementación del boleto estudiantil sufrió la represión estatal. Muchos de ellos fueron perseguidos, secuestrados y desaparecidos, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por la educación pública, la participación juvenil y la defensa de los derechos humanos.</p><p>Esta fecha, incorporada al calendario escolar y social, constituye un llamado a la reflexión sobre la importancia de garantizar y proteger los derechos de los estudiantes, reconociendo su rol esencial en la construcción de una sociedad más justa, democrática e inclusiva.</p><p>Mantener viva la memoria es también un ejercicio colectivo de compromiso con el presente y con el futuro. Recordar a aquellos jóvenes significa sostener la bandera de la educación como derecho universal, la participación como herramienta de transformación y la justicia como pilar de la vida en comunidad.</p><p>Así, la jornada del 16 de septiembre no solo honra la memoria de quienes dieron su vida por un ideal, sino que también ratifica el compromiso de las instituciones educativas, de los organismos del Estado y de la sociedad en su conjunto con la defensa permanente de los derechos humanos y de la educación pública.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kALkRen0eGqDs1vyb05bmKEBagI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/la_noche_de_los_lapices.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada 16 de septiembre se recuerda La Noche de los Lápices, hecho trágico de 1976. La jornada invita a reflexionar sobre la importancia de la educación pública, la participación juvenil y la defensa de los derechos humanos.]]>
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                <published>2025-09-16T14:49:54+00:00</published>
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            Cartero: un oficio que logró transformarse y adaptarse al paso del tiempo
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1R0ASGTbWelYkdpJp_pIjP3Amvk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/carteros.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 14 de septiembre de 1771, Bruno Ramírez, un español nacido en Sevilla y que residía en Buenos Aires, comenzó a desempeñarse como el primer cartero oficial en el territorio argentino. En nuestra ciudad, la designación formal de este trabajo llegó más de 100 años después con el nombramiento de Cornelio Carricart, registrado en la lista de personal de 1874.</p><p>Sin embargo, Humberto Brumatti, un apasionado del servicio de correos y antiguo jefe del Correo Gualeguaychú, contó a Ahora ElDía que hay evidencia histórica de que personas particulares realizaban la entrega de las cartas en la ciudad. De hecho, en sus investigaciones, pudo hallar el nombre de una que se dedicaba a esta labor en 1846: Enrique Tuvo.</p><p>Brumatti, al igual que sus anteriores colegas, debió “hacer carrera” dentro del Correo para luego estar al frente de la administración. “Ingresé a los 15 años, en 1956, y entre 1968 y 1995 estuve a cargo de la sucursal de Gualeguaychú. Fui mensajero, cartero, telegrafista, encargado y jefe. Los que hacíamos carrera, empezamos de mensajeros. Nadie entraba directamente de jefe y el que llegaba arriba tenia conocimientos profundos de todos los sectores del correo, lo que era muy importante”.</p><p>Su etapa como cartero la ejerció en Islas del Ibicuy, donde estrechó relación con los vecinos del lugar. De hecho, entre risas recordó una linda anécdota de esos tiempos: “Había una señora que se llamaba Ricarda y era analfabeta. Entonces, cuando recibía cartas del hijo me decía que se las leyera. Incluso, alguna vez me hizo escribir a mí la respuesta. No digo que era usual, pero algunas veces ocurrían estas situaciones”.</p><p>Humberto contó que la forma de anunciar la llegada de las cartas a los hogares era al grito de “¡Cartero!”, porque la mayoría de las casas no tenía timbre. Los carteros no sólo debían garantizar la entrega de la correspondencia, sino cuidarse de que quienes la recibieran no fueran los perros: “Recuerdo que una vez en Ibicuy me intentó morder uno. Por suerte, la botamanga era más ancha y no alcanzó a agarrarme la pierna”, rememoró.</p><p>Cuando se hizo cargo del Correo Gualeguaychú, Brumatti señaló que había 10 repartos divididos en 14 carteros. “Antes el pueblo terminaba en los bulevares. De hecho, había un empleado que vivía del otro lado de Bv.Daneri &nbsp;y no pagaba impuestos porque estaba fuera del ejido. Durante mi gestión extendí&nbsp; la distribución hasta Arroyo del Cura porque la ciudad comenzaba a crecer. Había mucha correspondencia, la época de oro del Correo se extendió hasta los 70. Ya en los 90 empezaron los faxes, que reemplazaron un poco las cartas, y cuando me jubilé era un servicio que venía en declive, por el avance de la tecnología”, relató.</p><p>Muchos años antes de su retiro, Humberto conoció a dos carteros históricos “un tal Montero y un tal Gómez, que ya estaba jubilado. Ellos me comentaron que habían ingresado en 1917 y que algunos carteros hacían la distribución a caballo”.</p><p>Sin embargo, el medio de transporte por excelencia de los carteros en el siglo XX, era la bicicleta. Según detalló Brumetti, las bicicletas eran personales y el correo pagaba una subvención para su mantenimiento. Recién en 1980, recibieron dos “bicicletas oficiales”, que se les entregó a dos carteros.</p><p>Sobre el uniforme que llevaban, Humberto los describió con detalles: “Todos recibían dos mudas, una para el otoño-invierno, y otro para la primavera-verano. En invierno era de color negro, con la camisa y la corbata color caqui. Y en verano,&nbsp; todo el uniforme era marrón claro, chaquetilla, pantalón, camisa, corbata y gorra”.</p><p>Era frecuente que las docentes llevaran al Correo a sus alumnos para enseñarles cómo enviar una carta. Como parte de esta actividad, los niños escribían en clase alguna carta para sus padres, que luego enviaban el día de la visita.</p><p>“Tenía cierto encanto, sobre todo la correspondencia entre los enamorados, las cartas donde se expresaban los afectos eran cartas esperadas, ahora es todo al instante y expeditivo. La importancia que tuvieron las cartas es que permitieron conocer bastante la historia, y ahora se está perdiendo, porque sólo se habla por llamada o audio de WhatsApp. La historia oficial siempre queda registrada, pero lo que se está perdiendo es la historia chica”, reflexionó Brumatti.</p><p>Sin embargo, reconoció que el avance de la tecnología permitió otro tipo de comunicaciones que permite acortar distancias. “Durante la pandemia hacía videoconferencia con mis hijos, uno vive en Canadá y el otro, en ese momento, estaba en Italia. Así que fue una gran herramienta”.</p><p>Hasta 1991 en la ciudad había 20 buzones que luego se retiraron, y sólo quedó uno por solicitud de Humberto en la esquina de 25 de Mayo y Rocamora, como recuerdo de un sistema de comunicación que supo ser fundamental para la ciudad.</p><p>De las cartas a las encomiendas</p><p>Horacio Vieyra es Supervisor operativo del Centro de Distribución del Correo Gualeguaychú. Al igual que Humberto, sus inicios fueron como cartero, en su caso le tocó hacer el reparto por la zona de Pueblo Nuevo, Villa María y calle España al sur. Luego fue ocupando otros cargos dentro de la entidad.</p><p>En la actualidad, contó que en la ciudad hay 9 carteros que tienen como responsabilidad 12 repartos. “A pesar de que cambiaron las costumbres, que avanzó la tecnología y que las personas ya no mandan muchas cartas, se trabaja mucho con Mercado Libre, tenemos 300 encomiendas diarias por compras e-commerce. Además, siguen viniendo impuestos y&nbsp; resúmenes de tarjeta que se entregan. Lo que sí ocurrió es que se achicó la flota, por jubilaciones y por retiros voluntarios, pero la cantidad de repartos es la misma”. También, desde la sucursal se distribuyen por día entre 30 y 40 encomiendas a Villa Paranacito y Ceibas.</p><p>El plantel cuenta con &nbsp;7 con bicicletas, dos de ellas eléctricas, y 2 motos que van a lugares más alejados. Los carteros sólo entregan paquetes que son más chicos de que una caja de zapatos, los que superan este tamaño, son transportados en camionetas, que son tercerizadas.</p><p>Historia del Correo de Gualeguaychú por Humberto Brumatti</p><p>La Administración de Correos de Gualeguaychú se instaló el 21 de mayo de 1801 y dependía de Montevideo. En el mismo acto, se creó la posta local, nombrándose Maestro de Postas a Antonio Gómez, y postillones a sus hijos Juan y Pedro Gómez.</p><p>La correspondencia era transportada por chasques a caballo&nbsp;en la carrera de postas, también creada en 1801, que partía de Colonia, llegaba a Paysandú, luego&nbsp;cruzaba a territorio entrerriano, pasando por Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y finalizaba en Gualeguay. Desde Colonia se&nbsp;efectuaba el intercambio&nbsp;con Buenos Aires y Montevideo.</p><p>En los años siguientes, las cartas eran enviadas&nbsp;por las carreras de postas&nbsp;que llegaban a&nbsp;Paraná y Concepción del Uruguay pero, para mayor celeridad,&nbsp;también se aprovecharon los veleros&nbsp;que surcaban el río Uruguay e&nbsp;ingresaban a nuestro puerto, la mayoría con destino a Buenos Aires.&nbsp;En estos casos, se confiaban al patrón de la embarcación&nbsp;o a un pasajero, quienes en el puerto de destino&nbsp;estaban obligados&nbsp;a entregarlas al Capitán de Puerto, que las&nbsp;transfería al Correo, encargado de su transporte y distribución.</p><p>Cuando Giuseppe Garibaldi asaltó Gualeguaychú en 1845, la administración&nbsp;compartida&nbsp;de Rentas y Correos no escapó al saqueo, siendo robado todo el dinero que guardaba.&nbsp;</p><p>Reemplazando a los chasques, en 1860, fueron establecidos dos servicios de diligencias que partían de Gualeguaychú: uno&nbsp;con destino a Concepción del Uruguay, y otro a cargo de las Mensajerías de La Unión, que&nbsp;nos vinculó con Gualeguay, Victoria y Nogoyá, donde combinaba con otra diligencia que llegaba&nbsp;a Paraná. Todas cumplían sus recorridos&nbsp;en penosas jornadas por&nbsp;huellas polvorientas en verano&nbsp;e intransitables por lluvias en invierno,&nbsp;con peligrosos cruces de arroyos sin puentes. Mediante contratos, siempre transportaron correspondencia.</p><p>En 1872, Gualeguaychú fue integrado al&nbsp;más moderno sistema de comunicación de la época: el Telégrafo, que&nbsp;primero&nbsp;trabajó en forma separada,&nbsp;y en 1888&nbsp;fue&nbsp;unido&nbsp;al Correo bajo un mismo techo, pasando a denominarse Correos y Telégrafos.&nbsp;Entre 1888 y 1932 administrativamente dependía del Distrito&nbsp;que tuvo&nbsp;cabecera en Concepción del Uruguay, y&nbsp;después de Paraná.</p><p>Correos y Telégrafos&nbsp;fue una de las primeras instituciones oficiales de Argentina donde&nbsp;las mujeres ingresaron a la actividad laboral, cuando&nbsp;la mayoría de&nbsp;sus quehaceres&nbsp;estaban limitados al ámbito del hogar. En 1885, podíamos encontrar&nbsp;desempeñándose&nbsp;como auxiliares&nbsp;a Luisa Gros de Vicat&nbsp;en el Correo, y a Maximiliana Brian de La Rosa en Telégrafos.</p><p>Las comunicaciones terrestres&nbsp;cambiaron mucho en 1890,&nbsp;cuando&nbsp;Gualeguaychú quedó unida por ferrocarril al resto de la provincia, proporcionando notable calidad y celeridad al transporte de pasajeros, correspondencia y cargas.&nbsp;</p><p>Es importante mencionar que durante los primeros años, no se enviaban demasiadas cartas porque un gran porcentaje de la población era analfabeta. Sin embargo, la situación mejoró en la ciudad con la llegada de inmigrantes, sobre todo franceses, que sí sabían leer y escribir, y mandaban cartas a sus familiares en el exterior.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1R0ASGTbWelYkdpJp_pIjP3Amvk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/carteros.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En la actualidad, la sucursal local de Correo Argentino cuenta con 9 carteros que tienen a cargo 12 repartos a lo largo y ancho de la ciudad. A pesar de la irrupción de la tecnología y la disminución en el envíos de cartas, este trabajo se reconfiguró, sigue vigente y diariamente garantiza la llegada de 300 encomiendas de Mercado Libre a los domicilios de los gualeguaychuenses.]]>
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                <published>2025-09-14T13:12:41+00:00</published>
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