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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-06-27T23:23:26+00:00</updated>
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            ¿La Inteligencia Artificial nos hará más humanos?
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                <![CDATA[Laura Lobato]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WksjnOjbyH00k5T4LY0AWFe3ASQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/ia_ai_inteligencia_artificial.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un mundo donde la Inteligencia Artificial (IA) resuelve cada vez más tareas, lo que no puede automatizarse es la confianza, la empatía y la generosidad, entre otras cualidades humanas.</p><p>Vivimos una época paradójica. Nunca tuvimos tanta información, tantas herramientas, tanto acceso a respuestas inmediatas. Y, sin embargo, nunca fue tan difícil encontrar a alguien de confianza con quien resolver un problema real.</p><p>La IA llegó para quedarse y eso no es una amenaza, es un dato. Será cada vez más rápida, más eficiente, más precisa para ejecutar tareas. Pero hay algo que no podrá reemplazar: la capacidad humana de generar confianza, de ser generosos y solidarios, de construir relaciones que nos ayuden a tomar decisiones en momentos de incertidumbre.</p><p>Frente a ese escenario, creo fervientemente que en los próximos años el activo más valioso será el componente humano: quienes hagan la diferencia no serán los que tienen más herramientas tecnológicas o conocimientos de ese estilo. Aunque ese será un condimento fundamental a la hora de liderar, lo más importante será haber conservado la humanidad. El que haya construido una red de vínculos reales, capaz de movilizarse cuando más se necesite, tendrá un diferencial.</p><p>Muchas veces veo personas colapsadas de trabajo, que tienen que trabajar 24/7 para llegar con todas las responsabilidades y recién después se hacen la pregunta sobre el liderazgo. La tecnología nos enfrenta a un escenario que puede ser muy auspicioso: que podamos delegar tareas operativas a la IA y con otras herramientas, tiene que ser la condición inmediatamente anterior a empezar a ser más humanos. Más empáticos. Los líderes van a ganar en espacios de acompañamiento y conocimiento de sus colaboradores, ¿qué puede ser mejor?</p><p>Hace tiempo que el networking dejó de ser una actividad comercial -ese intercambio de tarjetas en eventos que todos hacemos por compromiso- para convertirse en una inversión estratégica. Una pregunta correcta a la persona correcta puede ahorrar meses de prueba y error. Puede abrir caminos que no veíamos. Puede acelerar decisiones que llevábamos demasiado tiempo postergando. Como soy inquieta y siempre estoy en búsqueda de experiencias nuevas, me pregunté: ¿Qué pasa si empezamos a ver el networking no sólo como intercambio de recursos sino también como encuentro con otros en un intercambio de valores y experiencias? Ese interrogante me llevó a crear espacios donde empresarios y líderes se reúnen no para vender, sino para pensar juntos, escucharse y crecer desde la experiencia compartida.</p><p>Lo que puede pasar en esos encuentros a veces supera cualquier expectativa. En un After Leaders, encuentro que organizo mensualmente, dos personas que ya se conocían de otros ámbitos volvieron a cruzarse: una ejecutiva de una empresa noruega y la directora de una ONG. Ese reencuentro, que podría haber quedado en un saludo y el intercambio de datos de contacto, derivó en algo mucho más grande: juntas diseñaron e implementaron un programa de inserción laboral que dio trabajo a más de setenta jóvenes en situación de vulnerabilidad. Un encuentro no sólo generó una sinergia entre empresas y organizaciones, sino también una transformación efectiva en la realidad de nuestro país. Todo a partir de una conversación genuina, solidaria, que dio como resultado un impacto que ninguna de las dos hubiera logrado sola.</p><p>Las relaciones hacen ganar tiempo. Y ese quizás sea uno de los grandes aprendizajes que vienen: dejar de creer que podemos resolver todo solos es muy importante para el mundo que se viene. Hacer lazos de solidaridad y confianza, que construir red se convierta en un hábito profesional. Implica ser generoso antes de necesitar, estar presente antes de pedir, generar vínculos cuando las cosas van bien para poder recurrir a ellos cuando las cosas se complican. La comunidad se arma en el día a día, con consistencia y con genuina vocación de sumar.</p><p>Las organizaciones y los líderes que entiendan esto antes que el resto tendrán una ventaja que no se compra ni se automatiza. En un mercado donde los productos y servicios se equiparan cada vez más, la verdadera diferencia no está solamente en lo que una empresa ofrece, sino en las conversaciones que genera, los espacios que habita y las personas que la rodean.</p><p>El futuro no será solo de los que más saben. Será de los que mejor construyen comunidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WksjnOjbyH00k5T4LY0AWFe3ASQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/ia_ai_inteligencia_artificial.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En un mundo donde la Inteligencia Artificial (IA) resuelve cada vez más tareas, lo que no puede automatizarse es la confianza, la empatía y la generos...]]>
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                                <updated>2026-06-27T23:23:26+00:00</updated>
                <published>2026-06-27T23:20:17+00:00</published>
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            Salud mental masculina, del dicho al hecho
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                <![CDATA[Mauro García]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/k-bhc7fs62Ir05ur0UnE3O0lmZE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/salud_mental.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Vamos a hablar de la ficción de la salud mental. Y quiero empezar por compartir una experiencia real y concreta en ese campo que tuve oportunidad de llevar adelante. Hace unos años me convocaron de una escuela de la ciudad para trabajar con un grupo de adultos varones, en quienes el equipo de ESI, a partir de algunas situaciones de conflicto en el alumnado, había detectado indicadores que encendieron alertas.</p><p>El prejuicio diría que lo esperable seria encontrar resistencia. Baja participación. Rechazo. Silencio. No fue eso lo que encontré: hubo asistencia, predisposición e incluso interés. Un grupo de ocho a diez hombres, entre 20 y 60 años, que en la primera pregunta descubrieron lo primero que los unía, para todos era su primer contacto con un espacio de salud mental.</p><p>Y con el correr del espacio fue surgiendo algo más que parecía conectarlos: Historias devastadoras. Hombres que hablaban por primera vez de escenas que habían cargado en soledad durante años. Relatos que no salían ordenados, sino como podían: fragmentados, crudos, sin elaboración. Traumas viejos, sin nombre. En cuanto se generaban condiciones mínimas de escucha, algo cedía.</p><p>Esos hombres —muchos de ellos enviados casi como castigo— empezaban a hablar desde un lugar inesperado: una vulnerabilidad más cercana a la infancia que a la imagen de adultez que sostenían.</p><p>Había poco lenguaje emocional. Baja capacidad de simbolizar lo vivido. Pero el padecimiento estaba ahí, intacto. Voces quebradas, que se contenían, para que la lagrima no desborde.</p><p>Fueron cuatro encuentros grupales. Sirvieron para abrir algo, empezar a poner en palabras, orientar. Pero también dejaron en evidencia un límite estructural. La desproporción era evidente: el trabajo que esas situaciones psíquicas requería una asistencia individual, mínimamente una vez por semana para realizar una psicoterapia por un tiempo considerable. Ese era el tratamiento psicológico básico para los cuadros que allí se presentaban. Quien conozca algo de salud mental sabrá comprender que el abordaje y tratamiento solo es posible en procesos que requieren tiempo, continuidad, y sostén. En este caso, ahí mismo donde el trabajo empezaba, terminaba.</p><p>No había a dónde derivar. No había dispositivos que sostuvieran esos procesos. No había continuidad posible.</p><p>En lo que respecta a salud mental masculina en el mejor de los casos, como esta situación, se alcanza a detectar una necesidad, y ahí mismo termina el abordaje. No hay dispositivos terapéuticos accesibles y sostenibles. Se habla mucho más de salud mental masculina que lo que se trabaja en ella. Tenemos que poder diferenciar que una cosa es nombrar el problema y otra muy distinta es construir condiciones para abordarlo.</p><p>El discurso de la salud mental masculina, en muchos casos, funciona como un conjunto de indicaciones sobre cómo habría que sentir, vincularse o vivir. Una pedagogía emocional que, sin soporte real, termina siendo más normativa que transformadora.</p><p>En lugar de dispositivos terapéuticos reales tenemos podcast, reels y relatos de los famosos hablando de sus terapias. La salud mental no se resuelve en ese plano. Requiere espacio, tiempo, presencia y sostén. Requiere espacios donde algo de eso pueda ser alojado y trabajado. Sin acceso a esos espacios, la salud mental queda reducida a una imaginería moral.</p><p>En su lugar, aparece muchas veces una versión higienizada del problema: formas “sanas” de vivir pensadas por fuera de las condiciones reales en las que la mayoría de las personas existe.</p><p>Mientras tanto, en las escuelas, en los barrios, en la vida cotidiana, lo que se encuentra es otra cosa: ausencia, soledad, desborde, dificultad para nombrar lo que pasa. Y, en el caso de muchos varones, un psiquismo que nunca tuvo lugar donde tramitarse.</p><p>Después de aquellos encuentros, lo que quedó no fue solo lo que se dijo, sino la evidencia de lo que no hay. Cuando la salud mental se vuelve un mandato —una forma correcta de ser— pero no ofrece condiciones materiales para sostener procesos, lo que produce no es cambio, sino distancia, la cual muchas veces se traduce en frustración o en actuación. Porque cuando el sufrimiento no encuentra un lugar donde ser trabajado, no desaparece, se desplaza. Y se actúa.</p><p>Pensar la salud mental —y en particular la salud mental masculina— implica salir del plano de la consigna. Implica preguntarse algo más básico y más incómodo: ¿Dónde puede alguien decir lo que le pasa? ¿Quién puede sostener ese proceso? ¿Durante cuánto tiempo?</p><p>Si esas preguntas no tienen respuesta, todo lo demás queda en el orden del discurso moralizante de la salud mental. Y en ese punto, la ficción no es que no haya salud mental. La ficción esta en creer que pueda alcanzarse sin generar las condiciones reales que sabemos son las que la posibilitan.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/k-bhc7fs62Ir05ur0UnE3O0lmZE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/09/salud_mental.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Vamos a hablar de la ficción de la salud mental. Y quiero empezar por compartir una experiencia real y concreta en ese campo que tuve oportunidad de l...]]>
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                                <updated>2026-06-21T01:15:08+00:00</updated>
                <published>2026-06-20T19:15:00+00:00</published>
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            Juancho Martínez, una vida bien vivida
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                <![CDATA[Marcela Faiad]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0tNm8kHYjL13E658AsNvYchj3Ew=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/juancho_martinez.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Juancho Martínez, el “Señor Carnaval”, como solíamos llamarlo, nació un 21 de octubre de 1934 en Gualeguaychú. Desde los 8 años, momento en que su familia lo llevó a los corsos por primera vez, sintió una gran atracción por el arte carnavalesco. Modisto de profesión, oficio que heredó de su madre, desde muy joven se hacía sus trajes para participar con amigos de los festejos de Carnaval. Formado en el Instituto del Vestido en Buenos Aires, a los seis meses de cursar como alumno, su profesora manifestó que no podía enseñarle nada más.</p><p>Marcó casi sin querer, el camino de una ciudad diversa, inclusiva y disruptiva, siendo de los primeros en “montarse” de mujer junto a sus amigos Tomás, Eusebio y Pablo, quienes luego se incorporaron a la inolvidable “Barra Divertida”, primero como murga y luego como conjunto carnavalesco. Hizo del transformismo una expresión artística de calidad, deslumbrando con miriñaquis, maquillajes, pelucas, su cadencia para desfilar y buen gusto.</p><p>Cuando Papelitos dejó el papel y empezó a confeccionar con telas, fue convocado para dirigirla. Bajo la idea de su hermana y asistido por Mirta Rodríguez de Larrivey, lanzó “Papelitos Circus Show”, una comparsa que maravilló en el circuito de 25 de mayo.</p><p>Además, fue director de vestuario, asistente, modisto y colaborador en Kamarr, Marí Marí, O´Bahía, Acaguay y en el Corso Barrial.</p><p>Fue amigo de “Matecito”, payaso tradicional de circo, a quien le confeccionaba sus vestuarios y de quién contaba anécdotas sobre cómo se maquillaba y de quién se había enamorado.</p><p>Juancho desfiló en todos los circuitos del Corso y Carnaval: en la calle Soberanía, en 25 de mayo y Urquiza, en Rocamora y Primera Junta y hasta en el Corsódromo. Hipnótico, podía ser una madama, un conquistador, un chamán, un dios Azteca o un rey, lo que era seguro es que jamás pasaba desapercibido.</p><p>Disfrutaba del teatro, conoció a las máximas estrellas de su época en Buenos Aires. Hizo alta costura, confeccionó vestuarios de danzas para las academias de la ciudad: los tutúes de la danza clásica eran su marca registrada, de los mejores. Hoy muchas bailarinas los atesoran como joyas.</p><p>En 2012, Martín Ayala lo convocó para “Crónicas de Carnaval, Evocaciones del Ayer”, una obra producida especialmente para abrir la temporada en el Teatro Gualeguaychú. El “Señor Carnaval” contaba en primera persona su experiencia con anécdotas que solo él había vivido.</p><p>El histórico escenario del boliche “El Ángel” lleva su nombre en reconocimiento a su valiente aporte a la comunidad LGBTIQ+ a través de su trayectoria en la mítica “Barra Divertida” y de las expresiones de los barrios.</p><p>Fue convocado como jurado para distintos carnavales de Argentina, disertó en la Casa de Entre Ríos en Buenos Aires, recibió un reconocimiento en Corrientes, fue inspiración para rendir homenaje a los trabajadores del Carnaval, con el guion curatorial para el Museo del Carnaval “Coser Sueños, Bordar Historias”.</p><p>En noviembre de 2021 fue declarado “Ciudadano Destacado” de la Cultura de Gualeguaychú y posteriormente de la provincia de Entre Ríos.</p><p>Luego llegaron más homenajes en vida para Juancho. Papelitos presentó “León”, una fantasía creada por Juane Villagra, que revivió su recorrido desde niño, curioso y soñador, mirando libros de cuentos en la biblioteca del barrio, hasta su adultez, cuando dirigió la comparsa de Juventud Unida. La gran sorpresa fue la carroza de cierre con su figura tallada en grandes proporciones.</p><p>Dejó su sello como artista, modisto, vestuarista, transgresor. Por generaciones lo admiraron, respetaron y se transformó en un referente atemporal para los carnavaleros, sin distinción de banderas y pasiones.</p><p>Con la creación del primer Museo de Carnaval del país, se concretó uno de sus anhelos y se fue un donante desde su nacimiento: su primera máquina de coser que le regaló su madre a los 15 años, fotografías, vestuarios, recortes de diarios, distinciones y premios, todos objetos muy preciados que acrecentaron el patrimonio museístico. Su figura tallada centraliza actualmente la exposición, la cual visitó muchas veces y sorprendió a turistas con su presencia. Decía que debía haber una universidad para estudiar estos menesteres y también se concretó: el año pasado 138 personas egresaron en la tercera cohorte de la Diplomatura en Industrias Culturales aplicadas al Carnaval, impulsada por el Municipio y la Uader.</p><p>Medios como la revista Viva, Télam, Nación o periodistas como Iván de Pineda quedaron obnubilados con su personalidad y carisma.</p><p>Juancho fue un muy buen amigo de sus amigos, algunos se transformaron en familia. La mesaza de los domingos post carnaval en su casa eran memorables. Personalidad reservada, elegante, esbelto, culto, siempre de buen humor, gozó de lo que quiso, disfrutó lo que pudo, compartió sus saberes, fue muy generoso, disciplinado y respetuoso.</p><p>Festejamos sus 90 años en el Museo, con familia, amigos, referentes del Corso y el Carnaval. El pasado 16 de junio, después de su siesta, partió sin estridencias, tranquilo, con la bonhomía que lo caracterizaba.</p><p>Nos dejó un legado importante, casi un siglo de historia del libro de nuestra cultura carnavalera. Que no se apague tu luz. Permanecerás en la memoria de todos los que tuvimos el privilegio de conocerte. Que no se apague tu alegría. Que no se apague el Carnaval. Buena gira “Señor Carnaval”. ¡Gracias por tanto!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0tNm8kHYjL13E658AsNvYchj3Ew=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/10/juancho_martinez.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Juancho Martínez, el “Señor Carnaval”, como solíamos llamarlo, nació un 21 de octubre de 1934 en Gualeguaychú. Desde los 8 años, momento en que su fam...]]>
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                                <updated>2026-06-20T14:06:37+00:00</updated>
                <published>2026-06-20T14:00:00+00:00</published>
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            $5.000 millones mensuales: el costo financiero del desgobierno de Frigerio
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                <![CDATA[Guillermo Michel]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hkOm85dYFqoZIPLPeLsP8gPCv6w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/casa_de_gobierno_de_entre_rios.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El Decreto 474/2026, publicado en el Boletín Oficial el 17 de junio, amplía el anticipo financiero otorgado a Entre Ríos por hasta $400.000 millones adicionales —que se suman a los $220.000 millones ya desembolsados en enero vía Decreto 922/25— y extiende el mismo beneficio a Jujuy y Santa Fe. El instrumento permite al Tesoro Nacional adelantar coparticipación a provincias con dificultades transitorias de caja, con devolución dentro del ejercicio fiscal y un interés fijo del 15% nominal anual.</p><p>Conviene ser preciso sobre qué es este instrumento, porque ahí está el problema. El anticipo no es plata que la Nación regala ni recursos nuevos: es coparticipación que ya le corresponde a Entre Ríos, adelantada y descontada de sus propios envíos futuros. La provincia no recibe un peso extra. Lo único que recibe es la posibilidad de cobrar antes la coparticipación y por ese adelanto paga un costo en intereses de 15% nominal anual. Calculado sobre el tramo adicional, el costo financiero es de, aproximadamente, $5.000 millones mensuales, calculado sobre el stock de $400.000 millones. Esa es plata que sale del Tesoro provincial, que se la lleva el Tesoro nacional por los interés y que no financia ni un hospital, ni una escuela, ni una obra. Es el precio de cobrar por estar ahogado financieramente.</p><p>Para que los entrerrianos lo entendamos, el desmanejo de las cuentas públicas de Frigerio le cuesta a la provincia $5.000 millones mensuales. Con esa plata, todos los meses podríamos comprar 100 patrulleros más.</p><p>Que un gobierno tome deuda para adelantar liquidez es un instrumento válido del federalismo fiscal. Lo que no es neutro es el momento y los costos que le genera a la provincia. La situación fiscal entrerriana es difícil y eso no responde a un shock transitorio de caja, sino a un deterioro estructural producto del ajuste fiscal nacional y provincial.</p><p>Los números de la ejecución presupuestaria, medidos en términos reales, no dejan lugar a dudas. El superávit primario prácticamente desapareció: cayó de $51.963 millones en 2024 a prácticamente $0 en 2025. El resultado financiero, en paralelo, casi se triplicó: pasó de un rojo de $49.377 millones a uno de $133.839 millones, producto del crecimiento real de más de 50% en la cuenta de intereses. Es decir, la provincia llega a este anticipo con las cuentas muy justas, la recaudación de origen nacional cayendo y el gasto en aumento con una carga de intereses que viene creciendo desde 2023.</p><p>El origen de ese deterioro es la consecuencia del ajuste que Frigerio realizó en 2024: licuó el gasto en personal (-17,2% real), recortó las prestaciones de la seguridad social (-15,4%) y paralizó la obra pública, con una caída del 69,8% real en los gastos de capital. Fue una receta espejo de la nacional, que licuó jubilaciones, frenó la obra pública y canceló transferencias a las provincias. Durante 2025, ese ajusto tuvo una reversión porque, por un lado, los recursos de origen nacional no se recuperaron —apenas +0,4% real, tras caer 8% el año anterior— mientras el gasto total rebotó 7,1% real. Esa pinza, ingresos planchados y gasto que vuelve a subir, fue la que se comió el superávit.</p><p>Sobre esa base frágil se monta el anticipo, y por eso no es una solución sino una postergación cara. La provincia toma fondos propios por adelantado, paga intereses por hacerlo, y deberá devolverlos dentro del mismo ejercicio en el que sus cuentas siguen empeorando.</p><p>El desequilibrio de fondo, además, es de los que ningún adelanto resuelve: el presupuesto 2026 prevé que el Tesoro provincial deba asistir a la Caja de Jubilaciones con $437.932 millones para cubrir el déficit previsional. ¿Qué camino elije Frigerio para este cubrir este déficit?, que el ajuste lo paguen los docentes y jubilados. No ajustar los impuestos sobre los contribuyentes con mayor capacidad contributiva ni ajustar los gastos de la política: el ajuste que lo paguen los débiles.</p><p>A eso se suma el frente externo: el 51% del stock de deuda está en títulos internacionales, con vencimientos en moneda extranjera estimados en US$114 millones para 2026, lo que expone a la provincia a un riesgo cambiario significativo.</p><p>Al pasivo en dólares se le agrega ahora uno en pesos a cancelar en el año.</p><p>El timing y los beneficiarios del decreto no son casuales. El gobernador Rogelio Frigerio encabeza el listado del PRO que acompañó sin fisuras los proyectos de la Casa Rosada en el Congreso, sobre todo desde fines del año pasado, cuando empezó a negociar este paquete de ayuda que llegó en dos cuotas.</p><p>Frigerio ya entregó el año pasado los senadores y la cabeza de lista de diputados. Este año ya fue convocado por el gobierno a la Casa Rosada junto a Alfredo Cornejo, en el marco de las negociaciones para consolidar el apoyo legislativo al Súper RIGI y la reforma electoral. El respaldo político del gobernador era la condición para recibir la coparticipación adelantada, y el costo lo pagan los entrerrianos.</p><p>Esa es la verdadera disyuntiva: el gobierno nacional desfinancia y presiona a las provincias, y Frigerio se pliega a las demandas de Milei para salvar un mes más de caja, asumiendo un costo que recae sobre su propio Tesoro.</p><p>Lo que el decreto revela es la lógica del federalismo fiscal en el esquema Milei: los gobernadores que votan los proyectos del Ejecutivo acceden a la ventanilla de adelanto cuando la caja aprieta; los que no, sufren el ahogo.</p><p>El único “atractivo” que explica la maniobra es la tasa del 15% nominal anual, por debajo de cualquier alternativa de mercado. Pero ninguna de estas alternativas está disponible para una provincia con el perfil de riesgo de Entre Ríos.</p><p>Igualmente, esto no lo vuelve gratis: sigue siendo plata que sale de la provincia, sobre cuentas que ya se deterioran. Entre Ríos es el máximo exponente de un esquema en el que ya entregó todos sus “votos” a cambio de un alivio transitorio que le costará casi $5.000 millones mensuales. El anticipo financiero no es solo gestión de liquidez: es la moneda con la que Frigerio paga la gobernabilidad que Milei necesita, y la factura la firman los entrerrianos.</p><p>A esto nos referimos cuando decimos que el de Frigerio es el peor gobierno provincial desde la vuelta de la democracia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hkOm85dYFqoZIPLPeLsP8gPCv6w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/01/casa_de_gobierno_de_entre_rios.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Decreto 474/2026, publicado en el Boletín Oficial el 17 de junio, amplía el anticipo financiero otorgado a Entre Ríos por hasta $400.000 millones a...]]>
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                                <updated>2026-06-19T16:15:09+00:00</updated>
                <published>2026-06-19T11:10:00+00:00</published>
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            ¿Cuánto nos importa realmente la educación?
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                <![CDATA[Tomás Besada]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/klvAXT08oAMB3ad25SUDfZrr7zM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/11/educacion_aula.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Es fácil decir que la educación nos importa. Se trata de una formulación casi automática, un lugar común, una frase hecha. Queda bien decir que la educación nos importa. Es un consenso social, una salida elegante en una mesa familiar o en una conversación entre amigos. Se habla de educación en la calle, en el colectivo o en el tren: la disconformidad con el estado actual del sistema, la preocupación por los chicos y chicas cada vez más absorbidos por las pantallas, etcétera.</p><p>Decimos que la educación nos importa. Pero ¿qué tanto nos importa realmente?</p><p>Cuando la conversación abandona el terreno de las declaraciones generales y se pregunta a la ciudadanía cuáles son los principales problemas del país, la educación aparece bastante lejos de los primeros puestos.</p><p>En el último informe que realizamos desde Argentinos por la Educación analizamos la percepción social sobre la educación y las políticas educativas en Argentina y América Latina. Según los datos más recientes de Latinobarómetro, sólo el 5% de los argentinos considera que la educación es el principal problema del país. La educación ocupa el séptimo lugar en el ranking de preocupaciones, detrás de temas como la economía, la política, el desempleo y la inseguridad.</p><p>A partir de este dato pueden hacerse distintas lecturas. Una interpretación posible sería pensar que, si la educación no aparece entre las principales preocupaciones, quizás no sea percibida como un problema crítico. Sin embargo, una mirada un tanto más profundo sugiere otra explicación: en contextos atravesados por crisis económicas, pérdida de ingresos, inflación, inseguridad o incertidumbre política, las preocupaciones más inmediatas tienden a desplazar a aquellas cuyos efectos se observan en el largo plazo. La baja prioridad otorgada a la educación no necesariamente refleja la ausencia de problemas educativos, sino la competencia con urgencias que impactan de manera más directa sobre el día a día de la sociedad.</p><p>La valoración de las políticas educativas refuerza esta hipótesis. La satisfacción ciudadana con la gestión educativa se mantiene en niveles fluctuantes, pero persistentemente bajos. Según los últimos datos disponibles, apenas el 35% de los argentinos se declara satisfecho con las políticas educativas. La combinación puede llamar un tanto la atención: la educación no logra instalarse como una demanda social urgente, pero tampoco existe una evaluación positiva de las respuestas que reciben los problemas del sector.</p><p>¿Se trata de un fenómeno argentino o es necesario cruzar la medianera y mirar a nuestros países vecinos? En América Latina, apenas el 3,4% de los encuestados identifica a la educación como el principal problema de su país -cuando en Argentina alcanza un 5%-. Incluso en los casos donde la preocupación es relativamente mayor, como Brasil o Uruguay, los porcentajes continúan siendo bajos en comparación con otros temas que dominan la agenda pública.</p><p>El leitmotiv es el mismo. La educación puede ser esencial y básica, la gente incluso puede acordar con facilidad en torno a ello. Pero en sociedades signadas por la desigualdad lo urgente siempre le gana a lo importante. Y lo hace con justa razón y sólidos argumentos.</p><p>Esta baja preocupación social que despierta la educación convive con indicadores educativos que describen una situación compleja. Volviendo a Argentina, los resultados de aprendizaje muestran dificultades persistentes para que todos los estudiantes alcancen niveles satisfactorios de lectura y matemática. A ello se suman problemas vinculados con la pérdida de días y horas de clase, las dificultades para garantizar trayectorias escolares continuas, la situación salarial docente y las brechas de infraestructura que todavía afectan a muchas escuelas del país.</p><p>En este contexto, el desafío es doble. Necesitamos mejorar la educación, pero antes necesitamos volver a interesarnos por ella y recuperar su centralidad en la agenda pública.</p><p>Las sociedades suelen movilizarse frente a aquello que perciben como urgente. Es completamente comprensible que la seguridad, el empleo o los ingresos concentren buena parte de las preocupaciones ciudadanas. En esa carrera por copar la discusión pública, la educación muchas veces corre desde atrás.</p><p>Sin embargo, los grandes avances educativos de la Argentina se construyeron a partir de una mirada estratégica y de largo plazo. La educación es una inversión cuyos resultados no siempre son inmediatos, pero constituye los cimientos sobre los cuales se construyen las oportunidades futuras y el desarrollo económico y social de un país. Muchos de los problemas que hoy sí ocupan el centro de las preocupaciones ciudadanas encuentran, al menos en parte, una respuesta en una mejor educación.</p><p>¿Y cuál es el rol de los gobiernos y de la dirigencia política? Precisamente el de otorgarle centralidad a las políticas educativas incluso cuando no son las que ofrecen mayores réditos políticos inmediatos. Gobernar también implica sostener prioridades cuyos resultados se verán más adelante.</p><p>Revertir esta situación requiere volver a conectar la educación con las preocupaciones concretas de la ciudadanía. Y para eso hacen falta dos cosas: demanda social y decisión política. La calidad educativa no es un tema aislado de la economía, el empleo o la movilidad social; por el contrario, está profundamente vinculada con ellos. Lograr que la sociedad perciba esa relación es una condición necesaria para construir los acuerdos y las políticas sostenidas que el sistema educativo necesita.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/klvAXT08oAMB3ad25SUDfZrr7zM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/11/educacion_aula.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Es fácil decir que la educación nos importa. Se trata de una formulación casi automática, un lugar común, una frase hecha. Queda bien decir que la edu...]]>
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                                <updated>2026-06-14T01:20:07+00:00</updated>
                <published>2026-06-13T19:57:00+00:00</published>
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            Día del Escritor: No habrá sino recuerdos…
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                <![CDATA[Nerea Liebre]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SvghBVjNY3-q3TFfhi0jwl76g5Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nerea_liebre.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Te preguntaste alguna vez por qué escribe un escritor? Las condiciones no parecen demasiado seductoras. No hay tope de horarios, vacaciones ni aguinaldo. Su trabajo queda expuesto a la evaluación constante de editores y críticos, y con frecuencia se le exige excelencia profesional en un contexto de precariedad que muchas veces se acepta como algo natural.</p><p>Tampoco resulta convincente la idea romántica de la trascendencia. Pensar que un nombre quedará grabado para siempre en la memoria colectiva es una ilusión que, rara vez, encuentra sustento en la realidad. Tal vez una respuesta más razonable apunte a la existencia de un público lector amplio y apasionado. Después de todo, en el mes de mayo, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires celebró su 50° aniversario con una cifra récord de un millón y medio de visitantes.</p><p>Sin embargo, los números vuelven a interpelarnos. La actual industria editorial argentina atraviesa una encrucijada. En la década de 1970 el país era el gran exportador de libros de Latinoamérica. Cerca del 80% de los ejemplares que España importaba llevaban la inscripción “Made in Argentina”. Hoy, con el doble de población, se publica la misma cantidad de libros que hace cincuenta años.</p><p>Entonces, ¿qué impulsa a alguien a sentarse frente a una página en blanco?</p><p>La persistencia de los escritores no es un milagro. Es el resultado de una herencia cultural profunda que sostiene, generación tras generación, los hábitos de la lectura y la escritura. Una herencia compuesta por rasgos espirituales, materiales e intelectuales que dan identidad a una comunidad. Allí conviven modos de vida, creencias, tradiciones, valores, expresiones artísticas y conocimientos compartidos. Todo aquello que recibimos de quienes nos precedieron y que, a su vez, transmitimos.</p><p>Leer y escribir estimulan el cerebro, amplían el vocabulario y fortalecen la concentración. Pero su aporte más valioso quizás sea otro, desarrollan el pensamiento crítico. Nos enseñan a formular preguntas, a revisar certezas, a fundamentar opiniones y a comprender las de los demás. Aprendemos a decidir qué queremos hacer, cómo hacerlo, para qué y junto a quiénes.</p><p>La lengua, el discurso y las prácticas lectoras no deberían ser simples herramientas académicas. Son instrumentos fundamentales para ejercer la ciudadanía. Participamos de una sociedad democrática en la medida en que podemos discernir, argumentar, expresar acuerdos y desacuerdos, defender ideas y escuchar las ajenas. Cuanto más capaces somos de nombrar el mundo, más capaces somos también de transformarlo.</p><p>Quizás por eso, en las ciudades del interior, todos llevamos un pequeño escritor escondido en algún rincón. Nos tienta abrir un cuaderno y dejar por escrito aquella travesura de gurises que todavía nos hace sonreír. Queremos conservar la historia del abuelo que llegó en el vapor Luna o rescatar el eco del último tren que se detuvo en la estación. Memorizamos versos de Agustina Pastora Andrade o Gervasio Méndez y los repetimos para que sigan vivos. Resucitamos leyendas como la solapa o recuperamos relatos ancestrales nacidos junto al Arroyo El Cura, alrededor de un fogón, cuando la noche invitaba a contar historias.</p><p>Y a veces damos un paso más. Nos animamos a entrar a un taller literario con el temor natural de quien se expone por primera vez. Allí aparecen otros que también cargan recuerdos, preguntas, alegrías y heridas. Descubrimos que escribir no siempre es un acto solitario. Nos leemos, intercambiamos ideas, aprendemos juntos. Crecemos. Nos reconocemos en las palabras de los demás y comprendemos que aquello que creíamos exclusivamente nuestro, también forma parte de una experiencia compartida.</p><p>Volviendo a la pregunta inicial, podría decirse que el escritor escribe porque no tiene más remedio. Porque existe en él un impulso de nombrar lo que ama, lo que pierde, lo que teme y lo que sueña. Escribe para comprenderse y para comprender a los otros. Escribe para preservar una memoria que, de otro modo, correría el riesgo de desaparecer. Como dijo Jorge Luis Borges en su poema Despedida, hace más de un siglo, “No habrá sino recuerdos…”</p><p>En definitiva, escribe porque sabe que cada historia contada es una forma de vencer al olvido. Y porque mientras exista alguien dispuesto a leer, habrá también alguien dispuesto a sentarse frente a una hoja en blanco para seguir contando quiénes somos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SvghBVjNY3-q3TFfhi0jwl76g5Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nerea_liebre.webp" class="type:primaryImage" /></figure>¿Te preguntaste alguna vez por qué escribe un escritor? Las condiciones no parecen demasiado seductoras. No hay tope de horarios, vacaciones ni aguina...]]>
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                                <updated>2026-06-13T19:39:30+00:00</updated>
                <published>2026-06-13T19:38:34+00:00</published>
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            El agravante por femicidio: una herramienta jurídica para visibilizar la violencia de género
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                <![CDATA[Martina Moretti]]>
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                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/el-agravante-por-femicidio-una-herramienta-juridica-para-visibilizar-la-violencia-de-genero">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KrN9icRBFgs3t1vDEwF3MjQjCJU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/femicidios.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Por qué habiendo tantos delitos de importante relevancia el Derecho Penal se tomó el trabajo de distinguir el femicidio de otros homicidios? La incorporación de la figura del femicidio al Código Penal Argentino representó un importante avance en el reconocimiento de una realidad que durante años permaneció invisibilizada: la violencia extrema ejercida contra las mujeres por razones de género.</p><p>Desde 2012, nuestro ordenamiento jurídico contempla como una forma agravada de homicidio el asesinato de una mujer cometido por un hombre cuando mediare violencia de género. Esta figura, prevista en el artículo 80 inciso 11 del Código Penal, e incorporada a través de la Ley 26.791, establece la pena de prisión perpetua para quien incurra en dicha conducta, al igual que los denominados crímenes de odio.</p><p>Sin embargo, es importante aclarar que no toda muerte de una mujer constituye un femicidio, por lo que nace la necesidad de tener parámetros claros que lo diferencien. La ley exige que existan elementos que permitan demostrar que el hecho estuvo atravesado por una situación de violencia de género. Es decir, que el crimen no fue un episodio aislado, sino la expresión más extrema de una relación de desigualdad, dominación o violencia ejercida contra la víctima por su condición de mujer, ya sea que el agresor mantenga o haya mantenido una relación de pareja al momento del delito, habiendo existido o no convivencia.</p><p>La creación de este agravante no tuvo como objetivo otorgar privilegios ni establecer diferencias arbitrarias entre víctimas, sino reconocer una desigualdad latente y una gran problemática social específica que afecta de manera desproporcionada a las mujeres. El Derecho Penal, en este sentido, busca dar una respuesta adecuada a una realidad que durante décadas fue minimizada o considerada parte del ámbito privado, generando un vacío que llegó a afectar (y lamentablemente sigue afectando) a numerosas víctimas, dejando consecuencias desgarradoras a su paso.</p><p>La importancia de esta figura también se basa en exigir a quienes intervienen en el proceso judicial a analizar los hechos con perspectiva de género. Esto implica valorar antecedentes de violencia, amenazas, situaciones de control, hostigamiento o cualquier otro indicio que permita comprender el contexto en el que ocurrió el delito, ampliando y flexibilizando para ello la capacidad probatoria.</p><p>No obstante, la discusión sobre el femicidio trasciende el ámbito estrictamente jurídico. Cada caso interpela a la sociedad en su conjunto y nos invita a reflexionar sobre las formas de violencia que persisten en nuestra vida cotidiana. La prevención, la educación y la construcción de vínculos basados en el respeto siguen siendo herramientas fundamentales para evitar que estas tragedias ocurran.</p><p>Aunque la Ley y la Justicia cumplen un papel esencial al sancionar las conductas más graves, la verdadera transformación requiere también un compromiso social sostenido, que nos involucra a todos sin distinguir género, edad, ni clase social. Comprender qué es el femicidio y por qué existe como figura penal específica constituye un paso importante para construir una sociedad más justa, igualitaria y libre de violencia, anhelando un futuro más idílico y sin tanto miedo para las próximas generaciones.</p><p>Como ocurre con muchas herramientas del Derecho Penal, el agravante por femicidio no resuelve por sí solo este complejo problema social. Sin embargo, su existencia permite visibilizar una forma particular de violencia y reconocer que detrás de ciertos crímenes existe un contexto que no puede ser ignorado por la justicia ni por la sociedad.</p><p>Sin embargo, la discusión sobre el femicidio y sus consecuencias no debería agotarse en el monto de la pena. El verdadero desafío continúa siendo la prevención de la violencia y la intervención temprana, así como vías de ayuda más efectivas a las mujeres que se encuentran atravesando dicha problemática, antes de que los conflictos escalen hasta consecuencias irreparables.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KrN9icRBFgs3t1vDEwF3MjQjCJU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/femicidios.png" class="type:primaryImage" /></figure>¿Por qué habiendo tantos delitos de importante relevancia el Derecho Penal se tomó el trabajo de distinguir el femicidio de otros homicidios? La incor...]]>
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                                <updated>2026-06-07T01:35:07+00:00</updated>
                <published>2026-06-06T22:15:00+00:00</published>
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            Club de Arqueología de Gualeguaychú: una tecnología del futuro
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                <![CDATA[Axel Weissel]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/club-de-arqueologia-de-gualeguaychu-una-tecnologia-del-futuro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qeMrN_tUTH_x6A4sZni3UhqyYFo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/arqueologia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Terminaba el 2025 y nos habían notificado ya desde octubre que el órgano de aplicación de la Ley provincial de protección del patrimonio arqueológico (el Museo Antonio Serrano de Paraná) había aprobado el permiso de investigación para trabajar en ocho sitios arqueológicos de la ciudad de Gualeguaychú. Finalmente, el 26 de diciembre se firmó el convenio y concesión de trabajo científico al que con la licenciada Micaela Rossi suscribimos como profesionales responsables de salvaguardar los patrimonios y respetar el marco legal de trabajo. Este permiso no significó recursos, sino la posibilidad de investigar.</p><p>Con Micaela, oriunda de Gualeguaychú e hincha de la comparsa Papelitos, nos conocimos en el 2018 cursando la carrera de Antropología con orientación en Arqueología. Primero como estudiantes y luego como graduados, fundamos e integramos la cooperativa de trabajo Arqueoterra Ltda. En la actualidad es una institución científica de gestión cooperativa cuya persona jurídica y bancarización es un insumo institucional que nos es útil para fomentar investigaciones y robustecer nuestros desarrollos laborales.</p><p>A principios de este año nació la necesidad de generar un sistema de financiamiento científico comunitario como prueba piloto de Arqueoterra para financiar directamente el proyecto de investigación “Arqueología posthispánica y de la modernidad en Gualeguaychú”. Es decir, para poder tener recursos estables para los trabajadores del proyecto para los viáticos de las campañas de exploración, el trabajo de campo y la adquisición de herramientas.</p><p>En la siguiente reunión en el laboratorio, reconocimos que había que proponer un dispositivo acorde al contexto. Y en la ciudad la historia social del deporte y de la comunidad ha colocado en un lugar central la figura de los clubes. A partir de ese concepto fue que se nos prendió una lamparita y dijimos: ¿Y si creamos un Club de Arqueología?</p><p>Desde Arqueoterra entendemos a la ciencia como una perspectiva para estudiar la realidad, investigar los procesos históricos materiales pasados y presentes, y a la vez intervenir y participar de los campos de sentido social y de realidad sociopolítica. La arqueología, por su parte, la comprendemos como una ciencia, como una disciplina y como una tecnología social especializada en construir puentes entre aquello enterrado, objetos pasados, perdidos o encontrados, y en consolidar espacios colectivos de reflexión, aprendizaje y reflexión.</p><p>Nos paramos en las corrientes de la Ciencia Ciudadana, de la Arqueología Pública y de la Arqueología Comunitaria para reconocer que adquiere mayor relevancia el trabajo científico arqueológico cuando se realiza en conjunto con comunidades, grupos locales, aficionados y personas atravesadas directamente por la materia/el contenido del contexto investigado. Uno de nuestros referentes, el doctor Carlos Landa, nos abrió la cabeza en sus trabajos mancomunados con veteranos de las Malvinas en un proyecto arqueológico de memoria de arqueología de campos de batalla. Bajo esta perspectiva no hay un único saber válido, sino que la riqueza de la diversidad contribuye a la generación de conocimiento multivocal, orientado contextualmente y con posibilidades de crear nuevos lenguajes y tecnopoéticas.</p><p>&nbsp;</p><p>La arqueología en muchas partes del país es un campo de enunciación digno y que genera constantemente nuevos conocimientos, suma valor a los espacios que interviene y produce sentidos socioterritoriales. En Gualeguaychú, hasta la llegada de Arqueoterra, no había equipos directamente insertos en la ciudad. Al mismo tiempo, el Museo Almeida, con quien colaboramos y acompañamos, nos dejó la enseñanza de Manuel Almeida, el primer arqueólogo comunitario de la ciudad. Apropiarse del territorio, interrogar la identidad, difundir las vidas pasadas son claves para la conciencia histórica y replantear los modelos productivos, las desigualdades o las violencias.</p><p>Es importante que haya iniciativas científicas en la ciudad porque es uno de los elementos de desarrollo de un territorio. Al mismo tiempo, hacer arqueología local es soberanía y capacidad de producir conocimiento local científico e interpelado por las preguntas de cada contexto donde se insertan las excavaciones y activaciones patrimoniales. Tener un Club de Arqueología en Gualeguaychú significa inaugurar una tecnología del futuro.</p><p>Al ser el primero de toda la Argentina, es una experiencia social única e invaluable. Mientras que, por un lado, su fundación implica que el proyecto de investigación científica va a estar acompañado por una masa crítica de aficionados, estudiantes y otros profesionales de las ciencias del patrimonio (en su gran mayoría vecinos y vecinas), por otro, significa que va a adquirir sustentabilidad, estructura de trabajo constante y continuidad en el tiempo. Con la fundación del club se inaugura un dispositivo cuyo sostén colectivo nos va a permitir seguir explorando el pasado, los misterios y los asombros de Gualeguaychú y del litoral ¡Para que haya arqueología para rato!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qeMrN_tUTH_x6A4sZni3UhqyYFo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/arqueologia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Terminaba el 2025 y nos habían notificado ya desde octubre que el órgano de aplicación de la Ley provincial de protección del patrimonio arqueológico...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-31T01:50:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T22:15:29+00:00</published>
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            Ni Una Menos, un grito que no cesa
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/ni-una-menos-un-grito-que-no-cesa" type="text/html" title="Ni Una Menos, un grito que no cesa" />
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                <![CDATA[Belén Biré]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/ni-una-menos-un-grito-que-no-cesa">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XcbPxqxfb69Rwbn1CqcQSvGfWB8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/ni_una_menos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mas de una década ha pasado ya del primer Ni Una Menos, un grito colectivo que irrumpió en lo público para quedarse y caló profundamente en las relaciones interpersonales. El femicidio de Chiara Páez a manos de su pareja (ambos menores de edad) erosionó un acumulado de bronca y dolor ante la impunidad social de la naturalización de las violencias sostenida en el tiempo. Es que antes se hablaba poco de estos temas, o no se hablaba como se debía hablar, al punto de ver titulares como “la mató por amor” o “crimen pasional” haciendo referencia al asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres, lo que con el tiempo se tipificó como femicidio en el Código Penal.</p><p>Ni una Menos invadió calles y plazas colmándolas de miles y miles de mujeres de todas las edades. Se inauguró un nuevo paradigma social: ya no dejaríamos pasar en silencio las violencias y sentiríamos como propias cada una de ellas, es decir “si tocan a una, respondemos todas”.</p><p>La profundidad del cambio se dio justamente allí, en donde a las mujeres que hemos sido socializadas para competir, hoy nos abraza lo colectivo y nos atraviesa lo común. Aunque no conozca a esa joven que salió anoche de casa y no ha vuelto, siento propio el temor que no aparezca, siento propio el dolor de la pérdida y siento a la vez que somos muchas las que sentimos lo mismo. El lazo solidario que supimos construir tiene raíces en nuestra tierra, es suelo fértil la lucha por lo colectivo, la búsqueda incesante de los nietos y nietas de las abuelas, y no de uno/a, de todos y todas es un claro ejemplo de esto. Pero, las intenciones de romper con lo colectivo tampoco son cosa sólo de esta época. La última dictadura cívico-militar trajo consigo también esta misión: destrozar la idea de luchar por alguien más, esa idea de buscar el bien común más allá del propio. A veces parece que lo han logrado. Instauraron el terror como mecanismo de control buscando borrar toda huella que enseñe que luchar por los demás por encima de lo propio es, sin dudas, el acto más trascendente que puede dejar el ser humano.</p><p>Nosotras lo tenemos claro: empezamos a amasar de nuevo la idea de lo plural, donde el nombre de una no nos suena desconocido. Empezamos a nombrarlas, las hicimos canciones, las pintamos en murales, las llevamos en alto con carteles en cada marcha. También las contamos porque sabemos que sin las estadísticas cualquier desquiciado con aires de león nos niega en la cara que nos están matando. Entonces tenemos que contarnos, a ver cuántas nos faltan entre nosotras cada año para salir a gritar y marchar. Y estamos hartas y cansadas, porque trabajamos, estudiamos, limpiamos y cuidamos, amamantamos y parimos y manejamos y pintamos y actuamos y bailamos y escribimos y hacemos y hacemos, pero igual: Nos siguen matando.</p><p>Un femicidio cada 36 horas arroja las estadísticas mientras escribo. Mientras desarman el Estado que parecía había empezado a dar alguna respuesta al padecimiento de las violencias. Volvieron los mismos de siempre a intentar desarmar eso de lo solidario, esa cosa rara que si toma forma les resulta peligroso. No vaya a ser cosa que de repente luchen para que de una vez se distribuyan las riquezas y se aminore la desigualdad social de género, o lleguen a gobernar con estas ideas y pretendan reformas estructurales. Mas vale desarmar, negar que las matan por ser mujeres, desfinanciar todo aquello que dé respuesta, fomentar la violencia desde lo discursivo, volver a enfrentarlas utilizando otras mujeres que quieran mantener sus privilegios por encima incluso, de sus propios derechos.</p><p>Por eso el Ni Una Menos hoy resiste la embestida más grande desde su aparición: el desarme y el ajuste feroz precarizando nuestras vidas. La deuda como signo de época para cargarla en nuestras espaldas y que pese durante el día y nos quite el sueño de noche. Las violencias reproducidas en todos los ámbitos buscando complicidad en quiénes nunca aceptaron que se les acabó la comodidad del silencio. Resiste al grito del león enfurecido y la mano astuta de su domador. Resiste la heladera vacía y raspa la olla con fuerza, con la misma fuerza que se pega la costra con la leña ardiendo. Resiste el frio helado de la pobreza, ese que sólo algunos llegan a conocer de verdad. El Ni Una Menos resiste en el tiempo, aunque lo quieran borrar.</p><p>Seguimos floreciendo en la tierra fértil, en las miradas cómplices que se cruzan alguna noche que encuentra a dos mujeres solas caminando y necesitan mirarse y saberse cerca. Florece en nuestros hijos varones educados por nosotras, esos que desde niños practican la ternura y van teniendo conciencia de sus privilegios. Florece en la mochila que tiene un pin que dice “No es no”. En la niña que puede elegir qué ropa vestir o como sentarse. Florece en el sueño tranquilo de la que pudo salir de la violencia denunciando. Florece en las carteleras que ya no nombran solo varones para recordar una fecha patria. Florece en el silencio incómodo ante el chiste machista. En la foto de la abuela colgada en el living viendo la mujer en la que te convertiste, cortando los lazos violentos que marcaron su historia familiar. En la ronda que organiza la marcha, en la madre que decidió serlo. En la mujer que decidió no ser madre. En el tambor que suena y denuncia, en la canción que cantamos, en la foto que compartimos, en el pañuelo que atesoramos. Florece en la mirada de mi estudiante temeroso que, en voz baja, me cuenta que espera ansioso rectificar su DNI. Ni Una Menos florece en la historia que hoy contamos nosotras por las que no pudieron contar la suya.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XcbPxqxfb69Rwbn1CqcQSvGfWB8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/ni_una_menos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Mas de una década ha pasado ya del primer Ni Una Menos, un grito colectivo que irrumpió en lo público para quedarse y caló profundamente en las relaci...]]>
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                                <updated>2026-05-30T23:25:07+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T20:14:00+00:00</published>
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            El callejón sin salida de la política entrerriana
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eO-XtQJ74YiEoy8a51iIicHQnJA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/09/entre_rios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay una pregunta que el proyecto de reforma previsional de Entre Ríos no formula en ninguna de sus cuarenta y seis páginas, ni en el articulado ni en el “Mensaje del Gobernador”.</p><p>No es una pregunta técnica. ES LA PREGUNTA POLÍTICA MÁS IMPORTANTE: ¿CÓMO VA A CRECER ESTA PROVINCIA?</p><p>Todo lo demás (la edad jubilatoria, los aportes solidarios, la retención de coparticipación a los municipios) son formas de administrar con mayor o menor equidad un sistema que, SIN CRECIMIENTO ECONÓMICO REAL, NO TIENE SALIDA.</p><p>ESO NO ES UNA OPINIÓN IDEOLÓGICA. Es la lógica interna del sistema de reparto que el propio proyecto declara querer preservar.</p><p>Un régimen previsional de reparto es un contrato entre generaciones, los activos de hoy financian a los pasivos de hoy, con la expectativa de que los activos de mañana harán lo mismo.</p><p>Ese contrato solo se sostiene si cada generación activa es más numerosa, más productiva o mejor remunerada que la anterior.</p><p>En Entre Ríos, ninguna de esas tres condiciones está siendo construida deliberadamente. Y el proyecto no lo menciona.</p><p>&nbsp;</p><p>LA TRAMPA ARITMÉTICA QUE EL MENSAJE ESQUIVA</p><p>&nbsp;</p><p>El Mensaje del Gobernador identifica como uno de los indicadores más alarmantes del sistema la relación de 1,82 APORTANTES ACTIVOS POR CADA BENEFICIARIO PASIVO.</p><p>El dato es correcto y el diagnóstico, honesto. Lo que el Mensaje no dice es que ese cociente tiene una sola forma de mejorar dentro de la lógica del sistema, aumentar los aportantes activos.</p><p>EN UN SISTEMA CUYO UNIVERSO DE APORTANTES ES CASI EXCLUSIVAMENTE EL EMPLEO PÚBLICO PROVINCIAL, MEJORAR ESA RELACIÓN IMPLICA AUMENTAR LA PLANTA DEL ESTADO. PERO AUMENTAR LA PLANTA DEL ESTADO AGRAVA EL DÉFICIT FISCAL POR OTRA VÍA, ELEVA EL GASTO EN SALARIOS, AMPLÍA LA BASE DE FUTUROS JUBILADOS Y REINICIA EL CICLO.</p><p>&nbsp;</p><p>LA TRAMPA ES PERFECTA, LA SOLUCIÓN PARAMÉTRICA AL PROBLEMA PREVISIONAL ES, SIMULTÁNEAMENTE, LA CAUSA DEL PROBLEMA FISCAL QUE EL MISMO GOBIERNO DICE QUERER CORREGIR.</p><p>El proyecto no resuelve esta contradicción porque no puede resolverla dentro de sus propios límites.</p><p>SOLO EXISTE UNA SALIDA GENUINA, QUE CREZCA EL EMPLEO PRIVADO FORMAL, QUE LA BASE IMPONIBLE DE LA CAJA SE AMPLÍE MÁS ALLÁ DEL ESTADO, QUE LOS SUELDOS DEL SECTOR PRIVADO AUMENTEN EN TÉRMINOS REALES Y QUE ESE CRECIMIENTO SEA SUFICIENTEMENTE SOSTENIDO COMO PARA ALTERAR LA ECUACIÓN ACTUARIAL.</p><p>NADA DE ESO APARECE COMO OBJETIVO DE POLÍTICA EN NINGÚN DOCUMENTO DE ESTE GOBIERNO.</p><p>&nbsp;</p><p>LA DEUDA QUE LA NACIÓN NUNCA PAGÓ Y ENTRE RÍOS NUNCA COBRÓ</p><p>&nbsp;</p><p>Para entender por qué la Caja de Jubilaciones de Entre Ríos llegó al estado en que está, hay que entender primero un patrón que no tiene fecha de inicio precisa pero sí tiene episodios que lo ilustran con brutal claridad.</p><p>ES EL PATRÓN DE UNA PROVINCIA QUE SISTEMÁTICAMENTE ACEPTA DE LA NACIÓN LO QUE LE DAN, RECLAMA CON MODERACIÓN LO QUE LE DEBEN Y RESIGNA CON ELEGANCIA LO QUE LE CORRESPONDE. UN PATRÓN REPETIDO HASTA EL HARTAZGO A TRAVÉS DE TODOS LOS GOBIERNOS Y TODOS LOS PARTIDOS, QUE HA COSTADO DÉCADAS DE DESARROLLO POSTERGADO.</p><p>El primer episodio mayor es el más largo y el más silencioso. Durante décadas, Entre Ríos fue una isla administrativa en el corazón del país, rodeada de ríos, sin puentes, con una conectividad terrestre que dependía de balsas y servicios fluviales que el clima y la hidología hacían impredecibles.</p><p>Hoy sabemos que el aislamiento no era una fatalidad geográfica inevitable, era el resultado de decisiones de inversión nacional que priorizaron otras regiones.</p><p>LA PROVINCIA CONVIVIÓ CON ESA CONDICIÓN SIN CONVERTIRLA EN UN RECLAMO POLÍTICO SOSTENIDO Y DE ALTA INTENSIDAD.</p><p>Recién el 13 de diciembre de 1969, con la inauguración del Túnel Subfluvial Hernandarias, Entre Ríos se conectó físicamente con el resto del país por vía terrestre. Para entonces, medio siglo de industrialización argentina había transcurrido sin que la provincia pudiera participar en condiciones competitivas. EL COSTO DE ESE AISLAMIENTO EN TÉRMINOS DE DESARROLLO INDUSTRIAL, COMERCIAL Y DEMOGRÁFICO NUNCA FUE CUANTIFICADO NI RECLAMADO.</p><p>El segundo episodio es Salto Grande. El complejo hidroeléctrico binacional construido sobre el río Uruguay es, en términos de recursos naturales puestos al servicio del desarrollo, la mayor oportunidad que Entre Ríos tuvo en el siglo XX.</p><p>Una represa de escala regional, con capacidad de generación suficiente para anclar un polo industrial de primer orden sobre la costa del Uruguay, en una zona que combinaba energía barata, agua abundante y (con la infraestructura adecuada) conectividad regional.</p><p>ESA OPORTUNIDAD NO FUE APROVECHADA.</p><p>La energía generada por Salto Grande fue absorbida por el sistema interconectado nacional y derivada fundamentalmente hacia el AMBA, que es donde estaba la demanda industrial QUE EL PAÍS HABÍA DECIDIDO CONCENTRAR.</p><p>Entre Ríos aportó el recurso (su río, su territorio, su paisaje transformado para siempre) y no diseñó, o no pudo imponer, una política de radicación industrial que convirtiera esa energía en desarrollo local.</p><p>NADIE EN LA CONDUCCIÓN PROVINCIAL DE ENTONCES NI DE DESPUÉS CONSTRUYÓ EL ARGUMENTO JURÍDICO, POLÍTICO Y ECONÓMICO PARA EXIGIR QUE LA RENTA ENERGÉTICA DEL COMPLEJO QUEDARA, AL MENOS EN PARTE SUSTANCIAL, EN LA PROVINCIA QUE LO ALBERGA.</p><p>El tercer episodio es el más directamente vinculado al déficit previsional actual.</p><p>La Ley Nacional 24.049 de 1992 transfirió a las provincias la totalidad de los establecimientos educativos nacionales que funcionaban en sus territorios. Con ellos llegaron miles de docentes y auxiliares que pasaron a engrosar las plantas provinciales, con sus sueldos, sus aportes y (sobre todo) sus futuros haberes jubilatorios. EL PROBLEMA ES QUE LA TRANSFERENCIA NO FUE ACTUARIALMENTE NEUTRA. EL ESTADO NACIONAL DESCARGÓ EN LAS CAJAS PROVINCIALES UNA MASA DE PASIVOS PREVISIONALES FUTUROS SIN TRANSFERIR LOS ACTIVOS FINANCIEROS NECESARIOS PARA RESPALDARLOS.</p><p>LAS PROVINCIAS RECIBIERON EL PERSONAL PERO NO EL FONDO. RECIBIERON EL PROBLEMA PERO NO LOS RECURSOS PARA ADMINISTRARLO.</p><p>Dos años después, el golpe fue doble. La creación de las AFJP mediante la Ley 24.241 de 1994 derivó hacia el sistema privado de capitalización a los trabajadores más jóvenes (precisamente los que más años de aportes tenían por delante) vaciando el sistema de reparto en su período más productivo. LAS CAJAS PROVINCIALES, QUE HABÍAN ABSORBIDO EL PASIVO DE LA TRANSFERENCIA EDUCATIVA, VIERON SIMULTÁNEAMENTE REDUCIDA SU BASE DE APORTANTES ACTIVOS. El daño fue estructural.</p><p>ENTRE RÍOS SOBREVIVIÓ A ESE DOBLE IMPACTO SIN RESOLVERLO. LOS GOBIERNOS QUE SE SUCEDIERON DESDE ENTONCES ADMINISTRARON EL DETERIORO CON MAYOR O MENOR HABILIDAD, PERO NINGUNO PLANTEÓ CON LA CONTUNDENCIA NECESARIA LO QUE ERA EVIDENTE: LA NACIÓN TIENE UNA DEUDA HISTÓRICA CON EL SISTEMA PREVISIONAL ENTRERRIANO.</p><p>Y esta deuda NO se salda con convenios de $26.000 o $48.000 millones negociados discretamente con ANSES. Se salda con un reclamo de plena reparación actuarial por los pasivos transferidos en 1992 y por la década de vaciamiento que siguió.</p><p>EL MENSAJE ACTUAL PRESENTA ESOS CONVENIOS COMO UN HITO SIN PRECEDENTES EN LA HISTORIA PROVINCIAL.</p><p>Puede serlo en términos de gestión administrativa. Pero frente a la magnitud de la deuda histórica acumulada (que incluye el aislamiento, la renta energética resignada y el vaciamiento previsional de los noventa) son “UNA TOMADA DE PELO”.</p><p>&nbsp;</p><p>LA PREGUNTA QUE NINGÚN GOBIERNO ENTRERRIANO HA QUERIDO FORMULAR CON CLARIDAD ES SIEMPRE LA MISMA: ¿POR QUÉ ENTRE RÍOS NO USA CON PLENA CONTUNDENCIA TODOS LOS ARGUMENTOS HISTÓRICOS, JURÍDICOS Y POLÍTICOS QUE TIENE A SU FAVOR?</p><p>&nbsp;</p><p>La respuesta no es jurídica. Es política. Reclamar con firmeza a la Nación requiere autonomía de criterio, disposición al conflicto y una clase dirigente que ponga los intereses provinciales por encima de la relación con el gobierno nacional de turno. ENTRE RÍOS TIENE UNA LARGA HISTORIA DE PREFERIR LA NEGOCIACIÓN DISCRETA AL RECLAMO PÚBLICO, LA RELACIÓN CORDIAL AL LITIGIO NECESARIO, LA CUOTA DE COPARTICIPACIÓN EXTRA, AL ARGUMENTO DE FONDO. EL RESULTADO DE ESA PREFERENCIA ESTÁ A LA VISTA: UNA CAJA DEFICITARIA, UNA ECONOMÍA ESTANCADA Y UNA REFORMA PREVISIONAL QUE AJUSTA HACIA ADENTRO PORQUE NADIE CONSTRUYÓ EL PODER POLÍTICO PARA EXIGIR HACIA AFUERA.</p><p>&nbsp;</p><p>REFORMAR SIN ESTRATEGIA DE DESARROLLO ES ADMINISTRAR EL DECLIVE</p><p>&nbsp;</p><p>Un sistema previsional es, en último término, un espejo de la economía que lo sostiene. Si la economía es simple, informal y de bajo valor agregado, el sistema previsional será deficitario, litigioso y políticamente insostenible. No hay reforma paramétrica (ni la más inteligente, ni la más gradual, ni la más equitativa) que pueda compensar esa realidad.</p><p>ENTRE RÍOS TIENE UNA ECONOMÍA PREDOMINANTEMENTE PRIMARIA, CON ESCASA COMPLEJIDAD PRODUCTIVA, ALTA INFORMALIDAD LABORAL EN EL SECTOR AGROPECUARIO Y AGROINDUSTRIAL, Y UN SECTOR PÚBLICO QUE FUNCIONA COMO EMPLEADOR DE ÚLTIMA INSTANCIA PARA UNA PORCIÓN SIGNIFICATIVA DE LA POBLACIÓN ACTIVA. ESE MODELO NO GENERA LOS SALARIOS NI LOS APORTANTES QUE UN SISTEMA PREVISIONAL DE REPARTO NECESITA PARA EQUILIBRARSE.</p><p>&nbsp;</p><p>La salida real tiene nombre: COMPLEJIZACIÓN ECONÓMICA.</p><p>Diversificación de la matriz productiva hacia sectores de mayor valor agregado. Formalización laboral masiva en el sector privado.</p><p>Desarrollo de capacidades industriales, tecnológicas y de servicios que generen empleos bien remunerados y plenamente aportantes al sistema.</p><p>Inversión en infraestructura que reduzca los costos logísticos que hacen inviable la radicación industrial.</p><p>Política activa de retención de profesionales jóvenes que hoy emigran llevando consigo décadas de aportes futuros.</p><p>&nbsp;</p><p>NADA DE ESTO APARECE EN EL PROYECTO DE REFORMA PREVISIONAL. Tampoco aparece en ningún otro documento de política pública de este gobierno con la especificidad y el compromiso presupuestario que requeriría una ESTRATEGIA DE DESARROLLO SERIA. Lo que existe son enunciados generales sobre inversión y competitividad que no se traducen en acciones concretas ni en reasignaciones del gasto.</p><p>El gobierno está debatiendo con seriedad técnica los parámetros de un sistema que, tal como está configurada la economía provincial, y por lo tanto, continuará siendo deficitario independientemente de cuántos años se suba la edad jubilatoria o cuántos puntos se incremente el aporte solidario.</p><p>ES UNA DISCUSIÓN NECESARIA PERO INSUFICIENTE. Y su insuficiencia no es inocente: OCUPAR EL ESPACIO PÚBLICO CON LA REFORMA PREVISIONAL EVITA TENER QUE RESPONDER LA PREGUNTA MÁS INCÓMODA, QUE ES QUÉ VA A PRODUCIR ENTRE RÍOS EN LOS PRÓXIMOS VEINTE AÑOS Y CÓMO VA A GENERAR EL EMPLEO DE CALIDAD QUE EL SISTEMA NECESITA.</p><p>&nbsp;</p><p>EL COSTO POLÍTICO DE NO HACER LA PREGUNTA CORRECTA</p><p>Existe una racionalidad política en este enfoque que conviene nombrar. Las reformas previsionales generan conflicto visible e inmediato, los gremios marchan, los jubilados protestan, los legisladores negocian en público. El costo político es alto y se paga en el corto plazo.</p><p>En cambio, UNA ESTRATEGIA DE DESARROLLO ECONÓMICO, genera resultados lentos, difusos y difíciles de atribuir a una gestión específica.</p><p>El político que impulsa la complejización productiva no cosecha los votos de esa decisión, los cosecha, quizás, quien gobierne quince años después.</p><p>ESA ASIMETRÍA TEMPORAL EXPLICA, EN PARTE, POR QUÉ NINGÚN GOBIERNO ENTRERRIANO HA CONSTRUIDO UNA AGENDA DE DESARROLLO CON LA MISMA ENERGÍA INSTITUCIONAL QUE DEDICA A LOS EQUILIBRIOS FISCALES DE CORTO PLAZO.</p><p>Pero explicar no es justificar. LA CONSECUENCIA DE ESA RACIONALIDAD MIOPE ES QUE CADA GOBIERNO HEREDA UNA CAJA MÁS DETERIORADA QUE EL ANTERIOR, IMPLEMENTA UNA REFORMA QUE CONTIENE EL DAÑO SIN REVERTIRLO Y LE TRANSFIERE AL SIGUIENTE LA MISMA TRAMPA CON NÚMEROS MÁS GRANDES.</p><p>EL PROYECTO ACTUAL NO ROMPE ESE CICLO. LO PROLONGA CON MÁS SOFISTICACIÓN TÉCNICA QUE SUS PREDECESORES, lo cual no es un mérito menor, pero tampoco es suficiente. Subir la edad jubilatoria a 65 años en 2046 resuelve el déficit actuarial de 2046 si la economía entrerriana de 2046 es sustancialmente diferente a la de hoy. Si no lo es, el problema estará exactamente donde está ahora, con otro gobernador firmando otro mensaje a otra Honorable Legislatura.</p><p>&nbsp;</p><p>LA PREGUNTA QUE FALTA</p><p>La reforma previsional es necesaria. El diagnóstico del Ejecutivo es honesto. Las medidas propuestas son, en su mayoría, razonables dentro de sus propios límites. Pero sus propios límites son el problema.</p><p>Una provincia que ajusta su sistema previsional sin construir simultáneamente una estrategia de desarrollo económico está haciendo lo mismo que un agricultor que reasigna las semillas que le quedan sin plantearse cómo va a recuperar la fertilidad del suelo. Puede sobrevivir una temporada más. No puede prosperar.</p><p>Entre Ríos tiene recursos naturales, posición geográfica, capital humano y argumentos históricos y jurídicos de primera línea para exigirle a la Nación parte de la solución. TIENE TODO LO NECESARIO PARA CONSTRUIR UNA AGENDA DE DESARROLLO CON AMBICIÓN REAL. LO QUE LE FALTA, CON UNA PERSISTENCIA QUE YA NO ADMITE EXPLICACIÓN SINO SOLO RESPONSABILIDAD POLÍTICA, ES LA DECISIÓN DE USARLO.</p><p>Mientras esa decisión no llegue, cada reforma previsional será un torniquete sobre una hemorragia que viene de más adentro. Prolonga la vida del paciente. No lo cura.</p><p>Alejandro Di Palma, Roberto Domingo y equipo</p><p>Mayo 2026</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eO-XtQJ74YiEoy8a51iIicHQnJA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/09/entre_rios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El gobierno debate con seriedad técnica cómo distribuir mejor la escasez. Nadie en la sala pregunta cómo salir de ella.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-29T12:39:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-28T23:00:00+00:00</published>
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            El jardín crece, pero no llega a todos
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                <![CDATA[Lucía Vallejo]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/el-jardin-crece-pero-no-llega-a-todos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RPPIiTwtLwd847U2Wv7Jlj2VaZs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/jardin_de_infantes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La primera infancia es uno de los momentos más decisivos en la vida de una persona. Desde hace décadas que la evidencia muestra que asistir al nivel inicial mejora las trayectorias educativas, favorece el desarrollo del lenguaje, fortalece habilidades socioemocionales y tiene efectos de largo plazo. Este impacto no sólo se refleja en la mejora de las trayectorias educativas, sino que también redunda en variables positivas vinculadas a oportunidades laborales y de ingresos y negativas en aspectos como crimen y problemas de salud. Sin embargo, con toda esa evidencia sobre la mesa, en Argentina todavía estamos lejos de garantizar ese acceso de manera equitativa.</p><p>Los datos más recientes muestran una situación ambivalente. Por un lado, hubo avances importantes: la cobertura del nivel inicial creció de manera sostenida durante la última década, especialmente entre los niños de 3 y 4 años. Argentina fue, de hecho, uno de los países de la región que más aumentó la asistencia a los 3 años: pasó del 40% en 2014 al 55% en 2024. A los 4 años -en el mismo período temporal- la cobertura subió del 75% al 91%. Hay mejoras que no podemos ignorar, impulsadas por decisiones de política educativa y una expansión de la oferta.</p><p>Pero, al mismo tiempo, persisten desigualdades profundas. Hoy, sólo 4 de cada 10 chicos de 3 años de los sectores más vulnerables asisten al nivel inicial. La cifra contrasta no solo con los niveles de cobertura de los niños de 4 y 5 años, donde la escolarización se acerca a la universalización, sino también con lo que ocurre en otros sectores sociales. Entre los hogares de ingresos medios, la asistencia a los 3 años alcanza el 71% (lo que los ubica incluso por encima de los sectores más ricos).</p><p>La desigualdad aparece todavía con más fuerza cuando se observa la situación de los niños de 2 años. En los hogares más pobres, apenas el 10% accede a algún espacio educativo o de cuidado, mientras que entre los sectores de mayores ingresos la cifra asciende al 44%. Esto muestra que el acceso temprano sigue dependiendo, en gran medida, de las posibilidades económicas de las familias.</p><p>El problema no parece explicarse únicamente por la falta de oferta. Por el contrario, en los últimos años hubo una expansión importante del nivel inicial, especialmente en las salas vinculadas a las edades más tempranas. Además, Argentina atraviesa una transición demográfica marcada por la caída sostenida de la natalidad: hoy nacen menos chicos que hace una década. Ese fenómeno ya empezó a impactar sobre la matrícula y continuará haciéndolo -incluso con mayor fuerza- en los próximos años.</p><p>Esta combinación entre menos nacimientos y más infraestructura instalada abre una oportunidad muy relevante para el sistema educativo: si la cantidad de secciones se mantiene relativamente estable, el descenso de la matrícula podría liberar capacidad para ampliar el acceso en las edades donde todavía existen déficits de cobertura, particularmente entre los niños de 2 y 3 años.</p><p>Pero acá está la trampa: esa oportunidad no se va a traducir automáticamente en mayor equidad. Que haya potenciales vacantes disponibles no garantiza, por sí solo, que los chicos más vulnerables lleguen efectivamente al jardín. Si con menos chicos y más oferta instalada seguimos sin cerrar esta brecha, la pregunta que debemos hacernos es qué estrategia estamos desplegando para que esos 6 de cada 10 niños de los sectores más vulnerables finalmente ingresen al nivel inicial.</p><p>La inercia que nos ofrece la transición demográfica no alcanza para resolver el problema. Porque si no hay una estrategia activa, el sistema tiende a acomodarse solo, y no siempre donde hace falta. Los recursos fluyen hacia donde la demanda es más visible, los jardines se sostienen donde las familias ya llegaban solas, y los que más necesitan el acceso siguen quedando afuera. No es un problema de infraestructura ni de recursos: es una cuestión de falta de planificación. Y la ventana que nos ofrece la primera infancia se cierra con premura.</p><p>En los sectores más vulnerables, las dificultades para sostener la escolarización temprana suelen convivir con empleos precarios, problemas de movilidad, falta de redes de cuidado y entornos con menor acceso a información y poco acompañamiento. Muchas veces, además, la educación inicial no aparece como una necesidad urgente frente a otras demandas más inmediatas. Por eso, el desafío no puede reducirse únicamente a construir jardines o abrir vacantes.</p><p>Por otro lado, existe un riesgo silencioso. Sin una política educativa estratégica el sistema por sí solo termina reproduciendo las desigualdades existentes. Si sólo se expande la cobertura en los sectores que ya tienen una demanda consolidada, quienes más necesitan el acceso van a seguir quedando afuera. Si el Estado no prioriza deliberadamente, los recursos tienden a orientarse allí donde las familias ya tenían más y mejores herramientas de acceso.</p><p>Una clave está en empezar a tratar la escolarización temprana como una prioridad estratégica y no como un tema secundario dentro de la agenda educativa. La evidencia acumulada en las últimas décadas dejó poco margen para la discusión: el impacto de la educación inicial en el desarrollo infantil, en la reducción de desigualdades y en la ampliación de oportunidades futuras es contundente. Lo que no sucede en esos primeros años es mucho más difícil (y más costoso) de recuperar después. Por eso, discutir la cobertura del nivel inicial no es solamente hablar de jardines: es discutir qué oportunidades queremos garantizar desde el comienzo de la vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RPPIiTwtLwd847U2Wv7Jlj2VaZs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/jardin_de_infantes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La primera infancia es uno de los momentos más decisivos en la vida de una persona. Desde hace décadas que la evidencia muestra que asistir al nivel i...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-24T01:10:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-23T21:05:00+00:00</published>
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        <title>
            Del título universitario al contenido erótico: el modelo social para los jóvenes que produce la era Milei
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gYVkMNiv-YJiSKrAYJtmZyULVjk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/contenido_erotico.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada el país atraviesa un proceso de descomposición social y cultural políticamente buscado, no accidental, que impacta de diferentes maneras en la trama y los modelos de subjetividad. En ese camino iniciado en diciembre de 2023 el avance contra las universidades y el sistema científico nacional, marcado por un fuerte ajuste presupuestario y un ataque permanente a su legitimidad, se ha erigido como una de sus principales batalles, incluso judicializadas, y por ende uno de los focos centrales de articulación de la resistencia social. No solamente la comunidad educativa denuncia un "ahogo financiero" que pone en riesgo el funcionamiento de las instituciones públicas, con paros docentes y masivas marchas federales como la del último martes, sino que la bandera de la educación se ha transformado en puente de diálogo y resistencia de diferentes colectivos y sectores opositores.</p><p>Pero además la asfixia a las universidades de todo el país, la destrucción de salarios y la expulsión de docentes e investigadores hacia el sector privado, trae aparejado un proceso paralelo que combina el desprestigio de las carreras profesionales, los títulos y las trayectorias educativas, con la promoción de actividades y modelos laborales asociados al emprendedorismo, el cuentapropismo y la flexibilidad en tanto expresiones de la racionalidad neoliberal y parte de un discurso de época. Es decir, en un doble movimiento directamente proporcional, se ataca a la universidad pública, que funcionó en Argentina como una de las pocas instituciones capaces de organizar una promesa colectiva de futuro y una herramienta concreta de movilidad social ascendente, con sus matices y contradicciones, al tiempo que se instala una lógica donde cada individuo debe “inventarse” solo una salida económica inmediata, aunque eso implique vivir en condiciones de extrema inestabilidad, precariedad, y desamparo legal.</p><p>En ese contexto no resulta casual el crecimiento simbólico y económico de plataformas como OnlyFans, Uber o las múltiples aplicaciones basadas en trabajo fragmentado, monetización permanente de la vida cotidiana y autoexplotación presentada como libertad y "ser tu propio jefe”. El fenómeno que suele analizarse y promocionarse desde la tecnología, los cambios necesarios del mercado laboral, o incluso es usado como bajada de línea política en eventos juveniles como el Endeavor Sub 20, expresa una transformación subjetiva de las trayectorias de vida de las personas: el reemplazo de la idea de formación, capacitación y construcción a largo plazo, por la necesidad urgente de generar ingresos inmediatos, independientemente de las condiciones laborales.</p><p>Todo esto ocurre en un país que registra niveles de desempleo juvenil que no se veían hace años. Según un informe reciente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), a través de su programa Edulab, más del 17% de los jóvenes entre 18 y 24 años está desempleado, y un 16% directamente no estudia ni trabaja. Justamente el estudio advierte que existe un “puente roto” entre el sistema educativo y el mundo laboral, lo que trae consecuencias directas sobre las oportunidades escasas y formas cada vez más precarizadas que tienen estos jóvenes de incorporarse al mercado laboral.</p><p>Es que la universidad pública encarna una lógica que parece de otro tiempo: supone que el conocimiento tiene valor social y da cierta formación universal, que existen profesiones necesarias en el marco de un modelo de país, más allá de su rentabilidad inmediata, y que el Estado debe garantizar condiciones mínimas para que las personas puedan formarse. Por eso los ataques contra la universidad son presupuestarios, pero también simbólicos. Se busca profundizar la idea de que estudiar “no sirve”, que las carreras son inútiles si no producen alta rentabilidad, y que cualquier expectativa de estabilidad colectiva pertenece a un pasado obsoleto.</p><p>Paralelamente, estudiar una carrera, que hasta hace poco era gratuita y accesible, se volvió cada vez más difícil no por el arancel, sino por el costo de vivir mientras estudiás: el alquiler, el transporte, la comida, las fotocopias, el tiempo. Tal es la dificultad de autonomizarse para este sector que, según un estudio de la Fundación Tejido Urbano, cuatro de cada diez jóvenes argentinos de hasta 35 años no están en condiciones de dejar su hogar de origen.</p><p>La situación se agrava para el caso de las mujeres que siguen concentrando menores ingresos, niveles más altos de informalidad, y una brecha salarial adversa cercana al 27%. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) basado en datos de la Encuesta Permanente de Hogares correspondientes al tercer trimestre de 2025 reveló, con motivo del último 8M, que la desigualdad económica se agravó durante el último año y con un mayor impacto entre las mujeres jóvenes. El relevamiento indica que la tasa de desempleo de las mujeres entre 14 y 29 años prácticamente duplica el promedio general.</p><p>Propuestas "laborales” como OnlyFans o "Argentina Casting", vinculadas a la difusión masiva de contenido erótico y sexual, que prometen la posibilidad de ganar dinero rápido, en dólares, administrando tus tiempos, encajan como pieza de lego en el vacío que dejan las cifras de desempleo, el deterioro de los ingresos y la precarización del trabajo. El crecimiento de este tipo de autoempleo de plataformas empieza a consolidarse como una nueva salida laboral en Argentina para mujeres que deciden complementar ingresos o directamente dejar empleos en relación de dependencia para generar contenido pago.</p><p>La socióloga Esther Solano, en su investigación sobre los nuevos trabajadores argentinos para la Fundación Friedrich Ebert, lo explica cuando advierte que Milei convirtió la autoexplotación en bandera, narrativa que funciona como discurso motivacional de coaches: “El ‘vos podés’ oculta un sistema roto que fuerza a los trabajadores a aceptar condiciones de precariedad disfrazadas de libertad.” OnlyFans crece exactamente en proporción inversa a lo que el gobierno de Milei destruye. Cada recorte en educación, cada programa cerrado, cada egresada que no consigue trabajo o se siente alejada del sistema educativo, es una potencial creadora de contenido sexual para una plataforma que se queda con el 20% de todo lo que se produce sin asumir ninguna responsabilidad ni cuidado.</p><p>&nbsp;</p>El caso de Sofia Maure y una publicidad engañosa<p>La semana pasada, la influencer de moda y life style Sofía Maure, que tiene más de 600.000 suscriptores en YouTube y más de 550.000 seguidores en Instagram, contó que decidió abrir una cuenta de OnlyFans, a pesar de haberse expresado públicamente como enemiga acérrima de la plataforma en el pasado. Justificó su "cambio de opinión” producto de haberlo pensado durante varios meses: "los pros son demasiado gigantes, mucho más que los contras, pero sigo siendo la misma. Si para tener la vida que siempre soñé tengo que hacer que alguna gente me deje de seguir, que así sea". Según relató en menos de 24 horas consiguió 3 mil suscriptores y recaudó más de 30.000 dólares.</p><p>La noticia circuló en redes como un caso de éxito, como una historia de empoderamiento, como la prueba de que en la Argentina del ajuste siempre hay una salida con autonomía y felicidad. Sin embargo, lo que el discurso omite es el lado B de esta plataforma que cada vez tiene más anclaje entre famosas, deportistas y celebridades que eligen abrirse perfiles para sumar ingresos complementarios a sus actividades principales.</p><p>OnlyFans es, en números globales, una máquina de hacer dinero y batir récords de consumo. Según cifras de Onlyguider, en 2025 facturó 7.200 millones de dólares a nivel mundial; tiene más de 377 millones de usuarios registrados; y pagó 25.000 millones de dólares a sus creadoras desde su fundación en 2016. Además está en un camino de fuerte expansión en regiones emergentes, especialmente en América Latina y el sur de Europa, y en ese marco Argentina fue, en 2025, uno de los países del top mundial en gasto en la plataforma, con un estimado entre 75 y 87 millones de dólares.</p><p>Pero hay ciertas estadísticas que raramente acompañan a esos titulares. Primero, la plataforma retiene el 20% de la recaudación total de sus creadores de contenido. En segundo lugar, los datos de Gitnux indican que existe una extrema desigualdad de ingresos y una concentración de riqueza muy alta: el 0,1% superior de las creadoras concentra aproximadamente el 76% de todos los ingresos de la plataforma, ganando un promedio de más de $146 mil dólares mensuales, mientras el ingreso promedio anual de un creador ordinario es de 1.300 dólares, poco más de 100 dólares por mes.</p><p>El patrón de género y edad es igualmente elocuente. En OnlyFans el 97% de las creadoras son mujeres (3,78 millones contra 732.000 hombres), y el 86% tienen entre 18 y 24 años. Del otro lado de la pantalla, entre el 70 y el 79% de los suscriptores abonados y consumidores son hombres. La fórmula es la misma de siempre: mujeres jóvenes producen en condiciones indignas, hombres con poder adquisitivo las explotan y consumen, y la plataforma se queda con el 20% de cada transacción sin asumir ninguna responsabilidad laboral, sin convenio colectivo, sin obra social, ni ART. Las creadoras son, en la jerga corporativa, “autónomas”.</p><p>Por último, hay un dato clave que las promotoras de OF no comparten: el 60% de las creadoras abandona la plataforma durante el primer año, no solamente porque los menos de 200 dólares mensuales no cumplen con la promesa de éxito rápido y fácil, sino porque además prácticamente la totalidad sufre alguna forma de acoso, exposición a violencias, episodios traumáticos, padecimientos en salud mental o circulación de sus videos por fuera de la plataforma sin consentimiento, ni un acompañamiento legal de la plataforma.</p><p>En una entrevista para el podcast Conducta Delictiva, Ángela Maldonado, creadora de contenido con más de tres años en la plataforma que alcanzó ingresos mensuales de hasta 20.000 dólares, denunció la existencia de un circuito de agencias reclutadoras que apuntan a chicas en situación de vulnerabilidad a las que les prometen gestionar sus perfiles a cambio del 50% de las ganancias, mientras ponen en marcha la manipulación y estrategias psicológicas para atraer suscriptores y mantenerlos activas en la plataforma. “Conozco chicas que firmaron y cuando quisieron irse, no pudieron; si intentaban cancelar debían pagar grandes sumas o perdían el acceso a sus cuentas”, expuso.</p><p>Si bien Maure no tiene ninguna obligación legal de advertir nada de esto, hay un peligro latente y una gran irresponsabilidad en el mensaje. La influencer le habla a diario a millones de jóvenes mujeres, en un contexto de alta precariedad social, que la ven como un espejo pero no tienen audiencia propia, ni capital social, que si abren una cuenta con suerte llegarán a 200 dólares mensuales, a costa de producir contenido mucho más íntimo, más explícito, con mayor riesgo de sufrir violencias, violaciones a su intimidad, y filtraciones que las persigan el resto de su vida.</p><p>No es la primera vez que el éxito de unas pocas se vende como hoja de ruta universal, pero bajo la lógica del emprendedorismo, en este caso aplicada al cuerpo, se vende la idea que cualquiera puede triunfar si se esfuerza y sacrifica, omitiendo las condiciones estructurales y materiales de partida. En 2025, Argentina gastó 87 millones de dólares en OnlyFans. Ese mismo año, el presupuesto educativo del gobierno de Javier Milei representó el 0,88% del PIB, el nivel más bajo en una década. Los datos juntos representan las dos caras de un mismo modelo social.</p><p>&nbsp;</p><p>Por Fabiana Solano - El Destape</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gYVkMNiv-YJiSKrAYJtmZyULVjk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/contenido_erotico.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras el ajuste presupuestario asfixia a la universidad pública y rompe la promesa de movilidad ascendente, surge un modelo de supervivencia basado en la autoexplotación y la urgencia por el ingreso inmediato.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-05-14T16:34:43+00:00</updated>
                <published>2026-05-14T15:28:00+00:00</published>
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            Cómo son los vínculos sexo-afectivos en una época de hiperconexión
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                <![CDATA[María Eugenia Neffe]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J8lGujMk0PQwqAZw5Qm-S6-t8WY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/sexo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Diversos estudios mencionan un fenómeno llamado “recesión sexual” y observaron que muchas personas, especialmente jóvenes adultos, tienen menos encuentros sexuales que generaciones anteriores. Refieren diversas causas que atañen a factores sociales, tecnológicos, emocionales y económicos que habrían modificado la manera de relacionarse.</p><p>Aparecen preguntas, tales como: ¿Se tiene menos sexo? ¿El deseo sexual se está perdiendo? ¿Cómo es posible que se esté a un clic de estar con alguien y sea tan difícil?</p><p>Estos cuestionamientos nos llevan a algo más profundo que sacude a todas las personas, donde el foco no está en la cantidad de encuentros sexuales, sino en la manera en que hoy construimos intimidad, como hoy nos vinculamos.</p><p>Cuando hablamos de sexualidad no lo recortamos a una mirada coitocentrista, como si la sexualidad pudiera medirse únicamente desde la frecuencia o desde el rendimiento. La sexualidad está atravesada por el deseo, la fantasía, el cuerpo, el vínculo con el otro y las maneras en que la habitamos. Por eso cambiamos el interrogante para que no apunte a cuánto sexo tenemos, sino a cómo estamos deseando, cómo son nuestras citas sexoafectivas.</p><p>Aparece algo muy propio de esta época: gran parte de los vínculos comienzan en una pantalla. Muchas personas se conocen mediante aplicaciones. Las redes sociales se transformaron en espacios de contacto y seducción. Se stalkea (del inglés to stalk: buscar, observar o investigar minuciosamente la vida de alguien), se reacciona a historias, se responde con emojis, se comparte memes, a veces hasta las palabras están ausentes dejando a libre interpretación esas reacciones, se ven fotos y pequeños fragmentos de intimidad. Esto puede dar lugar a construir una idea del otro: se conoce primero cómo alguien sale en las fotos antes que su manera de mirar.</p><p>Esta mascarada virtual inevitablemente impacta en los encuentros, en las expectativas, en las frustraciones, en lo que se desea inmediato y también en las construcciones de identidades como "incel" (célibes involuntarios) o "celvol" (célibes voluntarios).</p><p>He aquí el meollo de la situación, hay algo del encuentro humano que todavía ninguna pantalla puede reemplazar: La presencia física. Aquel escenario donde tener a alguien cerca estimula los sentidos: la erotización de la mirada, del roce, la observación de su lenguaje corporal, el tono de voz, los silencios, el aroma… Se activa esa sensación difícil de explicar que aparece cuando alguien nos genera algo, lo que llamamos “cuestión de piel”.</p><p>Sin embargo, muchas veces el vínculo empieza antes, desde la imagen que desde el cuerpo que invade también en la forma en la que deseamos.</p><p>El cortejo, por ejemplo, ya no se mueve igual que antes. No desapareció, pero sí se transformó. Hasta no hace mucho tiempo había más espacio para la espera, para la fantasía y para cierta incertidumbre. Uno podía pasar días pensando en alguien sin saber cuándo iba a volver a verlo de nuevo. Había algo del misterio que alimentaba el deseo.</p><p>Hoy sabemos si alguien está conectado, si leyó el mensaje, si subió una historia después de no responder o si reaccionó distinto a una publicación. Un seguimiento con la mirada que despierta ansiedad. Y no hablo de que lo de antes fuese mejor, sino es dar luz a otra manera de vincularnos, donde nunca estuvimos tan conectados y, al mismo tiempo, tan lejos del encuentro real.</p><p>Aparecen fenómenos tan propios de esta época: conversaciones eternas que nunca llegan al encuentro, vínculos ambiguos, personas que pasan meses hablando sin concretar una cita o relaciones sostenidas más desde la virtualidad que desde la experiencia compartida.</p><p>Hay personas que sienten que hablan muchísimo con alguien y, sin embargo, cuando finalmente se encuentran, parece un desconocido. Y esto nos revela que se está más conectados, pero menos íntimos.</p><p>Hace años que se habla de una lógica atravesada por la inmediatez. Todo parece rápido, disponible, reemplazable. Y esa misma lógica también impacta en las relaciones. Aparece la sensación constante de que puede existir alguien mejor detrás de otro perfil, de otra conversación o de otra historia. Entonces cuesta sostener procesos que necesitan tiempo o atravesar la incomodidad de conocer verdaderamente a alguien. Porque conocer a otro también implica tolerar contradicciones, silencios, diferencias y tiempos que no siempre son inmediatos. Implica aceptar que el otro real nunca coincide con la versión ideal.</p><p>Aparecen vínculos más frágiles, más líquidos, más difíciles de sostener. No necesariamente porque las personas no quieran conectar. Muchas veces sí quieren. Pero qué difícil es en una época donde se vive agotados, acelerados y enmarcados en esta coyuntura.</p><p>Contestamos mensajes todo el día, consumimos estímulos constantemente, trabajamos incluso fuera de horario y un cuerpo y una mente agotada difícilmente pueda conectarse con el placer. También se suma otra cuestión: vivimos mirando y siendo mirados todo el tiempo. Las redes sociales nos exponen permanentemente a cuerpos, parejas, experiencias sexuales y formas de desear ajenas. Y aunque se sepa que solamente muestran recortes editados de realidad, de todas maneras, nos generan impacto. Aparece la comparación, la presión, la sensación de que se debería desear más, sentir más o vivir una sexualidad constantemente intensa. Mientras la mirada está puesta en una pantalla, hay un trasfondo silencioso: empieza a existir la desconexión del propio deseo. Porque el deseo no funciona bajo presión, no aparece por obligación ni responde bien al cansancio extremo, al estrés constante o a la hiperestimulación permanente que afecta también el erotismo. Necesita tiempo, presencia y disponibilidad psíquica, algo difícil de lograr en una cultura acelerada y saturada de estímulos.</p><p>Por eso, la llamada “recesión sexual” no tenga que leerse únicamente como una disminución de encuentros sexuales. Estamos atravesando una transformación profunda en la manera de vincularnos, de construir intimidad y de sostener presencia con otros.</p><p>La sexualidad no está desapareciendo, sino que se está adaptando a una época donde todo sucede demasiado rápido.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J8lGujMk0PQwqAZw5Qm-S6-t8WY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/sexo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Diversos estudios mencionan un fenómeno llamado “recesión sexual” y observaron que muchas personas, especialmente jóvenes adultos, tienen menos encuen...]]>
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                                <updated>2026-05-09T23:02:14+00:00</updated>
                <published>2026-05-09T19:01:00+00:00</published>
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            La Universidad Pública como trinchera
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hjc3NvVu3hK0IOwyvHHt71hTenQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/10/universidades.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>La universidad pública argentina representa un pilar esencial para la movilidad social ascendente, la producción de conocimiento soberano y el desarrollo nacional. No hay ninguna duda de eso. Pero hoy enfrenta una grave crisis bajo la presidencia de Javier Milei. Esta crisis integra un desfinanciamiento sistemático, el deterioro salarial creciente y el incumplimiento flagrante de normativas sancionadas por el Congreso Nacional, como la Ley de Financiamiento Universitario (Ley 27.795).</p><p>¿Qué tan grave es esta crisis? Las transferencias del gobierno nacional a las universidades cayeron un 45,6% en términos reales entre 2023 y 2026, un recorte inédito que amenaza el funcionamiento básico de las instituciones. Mientras la inflación acumulada superó ampliamente los aumentos salariales irrisorios, los docentes y no docentes perdimos más del 50% de nuestro poder adquisitivo, empujándonos directamente por debajo de la línea de pobreza.</p><p>Quienes estamos en las aulas todos los días vemos que esto no se traduce solo en números. Se traduce en problemas concretos: docentes que multiplican cargos para sostener ingresos, dificultades para garantizar condiciones mínimas de cursado, proyectos que quedan a mitad de camino. Esto no es un ajuste aislado, sino un proceso estructural que diversos analistas llaman "Colonialismo 2.0", priorizando un modelo agro-minero-exportador que desmantela deliberadamente la matriz científico-tecnológica nacional.</p><p>Históricamente, la universidad pública ha sido trinchera de tensiones entre visiones emancipatorias (donde la educación es un derecho humano, ciudadano y universal, como enfatiza Eduardo Rinesi) y enfoques neoliberales que la mercantilizan. En Argentina, desde la Reforma de 1918, se ha impulsado el cogobierno, la autonomía y la libertad de cátedra, resistiendo intentos de subordinarla al mercado o al extractivismo. Hoy, esta disputa se agudiza: defenderla no es corporativismo, sino sostener un proyecto de soberanía frente al capital globalizado.</p><p>Ahora bien, estos procesos no ocurren solo allá lejos, en el plano nacional o en los grandes debates parlamentarios. Nos golpean la puerta y se sienten de manera directa en nuestros territorios. En Gualeguaychú, por ejemplo, la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), y en particular nuestra Facultad de Bromatología, vienen protagonizando un proceso de crecimiento enorme.</p><p>Desde la institución se respondió a una demanda social histórica creando carreras estratégicas y levantando el nuevo Polo Educativo, con sus modernos espacios de cursado, laboratorios y servicios. Pero seamos claros, esto no cayó del cielo ni se hizo “gratis”. Fue el resultado del esfuerzo económico inmenso de toda la sociedad. Una inversión colectiva indispensable con un doble objetivo: por un lado, ofrecerles a nuestros jóvenes el derecho a estudiar y progresar en su propia ciudad; y por el otro, brindarle a las empresas, industrias y productores de nuestra región ese recurso humano calificado que tanto necesitaban para trabajar y hacer crecer la matriz productiva local.</p><p>Y hoy ese crecimiento convive con un escenario incierto. Mantener lo construido, y sobre todo hacerlo funcionar en condiciones adecuadas, empieza a ser un desafío en sí mismo. Aquí es donde las discusiones macro bajan a tierra. Discutamos cómo hacer para sostener la trayectoria de los estudiantes, discutamos qué hacer si un laboratorio no tiene insumos, discutamos si un docente puede dedicar tiempo a investigar o solo a sobrevivir.</p><p>Por eso, cuando se plantea la necesidad de aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, no se trata simplemente de reclamar recursos. Se trata de sostener ciertas condiciones mínimas para que la universidad siga siendo lo que, con todas sus limitaciones, ha sido hasta ahora: un espacio de acceso, de producción de conocimiento y de construcción colectiva.</p><p>Insisto, nuestra salida no es pedirle por favor al Gobierno que nos tire unos pesos. La solución es exigir democráticamente que se acate y aplique la Ley de Financiamiento Universitario.</p><p>El conocimiento no es una mercancía. Nuestras aulas y laboratorios son nuestra trinchera frente a esta nueva forma de colonialismo. Defender la educación pública hoy es, ni más ni menos, que defender nuestro derecho a tener una Patria. Hay que tomar partido.</p><p>&nbsp;Por Diego Hernán Zanetti.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hjc3NvVu3hK0IOwyvHHt71hTenQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/10/universidades.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>La universidad pública argentina representa un pilar esencial para la movilidad social ascendente, la producción de conocimiento soberano y el desarro...]]>
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                                <updated>2026-05-02T23:12:47+00:00</updated>
                <published>2026-05-02T19:11:00+00:00</published>
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            Palabras contra el olvido: los clásicos a la intemperie
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                <![CDATA[Marta Ledri]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E4H1EtI3u4GrF2Nmlm0kcEuz8hM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/opinion.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todos los 23 de abril se conmemora el Día del Idioma y del Libro, no es una fecha cualquiera: enlaza las muertes de Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespaeare. Más allá de las diferencias entre calendarios, ha querido la tradición reunirlos en ese día para fortuna de las letras.&nbsp; Fueron dos voces fundacionales de la literatura universal. Ambos escriben después de la invención de la imprenta, que cambió el modo de circulación de los libros y popularizó el saber. En ese mundo en expansión, sus obras no nacieron como clásicos, sino como apuestas nuevas, abiertas, incluso inciertas. Es justo señalar que el castellano y el inglés ya se habían consolidado como lenguas maduras y ofrecieron herramientas para los juegos del lenguaje y la exploración de todas sus posibilidades. A todo esto, se suma el desarrollo de la sintaxis que permitió articular con coherencia pensamientos cada vez más complejos.</p><p>Hoy, siglos después, la escena ha cambiado. Ya no es la imprenta la que revoluciona la transmisión de la palabra, sino la multiplicación vertiginosa de pantallas y dispositivos que ha cambiado la manera de leer.</p><p>Nunca se leyó tanto y, sin embargo, pocas veces la lectura pareció &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ―o lo es ― tan fragmentaria. La abundancia amenaza con diluir el sentido. El tiempo de atención es esquivo y el ritual de gozosa intimidad con un libro se evapora, se esfuma.</p><p>Es este contexto, volver a Don Quijote de La Mancha no es un gesto nostálgico ni el cumplimiento de un mandato académico, sino una forma de resistencia. Casi una utopía de una raza de lectores en extinción. Los clásicos no persisten por una azarosa perduración, sino porque se transforman con cada lectura. Con sus viejas armaduras oxidadas de honor, enfrentan los embates del tiempo y del espacio. Por esta razón responden distinto, se actualizan en cada lectura que siempre es única y diferente. Un invisible diálogo une amablemente contextos de producción y de recepción.</p><p>Existe demasiado ruido y corremos el riesgo de convertirnos en lectores, como Hamlet, que solo lee “palabras, palabras, palabras”, sin alcanzar su espesor, su aroma, su matriz de significancia. Sin embargo, más allá de este peligro, se abre la posibilidad de que podamos leer de verdad, de apropiarnos del texto, de reescribirlo.</p><p>Porque todo lector puede ser Pierre Menard, puede descentrarlos, recrearlos, volver a escribirlos desde nuevas coordenadas espaciotemporales.</p><p>Los clásicos siguen vivos no por lo que fueron, sino por lo que pueden llegar a ser y por lo que pueden hacer en nosotros. Solo hace falta acercarse al anaquel donde duermen en apariencia, el sueño del olvido. Reconocerán la mano del lector y despertarán ávidos de entregarle un orden íntimo, una lúcida alienación, un destello de sentido, una epifanía, un refugio que tanta falta hace en tiempos revueltos como los que transitamos. Ellos, los de la intemperie saben abrigar con palabras.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E4H1EtI3u4GrF2Nmlm0kcEuz8hM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/opinion.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Todos los 23 de abril se conmemora el Día del Idioma y del Libro, no es una fecha cualquiera: enlaza las muertes de Miguel de Cervantes Saavedra y Wil...]]>
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                                <updated>2026-04-25T23:25:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T18:45:00+00:00</published>
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        <title>
            Reflexiones de una psicóloga: &quot;Los jóvenes nos piden a gritos &#039;bastones&#039; para sostenerse porque se sienten solos&quot;
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/reflexiones-de-una-psicologa-los-jovenes-nos-piden-a-gritos-bastones-para-sostenerse-porque-se-sienten-solos" type="text/html" title="Reflexiones de una psicóloga: &quot;Los jóvenes nos piden a gritos &#039;bastones&#039; para sostenerse porque se sienten solos&quot;" />
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        <author>
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                <![CDATA[Giuliana Paiva]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/FtKAxxpKtzP20qWmUjkNPMZLSCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/adolescente_soledad.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>¿Es un horror? Sí, pero ya no nos horrorizamos¿Da bronca? Si, pero no la desarmo, la actúo.&nbsp;¿Impotencia? También pero me quedo como espectador, sin el poder involucrarme en opinión, nos gana la tibieza en vez de mostrar bases sólidas y solventes a jóvenes que nos piden a gritos bastones para sostenerse porque se sienten solos. Aunque te digan lo contrario (lo cual es lógico por su edad), estemos cerca, miremos dialoguemos porque para armarse, constituirse como ser social y, por ende para desenvolverse en la vida, te necesitan .</p><p>Pero…¿Cómo se hace para transmitir valores desde el amor si todo lo que vivimos es horrible, injusto, y eso nos llena de rencor?</p><p>Contextualizar siempre es fundamental, o mejor dicho pensar en la época que nos atraviesa y nos modifica . Es cierto que es un horror pero ya no nos horrorizamos -lo cual me parece gravísimo-, la bronca se actúa en vez de desarmarse, porque venimos gestando una sociedad violenta desde hace ya algunos años.</p><p>La impotencia se siente porque no se sabe cómo se para con tanto ruido: tanta rabia, tanta falta de amor y empatía, un sistema que debería protegernos pero no lo hace, al contrario le da valor a la suma de violencia, la salud pública decaída, privilegiado tenés que ser para atender tu salud mental y un sueldo que alcance a pagar lo básico: 3 trabajos; un alquiler por las nubes, y un bienestar que los adultos no le pueden asegurar a sus adolescentes.</p><p>Entonces, es también natural que con tiempo cero, los adultos mostremos enojos, broncas e injusticias a nuestros niños, niñas y adolescentes y nos vamos llenando de odio y rencor.&nbsp;Es algo mucho más profundo que un reto; es poder mirarnos con más amor, detenernos en el tiempo conversando y contando anécdotas anteriores cuando no existía tanto el teléfono, cuando las previas se hacían en las casas, el amor se daba en las esquinas, y los amigos se encontraban no en el WhatsApp sino en un mate, y si era amargo un tanto mejor.</p><p>No normalicemos estas cosas que nos atraviesan como argentinos -que antes no pasaban pero últimamente no cesan de repetirse- en una sociedad que está un poco rota y enojada. Conectemos más pero desde la mirada , cuestionémonos desde una mesa llena de gurisada y no llena de pantallas, juguemos un ratito más con nuestros gurises, y hablemos más en persona con el o la compañera, los amigos y la familia. Regalá y regalate más tiempo de calidad con los tuyos que si ponemos de todos un poquito podemos volver a unirnos en un lazo mejor y más amoroso; ¿Acaso no es eso lo que queremos donarles a nuestros jóvenes?</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/FtKAxxpKtzP20qWmUjkNPMZLSCw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/adolescente_soledad.png" class="type:primaryImage" /></figure>¿Es un horror? Sí, pero ya no nos horrorizamos¿Da bronca? Si, pero no la desarmo, la actúo.¿Impotencia? También pero me quedo como espectador, sin el...]]>
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                                <updated>2026-04-21T12:32:01+00:00</updated>
                <published>2026-04-21T12:32:00+00:00</published>
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        <title>
            Diseño algorítmico y adicción digital
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/diseno-algoritmico-y-adiccion-digital" type="text/html" title="Diseño algorítmico y adicción digital" />
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        <author>
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                <![CDATA[Rubén Chaia]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/diseno-algoritmico-y-adiccion-digital">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qx9kbyVDvACfAXhEVJ0KtpNnWUQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ciberseguridad.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los seres humanos somos esencialmente seres sociales; necesitamos estar “conectados” con los demás y esa conexión en la actualidad se da más en el ámbito virtual que en el físico. Con sólo hacer el cálculo de cuántas horas pasamos chateando con amigos o grupos en línea y, cuántas lo hacemos en la realidad, comprobaremos que la comunicación digital es notablemente más intensa lo que no significa que sea de mayor calidad.</p><p>Una operación simple nos permite medir exactamente la cantidad de horas que pasamos utilizando el celular. Con cotejar las métricas de bienestar digital integradas en sistemas operativos móviles como Android o iOS, es posible auditar el tiempo de exposición de pantalla. Según datos estadísticos, entre los jóvenes, el promedio de uso del celular es de 6 a 8 horas diarias, lo que implica que un tercio del año, 121 días, se gastan en utilizar el teléfono.</p><p>Y esto no es casualidad, las plataformas están diseñadas para lograr dependencia del usuario y esto quedó demostrado en un juicio reciente en Estados Unidos. Incluso, el contenido que circula en redes está dejando de ser creado por humanos. Con IA Generativa, se producen flujos constantes de contenidos para evitar el abandono de la red por parte del usuario. Eso se logra a través de la automatización a gran escala y análisis continuos de datos de los internautas, lo que permite personalizar el contenido, creando material “a medida”. No importa qué muestran, lo importante es el tiempo que permanecemos con el celular.</p><p>Un dato alarmante es que la mayoría cree que el uso de las redes es gratis pero no es así, se paga con pérdida de intimidad y datos personales, con tiempo y salud. En efecto, hoy sabemos que la actividad en línea está estrechamente vinculada a problemas de salud mental; tiene un enorme impacto en la ansiedad, el estrés, la depresión, la autoestima, etc. Los ansiados “likes” estimulan la producción de dopamina, hormona del placer y la recompensa, lo que genera adicción y comportamientos obsesivos. El uso de pantallas antes de dormir inhibe la melatonina por la luz azul y provoca insomnio y alteración de sueño, entre otras cosas.</p><p>Investigaciones especializadas están evaluando los efectos de la hiperconectividad a largo plazo y advierten sobre fuertes vínculos entre el consumo excesivo y/o inapropiado de contenidos con riesgo de depresión, ansiedad, soledad, autolesión, agresiones, pensamientos suicidas, etc.</p><p>Hasta el “miedo a perderse algo” en las redes ha sido identificado como una adicción, se lo llama FOMO. Los sitios web se encargan de llamar la atención del usuario buscando entretener más que informar, se genera una búsqueda incesante, el “scroll infinito”, creando un vínculo adictivo difícil de romper. El FOMO obliga al usuario a tomar el teléfono todo el tiempo para revisar actualizaciones o responder compulsivamente todas las notificaciones o alertas sin importar ni priorizar lo que la persona está haciendo; no importa si duerme, almuerza, habla con un amigo, todo queda de lado ante la amenaza de perder algo de lo que sucede en línea.</p><p>En ese contexto, el 25 de marzo de 2026, un jurado del Tribunal Superior de Los Ángeles, Estados Unidos, emitió un veredicto que marca un punto de inflexión en el derecho de daños y la responsabilidad de las Big Tech. Tras 6 semanas de juicio y 9 días de deliberación, las empresas&nbsp;Meta (Instagram)&nbsp;y&nbsp;Alphabet (YouTube)&nbsp;fueron halladas responsables por los daños derivados de la adicción que sus plataformas causaron a una joven, identificada como Kaley (K.G.M.), quien comenzó a utilizarlas a los seis años de edad.</p><p>El jurado determinó que ambas compañías actuaron con&nbsp;negligencia&nbsp;al diseñar productos intrínsecamente adictivos y, fundamentalmente, por la&nbsp;falta de advertencia adecuada&nbsp;sobre los riesgos para la salud mental de los menores. El reclamo no se centró en el contenido nocivo de videos o mensajes sino en el diseño algorítmico. Se sostuvo que las funciones como el scroll infinito, las notificaciones push constantes, el sistema de recompensas (likes) y el autoplay actúan como “características de diseño defectuosas”.</p><p>Como vemos, ansiedad, hiperconexión, consumo compulsivo están estrechamente vinculados, nada es casual. Las herramientas que nacieron para facilitar la comunicación se han convertido en sistemas de dependencia digital como resultado de decisiones orientadas a la monetización de la atención, convirtiendo a los usuarios en adictos digitales. Pasamos de la conexión interpersonal a la desconexión por contenido, porque la idea no es “conectar” sino retener a cualquier costo y eso se logra mediante diseños algorítmicos que logran convertir al usuario en sujeto digital dependiente.</p><p>En este contexto, buscar o imponer límites sobre uso y control es realmente difícil. Algunos países hablan de “crear condiciones para lograr contención”. Entiendo que empezar a hablar del tema, a ponerlo sobre la mesa, es el primer paso.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qx9kbyVDvACfAXhEVJ0KtpNnWUQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ciberseguridad.png" class="type:primaryImage" /></figure>Los seres humanos somos esencialmente seres sociales; necesitamos estar “conectados” con los demás y esa conexión en la actualidad se da más en el ámb...]]>
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                                <updated>2026-04-18T23:05:08+00:00</updated>
                <published>2026-04-18T20:38:00+00:00</published>
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        <title>
            La reforma de la Ley de Glaciares no mejora el sistema, lo fragmenta y debilita el federalismo ambiental
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Guillermo Michel]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/la-reforma-de-la-ley-de-glaciares-no-mejora-el-sistema-lo-fragmenta-y-debilita-el-federalismo-ambiental">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nwHJeJPODqpw47HFZxz8k9HDZyY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/glaciares.avif" class="type:primaryImage" /></figure><p>La discusión sobre la ley de glaciares no es, como muchas veces se plantea, un debate entre minería y ambiente. Ese enfoque es simplista y, en última instancia, equivocado.</p><p>Argentina necesita desarrollar su potencial minero. Lo necesita para generar empleo, exportaciones y fortalecer sus economías regionales en un contexto internacional que demanda recursos estratégicos. El problema no es ese.</p><p>La verdadera discusión es otra: quién define los límites de ese desarrollo y con qué reglas. Ese es el punto donde el proyecto de reforma no resuelve.</p><p>En Entre Rios hay desarrollo minero no metalífero, centrado principalmente en la extracción de rocas de aplicación y materiales para la construcción (arenas y canto rodado). Pero no estamos discutiendo una actividad localizada en la cordillera o en una región en particular, sino el modo en que el Estado argentino regula recursos estratégicos.</p><p>Además, no se trata de una discusión teórica. Hace pocas semanas impulsamos una acción judicial para prevenir un posible daño ambiental vinculado a la instalación de una planta de metanol sobre el Río Uruguay, en Paysandú, Uruguay. Es decir, cuando hay riesgos sobre recursos críticos, la intervención del Estado no es una opción: es una obligación.</p><p>Por eso preocupa la posición adoptada por el Ejecutivo entrerriano que decidió acompañar expresamente la reforma impulsada por el Gobierno nacional. En el ámbito del Consejo Federal de Medio Ambiente, ese apoyo contribuyó a un empate de ocho votos a favor y ocho en contra, con varias abstenciones. No fue una decisión neutra: fue una toma de posición política clara.</p><p>Pero más allá de la coyuntura, el problema de fondo es jurídico.</p><p>La Constitución Nacional establece un equilibrio muy preciso. Por un lado, reconoce el dominio originario de las provincias sobre los recursos naturales. Por otro, asigna a la Nación la competencia de dictar presupuestos mínimos de protección ambiental.</p><p>Ese esquema no es contradictorio: es complementario. La Nación fija un piso común de protección y las provincias pueden elevar ese estándar, nunca reducirlo.</p><p>La Corte Suprema ha sido categórica en este punto. En el caso “Barrick”, sostuvo que el establecimiento de presupuestos mínimos no es una declaración teórica, sino una facultad concreta para garantizar un ambiente sano. En “Salas”, afirmó que las provincias no pueden disminuir esos estándares. Y en “Mendoza”, que ante la duda debe protegerse el ambiente. El proyecto de reforma se aparta de esa doctrina.</p><p>El régimen vigente es claro: el Inventario Nacional de Glaciares define las áreas protegidas y las prohibiciones son automáticas. Si está inventariado, está protegido.</p><p>La media sanción del Senado cambia esa lógica. Transfiere a las provincias la definición de qué cuerpos tienen función hídrica, convierte la evaluación de impacto ambiental en el mecanismo central de decisión y vacía de contenido vinculante al inventario.</p><p>En la práctica, la provincia interesada en un proyecto pasa a ser quien define los límites de la protección. Esto no es una reforma técnica. Es una reconfiguración del sistema.</p><p>Además, introduce problemas técnicos serios. El criterio de “relevancia hídrica” es conceptualmente incorrecto: todos los glaciares cumplen una función dentro del sistema de cuencas. Pretender que cada jurisdicción determine su importancia con criterios propios elimina el estándar nacional.</p><p>Y sin estándar común, el presupuesto mínimo deja de ser mínimo.</p><p>A esto se suma un dato clave: las cuencas hídricas no respetan límites políticos. Lo que se decide en una provincia impacta directamente en otras. Por eso, la gestión de estos recursos no puede quedar sujeta a decisiones unilaterales.</p><p>El resultado es claro: mayor discrecionalidad, menor previsibilidad y más conflictividad. En lugar de fortalecer el sistema, el proyecto lo fragmenta.</p><p>Y una mala regulación no sólo afecta la protección ambiental. También afecta las condiciones para el desarrollo. Por eso, el problema no es la minería.</p><p>El problema es hacerlo sin reglas claras, sin estándares comunes y sin respeto por el diseño constitucional. Argentina necesita desarrollarse, pero para eso necesita mejores reglas, no peores.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nwHJeJPODqpw47HFZxz8k9HDZyY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/glaciares.avif" class="type:primaryImage" /></figure>La discusión sobre la ley de glaciares no es, como muchas veces se plantea, un debate entre minería y ambiente. Ese enfoque es simplista y, en última...]]>
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                                <updated>2026-04-06T22:01:28+00:00</updated>
                <published>2026-04-06T21:57:32+00:00</published>
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            El ejemplo claro de la importancia de invertir en educación y ciencia
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                <![CDATA[María Beatriz Gómez]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/n1iBILkyyYWEJ7IHHHWRsanRVjc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/atenea_nasa.octet-stream" class="type:primaryImage" /></figure><p>En momentos en que se discute el rumbo del país y las prioridades de inversión pública, resulta imprescindible volver a poner en el centro el valor estratégico de la ciencia y la educación universitaria. No se trata solo de sostener instituciones: se trata de definir qué tipo de sociedad queremos construir y qué lugar aspiramos a ocupar en el mundo.</p><p>La universidad pública argentina ha sido, históricamente, una herramienta fundamental de inclusión, movilidad social y desarrollo. En sus aulas no solo se forman profesionales, sino ciudadanos críticos, comprometidos con su entorno y capaces de transformar la realidad. Pero, además, y muchas veces de manera menos visible, es en las universidades donde se produce una parte sustantiva del conocimiento científico del país, en articulación con el sistema de ciencia y tecnología.</p><p>Ese entramado, universidad y sistema científico, es el que permite generar soluciones concretas a problemas productivos, sanitarios y ambientales; el que impulsa la innovación; el que forma recursos humanos altamente calificados; y el que construye, en definitiva, soberanía. Porque un país que no produce conocimiento propio depende de otros para desarrollarse, para tomar decisiones y hasta para interpretar su propia realidad.</p><p>En este contexto, resulta especialmente significativo mencionar el caso del microsatélite Atenea. Se trata de un desarrollo tecnológico argentino de pequeña escala, diseñado con fines científicos y educativos, que participa en un programa internacional de alto nivel. Este tipo de iniciativas no solo implican avances en áreas como la ingeniería, la electrónica o el procesamiento de datos, sino que también representa una oportunidad única de formación para estudiantes e investigadores, que se integran a proyectos de frontera con impacto global.</p><p>A ello se suma un dato que no puede pasar desapercibido: el equipo argentino responsable de este desarrollo fue seleccionado en un concurso internacional altamente competitivo para integrarse a la misión Artemis, a partir de la propuesta de un dispositivo innovador. Este logro no es casual ni aislado. Es el resultado de años de formación rigurosa, de inversión en capacidades científicas y tecnológicas, y del trabajo sostenido en universidades públicas y centros de investigación. Es, en definitiva, una muestra concreta de la calidad de los recursos humanos que el sistema científico y universitario argentino es capaz de formar.</p><p>Atenea es, entonces, mucho más que un satélite: es la expresión de un ecosistema de conocimiento que, cuando cuenta con condiciones adecuadas, puede alcanzar estándares internacionales de excelencia. Pero, sobre todo, es una evidencia clara de que en nuestro país existen capacidades, talento y vocación para desarrollar tecnología de alto nivel y participar en los escenarios más exigentes de la ciencia global.</p><p>Sin embargo, estos logros conviven hoy con un escenario preocupante. El desfinanciamiento sostenido de las universidades y del sistema científico no es una abstracción: se traduce en salarios deteriorados, becas insuficientes, proyectos que se interrumpen, laboratorios que no pueden actualizarse y jóvenes altamente formados que ven limitado su futuro en el país. Cada recorte no solo afecta el presente, sino que erosiona capacidades construidas durante décadas.</p><p>Defender la ciencia y la educación pública no es, por lo tanto, una consigna sectorial ni corporativa. Es una decisión profundamente política en el mejor sentido del término: implica apostar por un modelo de país que valore el conocimiento, la innovación y la equidad. Implica entender que cada peso invertido en estas áreas se multiplica en desarrollo productivo, en mejoras en la calidad de vida y en oportunidades para las futuras generaciones.</p><p>En un mundo cada vez más competitivo y basado en el conocimiento, resignar estas capacidades sería un retroceso difícil de revertir. Por el contrario, fortalecerlas es abrir caminos: para producir más y mejor, para agregar valor, para cuidar nuestros recursos y para construir una sociedad más justa.</p><p>Experiencias como la del microsatélite Atenea nos recuerdan que ese camino es posible. Pero también nos interpelan: nada de esto ocurre por inercia. Requiere decisión, inversión sostenida y una convicción clara de que la ciencia y la educación pública no son un gasto, sino una inversión estratégica en el presente y, sobre todo, en el futuro.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/n1iBILkyyYWEJ7IHHHWRsanRVjc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/atenea_nasa.octet-stream" class="type:primaryImage" /></figure>En momentos en que se discute el rumbo del país y las prioridades de inversión pública, resulta imprescindible volver a poner en el centro el valor es...]]>
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                                <updated>2026-04-05T01:55:09+00:00</updated>
                <published>2026-04-04T20:00:00+00:00</published>
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            Malvinas, lo que no se llora no desaparece
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                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_YK3FKfimnNvXMEM69az9bDqMG8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay cosas que duelen de una manera que no se explica bien. No es el dolor de perder algo y saberlo perdido. Es otro tipo, más raro: una herida con capas, con silencios de décadas y llantos que aparecen de golpe, sin aviso, sin que nadie pueda explicar del todo por qué.</p><p>Cada 2 de abril, Argentina se pone en pausa. En ciudades grandes y chicas, en escuelas, en lugares públicos, en la mesa de los veteranos que ya van quedando cada vez menos. En lugares como Río Grande, donde más de 150 instituciones se unen a un desfile conmemorativo con el objetivo de mantener viva la memoria y el reclamo de soberanía sobre las islas; o en Gualeguaychú, con su vigilia nocturna y un acto que cada año convoca más gente de la que se espera.</p><p>Este 2026 el ritual pesa más: se cumplió también medio siglo del último golpe de Estado y eso nos fuerza a volver sobre uno de sus hitos más difíciles de explicar: la guerra de Malvinas, un acontecimiento injusto que implica reconocer que el conflicto se libró por una causa justa, pero durante una dictadura donde estaba suspendida la soberanía popular. Esa paradoja —la causa justa en la guerra injusta— es el nudo que, desde hace poco más de cuatro décadas, intentamos desatar.</p><p>La plaza que no debería haber aplaudido</p><p>El 2 de abril de 1982 es una fecha que todavía no terminamos de entender. La Junta Militar ordenó la recuperación de las islas usurpadas por el Reino Unido desde 1833. La Operación Rosario, que comenzó en la madrugada de ese día, cumplió su cometido casi sin resistencia. Y entonces pasó algo que todavía cuesta explicar: la Plaza de Mayo se llenó. El mismo pueblo que la dictadura había aterrorizado durante seis años salió a aplaudirlos y a aclamarlos. Eso desconcertó a los analistas de entonces y sigue sin tener una explicación simple.</p><p>Lo que ocurrió ese día en la plaza no fue solo manipulación ni locura de multitudes. El historiador Federico Lorenz, que dedicó toda su carrera académica a estudiar el conflicto y dirigió durante años el Museo Malvinas en la ex ESMA, siempre insistió en que la lectura puramente política —“fue solamente la maniobra de la dictadura”— es verdadera, pero incompleta. Detrás de la manipulación había algo real: el reclamo de soberanía sobre las islas no era una invención de Galtieri. Era una demanda histórica legítima que el régimen usurpó para sus propios fines. Y una parte del pueblo, agotada por el miedo y hambrienta de cualquier cosa que se pareciera a la dignidad, dejó que eso ocurriera. Y eso cuesta asumirlo. No el patriotismo, sino la imagen de la plaza llena; ese momento en que el pueblo y sus verdugos querían, aparentemente, lo mismo.</p><p>Los chicos de la guerra</p><p>La cultura popular eligió una palabra para nombrarlos: los chicos. No fue una elección inocente. Las tropas estuvieron integradas mayoritariamente por soldados conscriptos de todas las provincias, de las clases del 62 y del 63, pibes que hacían el Servicio Militar Obligatorio porque no había opción. Tenían dieciocho, diecinueve y veinte años. Muchos no habían terminado la secundaria. Muchos no sabían exactamente dónde quedaban las islas por las que iban a pelear. Algunos fueron al frente sin el calzado adecuado, con temperaturas bajo cero y viento constante, con miedo y sin el entrenamiento que ese tipo de situación exigía. Seiscientos cuarenta y nueve de ellos no volvieron.</p><p>Hubo una Junta que los mandó. Hubo oficiales que los trataron con la misma brutalidad con que la dictadura trató a todos: hay testimonios documentados de soldados estaquedados en el frío como castigo, de hambre administrada como método de control, de terror ejercido por quienes debían conducirlos. La guerra tuvo dos enemigos para muchos de ellos: el ejército británico, que estaba en frente; y los propios mandos, que estaban detrás.</p><p>Los conscriptos que se fueron bajo la euforia colectiva volvieron en silencio. Muchas veces de noche. Sin ceremonia. Con la instrucción explícita o implícita de no hablar de lo que habían visto. La sociedad de 1982 no estaba preparada para procesar la derrota, quería olvidarla y el modo en que lo hizo dejó una marca que tardó décadas en hacerse visible. El país que los había enviado entre aplausos no supo —o no quiso— recibirlos. Y ese abandono los fue destruyendo por dentro, uno a uno, en silencio, sin que nadie lo contara.</p><p>La herida que espera cerrar</p><p>La causa soberana sigue pendiente: los territorios continúan bajo administración británica. Los kelpers —como se llama a los habitantes de las islas— rechazaron en el referéndum de 2013 cualquier cambio de soberanía con el 99,8% de los votos. El reclamo diplomático argentino persiste, pero sin horizonte claro de resolución. En ese limbo, la herida no puede cicatrizar porque la pérdida no puede ser ni recuperada ni definitivamente resignada. Y lo que no puede nombrarse del todo —ni como recuperación ni como renuncia— queda suspendido, sin destino. A eso se suma lo que el país nunca terminó de llorar con nombres propios. Cada caído con una historia antes del Atlántico Sur: un barrio, una madre, un club de fútbol, un primer amor, un futuro imaginado. La mayoría venía de las provincias más pobres del país, de las familias que no tenían cómo evitar el servicio militar, de los sectores que nunca tuvieron demasiadas opciones en ningún aspecto de su vida.</p><p>No hubo para ellos el duelo que merecían. La derrota fue tan vertiginosa —74 días de conflicto, el 14 de junio de 1982 ya todo era pasado— y la transición democrática tan urgente y tan sobrecargada de otros dolores, que los muertos del sur quedaron en un lugar extraño: demasiado presentes para olvidarlos, demasiado incómodos para llorarlos del todo. Y lo que no se llora no desaparece: espera, vuelve y se reinventa.</p><p>Lo que se hereda sin que nadie lo enseñe</p><p>Malvinas es el nombre de un sentimiento que puede vivir en una canción, un tatuaje, una pintada, una bandera de una hinchada, un nombre de una calle, un monumento y otra cantidad de lugares simbólicos y materiales que la sostienen y recrean a lo largo del tiempo. Ningún decreto hubiera podido fabricar eso: Malvinas sobrevivió a la derrota militar, a los cambios de gobierno y a las distintas modas intelectuales porque entró en la cultura popular por la puerta grande y se quedó.</p><p>El rock, por ejemplo, hizo con todo esto lo que hace con los traumas: lo convirtió en canciones. El 16 de mayo de 1982, con los enfrentamientos todavía en curso y los soldados cayendo, más de sesenta mil personas fueron al club Obras Sanitarias para el Festival de la Solidaridad Latinoamericana. Tocaron Charly García, Spinetta, León Gieco, Litto Nebbia, Nito Mestre… artistas cuya difusión había estado prohibida por los mismos que promovían el festival. La ironía era tan brutal que resultaba difícil de tragar en tiempo real. Charly lo hizo a su manera: bajó del escenario con una bronca que le duró meses y que derivó en “No bombardeen Buenos Aires”, grabada mientras los combates en las islas terminaban y presentada en diciembre de aquel año en Ferro, ante 25.000 almas, con un simulacro bélico que derrumbó la escenografía. Era una canción sobre el miedo, sobre la hipocresía, sobre los jefes de los chicos tomando whisky con los ricos mientras los obreros hacían masa en la plaza. Una canción de guerra para bailar.</p><p>Más acá en el tiempo, en las canchas, las hinchadas evocan las islas con una intensidad que sorprende a cualquier visitante extranjero. “Las Malvinas son argentinas” se escucha en partidos que nada tienen que ver con la diplomacia. Ese grito vive en el lugar más básico: ahí donde operan los reflejos y no los argumentos, donde está lo que somos antes de pensar.</p><p>Hay veteranos de sesenta y tantos años con las islas tatuadas en el antebrazo. Hay hijos de ex combatientes que nunca conocieron a sus padres en paz —porque esos días en el sur los devolvieron rotos— y que llevan el mismo tatuaje. Hay pibes de veinte que nacieron décadas después de lo que pasó y que lo sienten como algo propio sin que nadie se los haya enseñado. Eso no se fabrica, se hereda.</p><p>El reclamo también vive en los foros internacionales, en las resoluciones de la ONU y en las notas diplomáticas que se envían al Reino Unido sin demasiada urgencia. Esa Malvinas institucional coexiste con la del tatuaje y la de la cancha, pero rara vez se hablan.</p><p>Lo que todavía espera</p><p>Malvinas duele tanto porque es demasiadas cosas al mismo tiempo y ninguna de ellas está resuelta. Es la causa soberana legítima que sigue pendiente. Es la guerra que ordenó una dictadura criminal. Son los muertos que merecen más que un desfile. Son los veteranos que volvieron y fueron abandonados, y que siguieron muriendo en silencio durante décadas. Es el pueblo que aplaudió su recuperación y la sociedad que tardó años en poder mirarse al espejo. Es el nudo imposible entre la condena a los militares y el reconocimiento de quienes pelearon bajo sus órdenes sin pedirlo. Es el reclamo diplomático que no avanza. Es la canción que se aprende antes que la historia. Es el nombre de una avenida o una calle. Es el tatuaje. Es el llanto que aparece en los actos sin que nadie pueda explicar exactamente de dónde viene.</p><p>Malvinas es una herida abierta porque el país que la vivió todavía no terminó de entenderse a sí mismo. La democracia volvió sobre los escombros que dejó la dictadura, y fue de urgencia en urgencia, de crisis en crisis, y todo eso quedó siempre ahí, a la espera. Como esos temas de familia que se evitan en las reuniones y que sin embargo organizan todo lo que ocurre debajo de la superficie. Lo que no se llora, duele. Y mientras eso pase, algo en este país todavía puede cambiar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_YK3FKfimnNvXMEM69az9bDqMG8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Pasaron 44 años del 2 de abril de 1982 y Argentina vuelve a detenerse frente a sus islas con una mezcla de duelo, orgullo y confusión que casi ningún otro hecho de nuestra historia genera. No es solamente nostalgia o patriotismo. Es algo más incómodo: la marca de una herida que este país jamás procesó del todo.]]>
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                                                <category term="miradas" label="Miradas" />
                                <updated>2026-04-06T10:50:12+00:00</updated>
                <published>2026-04-02T09:55:34+00:00</published>
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