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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-06-22T01:05:04+00:00</updated>
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            Gualeguaychú 1978: entre el fuego, la inundación y el Mundial que no pudo tapar el horror
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MP_sXPB3tdYnffj6aVlEqKRcuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mundial_78_inundacion_incendio_gualeguaychu_11.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El primer título que consiguió nuestro país en un Campeonato Mundial de fútbol tiene el sabor de un triunfo amargo. Dos años después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la dictadura al mando de Jorge Rafael Videla enfrentaba crecientes denuncias internacionales por secuestros, torturas y desapariciones forzadas.</p><p>En ese contexto, la organización del torneo de 1978, otorgada a la Argentina una década antes, se presentó al gobierno de facto como una oportunidad para mostrar una nación unida, ordenada, moderna y en paz. Una herramienta con la que el régimen buscaría mejorar su imagen en el exterior y fortalecer su legitimidad en el plano interno, entendiendo que pocos elementos podían generar una identificación colectiva tan fuerte como el fútbol.</p><p>Con ese objetivo se puso en marcha una gigantesca operación política y comunicacional. A través del Ente Autárquico Mundial 78 se impulsaron obras de infraestructura, remodelaciones de estadios, mejoras aeroportuarias y hoteleras, la modernización de la televisión estatal y una intensa campaña de propaganda. Entre sus expresiones más recordadas quedó el eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”, concebido para responder a las denuncias sobre violaciones sistemáticas a los derechos humanos que llegaban desde distintos países.</p><p>A pocas cuadras del estadio Monumental, donde Mario Kempes se convertía en héroe nacional, funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de la dictadura. Algunos sobrevivientes recuerdan haber escuchado simultáneamente los festejos provenientes del estadio y los alaridos de las salas de tortura. Otros relatan cómo los represores colocaban televisores para que los detenidos siguieran los encuentros. Para muchos sobrevivientes, aquello formaba parte de una estrategia destinada a mostrarles que el mundo seguía adelante mientras ellos permanecían secuestrados y desaparecidos.</p><p>La contradicción atravesó a gran parte de la sociedad argentina. Durante los 25 días que duró el campeonato coexistieron comportamientos muy diversos. Hubo apoyo al régimen, indiferencia, miedo, resistencia, denuncias y celebraciones genuinas. Hubo ciudadanos que aprovecharon la llegada de periodistas extranjeros para difundir información sobre los desaparecidos. Hubo organismos de derechos humanos que redoblaron sus esfuerzos para romper el silencio. Y hubo millones de personas que simplemente se dejaron llevar por la pasión futbolera.</p><p>En años marcados por el miedo y la represión, la alegría y celebración colectiva se expresó de manera auténtica en las calles. Un fenómeno social contradictorio que deja la pregunta de cómo pudo convivir esa felicidad con el conocimiento, mayor o menor, de lo que estaba ocurriendo en el país; cómo la euforia popular y el terrorismo de Estado coexistieron en el mismo tiempo y espacio.</p><p>Durante aquella época, Gualeguaychú vivió en carne propia el terrorismo de Estado, que secuestró, desapareció y/o asesinó a 37 jóvenes de la ciudad. Varias familias sufrieron la pérdida de dos de sus hijos o hermanos. Al día de hoy, se sigue buscando a quienes nunca fueron encontrados y a dos bebés que fueron apropiados. Por otra parte, el horror de la Dictadura también se impartió en la ciudad a través de los allanamientos, amenazas y estigmas sufridos por las familias y amigos de las víctimas, así como también mediante la privación de la libertad por motivos meramente políticos que vivieron muchos otros gualeguaychuenses.Es por eso que la lectura sobre la contradicción social que se vivió en el Mundial 78’ también aplica a nuestra ciudad, que por supuesto también seguía de cerca a la Selección argentina. Pero aquel año particular atravesó a la comunidad gualeguaychuense con otros acontecimientos en los que se mezclaría el dolor y la desesperación con la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo.Según contó a Ahora ElDía el especialista local en fenómenos meteorológicos y testigo directo de los hechos, Daniel Hernández, Gualeguaychú sufrió un verano muy caluroso y salpicado de incendios en 1978. Muchos se produjeron en campos y montes, pero el más recordado tuvo lugar en pleno centro, en las tiendas Blanco y Negro, ubicadas en la esquina noreste de las calles 25 de Mayo y Chacabuco. Poco después, la mayor inundación hasta entonces registrada movilizó a la ciudad por completo.</p><p>Sobre el incendio de Blanco y Negro, Hernández recordó: “En el interior, la ropa de algodón y sintética colgaba de los expositores dentro de un verdadero invernadero. Sin corrientes de aire por estar cerrado en el mediodía de aquel domingo 8 de enero, el interior del único gran espacio del local debe haber alcanzado los 45 º C. Se desconocen las causas exactas, pero las 13.04 se recibió un aviso en el cuartel de Bomberos Voluntarios. El incendio, detectado originalmente cerca de la puerta ubicada sobre la calle 25 de mayo, crecía favorecido por la combustibilidad de la mercadería y calor interno. Estalló la primera vidriera cuando llegaba la primera dotación. La abrupta entrada de aire suministró el oxígeno necesario para generalizar el incendio”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Y siguió: “Rápidamente se atacó el fuego, pero la presión de la red de agua era insuficiente para subir a las cisternas y abastecer a los autobombas. Mientras el incendio se generalizaba, llegaban más dotaciones y se sumaron los regadores Municipales. El esfuerzo se concentró en evitar la propagación y daños a linderos. Muy cerca estaba la estación de servicio del Automóvil Club. Todo el mundo quería ayudar, y era difícil aún para la policía controlar a la gente que se acercaba con este propósito. Alguien tuvo una idea y pidió a todos que sostuvieran en alto las mangueras de abastecimiento que, ahora sí, traían agua hasta los autobombas desde una válvula hidrante. Se formó así un inmenso ‘ciempiés’ de 80 metros de largo. El fuego arrasó el interior de la tienda, pero se circunscribió sólo al local. Tres días después, se continuaba efectuando la remoción y extinción final, y el enfriamiento y retiro de los escombros”.</p><p>Tan sólo dos meses después, el sábado 18 de marzo, el río empezó a subir su nivel. “Los primeros pedidos de ayuda llegaron al cuartel de Bomberos Voluntarios, que acudió a auxiliar a los vecinos ribereños. Al principio improvisando, y con el correr de las horas inventando procedimientos y lugares de alojamiento. Las horas se sumaban al igual que las dotaciones, pero los pedidos de auxilio se multiplicaban. A las 21 horas, se reunió la junta local de Defensa Civil convocada por el intendente. Ya había más de 500 evacuados y el ritmo de crecida, que sorprendió a todos, aumentaba violentamente”, contó Hernández.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Y sumó: “Un casamiento debió ser suspendido en la mitad de la celebración porque el agua entraba al templo de la calle Alem. Inmensa cantidad de solidarios vecinos anónimos trabajaron ayudando a los inundados. Ya por la calle Caseros, navegaban lanchas auxiliando a los vecinos que tenían casi dos metros de agua en sus casas. No se supo de víctimas fatales, pero las pérdidas económicas fueron incalculables”.</p><p>A casi cinco décadas de aquellos acontecimientos, 1978 permanece en la memoria de Gualeguaychú como un año atravesado por contrastes. Mientras el país celebraba la conquista de su primer Mundial en medio de una de las etapas más oscuras de su historia, la ciudad enfrentaba sus propias tragedias, entre incendios devastadores, una inundación sin precedentes y el dolor silencioso que dejaba la represión. Un tiempo complejo y contradictorio, que nos obliga a recordarlo con más preguntas que respuestas y con la incomodidad de saber que la alegría y solidaridad colectiva, en la ciudad y el país, convivieron con la indiferencia del “no te metas”, la complicidad y la crueldad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MP_sXPB3tdYnffj6aVlEqKRcuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mundial_78_inundacion_incendio_gualeguaychu_11.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras la represión de la última Dictadura estaba en marcha, el gobierno de facto aprovechó que el país era anfitrión de la Copa del Mundo para limpiar su imagen ante la prensa internacional. No ajena a esta realidad y al contradictorio fervor mundialista, nuestra ciudad sufría a su vez los estragos de violentos incendios y una inédita crecida del río que quedaron en la historia.]]>
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                                                <category term="miradas" label="Miradas" />
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                <published>2026-06-20T22:43:00+00:00</published>
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            Estudiantes del Instituto Superior de Arte trabajan en la conservación de documentos históricos del exfrigorífico
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/swmXmNDfQH67JeQhuvkB4CND6jI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/estudiantes_isa_documentos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Estudiantes del Instituto Superior de Arte realizan tareas de conservación preventiva sobre una colección de libros de actas del directorio del exFrigorífico Gualeguaychú, resguardada en el Museo de la Memoria Popular.</p><p>La intervención se desarrolla en el marco de la cátedra E.D.I. “Conservación de Obras Artísticas y Culturales”, a cargo de la museóloga Natalia Derudi, y permite aplicar conocimientos específicos sobre el cuidado de bienes culturales y documentales.</p><p>La colección fue recientemente donada por Patricio Álvarez Daneri, quien conservó durante años estos materiales de gran valor histórico. Está compuesta por seis libros de actas que abarcan el período comprendido entre 1940 y 1968, vinculados al funcionamiento del directorio del exfrigorífico Gualeguaychú.</p><p>Si bien los ejemplares presentan un buen estado general, durante el relevamiento se identificaron distintos deterioros asociados principalmente a agentes biológicos, como la presencia de carcomas, insectos bibliófagos y hongos en sectores con manchas y signos de haber estado expuestos a condiciones de humedad.</p><p>Cada estudiante realizó un análisis detallado del ejemplar asignado, con registro técnico y fotográfico. A partir de ese diagnóstico, se llevaron adelante tareas de limpieza mecánica superficial y remoción de elementos que podrían afectar la integridad de los documentos a largo plazo.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/swmXmNDfQH67JeQhuvkB4CND6jI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/estudiantes_isa_documentos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La intervención se realiza en el Museo de la Memoria Popular sobre seis libros de actas del directorio del exfrigorífico, recientemente donados y vinculados a la historia productiva de la ciudad.]]>
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                <published>2026-06-18T18:37:35+00:00</published>
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            Incorporaron seis libros de actas del directorio del Frigorífico Gualeguaychú al Museo de la Memoria Popular
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MiM0v8TfAa6iTKtwtG8Xf860SRk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/archivos_frigorifico_gualeguaychu.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco del Día Internacional de los Archivos, que se celebra cada 9 de junio, el Museo de la Memoria Popular recibió a Patricio Álvarez Daneri, quien realizó una donación de material histórico vinculado al exfrigorífico Gualeguaychú.</p><p>La donación está compuesta por seis libros de actas del directorio del Frigorífico Gualeguaychú y una edición encuadernada del diario La Nación, publicada con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo.</p><p>Los libros incorporados corresponden a las actas del directorio del Frigorífico Gualeguaychú y abarcan distintos períodos de su funcionamiento institucional:</p><p>Libro N° 4: Acta N° 284 del 16/12/1940 al Acta N° 364 del 22/02/1945.Libro N° 5: Acta N° 364 del 22/02/1945 al Acta N° 431 del 18/02/1949.Libro N° 6: Acta N° 431 del 19/02/1949 al Acta N° 486 del 07/04/1952.Libro N° 7: Acta N° 488 del 05/05/1952 al Acta N° 538 del 30/07/1954.Libro N° 8: Acta N° 538 del 30/07/1954 al Acta N° 583 del 30/07/1956.Libro N° 13: Acta N° 816 del 03/09/1965 al Acta N° 891 del 02/10/1968.</p><p>Estos documentos se incorporan al acervo documental del museo, fortaleciendo el patrimonio público y ampliando las fuentes disponibles para la consulta y la investigación. Su valor histórico permite profundizar el conocimiento sobre una de las instituciones más relevantes en el desarrollo productivo y social de la ciudad.</p><p>La conservación de este tipo de materiales constituye una tarea central de los museos, como espacios responsables de resguardar, organizar y garantizar el acceso al patrimonio documental.&nbsp;</p><p>Desde el Museo de la Memoria Popular se continúa trabajando en la adecuada preservación de estos bienes patrimoniales, promoviendo su puesta en valor y su disponibilidad para investigadores, estudiantes y la comunidad en general.</p><p>Asimismo, se invita a quienes conserven material relacionado con la historia del Frigorífico Gualeguaychú a acercarse al museo, entendiendo que cada aporte contribuye a construir una memoria común más amplia y representativa.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MiM0v8TfAa6iTKtwtG8Xf860SRk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/archivos_frigorifico_gualeguaychu.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En el marco del Día Internacional de los Archivos, que se celebra cada 9 de junio, el Museo de la Memoria Popular recibió a Patricio Álvarez Daneri, q...]]>
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                <published>2026-06-12T18:24:34+00:00</published>
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            La ciudad que aprendió a contarse a sí misma: el nacimiento de la prensa en Gualeguaychú
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bk05DViOwb0bzsDhepZmt5rz024=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/imprenta_primeros_diarios.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 7 de junio, Argentina celebra el Día del Periodista en conmemoración de la fundación de “La Gazeta de Buenos Ayres” en 1810, el primer periódico patrio que fue creado por Mariano Moreno en plena etapa revolucionaria. La fecha encarna la defensa de la libertad de expresión, el derecho al acceso a la información y el principio de publicidad de los actos de gobierno, pilares indispensables para el desarrollo de una ciudadanía consciente y un pleno ejercicio de la democracia.</p><p>La pluma y pensamiento de Moreno se convirtieron en las herramientas conceptuales para justificar la legitimidad del nuevo gobierno y proyectar las bases de una república moderna, inspirada en las ideas de la Ilustración y la Revolución Francesa. El joven secretario entendió con claridad que un pueblo no puede ser verdaderamente libre si permanece en la ignorancia o si desconoce las decisiones de quienes lo conducen. Por esta razón, impulsó medidas culturales de vanguardia destinadas a democratizar el conocimiento y fomentar el debate público, tales como la creación de la Biblioteca Pública (hoy Biblioteca Nacional) y la traducción y distribución de “El contrato social” de Jean-Jacques Rousseau.&nbsp;Algunas décadas después, cuando la joven nación aún se desangraba en guerras civiles, Gualeguaychú vio el nacimiento de su propia prensa escrita. Lejos de ser un hecho casual o el resultado de una afición literaria, la circulación de la palabra por nuevos medios fueuna herramienta de construcción política forjada al calor de las tensiones nacionales, así como también el primer espejo público donde la sociedad local vio reflejadas sus transformaciones, carencias y aspiraciones.</p><p>Hoy, la reconstrucción de ese rico pasado es posible gracias al esfuerzo de instituciones que han comprendido que la memoria de un pueblo a veces se resguarda en sus papeles más frágiles. Una de estas iniciativas es la del Centro Documental Gualeguaychú, un proyecto que, según explicó la museóloga Natalia Derudi a Ahora ElDía, “nace desde los Museos de la Ciudad, con el claro objetivo de preservar la documentación de valor histórico que existe en distintos archivos y hemerotecas, no solo de Gualeguaychú, sino de distintos lugares de la provincia y el resto del país, donde ya hemos tenido la posibilidad de trabajar registrando miles de páginas".</p><p>La museóloga señaló, además, que "las constantes consultas de investigadores y las características propias del material, papel generalmente ácido y fragilizado, hicieron muy necesaria su creación", e indicó: “Hace ya más de un año se trabaja colaborativamente con la Biblioteca Popular Sarmiento. La labor a cargo de Danilo Praderio y la archivista Romina Derudi ya alcanzó toda la colección del siglo XIX y continúa con los periódicos locales del siglo XX. Un total aproximado de 9.000 periódicos ya fueron digitalizados”.</p><p>Este fondo documental, que también sumó valiosas colecciones preservadas históricamente por el Museo Mitre y la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata, cumple con los objetivos de la Ordenanza que le dio origen: conformar un acervo digital, clasificar, catalogar, almacenar y, sobre todo, democratizar el acceso a la información histórica, permitiendo que el material original quede resguardado del deterioro de la consulta manual.A partir de este archivo digitalizado y del trabajo previo de distintos historiadores, periodistas e investigadores que han estudiado los orígenes de la prensa local, hoy podemos echar un vistazo hacia aquel pasado en que nuestra patria chica se construyó también con el filo de la pluma.</p><p>El punto de partida se ubica a finales de la década de 1840. En su artículo titulado "Isidoro de María, el ancestro del periodismo local", el periodista Marcelo Lorenzo explica que hacia la segunda mitad del siglo XIX aparece el primer periódico en letras de molde fundado en la ciudad. Hasta ese momento, el panorama de la prensa en Entre Ríos era sumamente acotado: solo se editaba una publicación en Paraná, llamado "El Federal Entre-Riano”, un semanario que contaba con la redacción de don Severo González.</p><p>Ante esta escasez de canales informativos, el General Justo José de Urquiza tomó una decisión estratégica. Tal como recuperó el presbítero e historiador Juan Carlos Borques en su obra de 1919 “Ensayos históricos sobre el periodismo de Gualeguaychú. 1849-1870”, Urquiza era consciente de la insuficiencia del único periódico de Paraná, por lo que resolvió fundar “nuevas hojas” en el territorio provincial. Así es que encargó a don Antonio Cuya y Sampere la compra de dos imprentas en Montevideo: una fue destinada a Concepción del Uruguay y la otra a Gualeguaychú.</p><p>El investigador local Hugo Daroca, en sus estudios recogidos en el documento “Sobre la historia del periodismo de Gualeguaychú”, precisa que Urquiza consideró a Isidoro De María como la persona más idónea para poner en marcha el emprendimiento local. Se trataba de un simpatizante uruguayo que ya había ejercido la profesión en Montevideo. Además, era masón, lo cual lo ligaba al proyecto del caudillo entrerriano en la denominada "causa americana", un eje ideológico que luego se vería claramente en las columnas editoriales del periódico.De María llegó a la ciudad para convertirse en el redactor y tipógrafo de la nueva publicación, que en los primeros días de marzo de 1849 vio la luz bajo el nombre de “El Progreso de Entre-Ríos”. El taller de impresión y redacción se estableció en una casa alquilada ubicada en la intersección de las actuales calles Belgrano e Ituzaingó. Daroca describe a este bisemanario como una publicación de formato pequeño, de 30 por 20 centímetros, impresa en papel de hilo, estructurada a tres columnas y con una página dedicada exclusivamente a avisos económicos y sociales. Aparecía dos veces por semana y funcionaba netamente como un órgano de difusión del gobierno de Urquiza.</p><p>La misión de fondo de Isidoro de María era clara: preparar el terreno de las ambiciones políticas de Urquiza, creando un clima de opinión pública favorable a la causa liberal y de organización nacional que terminaría desafiando al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. En sus primeras tiradas, para evitar represalias inmediatas y no enemistarse antes de tiempo con el régimen porteño, el bisemanario lucía en su cabecera el tradicional lema federal obligatorio: “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!”. Sin embargo, todo cambiaría tras el histórico Pronunciamiento de Urquiza del 1 de mayo de 1851. A partir de entonces, la segunda parte del lema del periódico varió drásticamente hacia “Mueran los enemigos de la Organización Nacional”.</p><p>En sus ensayos, Borques retrató una supuesta aversión del régimen rosista hacia la libre circulación de ideas políticas y filosóficas, mencionando que durante dicho gobierno cayó drásticamente la cantidad de imprentas operativas en las provincias del Interior. Para ilustrar este fenómeno, el historiador cita a Sarmiento, quien decía que "Rosas teme más a la prensa que a las conspiraciones; una conspiración puede ser ahogada en sangre; pero un libro, una revelación de la prensa, aunque haya un puñal como el que dio fin a Varela, queda ahí siempre”.</p><p>De María permaneció durante once años en la localidad antes de retornar a Montevideo. En su paso por nuestra ciudad, de María no sólo ejerció el periodismo, sino que también cumplió la función oficial de Vicecónsul del Uruguay y fue un dinamizador clave de la cultura local, impulsando la creación del Teatro 1° de Mayo.</p>Isidoro De María<p>La evolución de la prensa escrita&nbsp;Tras el cierre de "El Progreso de Entre-Ríos” en julio de 1851, la actividad periodística local no se detuvo; por el contrario, se diversificó en una multiplicidad de cabeceras que daban cuenta de la intensa disputa facciosa y la evolución social de la comunidad. Los vecinos de nacionalidad uruguaya continuaron teniendo por muchos años las riendas del periodismo local en sus manos. En cada una de las columnas impresas se evidenciaba nítidamente el perfil ideológico y militante de sus redactores, divididos entre quienes apoyaban de manera cerrada el federalismo urquicista y aquellos que ejercían una abierta oposición.</p><p>El devenir de las publicaciones de la época permite trazar la siguiente cronología de la prensa local. El Federal Entre-Riano (1851–1852) fue la continuación inmediata del esfuerzo editorial tras el Pronunciamiento, redactado nuevamente por Isidoro de María. Luego apareció el Eco del Litoral (1853–1856), que contó con la tutela periodística de De María, figurando Enrique Tovo como editor responsable. Reflejando su carácter oficialista, la publicación fue directamente subvencionada por el propio General Urquiza hasta su cierre definitivo en 1856.</p><p>Ese mismo año surgió el El Mercantil (1856–1858), periódico que quedó bajo la dirección y redacción de Dermidio De María, hijo de Isidoro, quien continuó luego con La Época (1858–1859). Para el mismo tiempo apareció La Esperanza de Entre Ríos (1858), que duró menos de un año y se caracterizó por su audacia editorial, tono crítico y oposición al urquicismo, lo que le valió la hostilidad de amplios sectores del poder. Detrás de él estaba José Lefevre, un inmigrante francés con el oficio de hojalatero que se volvió una figura intelectual y emprendedora de la ciudad.</p><p>El Duende (1859), que vio la luz poco después, marcó el hito de ser el primer periódico de carácter netamente satírico y de humor político. Lamentablemente, debido a las condiciones de conservación de la época, no se ha logrado conservar ningún ejemplar físico de este semanario. Casi en simultáneo, en la misma imprenta de Lefevre, apareció El Eco de Entre Ríos, dirigido y redactado por Honoré Roustand, un uruguayo hijo de franceses que impulsó diversas iniciativas de interés público en la ciudad.&nbsp;El Pueblo (1861–1882), fue una de las hojas de mayor longevidad en el siglo XIX local. Sus talleres e imprenta funcionaron en la zona de las actuales Bolívar y República Oriental. El Pueblo Entre-Riano (1862–1866), en tanto, fue un periódico de enorme relevancia histórica y literaria, debido a que tuvo como redactor principal al poeta y pensador Olegario Víctor Andrade, considerado por la historiografía regional como el primer gran periodista nativo. Desde sus encendidas columnas, Andrade defendió con fervor la causa del federalismo del interior. El periódico sufrió las consecuencias de la censura de la época; en su último número se lee de forma explícita que se ve obligado a cerrar sus puertas “por orden del poder”.</p><p>La Democracia (1863–1867, fue fundado y dirigido por el uruguayo Marcelino Escalada. Este periódico posee la triste consideración histórica de haber sido víctima del primer atentado grave contra la libertad de prensa registrado en la localidad. Conforme lo consigna la investigación histórica volcada en la edición especial del diario El Argentino (1783–1983), la imprenta donde funcionaba el periódico fue intencionalmente incendiada por sus adversarios políticos, constituyendo un hecho repudiable de violencia partidaria.</p><p>El Alba es otra publicación de vida más breve que se sumó al debate de ideas en el convulsionado escenario de la década de 1860. El Porvenir (1864–1867), periódico fundado y dirigido por un joven O. V. Andrade de apenas 25 años, fue un espacio donde vertió durísimas críticas contra la política centralista de Buenos Aires llevada adelante por Bartolomé Mitre. Desde sus páginas, denunció firmemente la guerra fratricida en el Paraguay. La intransigencia ideológica de la publicación motivó que fuera clausurada por disposición directa del presidente Mitre.</p><p>A partir del surgimiento de figuras como Andrade, la prensa local comenzó a experimentar un cambio de identidad sustancial, abandonando paulatinamente el predominio exclusivo de las plumas uruguayas para dar paso a periodistas con una arraigada identidad e idiosincrasia gualeguaychuense.</p>Retrato de Isidoro De María en la revista Caras y Caretas. Foto: cortesía del Museo Casa Natal de Fray Mocho<p>Cómo era la Gualeguaychú en la que surgieron los primeros diarios</p><p>Al igual que hoy en día, los periódicos de antaño funcionaban como cajas de resonancia de una realidad social en profunda mutación. El crecimiento demográfico de la planta urbana de Gualeguaychú fue sostenido entre 1850 y 1870. El censo local realizado en el año 1849 registró una población de 2.824 habitantes y 528 viviendas. Para entonces, la traza de la antigua villa tenía apenas 33 cuadras urbanizadas y dos plazas principales: la “Plaza de la Independencia” (actual Plaza San Martín) y la “Plaza de la Libertad” (actual Plaza Urquiza). En esta última se concentraban habitualmente las carretas destinadas al abasto de mercaderías del pueblo.</p><p>Pocos años después, en 1853, la población ascendía a 4.319 habitantes y 855 casas registradas, iniciándose un proceso de modernización urbana donde las tradicionales viviendas coloniales de adobe y paja comenzaban a ser demolidas para dar paso a construcciones de mampostería. Finalmente, los datos arrojados por el primer Censo Nacional de la República Argentina de 1869 expusieron el fenomenal salto demográfico de la localidad, registrando un total de 9.553 habitantes solo en la planta urbana de Gualeguaychú.</p><p>Este salto poblacional corrió en paralelo con la paulatina complejización de las instituciones educativas y culturales. Para 1848, todos los distritos de la provincia de Entre Ríos contaban formalmente con Escuelas Públicas fiscales. Bajo la gobernación de Urquiza se procedió a edificar la Escuela de Primeras Letras, que dividía los ingresos independientes para niñas y para varones. Paralelamente, surgieron las denominadas "Escuelas Particulares", emprendimientos privados coordinados por maestros y maestras que, aunque habilitados por la autoridad para ejercer la docencia, carecían de un título formal y dictaban las clases en sus propios domicilios particulares.</p><p>Sin embargo, las carencias estructurales en materia de alfabetización continuaban siendo alarmantes a nivel social. El Censo Nacional de 1869 impulsado por Sarmiento reveló que el 77% de la población argentina no sabía leer ni escribir. En Entre Ríos, el relevamiento estadístico mostró que casi el 80% de los niños y niñas en edad escolar no asistían a ningún tipo de establecimiento educativo, funcionando en la provincia apenas 31 escuelas fiscales y 50 particulares. Frente a este panorama crítico, Urquiza decretó la creación del Departamento de Educación con el objeto explícito de promover la apertura de nuevos establecimientos y, finalmente, en el año 1870 se sancionó la ley provincial que estableció formalmente la obligatoriedad de la instrucción primaria.</p><p>A la par de estos cambios, la vida comunitaria y recreativa de Gualeguaychú también cobró un impulso inusitado a través de las artes escénicas. Hacia 1848, ya había una compañía estable de actores aficionados que presentaba con regularidad comedias, dramas de autores franceses y españoles y sainetes costumbristas en una sala precaria situada sobre la "calle del teatro" (actual calle 25 de Mayo). Las funciones se realizaban por las noches y la temporada artística se extendía anualmente desde el mes de abril hasta enero. En 1849, la actividad teatral se trasladó al local comercial denominado “Café 25 de Mayo”, bautizándoselo formalmente con el nombre de Teatro “Republicano”.</p><p>El salto definitivo en materia de infraestructura cultural se produjo el 1 de julio de 1851, fecha en la que se procedió a colocar la piedra fundacional del Teatro “San José”, una obra monumental situada frente a la Plaza Mayor que posteriormente pasaría a llamarse de manera definitiva Teatro “1º de Mayo”. La construcción fue costeada gracias al apoyo de la comunidad local, cuyos vecinos adhirieron masivamente a un sistema de suscripción popular para aportar los fondos necesarios. En poco tiempo, recibió prestigiosas compañías dramáticas profesionales, elencos de zarzuela, espectáculos circenses, bailes de gala y grandes ceremonias oficiales de la sociedad civil.</p><p>No hay que olvidar tampoco la actividad portuaria local, que fue motor del desarrollo de Gualeguaychú, sobre todo a partir de 1852 con la proclamación de la libre navegación de los ríos. Hacia 1858 podían encontrarse hasta quince barcos extranjeros simultáneamente en nuestro puerto, incluso antes de que existiera el muelle de piedra, construido en 1863.</p><p>Ya desde las páginas de El Progreso de Entre-Ríos los diarios locales daban cuenta de la partida y llegada de barcos nacionales y foráneos, así como de los anuncios de compra y venta y de actividades sociales. Es decir, a pesar de que su origen fue directamente influenciado por los objetivos políticos de la época, los primeros periódicos de Gualeguaychú no solo informaban sobre las vicisitudes de la guerra civil y las proclamas gubernamentales de la Organización Nacional, también dejaban constancia del nacimiento de las escuelas, las funciones teatrales y las inquietudes de una comunidad que dejaba atrás su pasado de villa colonial para transformarse en una ciudad moderna, crítica y conectada al porvenir del país.</p>Anuncios en El Progreso de Entre-Rios (1849)<p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bk05DViOwb0bzsDhepZmt5rz024=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/imprenta_primeros_diarios.png" class="type:primaryImage" /></figure>Surgidos al calor de las disputas políticas de mediados del siglo XIX, los primeros periódicos locales fueron parte de las ambiciones de Urquiza y tuvieron sus réplicas opositoras, construyendo la opinión pública. También supieron reflejar la profunda transformación social que vivió Gualeguaychú por aquellos años.]]>
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                <published>2026-06-06T22:28:00+00:00</published>
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            Hallaron una nueva especie de dinosaurio raptor en Santa Cruz
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0fzO34PMF7Nle5Qz23zrL813ezM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuevo_hallazgo_dinosaurio.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un equipo de investigadores de Argentina y Japón identificó una nueva especie de dinosaurio raptor en las cercanías de El Calafate, en Santa Cruz.</p><p>Con el descubrimiento de Kank australis se amplía el registro fósil de los dinosaurios unenlágidos en el hemisferio sur, tendiendo un 'puente geográfico' entre los ejemplares hallados en la Patagonia y otras partes del mundo, informó el gobierno provincial.</p><p>El hallazgo se produjo en la estancia La Anita, donde en 2019 se había recuperado un fragmento de garra que sugería la presencia de un raptor. En expediciones posteriores, particularmente en 2024, se encontraron vértebras cervicales y dientes que permitieron confirmar la identidad de una nueva especie.</p><p>El dinosaurio se fue reconstruyendo pieza por pieza durante sucesivas expediciones. Los fósiles fueron analizados mediante tomografía computada y microscopía electrónica, técnicas que revelaron rasgos anatómicos únicos.</p><p>La investigación fue publicada en la revista Journal of Vertebrate Paleontology y estuvo liderada por el paleontólogo Matias Motta, junto a un equipo que trabaja en el Museo Molina, el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN-CONICET), la Fundación de Historia Natural “Félix de Azara”, y el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Japón.</p><p>Cómo era Kank australis, el "gran Ñandú"</p><p>“Kank” proviene de la mitología del pueblo originario aonikenk o tehuelche, y hace referencia al “gran Ñandú” creador de la constelación Choiols, conocida como la Cruz del Sur. “Australis” significa “del sur”, en alusión a la latitud extrema donde fueron hallados los restos.</p><p>El animal habría tenido un tamaño mediano, similar al de un ñandú grande, con unos 27 kilos de masa corporal, caminaba sobre dos patas y portaba la característica garra curva en el segundo dedo del pie.</p><p>“La descripción de Kank australis es importante porque sumamos una nueva especie de la familia de los unenlágidos, una familia poco representada en el registro fósil ya que sus huesos son muy gráciles y difíciles de preservar”, explicó Motta y agregó: “Este dinosaurio se diferencia claramente de los raptores del hemisferio norte, como Velociraptor, por sus dientes cónicos con pequeñas estrías y por las particularidades únicas de sus vértebras cervicales”.</p><p>El dinosaurio fue hallado en rocas del Cretácico Superior y esto es importante porque demuestra que los unenlágidos ya estaban ampliamente distribuidos justo antes del impacto del meteorito, hace 66 millones de años.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0fzO34PMF7Nle5Qz23zrL813ezM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nuevo_hallazgo_dinosaurio.png" class="type:primaryImage" /></figure>Un equipo de investigadores de Argentina y Japón identificó una nueva especie de dinosaurio raptor en las cercanías de El Calafate, en Santa Cruz.Con...]]>
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                                <updated>2026-06-02T12:36:19+00:00</updated>
                <published>2026-06-02T12:34:05+00:00</published>
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            Los primeros caudillos, el brazo armado de la Patria en el litoral
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KX2Llq-C-5xBiMQ-VNNPYi3xeY4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/caudillos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Surgidos de una sociedad rural explotada como una simple fábrica de materias primas, los primeros líderes entrerrianos lograron transformar a una masa popular postergada en un ejército comprometido con la Revolución de Mayo. A través de su destreza y mando natural, figuras como Bartolomé Zapata y un joven Francisco Ramírez fueron fundamentales para movilizar los recursos de la región y enfrentar el dominio realista en las villas del Paraná y el Uruguay en los albores de la Revolución.</p><p>En tiempos anteriores a mayo de 1810, Entre Ríos apareció como una fábrica que producía materia prima que, por la Bajada, o embarcaderos y puertos naturales sobre el Paraná y el Uruguay, salía y se colocaba en Buenos Aires, Montevideo y Santa Fe; y desde esos centros se dispersaba, en operaciones totalmente ajenas a la determinación de los productores, hacia destinos que requerían y pagaban según criterio y conveniencia.</p><p>Esta modalidad produjo un notable desfasaje en la balanza comercial, que exigió a la región abastecer la demanda, en cantidad, calidad y época requeridas. El equilibrio entre lo que salía de nuestros puertos y lo que comprábamos en manufacturas sólo se podía lograr con la provisión excesiva de productos de la tierra. Si a ello se suma lo que se desangró en un contrabando que complicaba a Portugal, Inglaterra y Holanda, entre otros países, el perjuicio aumenta gravemente.</p><p>Para lograr la explotación, se ocupó un gran número de peones que efectuaban un trabajo depredador de la riqueza ganadera, maderera y mineral de la zona, por acción que ordenaban unos pocos terratenientes, en general, no residentes en el lugar, y que desplazaban a los pobladores.</p><p>Esa forma de vivir en Entre Ríos generó una masa popular a la que se conformó con una paga exigua y la disposición de carne, leña y algunos “vicios”, indiferente e incapacitada para acceder o entender a los acontecimientos económicos y políticos de su región, más lejos aún a los del Virreinato del Río la Plata o los de Europa.</p><p>Sin embargo, algunas características de ciertos pobladores hacendados, convivientes de aquella masa, les fue configurando una imagen que los convirtió en líderes de quienes admiraban su coraje, destreza y condición natural de mando. Son esos líderes “los primeros caudillos”, a quienes se les sigue sin preguntar, sin cuestionar, confiados en sentirse interpretados y representados.</p><p>Así surgieron, en cada zona, personajes de cuya vida poco conocemos, los que, desde el momento en que alboreaba la Patria, comprometieron su poder y sus bienes, jugando roles que mucho pesaron en el destino de la marcha de la Revolución. A ellos se recurrió cada vez que fueran necesarios. De algunos de esos primeros caudillos ha trascendido el nombre y ciertas hazañas que respaldan su fama.</p><p>Los inflamó un espíritu de amor a su región, y la defensa de ella embargó sus bienes y hasta su vida que entregaron sin esperar premios, ni menciones honoríficas. Tanto la campaña de Entre Ríos como la de la Banda Oriental fueron semilleros pródigos. El más resuelto es, sin duda, Bartolomé Zapata, vecino de Gualeguay. Rivalizaron en valor, Mariano Aulestia, José Gregorio Cardoso y José Francisco Taborda, de Nogoyá; José Gregorio Samaniego, de Gualeguaychú; Pablo José Ezeyza, de Gualeguay; Bergara, Suárez, Rivarola, Román y, entre ellos, un joven del Arroyo de la China, Francisco Ramírez. En la otra Banda, el hacendado Paredes, el cura Martínez, el dominico Mestre, el alcalde Arbide. Sobresalió por su actividad, Miguel del Cerro, acaudalado ganadero quien dejó Buenos Aires para ponerse al frente de los paisanos de su provincia oriental.</p><p>Los hechos revolucionarios</p><p>Producidos los hechos que culminan en mayo de 1810, la Junta de Gobierno difundió sus propósitos, en circulares veladas al principio con la manifestación de fidelidad al Rey Fernando VII de España. La adhesión a las disposiciones del 27 de mayo a los Cabildos, originó respuestas inmediatas de total apoyo de las tres Villas del sur entrerriano.</p><p>El de la Villa de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) y el de Gualeguaychú se pronunciaron el 8 y el 22 de junio, respectivamente. Por referencias de notas posteriores, se sabe que Gualeguay lo hizo en una fecha cercana, aunque no se encuentra el documento de su adhesión. No extraña la actitud de los cuerpos capitulares del sur de Entre Ríos, integrados en su mayoría, por españoles realistas que también posteriormente juraron obediencia al General Juan Ángel Michelena, cuando, desde Paysandú cruzó el río para asegurar el apoyo de nuestras Villas a la causa que sostuvo el Gobernador Vigodet, desde Montevideo. La Bajada del Paraná, erigida el 13 de enero de 1810 aún sin haber designado cabildantes, envió una nota de adhesión el 3 de julio envía.</p><p>Allí la Revolución encontró un ambiente favorable a su acción: recibió al delegado de la Junta, Manuel Belgrano, en marcha al Paraguay, con el total apoyo en hombres, armas, caballos y vacunos para fortalecer sus huestes. Estancieros poderosos como Antonio Candioti, Gregoria Pérez de Denis, el alcalde Juan Garrigó, el cura Antolín Gil Obligado y una cantidad de vecinos merecieron el entusiasmo con que el Teniente Gobernador de Santa Fe redactó su oficio a la Junta en estos términos: “No puedo menos Señor Exmo. que hacer presente a V. E. el mérito de aquellos habitantes y singularmente el del señor cura Vicario de aquel destino y el del señor Alcalde, pues con el motivo de haberme dejado.... Algunos impresos relativos al acopio de caballos, los pasé a aquel destino y tuvieron tanta aceptación, que se inflamaron tanto, los ánimos de los habitantes que, a porfía ofrecían caballos de lo que éste lleva una lista”.</p><p>Definidas las actitudes de los de las Villas de las costas del Uruguay y del Paraná, en el centro de Entre Ríos, los primeros caudillos custodian la extensa y difícil región de montes, arroyos y cuchillas, a las que conocen hasta en los más recónditos lugares y en la que parecen tener misteriosos medios de comunicación como para servir a la causa de los criollos y de los españoles que acompañan el ideal de la Revolución.</p><p>Uno de ellos fue Bartolomé Zapata, quien se presentó a Martín Rodríguez en Santa Fe, en cuanto Michelena concretó la toma de las Villas costeras al Uruguay, poniéndose a sus órdenes. Recibió la misión de hostigar a los realistas, confiriéndole el grado de Capitán Comandante de la Compañía de paisanos que lograra reunir.</p><p>Existía la amenaza de que José Gervasio Artigas, al frente de fuerzas españolas, avanzara sobre la Bajada. Pero se retiró de los pagos de Nogoyá en diciembre de 1810, despejándose la tensión de los campos patriotas.</p><p>Francisco Ramírez cumplió, a través de Entre Ríos, la misión de propaganda de la revolución, aún dentro de los cuerpos invasores, y de conducir como correo, las misivas y papeles reservados. Dice Arce que fue quién más hizo para posibilitar la deserción de Artigas y de Rondeau para pasar al servicio de las huestes revolucionarias.</p><p>Bartolomé Zapata fue requerido por los caudillos de las Villas tomadas. José Gregorio Samaniego lo reclamó para reconquistar Gualeguaychú, ya liberada Gualeguay (comienzos de febrero de 1811).</p><p>En la medianoche del 21, Zapata y Samaniego ocuparon los alrededores de nuestra villa y el 22 realizaron su rescate para la causa de Mayo. Desde aquí, volvieron hacia Gualeguay para rearmarse y marchar a Concepción del Uruguay.</p><p>El 6 de marzo, Michelena, en conocimiento de estos hechos, abandonó la Villa. Junto a él marcharon, con igual destino, notables vecinos realistas. Zapata ingresó triunfante a ocuparla al día siguiente, reconociendo como Alcalde a Mariano Romero, hechos que comunicó a la Junta de Gobierno.</p><p>En ausencia del Comandante General Díaz Vélez, surgieron disidencias entre el reconquistador y el Comandante de Milicias Francisco Doblas, por el cargo interino en lugar de Díaz Vélez. El 21 de marzo de 1811, Bartolomé Zapata cayó muerto a balazos, al resistirse a su detención que, el Teniente Mariano Zejas quería cumplir en nombre de Doblas.</p><p>El oficio de la Junta fechado en 11 de marzo de 1811, respondiendo al Parte de Zapata en que comunicaba la toma de Concepción del Uruguay para los patriotas, lo condecoró “con el adjunto Despacho de Capitán, esperando continúe con el mismo celo y esmero ejecutando y promoviendo cuanto sea conducente al mismo interesante objeto que se ha propuesto”.</p><p>El pueblo de Entre Ríos continúo en su lucha por asegurar los derechos a la libertad y al funcionamiento de las instituciones republicanas y federales. Le correspondió a Bartolomé Zapata, encabezar la lista de los sacrificados por las disensiones civiles que cobrarían tantos esfuerzos y consumirían tanto tiempo en el camino de nuestra historia.</p><p>José Gregorio Samaniego y otros criollos continuaron la faena para brindar hazañas que asegurarían la merecida fama ganada en acción por nuestros primeros caudillos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KX2Llq-C-5xBiMQ-VNNPYi3xeY4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/caudillos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Surgidos de una sociedad rural explotada como una simple fábrica de materias primas, los primeros líderes entrerrianos lograron transformar a una masa popular postergada en un ejército comprometido con la causa de Mayo. El texto que sigue, parte de Cuadernos de Gualeguaychú, es de la historiadora local Nati Sarrot, quien a través de su investigación reconstruyó el rol decisivo de figuras como Bartolomé Zapata, José Gregorio Samaniego y un joven Francisco Ramírez en los albores de la Revolución.]]>
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                                <updated>2026-05-24T01:05:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-23T21:14:00+00:00</published>
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            21 de mayo: Día de los Afroentrerrianos y la Cultura Afrolitoraleña
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Au8luBh9cuBfh7PVVjYYfA2W0fs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/afrodescendientes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 21 de mayo se conmemora en Entre Ríos el Día de los Afroentrerrianos y la Cultura Afrolitoraleña, una fecha instituida por la Ley Provincial N° 10884 en honor a María Francisca Lencinas, considerada la primera afroentrerriana registrada en documentos escritos conservados en la provincia.</p><p>En Gualeguaychú, el Museo Casa de Haedo, Sitio de Memoria Afro, desarrolla un trabajo sostenido de rescate, investigación y visibilización de las historias afroentrerrianas, a partir de acciones que permiten vincular a cada visitante con un pasado poco conocido y muchas veces ocultado.</p><p>María Francisca Lencinas era hija de Vicente Lencinas y María Josefa Cano, pardos libres. Nació el 21 de mayo de 1755 en Paraná y fue bautizada el 26 de ese mes, según consta en los registros de los libros de bautismo de la iglesia.</p><p>El rescate de esta fecha tiene un sentido cultural amplio, ya que invita a repensar las raíces entrerrianas frente a una tradición histórica que invisibilizó el aporte afro a nuestra cultura. Diversas investigaciones han demostrado la presencia de población afro en la provincia, integrada por personas que llegaron y vivieron en condiciones de esclavitud y que, aun desde un lugar de marginalidad impuesto por la sociedad colonial, protagonizaron diversos procesos históricos de nuestra patria.</p><p>En ese marco, la Casa de Haedo recopila y conserva material documental de gran valor histórico, vinculado a la compra y venta de esclavos, la migración forzada de personas y el modo en que sus vidas fueron integrándose en la Gualeguaychú colonial. También ofrece una mirada sobre el largo camino recorrido hasta obtener su libertad e inclusión social.</p><p>Publicaciones periodísticas, fotografías, óleos y documentos, como censos y testamentos, permiten construir un relato con profundo contenido social y actual. A través de su recorrido, el museo propone descubrir un universo de historias que pertenecen a la comunidad y que forman parte de la memoria étnica de la ciudad.</p><p>Además, los contenidos son trabajados con la comunidad educativa y de manera colaborativa con la Asociación Civil “Entre Afros”, que representa y reúne a afrodescendientes de la región, a través de propuestas de investigación, difusión, arte y cultura.</p><p>Desde el Museo Casa de Haedo, Sitio de Memoria Afro, invitan a las personas afrodescendientes, o a quienes crean serlo, a compartir sus historias y avanzar en su reconstrucción. El espacio trabaja en el rescate y la visibilización de la herencia cultural legada por hombres, mujeres y niños que llegaron a estas tierras privados de su libertad.</p><p>Para coordinar una visita o acercar información, las personas interesadas pueden comunicarse por WhatsApp al 3446 402354.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Au8luBh9cuBfh7PVVjYYfA2W0fs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/afrodescendientes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada 21 de mayo se conmemora en Entre Ríos el Día de los Afroentrerrianos y la Cultura Afrolitoraleña, una fecha instituida por la Ley Provincial N° 1...]]>
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                                <updated>2026-05-21T12:47:51+00:00</updated>
                <published>2026-05-21T12:46:29+00:00</published>
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            Gualeguaychú tendrá el primer Club de Arqueología del país
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QtTkpCptjQNop57ooZ81q9nJc_0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/arqueologia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde la Cooperativa Arqueoterra dieron a conocer que a partir de junio lanzarán el Club de Arqueología Gualeguaychú (CAG), “el primero de su tipo en toda Argentina”. Según explicaron sus organizadores, desde el marco de la ciencia ciudadana, este club “se propone llevar adelante en formatos de taller, encuentros y expediciones comunitarias el acompañamiento a investigaciones científicas arqueológicas y antropológicas a escala local además de discutir temas de importancia regional o global sobre las poblaciones humanas prehispánicas y posthispánicas, milenarias o contemporáneas”.</p><p>Los encuentros se desarrollarán el primer sábado de cada mes de manera presencial. De acuerdo a lo que adelantaron, se distribuirán tareas entre cada jornada y en un futuro próximo proyectan abrir por lo menos una segunda fecha al mes.&nbsp;“Se habilita también la posibilidad de socios/as/es no locales, a quienes se les ofrecerá reuniones virtuales mediante Webinar trimestrales sobre temas relacionados”, aclararon.Las actividades serán planificadas y coordinadas por los profesionales de Arqueoterra/Delegación Entre Ríos, el Prof. y Lic. Axel Rex Weissel y la Prof. y Lic. Micaela Rossi.&nbsp;&nbsp;</p><p>También indicaron que el club se sostiene y acompaña el proyecto de investigación de Arqueoterra “Primeras aproximaciones arqueológicas al período posthispánico y al proceso de la modernidad de la Ciudad de Gualeguaychú, Entre Ríos” [AQT-PIC-008] que obtuvo el permiso de investigación de campo bajo el Decreto provincial nº3.503/25.</p><p>“El CAG se encara desde la perspectiva de la ciencia ciudadana y del bienestar social construyendo jornadas de recreación colectiva y de contención de la memoria activa en ánimos de fortalecer las aproximaciones comunitarias a la salud mental”, resaltaron.</p><p>Por su parte, la Prof. y Lic. Micaela Rossi, oriunda de Gualeguaychú, contó que en esta iniciativa "se toma de referencia los trabajos de arqueología con veteranos de Malvinas llevados adelante por el Dr. Carlos Landa y su equipo, las corrientes de Ciencia Ciudadana, de Arqueología Pública y de Arqueología Comunitaria muy presentes en Latinoamérica”.</p><p>Por último, desde Arqueoterra indicaron: "La asociación al Club de Arqueología Gualeguaychú es libre y voluntaria. Puede generarse de manera virtual o los mismos sábados de Arqueología antes o después de la jornada. Es abierto a todas las personas sin importar su conocimiento base o su edad, se coloca como límite tener 16 años o más y el Club/Arqueoterra se reserva el derecho de admisión/exclusión en ánimos de cuidar el espacio. Los encuentros taller del Club se realizan en jornadas de 4 horas de 9 a 13 horas los primeros sábados de cada mes. En caso de lluvia se pasará al siguiente fin de semana. Entre sábados se harán actividades complementarias inclusivas, en grupo y/o individualmente”.</p><p>Y agregaron: "Asimismo se incentiva con un descuento especial la participación de profesionales y estudiantes de carreras a fines (historia, museología, antropología, arqueología, conservación, restauración, etc.). La cuota social otorga membresía y la posibilidad de participar activamente de las jornadas presenciales y de eventos virtuales. Este ingreso es contemplado como una inversión en el desarrollo científico arqueológico local y como un intercambio con les profesionales que disponen su tiempo, sus herramientas y su conocimiento a la comunidad".</p><p>Según informaron desde la cooperativa de arqueólogos, quienes estén interesados en participar pueden comunicarse a su cuenta de Instagram @arqueoterra.coop o contactarse directamente con los fundadores del club Micaela Rossi (3446 348036) y Axel Weissel (11 26416230).&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QtTkpCptjQNop57ooZ81q9nJc_0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/arqueologia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde la Cooperativa Arqueoterra dieron a conocer que a partir de junio lanzarán el Club de Arqueología Gualeguaychú (CAG), “el primero de su tipo en...]]>
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                                <updated>2026-05-13T00:15:12+00:00</updated>
                <published>2026-05-12T23:59:29+00:00</published>
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            Pondrán en valor la quinta de Justo José de Urquiza que está dentro del Regimiento
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pPZa_zJrGCbZkj3QOU5wlEczrHY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/residencia_urquiza.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La casa, conocida como la chacra del cura o quinta del General, forma parte de las postas vinculadas a la vida del caudillo entrerriano y representa un sitio de alto valor histórico para la provincia. Durante la recorrida, el mandatario remarcó la importancia de recuperar este espacio y transformarlo en un punto de interés cultural y turístico.</p><p>"Fuimos a ver un monumento histórico que todavía no lo es, pero lo va a ser. Es una de las postas de Urquiza, donde hay claras referencias de que pasó muchos días y noches de su vida. Hoy es una dependencia con un gran nivel de abandono que pensamos poner en valor como corresponde", expresó Frigerio.</p><p>En ese sentido, destacó el trabajo conjunto con el municipio para su recuperación: "Vamos a lograr que sea un lugar visitado, para que no solo los estudiantes, sino todos los vecinos y turistas, tengan un sitio histórico en condiciones. Estamos en una de las ciudades turísticas más importantes de la provincia y vamos a poner este lugar en valor en los próximos meses".</p><p>De la actividad participaron el intendente de Gualeguaychú, Mauricio Davico; el secretario general de la Gobernación, Mauricio Colello; el ministro de Seguridad y Justicia, Néstor Roncaglia; y el jefe de la Policía de Entre Ríos, Claudio González.</p><p>En este marco, el intendente Mauricio Davico agradeció el acompañamiento del gobernador y destacó la importancia de la iniciativa y señaló que "es un aporte muy valioso para nosotros, sobre todo por lo que representa Urquiza para los entrerrianos. Que haya tenido esta posta en Gualeguaychú le da un significado aún más cercano”.</p><p>"Es gratificante que desde la gobernación se haya tomado la decisión de restaurar este espacio y ponerlo en valor, incorporándolo al circuito de museos y visitas históricas de la provincia", resaltó.</p><p>La residencia fue construida estratégicamente en el punto más alto de la ciudad, lo que permitía al general vigilar los alrededores desde su mirador. Su edificación se inició en 1848 y finalizó en 1852.</p><p>Considerada parte del legado arquitectónico del federalismo, la casa recibió en su momento a destacadas figuras políticas, diplomáticas y comerciales. Hoy, solo se conservan la vivienda principal y el aljibe como testimonio de su relevancia histórica.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/pPZa_zJrGCbZkj3QOU5wlEczrHY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/residencia_urquiza.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El gobernador Rogelio Frigerio visitó esta semana Gualeguaychú y recorrió la histórica vivienda que perteneciera al general Justo José de Urquiza, ubicada en el predio del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 2 Dragones Coronel Zelaya, y anunció su puesta en valor y declaración como monumento histórico provincial.]]>
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                                <updated>2026-05-03T11:15:09+00:00</updated>
                <published>2026-05-02T23:54:08+00:00</published>
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            1° de Mayo de 1921, un día trágico en la ciudad
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/1-de-mayo-de-1921-un-dia-tragico-en-la-ciudad-1" type="text/html" title="1° de Mayo de 1921, un día trágico en la ciudad" />
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                <![CDATA[Dario Carrazza]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/1-de-mayo-de-1921-un-dia-tragico-en-la-ciudad-1">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/B7FxJ4xgcQt58937bdgnhfhaxuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/1_de_mayo_1921.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 1º de mayo de 1921 es, sin duda, el día más negro de la historia de Gualeguaychú como ciudad. Ese día grupos conservadores ataca­ron una manifestación de obreros reunidos en la plaza San Martín –por entonces llamada Inde­pendencia- matando a cinco personas e hirien­do a más de treinta. Hu­bo algunos detenidos y una causa judicial, pero pocos resultados con­cretos. El tiempo fue se­llando el caso con una suerte de estiércol pe­gajoso. Razones políti­cas, vecinales, temores, prejuicios y favoritismos se dieron cita para tapar el hecho durante déca­das. Estuvo allí a la cabe­za de los agresores una de las más prominentes figuras del conservado­rismo local, Juan Fran­cisco Morrogh Bernard. Nunca más se habló del tema hasta la apari­ción de mi primer libro a fines de los ‘80, salvo las misas que tenían lugar en el cementerio por la mañana, ante un reducido número de personas.</p><p>El hecho se enmarca en la lucha desatada por la tensión generada entre trabajo y capital. Esto se dio en las gran­des ciudades en los al­bores de nuestra indus­trialización tardía y en los pequeños pueblos ante el agotamiento de la extensión de las fron­teras productivas. Estos dos hechos significaron que la renta industrial y la del campo le era dis­putada a la burguesía tradicional por trabaja­dores, muchas veces de origen inmigratorio.</p><p>Esa tensión económi­ca y social se materializó en dos grupos antagó­nicos que, en la década de 1920 y con distintas variantes, protagoniza­ron la lucha social: La Li­ga Patriótica Argentina y la Federación Obrera.&nbsp;La Liga Patriótica Ar­gentina era una suerte de alianza policlasista, de ideología naciona­lista que representa­ba a los sectores más conservadores. La Liga organizó una multitu­dinaria reunión y des­file callejero en Guale­guaychú para esa fecha, con el objetivo de cele­brar el pronunciamien­to de Urquiza contra Rosas. La invocación de la gesta de Urquiza era el ámbito favorito de los estancieros e intelec­tuales conservadores de la provincia para dar rienda suelta a su afán reaccionario. Su ecua­ción era sencilla: Bande­ra roja era igual a anar­quía e igual a agresión a los valores nacionales. Eso daba pie a los dis­cursos anti obreros.&nbsp;</p><p>Por su parte, la princi­pal central obrera del país era la Federación Obrera Regional Argen­tina (F.O.R.A.). Había dos vertientes de aquella antigua central. La del V Congreso que era anar­quista y la del IX Con­greso que era socialista o socialdemócrata. Esta última se vinculaba con el Partido Socialista que, a diferencia de los anar­quistas, consideraba viable la presentación de listas en las eleccio­nes para autoridades constitucionales, dejan­do a un lado la lucha ar­mada y la realización de atentados violentos.&nbsp;Volviendo a Guale­guaychú, la Federación Obrera Departamental estaba conectada con la FORA del IX Congre­so, sin perjuicio de lo cual la Liga Patriótica la acusaba igualmente de promover la anarquía por usar una bandera roja. Esta bandera sería protagonista principal de los hechos de ese día, y por ello pienso que la principal causa del desastre fue la pre­sencia de las brigadas de la Liga Patriótica y de sus principales dirigen­tes en la Plaza Indepen­dencia el 1° de mayo por la tarde, justamente re­clamando el retiro de la bandera roja de la F.O.D.&nbsp;</p><p>El jefe de policía, Isaías Lahíte, tenía instruccio­nes del Gobierno pro­vincial de evitar que ambos actos se cruza­ran en espacio y tiempo. Por eso dispuso que la Liga Patriótica realizara su desfile y actos hasta las 3 de la tarde, empe­zando por la calle 25 de Mayo, desde Rocamora hasta Mitre, volviendo por Urquiza hasta su inicio y luego hasta el Hipódromo, donde ha­bía varias vaquillas con cuero para promover y agasajar la concurren­cia. Recién una vez no­tificada la desconcen­tración de esos actos se autorizaría la salida de la manifestación obrera –sin duda mucho más modesta en cantidad y despliegue- desde su local de calle Perú –hoy Camila Nievas– hasta la plaza Independencia.&nbsp;</p><p>Así se hizo, solo que al­gunos dirigentes de la Liga Patriótica fueron a la plaza, en actitud pen­denciera –el sólo hecho de concurrir era ya una provocación-, muchos de ellos armados y a ca­ballo. Allí comenzaron a exigir airadamente el retiro de la bandera ro­ja de los trabajadores y no obstante haberlo ob­tenido, emprendieron a tiros contra los trabaja­dores desarmados.&nbsp;</p><p>La causa judicial que trató los hechos fue la Nº 438 caratulada “Su­mario con motivo del choque sangriento ha­bido entre elementos de la Liga Patriótica y Federación Obrera”. Sin embargo, luego de su inicio no tardó mucho en perder el dinamismo de sus primeras horas. Tramitó bajo la carátula de una figura atenuada, que es el homicidio y lesiones en riña o agre­sión. Esta figura –la mis­ma que reclamaba que se aplique la defensa del famoso caso de los rugbiers de la costa- se da cuando resulta im­posible ubicar la perso­na del agresor o agre­sores, y entonces se imputa a todos los que hayan actuado o mera­mente intervenido en el episodio que discurrió violentamente contra las víctimas.</p><p>La causa concluyó lue­go de más de 1.000 fo­jas de actuación, seis años más tarde, el 2 de noviembre de 1927 –va­ya paradoja, el Día de los Muertos–, cuando se declaró prescripta la acción penal respecto de todos los acusados y querellados, por el transcurso del máximo de la condena prevista por la ley para el delito de homicidio en riña. El Juez Cepeda se pro­nunció de esta manera al declarar prescripta la acción para acusar en la causa, sobreseyendo definitiva y totalmente a los imputados y “de­jando a salvo su buen nombre y fama con las costas de oficio”.</p><p>El clima de tirantez que se vivía en los días pre­vios lleva a inferir que los liguistas concurrie­ron a la plaza en forma premeditada, organiza­da, y con un deliberado –o al menos conjetura­ble– propósito de agre­sión del que debieron ser más temerosos. Del riesgo al propósito hay una distancia muy es­trecha o tal vez ningu­na. Como decía un ve­cino citado por el diario La Nación de aquellos días, un liguista hecho y derecho no podía menos que enfurecer­se debiendo presenciar manifestaciones y dis­cursos socializantes y viendo flamear la ban­dera roja –que ellos lla­maban “el sucio trapo rojo”– justo el día del pronunciamiento de Urquiza. Sin embargo, nada de ello justificaría abrir fuego contra ciu­dadanos desarmados.</p><p>Muchos cayeron heri­dos en aquella jornada. Un especial recuerdo para los muertos: Lo­renzo Timón, Ángel Sil­va; Celedonio Iglesias y Pedro Villareal. A ellos debemos sumarle al agente Fernando Ro­dríguez, conocido como Urristi o Urriste, ascendi­do post mortem a Sar­gento. Uno de los casos curiosos en la historia de un policía que estuvo del lado de la manifestación obrera, sin duda identifi­cado con las órdenes de su Jefe Departamental, Isaías Lahíte.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/B7FxJ4xgcQt58937bdgnhfhaxuA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/1_de_mayo_1921.png" class="type:primaryImage" /></figure>El 1º de mayo de 1921 es, sin duda, el día más negro de la historia de Gualeguaychú como ciudad. Ese día grupos conservadores ataca­ron una manifestac...]]>
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                <published>2026-05-01T11:12:48+00:00</published>
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            Visibilizar el legado chaná: el desafío de transformar una ordenanza en memoria viva
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante gran parte de su historia, Gualeguaychú desconoció sus raíces originarias y quiénes fueron realmente los chaná: un pueblo seminómada de hábiles canoeros y artesanos que habitó los ríos y montes entrerrianos, sustentándose en la pesca, la caza, la recolección y algunos cultivos elementales. Su presencia en el territorio comenzó a ser rescatada del olvido gracias al trabajo arqueológico del profesor Manuel Almeida. A partir de sus investigaciones y de la labor de quienes continuaron su camino, una cultura arrasada durante la Conquista e invisibilizada por el relato dominante empezó a recuperar su lugar en la historia local.</p><p>Dos décadas atrás, un hecho clave fortaleció ese proceso de recuperación: el nogoyaense Blas Jaime reveló que conservaba la lengua chaná, considerada extinta desde hacía casi dos siglos. Según relató, el idioma había sido transmitido en secreto de generación en generación, especialmente entre mujeres, reconocidas como “guardianas de la memoria”. A partir de ese hallazgo, los estudios sobre el pueblo chaná cobraron un nuevo impulso y crecieron el interés y la curiosidad de muchos entrerrianos por redescubrir su pasado y, en algunos casos, sus posibles vínculos ancestrales.</p>Blas Jaime junto a su hija, realizando un tradicional saludo chaná.<p>En la ciudad, ese interés se tradujo en acciones concretas. Músicos, escritores, docentes y vecinos de distintas edades impulsaron producciones artísticas y propuestas pedagógicas que, año a año, fueron ganando visibilidad. En ese marco, en 2023 la docente de Historia y Geografía Noelia Echeverría, junto a estudiantes del Colegio Malvina Seguí de Clavarino, llevó a la Banca Abierta del Concejo Deliberante un proyecto que derivó en la sanción de la Ordenanza Nº 12840, que instituyó el 26 de marzo como el “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”.</p><p>El reconocimiento marcó un punto de inflexión. A partir de entonces se conformó el Comité “Opatimá”, que hace menos de un mes organizó, por tercer año consecutivo, una jornada abierta de reflexión, debate y expresión artística en el Teatro del Puerto y sus alrededores. Entre las actividades se destacó la realización de un mural en la Plaza Almeida, a cargo de la artista Victoria Frigo, quien recrea escenas de la vida cotidiana del pueblo chaná a través de su obra.</p><p>En la previa del Día del Aborigen Americano, que se conmemora cada 19 de abril en toda Latinoamérica desde 1940, Ahora ElDía dialogó con Echeverría sobre los desafíos actuales del comité y la necesidad de profundizar la implementación de la iniciativa, con el objetivo de ampliar su alcance educativo y cultural.“Sentimos que la Ordenanza no logra tener el alcance de impacto educativo ni cultural que quisiéramos. Siempre nos planteamos el temor de que esta iniciativa caduque en algunos agentes interesados y que por lo tanto la normativa pierda vitalidad. Por eso, se nos planteó la posibilidad de establecer que estas jornadas de diálogo y preservación de la cultura chaná puedan designarse como de interés cultural. Todavía nos falta lograr el ensamblaje con la parte educativa, porque la Ordenanza debería ser parte del Área de Educación y de Cultura para que ejecuten su articulación. Como eso no es visiblemente palpable nosotros generamos todo tipo de propuestas y actividades”, contó Echeverría, e indicó que si bien no redactaron un plan de acción ni establecieron un protocolo, la jornada sostuvo un nutrido diálogo en torno a “pensar cómo ampliar los involucrados”.&nbsp;</p><p>“El comité es muy autogestivo. Entendemos que la única forma de mantener esto vivo es que crezca, y nuestro deseo es que lo haga cada vez más. Por eso, revitalizamos la idea de ampliar la comunicación, creando un perfil en redes sociales y dejando a la mano de los docentes y asistentes al encuentro una guía de difusión con información importante para abordarlo en las escuelas. También estamos abiertos a sugerencias y otras instancias de socialización y trabajo compartido y comunitario”, amplió.</p><p>Acerca de la ordenanza</p><p>En noviembre de 2023, el Honorable Concejo Deliberante de Gualeguaychú sancionó la Ordenanza Nº 12840 con el objetivo de saldar una deuda histórica con la nación chaná. A más de dos años de su aprobación, la normativa continúa siendo una herramienta clave en el proceso de recuperación de la memoria y el reconocimiento de esta cultura.</p><p>La ordenanza estableció el 26 de marzo como fecha conmemorativa, en referencia a la presentación del diccionario bilingüe chaná-español de Blas Wilfredo “Don” Omar Jaime, considerado el último hablante registrado de esta lengua en Entre Ríos.</p><p>En sus fundamentos, la norma subrayó que los chaná fueron una sociedad organizada, con normas, autoridades y una cosmovisión profundamente ligada a la naturaleza. Los hallazgos arqueológicos, con más de 2000 años de antigüedad, evidencian una presencia sostenida previa a las narrativas coloniales que estructuraron la historia oficial.</p><p>Asimismo, advirtió sobre el desconocimiento persistente en torno a esta cultura, reflejado en su escasa presencia en la currícula educativa y en los relatos institucionales. En respuesta, la ordenanza promovió la incorporación de contenidos específicos en las escuelas, junto con la realización de actividades, talleres y políticas públicas orientadas a su visibilización.</p><p>La iniciativa también planteó la necesidad de fortalecer la identidad regional desde sus raíces, reconociendo que la relación con el río y el entorno natural, tan característica del ser entrerriano, tiene profundas bases en estas culturas originarias.</p><p>Además, impulsó la articulación entre el Estado, instituciones educativas, organizaciones sociales y universidades, e incorporó una perspectiva de género en las acciones vinculadas.</p><p>A más de dos años de su sanción, la ordenanza no solo sumó una efeméride al calendario local, sino que abrió un proceso más amplio de revisión histórica. En un contexto donde los debates sobre memoria e identidad ganan centralidad, recuperar el legado chaná sigue siendo un desafío vigente. Porque en esa reconstrucción no solo se revisa el pasado, también se redefine la identidad presente de Gualeguaychú desde una mirada más inclusiva y consciente de sus raíces.</p><p>Miradas que sostienen el rescate de la memoria</p><p>El proceso de recuperación de la cultura chaná en Gualeguaychú no es reciente ni aislado, sino el resultado de años de trabajo de artistas, docentes e investigadores que vienen impulsando una reparación histórica e identitaria desde distintos ámbitos.&nbsp;</p><p>En ese sentido, la artista y docente Paulina Lemes remarcó en una entrevista anterior con este medio la necesidad de romper con las imágenes estereotipadas construidas desde la Conquista. A través de proyectos visuales y pedagógicos, planteó la importancia de reconstruir escenas cotidianas que permitan “imaginar a una mamá o abuela haciendo cerámica y a los gurises alrededor”, en contraposición a la figura del indígena asociada exclusivamente a la guerra.</p>Ilustración: Victoria Frigo<p>Desde una perspectiva similar, el profesor y editor Amadeo Nicolás Darchez subrayó que el rescate de esta historia no solo amplía el conocimiento del pasado, sino que también interpela el presente: entender que la sociedad se construyó sobre un “borramiento histórico” permite mirarse de forma más crítica y reconocer otras formas de vínculo con el entorno, más armónicas y sostenibles.</p><p>Sin embargo, también advirtió que se trata de un proceso en desarrollo, con avances, pero aún con desafíos.</p><p>En la misma línea, el antropólogo Axel Weissler consideró que la recuperación de la memoria indígena implica ampliar la idea de identidad local. Señaló que la historia de la ciudad no puede entenderse únicamente desde su herencia europea o criolla, sino que debe incorporar las raíces originarias como parte constitutiva del territorio. “Sin esa recuperación, se está contando solo una parte de la historia”, planteó.</p><p>Además, destacó que este proceso es también una forma de enfrentar el olvido producto del genocidio y de construir una identidad más inclusiva, donde convivan las distintas tradiciones que dieron forma a la región.</p><p>Las distintas voces coinciden en un punto central: visibilizar el legado chaná no es solo una tarea cultural, sino también política y educativa. Y, en ese sentido, el desafío actual, tal como hoy señalan desde el Comité Opatimá, es lograr que ese camino de recuperación histórica se sostenga en el tiempo y se traduzca en acciones concretas que alcancen a toda la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure>A más de dos años de la sanción de la institución del “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”, referentes culturales y educativos de Gualeguaychú impulsan nuevas acciones para fortalecer la implementación de la norma y, lograr que la historia y herencia de este pueblo tengan un lugar real en la comunidad y en las escuelas.]]>
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                <published>2026-04-18T23:13:00+00:00</published>
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            El violento ocaso de Justo José de Urquiza, el crimen que selló el fin de una era
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 11 de abril de 1870, en su residencia del Palacio San José, el general Justo José de Urquiza fue asesinado por un grupo armado vinculado al movimiento encabezado por Ricardo López Jordán. Casi en simultáneo, otras partidas vinculadas a la Rebelión jordanista asesinaron en Concordia a dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino Urquiza. Ambos ocupaban cargos políticos y militares, y eran vistos como continuadores del poder y la influencia de su padre en la provincia.</p><p>Los hechos, violentos y simbólicos, no sólo terminaron con la vida de uno de los protagonistas centrales de la organización nacional y la de sus posibles herederos, sino que también abrió una nueva etapa en la historia política argentina, especialmente en Entre Ríos.</p><p>No hay dudas de que Urquiza fue una de las figuras más influyentes del siglo XIX argentino. Tras años como aliado de Juan Manuel de Rosas, en 1851 encabezó el Pronunciamiento que lo enfrentó al poder porteño. Poco después, al frente del Ejército Grande, logró derrotarlo en la Batalla de Caseros, un hecho decisivo que permitió iniciar el proceso de organización institucional del país. Ese triunfo abrió paso a la sanción de la Constitución de 1853 y a su posterior presidencia de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860.</p><p>Pero la Batalla de Pavón de 1861 marcaría un punto de quiebre para la historia nacional y del caudillo entrerriano. Allí se enfrentaron la Confederación Argentina, comandada por Urquiza, y el Estado de Buenos Aires, dirigido por Bartolomé Mitre. Estaba en juego qué modelo de país se iba a imponer: una organización con mayor peso de las provincias o un esquema centralizado bajo la hegemonía porteña.</p><p>El desarrollo del combate fue parejo y sin un vencedor claro. Sin embargo, en una decisión que aún hoy genera debate, Urquiza ordenó retirarse del campo de batalla y replegarse hacia Entre Ríos. Esa determinación, más política que militar, resultó decisiva: la Confederación se desarticuló y Mitre asumió poco después la presidencia del país unificado, consolidando el predominio porteño.</p><p>Desde entonces, el rol de Urquiza cambió de manera profunda. De acuerdo con algunas corrientes historiográficas, su actitud conciliadora con el poder central -primero con Mitre y luego con Sarmiento- fue vista como una claudicación para muchos entrerrianos y federales. En ese sentido, su negativa a apoyar levantamientos federales y su respaldo a la política nacional, incluso durante la Guerra del Paraguay, habrían profundizado el descontento y conducido a una erosión de su liderazgo, sentado las bases para la posterior insurrección que se cobró su vida. Se argumenta que durante años la figura de Urquiza había sido blanco de críticas, campañas periodísticas y advertencias sobre posibles atentados, y que desde sectores políticos se había instalado la idea de su eliminación como salida al conflicto.</p><p>Sin embargo, otras lecturas de los hechos afirman que no fue así, como la del profesor e historiador entrerriano Gastón Buet, especialista en el tema:&nbsp;“Se han tejido muchas mentiras alrededor de su asesinato. En primer lugar, las fuentes históricas revisionistas mienten cuando dicen que la estrella de Urquiza se había eclipsado. ¿Por qué en la partida que lo asesinó había solo un entrerriano? Si hubiera sido una persona mal vista en Entre Ríos, les hubiera sido fácil encontrar asesinos en la provincia. Por otro lado, cuando se lo acusa de traición y demás, fue toda una falacia inventada por López Jordán, apoyada después por la historia revisionista, que es rosista, y siempre trató de destruir la imagen de Urquiza. El trasfondo real era que López Jordán quería ser gobernador de Entre Ríos. Lo había intentado, había tratado de postularse y Urquiza apoyó a Domínguez. Ahí López Jordán se dio cuenta de que nunca iba a ser gobernador mientras Urquiza estuviera vivo. Entonces planeó este asesinato, que no fue uno cualquiera, fue el asesinato del gobernador legal del estado de Entre Ríos. Y la confirmación es que no solo mató al gobernador, sino también a sus dos hijos mayores que vivían en Concordia y se perfilaban como sus sucesores políticos. Todo fue orquestado por López Jordán para dar un golpe de Estado en la provincia. La excusa fue traición, fue Pavón, fue una alianza con Brasil en Caseros. El asesinato de Urquiza se produce simplemente por ambiciones políticas de un caudillo, que era López Jordán, que no entendía que el tiempo de las lanzas había terminado, que no solo había una Constitución Argentina sino también una Constitución Provincial, y que -en última instancia- fue el idiota útil para intervenir en la provincia. Mientras Urquiza vivía, Entre Ríos era el segundo PBI más rico de la Nación y la única provincia que el presidente Mitre no había intervenido militarmente. La muerte del gobernador le dio el pie legal al presidente Sarmiento para intervenir y ahí empezó el derrotero de fracaso económico del estado entrerriano”.</p>Ricardo López Jordán<p>Tras la muerte de Urquiza, Entre Ríos entró en una etapa de crisis profunda que rápidamente derivó en guerra abierta. El hecho formó parte del inicio de la Rebelión jordanista, encabezada por Ricardo López Jordán, quien poco después fue proclamado gobernador por la Legislatura provincial. Sin embargo, su autoridad no fue reconocida por el gobierno nacional de Domingo Faustino Sarmiento.</p><p>Ante esa situación, la Nación intervino militarmente. Tropas del Ejército ingresaron a Entre Ríos y se desató una serie de enfrentamientos que se prolongaron durante años, dando lugar a las llamadas guerras jordanistas. La provincia quedó así sumida en un conflicto armado casi permanente. Con el correr de las campañas, López Jordán fue derrotado y obligado al exilio, tras varios intentos fallidos de retomar el poder. Su caída marcó el debilitamiento definitivo del federalismo entrerriano como fuerza capaz de disputar el control político.</p><p>Más allá de Entre Ríos, el crimen de Urquiza simbolizó el cierre de la etapa de los grandes caudillos del siglo XIX y consolidó el avance del Estado nacional centralizado. Desde entonces, el poder político quedó cada vez más concentrado en el gobierno nacional, reduciendo la autonomía que las provincias habían ejercido durante décadas.</p><p>La crónica del asesinato y el ocultamiento del cadáver</p><p>A fines del siglo XIX, el escritor gualeguaychuense Fray Mocho publicó en la revista Caras y Caretas una entrevista al coronel Carlos Anderson, quien había sido jefe de la guardia del Palacio San José y testigo directo del crimen. Ese testimonio, recogido casi treinta años después de los hechos, constituye una de las reconstrucciones más vívidas de aquella jornada. Según ese relato, en la tarde del 11 de abril de 1870 una partida armada vinculada a López Jordán irrumpió en la residencia de Urquiza al grito de “¡Abajo el tirano!”. El ataque fue rápido y coordinado.</p><p>“Serían entre las siete y siete y veinte de la noche, cuando sentí que don Justo –que estaba, como era su costumbre, tomando el té bajo la galería en la entrada del patio– le preguntaba al hombre de servicio: “¿Qué ruido es ese?”. Parecía ser un tropel bastante sonoro que se acercaba rápidamente. “¡Ah! lAh! ¡Eso es!… Ha de ser una comisión que debe llegar de Nogoyá…”. Y luego, no más como el tropel siguiera y no se detuviese dónde estaba ordenado se detuvieran las comisiones, agregó –ya gritando– “son asesinos… cierre la puerta del pasillo”. Y lo oí que corría para la sala-costurero de la señora, que quedaba casi en la esquina del patio y se comunicaba con la torre del Palacio por medio de otro cuartito donde estaba la escalera, que era de fierro y de esas llamadas de caracol. En la torre había armas y si el General sube se salva, pero lo perdió su genio, pues como encontró un riflecito a mano, volvió al patio corriendo”, relató Anderson, y agregó que, al ver a sus atacantes, Urquiza les gritó “¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas!”, disparando contra uno de ellos.</p><p>“Álvarez, entonces, le tiró con un revólver y le pegó al lado de la boca –era herida mortal, sin vuelta–. El General cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, –único que venía de militar– que lo alcanzó cuando ya la señora Dolores y Lola, la hija, tomaban el cuerpo y lo entraban a la pieza, en la cual se encerraron con él, yendo a recostarlo en la esquina del frente, donde se conservan hasta ahora las manchas de sangre en las baldosas”, narró ante Fray Mocho el testigo de los hechos.</p><p>El asesinato ocurrió frente a su familia y en el corazón mismo del poder que Urquiza había construido durante décadas. El cuerpo, ya sin vida, fue retirado del Palacio y trasladado a Concepción del Uruguay, donde fue velado con discreción en la casa de su hija. El clima era de temor: muchos de sus allegados evitaban asistir por miedo a represalias en medio de la insurrección jordanista.</p><p>Inicialmente, los restos fueron sepultados en el cementerio local. Sin embargo, la situación política y el odio que aún despertaba su figura generaron un temor concreto: que el cadáver fuera profanado o utilizado como trofeo. Por ese motivo, su viuda, Dolores Costa, decidió trasladarlo en secreto. En una operación nocturna y reservada, el féretro fue llevado a la iglesia principal de la ciudad y ocultado en un lugar desconocido.</p>La foto póstuma de Urquiza<p>Ese secreto se mantuvo durante décadas. Solo unas pocas personas conocían el verdadero paradero del cuerpo y, con el paso del tiempo, esa información se perdió. Durante más de 80 años, nadie supo con certeza dónde estaban los restos de Urquiza. Recién en 1951, tras una búsqueda dentro de la basílica, se descubrió que el cadáver había sido ocultado dentro de una pared, en una cripta tapiada.</p><p>El hallazgo permitió confirmar detalles del asesinato: el cráneo presentaba daños compatibles con el disparo en el rostro y las heridas posteriores. Finalmente, los restos fueron identificados y trasladados a un mausoleo en la Basílica de la Inmaculada Concepción, donde descansan en la actualidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure>Su muerte en 1870 no solo fue el final de un caudillo clave en la organización nacional, sino también el punto de quiebre definitivo del federalismo entrerriano. El asesinato, ejecutado en el marco de la Rebelión jordanista, derivó en la intervención del Estado nacional, una prolongada guerra civil y la consolidación de un nuevo orden político en la Argentina.]]>
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                                <updated>2026-04-11T19:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T19:28:19+00:00</published>
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            Más de 200 visitas en marzo: el Museo de la Memoria Popular recibió a estudiantes y turistas que recorrieron su historia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H6cGEs5UnoXCK4WDY6YQ_cuJ3pM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/museo_de_la_memoria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco del Mes de la Memoria, el Museo de la Memoria Popular “Osvaldo Delmonte”, ubicado en la Casa De Deken, se convirtió nuevamente en un espacio de encuentro, reflexión y aprendizaje para instituciones educativas y visitantes de la ciudad. Durante marzo, más de 200 personas, entre turistas, excursionistas, estudiantes y docentes, recorrieron este espacio emblemático, acercándose a una parte fundamental de nuestra historia reciente.</p><p>Entre las instituciones que participaron de las visitas guiadas se destacan: la Escuela Secundaria “Fernando Elgue” Racing, la Escuela Primaria N.º 88 “Los Fundadores”, la Escuela Primaria N.º 8 “María América Barbosa” y la ESJA N.º 10 “Pedro Juan A. Fortunato”, entre otras.</p><p>Las actividades de recorrido guiado permitieron a los alumnos conocer, preguntar y reflexionar sobre el período 1976-1983 en Argentina. A través de relatos, materiales históricos y la orientación de guías especializados, los estudiantes no solo accedieron a información sobre hechos históricos, sino que también pudieron relacionarlos con la actualidad, comprendiendo la importancia de sostener la democracia.</p><p>La sala “Confidencial y Secreto” constituye uno de los espacios más significativos del recorrido. Allí se exhiben urnas y una cronología de la historia del voto, junto con una ventana ploteada que rememora la vuelta de la democracia. Además, el espacio incluye una recreación de un living de la época, donde un televisor reproduce imágenes del Juicio a las Juntas y la histórica frase “Nunca Más”, pronunciada por el fiscal Julio César Strassera, que marca un cierre emblemático del recorrido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H6cGEs5UnoXCK4WDY6YQ_cuJ3pM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/museo_de_la_memoria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el marco del Mes de la Memoria, el Museo de la Memoria Popular “Osvaldo Delmonte”, ubicado en la Casa De Deken, se convirtió nuevamente en un espac...]]>
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                <published>2026-04-03T11:31:27+00:00</published>
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            La confesión de Luisana Lopilato a Mario Pergolini: “Mi hermano me salvó la vida”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ggHf23gc0SEzhvAs0uTR4TzK58k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/luisana_lopilato.avif" class="type:primaryImage" /></figure><p>La revelación de Luisana Lopilato durante su visita al programa Otro día perdido asombró al conductor Mario Pergolini y al resto del equipo con un inesperado relato. La actriz compartió, por primera vez en público, un episodio marcado por el riesgo y la fortuna en su infancia. Un hecho, cargado de detalles personales, sobre un instante que la marcaría para siempre.</p><p>Nacida y criada en el barrio de Parque Chas, Lopilato identificó la “Plaza del Trébol” como el escenario de un accidente que, según sus palabras, nunca antes había contado fuera de su círculo íntimo. El recuerdo se activó cuando el equipo del programa le acercó un mapa de su barrio natal, evocando imágenes y sensaciones de una etapa de cuando era niña, y disfrutaba jugar en la calle.</p><p>Mientras rememoraba su niñez, Lopilato confesó: “Me acuerdo perfectamente de esa plaza. Me he electrocutado ahí. Nadie lo sabe, nunca lo conté. Tengo hasta una marca en la mano y todo”. La actriz situó el incidente en los años en que tenía entre ocho y nueve, cuando acompañaba a su hermano mientras este jugaba al fútbol en la plaza.</p><p>El accidente ocurrió de forma repentina. Lopilato relató que, al esperar a su hermano, se entretuvo balanceándose en un poste de luz. Sin advertir el peligro, tomó el poste sin notar que la tapa estaba abierta y un cable eléctrico estaba expuesto. El contacto fue inmediato: “Me empecé a electrocutar”, explicó, imitando con su cuerpo los movimientos involuntarios que experimentó en ese momento.</p><p>La experiencia no solo dejó una huella emocional, sino también física. La actriz mostró que conserva una marca en la mano. Este detalle se suma a la singularidad de la confesión, ya que nunca antes había compartido públicamente ese momento traumático de su historia personal.</p><p>El relato cobró otra dimensión al describir la reacción de su hermano cuando notó la situación de peligro y sin dudarlo recurrió a una maniobra poco convencional pero efectiva: “Mi hermano me vio desde la cancha, salió y me pegó una patada. Literal”, relató Lopilato.</p><p>El rápido accionar de su hermano, quien la apartó con una patada, fue fundamental para salvarle la vida, según explicó la actriz</p><p>Según la propia actriz, este acto fue determinante. Sostuvo que, de no haber intervenido su hermano, el desenlace habría sido fatal: “Si él no hacía eso me moría. Mi hermano me salvó la vida”. En su explicación, añadió que en casos de electrocución es necesario un golpe fuerte o una patada para separar a la persona del objeto electrificado, ya que el cuerpo tiende a quedar adherido debido a la corriente.</p><p>La narración aportó además un matiz didáctico, al explicar que la reacción de su hermano fue la única solución posible en ese instante. “Se tiene que pegar una patada o algo así porque sino no podés despegarte”, concluyó, reforzando el carácter excepcional de la intervención.</p><p>El diálogo se produjo durante la primera emisión de lasegunda temporada del ciclo, con Mario Pergolini al frente, y en una atmósfera de confianza que permitió a la actriz abrirse más allá de los temas habituales de promoción de su carrera y su familia.</p><p>Luisana y Darío Lopilato, hermanos y cómplices tanto en la vida como en la ficción</p><p>La sorpresa de Pergolini fue evidente ante la magnitud y crudeza del relato. La interacción permitió que la audiencia observara una faceta distinta de la invitada, más ligada a la experiencia personal y al riesgo físico.</p><p>Durante el programa, se evocaron otros episodios vinculados a la Plaza del Trébol, como el recuerdo de una agresión con una piedra, lo que subraya el carácter vivo y a veces accidentado de la infancia en el espacio público de Parque Chas. El episodio que contó la actriz, se sumó a la lista de momentos que definieron el debut de la nueva temporada de Otro día perdido, en el que la memoria y la confesión espontánea fueron protagonistas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ggHf23gc0SEzhvAs0uTR4TzK58k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/luisana_lopilato.avif" class="type:primaryImage" /></figure>La actriz fue la invitada en el regreso de Otro día perdido y sorprendió al público al compartir una experiencia oculta de su niñez]]>
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                                                <category term="espectaculos" label="Espectáculos" />
                                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-31T14:15:27+00:00</published>
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            La muerte del ex comisario Jaisal Adón y el crimen de la videocasetera
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pj9Mc9tHk5OZ9D43EQnbD8pCHZ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/crimen." class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Para 1989, Gualeguaychú era un lugar tranquilo, sin mayores sobresaltos más que los económicos a los cuales estamos acostumbrados. El crecimiento de la ciudad se mezclaba con la idiosincrasia de un pueblo que se resistía a abandonar, o a resignar, ciertas conductas que la caracterizaban.</p><p>Pero hasta en los lugares más recónditos del planeta, “donde nunca pasa nada”, hay días que quedan guardados en la memoria de sus habitantes, y hasta el día de hoy hay quienes se acuerdan de lo que sucedió con Jaisal Alejandro Adón.</p><p>&nbsp;</p><p>Horrendo y espeluznanteEsos fueron los términos que se utilizaron en los diarios para titular en agosto de 1989 lo que había ocurrido con el Comisario Inspector retirado de la Policía de Entre Ríos que había sido encontrado sin vida en el interior de su domicilio en San José al 200.&nbsp;</p><p>Para ese momento en que los diarios hicieron público lo que había sucedido, la noticia ya corría como reguero de pólvora por la ciudad. Los programas de radio, que no tenían que esperar tanto para dar detalles de lo ocurrido, seguían el minuto a minuto de una investigación que en un principio se mostraba cerrada y misteriosa. Nada se sabía sobre el móvil del terrible crimen.</p><p>Jaisal Alejandro Adón tenía 68 años cuando el 23 de agosto de 1989 abrió la puerta del garage de su casa y fue atacado con “un elemento romo (sin puntas) y contundente”, que le destrozó el cráneo. Su cuerpo fue hallado al lado del Citroën que se guardaba en el lugar.</p><p>Este hombre había sido Subjefe de la Jefatura Departamental de Concordia y su hijo, Héctor Alejandro Adón, que en 1989 era Inspector Mayor, estaba a cargo de la misma Jefatura en la que su padre había ejercido años antes, por lo cual, lo sucedido en Gualeguaychú golpeaba fuertemente a toda la familia policial.</p><p>En un principio el móvil del robo había sido descartado por dos cuestiones. Por un lado, la puerta no había sido violentada, por lo cual se estableció que la víctima conocía a su asesino. La hipótesis era que le había abierto la puerta, sin la sospecha de lo que ocurriría después. Lo único que en un principio se confirmó que faltaba en la casa era una videocasetera y esto llamó la atención, pero como todo lo demás estaba en su lugar y no había nada revuelto, la primera teoría del móvil no fue la de una muerte por robo.</p><p>A partir de esto, la investigación se orientó hacia otro lado, como ser una posible venganza o algo que tuviera relación con el pasado policial de la víctima, pero con el correr de las horas esa videocasetera que faltaba jugaría un rol clave en la causa y permitiría llegar al autor del hecho.</p><p>&nbsp;</p><p>Pasto secoEl ataque ocurrió en la noche del 23 de agosto, pero se cree que Jaisal Adón agonizó alrededor de una hora. Cuando lo encontraron a la mañana del día siguiente, había logrado arrastrarse unos metros hasta la puerta de acceso de la casa sobre la calle San José. Tenía una media colocada “hasta la garganta”.</p><p>Pero con el correr de las horas se confirmó que no sólo se habían llevado una videocasetera, sino también una suma de dinero y un par de anillos de oro, que sumaban en total más de un millón de australes (la moneda argentina de aquellos tiempos). Ya comenzaba a hablarse de “los asesinos”, porque dada la modalidad del crimen se creía que más de una persona había actuado en el crimen.</p><p>Para el sábado 26 ya se tenía a tres personas detenidas, pero solo una de ellas fue la que finalmente quedó como imputada. Se trataba de un joven de 20 años, conocido como “pasto seco” en referencia a su pelo. Néstor Arturo Antonio Quintana fue detenido por tener en su poder la videocasetera de Adón. La encontraron en su domicilio de Doello Jurado 1168, casi Rocamora.</p><p>El juez de Instrucción, Celestino Toller, fue quien tuvo a su cargo la investigación y como era común en aquellos años y hasta el 2013, el mismo magistrado que dirigía la causa e imputaba al sospechoso, era quien estaba a cargo de suministrarle las garantías. Un rol algo “esquizofrénico”, como supo calificar años después otro Juez de Instrucción de Gualeguaychú.</p><p>Quintana se mantuvo siempre en silencio. Nunca abrió la boca. Pese a que había sospechas de que no había actuado solo, este joven decidió no declarar. Y así fue como llegó al juicio. Sin responsabilizarse y sin involucrar a terceros. Pero eso cambiaría años después cuando en el debate realizado en Gualeguay dio su versión de los hechos e involucró a dos ex policías.</p><p>Toller lo imputó de Homicidio agravado en concurso real con robo simple. Se le dictó prisión preventiva y por cuestiones de seguridad fue trasladado a la Unidad Penal de Gualeguay hasta el inicio del juicio que comenzó el 27 de abril de 1992.</p><p>&nbsp;</p><p>Dos policías involucradosEntre el 27 y 28 de abril de 1992 declararon tres peritos y 14 testigos, pero los magistrados dispusieron un cuarto intermedio hasta el 8 de mayo porque entendieron que era necesaria la presencia de un joven a quien se señaló como el encargado de vender la videocasetera que había sido sustraída de la casa de Adón. Como esa persona vivía en Buenos Aires o en el sur del país, no estaba muy claro dónde residía, se necesitó de tiempo, pero una vez que se logró comunicarlo y traerlo al juicio, su palabra no agregó nada importante a lo que ya se tenía.</p><p>Hasta ese momento, una de las declaraciones más significativas había sido la de Héctor Alejandro Adón, hijo de Jaisal y jefe de Policía de Concordia. Este hombre dijo conocer a Quintana y precisó que el joven conocía los movimientos de la casa; y sabía que su padre vivía solo. Incluso reveló que la víctima le había contado pocos días antes que Quintana había concurrido a la vivienda de la calle San José junto a un familiar, con la excusa de que quería ingresar a la Policía.</p><p>Pero lo más importante vino después, cuando el juicio se reanudó el 8 de mayo. Ese fue el día en que Quintana decidió hablar por consejo de su abogado, Virgilio Cardozo. Dos años y nueves meses después del hecho aseguró que no había hablado “por temor a represalias” de parte de las personas que sindicó como los autores.</p><p>Narró que el 23 de agosto de 1989, alrededor de las 20, se encontraba junto a Jaisal Adón en la vereda de la casa y de allí pasaron a una de las salas. Estaban sentados en un sillón, mirando televisión y conversando, cuando tocaron el timbre de la casa. Adón atendió por la puerta del garage, e inmediatamente oyó que entraba gente corriendo.</p><p>En su declaración mencionó que vio a la víctima tirada en el piso del garage y a dos ex policías que conocía, a quienes identificó con nombre y apellido. Dijo que uno tenía una herramienta en la mano y el otro tenía un arma. Cuando lo vieron se acercaron hasta él, y el que tenía el arma lo tomó del cabello y le dijo: “quédate tranquilo, a vos no te va a pasar nada”.</p><p>Relató que logró escapar cuando lo llevaban hacia un apartamento interior que ocupaba a veces el hijo de Adón cuando llegaba a Gualeguaychú. Pudo zafarse del hombre que lo tenía tomado y por una puerta que estaba abierta se escapó. Luego de allí se fue al bar de Campostrini, se tomó una “naranjada” y se fue a su casa.</p><p>Pero el relato no terminó allí. Para explicar lo sucedido con la videocasetera, contó que tomó el bolso con elementos de fútbol y se fue para la casa de su novia. Se subió a un colectivo y como conocía al colectivero, el chofer le habría ofrecido el aparato para ver películas y lo tomó. “Llevala”, le habría dicho el colectivero, pero Quintana no pudo bajar en la casa de su novia porque había mucho barro y por eso regresó a su casa con la videocasetera en su poder. Un relato demasiado extraño.</p><p>Dijo que recién al día siguiente se enteró de la muerte de Adón y que no dijo nada por miedo. Fue en ese momento en que tomó conocimiento que faltaba una videocasetera de la casa de Adón y entonces se acordó del colectivero. Como lo conocía, se la llevó para regresársela, pero Quintana cayó detenido cuando el colectivero lo marcó como la persona que le había querido vender la videocasetera.</p><p>En su alegato, el fiscal Antonio Cirigliano enumeró una a una las inconsistencias en el relato de Quintana y destacó que no sólo fue el hecho de la videocasetera lo que implicó al joven acusado. No tenía coartada. Había confirmado que estuvo presente en el crimen y que luego escapó. Además, en un martillo de zapatero y en una campera “vaquero” que le secuestraron, había rastros de sangre compatible con la de Adón. Incluso, unas zapatillas Adidas y el bolso que reconoció haberse llevado de la casa, también tenían vestigio de sangre, pese a haber sido lavados.</p><p>Otra de las pruebas que lo incriminaron fueron los pelos hallados en la media que tenía Adón en su boca. Eran coincidente con otros rastros que fueron cotejados a los encontrados en la campera de Quintana. Todo lo comprometía y su relato carecía de toda credibilidad.</p><p>&nbsp;</p><p>Probado, con grado de certezaPara la Justicia no hubo dudas respecto a la participación de Quintana en el caso. La única pregunta que restaba responder era si había actuado solo; y esto nunca llegó a esclarecerse con el grado de certeza que se necesita y por ello Quintana fue el único imputado y condenado a 13 años de prisión.</p><p>Existió una movilización pidiendo la libertad de Quintana, luego de haber sido condenado. Esa marcha se realizó frente a la Municipalidad, y fueron los funcionarios de aquel momento los que recibieron a los familiares. El concejal Ernesto Mindeguía, el secretario de Servicio Público Pablo Baffico y el secretario de Gobierno Daniel Irigoyen escucharon los reclamos y denuncias que tenían como objetivo que se investigue a los dos ex policías que habían sido nombrados por Quintana en el juicio, pero eso era menester de la Justicia.</p><p>Se la llamó la marcha del silencio, en clara resonancia con lo que ocurría en otros puntos del país, principalmente con lo sucedido con María Soledad Morales en Catamarca, que fue asesinada en septiembre de 1990. “Un hecho casi inédito, ya que en Gualeguaychú no se recuerda otra movilización de estas características”, escribían los diarios de aquella época.</p><p>La madre de Quintana denunciaba ante los grabadores de los periodistas: “Queremos que se haga justicia. Mi hijo que está detenido no fue culpable de lo ocurrido, simplemente fue testigo del hecho. Y a las personas que Néstor nombró en el juicio, queremos que se las detenga y se las investigue, porque no es justo que vivamos con esta gente”.</p><p>Lo cierto es que nada sucedió judicialmente con estos dos hombres. Lo único que la historia retrata fue la condena de Quintana. Tras permanecer un corto periodo de tiempo en la cárcel de Gualeguay, fue trasladado a la Unidad Penal 2 de Gualeguaychú a cumplir con los 13 años. Se supo que mantuvo un buen comportamiento. Luego, y con los dos tercios de la condena cumplida, comenzó con sus salidas transitorias hasta que finalmente recuperó la libertad.</p><p>El llamado caso Adón fue uno de los sucesos policiales más recordados en Gualeguaychú.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pj9Mc9tHk5OZ9D43EQnbD8pCHZ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/crimen." class="type:primaryImage" /></figure>Parece mentira, y hay quienes aún dudan que ese haya sido el verdadero móvil del homicidio que en aquel tiempo espantó a la opinión pública. Habían matado a golpes, “con un elemento romo” y “destrozándole el cráneo”, a un ex policía, a sólo tres cuadras de la catedral San José.]]>
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                                                <category term="policiales" label="Policiales" />
                                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T23:36:13+00:00</published>
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            La presencia olvidada de los franceses en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDWwJZg9qy0ORLBDYuLIifukcSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/franceses.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La influencia de la inmigración italiana, española e incluso sirio-libanesa está muy presente en la memoria e instituciones de la ciudad. Sin embargo, aunque al día de hoy no sea tan recordada, la colectividad francesa supo ocupar un lugar destacado en la Gualeguaychú de la segunda mitad del siglo XIX. La pista sobre su rol protagónico en el pasado ha llegado a nuestros días gracias a las investigaciones de Elsa Beatriz Bachini, quien en 1966 dictó una de sus recordadas conferencias sobre este tema.Según la abogada estudiosa de la historia local, muchos franceses llegaron a nuestras tierras escapando del régimen de Napoleón III, conocido como el Segundo Imperio Francés (1852-1870). Tal es así que el censo de 1853 reveló que, en una Gualeguaychú de alrededor de 3.500 habitantes, 258 eran franceses: 194 varones y 64 mujeres. Más allá de este número, lo que por aquel entonces marcó una diferencia fue el perfil de quienes llegaron, ya que muchos eran hombres de sólida formación cultural que traían consigo ideas modernas en el plano político, social e industrial.Algunos fueron intelectuales y educadores; otros aportaron sus oficios, dedicándose a la agricultura, la industria, el comercio y diversos rubros artesanos. Una figura, probablemente la más notoria dentro de esta colectividad, supo combinar ambos elementos: el hojalatero y periodista José Lefevre.&nbsp;Lefevre llegó a la ciudad hacia 1852 y abrió un taller de hojalatería en la calle Urquiza. Con el tiempo comenzó a participar activamente en la vida periodística local y en 1858 fundó el periódico “La Esperanza de Entre Ríos”, del cual fue director, con Luis Grimaux como editor responsable. Se trató de un medio de firmes convicciones liberales que se oponía al gobierno de Urquiza, y protagonizaba intensos debates con los diarios oficialistas “La Época” y “El Duende”. Sus confrontaciones fueron tan encendidas que llegaron a trasladarse a ámbitos públicos como el teatro 1º de Mayo, donde hubo cruces con insultos de palco a palco.&nbsp;</p>(Grok AI)<p>En el mismo local del periódico también se instaló una librería que anunciaba suscripciones a obras de autores como Alejandro Dumas, que se entregaban en cuadernillos ilustrados a precios accesibles. En enero de 1859, desde la misma imprenta y con colaboradores similares, comenzó a publicarse “El Eco de Entre Ríos”, dirigido por Honoré Roustand, un uruguayo hijo de franceses que impulsó diversas iniciativas de interés público en la ciudad.</p><p>Otro dato que da la pauta de la presencia que tenía la colectividad francesa en Gualeguaychú es el hecho de que algunos textos publicados en esos diarios aparecían directamente en francés. Uno de ellos, publicado en El Eco del Litoral el 6 de abril de 1856, convocaba a los residentes franceses a firmar una solicitud dirigida al ministro de Francia en Buenos Aires para designar un vicecónsul en la ciudad. A partir de ese mismo año, y hasta su fallecimiento en 1876, fue Lefevre quien se desempeñó como agente consular de Francia en Gualeguaychú.</p><p>Los antiguos periódicos locales también dejaron registro de la impronta francesa en la actividad comercial y la vida cotidiana de la ciudad. Emprendimientos como el molino de Crucet, la jabonería y velería de Adela A. de Rivier, la botica “El Indio” de Pedro Peytaví, la mueblería y tapicería de Soulié, o la fotografía de Jardim y Berger. También funcionaban cafés regentados por Dutté, Lalanne, Bon y Descoins, así como el Hotel París de Roustand.</p><p>En marzo de 1856, por ejemplo, el periódico El Eco del Litoral publicaba un aviso de “Madama Gotier, modista francesa”, quien ofrecía gorras, plumas, flores y cintas recién llegadas de París, además de confeccionar manteletas, capas y otras prendas de moda. También estaban presentes por aquel entonces el sombrerero Esteban Clement, que restauraba galeras en la calle San José; y el sastre Devese, que se dedicaba a la compostura y limpieza de ropa masculina.</p><p>En cuanto a su involucramiento en la enseñanza, cabe señalar que franceses e hijos de franceses, como Florencia Marreins (1883-1977), primera directora y maestra de la Escuela Nº 9, no se limitaron a incorporarse como docentes en las escuelas ya existentes, sino que también impulsaron la creación de nuevos establecimientos educativos. Algunos de ellos tuvieron una prolongada trayectoria, como el Colegio Franco-Argentino, que estaba ubicado en Urquiza 120.</p><p>En 1858 aparecía en “El Eco del Litoral “este aviso dirigido a las familias: “A las madres de familia. El día 15 del corriente se abrirá un colegio francés de señoritas, dirigido por la señorita Bertha Grimaux, quien enseñará religión y moral, lectura, escritura, aritmética, gramática francesa, geografía, historia, dibujo, reglas de urbanidad y diversas labores”. En el mismo periódico se anunciaban además “lecciones particulares de teneduría de libros e idioma francés, según un método teórico-práctico breve y sencillo”, a cargo de don Luis Grimaux.</p><p>A estas iniciativas se sumaban las escuelas de Marcela Vidart, Micaela Etchenique, Domingo Plandolit, Olegario Errasquin, Graciana Garat, el Colegio Argentino dirigido por Cayetano Huguet, con profesores Mauleón y Ledesma, y la pequeña escuela de Carmen Bot, que ya funcionaba hacia 1860.</p><p>Otros franceses contemporáneos que dieron sus aportes a la ciudad fueron el arquitecto Ferdinand Lebleu, quien presentó al general Urquiza en 1858 el proyecto del primer muelle del puerto. De hecho, el primer farol público a kerosene de la ciudad fue donado por Lefevre y Poitevín en 1863, cuando se inauguró dicho muelle. También fue un francés, Benjamín Lambert, quien instaló los primeros teléfonos en Gualeguaychú. Y la fotografía más conocida de la ciudad pertenecía a Luis Dorgebal, frente a cuya cámara muchos vecinos posaron, rodeados de palomas y azucenas.</p><p>Juan Iroumet fue el primer ecónomo del Hospital de Caridad en 1866; Casimiro Labastie presidió la comisión encargada de construir el nuevo cementerio ese mismo año; Luis Rauschert tuvo a su cargo los registros matrimoniales y de nacimiento en la Municipalidad desde 1874; y el ingeniero Pedro Eberlé dirigió las obras del nuevo cementerio inaugurado en 1877.</p><p>El doctor Chaumery introdujo cepas traídas de Francia para elaborar vino; Crucet instaló el primer molino harinero a vapor; y Enrique Gambier trajo las primeras máquinas para enfardar lana en su barraca del barrio de la estación. Incluso la alimentación cotidiana cambió con la llegada de los franceses a Gualeguaychú: el pan casero, amasado en los hogares, fue reemplazado gradualmente por el pan francés elaborado por panaderos como Pedro Margalot, los hermanos Batmalle, Domingo Partarrieu, “Petit” Philipe y Juan Pedro Laplacette, conocido como “Yampier” (Jean-Pierre).</p><p>Otra curiosidad que rescató Elsa Bachini en sus investigaciones es que, a pesar de la distancia, la colectividad francesa mantuvo fuertes vínculos con su país de origen. Cada acontecimiento que ocurría en el Viejo Mundo tenía repercusión entre los residentes locales. Así, en septiembre de 1875 se organizó en Gualeguaychú una colecta para ayudar a los damnificados por inundaciones en el sur de Francia, iniciativa que reunió numerosos aportes de vecinos, cuyos nombres fueron publicados en los periódicos de la época.</p><p>Los franceses también cultivaban la vida social y las celebraciones patrióticas, organizando reuniones y banquetes para conmemorar fechas importantes de su país. En 1860, por ejemplo, los residentes celebraron el cumpleaños de Napoleón con una gran cena en el Hotel de París. Del mismo modo, el 14 de julio (Aniversario de la toma de La Bastilla) y la recordación de la batalla de Sebastopol eran ocasiones especiales para reunirse y festejar.</p><p>De aquellas celebraciones surgiría, finalmente, una institución destinada a perdurar: el 14 de julio de 1881, por iniciativa de Luis Vicat, se creó la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos “Unión Française”. Esta entidad levantó su sede en la calle Luis N. Palma y construyó también un panteón en el cementerio local, donde descansan muchos de los franceses que contribuyeron al desarrollo de la ciudad.</p><p>De esta manera, aunque a veces parezca que el paso del tiempo dejó de lado la importancia de los franceses en Gualeguaychú, el archivo histórico y las historias que salen a la luz, nos permiten recordar a este y otros tantos grupos migratorios que nutrieron de multiculturalidad la identidad local y permitieron que la ciudad progrese y se desarrolle como tal.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDWwJZg9qy0ORLBDYuLIifukcSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/franceses.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Durante la segunda mitad del siglo XIX, muchos franceses se integraron a la comunidad local en los más diversos ámbitos y marcaron con su impronta la prensa escrita, la educación y la industria. Aunque no siempre se los recuerde, este grupo de inmigrantes contribuyó de manera especial al desarrollo de la ciudad en una época en la que aún todo estaba por hacerse.]]>
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                                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
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            María Luisa Guerra, la gualeguaychuense prodigio que conquistó la escena musical europea
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JvrhvoC6pV7bWpS-upRiA7NOKH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/maria_luisa_guerra_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Gualeguaychú es cuna de artistas. Siempre lo fue. Desde los grandes escritores que le dieron su fama de “ciudad de los poetas” hasta los cientos de músicos, bailarines y carroceros que dan vida cada verano al Carnaval del País. Ejemplos hay muchos; innumerables. Pero existe una historia, quizá no tan conocida, que destaca por el contexto en que transcurrió y por su protagonista: la de María Luisa Guerra. Una niña prodigio que a finales del siglo XIX deslumbró al público europeo con sus dotes de pianista y llegó a ser nombrada Baronesa por la Corona Española.“La Flor del Plata”, como le llamaron en España, nació en Gualeguaychú el 8 de junio de 1869 en el seno de una familia acomodada de la ciudad. Hija de Francisco Guerra y de Bárbara Cortínez, creció en una casa ubicada en la esquina de 25 de Mayo y Rocamora, donde tiempo más tarde existiría el Bazar Alemán de los hermanos Crespo.</p><p>Según se reseña en el libro “Mujeres de Gualeguaychú”, desde temprana edad manifestó una marcada inclinación por la música y notables condiciones para el piano. Tal es así que sus tíos, Leopoldo Guerra y Fátima Zunino, la llevaron a Rosario, Santa Fe, con apenas seis años para impulsar su formación artística. Allí estudió con el maestro Narciso Fontanals y, dado su evidente talento, fue llevada con 10 años a Europa para continuar sus estudios y su prometedora carrera musical. Antes de partir, María Luisa ofreció un concierto de despedida en el Club Recreo Argentino, donde despertó gran admiración. Una imagen que se repetiría en las incontables salas y teatros que le aguardaban al otro lado del océano.</p><p>Ya en el Viejo Continente, se convirtió en discípula del maestro Luca Fumagalli, en Milán. Allí profundizó sus estudios, perfeccionó su técnica y desarrolló plenamente sus dotes de intérprete. Continuó su camino bajo la tutela del máximo concertista español Carlos Vidiella y de Melchor Rodríguez de Alcántara en Barcelona, para luego seguir con Valentín Arín en la Escuela Nacional de Música de Madrid.&nbsp;</p><p>En sus conciertos de Barcelona y París, el público quedaba deslumbrado por su ejecución artística y su corta edad. Tal es así que la Asociación Musical Barcelonesa la hizo socia honoraria, y el Ateneo de Barcelona le regaló una medalla de oro como homenaje “a su genio y mérito indiscutible”.</p><p>Pero su verdadera consagración llegaría entre 1890 y 1895, a lo largo de seis conciertos que dio en el Ateneo de Madrid, el cual la nombró socia de mérito, un hecho sin precedentes en la historia de la entidad. Y es que el Ateneo de Madrid se encontraba en una época en la que abrazó la modernidad y dio espacio a que la mujer ocupase un rol de concertista profesional. A su vez, daba un lugar preponderante al público femenino que, según la prensa de aquel entonces, llegaba incluso a desbordar la capacidad del propio salón durante las veladas.El periódico El Nuevo Progreso recoge la noticia de una de las actuaciones de María Luisa en abril de 1890 y destaca que “el entusiasmo del público fue indescriptible, y la ovación de las más entusiastas que el Ateneo ha presenciado”, mientras que El Liberal -cinco años más tarde- señala que “la musa del Ateneo, como llaman algunos socios de esta casa a la célebre pianista argentina, tiene el privilegio de atraer a los salones de aquella corporación mayor auditorio que todas las eminencias políticas y literarias que allí suelen dar sesiones y conferencias”.</p><p>En medio, en 1893, la revista madrileña “Blanco y Negro”, publicaba que “la inspirada pianista (...) ha obtenido recientemente en el Ateneo de Madrid uno de los triunfos más entusiastas, unánimes y valiosos de su brillante carrera artística”. Maestros ilustres en el arte de Euterpe, profesores no fáciles de entusiasmar, público, en fin, perito, autorizado y escogido como pocos, tributó a la Srta. Guerra (...) una ovación delirante y entusiasta, arrancada a pulso por las raras dotes de esta artista”, seguía.</p>Retrato de 1893, publicado en Blanco y Negro<p>Y completaba: “Las obras más difíciles de Thalberg, Raff, Chopin, Liszt y Heller, son dominadas de todo en todo por la bella y muy simpática ejecutante, en tales términos, que, según opinión autorizada, desde Rubinstein no se ha oído en Madrid nada parecido”.&nbsp; Por aquel entonces, María Luisa tenía 23 años. Se dice que era profundamente tímida, y que antes de comenzar a tocar se conmovía hasta un estado nervioso, casi enfermizo, que desaparecía en el instante en que apoyaba los dedos sobre el piano y desplegaba su prodigioso talento interpretativo. También se la describe con un aspecto frágil, de delicada silueta, brazos delgados y manos trémulas, de ojos grandes, oscuros y cabellos renegridos.</p><p>En 1895 viajó a Gualeguaychú y ofreció en el mes de noviembre dos conciertos en el Teatro 1° de Mayo, un recinto para 700 personas que estaba ubicado en la actual calle Urquiza, entre Mitre y 3 de febrero, frente a la plaza. Los recitales estuvieron organizados por las damas de la Sociedad de la Caridad: uno de ellos a beneficio de la Comisión Pro Monumento al presbítero Luis N. Palma; y el otro destinado a las obras que realizaban para sostener un colegio y hogar de huérfanos y ancianos.&nbsp;</p><p>Para la ocasión, encargaron traer desde Rosario un piano de cola, se enviaron invitaciones al Gobernador de Entre Ríos y a destacadas personalidades, se contrató la orquesta del maestro Batlle y se programó alternar la música con recitados de poemas y canciones. Fue un éxito: se vendieron en su totalidad las entradas generales y los derechos a palcos, cazuelas y lunetas de ambas funciones. El piano fue destinado como premio para una rifa que realizaron un mes después.Días más tarde, el 17 de noviembre, María Luisa partió hacia Buenos Aires desde el Puerto de Gualeguaychú a bordo del vapor “Oriente G”. Eran las cuatro de la tarde de un domingo primaveral. Dejaba atrás a su ciudad querida, cuyo amor y reconocimiento seguramente le significaban más que cualquier otro honor recibido lejos de casa.Según se reseña en la edición Nº 21 de Cuadernos de Gualeguaychú, estuvo unida a su pueblo natal por la asidua correspondencia que mantenía con sus familiares y cedió tierras para que se trazara el camino al Cementerio. Esto último se relaciona con otra de sus cualidades, el uso generoso que dio a su inmensa fortuna: tanto la que heredó, ya que sus padres fallecieron cuando era adolescente, como la que amasó con su propio talento.Tanto por su fama y admiración, como por su elevada posición económica y social, mantuvo relación con las élites europeas de la época. Al punto tal que el rey de España Alfonso XIII la distinguió con el título nobiliario de Baronesa, en reconocimiento a su técnica y a su sensibilidad artística.María Luisa se estableció en San Sebastián, en la costa norte de España, donde tenía una finca a la que llamó “Villa Argentina”. Allí descansaba de sus giras artísticas y vivió hasta el final de sus días cuando falleció en 1949, a la edad de 80 años. En su honor, la ciudad española la homenajeó con una calle. Lo mismo hizo Gualeguaychú, pero recién en 1973, cuando nombró Guerra a la continuación de la calle Brasil, que va desde Urquiza hasta la Costanera.A este y al otro lado del Atlántico, “La Flor del Plata” dejó una huella singular. Protagonista de la escena musical europea hace más de un siglo, trajo orgullo a la ciudad que la vio crecer y convertirse en una joven digna de admiración; y fue un ejemplo más de las grandes mujeres gualeguaychuenses que con su vida y obra marcaron el rumbo para que otras puedan ocupar espacios históricamente vedados y desarrollen con plenitud su talento y vocación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JvrhvoC6pV7bWpS-upRiA7NOKH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/maria_luisa_guerra_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Conocida como “La Flor del Plata”, llegó a ser una de las mejores concertistas del mundo a finales del siglo XIX. Con un don innato para la música, dejó su Gualeguaychú natal para formarse con los grandes maestros de Europa y despertar la ferviente admiración del público ilustrado cada vez que tocaba el piano.]]>
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                <published>2026-02-28T21:27:00+00:00</published>
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            A 174 años de la Batalla de Caseros, el rol clave que tuvo Gualeguaychú
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AaRPz5IJdcDH-yjKgIwalGxE9SM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/02/batalla_de_caseros.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 3 de febrero de 1852 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. Ese día, en la Batalla de Caseros, Juan Manuel de Rosas fue derrotado por el Ejército Grande, integrado por fuerzas de Brasil, Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes, bajo el liderazgo del entonces gobernador entrerriano Justo José de Urquiza.</p><p>Pero Caseros no fue solo un hecho ocurrido en las cercanías de Buenos Aires. Fue el resultado de un proceso político y militar que tuvo escenarios claves en el interior, y Gualeguaychú ocupó un lugar destacado en ese camino hacia la organización constitucional.</p><p>Luego del Pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, el 1° de mayo de 1851, fue necesario tejer alianzas, consolidar acuerdos y planificar la campaña que culminaría en Caseros. En ese contexto, Gualeguaychú fue sede de una reunión decisiva. Los días 29 y 30 de junio de 1851, en la Isla de la Libertad, se encontraron Justo José de Urquiza, el canciller oriental Herrera y Obes y el comandante de la Armada Brasileña, Eugenio Garzón. Allí se discutieron y afianzaron los acuerdos políticos y militares que sostendrían la ofensiva contra Rosas. Apenas habían pasado dos meses del Pronunciamiento, y el rumbo de la historia comenzaba a definirse.</p><p>En medio de ese clima de transformaciones, el 4 de noviembre de 1851, la Villa San José de Gualeguaychú fue elevada oficialmente a la categoría de ciudad por decreto de Urquiza. Este ascenso refleja la importancia estratégica y política que Gualeguaychú había adquirido en ese momento histórico.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AaRPz5IJdcDH-yjKgIwalGxE9SM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/02/batalla_de_caseros.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El 3 de febrero de 1852 marcó un punto de inflexión en la historia argentina. Ese día, en la Batalla de Caseros, Juan Manuel de Rosas fue derrotado po...]]>
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            Los vascos: un linaje protagonista de la historia de Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vZOSwMlN96o-t6cFpU0Jk0CJHqY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vascos_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A lo largo de la historia, un mosaico de pueblos y culturas contribuyeron al progreso de la ciudad y a formar la identidad gualeguaychuense como la conocemos. Entre ellos, estaban los vascos. Asentados desde tiempos inmemoriales en un territorio que hoy abarca el norte de España y el suroeste de Francia, el pueblo vasco es uno de los más antiguos del Viejo Continente, con una continuidad poblacional desde por lo menos el Neolítico. Su rasgo más distintivo es el euskera, una lengua no indoeuropea y sin parentesco demostrado con otros idiomas conocidos.</p><p>Durante siglos, este grupo étnico ha mantenido sus tradiciones, sus instituciones comunitarias y una fuerte conciencia de su identidad a pesar de las invasiones de otros pueblos y los procesos de romanización, primero, y de modernización después. Pero las diversas crisis, guerras y transformaciones sociales que se sucedieron en Europa llevaron a los vascos a buscar nuevos horizontes, y Argentina fue uno de ellos.</p><p>Según la historiadora local Delia Reynoso, la presencia de los vascos en América también responde “a su vocación de navegar y a sus cualidades”, motivos por los cuales participaron “desde el primer momento de la aventura castellana”. “De hábitos sencillos y austeros; como rasgos distintivos de su modo de ser, se le reconocen la franqueza y la tenacidad.&nbsp; Esta última característica es símbolo de tesón y sacrificio, pero al mismo tiempo se aplica para caracterizarlos como porfiados y testarudos”, describió la historiadora en sus escritos.Reynoso ha identificado tres grandes etapas en el arribo de los vascos a nuestro país. La primera coincide con los procesos de exploración, conquista y colonización, que van desde principios del siglo XVI hasta las luchas por la Independencia. Entre aquellos funcionarios, soldados y sacerdotes pasaron a la historia nombres como el de Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Ortíz de Zárate, Juan de Ayolas, Domingo Martínez de Irala, los virreyes Vértiz y Nicolás de Arredondo, o el Fray Martín Ignacio de Loyola. Durante la segunda etapa se produjo la mayor afluencia de vascos, y esta coincide con el período de organización nacional, a lo largo del siglo XIX. Y la tercera, que fue de escasa incidencia en Entre Ríos, se dio en el siglo XX, motivada por la Guerra Civil Española.</p><p>Siguiendo este relato, cabe mencionar que los vascos estuvieron en Gualeguaychú desde las épocas previas a su fundación en 1783. El primer bautismo documentado en la capilla que erigieron los pobladores primigenios data de 1764 y es el de María Josefa de la Cruz, la hija de un matrimonio vasco. A su vez, en las actas capitulares de la naciente Villa aparecen apellidos vascos entre sus habitantes.</p><p>Un dato no menor es que al día de hoy muchísimos apellidos presentes en Gualeguaychú tienen un origen vasco: Orué, Echazarreta, Navarro, Urtazún, Aramburu, Echegoyen, Echeverría, Elizalde, Etchepare, Irigoyen, Mendizábal, Olazábal, Arrate, Salaberry, Murúa, Unzué, Izaguirre, Irigoitía, Ochoa. La lista sigue.Volviendo al protagonismo de los vascos en la temprana organización territorial y productiva de la zona, se pueden mencionar a algunos de los primeros terratenientes como José Antonio de Ormaechea y Miguel de Arburúa, quienes establecieron estancias y hornos de cal en la denominada Calera de los Vascos, en la zona de Ñancay. Yendo a la ciudad ya constituida como tal, cabe señalar que José Antonio Haedo, figura importante de la Gualeguaychú de principios del siglo XIX, provenía del Reino de Vizcaya, en el País Vasco. Hoy su propiedad es la reconocida Casa Museo de Haedo y el edificio más antiguo que sigue en pie en la ciudad.Otros datos curiosos de la época reseñados por Reynoso indican que durante la segunda Invasión Inglesa de 1807, las milicias de Entre Ríos estuvieron bajo el mando de un vasco y contaron con una importante participación de vecinos de Gualeguaychú de ese mismo origen. También está el hecho de que, en 1810, la adhesión de la Villa a la Junta de Mayo fue firmada, entre otros, por tres vecinos de origen vasco, dos de los cuales fueron firmes partidarios de la Revolución.Hacia 1837, el primer saladero de la zona perteneció a un vasco, Juan Iriarte. Años después, en ese mismo lugar se estableció el Frigorífico Gualeguaychú, del cual algunos de sus fundadores también tenían sangre vasca, Ignacio Olaechea y Julián Irazusta. Este último fue el apellido del primer intendente de Gualeguaychú, Don Cándido Irazusta, quien también era vasco, de Gipuzkoa.Tanto en nuestra ciudad como en otras partes de Entre Ríos, los vascos tuvieron un papel destacado en la ganadería, la lechería y la explotación agropecuaria. En las ciudades se dedicaron al comercio, la hotelería, la industria y los oficios, ganando fama por su espíritu emprendedor y su fuerte ética de trabajo. Muchas estancias, tambos y casas comerciales importantes tuvieron origen vasco. Una de ellas fue Casa Goldaracena, el histórico almacén de ramos generales de Gualeguaychú fundado en 1864 por el inmigrante vasco-navarro Eusebio Goldaracena.</p><p>Un ejemplo de este vínculo con la hotelería es el emblemático Hotel del Vapor, que estaba ubicado en el centro de la ciudad y pertenecía a un inmigrante vasco. Lo mismo sucedía con la posada de Isabel Ardans de Harispe, una familia vasco-francesa. Junto a esta posada, propiedad de los Harispe, se creó la “Cancha de los Vascos”, emblema de dicha colectividad en Gualeguaychú que sigue en pie hasta nuestros días. Algunas fuentes apuntan que se construyó hacia 1869 y otras ubican la fecha en torno a 1890. Lo cierto es que los miembros de la Asociación Civil Cancha de los Vascos (instituida como tal en 2011) celebran el nacimiento de una nueva época de la Cancha cada 20 de septiembre.&nbsp;Se trata de la fecha que lleva una foto de 1916 en la que posan jugadores de "Xare" (o "Share"), una de las especialidades de la Pelota Vasca, que constituye el registro documental datado más antiguo de la Cancha. Ese año, un grupo de amantes del juego de “Pelota Mano” (otra modalidad del tradicional juego) arrendó la cancha a la familia Harispe y creó el “Club Pelotaris Unidos”, nombre con el que fue reinaugurada en 1918. Luego, en los años 30, se la empezó a llamar “Cancha de los Vascos”, y es así como se la conoce al día de hoy.</p>Jugadores de pelota vasca de Gualeguaychú en 1916. Créditos: Blogspot de la Cancha de los Vascos.<p>Desde 2009, la “Cancha de los Vascos” forma parte por Ordenanza Municipal del Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbanístico de Gualeguaychú. Un reconocimiento a una de las tantas huellas profundas que este pueblo de raíces singulares y milenarias dejó a través de sus inmigrantes en nuestra ciudad.</p>Otro registro de la Cancha de los Vascos. La foto data aproximadamente de la década de 1930, cuando dejó de llamarse Club de Pelotaris Unidos.]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vZOSwMlN96o-t6cFpU0Jk0CJHqY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vascos_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde los orígenes de la ciudad, muchos inmigrantes provenientes del País Vasco (Euskadi) se asentaron en ella y ocuparon un papel destacado en el comercio, la producción y la política local. Con el tiempo, sus familias y apellidos pasarían a formar parte constitutiva del tejido social gualeguaychuense, trayendo consigo sus costumbres e idiosincrasia.]]>
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                <published>2026-02-01T00:59:00+00:00</published>
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            Arqueología en Gualeguaychú: un proyecto para desenterrar nuestra historia de ocho sitios clave
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NIaGpZnhMPSQ9oNt4rlyo60kwCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/arqueoterra_arqueologia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos tiempos, Gualeguaychú ha mostrado un renovado interés por conocer parte de su pasado perdido: reivindicando el legado de sus pueblos originarios; sacando a la luz la historia invisibilizada de los afrodescendientes en la ciudad; o incluso desenterrando los restos fósiles de la megafauna prehistórica que alguna vez caminó por estas tierras.</p><p>Y es que hay nueva generación de jóvenes profesionales -tanto oriundos de la ciudad como radicados en ella- que encuentran en la Historia, la Antropología y la Arqueología la “caja de herramientas” con la cual recuperar historias olvidadas o poco exploradas, para así complejizar y enriquecer el relato que hace a nuestra identidad y pasado en común.</p><p>Dos representantes de esta nueva impronta son Axel Weissel y la gualeguaychuense Micaela Rossi, ambos licenciados en Ciencias Antropológicas con Orientación en Arqueología, quienes forman parte de la Cooperativa Arqueoterra. La novedad que trascendió en los medios locales es que el pasado 29 de diciembre, en la ciudad de Paraná, Arqueoterra firmó un convenio con la Provincia, representada a través del Museo Provincial de Ciencias Naturales y Antropológicas “Prof. Antonio Serrano”, a partir del cual se le dio permiso para la prospección y excavación arqueológica de ocho sitios clave de Gualeguaychú y sus alrededores. El acuerdo, respaldado por el Decreto Provincial Nº 3.503/25 y la Secretaría de Cultura de Entre Ríos, tiene una vigencia de tres años.</p><p>Dicha prospección arqueológica -es decir, el proceso sistemático de explorar y localizar yacimientos y evidencias en un área- así como las excavaciones, se darán en el marco de su proyecto titulado “Primeras aproximaciones arqueológicas al período posthispánico y al proceso de la modernidad de la Ciudad de Gualeguaychú”.</p><p>La iniciativa cuenta con el apoyo institucional del Museo de Ciencias Naturales y Arqueología “Prof. Manuel S. Almeida”, la Fundación Azara, Conicet y la Universidad Maimónides, así como con el acompañamiento de la Subsecretaría de Cultura, Deporte y Juventudes de la Municipalidad de Gualeguaychú, a través de la museóloga Natalia Derudi y del subsecretario de Cultura, Luis Castillo.</p><p>Tras conocerse la noticia, Ahora ElDía conversó con los jóvenes arqueólogos para saber más detalles del proyecto e indagar en su motivación y búsqueda. “A grandes rasgos, y como su nombre lo indica, el proyecto trata sobre el estudio arqueológico de la formación y transformación de la ciudad, desde el período post hispánico hasta la modernidad. Esto implica estudiar ciertos lugares que son clave para comprender todo ese paso histórico que se da entre la llegada de los españoles y la ciudad que conocemos al día de hoy; con sus dinámicas sociales, económicas, políticas, arquitectónicas, etcétera”, explicó Rossi, y aclaró que participarán del mismo otros arqueólogos y estudiantes de arqueología de la cooperativa, así como también Natalia Derudi, quien actualmente está al frente del Museo Casa de Haedo.&nbsp;&nbsp;</p><p>Entre los nombres de quienes integran el equipo está el de la Lic. Ornella Zollo, el Lic. Gustavo Candela, Esteban Ali Brouchoud, Marta Noelia Echeverría, la Dra. Beatriz Rodríguez Basulto y el Dr. Marcelo Weissel. Por otra parte, cabe aclarar que si bien el proyecto no cuenta en este momento con presupuesto, la idea de los investigadores es poder acceder a uno.</p><p>Esta iniciativa tiene larga data. Weissel y Rossi forman parte de Arqueoterra desde 2015 y 2018, respectivamente. Al coincidir en sus intereses, comenzaron a organizar el proyecto en 2022. Weissel, quien se encuentra terminando su doctorado con una tesis centrada en el patrimonio arqueológico del sur entrerriano, agregó que también decidieron encarar este proyecto como un desarrollo que se integre a su formación de posgrado. Rossi, por su lado, se está doctorando en arqueología con el foco puesto en temas de cerámica, etnoarqueología y fisicoquímica en el territorio de Catamarca.</p><p>Ocho lugares clave desde donde mirar nuestra historia</p><p>La Casa de Haedo y el Museo Casa Natal de Fray Mocho son dos de los sitios históricos que serán investigados. Completan la lista la Isla Libertad, el Monumento de los Antepasados, la Unidad Penal Nº 2, los yacimientos ribereños Cerro Lorenzo 1 y Cerro Lorenzo 2 (cerca de Cerros Indios) y un área potencial vecina al río Uruguay -del lado entrerriano, frente a la Isla Vizcaíno- en la cual podría ubicarse el primer asentamiento de la histórica Reducción Santo Domingo Soriano, fundada a principios del siglo XVII.</p><p>Rossi contó que la elección de los lugares tuvo que ver con el proceso o momento histórico que les interesa abordar: “Son todos sitios que podemos estudiar desde la arqueología urbana, y que nos hablan sobre la organización de la sociedad desde aquel primer asentamiento de Gualeguaychú en adelante: para entender cómo se fue transformando y qué procesos sociales, políticos y económicos -las tres grandes esferas desde las que se estudia a las sociedades- sucedieron para que la ciudad sea lo que es hoy”.</p><p>Por su parte, Weissel señaló que apuntan a realizar muestras comparativas, tanto de los objetos que puedan encontrar y de los rasgos arquitectónicos de los bienes inmuebles como de los sedimentos que componen los estratos inferiores de los sitios a excavar. En lo inmediato, contó que continuarán trabajando con el Museo Casa Natal de Fray Mocho, luego de la primera intervención de rescate que hicieron el año pasado en la cual hallaron una estructura subterránea: “La intención es profundizar, ampliar esa estructura que descubrimos, que tiene un formato de cúpula hecha con ladrillos del siglo XIX; queremos saber si se trata de una letrina y/o cisterna, y para eso hay que terminar de abrirla”.</p><p>Luego, su intención es seguir por la Casa de Haedo, sitio vinculado a la investigación de la afro-entrerrianía y del esclavismo en el pasado de la ciudad, una de las temáticas abordadas por Rossi con anterioridad. Al respecto, Weissel indicó que tienen identificado en un plano de época “otra imagen de pozo, que pareciera como el de Fray Mocho, por lo que quizás encontremos ahí otra estructura soterrada”. “También se está proyectando una remodelación de la estructura del fondo de la Casa de Haedo, así que nos viene perfecto para realizar un estudio de impacto arqueológico, asociado a nuestra investigación y también a las necesidades concretas del municipio”, agregó.</p><p>Por otro lado, consultado sobre qué puede hacer la comunidad de Gualeguaychú para colaborar con este proyecto, el arqueólogo destacó la importancia de que puedan seguir a la Cooperativa Arqueoterra en redes sociales (en Instagram @arqueoterra.coop y en Facebook /ArqueoterraCooperativa) y difundir sus noticias.</p><p>&nbsp;“Nuestro interés es que esto sea comunitario, que se desarrolle con muchas personas siguiendo lo que vaya ocurriendo y que la construcción social de la investigación se dé valorando los procesos necesarios, técnicos, científicos, sociales y comunitarios. Los interesados también pueden sumarse a actividades que realicemos en el Museo Almeida u otros sitios; vamos a intentar dar charlas y/o talleres abiertos a la comunidad. Y, por otro lado, cuando terminemos de desarrollar el sistema de financiamiento comunitario en ciencia, también pueden sumarse. Entendemos que la ciencia se construye con todas las personas de una comunidad, ya que adquiere sentido y valor cuando es con y para ellas”, remarcó.</p><p>En busca de la Reducción de Santo Domingo SorianoUno de los lugares para los cuáles los arqueólogos solicitaron y obtuvieron su permiso de prospección y excavación se vincula a su búsqueda del sitio primigenio en el que habría funcionado la Reducción de Santo Domingo Soriano, antes de establecerse definitivamente en el Uruguay. Este fue uno de los asentamientos más antiguos de la Banda Oriental y un punto clave en la etapa inicial de la colonización del Río de la Plata. Su origen se remonta a comienzos del siglo XVII, cuando los españoles, con la participación de órdenes religiosas —principalmente franciscanos—, establecieron una reducción destinada a concentrar y evangelizar a grupos indígenas, en especial chanás y guaraníes.</p><p>Las reducciones de indios eran asentamientos creados por la Corona española tras la conquista del Río de la Plata con el objetivo de concentrar a las poblaciones indígenas para controlarlas y evangelizarlas, administrando su forma de vida y su organización del trabajo. Los nativos debían adoptar nuevas normas de vida, el idioma español y la religión católica. Si bien en algunos casos brindaron cierta protección frente a abusos externos, estas reducciones significaron la pérdida de autonomía cultural, territorial y social para las comunidades originarias.</p><p>Inicialmente, la Reducción de Soriano no tuvo un emplazamiento fijo. Diversas investigaciones históricas, entre ellas las de Don Manuel Almeida, sostienen que su primera ubicación pudo haber estado en el territorio que hoy pertenece a nuestra provincia, sobre la margen occidental del río Uruguay, y que posteriormente el asentamiento se habría trasladado a la margen oriental, donde terminó consolidándose en el actual departamento de Soriano.</p><p>“No se sabe con certeza dónde estuvo la reducción. Don Manuel Almeida la buscó. Estuvimos en diálogo con su hijo, Raúl, conversando acerca de dónde podría estar y de cómo podríamos volver a buscarla, sobre todo teniendo en cuenta los movimientos del río Uruguay, que han ido cambiando las costas”, contó Weissel, y detalló: “Es así que en el permiso de investigación, pedimos una zona potencial para dar con ella. Es una de nuestras búsquedas, y está asociada a Punta Caballo, una zona cerca de Puerto Landa, en la cual en momentos de bajada del río Uruguay se podía cruzar a la otra orilla a caballo. Sería uno de los puntos claves para dar con la búsqueda de una reducción que tuvo a miles de personas viviendo ahí. Sería sorprendente que no quedara nada, pero primero hay que hacer el trabajo de campo e interpretar las evidencias que encontremos”.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NIaGpZnhMPSQ9oNt4rlyo60kwCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/arqueoterra_arqueologia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un equipo de jóvenes arqueólogos obtuvo la autorización de la Provincia para investigar y excavar en ocho lugares estratégicos de Gualeguaychú y alrededores, con el objetivo de reconstruir, desde la arqueología urbana, el proceso histórico que va del período posthispánico a la modernidad. El proyecto, impulsado por la Cooperativa Arqueoterra, busca aportar nuevas miradas sobre la conformación de la ciudad.]]>
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                <published>2026-01-18T00:03:36+00:00</published>
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