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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-08-01T22:44:23+00:00</updated>
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            Hacia una paleontología entrerriana: la historia fosilizada que aún podemos descubrir
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1yT-JFDns9ZnjFBwDi9wsN5zMa4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/megafauna_paleontologia_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Solemos pensar en la paleontología como una ciencia vinculada exclusivamente al estudio de los dinosaurios, pero va mucho más allá de eso: pretende descubrir y comprender el pasado de la vida en la Tierra a partir de los fósiles, lo que le da un campo de acción para buscar restos que datan desde hace millones hasta hace varios miles de años. Si se tiene en cuenta este amplio margen, Entre Ríos puede considerarse otro de los tantos enclaves paleontológicos de la Argentina, con una riqueza poco conocida que aguarda a ser descubierta en la costa de sus ríos y bajo el suelo de sus campos.</p><p>Y es que nuestra provincia alberga restos de una amplia variedad de especies ya extintas que conformaron la imponente Megafauna del Pleistoceno: mamíferos gigantescos que habitaron la tierra durante la última Edad de Hielo, un período glacial que comenzó hace unos 2,8 millones de años y llegó a su fin hace aproximadamente 11.000. Entre ellos, se encontraban los ancestros de los elefantes –los mastodontes–, perezosos y mulitas gigantes –como el megaterio y el gliptodonte– y el temible smilodon, conocido popularmente como tigre dientes de sable, del cual se encontraron restos en un campo de Sarandí, departamento de Gualeguaychú, en 2021. Un hallazgo más reciente tuvo lugar en abril del año pasado, cuando recuperaron de la ribera del Arroyo Las Piedras parte del húmero de un megaterio y placas de coraza de gliptodonte.</p><p>Este tipo de descubrimientos, junto al trabajo sostenido y la gran llegada a la comunidad del Museo Manuel Almeida, han despertado la curiosidad por la paleontología en nuestra ciudad, y hacen que el tema empiece a ganar un lugar dentro de la agenda científica y educativa local.</p><p>En ese sentido, y a raíz de su vínculo con el Museo Almeida, la Fundación de Historia Natural Félix de Azara participará con un puesto en la Expo Gualeguaychú Sustenta 2026, que se realizará el próximo jueves 6 y viernes 7 de agosto en los Galpones del Puerto. La Expo, organizada por el Centro de Desarrollo del Conocimiento de la Municipalidad, presentará stands, actividades participativas y espacios de capacitación orientados a la educación, la innovación, la sustentabilidad, la salud, la seguridad laboral y la inclusión. Según informaron, la propuesta busca ofrecer un espacio de encuentro entre instituciones educativas, empresas, organismos públicos y la comunidad.</p><p>Para conocer más sobre esta iniciativa y profundizar en la importancia del desarrollo de esta ciencia en el sur entrerriano, Ahora ElDía conversó con los paleontólogos de la Fundación Azara Leonardo Javier Pazo y Nicolás Chimento, quien está a cargo del Área de Paleontología del Museo Almeida.</p>Museo Manuel Almeida<p>Según explicó Pazo, a lo largo de ambas jornadas, de 9 a 17 horas, aproximadamente, tendrán montado un taller en el stand, donde el equipo de profesionales estará trabajando sobre algunas piezas fósiles. El minucioso trabajo de laboratorio va a ser captado en vivo a través de una lupa con cámara y se va a transmitir en televisores, para que los visitantes puedan conocer algunos de los aspectos que no suelen verse sobre la labor paleontológica.</p><p>“Vamos a tratar de hacer una narrativa de cómo sacamos los fósiles, cómo se transportan, qué equipamiento se utiliza, cómo se escanea y prepara un material. También queremos mostrar un poco el taller 3D que tiene hoy la institución en Buenos Aires. Para eso voy a estar junto a Lautaro Rodríguez Blanco, quien forma parte del laboratorio de Azara y realiza modelos y renderizados de imágenes de dinosaurios y megafauna”, contó.</p><p>Un potencial aún por explotar</p><p>Desde los aportes de Florentino Ameghino hasta la actualidad, la paleontología en Argentina tiene un peso considerable. La formación permanente de profesionales a través del sistema nacional de ciencia y las prestigiosas universidades públicas, así como también los invaluables yacimientos fosilíferos de la Patagonia han colaborado en ese sentido. Pero aún queda mucho por hacer. “La ciencia está en constante movimiento y lo que hoy es de una manera mañana puede ser de otra. Además, el registro fósil es finito. Lo que nos muestran es un fotograma, un momento de la historia de la vida en la Tierra, pero no tenemos la película completa, la vamos reconstruyendo”, expresó Pazo.Chimento, por su parte, se refirió puntualmente al desarrollo de la paleontología en el sur entrerriano como campo de acción aún por explotar. “Hay muy pocas carreras científicas en Entre Ríos que aporten el conocimiento para poder generar después conocimiento aplicado. Por ejemplo, para que puedan desarrollarse fármacos nuevos o un médico logre una técnica nueva se necesita conocimiento básico, que lo generan ciencias básicas como la Química o la Biología. La biología aporta conocimiento sobre cómo es determinado organismo y qué puede contribuir a la naturaleza. En el caso de la paleontología, este tipo de conocimientos sirven muchísimo para saber cómo sucedieron las catástrofes en el pasado, cómo los seres vivos se adaptaron o no a ellas, y cómo sobrellevaron esos cambios a nivel biológico y evolutivo. En tanto seres vivos, nos sirve a los humanos para saber sobrellevar muchos de los cambios que hoy estamos ocasionando nosotros mismos en el ambiente. Todavía queda mucho por hacer para el desarrollo científico a nivel educativo en el sur entrerriano, hay que generarlo para poder aplicarlo en el territorio”, indicó.</p>Nicolás Chimento junto al cráneo de un smilodon, comunmente conocido como tigre dientes de sable<p>Luego, apuntó que “en la actualidad solamente hay un solo centro científico que se dedica a la paleontología en todo Entre Ríos, y está en Diamante”. “Allí hay paleontólogos trabajando para el Conicet, y como Diamante está en el margen oeste de la provincia, cerca del Paraná, lógicamente la mayor parte de los científicos gastan sus esfuerzos en ir a buscar fósiles ahí en sus cercanías, que son lugares fosilíferamente fértiles. Nuestra zona, cercana al río Uruguay, Gualeguaychú y Gualeguay, son lugares donde afloran formaciones geológicas del pasado que prácticamente no han sido estudiadas. Por lo que resulta muy importante desarrollar nuevos centros tecnológicos-científicos en el que trabajen paleontólogos, biólogos y otros científicos de las ciencias naturales a este lado de la provincia”, manifestó.&nbsp;</p><p>Por último, Chimento señaló que la paleontología es un área que suele despertar curiosidad en muchos niños y adultos. “La gente se siente muy atraída, lee mucho sobre dinosaurios y descubrimientos, y esto no es ni más ni menos que educación: conocer cómo fue nuestra tierra en el pasado, nos ayuda a conocer lo que pasa en la actualidad, y eso puede despertar nuevas vocaciones en las personas. Me pasó a mí cuando era chico, me despertó una vocación y hoy en día me dedico a esto que me encanta. Eso puede seguir sucediendo, y que surjan nuevos científicos entrerrianos que después puedan investigar en la provincia y dedicarse a cómo fue la evolución acá”, expresó.</p><p>En conversaciones anteriores con este medio, el investigador y Doctor en Ciencias Naturales había explicado que el principal foco de la paleontología en la región está puesto en el hallazgo de mamíferos extintos, dado que las condiciones geológicas hacen que sea prácticamente imposible acceder a restos fósiles más antiguos como, por ejemplo, de dinosaurios. Sin embargo, en la zona noreste de Entre Ríos existen capas geológicas que datan de hace más de 65 millones de años en las que efectivamente se han encontrado restos fósiles de dinosaurios, aunque demasiado fragmentarios.</p><p>“En el sur entrerriano identificamos capas geológicas relativamente nuevas que, como mucho, llegan a los 110.000 años de antigüedad. La mayor parte de la provincia tiene yacimientos que datan de la Era de Hielo. En aquel entonces, la media térmica en todo el mundo era más baja que la actual y el clima de la región era distinto, más árido y con ambientes más abiertos, como los pastizales. Hace 18 mil años se dio el pico máximo de bajas temperaturas, y desde entonces el clima comenzó a calentarse. Con el calor avanzaron los bosques y selvas, disminuyeron los pastizales y las poblaciones de grandes mamíferos que habitaban allí. La última de estas reducciones fue hace unos 11.000 años y coincide con el momento en que aparecemos los seres humanos, por lo que quizá fuimos nosotros quienes les dimos el golpe final. La extinción de los grandes mamíferos marcó el fin del Pleistoceno y el inicio del Holoceno, una nueva etapa. Se dio en todo el mundo, pero América del Sur fue el único continente donde no quedó viva ni una sola especie de mamífero que llegase a la tonelada de peso. En la actualidad, la especie nativa más grande es el tapir, que llega a los 300 kilos”, había detallado Chimento.</p><p>El desafío de defender el sistema científico</p><p>Finalmente, cabe mencionar que además de la gran tarea que tiene por delante la ciencia en la región, esta asiste a un desafío aún más grande y preocupante a nivel país: el desfinanciamiento del sistema científico-técnico-universitario que pone en riesgo la continuidad de estudios, equipos de investigación y la generación de un sinfín de conocimientos que resultan claves para el desarrollo soberano y el progreso de la nación. Al respecto, Pazo apuntó: “Estamos en una situación crítica. Tenemos un montón de cosas que muchas veces la población desconoce. Por ejemplo, hace 70 años teníamos un plan de estrategia de energía nuclear y hoy eso se está desmantelando. También es fundamental resaltar la importancia del Conicet, que es una de las estructuras más aplaudidas a nivel mundial. Un país sin ciencia no es un país y la ignorancia es lo que resulta caro. Hay grupos de investigación que se están rompiendo, que nuevamente hay cortes generacionales”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1yT-JFDns9ZnjFBwDi9wsN5zMa4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/megafauna_paleontologia_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los hallazgos de restos de megafauna en el sur de la provincia han despertado la curiosidad y visibilizado el trabajo paleontológico que se ha llevado adelante, y que aún debe potenciarse, en la región. En ese contexto, especialistas de la Fundación Azara participarán esta semana de la Expo Gualeguaychú Sustenta 2026 para mostrar más de su fascinante labor a los gualeguaychuenses.]]>
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                                <updated>2026-08-01T22:44:23+00:00</updated>
                <published>2026-08-01T22:37:22+00:00</published>
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            A 74 años de la muerte de Eva Perón: cómo vivió Gualeguaychú el duelo que paralizó a un país entero
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6mHTHs90XHfJKwZGpvQaDOcviaU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/evita_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 26 de julio de 1952, a las 20.25, María Eva Duarte de Perón moría víctima de un cáncer de cuello uterino. Tenía sólo 33 años, pero en su breve e intenso paso dentro de la conducción política del país había transformado a la sociedad argentina para siempre. Su figura había excedido por lejos el rol de primera dama y forjado un liderazgo que desafiaba las restricciones que pesaban sobre las mujeres en aquel entonces; hecho que se vio reflejado en la Ley de Sufragio Femenino de 1947, que estableció el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas; un reclamo que impulsaban desde hacía décadas figuras como Julieta Lanteri y Alicia Moreau de Justo.</p><p>Evita fue la voz y el rostro de la acción social del proyecto peronista, y representó para las grandes mayorías la encarnación de un compromiso absoluto con los derechos del pueblo trabajador, lo que le valió el título de “abanderada de los humildes”. Tal es así que su partida provocó una conmoción que duró meses, y fue incomparable en su magnitud a la de cualquier otro acontecimiento similar de nuestra historia.</p><p>El velatorio se extendió durante 16 días. En una primera etapa, su cuerpo fue expuesto en el Ministerio de Trabajo y Previsión, organismo desde el que había impulsado buena parte de su labor política y social. Luego, fue trasladado al Congreso Nacional para que continuaran las ceremonias. Se estima que más de dos millones de personas pasaron por las calles de Buenos Aires para rendirle homenaje.</p><p>Con el paso del tiempo, la historiografía comenzó a interpretar aquel episodio no solo como un hecho político, sino también como un fenómeno social y cultural. Para amplios sectores populares, la muerte de Evita representó la pérdida de una figura protectora, cuya admiración pasó a cobrar la mística de una devoción religiosa. Para el movimiento peronista, fue la pérdida de un puente emocional clave entre Perón y los trabajadores, un punto de inflexión y el nacimiento de un mito político que lo acompañaría por siempre.</p><p>Para conocer cómo repercutió este suceso en Gualeguaychú, Ahora ElDía indagó en los archivos periodísticos de la época. El más llamativo, sin duda, fue que el ilustre escritor (y conocido opositor al peronismo) Jorge Luis Borges se encontraba dando una conferencia en el Instituto Magnasco cuando se supo la noticia de que Evita había fallecido.</p><p>El abogado y escritor local Pablo Daneri compartía un vínculo intelectual y de amistad con Borges, lo que llevó a que aceptara su invitación a disertar en la ciudad. La presentación, titulada “El escritor y nuestro tiempo”, se dio en un salón colmado que llenó de aplausos al autor. Este, a su vez, dejó su firma y una dedicatoria especial en el Libro de Oro del Magnasco, que registra el paso de personajes destacados: “La amistad y el fervor de Jorge Luis Borges”. La visita, sin embargo, quedó totalmente opacada en los diarios del día siguiente por el hecho que sacudía a todo el país.</p><p>El 27 de julio de 1952, el diario El Argentino titulaba en primera plana “A las 20,25 de ayer falleció M. Eva D. de Perón”. Casi toda la tapa y buena parte de las páginas siguientes estuvieron dedicadas a la noticia, y lo mismo sucedió en los ejemplares de los días siguientes. Acompañó aquel título la foto de Evita junto a una reseña de su intensa vida y trayectoria, así como también un sentido mensaje editorial que concluía: “(...) Y ahora, ante lo irreparable el pueblo llora su muerte y descontando las actividades sumamente necesarias las demás quedaron suspendidas. En nuestra ciudad al conocerse la triste nueva, cine, bares, clubes, cerraron sus puertas y todos los programas que debían desarrollarse en el día de hoy han sido anulados. EL ARGENTINO comparte la pena que embarga el alma del Excmo. Señor Presidente de la Nación Argentina y del pueblo todo de la patria”.</p><p>Ya en los días anteriores, la preocupación por la salud de Evita estaba presente en este diario local, pero fue este acontecimiento el que, por obvias razones, marcó un antes y un después en la agenda pública y mediática de Gualeguaychú. En ese sentido, la sección “Adhesiones al Duelo Provocado por el Deceso de Eva Perón” fue ampliándose desde el 27 de julio en adelante. Instituciones deportivas, educativas, religiosas, sindicales, comerciales, civiles… todas, desde las más populares hasta las más elitistas adherían (al menos en el discurso público) al duelo nacional y enviaban su pésame al presidente de la República. El Jockey Club Gualeguaychú, la Liga Departamental de Fútbol y el Sindicato de Trabajadores del Frigorífico Gualeguaychú S.A. estuvieron entre los primeros que manifestaron el pésame.</p><p>Este último resolvía, además, y entre otras cosas, “acatar en un todo los homenajes póstumos dispuestos por la CGT”, “realizar una procesión con antorchas simultánea como la que se realizará en Capital Federal” y “solicitar se enlute con crespón durante 80 días” el local gremial y los lugares de trabajo del Frigorífico.</p><p>De forma inmediata, y a través de un mensaje que se replicó los días siguientes, el Gobierno de Entre Ríos y la Municipalidad de Gualeguaychú impartieron profundas medidas de adhesión al Duelo Nacional. El Ejecutivo local decretó, entre otras cosas, suspender por dos días las actividades administrativas del Municipio y colocar por treinta días crespones de luto en sus puertas, utilizar la emisora municipal para transmitir durante treinta días “música sacra y los comunicados de circunstancia exclusivamente”, y suspender hasta después del sepelio todos los espectáculos públicos dentro del ejido municipal.</p><p>En línea con esto último, el Teatro Gualeguaychú publicaba el 27 de julio que se suspendían las funciones de la fecha y se devolvería al público dentro de las 10 a 12 horas el importe de las entradas que habían sido retiradas.</p><p>Entre las adhesiones al duelo figuran incontables entidades que tienen vigencia al día de hoy, como la Sociedad Rural Gualeguaychú, el Club Recreo Argentino, el Tiro Federal Gualeguaychú, el Instituto Magnasco, el Centro de Empleados de Comercio y Anexos, los clubes Racing, Defensores del Oeste y Neptunia, y la Asociación Musical Gualeguaychú. Muchas suspendían sus actividades o incluso cerraban sus puertas por varios días.</p><p>En cambio, las misas dedicadas especialmente a rogar por el eterno descanso de Evita se replicaban a diario y en distintos horarios en toda la ciudad, colmando la capacidad de las iglesias locales.</p><p>La sección Notas Sociales del 29 de julio relataba: “El deceso de la señora Eva Perón ha puesto de manifiesto el pesar que embarga a la población, en los túmulos levantados en las iglesias San José y Santa Teresita y en la sede del Sindicato de Trabajadores del Frigorífico Gualeguaychú, en forma incesante y renovada, desfila una interminable caravana presa de un hondo recogimiento. Las ofrendas florales y las plegarias se asocian al duelo colectivo que experimenta la ciudad con sus calles desiertas, y donde sólo se ven grupos de personas de ambos sexos que se dirigen a los templos o a sedes de las entidades gremiales donde se efectúan actos póstumos”.</p><p>Es difícil de imaginar en estos tiempos una expresión de duelo colectivo de tal magnitud, genuino por parte de un gran porcentaje de la población e impuesto o “protocolar” sobre otros sectores que no necesariamente comulgaban con la doctrina peronista. Pero gracias a los testimonios y archivos periodísticos puede hacerse el ejercicio de reconstruir aquel momento histórico: una eterna y multitudinaria despedida, sin precedentes ni sucesos futuros que se le comparen.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6mHTHs90XHfJKwZGpvQaDOcviaU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/evita_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La noticia del fallecimiento de Evita conmocionó por completo a toda la sociedad argentina. Cerca de dos millones de personas la despidieron en Buenos Aires a lo largo de los 16 días que duró su velatorio. Mientras tanto, nuestra ciudad frenó por completo sus actividades y dio lugar a innumerables muestras de pésame por la partida de “la Jefa Espiritual de la Nación”.]]>
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                <published>2026-07-26T10:00:00+00:00</published>
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            Malvinas y una amistad más allá de la guerra
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jRAxogsVFExo8yXXB7cRmxqRQHA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/veteranos_malvinas_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Oscar Pérez es el primero en llegar a la entrevista. Trae bajo el brazo un sobre de papel madera. Con una sonrisa bien amplia, entra y saluda a todos los que se encuentran en ese momento en la recepción del diario. Por último, me saluda a mí, que estoy al pie de la escalera que en instantes nos va a conducir al espacio destinado para que charlemos.</p><p>A través de los amplios ventanales, vemos a Pedro Vergara bajar de su auto con un paquete de yerba y unas facturas. Como si fuera un gesto típico de su amigo, Oscar dice para sí mismo “Este Pedrito siempre atento…”, y asiente con la cabeza.</p><p>Los tres nos instalamos en una sala, ambientada para la entrevista. Pedro se hace cargo del mate y pongo a grabar la conversación con el celular. La primera pregunta que hago es “¿Cómo se conocieron?”. Pedro toma la delantera y me dice que lo interrumpa si habla demasiado.</p><p>“Nos conocimos en el servicio militar obligatorio. Por cosas de la vida, nos tocó a los dos hacerlo en Tierra del Fuego, en el Batallón de Infantería de Marina N° 5, conocido entre nosotros como el BIM5. Oscar fue unos meses antes que yo, porque tardó en llegarme la cédula para ir con ellos. No lo vi en el Batallón, porque éramos casi mil personas, era como una pequeña ciudad, y además, pertenecíamos a diferentes compañías. Las actividades eran distintas y nunca nos cruzamos. Pero ocurrió algo: una semana antes del 2 de abril, mi batallón tuvo un ‘zafarrancho’, una especie de simulacro para prepararse para la guerra, y nos sacaron de ahí. El día que volvimos y nos comunicaron lo del conflicto, Oscar ya estaba vestido de civil para venirse de baja. Nos enteramos que a la primera tanda de la Compañía Mar les habían dado la baja, y se habían ido en el primer vuelo disponible, y quedaron lugares vacantes que había que cubrir. Cuando ordenaron que la Batería Delta fuera a ocupar esos lugares vacíos de la Armada, fue cuando conocí a Oscar, y marchamos juntos a Malvinas. El 3 de abril empezamos a equiparnos, y me tocó preparar todo el equipamiento para ese grupo. De él me acordaba, porque recuerdo como si fuese hoy la cara que tenía cuando le di el arma”.</p><p>Oscar admite que no se acuerda de Pedro, pero confirma la expresión que tenía en su rostro, y qué bien recuerda su amigo: “Éramos once a los que todavía no nos habían firmado la libreta para la baja, por eso, en ese momento, mi cara era la de una tristeza absoluta. No por ir a Malvinas, sino porque había terminado el servicio y quería volverme a mi casa. No tenía la consciencia de la guerra. En ese momento fue recontra difícil para mí. Mi vocación no era militar, había cumplido la ley y quería volver con mi familia. Entramos a la colimba con 18 años y egresamos con 20. Ahí nos conocimos con Pedro y no nos vimos más. Hasta que volvimos a Gualeguaychú”.</p><p>Ambos estaban en la misma compañía, pero en diferentes secciones. A Oscar le tocó en la tercera sección, y a Pedro en una que formaba un cordón alrededor del búnker de los jefes. Su ubicación era el Cerro Zapador, mejor conocido como Sapper Hill, por su nombre en inglés. Un punto a 138 metros sobre el nivel del mar ubicado en la isla Soledad, justo al sur de Puerto Argentino.</p><p>“Al principio vivimos en carpa, pero después del 1 de mayo, cayó una bomba sobre mi tienda, y tuvimos que hacer cuevas tipo refugios. Las bombas venían de los buques, y cuando cayó yo estaba a cinco metros del lugar del impacto, en el ‘pozo de zorro’”, rememora Pedro.</p><p>Oscar también recuerda bien ese día, porque dice que es él quien vió el primer cañonazo del buque inglés.</p><p>“En ese momento estaba de guardia, y vi que una bola de fuego volaba desde el mar. Del susto que me pegué, me tiré de cabeza en la trinchera, caí arriba de mis compañeros que estaban descansando y no entendían nada. Teníamos una posición en la que entrábamos siete, y otra individual por si el enemigo desembarcaba. Cuando empezaron a bombardear, nos dijeron que fuéramos a nuestras posiciones individuales. En mi caso, había hecho una muy chiquita, porque había encontrado el obstáculo de una piedra. Ese día, como no entraba, en vez de volver corriendo a la ubicación grupal, metí la mano, escarbé, saqué la piedra y me metí. Al otro día no me explicaba cómo había sacado semejante piedra. Fue la adrenalina y el instinto de supervivencia. Éramos gurises, era casi imposible salir vivos de la guerra, y nosotros seguíamos como si nada. Por eso me vi tan representado con lo que dijo Scaloni en la conferencia de prensa tras el triunfo de Argentina frente a Inglaterra. Éramos ‘indios’, en el buen sentido de la palabra, como los jugadores; íbamos perdiendo, pero nosotros continuábamos como si no lo supiéramos”.</p><p>Un amigo para toda la vida</p><p>Cuando terminó el conflicto bélico y fueron liberados por los ingleses, Oscar y Pedro volvieron a Entre Ríos. El primero a Gualeguaychú, y el segundo a Rosario del Tala. Faltaban un par de años para que el destino los volviera a juntar.</p><p>La vuelta de la guerra no fue fácil para ninguno de los dos, sobre todo cargar en soledad las heridas internas de Malvinas y conseguir trabajo. Oscar se empleó en el Correo Argentino como cartero y Pedro en un mayorista, aunque no por mucho tiempo, ya que decidió ingresar a la Escuela de Oficiales de Policía, de la que egresó como oficial ayudante en 1985, con destino en Gualeguaychú. Esto era lo último que faltaba para que se reencontraran.</p><p>En su recorrido habitual como cartero de la ciudad, Oscar entregaba la correspondencia a una señora que se había interesado mucho en su experiencia en Malvinas. “Resulta que esta mujer era la abuela de Pedro, había averiguado en qué lugar de Malvinas había estado yo, para informarle todo a su nieto”, expresa Pérez.</p><p>Pedro confirma que su abuela le comentó sobre este cartero que había formado parte del BIM 5 y que estaba abierto a reunirse con él.</p><p>Aunque ninguno de los dos se acuerda bien de ese primer encuentro, Oscar dice que lo emocionó el hecho de que Pedro se acordara de la expresión de su cara. Desde ese momento, la amistad fue creciendo, y confirman que se volvieron “como hermanos”.</p><p>“El saber que habíamos estado ahí los dos fue como una comunión. No sabíamos quiénes éramos, pero habíamos vivido esa situación los dos”, resalta Pérez.</p><p>Desde entonces, ambos han sido testigos del transcurrir de la vida del otro: cómo formó cada uno su familia, cómo vieron crecer a sus hijas, y los infinitos asados y viajes compartidos.</p><p>La amistad como espacio de salud mental</p><p>Tres años después de la guerra, los veteranos de Entre Ríos comenzaron a reunirse para hablar sobre lo que había pasado. El primer encuentro del Centro de Ex Conscriptos Combatientes de Islas Malvinas de Entre Ríos (Cecimer) se celebró en Gualeguaychú.</p><p>“Ningún veterano salió ileso de la guerra, las heridas psicológicas las tenemos todos, algunos más, otros menos. El (estrés) postraumático mal curado es lo peor. Estuvimos 10 años sin ningún tipo de atención, sin ningún tipo de obra social, tirados a la deriva, arreglándonos cómo podíamos. Eso nos llevó a los soldados a juntarnos para hablar entre nosotros, porque la verdad es que nadie nos ayudaba. Nos costó mucho conseguir trabajo, y eso nos llevó a enfermarnos un poco más. Vivimos situaciones violentas muchos días, y en muchos momentos. No tuvimos contención. No atendernos enseguida fue un error garrafal del gobierno de turno y de los que le siguieron. Por eso todos los veteranos de guerra estamos afectados psicológicamente; los que te dicen que no, son los más afectados, porque no se puede tapar el sol con la mano. Recuerdo que en la primera reunión, que se hizo acá en Gualeguaychú, empezamos a hablar, y a todos nos pasaba lo mismo. Entonces dijimos ‘Vamos a salir a las escuelas a dar charlas’, aunque no sabíamos ni que contar. En la primera charla éramos más veteranos que gente, no sabíamos ni qué decir. Ahí empezó a caminar nuestro Centro de Veteranos, y ahora camina sólo. Esas fueron las cosas que vivimos con Pedro y junto a otros soldados. Pedir permiso en los trabajos para ir a dar charlas también era difícil, todo se nos hacía contramano. Los primeros 2 de Abril no eran feriados, y los actos se hacían frente a Obras Sanitarias. En una de esas fechas, como siempre hacía el recorrido con la cartera del Correo y me paraba en el acto, tuve la mala o buena suerte de salir en la foto del diario. Mi jefe la vio, me llamó y me felicitó”, cuenta Oscar Pérez.</p><p>Pedro suma: “Recién a los 24 años de Malvinas fue cuando la Armada Argentina, que sería la Fuerza a la que pertenecemos, nos llamó para hacernos un estudio psicológico. Y porque lo pedimos. Todos teníamos problemas. Se pidió una junta médica regional en Santa Fé. En ese momento yo estaba en Paraná, así que esperé a Oscar en la terminal y fuimos juntos”.</p><p>Mucho tiempo antes, los amigos hicieron dedo para acudir a las reuniones de Cecimer en diferentes partes de la provincia. No lo recuerdan con amargura, sino con una sonrisa, e incluso se ríen rememorando alguna anécdota, como aquella cuando los subió un camión viejo de YPF. No obstante, son muy críticos con lo que pasó, y enfatizan que, con mayor contención, muchos de los veteranos no habrían tomado el camino de la autodeterminación.</p><p>Dos décadas después de ese primer contacto en Tierra del Fuego (en el que Pedro le entregó el arma a Oscar, aunque este no lo recuerde), se llevó adelante un encuentro de veteranos de todo el país. Como era de esperar, ambos se sentaron el uno junto al otro en los asientos del avión. Delante de ellos viajaba Ricardo Bochini, exfutbolista de Independiente y campeón del Mundial de 1986, y toda su familia.</p><p>Treinta años pasaron desde que Argentina les ganó a los ingleses y ninguno de los dos lo deja pasar en la conversación. Oscar relata que, en ese momento, vio el partido en la casa de su hermana porque no tenía televisión: “El gol de Maradona lo grité arrodillado y llorando”.</p><p>A pocos días de que se haya repetido la historia, los amigos valoran el gesto de los jugadores de la Selección, que exhibieron una bandera con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”.</p><p>“Era un partido de fútbol, pero sea como sea, tenían que ganar. Tengo una sobrina de 4 años que dice ‘que los ingleses nos devuelvan las Malvinas’. Estuvimos mucho tiempo sin poder hablar, no me voy a olvidar nunca que, a nosotros, antes de salir de baja, nos hicieron firmar un papel que decía que no podíamos contar nada. Y uno por miedo no hablaba, y eso te va quedando adentro. Pero una vez que empezamos a hablar y a contar nuestra experiencia, a contar la verdad, hemos ayudado a que se tome mucha conciencia de qué es Malvinas, de qué representa para nosotros y para todos los argentinos”, resalta Vergara.</p><p>“Nosotros no reivindicamos la guerra, fue un hecho que nos pasó; no sirvió, nadie sale ganando, hay muertos de los dos lados y mucho sufrimiento de ambos pueblos. Pero sí reivindicamos que las Malvinas son incuestionablemente argentinas. Ellos lo único que están sosteniendo hoy es que tienen una población, pero ni siquiera es genuina, es implantada, así que los ingleses no tienen razón de ningún tipo. Eso se está haciendo carne en el pueblo y eso nos da mucha satisfacción y es muy importante. El otro día se vio en los gurises de la Selección. Seguro escucharon a algún veterano de guerra en sus escuelas, cuando eran más chicos, que les contó qué pasó, y se les hizo carne. Paredes, cuando una periodista le preguntó por la bandera, le respondió que las Malvinas son argentinas, y van a seguir siéndolo siempre”, rescata Pérez del reciente triunfo.</p><p>Por último, les pregunto si se imaginan la vida sin el otro, e inmediatamente responden que no. “Hablamos el mismo idioma. Si Pedro habla de Malvinas, yo sé de qué está hablando, y lo mismo cuando hablo yo. Más allá de que él no haya estado en mi lugar, ni yo en el de él. Nunca me voy a pelear con él, aunque tengamos diferencias y no estemos de acuerdo”.</p><p>Oscar y Pedro abandonan el edificio juntos y se quedan charlando cerca de sus autos, como hace la mayoría con sus amigos cuando se está despidiendo, pero quedaron cosas por hablar. Ambos, son el ejemplo de una amistad resiliente, que respeta la historia personal del otro, que han sido testigos de su transcurrir en la vida y de cómo juntos lograron sobreponerse y persistir más allá de la guerra.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jRAxogsVFExo8yXXB7cRmxqRQHA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/veteranos_malvinas_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Pedro Vergara y Oscar Pérez son veteranos de Malvinas; combatieron juntos, aunque en distintos sectores, en Sapper Hill, un monte ubicado en la Isla Soledad. En la previa al Día del Amigo, contaron cómo se conocieron y cómo el lazo de hermandad que estrecharon los ayudó a seguir adelante luego de que terminara el conflicto bélico.]]>
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                                <updated>2026-07-20T01:00:12+00:00</updated>
                <published>2026-07-19T00:29:11+00:00</published>
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            Héroes entrerrianos en el desastre: los bomberos y sus canes que rescataron a cinco sobrevivientes en Venezuela
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b5Gh7lNalqdX7L54Sfhh9eKhfys=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/bomberos_gualeguay_rescate_venezuela.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mientras el polvo de la catástrofe todavía flotaba en el aire de Venezuela, dos binomios de Bomberos Voluntarios de Gualeguay preparaban sus mochilas con una sola certeza: cada segundo atrapado bajo los escombros es la diferencia entre la vida y la muerte. Gastón Velázquez con la perra Oma, y Osiris López junto a Roma, no dudaron cuando llegó la convocatoria humanitaria. Tras un extenuante viaje de tres días por tierra y aire que incluyó el cruce fronterizo por Cúcuta que conecta Colombia con suelo venezolano, los rescatistas entrerrianos se convirtieron en piezas clave de una misión internacional: lograron el milagro de salvar cinco vidas y la dolorosa pero necesaria tarea de recuperar 43 cuerpos.</p><p>Todo comenzó hace nueve años, en el inicio de la formación del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay. Durante todo un año, Velázquez y Osiris se formaron como guías de perros de rescate en la Asociación Civil Escuela Canina de Catástrofe (Acecc).</p><p>A partir de esa capacitación, empezaron a entrenar a Oma, una ovejera de casi 8 años, y después, a Roma, de 5 años. Y, aunque participaron en otros escenarios adversos como las inundaciones en Bahía Blanca, en Venezuela fue la primera vez que trabajaron en un lugar atravesado por la fuerza destructiva de dos terremotos.</p><p>“Junto con Roma, que es mi can, hacemos búsquedas de restos humanos. Y mi compañero, Osiris, trabaja con Oma, que busca personas con vida. En este caso, fuimos convocados por Acecc, que es la asociación civil a la cual nosotros pertenecemos como equipo de búsqueda, y donde entrenamos nuestros perros. Ellos fueron los convocados a trabajar en Venezuela, y es a través suyo que nos sumamos al equipo”, contó Gastón Velázquez.</p><p>Los dos binomios, Gastón con Roma y Osiris con Oma, fueron notificados de la posibilidad de viajar a Venezuela el viernes 25 de junio, veinticuatro horas después de la catástrofe natural. Ese mismo día, viajaron a Buenos Aires para unirse al equipo de rescate de Accec mientras aguardaban la finalización de los trámites administrativos para viajar.</p><p>“El sábado nos trasladamos a Venezuela por aviones comerciales, ya que los únicos aviones que está recibiendo el aeropuerto local son militares y no podíamos esperar. Hicimos dos escalas dentro en territorio colombiano (Medellín y Cútuta) y desde ahí, entramos por vía terrestre hasta Caracas, en un micro que nos consiguieron los bomberos venezolanos. Tuvimos 15 horas de viaje terrestre, atravesamos prácticamente el país. Una vez en la capital, que fue el primer punto donde nos juntamos con los bomberos de allá para iniciar las búsquedas, nos asignaron las zonas”, relató Velázquez.</p><p>Tras casi tres días de viaje, hicieron base en La Guayra, lugar en el que trabajaron hasta el sábado 4 de julio: “Los bomberos venezolanos nos indicaban la zona para trabajar y ahí íbamos con los canes. Nuestro trabajo consistía en la búsqueda de las víctimas, vivas o fallecidas, y tratar de marcar el punto más exacto para que los rescatistas hicieran la extracción. Tratábamos de evitar las horas después del mediodía, que eran los momentos de más calor para cuidar a las perras, así que comenzábamos temprano y después volvíamos a arrancar al atardecer hasta la madrugada. El tiempo de descanso era poco y el trabajo de las perras era mucho, así que intentábamos intercalar descanso y trabajo, para mantenerlas bien hidratadas”, manifestó López y agregó: “Todos coincidimos en que nos sorprendía la magnitud del desastre, si bien sabíamos a lo que íbamos a encontrar, estar en el lugar te llama la atención por la grandeza del desastre provocado por el terremoto”.</p><p>Algunos miembros del equipo de búsqueda del que formaban parte tenían experiencia en sismos, pero reconocían que nunca habían visto algo igual. “Fue bastante impactante ver la destrucción que había”, resaltó López.</p><p>Como parte del trabajo, los gualeyos debían llegar lo más cerca posible del punto en que se encontraban las personas vivas, o los restos, para poder indicar con la mayor precisión al grupo de rescate: “En algunos casos, pudimos tener contacto con las víctimas, no visual, pero sí escuchábamos golpes y nos fueron respondiendo. Pero una vez que señalábamos el lugar, se hacían cargo los rescatistas y nosotros nos trasladábamos para otro punto de búsqueda”, aclaró Velázquez y contó que, además de la inmensidad de la catástrofe, los que más los atravesó fue el abandono en el que se encontraban las familias: “Muchas acampaban en las puertas de los edificios, esperando tener una respuesta de si el familiar que estaba dentro, todavía seguía con vida. Había personas que ya estaban resignadas a encontrar un cuerpo, entonces nos pedían que intentáramos localizarlos para que ellos pudieran cerrar el duelo. Eso es lo que nos hacía todo más chocante, porque estaban solos, no había apoyo de psicólogos. Era un padre que te decía ´tengo a mi esposa y a mis hijos en ese edificio’, eran historias que se repetían en todos los edificios en los que estábamos trabajando. Y por más que uno esté preparado para este tipo de trabajos, te termina afectando también. Por suerte, siempre tuvimos a disposición profesionales de la salud mental, allá y acá”. Y destacó: “Sabemos que todo este proceso que tiene por delante el país es enorme, que han recibido mucha ayuda, pero queda mucho trabajo para hacer, para acompañar a las familias, que siguen esperando respuestas sobre parientes, para reconstruir kilómetros de una zona costera donde no quedaron prácticamente edificios habitables. Y es ahí donde la comunidad internacional tiene que estar muy atenta y acompañar al pueblo venezolano”.</p><p>Dentro de la tragedia, ambos bomberos reconocieron que la experiencia les confirmó que “el entrenamiento, el esfuerzo, y la inversión que hizo el cuartel no fue en vano, que el día que nos pusieron a prueba, estuvimos a la altura, que pudimos dar una respuesta profesional. Nos incentiva a seguir trabajando en esto. Las inversiones que hacen las instituciones no van a la basura, sino que cuando el ciudadano lo necesita, se le puede dar una respuesta. Tenemos que seguir sumando canes, personal y capacitación, que es lo más importante”.</p><p>K-9 Gualeguay, pioneros de la provincia</p><p>La Asociación K-9 del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay es la única y la primera de Entre Ríos que tiene personería jurídica y entrena a perros para búsqueda y rescate.</p><p>Desde los tres meses de vida de los cachorros comienzan a entrenar con ellos. Oma de 7 años y medio y Roma de 5 años son los únicos canes operativos del cuartel, y hay otros tres en formación.</p><p>“La especialidad de Oma es encontrar personas con vida, es una ovejera, y Roma, una Golden, busca restos humanos. Cada perro vive con su guía, nosotros las criamos desde cachorras, empezamos a entrenar con ellas. En la vida cotidiana, tenemos diariamente entre 20 y 30 minutos de entrenamiento, mientras que los fines de semana es más prolongado, donde practicamos lo que es el trabajo de búsqueda. La formación la hacemos en Gualeguay y una o dos veces al mes, viajamos a la escuela en Buenos Aires a hacer algún trabajo más específico o a corregir algunas cosas”, contó Velázquez.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b5Gh7lNalqdX7L54Sfhh9eKhfys=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/bomberos_gualeguay_rescate_venezuela.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Gastón Velázquez y Osiris López, junto a las perras Oma y Roma, formaron parte del equipo que trabajó entre los escombros del centro-norte y noroeste venezolano, tras los dos sismos de magnitudes similares sufridos en un lapso de tiempo extremadamente corto y en ubicaciones muy cercanas. El regreso a casa con el deber cumplido y el dolor de una comunidad devastada.]]>
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                                <updated>2026-07-11T20:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T19:45:31+00:00</published>
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            La argentinidad de moda: la pasión que supimos construir y sus límites reales
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mbX3-Faq2pcPNjlTnOaCXXLcmAs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_moda_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos años, o al menos desde diciembre de 2022, existe un fenómeno innegable: “lo argentino” se puso de moda. Buzos, remeras, gorras y accesorios con temática patria se cuelan en las vidrieras y ganan cada vez más espacio entre los jóvenes: el Sol de Mayo; la bandera nacional; San Martín; las Malvinas; el mate y el fernet; el asado y la milanesa; Messi y Maradona; el Papa Francisco; la UBA; el Conicet; el Gauchito Gil; el fileteado porteño; los carpinchos... La lista es infinita y se acomoda según las ideologías, identidades, gustos y pertenencias que conforman ese gran mosaico social que somos los argentinos.&nbsp;</p><p>Con esas mismas referencias se llenan de stickers los termos, y de memes e ilustraciones las cuentas de Instagram y Pinterest. Surge así el concepto de “nacionalismo estético”, la tendencia cultural que toma elementos comunes de la identidad y las costumbres argentinas, en especial los símbolos patrios, y los exhibe con un diseño moderno, minimalista y desaturado.</p><p>Las modas difícilmente son mera y exclusivamente estéticas, superficiales o carentes de significado. A veces son todo lo contrario, al igual que lo artístico. Y, de por sí, siempre hay una razón por la que miles de personas validan y hacen propia una forma de vestirse o decorar su casa, por ejemplo. Son otras formas de comunicación que no pasan inalteradas ante un clima de época y hablan de criterios compartidos con otros, de nuestras aspiraciones personales, sentidos de pertenencia y la imagen que buscamos proyectar hacia los demás.</p><p>Lo cierto es que, para un país históricamente atravesado por la conflictividad política y las crisis económicas recurrentes, que alimentan el descreimiento en las instituciones y el derrotismo para con lo público y nacional, la búsqueda de un sentimiento de orgullo y pertenencia colectiva, que salve todas las diferencias y nos una bajo una mística de grandeza, más de una vez se volvió necesaria; casi inevitable. Y el fútbol ha sido ese gran catalizador que lo ha hecho posible, o que al menos pudo encender la chispa “argentinizadora”.Más que cualquier otra cosa, es sabido que la pasión futbolera llega a todos sin distinguir clase social, y que excede ampliamente al deporte en sí. También es un hecho que la celeste y blanca actúa como un emblema común, que cada argentino puede hacer propio y cargar de significado.</p><p>Fue así que la epopeya de Messi, Scaloni y su equipo en Qatar 2022, que tuvo un arco narrativo de película y generó una enorme identificación con los sueños, alegrías y sufrimientos de sus protagonistas, desató un fervor mundialista que creció gradualmente con cada partido, movilizó hasta a los menos futboleros y culminó con los épicos festejos de su triunfo. El furor, la emoción y la felicidad se extendieron por alrededor de un mes. Pero pasados los días en que miles se tatuaron las tres estrellas o la cara de Lionel, y todos cantamos “Muchachos” hasta el cansancio, algo quedó.</p><p>Desde entonces, el marketing y la cultura popular se impregnaron con la idea de que “ser argentino es ser campeón del mundo”. Ese “aura” o valoración social de la argentinidad se trasladó del fútbol y la Selección a todo un universo de significantes distintos; o más bien se construyó en paralelo, respaldada por un reconocimiento de nuestra grandeza y autenticidad que ahora estaba ante los ojos de todo el mundo. Además de la temática nacionalista que se metió en la moda y el diseño, el fenómeno cobró vida fundamentalmente en las redes, ese espacio intangible en el que cada día transcurre más nuestra existencia como sociedad.</p><p>Cada éxito de un artista, científico o deportista argentino, dentro del país o en el extranjero, pasó a ser celebrado colectivamente como “otra coronación de gloria”, con una mezcla de ingenio, orgullo y humor. Lo mismo a nivel más irónico con videos virales o noticias de hechos insólitos protagonizados por argentinos, donde por fuera del status per sé que se le da hoy a la visibilidad masiva, se trata de confirmar la idea de que “somos distintos”, apasionados; genios, locos, o las dos cosas; reconociendo (con falsa modestia o no) que, “podemos ser lo mejor o también lo peor”, como dice la canción de la Bersuit.</p><p>Más que nunca, el talento y potencial de nuestro pueblo se empezó a exaltar en las redes, escenarios, canales de streaming y marchas y reclamos en defensa de la educación y la salud públicas, el desarrollo científico nacional y la industria audiovisual (por sólo nombrar algunos de los sectores desfinanciados e incluso agraviados por la actual gestión de gobierno). Esto último no es un hecho menor, ya que la era Milei trajo consigo resistencias a su modelo abiertamente anti-estado, que arremetió contra instituciones de gran prestigio social como la UBA, el Conicet, el Garrahan o el INCAA. Muchos las tomaron como emblema de lo nacional, y respaldaron sus reclamos no sólo en las calles sino también compartiendo ilustraciones, slogans y otros contenidos en la digitalidad. El éxito del streaming del Conicet desde las profundidades del Mar Argentino bien podría tener que ver con todo esto.</p><p>En el plano internacional, el “argenverso” pareciera expandirse o retroalimentarse cada vez que un famoso confiesa su amor por Messi o empieza a tomar mate, difundido por la diáspora de jugadores argentinos en el exterior o por otras figuras del deporte como Franco Colapinto. Sucedió cuando Dua Lipa recomendó a la escritora entrerriana Selva Almada o cuando los japoneses se fanatizaron con el truco después de ver El Eternauta, serie que tuvo repercusión mundial.</p><p>El fenómeno hoy por hoy sigue vigente, y quizá pase más desapercibido porque ya se instaló como un lugar común en las expresiones de la cultura popular y del sentir colectivo. En el marco de este nuevo Mundial, es probable que se actualice o se transforme, imposible saberlo. Lo que sí podría estar pasando y reforzando este brote contemporáneo de argentinidad, es una cierta nostalgia por los grandes ídolos populares y líderes que se van y, con ellos, una parte de nuestra historia y cultura, va quedando huérfana de otros que estén a su altura. Maradona, el Papa Francisco y, más recientemente, el Indio, son los mayores ejemplos.</p><p>Los límites de la imagen y del sentimiento genuinoEs válido cuestionar en todo esto qué tanto hay de mera estética, o performance para el afuera, y cuánto de verdadero orgullo patrio. Probablemente un poco de las dos cosas. Pero el problema podría radicar más bien en que el alcance de la pasión y amor por la Patria se reduzca a expresiones efímeras de la digitalidad y rara vez se traduzca en protesta organizada para defender la soberanía y los intereses nacionales, desde la participación ciudadana y la construcción política.En esa línea, desde una lectura mucho más crítica, la politóloga y escritora argentina Leyla Bechara en su artículo “La nueva cara del progresismo: nacionalismo pop, para divertirse”, publicado en septiembre del año pasado, describió cómo “Argentina se volvió una tendencia estética” y que basta con “salir a ver cualquier vidriera para encontrar un sol de mayo o algún paisaje autóctono sublimado en tela para descubrir cómo la Nación puede ser un símbolo más en el banco de fotos de algún diseñador”. Advierte que “lo que estamos viviendo no es un revival del orgullo nacional sino un intento desesperado por seguir siendo un país”.</p><p>Según la autora, “la economía de la atención le quitó densidad a los símbolos y hoy la patria dura lo que dura un clip”. “El nacionalismo ya no se ejerce se estetiza. Y como toda estética sin mito, no funda nada, apenas sirve para vender y producir stock visual. El aura nacional se escurre en la lógica del merchandising y, con ella, se diluye la potencia política del símbolo”, y explicó que “la nación es ante todo un relato compartido: una comunidad imaginada que se sostiene en historias, símbolos y prácticas que permiten reconocernos como parte de un mismo nosotros”, pero que “el problema aparece cuando ese relato deja de construirse en la experiencia real de un pueblo y se terceriza en la estética”.&nbsp;“El conflicto inherente a la constitución de una nación está sublimado en el orgullo exacerbado de un país que no crece hace más de una década, con salarios aniquilados y condiciones laborales cada vez más paupérrimas. Nuestra economía no compite en ningún ranking, pero nos quedan aquellos orgullos biográficos. Personajes desperdigados por el mundo que encarnan el carisma de lo argentino en instantes virales. En el mejor de los casos las figuras y los colores logran atrapar algo del sentido revoltoso y sublevado de la cultura nacional, pero al calor de la realidad política está claro que esas tonalidades solo revisten la domesticación de aquello que siempre surgió de abajo hacia arriba”, expuso Bechara.Y concluyó: “La paradoja es folklórica, cuanto más vacíos de relato verdadero están los espacios políticos y culturales, más se recurre al placebo visual de lo nacional. Lo que debería ser mito vivo (...) se reduce a logo y a souvenir. Y el pueblo, huérfano de relatos que lo expliquen y lo organicen, consume ese placebo porque es lo único disponible. En la sociedad del espectáculo, lo real se sustituye por la representación y la bandera se convierte en la forma de participar de un nosotros que ya no tiene contenido político. El nacionalismo chato permite simular pertenencia sin entrar en la incomodidad de los antagonismos y una Argentina sin conflicto, donde la unidad de sentido se reduce a un telón de fondo en el acto partidario o a un diseño gráfico en la colección de moda, significa un pueblo domesticado. Al estetizar lo patrio sin contenido, se inhibe la posibilidad de pensar una Argentina presente, conflictiva, contradictoria y real. Una Argentina donde los símbolos sirvan para organizar pueblo y destino y no para decorar feeds y hacer campaña”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mbX3-Faq2pcPNjlTnOaCXXLcmAs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_moda_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Desde que ganamos “la tercera”, el marketing y la cultura popular se impregnaron con la idea de que “ser argentino es ser campeón del mundo”. La fiebre por la Scaloneta dio lugar a nuevas formas de manifestar el orgullo patrio, que excedió ampliamente al mundo del fútbol y nos llevó a la celebración colectiva de cada “coronación de gloria”. Un fenómeno que persiste y muta, aunque no sin límites evidentes.]]>
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                                <updated>2026-07-04T23:40:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T23:26:54+00:00</published>
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            Tener voz antes de tener voto: los jóvenes y la participación ciudadana en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l8gs_AnJW6YZTu7GV_7uWrKifQs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/jovenes_concejo_deliberante_foro_joven.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La juventud siempre ha sido retratada como motor de cambio. Son las nuevas generaciones quienes encarnan las transformaciones más radicales en los modos de relacionarse, de hacer propia la digitalidad que hoy nos atraviesa y de construir sentidos, aspiraciones y subjetividades muy distintas a las de sus mayores. Sin embargo, la impronta y el punto de vista único que podrían aportar al debate público y a la toma de decisiones pocas veces encuentra un lugar en el que materializarse. Es una voz que, si llega, lo hace mediada por otros interlocutores, y no directamente por los más jóvenes.</p><p>Pero más allá de lo que su participación ciudadana pueda ofrecer al bienestar común y al funcionamiento democrático, el principal problema es que los chicos en edad escolar y universitaria no experimenten ni reciban herramientas que puedan empoderarlos en sus derechos, deseos y capacidades. Por ejemplo: el desarrollo del pensamiento crítico y el interés por las más diversas cuestiones políticas (como la educación, el mundo del trabajo o la soberanía); la enseñanza de las formas adecuadas para informarse, argumentar y confrontar ideas y opiniones; y la oportunidad para ponerlas en práctica. En épocas en que los discursos de odio y la crisis de los partidos políticos conviven con el individualismo, el aislamiento digital y los sesgos cognitivos reforzados por algoritmos y fake news, estas instancias se vuelven aún más necesarias.</p><p>Distintas voces locales conversaron con Ahora ElDía acerca de este tema. Una de ellas fue Cintia Otero, rectora de la Escuela Superior de Adultos ESJA Nº 82 “Libertad" y docente del colegio E.E.T. Nº 2, quien advirtió que “el tópico sobre participación ciudadana ha disminuido considerablemente en los últimos tiempos”.</p><p>“Supongo que debido a la crisis y descreimiento que envuelve a toda la sociedad y que claramente resuena en las escuelas”, expuso y agregó: “Creo que los tiempos cambian; que quienes circulamos en las escuelas compartimos con diferentes generaciones que reconocen y viven de formas distintas la participación democrática, la responsabilidad, la empatía, el trabajo colectivo e individual. Quizás la crisis económica, social, cultural e histórica hace que estos lugares de participación vayan cambiando. Está en nosotros, los adultos, acompañar y mostrarles a los estudiantes las habilidades que tienen para dar pie a todo lo que pueden lograr”.</p><p>Enzo Damer, docente secundario en las escuelas E.E.T. Nº 2 y Nº 3, fue otro de los consultados, y contó que él mismo participó de centros de estudiantes hace mucho tiempo. Hoy, acompaña a los chicos en este tipo de instancias. “La E.E.T. Nº 2 tiene un nuevo centro y están esas ganas de querer hacer y de aprender para qué sirve un centro de estudiantes, para que todos los demás lo conozcan. Creo que es una herramienta muy importante en la vida secundaria y quizás los jóvenes no le prestan atención, o lo ven de lejos”, comentó.</p><p>A su vez, Damer valoró propuestas como el Concejo Deliberante Estudiantil, en las que se aprende sobre la vida legislativa, y consideró que deberían llegar a más jóvenes. También mencionó que si bien “hay grupos de jóvenes que forman parte de la vida política partidaria, no se ve mucha participación activa o directa en ese ámbito”: “Pareciera que les cuesta cada vez más encontrar su lugar de participación genuina en los partidos. No se ve una renovación, o no hay lugares de toma de decisión para los jóvenes, y eso genera que se alejen cada vez más o no encuentren quien los represente”, completó.</p><p>El docente observó que en Gualeguaychú “los jóvenes siempre se movilizan ante alguna eventual situación solidaria o un objetivo puntual”, pero que “faltan herramientas o actividades que sirvan para motorizarlos en cuestiones políticas de la sociedad, que sean más partícipes y critiquen más”. “Y que lo hagan teniendo argumentos, con información genuina, porque hoy consumimos contenido que quizás no es cierto o está distorsionado, y nos quedamos con eso. También hay que poner el foco en que vivimos en sociedad, y hay cuestiones que son colectivas. Se está yendo hacia una mirada única en la que hay que preocuparse por uno mismo y el resto no interesa, y no es así”, concluyó.</p><p>Por último, Ana Severin, encargada del Área de Juventud del Municipio, compartió su devolución sobre las iniciativas que el Gobierno local lleva adelante para fomentar la participación ciudadana en los jóvenes y dar lugar a que expresen las problemáticas que los atraviesan y las políticas públicas que consideran necesarias.</p><p>“Las propuestas que trabajamos este año reflejan que cada vez hay más jóvenes con ganas de involucrarse y de ser parte de las decisiones que hacen a su comunidad. En el Concejo Deliberante Estudiantil tuvimos una cantidad de inscriptos superior a la de los últimos años, y eso demuestra que cuando se generan espacios reales de participación, los adolescentes responden con compromiso, entusiasmo y una enorme capacidad para debatir, construir consensos y proponer ideas”, señaló acerca del programa creado a través de la Ordenanza N° 11.141/2008.</p><p>El Concejo Deliberante Estudiantil permite a alumnos de cuarto, quinto y sexto año de las escuelas secundarias vivir de cerca la experiencia legislativa. A través de esta iniciativa, los jóvenes representantes de distintas escuelas asumen el rol de concejales para elaborar, debatir y votar proyectos de ordenanza que pueden impactar en la realidad local. El proceso fomenta el ejercicio de la democracia, el debate de ideas y el compromiso ciudadano, brindando a los estudiantes la oportunidad de conocer desde adentro el funcionamiento institucional del municipio.</p>&nbsp;<p>El Foro Joven Gualeguaychú es otra propuesta novedosa con la que el Área de Juventud busca dar a los adolescentes “un lugar protagónico en la construcción de la ciudad que quieren”. Bajo el lema "Pensá la ciudad que querés vivir", a principios de este mes se llevó la primera jornada de este Foro que convocó a alumnos de diferentes colegios secundarios. Impulsado por UNICEF bajo la estrategia global Municipio Unido por la Niñez y la Adolescencia (MUNA), el propósito central de este espacio es superar las instancias meramente testimoniales y generar canales institucionales donde las voces de los jóvenes de entre 13 y 18 años sean escuchadas, organizadas y traducidas en herramientas concretas de planificación estatal.La metodología de trabajo combinó sesiones plenarias con instancias de comisiones reducidas de 8 a 10 integrantes, coordinadas por los líderes juveniles quienes cuentan con trayectoria preexistente en programas locales como el Presupuesto Participativo Joven y el Concejo Deliberante Estudiantil, asumiendo en esta oportunidad el rol de facilitadores.“No era solamente convocarlos a participar, sino confiar en ellos, darles herramientas y convertirlos en actores centrales del proceso a través de la figura del referente joven. La respuesta fue muy positiva. Más allá de que no tenemos ediciones anteriores con las que comparar, vimos un fuerte compromiso, propuestas muy valiosas y jóvenes que asumieron ese rol con mucha responsabilidad y entusiasmo. Incluso, al finalizar la jornada, nos transmitieron que se sintieron escuchados, valorados y protagonistas de un espacio que sentían necesario, contó Severín.</p><p>Y agregó: “Desde el comienzo de esta gestión venimos sosteniendo la decisión de fortalecer la participación juvenil y generar ámbitos donde los jóvenes puedan expresar qué ciudad imaginan, cuáles son las problemáticas que los atraviesan y qué políticas públicas consideran necesarias. Creemos que las mejores políticas para las juventudes son aquellas que se construyen con los jóvenes y no solamente para los jóvenes. El Foro Joven representa un paso más en ese camino”.</p><p>También se refirió al Presupuesto Participativo Joven, cuya convocatoria recién está comenzando, por lo que todavía no se conocen los números y alcances de su participación. “Sin embargo, ya estamos recibiendo una gran cantidad de consultas, lo que nos hace pensar que volverá a ser una herramienta muy convocante y que seguirá afianzándose como un espacio donde las ideas de los jóvenes pueden transformarse en proyectos concretos para la comunidad”, completó.Consultada sobre las inquietudes que expresan los adolescentes y jóvenes de la ciudad, la responsable del Área de Juventud indicó que “son muy diversas y muestran la complejidad de la realidad que ellos viven”. “Aparecen frecuentemente temas vinculados al ambiente, la accesibilidad, la inclusión y, especialmente, la salud mental, que hoy constituye una de las demandas más presentes. También surgen propuestas relacionadas con la mejora de los espacios públicos, el deporte, la cultura, la educación y distintas iniciativas orientadas a fortalecer la vida comunitaria. Esto nos muestra que los jóvenes no solo plantean las problemáticas que los atraviesan, sino que también llegan con ideas concretas para abordarlas”, observó.</p>Ana Severin, encargada del Área de Juventud del Municipio<p>Por último, marcó que si bien tanto el Municipio como las organizaciones de la sociedad civil generan espacios importantes en la ciudad para que los jóvenes sean parte de la agenda pública, todavía existe un “doble desafío”: “El primero es lograr que esos espacios sean cada vez más convocantes. No alcanza con que existan; es necesario que los jóvenes los conozcan, los sientan propios y encuentren en ellos un lugar real para expresar sus ideas, debatir y transformar su realidad. El segundo desafío, que está muy vinculado con el primero, es repensar esos espacios para que sean cada vez más inclusivos. Hoy muchas de las convocatorias se canalizan a través de las escuelas, lo cual es lógico porque son uno de los principales ámbitos de encuentro de las juventudes. Pero también existe una realidad que duele pero que no podemos desconocer: hay muchos adolescentes y jóvenes que están por fuera del sistema educativo y que, en consecuencia, tienen menos oportunidades de acceder a estas instancias de participación. Ese es un desafío que tenemos como Estado, pero también como comunidad: construir estrategias que nos permitan llegar a esos jóvenes, generar nuevos ámbitos de participación y garantizar que la posibilidad de involucrarse en los asuntos públicos no dependa exclusivamente de estar dentro de una institución educativa. Si queremos construir políticas públicas con las juventudes, tenemos que asegurar que todas las voces tengan la oportunidad de ser escuchadas”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l8gs_AnJW6YZTu7GV_7uWrKifQs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/jovenes_concejo_deliberante_foro_joven.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La juventud tiene opiniones, propuestas y energía. Lo que les falta, muchas veces, son los canales. ¿Qué lugares encuentran las nuevas generaciones en la ciudad para involucrarse en los debates y decisiones que hacen a la política y la vida en comunidad? Docentes y funcionarios abocados a esta temática remarcaron la importancia de construir una democracia plena desde la participación estudiantil.]]>
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                                <updated>2026-06-28T13:20:08+00:00</updated>
                <published>2026-06-27T23:25:11+00:00</published>
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            Gualeguaychú 1978: entre el fuego, la inundación y el Mundial que no pudo tapar el horror
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MP_sXPB3tdYnffj6aVlEqKRcuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mundial_78_inundacion_incendio_gualeguaychu_11.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El primer título que consiguió nuestro país en un Campeonato Mundial de fútbol tiene el sabor de un triunfo amargo. Dos años después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la dictadura al mando de Jorge Rafael Videla enfrentaba crecientes denuncias internacionales por secuestros, torturas y desapariciones forzadas.</p><p>En ese contexto, la organización del torneo de 1978, otorgada a la Argentina una década antes, se presentó al gobierno de facto como una oportunidad para mostrar una nación unida, ordenada, moderna y en paz. Una herramienta con la que el régimen buscaría mejorar su imagen en el exterior y fortalecer su legitimidad en el plano interno, entendiendo que pocos elementos podían generar una identificación colectiva tan fuerte como el fútbol.</p><p>Con ese objetivo se puso en marcha una gigantesca operación política y comunicacional. A través del Ente Autárquico Mundial 78 se impulsaron obras de infraestructura, remodelaciones de estadios, mejoras aeroportuarias y hoteleras, la modernización de la televisión estatal y una intensa campaña de propaganda. Entre sus expresiones más recordadas quedó el eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”, concebido para responder a las denuncias sobre violaciones sistemáticas a los derechos humanos que llegaban desde distintos países.</p><p>A pocas cuadras del estadio Monumental, donde Mario Kempes se convertía en héroe nacional, funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de la dictadura. Algunos sobrevivientes recuerdan haber escuchado simultáneamente los festejos provenientes del estadio y los alaridos de las salas de tortura. Otros relatan cómo los represores colocaban televisores para que los detenidos siguieran los encuentros. Para muchos sobrevivientes, aquello formaba parte de una estrategia destinada a mostrarles que el mundo seguía adelante mientras ellos permanecían secuestrados y desaparecidos.</p><p>La contradicción atravesó a gran parte de la sociedad argentina. Durante los 25 días que duró el campeonato coexistieron comportamientos muy diversos. Hubo apoyo al régimen, indiferencia, miedo, resistencia, denuncias y celebraciones genuinas. Hubo ciudadanos que aprovecharon la llegada de periodistas extranjeros para difundir información sobre los desaparecidos. Hubo organismos de derechos humanos que redoblaron sus esfuerzos para romper el silencio. Y hubo millones de personas que simplemente se dejaron llevar por la pasión futbolera.</p><p>En años marcados por el miedo y la represión, la alegría y celebración colectiva se expresó de manera auténtica en las calles. Un fenómeno social contradictorio que deja la pregunta de cómo pudo convivir esa felicidad con el conocimiento, mayor o menor, de lo que estaba ocurriendo en el país; cómo la euforia popular y el terrorismo de Estado coexistieron en el mismo tiempo y espacio.</p><p>Durante aquella época, Gualeguaychú vivió en carne propia el terrorismo de Estado, que secuestró, desapareció y/o asesinó a 37 jóvenes de la ciudad. Varias familias sufrieron la pérdida de dos de sus hijos o hermanos. Al día de hoy, se sigue buscando a quienes nunca fueron encontrados y a dos bebés que fueron apropiados. Por otra parte, el horror de la Dictadura también se impartió en la ciudad a través de los allanamientos, amenazas y estigmas sufridos por las familias y amigos de las víctimas, así como también mediante la privación de la libertad por motivos meramente políticos que vivieron muchos otros gualeguaychuenses.Es por eso que la lectura sobre la contradicción social que se vivió en el Mundial 78’ también aplica a nuestra ciudad, que por supuesto también seguía de cerca a la Selección argentina. Pero aquel año particular atravesó a la comunidad gualeguaychuense con otros acontecimientos en los que se mezclaría el dolor y la desesperación con la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo.Según contó a Ahora ElDía el especialista local en fenómenos meteorológicos y testigo directo de los hechos, Daniel Hernández, Gualeguaychú sufrió un verano muy caluroso y salpicado de incendios en 1978. Muchos se produjeron en campos y montes, pero el más recordado tuvo lugar en pleno centro, en las tiendas Blanco y Negro, ubicadas en la esquina noreste de las calles 25 de Mayo y Chacabuco. Poco después, la mayor inundación hasta entonces registrada movilizó a la ciudad por completo.</p><p>Sobre el incendio de Blanco y Negro, Hernández recordó: “En el interior, la ropa de algodón y sintética colgaba de los expositores dentro de un verdadero invernadero. Sin corrientes de aire por estar cerrado en el mediodía de aquel domingo 8 de enero, el interior del único gran espacio del local debe haber alcanzado los 45 º C. Se desconocen las causas exactas, pero las 13.04 se recibió un aviso en el cuartel de Bomberos Voluntarios. El incendio, detectado originalmente cerca de la puerta ubicada sobre la calle 25 de mayo, crecía favorecido por la combustibilidad de la mercadería y calor interno. Estalló la primera vidriera cuando llegaba la primera dotación. La abrupta entrada de aire suministró el oxígeno necesario para generalizar el incendio”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Y siguió: “Rápidamente se atacó el fuego, pero la presión de la red de agua era insuficiente para subir a las cisternas y abastecer a los autobombas. Mientras el incendio se generalizaba, llegaban más dotaciones y se sumaron los regadores Municipales. El esfuerzo se concentró en evitar la propagación y daños a linderos. Muy cerca estaba la estación de servicio del Automóvil Club. Todo el mundo quería ayudar, y era difícil aún para la policía controlar a la gente que se acercaba con este propósito. Alguien tuvo una idea y pidió a todos que sostuvieran en alto las mangueras de abastecimiento que, ahora sí, traían agua hasta los autobombas desde una válvula hidrante. Se formó así un inmenso ‘ciempiés’ de 80 metros de largo. El fuego arrasó el interior de la tienda, pero se circunscribió sólo al local. Tres días después, se continuaba efectuando la remoción y extinción final, y el enfriamiento y retiro de los escombros”.</p><p>Tan sólo dos meses después, el sábado 18 de marzo, el río empezó a subir su nivel. “Los primeros pedidos de ayuda llegaron al cuartel de Bomberos Voluntarios, que acudió a auxiliar a los vecinos ribereños. Al principio improvisando, y con el correr de las horas inventando procedimientos y lugares de alojamiento. Las horas se sumaban al igual que las dotaciones, pero los pedidos de auxilio se multiplicaban. A las 21 horas, se reunió la junta local de Defensa Civil convocada por el intendente. Ya había más de 500 evacuados y el ritmo de crecida, que sorprendió a todos, aumentaba violentamente”, contó Hernández.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Y sumó: “Un casamiento debió ser suspendido en la mitad de la celebración porque el agua entraba al templo de la calle Alem. Inmensa cantidad de solidarios vecinos anónimos trabajaron ayudando a los inundados. Ya por la calle Caseros, navegaban lanchas auxiliando a los vecinos que tenían casi dos metros de agua en sus casas. No se supo de víctimas fatales, pero las pérdidas económicas fueron incalculables”.</p><p>A casi cinco décadas de aquellos acontecimientos, 1978 permanece en la memoria de Gualeguaychú como un año atravesado por contrastes. Mientras el país celebraba la conquista de su primer Mundial en medio de una de las etapas más oscuras de su historia, la ciudad enfrentaba sus propias tragedias, entre incendios devastadores, una inundación sin precedentes y el dolor silencioso que dejaba la represión. Un tiempo complejo y contradictorio, que nos obliga a recordarlo con más preguntas que respuestas y con la incomodidad de saber que la alegría y solidaridad colectiva, en la ciudad y el país, convivieron con la indiferencia del “no te metas”, la complicidad y la crueldad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MP_sXPB3tdYnffj6aVlEqKRcuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mundial_78_inundacion_incendio_gualeguaychu_11.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras la represión de la última Dictadura estaba en marcha, el gobierno de facto aprovechó que el país era anfitrión de la Copa del Mundo para limpiar su imagen ante la prensa internacional. No ajena a esta realidad y al contradictorio fervor mundialista, nuestra ciudad sufría a su vez los estragos de violentos incendios y una inédita crecida del río que quedaron en la historia.]]>
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                                <updated>2026-06-22T01:05:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-20T22:43:00+00:00</published>
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            Entre tesoros patrimoniales y nuevas propuestas, el Magnasco redefine su vínculo con la comunidad
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zYJUnZVcw3yki_IfmOB2P5_5ebw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/magnasco_adriana_garay_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El próximo viernes 19 de junio, el Instituto Magnasco celebrará un nuevo aniversario de su fundación. La historia nos cuenta que hacia 1898, en un contexto social que limitaba el acceso de las mujeres a espacios culturales y educativos, Luisa Bugnone, Camila Enriqueta Nievas y María Arhancet fundaron la Sociedad por la Patria y el Hogar. Su objetivo era revertir esta realidad en Gualeguaychú y dar lugar a un espacio donde las mujeres pudieran reunirse, leer, formarse y compartir conocimientos en torno al arte, la literatura y la ciencia. De hecho, se trató de la primera biblioteca del país fundada por mujeres. En 1920, con la muerte de Osvaldo Magnasco (escritor, jurista, político y benefactor de la institución), el establecimiento cambió su denominación a Instituto Magnasco. Finalmente, en 1942 inauguró su actual edificio sobre la calle Camila Nievas, entre 25 de Mayo y San Martín.</p><p>Con el paso del tiempo, el Magnasco se convirtió en un indiscutido y prestigioso lugar para las artes, las letras y la cultura en nuestra ciudad. Lo hizo a través de su biblioteca, hemeroteca, pinacoteca, teatro y salas museísticas, las cuales exhiben una colección invaluable de documentos, fotografías, objetos antiguos y obras de arte que recorren la historia e identidad local. Asimismo, y en línea con su espíritu fundacional, fue una institución pionera en la enseñanza de Idiomas, Música, Danzas, Teatro, Dibujo, Pintura, Encuadernación e Informática. Estas, y diversas capacitaciones en oficios, han tenido y tienen lugar en la Escuela Camila Nievas, anexa al Instituto.</p><p>A 128 años de aquella gesta, con un gran legado detrás y nuevas oportunidades y desafíos por delante, el Complejo Cultural Magnasco busca hoy abrir sus puertas y hacer plenamente partícipe a la sociedad gualeguaychuense de su patrimonio y oferta cultural, museística y educativa. Para conocer más sobre los aspectos novedosos de su actual impronta, Ahora ElDía conversó con Adriana Garay, presidenta de la comisión directiva desde 2025, y Liliana Esquivel, museóloga del Instituto a cargo de las visitas guiadas.</p><p>“Hoy en día hemos conformado un grupo humano espectacular, con el que trabajamos de manera conjunta. Se han tomado iniciativas innovadoras, pero también se ha rescatado lo que se venía haciendo, ya que consideramos que se debe continuar con todo lo que funcione bien”, señaló Garay en primer lugar, e hizo hincapié en el espíritu de apertura y renovación: “La idea es que el Complejo Cultural esté abierto y todo el mundo pueda participar y disfrutar de lo que tenemos para ofrecer. Queremos romper con el mito de que el Magnasco es un espacio cerrado o poco accesible”.</p><p>Un ejemplo positivo en ese sentido es la mayor afluencia de público joven a las obras de teatro y shows que allí tienen lugar. “Para muchos jóvenes es la primera vez que vienen a la institución, y descubren un lugar completamente nuevo. Pasan por la galería de arte y les llama la atención las obras que se exhiben. Creo que llegar así sirve, ya que después por lo general buscan averiguar más”, contó la presidenta de la comisión, señalando además que en lo que va de la nueva gestión han sumado casi un 30% de nuevos socios.</p><p>“La gente ha visto un cambio de imagen en el Magnasco, con una mayor apertura, y nos lo dicen”, aportó por su lado Esquivel. “Buscamos atender a todos los públicos. Durante mucho tiempo sólo hubo un público adulto mayor, que sigue viniendo, pero hoy queremos también atraer al público joven que no conoce o siente que no es su lugar. Tenemos que darnos a conocer y buscar las estrategias para captar su atención: a través de articulaciones con otras instituciones, de propuestas y espectáculos. Tenemos que aprovechar y darnos una mano entre todas las instituciones cercanas, como el Colegio Nacional, el ISA o el ISPED”, señaló.</p><p>Un detalle interesante sobre el Salón Auditorio del Magnasco es que actualmente se están renovando sus 220 butacas. Para ello, lanzaron una campaña en la que los aportantes voluntarios pueden destinar una suma de dinero y adquirir simbólicamente una butaca; sus nombres formarán luego parte de un registro al que se accederá mediante un QR en el Auditorio.</p><p>“Otra de las novedades son los viajes culturales e históricos, una propuesta con la que por suerte nos está yendo muy bien. Hicimos tres viajes a Buenos Aires, a ver obras de teatro, recorrer museos, y visitar lugares como el Teatro Colón y su fábrica. La última salida que hicimos fue a Colonia, Uruguay. Ahora estamos organizando un próximo viaje en Entre Ríos para el mes de julio, y también viendo la posibilidad de ir a las Estancias Jesuíticas de Córdoba en agosto”, siguió Garay. Por su parte, Esquivel comentó que realizan reuniones antes de las salidas, en las que se interiorizan y comparten acerca de las temáticas histórico-culturales relacionadas al destino.</p><p>Ambas destacaron el rol de la biblioteca, la cual está abierta de lunes a viernes, de 16 a 20 horas, y para la cual no hace falta ser socio si se desea visitar para pasar un tiempo estudiando o trabajando. Asimismo, comentaron que la institución busca salir a la ciudad con selecciones de su material de lectura.</p><p>“Todos los miércoles tenemos la Biblioteca Móvil. Nuestra bibliotecaria y alguien más de la comisión van a alguno de los cafés de Gualeguaychú, o a otros lugares como la Costanera, y el último miércoles de cada mes a Casa Encuentro. También tenemos previsto ir a varios clubes. Donde haya personas que puedan interesarse en los libros y hacer socios, nosotros vamos a estar. La idea es que se conozcan las posibilidades del Magnasco y del material bibliográfico que hay disponible, que siempre se renueva. Este año invertimos una suma importante en libros, y la mayoría fue para renovar la biblioteca infantil. Apuntamos a llegar con la lectura a los más chicos y a los adolescentes, para quienes también renovamos una sección”, describió Garay.</p><p>Y añadió: “Invitamos y tenemos convenios con otras instituciones educativas de la ciudad. Tenemos previsto formalizar un acuerdo con el Isped para que las chicas que estudian para ser maestras de jardín de infantes hagan pasantías en la biblioteca infantil. A raíz de eso, trajimos mucho material interactivo de la última Feria del Libro de Buenos Aires”.</p><p>Las salas museo: algo más que un recorrido por la identidad local</p><p>Uno de los mayores tesoros del Complejo Cultural Magnasco se encuentra en sus salas museísticas, que conforman un verdadero recorrido por la historia, la cultura, el arte y la memoria de Gualeguaychú y la región. A lo largo de décadas, la institución reunió colecciones, documentos, objetos y obras donadas por familias, investigadores y benefactores, convirtiéndose en uno de los principales reservorios patrimoniales de la ciudad.</p><p>El museo cuenta con una serie de espacios temáticos. Entre ellos se destacan la Sala de Personajes y Hechos de Gualeguaychú, dedicada a figuras que marcaron la vida política, cultural, científica y social de la ciudad; la Sala Histórico-Militar, donde se conservan armas, uniformes y objetos vinculados a distintos períodos de la historia argentina; y la Sala Histórico-Religiosa, que reúne imágenes, documentos y piezas relacionadas con la tradición religiosa de la región.</p><p>Otro de los sectores más valiosos es la Sala de Grabados y Libros Antiguos, que alberga ejemplares de gran importancia bibliográfica y patrimonial. A ella se suma la Sala Histórico-Musical, donde se exhiben instrumentos, partituras y elementos vinculados a la actividad musical de otras épocas, y la Sala de Época, que recrea ambientes domésticos y formas de vida características de fines del siglo XIX y principios del XX.</p><p>El patrimonio artístico también ocupa un lugar central dentro del Magnasco. Su Pinacoteca y Galería de Arte reúnen pinturas, dibujos, grabados y esculturas de artistas locales, nacionales e internacionales, constituyendo una de las colecciones artísticas más importantes de Gualeguaychú. Las obras se encuentran distribuidas en distintos espacios del edificio y forman parte del recorrido habitual de los visitantes.</p><p>A ello se agregan el Monetario y Medallero, con monedas, billetes y medallas de distintas épocas y procedencias, así como el Archivo Histórico y la Hemeroteca, considerados entre los fondos documentales más relevantes a nivel local. Allí se conservan colecciones de periódicos que se remontan a mediados del siglo XIX, documentos institucionales, fotografías y materiales de consulta permanente para investigadores, historiadores y estudiantes. Parte de esos diarios históricos fueron microfilmados para garantizar su preservación y consulta futura.</p><p>Esquivel, quien oficia como guía de las salas, contó: “Trato de que cada visita sea en función de lo que quiera el visitante. Hay un público más intelectual, como el de investigadores que vienen por cuestiones puntuales; un público turista, que viene a conocer; y las visitas escolares, que tienen sus horarios en particular. Como institución tenemos que adecuarnos y estar prestos a ofrecer esos servicios”. A su vez, explicó que los horarios de visita establecidos para las salas son los martes de 16 a 20 horas, y los jueves de 8.30 a 11 horas y de 16 a 20 horas. Tienen un arancel de $4.000 por persona, aunque las tarifas son distintas para los grupos de estudiantes.</p><p>Una oferta educativa para los tiempos que corren</p><p>Otro de los pilares del Magnasco tiene que ver con la educación en todas sus formas. Además de los talleres y masterclasses (en Finanzas, por ejemplo) que se dictan eventualmente en el Complejo Cultural, la Escuela Camila Nievas continúa ofreciendo, al igual que en años anteriores, una variada oferta de cursos y capacitaciones.</p><p>“Intentamos aggiornar la escuela a los requerimientos que surgen hoy en día. Se siguió con capacitaciones en oficios como Refrigeración, Gas y Electricidad, por ejemplo, pero ahora se profundizó en talleres como Computación para niños. Se incluyó un curso de Programación, a requerimiento de la Corporación del Desarrollo Gualeguaychú (Codegu); también se incluyó este año un curso de Gestión Jurídica. Estamos viendo que también tenemos que innovar en otras cosas. Pienso que tenemos que trabajar en formar a las personas para la atención de los adultos mayores, en diversas áreas”, señaló Garay.</p><p>Festejos de aniversario</p><p>Por último, en cuanto a las celebraciones por los 128 años de la institución, Garay y Esquivel contaron que Omar Cyrulnik y Gabriela Reides darán el concierto “De un entrevero” el viernes 19 a las 20.30 horas, mientras que el domingo 21 por la tarde, de 16 a 20 horas, habrá una apertura a todo el público del Complejo Cultural. “Todos los aniversarios hacemos el ‘Magnasco de puertas abiertas’, con entrada libre y gratuita: se abren todas las salas y en cada una hay alguien que las explica; se hace la introducción a lo que es esta institución a las 16, 17, 18 y 19 horas. Este año lo pensamos así para dar un panorama integral de todo lo que se está haciendo, antes de que el público ingrese a recorrer las distintas salas”, indicó la presidenta de la comisión.</p><p>“Ese día también se busca rescatar la figura de Osvaldo Magnasco, con una mini exposición temporal que va a estar disponible mientras el público recorre”, sumó la museóloga, respecto a un detalle que han incorporado este año. Garay concluyó: “Magnasco y Camila Nievas son nuestras figuras más importantes y tratamos de respetar su importante legado, adaptándonos a la actualidad”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zYJUnZVcw3yki_IfmOB2P5_5ebw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/magnasco_adriana_garay_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Con ofertas culturales, viajes temáticos, talleres, una biblioteca que sale a la ciudad y una renovada agenda educativa, el histórico instituto atraviesa una etapa de apertura y crecimiento. En la previa de un nuevo aniversario, sus referentes destacan el desafío de acercar a los jóvenes y poner en valor uno de los mayores reservorios culturales de Gualeguaychú.]]>
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                <published>2026-06-13T23:21:07+00:00</published>
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            La ciudad que aprendió a contarse a sí misma: el nacimiento de la prensa en Gualeguaychú
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bk05DViOwb0bzsDhepZmt5rz024=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/imprenta_primeros_diarios.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 7 de junio, Argentina celebra el Día del Periodista en conmemoración de la fundación de “La Gazeta de Buenos Ayres” en 1810, el primer periódico patrio que fue creado por Mariano Moreno en plena etapa revolucionaria. La fecha encarna la defensa de la libertad de expresión, el derecho al acceso a la información y el principio de publicidad de los actos de gobierno, pilares indispensables para el desarrollo de una ciudadanía consciente y un pleno ejercicio de la democracia.</p><p>La pluma y pensamiento de Moreno se convirtieron en las herramientas conceptuales para justificar la legitimidad del nuevo gobierno y proyectar las bases de una república moderna, inspirada en las ideas de la Ilustración y la Revolución Francesa. El joven secretario entendió con claridad que un pueblo no puede ser verdaderamente libre si permanece en la ignorancia o si desconoce las decisiones de quienes lo conducen. Por esta razón, impulsó medidas culturales de vanguardia destinadas a democratizar el conocimiento y fomentar el debate público, tales como la creación de la Biblioteca Pública (hoy Biblioteca Nacional) y la traducción y distribución de “El contrato social” de Jean-Jacques Rousseau.&nbsp;Algunas décadas después, cuando la joven nación aún se desangraba en guerras civiles, Gualeguaychú vio el nacimiento de su propia prensa escrita. Lejos de ser un hecho casual o el resultado de una afición literaria, la circulación de la palabra por nuevos medios fueuna herramienta de construcción política forjada al calor de las tensiones nacionales, así como también el primer espejo público donde la sociedad local vio reflejadas sus transformaciones, carencias y aspiraciones.</p><p>Hoy, la reconstrucción de ese rico pasado es posible gracias al esfuerzo de instituciones que han comprendido que la memoria de un pueblo a veces se resguarda en sus papeles más frágiles. Una de estas iniciativas es la del Centro Documental Gualeguaychú, un proyecto que, según explicó la museóloga Natalia Derudi a Ahora ElDía, “nace desde los Museos de la Ciudad, con el claro objetivo de preservar la documentación de valor histórico que existe en distintos archivos y hemerotecas, no solo de Gualeguaychú, sino de distintos lugares de la provincia y el resto del país, donde ya hemos tenido la posibilidad de trabajar registrando miles de páginas".</p><p>La museóloga señaló, además, que "las constantes consultas de investigadores y las características propias del material, papel generalmente ácido y fragilizado, hicieron muy necesaria su creación", e indicó: “Hace ya más de un año se trabaja colaborativamente con la Biblioteca Popular Sarmiento. La labor a cargo de Danilo Praderio y la archivista Romina Derudi ya alcanzó toda la colección del siglo XIX y continúa con los periódicos locales del siglo XX. Un total aproximado de 9.000 periódicos ya fueron digitalizados”.</p><p>Este fondo documental, que también sumó valiosas colecciones preservadas históricamente por el Museo Mitre y la Biblioteca Pública de la Universidad Nacional de La Plata, cumple con los objetivos de la Ordenanza que le dio origen: conformar un acervo digital, clasificar, catalogar, almacenar y, sobre todo, democratizar el acceso a la información histórica, permitiendo que el material original quede resguardado del deterioro de la consulta manual.A partir de este archivo digitalizado y del trabajo previo de distintos historiadores, periodistas e investigadores que han estudiado los orígenes de la prensa local, hoy podemos echar un vistazo hacia aquel pasado en que nuestra patria chica se construyó también con el filo de la pluma.</p><p>El punto de partida se ubica a finales de la década de 1840. En su artículo titulado "Isidoro de María, el ancestro del periodismo local", el periodista Marcelo Lorenzo explica que hacia la segunda mitad del siglo XIX aparece el primer periódico en letras de molde fundado en la ciudad. Hasta ese momento, el panorama de la prensa en Entre Ríos era sumamente acotado: solo se editaba una publicación en Paraná, llamado "El Federal Entre-Riano”, un semanario que contaba con la redacción de don Severo González.</p><p>Ante esta escasez de canales informativos, el General Justo José de Urquiza tomó una decisión estratégica. Tal como recuperó el presbítero e historiador Juan Carlos Borques en su obra de 1919 “Ensayos históricos sobre el periodismo de Gualeguaychú. 1849-1870”, Urquiza era consciente de la insuficiencia del único periódico de Paraná, por lo que resolvió fundar “nuevas hojas” en el territorio provincial. Así es que encargó a don Antonio Cuya y Sampere la compra de dos imprentas en Montevideo: una fue destinada a Concepción del Uruguay y la otra a Gualeguaychú.</p><p>El investigador local Hugo Daroca, en sus estudios recogidos en el documento “Sobre la historia del periodismo de Gualeguaychú”, precisa que Urquiza consideró a Isidoro De María como la persona más idónea para poner en marcha el emprendimiento local. Se trataba de un simpatizante uruguayo que ya había ejercido la profesión en Montevideo. Además, era masón, lo cual lo ligaba al proyecto del caudillo entrerriano en la denominada "causa americana", un eje ideológico que luego se vería claramente en las columnas editoriales del periódico.De María llegó a la ciudad para convertirse en el redactor y tipógrafo de la nueva publicación, que en los primeros días de marzo de 1849 vio la luz bajo el nombre de “El Progreso de Entre-Ríos”. El taller de impresión y redacción se estableció en una casa alquilada ubicada en la intersección de las actuales calles Belgrano e Ituzaingó. Daroca describe a este bisemanario como una publicación de formato pequeño, de 30 por 20 centímetros, impresa en papel de hilo, estructurada a tres columnas y con una página dedicada exclusivamente a avisos económicos y sociales. Aparecía dos veces por semana y funcionaba netamente como un órgano de difusión del gobierno de Urquiza.</p><p>La misión de fondo de Isidoro de María era clara: preparar el terreno de las ambiciones políticas de Urquiza, creando un clima de opinión pública favorable a la causa liberal y de organización nacional que terminaría desafiando al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. En sus primeras tiradas, para evitar represalias inmediatas y no enemistarse antes de tiempo con el régimen porteño, el bisemanario lucía en su cabecera el tradicional lema federal obligatorio: “¡Viva la Confederación Argentina! ¡Mueran los salvajes unitarios!”. Sin embargo, todo cambiaría tras el histórico Pronunciamiento de Urquiza del 1 de mayo de 1851. A partir de entonces, la segunda parte del lema del periódico varió drásticamente hacia “Mueran los enemigos de la Organización Nacional”.</p><p>En sus ensayos, Borques retrató una supuesta aversión del régimen rosista hacia la libre circulación de ideas políticas y filosóficas, mencionando que durante dicho gobierno cayó drásticamente la cantidad de imprentas operativas en las provincias del Interior. Para ilustrar este fenómeno, el historiador cita a Sarmiento, quien decía que "Rosas teme más a la prensa que a las conspiraciones; una conspiración puede ser ahogada en sangre; pero un libro, una revelación de la prensa, aunque haya un puñal como el que dio fin a Varela, queda ahí siempre”.</p><p>De María permaneció durante once años en la localidad antes de retornar a Montevideo. En su paso por nuestra ciudad, de María no sólo ejerció el periodismo, sino que también cumplió la función oficial de Vicecónsul del Uruguay y fue un dinamizador clave de la cultura local, impulsando la creación del Teatro 1° de Mayo.</p>Isidoro De María<p>La evolución de la prensa escrita&nbsp;Tras el cierre de "El Progreso de Entre-Ríos” en julio de 1851, la actividad periodística local no se detuvo; por el contrario, se diversificó en una multiplicidad de cabeceras que daban cuenta de la intensa disputa facciosa y la evolución social de la comunidad. Los vecinos de nacionalidad uruguaya continuaron teniendo por muchos años las riendas del periodismo local en sus manos. En cada una de las columnas impresas se evidenciaba nítidamente el perfil ideológico y militante de sus redactores, divididos entre quienes apoyaban de manera cerrada el federalismo urquicista y aquellos que ejercían una abierta oposición.</p><p>El devenir de las publicaciones de la época permite trazar la siguiente cronología de la prensa local. El Federal Entre-Riano (1851–1852) fue la continuación inmediata del esfuerzo editorial tras el Pronunciamiento, redactado nuevamente por Isidoro de María. Luego apareció el Eco del Litoral (1853–1856), que contó con la tutela periodística de De María, figurando Enrique Tovo como editor responsable. Reflejando su carácter oficialista, la publicación fue directamente subvencionada por el propio General Urquiza hasta su cierre definitivo en 1856.</p><p>Ese mismo año surgió el El Mercantil (1856–1858), periódico que quedó bajo la dirección y redacción de Dermidio De María, hijo de Isidoro, quien continuó luego con La Época (1858–1859). Para el mismo tiempo apareció La Esperanza de Entre Ríos (1858), que duró menos de un año y se caracterizó por su audacia editorial, tono crítico y oposición al urquicismo, lo que le valió la hostilidad de amplios sectores del poder. Detrás de él estaba José Lefevre, un inmigrante francés con el oficio de hojalatero que se volvió una figura intelectual y emprendedora de la ciudad.</p><p>El Duende (1859), que vio la luz poco después, marcó el hito de ser el primer periódico de carácter netamente satírico y de humor político. Lamentablemente, debido a las condiciones de conservación de la época, no se ha logrado conservar ningún ejemplar físico de este semanario. Casi en simultáneo, en la misma imprenta de Lefevre, apareció El Eco de Entre Ríos, dirigido y redactado por Honoré Roustand, un uruguayo hijo de franceses que impulsó diversas iniciativas de interés público en la ciudad.&nbsp;El Pueblo (1861–1882), fue una de las hojas de mayor longevidad en el siglo XIX local. Sus talleres e imprenta funcionaron en la zona de las actuales Bolívar y República Oriental. El Pueblo Entre-Riano (1862–1866), en tanto, fue un periódico de enorme relevancia histórica y literaria, debido a que tuvo como redactor principal al poeta y pensador Olegario Víctor Andrade, considerado por la historiografía regional como el primer gran periodista nativo. Desde sus encendidas columnas, Andrade defendió con fervor la causa del federalismo del interior. El periódico sufrió las consecuencias de la censura de la época; en su último número se lee de forma explícita que se ve obligado a cerrar sus puertas “por orden del poder”.</p><p>La Democracia (1863–1867, fue fundado y dirigido por el uruguayo Marcelino Escalada. Este periódico posee la triste consideración histórica de haber sido víctima del primer atentado grave contra la libertad de prensa registrado en la localidad. Conforme lo consigna la investigación histórica volcada en la edición especial del diario El Argentino (1783–1983), la imprenta donde funcionaba el periódico fue intencionalmente incendiada por sus adversarios políticos, constituyendo un hecho repudiable de violencia partidaria.</p><p>El Alba es otra publicación de vida más breve que se sumó al debate de ideas en el convulsionado escenario de la década de 1860. El Porvenir (1864–1867), periódico fundado y dirigido por un joven O. V. Andrade de apenas 25 años, fue un espacio donde vertió durísimas críticas contra la política centralista de Buenos Aires llevada adelante por Bartolomé Mitre. Desde sus páginas, denunció firmemente la guerra fratricida en el Paraguay. La intransigencia ideológica de la publicación motivó que fuera clausurada por disposición directa del presidente Mitre.</p><p>A partir del surgimiento de figuras como Andrade, la prensa local comenzó a experimentar un cambio de identidad sustancial, abandonando paulatinamente el predominio exclusivo de las plumas uruguayas para dar paso a periodistas con una arraigada identidad e idiosincrasia gualeguaychuense.</p>Retrato de Isidoro De María en la revista Caras y Caretas. Foto: cortesía del Museo Casa Natal de Fray Mocho<p>Cómo era la Gualeguaychú en la que surgieron los primeros diarios</p><p>Al igual que hoy en día, los periódicos de antaño funcionaban como cajas de resonancia de una realidad social en profunda mutación. El crecimiento demográfico de la planta urbana de Gualeguaychú fue sostenido entre 1850 y 1870. El censo local realizado en el año 1849 registró una población de 2.824 habitantes y 528 viviendas. Para entonces, la traza de la antigua villa tenía apenas 33 cuadras urbanizadas y dos plazas principales: la “Plaza de la Independencia” (actual Plaza San Martín) y la “Plaza de la Libertad” (actual Plaza Urquiza). En esta última se concentraban habitualmente las carretas destinadas al abasto de mercaderías del pueblo.</p><p>Pocos años después, en 1853, la población ascendía a 4.319 habitantes y 855 casas registradas, iniciándose un proceso de modernización urbana donde las tradicionales viviendas coloniales de adobe y paja comenzaban a ser demolidas para dar paso a construcciones de mampostería. Finalmente, los datos arrojados por el primer Censo Nacional de la República Argentina de 1869 expusieron el fenomenal salto demográfico de la localidad, registrando un total de 9.553 habitantes solo en la planta urbana de Gualeguaychú.</p><p>Este salto poblacional corrió en paralelo con la paulatina complejización de las instituciones educativas y culturales. Para 1848, todos los distritos de la provincia de Entre Ríos contaban formalmente con Escuelas Públicas fiscales. Bajo la gobernación de Urquiza se procedió a edificar la Escuela de Primeras Letras, que dividía los ingresos independientes para niñas y para varones. Paralelamente, surgieron las denominadas "Escuelas Particulares", emprendimientos privados coordinados por maestros y maestras que, aunque habilitados por la autoridad para ejercer la docencia, carecían de un título formal y dictaban las clases en sus propios domicilios particulares.</p><p>Sin embargo, las carencias estructurales en materia de alfabetización continuaban siendo alarmantes a nivel social. El Censo Nacional de 1869 impulsado por Sarmiento reveló que el 77% de la población argentina no sabía leer ni escribir. En Entre Ríos, el relevamiento estadístico mostró que casi el 80% de los niños y niñas en edad escolar no asistían a ningún tipo de establecimiento educativo, funcionando en la provincia apenas 31 escuelas fiscales y 50 particulares. Frente a este panorama crítico, Urquiza decretó la creación del Departamento de Educación con el objeto explícito de promover la apertura de nuevos establecimientos y, finalmente, en el año 1870 se sancionó la ley provincial que estableció formalmente la obligatoriedad de la instrucción primaria.</p><p>A la par de estos cambios, la vida comunitaria y recreativa de Gualeguaychú también cobró un impulso inusitado a través de las artes escénicas. Hacia 1848, ya había una compañía estable de actores aficionados que presentaba con regularidad comedias, dramas de autores franceses y españoles y sainetes costumbristas en una sala precaria situada sobre la "calle del teatro" (actual calle 25 de Mayo). Las funciones se realizaban por las noches y la temporada artística se extendía anualmente desde el mes de abril hasta enero. En 1849, la actividad teatral se trasladó al local comercial denominado “Café 25 de Mayo”, bautizándoselo formalmente con el nombre de Teatro “Republicano”.</p><p>El salto definitivo en materia de infraestructura cultural se produjo el 1 de julio de 1851, fecha en la que se procedió a colocar la piedra fundacional del Teatro “San José”, una obra monumental situada frente a la Plaza Mayor que posteriormente pasaría a llamarse de manera definitiva Teatro “1º de Mayo”. La construcción fue costeada gracias al apoyo de la comunidad local, cuyos vecinos adhirieron masivamente a un sistema de suscripción popular para aportar los fondos necesarios. En poco tiempo, recibió prestigiosas compañías dramáticas profesionales, elencos de zarzuela, espectáculos circenses, bailes de gala y grandes ceremonias oficiales de la sociedad civil.</p><p>No hay que olvidar tampoco la actividad portuaria local, que fue motor del desarrollo de Gualeguaychú, sobre todo a partir de 1852 con la proclamación de la libre navegación de los ríos. Hacia 1858 podían encontrarse hasta quince barcos extranjeros simultáneamente en nuestro puerto, incluso antes de que existiera el muelle de piedra, construido en 1863.</p><p>Ya desde las páginas de El Progreso de Entre-Ríos los diarios locales daban cuenta de la partida y llegada de barcos nacionales y foráneos, así como de los anuncios de compra y venta y de actividades sociales. Es decir, a pesar de que su origen fue directamente influenciado por los objetivos políticos de la época, los primeros periódicos de Gualeguaychú no solo informaban sobre las vicisitudes de la guerra civil y las proclamas gubernamentales de la Organización Nacional, también dejaban constancia del nacimiento de las escuelas, las funciones teatrales y las inquietudes de una comunidad que dejaba atrás su pasado de villa colonial para transformarse en una ciudad moderna, crítica y conectada al porvenir del país.</p>Anuncios en El Progreso de Entre-Rios (1849)<p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bk05DViOwb0bzsDhepZmt5rz024=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/imprenta_primeros_diarios.png" class="type:primaryImage" /></figure>Surgidos al calor de las disputas políticas de mediados del siglo XIX, los primeros periódicos locales fueron parte de las ambiciones de Urquiza y tuvieron sus réplicas opositoras, construyendo la opinión pública. También supieron reflejar la profunda transformación social que vivió Gualeguaychú por aquellos años.]]>
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            La gran inmigración italiana: el fenómeno que tejió nuestras raíces y cambió la historia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yo_uojPSsV-dYy-KhxNiu_VgHag=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/italianos_inmigrantes_colonia_italiana.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 3 de junio se celebra en Argentina el Día del Inmigrante Italiano, en homenaje al nacimiento del General Manuel Belgrano, prócer de la Nación y destacado hijo de un inmigrante nacido en Oneglia, Génova. La fecha reconoce el enorme impacto de las masivas oleadas de italianos que llegaron al país entre mediados del siglo XIX y primeras décadas del XX, transformando para siempre la población, cultura, gastronomía e identidad argentina.</p><p>En vísperas de esta efeméride, el texto que sigue a continuación busca adentrarse un poco más en este fenómeno demográfico sin precedentes, que es tanto parte fundamental de nuestra historia nacional como así también el origen de incontables familias argentinas: desde las causas y flujos de la migración en el país hasta las experiencias y memorias la vida de los colonos italianos en Entre Ríos.El sueño de “hacer la América”, en númerosDe acuerdo con las memorias de la Dirección General de Inmigración y los datos consolidados de los Censos Nacionales de Población de 1869, 1895 y 1914, entre los años 1857 y 1914 ingresaron al país aproximadamente 2.284.000 italianos. Esta impresionante masa humana representó el 46% del total de los extranjeros que arribaron a las costas argentinas durante ese período aluvional, superando de manera holgada a la corriente española, que se ubicó en un segundo lugar con el 32%. El flujo migratorio, lejos de ser lineal, se concentró en fases muy marcadas por los vaivenes políticos y económicos de ambos lados del Atlántico.</p><p>Durante una fase temprana, que abarca desde 1857 hasta 1879, los ingresos fueron moderados, pero constantes, promediando entre 10.000 y 15.000 personas por año. En este primer momento predominaron los migrantes del norte de Italia con un oficio definido o un pequeño capital. Sin embargo, la consolidación del Estado Nacional argentino y la sanción de la Ley Avellaneda de inmigración y colonización en 1876 prepararon el terreno para el primer gran pico aluvional, registrado en la década de 1880.</p><p>Atraídos por la vertiginosa expansión del ferrocarril y las oportunidades en las colonias agrícolas, miles de italianos desembarcaron en el puerto de Buenos Aires, alcanzando un pico intermedio en el año 1889 con el arribo de más de 88.000 personas en un solo año. Esta aceleración sufrió un freno abrupto debido a la crisis financiera local de 1890, conocida como la crisis de la firma Baring Brothers, la cual paralizó temporalmente la llegada de barcos y disparó el retorno masivo de trabajadores a Europa.</p><p>Superada la crisis del noventa, se inauguró el período de mayor volumen histórico entre 1901 y 1914. Durante este ciclo de expansión urbana e industrialización temprana, la llegada de italianos batió todos los récords de la historia demográfica local. El año de oro absoluto fue 1906, cuando se registró el ingreso de 127.348 ciudadanos italianos, seguido por otra oleada notable en 1910 con más de 102.000 arribos. Toda esta dinámica se interrumpió de manera tajante en agosto de 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial, que obligó al cierre de las rutas marítimas y convocó a miles de jóvenes inmigrantes a regresar para enrolarse en el ejército de su país natal.</p><p>A la par de estos cambios cuantitativos, los registros del Consulado de Italia y del Hotel de Inmigrantes evidencian una profunda mutación geográfica en las regiones de origen de los recién llegados. Hasta 1880, entre el 65% y el 70% de los contingentes provenían del norte industrializado, principalmente de Liguria, Piamonte, Lombardía y el Véneto. A partir de 1890, el eje migratorio sufrió un giro rotundo hacia el sur del territorio italiano. A partir de entonces, las regiones con mayor densidad expulsora pasaron a ser Calabria, Campania y Sicilia, modificando la composición lingüística y cultural de las comunidades asentadas en Argentina.</p><p>El fenómeno se explica por múltiples causas, tanto de expulsión como de atracción. En Italia, la unificación de 1861 no resolvió las asimetrías estructurales, lo que generó una asfixiante presión fiscal sobre el campesinado, la destrucción de las economías artesanales y el impacto de la "gran depresión agraria europea" (entre 1873 y 1896, aproximadamente), que desplomó el precio del trigo y sumió a millones en la miseria. Al mismo tiempo, Argentina funcionaba como un polo irresistible por su baja densidad demográfica, salarios agrícolas que superaban a los europeos, pasajes subsidiados, libertades civiles garantizadas por la Constitución de 1853 y activas redes de solidaridad familiar.</p><p>Las estadísticas de la Dirección de Inmigración matizan el mito del asentamiento puramente rural de estos extranjeros. Aunque entre un 35% y un 45% se registraba como agricultor al ingresar, entre el 60% y el 65% declaraba un oficio manual o ser jornalero urbano (albañiles, sastres, mecánicos). Debido al alto costo de la propiedad en Buenos Aires y al predominio del latifundio, muchos de los que buscaban trabajar la tierra terminaron como arrendatarios temporales o se volcaron a la construcción, el comercio y el transporte en las ciudades.</p><p>Esta realidad concentró los asentamientos en la región agroexportadora del litoral. Grandes áreas urbanas como Buenos Aires y Rosario absorbieron la mano de obra operaria, configurando enclaves como el barrio porteño de La Boca. En contraposición, las colonias agrícolas estables prosperaron en la "Pampa Gringa" de Santa Fe (Rafaela, Esperanza) y el este de Córdoba, donde los inmigrantes —en su mayoría piamonteses— lograron ser propietarios rurales. Asimismo, lideraron economías regionales clave como la vitivinicultura en Mendoza y San Juan, y la fruticultura en el Alto Valle del Río Negro.</p><p>El impacto demográfico de este proceso transformó estructuralmente a la sociedad argentina. Los censos de 1895 y 1914 revelan que casi el 30% de los habitantes del país eran nacidos en el exterior, cifra que superaba el 50% al aislar a los varones adultos de la Ciudad de Buenos Aires. Al no poder acceder masivamente a la tierra, millones de italianos engrosaron los conventillos y barrios periféricos, acelerando la transición de Argentina hacia una sociedad urbana y cosmopolita.Entre Ríos, tierra fértil donde echar raícesEn nuestra provincia, la inmigración italiana tomó una forma muy particular que la diferenció del modelo portuario de Buenos Aires. Mientras que el Censo Nacional de 1869 registraba una presencia italiana incipiente y muy localizada en los puertos fluviales, para el Censo de 1895 y el de 1914 se hizo evidente un salto de escala notable, donde los italianos pasaron a constituir la columna vertebral del desarrollo agrícola y comercial del este y centro de la provincia, transformando tierras vírgenes en un entramado productivo de colonias oficiales y privadas.</p><p>A diferencia del posterior aluvión migratorio nacional que provino predominantemente del sur de Italia, los agricultores que se asentaron en Entre Ríos entre 1870 y 1890 llegaron en su inmensa mayoría desde las regiones del norte. Las estadísticas de la administración de colonias y los registros parroquiales locales identifican un protagonismo de inmigrantes nacidos en el Véneto, Lombardía y Friuli-Venecia Julia.</p><p>A diferencia de otras regiones donde la propiedad rural tendía a concentrarse en grandes establecimientos, Entre Ríos promovió el poblamiento mediante colonias agrícolas, venta de tierras fiscales y mecanismos que facilitaban el acceso gradual a la propiedad. Para muchos campesinos del norte de Italia, acostumbrados al arrendamiento o a explotaciones insuficientes para garantizar el progreso familiar, la posibilidad de establecerse en una chacra propia representaba una oportunidad excepcional de movilidad social y estabilidad económica para las generaciones futuras</p><p>Geográficamente, los agricultores italianos tendieron a concentrarse inicialmente en determinadas colonias agrícolas que actuaron como núcleos de asentamiento y expansión demográfica. Un foco importante se desarrolló en el departamento Federación con la fundación de Colonia Libertad en 1879, donde se estableció un importante contingente de inmigrantes procedentes de la región del Friuli. Al mismo tiempo, la presencia italiana se consolidó en el departamento Colón, reforzando la experiencia iniciada décadas antes en la Colonia San José, una de las primeras colonias agrícolas organizadas del país. También adquirieron relevancia diversos asentamientos del departamento Paraná, entre ellos Colonia Avellaneda y María Luisa.</p><p>Con el crecimiento de estas colonias y el aumento de la población nacida en ellas, numerosos inmigrantes y sus descendientes se establecieron progresivamente en otras áreas de la provincia. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, la presencia de familias de origen italiano era visible en distintas zonas rurales de los departamentos Villaguay, Tala y Gualeguaychú, donde participaron activamente en la expansión de la agricultura cerealera y forrajera. Entre los cultivos más importantes se encontraban el trigo, el maíz, el lino y la alfalfa, productos que contribuyeron a diversificar la economía entrerriana y a fortalecer su integración en los mercados nacionales e internacionales.</p><p>A su vez, el crecimiento de estos núcleos rurales contribuyó al surgimiento y consolidación de pueblos y centros de servicios vinculados a las actividades agropecuarias, muchos de los cuales se desarrollaron en torno a estaciones ferroviarias, parroquias y espacios de intercambio comercial.</p><p>Colonia Morán y Colonia Italiana: de las tierras altas veronesas a la llanura del sur entrerrianoUn caso paradigmático es el de los veroneses que conformaron la Colonia Morán y luego la Colonia Italiana, en el departamento Gualeguaychú. Sus orígenes y el devenir de las familias fundadoras fue rescatado en buena medida por Dora Noemí Spiazzi, profesora de Historia oriunda de Urdinarrain y descendiente de aquellos pioneros. En su libro “La ricerca delle radici” (La búsqueda de las raíces), Spiazzi identifica su apellido junto al de los Tommasi, Fraccarolli, Ledri, Marogna, Esterzi, Londra, Ronconi, Espósito, Denardi, Cusinatto y Tomé como algunos de los protagonistas de esta aventura.</p>Ángelo Tommasi junto a su numerosa familia en Colonia Italiana (1915).<p>Según expone la autora, en la década de 1880, un miembro de la familia Morán que se encontraba de viaje por Italia tomó contacto con las familias del valle de la Valpolicella, al norte de Verona, y les ofreció trabajar los campos de su familia en Entre Ríos. La oferta no era extraña para estas comunidades, que a menudo les llegaban noticias de otros coterráneos y parientes que habían migrado a la Argentina y los alentaban a hacer lo mismo.</p><p>Fue así que unas 40 familias fueron “reclutadas” por Morán en Italia y muchas llegaron a mediados de 1883, como la de Ángel Giacopuzzi, quien dejó asentado que junto a él se establecieron en los Campos de Morán 27 familias italianas: Brescasin, Denoni, Fiorotto, Melchiori, De Zan, Giordano y Fumaneri, son algunos de los apellidos que figuran hacia 1887 entregando cereales en estos campos. Hasta 1897 siguieron llegando de a poco otros “clanes” familiares, muchos ya con hermanos o primos ya emigrados.</p><p>Provenían de pequeños núcleos como Prun, Negrar, Cerna, Spiazzi, Ronconi, Boar, Sant’Anna d’Alfaedo, Fumane, Ledri, entre otros. En las laderas de la Valpolicella, los hombres construían kilómetros de marogne, muros de piedra seca, para sostener los viñedos en terrazas. En las zonas más altas, como Prun, la agricultura se combinaba con el peligroso oficio de la extracción en las canteras de piedra caliza. El invierno sumaba actividades como la producción de carbón vegetal en los bosques de la Lessinia.</p><p>Era una economía de la resistencia, regida por el hacinamiento en casas de piedra e inviernos crudos, mitigados por el calor de los animales con quienes compartían hogar y las noches de filò. Esta última era una costumbre social fundamental: mientras las mujeres hilaban lana, desgranaban maíz o remendaban ropa, los hombres realizaban pequeñas artesanías, transmitían conocimientos sobre las cosechas y contaban historias, leyendas populares, chismes del pueblo y cuentos de fantasmas para asustar a los niños.</p><p>La Colonia Morán estaba emplazada en el departamento Gualeguaychú desde 1880, aproximadamente, dentro del triángulo formado por las Ruta Nacional N 12 y la Ruta Provincial N 16, hasta la línea que une las localidades de Cuchilla Redonda con Médanos y Alarcón. Tenía entre 70 y 80 mil hectáreas.</p><p>Más tarde, hacia 1902, surgió la Colonia Italiana, cuando los Tommasi, Fraccarolli, Ledri, Spiazzi, Marogna, Ronconi y Esterzi compraron más de 1.500 hectáreas a Gregorio E. Morán. El campo estaba situado en el distrito San Antonio, del departamento Gualeguaychú, entre los arroyos La Horqueta y San Alejo. La gran mudanza de estas familias se hizo en varios carros, tirados por bueyes y caballos. Construyeron sus viviendas de barro y paja brava o de ladrillo, en las que se instalaban grupos familiares enteros, llegando a vivir más de 40 personas bajo el mismo techo en casa de los Tommasi. Desmontaron el área y cultivaron trigo, maíz, lino y girasol.</p>Máquina trilladora en Colonia Italiana. Fuente: “La ricerca delle radici” (Spiazzi, 2011)<p>Las familias mantuvieron sus tradiciones, su fe católica y nutridos lazos de solidaridad y comunidad, que se reflejaba no solo a la hora de progresar sino también en los momentos de encuentro y festividades. Aunque mantuvieron su dialecto natal (el veronés), mostraron una voluntad de que sus hijos se asimilaran a la sociedad argentina y aprendieran el castellano, por lo que los mismos colonos construyeron una precaria escuelita rural hecha de barro y paja.</p><p>Finalmente, hacia la década de 1920, muchos fundadores se expanden hacia la zona aledaña a Faustino M. Parera. La adquisición gradual de estas y otras tierras en la región por parte de inmigrantes que llegaron completamente desposeídos da cuenta del fenómeno de progreso y movilidad social que pudieron experimentar, a base de esfuerzo y en un contexto que así lo favorecía.</p><p>De esta manera, la presencia italiana dejó una gran impronta en la identidad entrerriana. Más allá de su vasta descendencia, reflejada a simple vista en la gran cantidad de apellidos vigentes al día de hoy en la provincia, la influencia de los colonos italianos se manifestó en la transformación de la matriz productiva rural y en diversos aspectos de la idiosincrasia familiar y cultura cotidiana de nuestras comunidades.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yo_uojPSsV-dYy-KhxNiu_VgHag=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/italianos_inmigrantes_colonia_italiana.png" class="type:primaryImage" /></figure>Incontables familias argentinas pueden rastrear sus orígenes en los cientos de miles de italianos que arribaron al país entre mediados del siglo XIX y principios del XX. En el departamento Gualeguaychú, decenas de familias oriundas de las montañas y valles veroneses conformaron la Colonia Morán y la Colonia Italiana, dejando una vasta descendencia y un fuerte legado en nuestras comunidades.]]>
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                                <updated>2026-05-31T13:25:04+00:00</updated>
                <published>2026-05-30T22:30:25+00:00</published>
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            Los primeros caudillos, el brazo armado de la Patria en el litoral
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                <![CDATA[El Día Ahora]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KX2Llq-C-5xBiMQ-VNNPYi3xeY4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/caudillos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Surgidos de una sociedad rural explotada como una simple fábrica de materias primas, los primeros líderes entrerrianos lograron transformar a una masa popular postergada en un ejército comprometido con la Revolución de Mayo. A través de su destreza y mando natural, figuras como Bartolomé Zapata y un joven Francisco Ramírez fueron fundamentales para movilizar los recursos de la región y enfrentar el dominio realista en las villas del Paraná y el Uruguay en los albores de la Revolución.</p><p>En tiempos anteriores a mayo de 1810, Entre Ríos apareció como una fábrica que producía materia prima que, por la Bajada, o embarcaderos y puertos naturales sobre el Paraná y el Uruguay, salía y se colocaba en Buenos Aires, Montevideo y Santa Fe; y desde esos centros se dispersaba, en operaciones totalmente ajenas a la determinación de los productores, hacia destinos que requerían y pagaban según criterio y conveniencia.</p><p>Esta modalidad produjo un notable desfasaje en la balanza comercial, que exigió a la región abastecer la demanda, en cantidad, calidad y época requeridas. El equilibrio entre lo que salía de nuestros puertos y lo que comprábamos en manufacturas sólo se podía lograr con la provisión excesiva de productos de la tierra. Si a ello se suma lo que se desangró en un contrabando que complicaba a Portugal, Inglaterra y Holanda, entre otros países, el perjuicio aumenta gravemente.</p><p>Para lograr la explotación, se ocupó un gran número de peones que efectuaban un trabajo depredador de la riqueza ganadera, maderera y mineral de la zona, por acción que ordenaban unos pocos terratenientes, en general, no residentes en el lugar, y que desplazaban a los pobladores.</p><p>Esa forma de vivir en Entre Ríos generó una masa popular a la que se conformó con una paga exigua y la disposición de carne, leña y algunos “vicios”, indiferente e incapacitada para acceder o entender a los acontecimientos económicos y políticos de su región, más lejos aún a los del Virreinato del Río la Plata o los de Europa.</p><p>Sin embargo, algunas características de ciertos pobladores hacendados, convivientes de aquella masa, les fue configurando una imagen que los convirtió en líderes de quienes admiraban su coraje, destreza y condición natural de mando. Son esos líderes “los primeros caudillos”, a quienes se les sigue sin preguntar, sin cuestionar, confiados en sentirse interpretados y representados.</p><p>Así surgieron, en cada zona, personajes de cuya vida poco conocemos, los que, desde el momento en que alboreaba la Patria, comprometieron su poder y sus bienes, jugando roles que mucho pesaron en el destino de la marcha de la Revolución. A ellos se recurrió cada vez que fueran necesarios. De algunos de esos primeros caudillos ha trascendido el nombre y ciertas hazañas que respaldan su fama.</p><p>Los inflamó un espíritu de amor a su región, y la defensa de ella embargó sus bienes y hasta su vida que entregaron sin esperar premios, ni menciones honoríficas. Tanto la campaña de Entre Ríos como la de la Banda Oriental fueron semilleros pródigos. El más resuelto es, sin duda, Bartolomé Zapata, vecino de Gualeguay. Rivalizaron en valor, Mariano Aulestia, José Gregorio Cardoso y José Francisco Taborda, de Nogoyá; José Gregorio Samaniego, de Gualeguaychú; Pablo José Ezeyza, de Gualeguay; Bergara, Suárez, Rivarola, Román y, entre ellos, un joven del Arroyo de la China, Francisco Ramírez. En la otra Banda, el hacendado Paredes, el cura Martínez, el dominico Mestre, el alcalde Arbide. Sobresalió por su actividad, Miguel del Cerro, acaudalado ganadero quien dejó Buenos Aires para ponerse al frente de los paisanos de su provincia oriental.</p><p>Los hechos revolucionarios</p><p>Producidos los hechos que culminan en mayo de 1810, la Junta de Gobierno difundió sus propósitos, en circulares veladas al principio con la manifestación de fidelidad al Rey Fernando VII de España. La adhesión a las disposiciones del 27 de mayo a los Cabildos, originó respuestas inmediatas de total apoyo de las tres Villas del sur entrerriano.</p><p>El de la Villa de Arroyo de la China (Concepción del Uruguay) y el de Gualeguaychú se pronunciaron el 8 y el 22 de junio, respectivamente. Por referencias de notas posteriores, se sabe que Gualeguay lo hizo en una fecha cercana, aunque no se encuentra el documento de su adhesión. No extraña la actitud de los cuerpos capitulares del sur de Entre Ríos, integrados en su mayoría, por españoles realistas que también posteriormente juraron obediencia al General Juan Ángel Michelena, cuando, desde Paysandú cruzó el río para asegurar el apoyo de nuestras Villas a la causa que sostuvo el Gobernador Vigodet, desde Montevideo. La Bajada del Paraná, erigida el 13 de enero de 1810 aún sin haber designado cabildantes, envió una nota de adhesión el 3 de julio envía.</p><p>Allí la Revolución encontró un ambiente favorable a su acción: recibió al delegado de la Junta, Manuel Belgrano, en marcha al Paraguay, con el total apoyo en hombres, armas, caballos y vacunos para fortalecer sus huestes. Estancieros poderosos como Antonio Candioti, Gregoria Pérez de Denis, el alcalde Juan Garrigó, el cura Antolín Gil Obligado y una cantidad de vecinos merecieron el entusiasmo con que el Teniente Gobernador de Santa Fe redactó su oficio a la Junta en estos términos: “No puedo menos Señor Exmo. que hacer presente a V. E. el mérito de aquellos habitantes y singularmente el del señor cura Vicario de aquel destino y el del señor Alcalde, pues con el motivo de haberme dejado.... Algunos impresos relativos al acopio de caballos, los pasé a aquel destino y tuvieron tanta aceptación, que se inflamaron tanto, los ánimos de los habitantes que, a porfía ofrecían caballos de lo que éste lleva una lista”.</p><p>Definidas las actitudes de los de las Villas de las costas del Uruguay y del Paraná, en el centro de Entre Ríos, los primeros caudillos custodian la extensa y difícil región de montes, arroyos y cuchillas, a las que conocen hasta en los más recónditos lugares y en la que parecen tener misteriosos medios de comunicación como para servir a la causa de los criollos y de los españoles que acompañan el ideal de la Revolución.</p><p>Uno de ellos fue Bartolomé Zapata, quien se presentó a Martín Rodríguez en Santa Fe, en cuanto Michelena concretó la toma de las Villas costeras al Uruguay, poniéndose a sus órdenes. Recibió la misión de hostigar a los realistas, confiriéndole el grado de Capitán Comandante de la Compañía de paisanos que lograra reunir.</p><p>Existía la amenaza de que José Gervasio Artigas, al frente de fuerzas españolas, avanzara sobre la Bajada. Pero se retiró de los pagos de Nogoyá en diciembre de 1810, despejándose la tensión de los campos patriotas.</p><p>Francisco Ramírez cumplió, a través de Entre Ríos, la misión de propaganda de la revolución, aún dentro de los cuerpos invasores, y de conducir como correo, las misivas y papeles reservados. Dice Arce que fue quién más hizo para posibilitar la deserción de Artigas y de Rondeau para pasar al servicio de las huestes revolucionarias.</p><p>Bartolomé Zapata fue requerido por los caudillos de las Villas tomadas. José Gregorio Samaniego lo reclamó para reconquistar Gualeguaychú, ya liberada Gualeguay (comienzos de febrero de 1811).</p><p>En la medianoche del 21, Zapata y Samaniego ocuparon los alrededores de nuestra villa y el 22 realizaron su rescate para la causa de Mayo. Desde aquí, volvieron hacia Gualeguay para rearmarse y marchar a Concepción del Uruguay.</p><p>El 6 de marzo, Michelena, en conocimiento de estos hechos, abandonó la Villa. Junto a él marcharon, con igual destino, notables vecinos realistas. Zapata ingresó triunfante a ocuparla al día siguiente, reconociendo como Alcalde a Mariano Romero, hechos que comunicó a la Junta de Gobierno.</p><p>En ausencia del Comandante General Díaz Vélez, surgieron disidencias entre el reconquistador y el Comandante de Milicias Francisco Doblas, por el cargo interino en lugar de Díaz Vélez. El 21 de marzo de 1811, Bartolomé Zapata cayó muerto a balazos, al resistirse a su detención que, el Teniente Mariano Zejas quería cumplir en nombre de Doblas.</p><p>El oficio de la Junta fechado en 11 de marzo de 1811, respondiendo al Parte de Zapata en que comunicaba la toma de Concepción del Uruguay para los patriotas, lo condecoró “con el adjunto Despacho de Capitán, esperando continúe con el mismo celo y esmero ejecutando y promoviendo cuanto sea conducente al mismo interesante objeto que se ha propuesto”.</p><p>El pueblo de Entre Ríos continúo en su lucha por asegurar los derechos a la libertad y al funcionamiento de las instituciones republicanas y federales. Le correspondió a Bartolomé Zapata, encabezar la lista de los sacrificados por las disensiones civiles que cobrarían tantos esfuerzos y consumirían tanto tiempo en el camino de nuestra historia.</p><p>José Gregorio Samaniego y otros criollos continuaron la faena para brindar hazañas que asegurarían la merecida fama ganada en acción por nuestros primeros caudillos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KX2Llq-C-5xBiMQ-VNNPYi3xeY4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/caudillos.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Surgidos de una sociedad rural explotada como una simple fábrica de materias primas, los primeros líderes entrerrianos lograron transformar a una masa popular postergada en un ejército comprometido con la causa de Mayo. El texto que sigue, parte de Cuadernos de Gualeguaychú, es de la historiadora local Nati Sarrot, quien a través de su investigación reconstruyó el rol decisivo de figuras como Bartolomé Zapata, José Gregorio Samaniego y un joven Francisco Ramírez en los albores de la Revolución.]]>
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                                <updated>2026-05-24T01:05:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-23T21:14:00+00:00</published>
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            Científicas locales investigan los beneficios del mate: un aliado de la salud y la compañía
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tShx2svJYvPiXU-iIEdJmhgkpOc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/cientificas_mate.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tanto la yerba mate, como el desarrollo científico, tienen arraigo e historia en la Argentina. Un claro ejemplo es el Laboratorio de Neurobiologia Experimental (LNE) del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos (Ictaer), de doble dependencia Conicet-UNER, que funciona en la Facultad de Ciencias de la Alimentación (Concordia) y en la Facultad de Bromatología de Gualeguaychú, que es donde se investigan las propiedades de la yerba mate frente a enfermedades neurodegenerativas.</p><p>Hace 10 años, en la ciudad se comenzó a estudiar esta relación sobre un modelo animal para verificar si la yerba mate tenía efectos neuroprotectores frente a la enfermedad de Parkinson.</p><p>La licenciada en nutrición, docente, investigadora, tesista doctoral en Ictaer y miembro del LNE, Florencia Echeverría contó qué descubrieron hasta el momento: “La investigación surgió a raíz de un estudio de caso-control en humanos, donde se encontró una relación inversa entre el consumo de mate y la enfermedad de Parkinson. Esta investigación disparó la incógnita de si la yerba mate tiene un efecto protector de las neuronas. Es así que desarrollamos un modelo animal de la enfermedad y comenzamos a tratarlos con yerba mate durante un periodo crónico, y se demostró que había una menor afectación a nivel neuronal en ellos, con respecto a los que tomaban solamente agua. Aplicando este modelo experimental logramos demostrar que la yerba mate tiene cualidades de neuroprotección. Esto también fue corroborado por otro grupo de investigación argentino en cultivos celulares, a los que se le administró yerba mate y se encontró que las células sobrevivían más tiempo. Por lo tanto, existen varios estudios que han demostrado que tiene un efecto neuroprotector”.</p><p>La yerba con la que trabajan las científicas es la que se consigue normalmente en el supermercado. La colocan en un “mate”, realizan la cebada con agua caliente y luego hacen la extracción mediante un sistema de vacío, simulando la forma que tenemos de tomar mate. Luego, el mate extraído se suministra a los ratones que son parte del modelo animal utilizado para la investigación.</p><p>Echeverría aclaró que no es lo mismo tomar mate cocido, debido a “principalmente la cantidad de yerba que tiene un saquito, en contraposición al mate, además de que se le agrega una menor cantidad de agua. En el caso del mate, al haber más cantidad de yerba y la toma ser más prolongada, hay más compuestos bioactivos disponibles”. Estos efectos se han logrado comprobar en el consumo de más de un litro de mate por día.</p><p>La línea de investigación se focaliza en los efectos antioxidantes y antinflamatorios del mate. “La yerba tiene muchos beneficios y nosotros nos dedicamos a descubrirlos”, resaltó.</p><p>De acuerdo a la científica, la yerba cuenta con más de 200 compuestos que tienen un efecto para la salud. El gran plus es que se trata de algo natural con muchos beneficios. Esto es especialmente relevante desde el punto de vista de los fármacos, ya que demuestra que un alimento natural puede prevenir o mejorar la salud en general sin recurrir a remedios.</p><p>Dentro de la investigación del Parkinson, el equipo del LNE está evaluando el efecto de la yerba mate para prevenir los movimientos incapacitantes que desarrollan como efectos secundarios las personas con esta enfermedad que son tratadas con levodopa.</p><p>“Tenemos células que nos defienden, y estas células producen inflamación, esto es natural y normal a cierto nivel, en personas con enfermedad de Parkinson esta respuesta está exacerbada. La muerte neuronal se puede dar por esta respuesta. Y como la yerba mate tiene probados efectos antinflamatorios, podría con este efecto preventivo disminuir los efectos de inflamación”, explicó.</p><p>Además, el mate tiene efectos antioxidantes. “Normalmente en nuestro cuerpo se forman compuestos radicales que tienen efectos negativos en la salud y al mismo tiempo, tenemos antioxidantes para reducir o controlar esto, pero cuando nuestro cuerpo falla, estos compuestos se generan en mucha cantidad. Nosotros siempre hablamos de los compuestos antioxidantes de las verduras, pero el mate también los tiene. Entonces, previene la oxidación, ayuda a reducir estos compuestos nocivos y ayudamos al cuerpo”, expresó y agregó: “El Parkinson es multifactorial, por eso hablamos de atacar desde distintos frentes. Inflamación y oxidación van de la mano, entonces el mate ayudaría a neutralizar estos efectos”.</p><p>Además, el Laboratorio de Neurobiología Experimental trabaja con otras líneas de investigación abocadas al estudio de fármacos antipsicóticos, como el que se usa en el tratamiento de la esquizofrenia.</p><p>Uno de ellos es el haloperidol que, como efecto secundario, genera movimientos involuntarios: “Tenemos una línea de Cannabis que investiga estos efectos, con el objetivo de poder prevenirlos y evitarlos”.</p><p>&nbsp;</p><p>Ciencia y comunidad</p><p>En paralelo a todas las investigaciones, en el marco de un proyecto de investigación, desde LNE realizaron una encuesta para conocer los hábitos de consumo en la población entrerriana, y si bien la totalidad del relevamiento se va a dar a conocer el 20 de mayo en la jornada "El mate nos une" en la Facultad de Bromatología, adelantaron algunos datos: “Logramos llegar a toda la provincia, al menos una persona de cada localidad nos respondió. Entre Ríos es una de las provincias que más yerba mate consume, según datos de Instituto Nacional de la Yerba Mate. Y es interesante que estos datos se corresponden con nuestra encuesta, se toma mucho mate en la provincia. También estuvimos estudiando qué representa el mate para las personas, y muchos respondieron que es tradición, compañía y que genera placer su consumo. Además, pudimos verificar que la yerba con palo es la más elegida”, contó Echeverría.</p><p>Sobre la jornada, la profesional manifestó que la idea es “mostrar a la comunidad y difundir lo que sabemos. Va a haber un segmento de intercambio y degustaciones. Eso es lo que estamos trabajando. Es importante que la gente sepa que hay científicos en la ciudad, y que pueden acceder a nosotros e intercambiar dudas. La información empodera y que la comunidad esté informada sobre qué consume es fundamental”.</p><p>Echeverría resaltó el rol de la ciencia en su intersección con la comunidad: “Es fundamental dar a conocer que en nuestra ciudad se hace ciencia, y que hay un montón de departamentos que desarrollan otras investigaciones. Tener un instituto de investigación en Gualeguaychú nos costó mucho. Conocer lo que ocurre ahí abre la mente para poder juzgar si es importante mantener la ciencia que se aboca a nuevos descubrimientos para mejorar la salud”.</p><p>El mate bajo la lupa de la ciencia y la historia</p><p>El próximo miércoles 20 de mayo se realizará la jornada abierta y gratuita “El mate nos une: ciencia, historia y salud en la Semana de Mayo”. La cita es de 16 a 19 horas en 25 de Mayo 709.</p><p>La propuesta se enmarca en el Proyecto de Investigación y Desarrollo “Representaciones sociales sobre el consumo de yerba mate y sus beneficios para la salud en la población de Entre Ríos, Argentina”, y tiene como finalidad compartir con la comunidad los principales resultados de la investigación, promoviendo el acceso a información científica en un lenguaje claro, cercano y accesible.</p><p>La jornada cuenta con el acompañamiento del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y se desarrollará bajo la modalidad de feria abierta, con stands temáticos, experiencias participativas y actividades interactivas vinculadas a la historia de la yerba mate, su producción, sus beneficios para la salud y las formas de consumo presentes en la población entrerriana. También habrá propuestas lúdicas, espacios de intercambio con el público y dinámicas colectivas.</p><p>Entre las propuestas se destacan “La yerba mate a través del tiempo”, un recorrido visual sobre la historia y el valor cultural de esta infusión; “Del cultivo al mate”, espacio dedicado al proceso productivo de la yerba mate; “Yerba mate y salud: lo que dice la ciencia”, con información basada en evidencia científica sobre sus propiedades y beneficios; “¿Cómo toman mate los entrerrianos?”, donde se compartirán resultados e infografías del proyecto de investigación; y “El mate nos une”, un espacio participativo con juegos, mural colectivo y actividades recreativas.</p><p>La actividad es organizada por la Secretaría de Extensión y Desarrollo Territorial y la Secretaría de Investigación de la unidad académica, junto a docentes investigadoras e integrantes del Laboratorio de Neurobiología Experimental (LNE), perteneciente al Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos – Ictaer (Conicet-UNER); sede Facultad de Bromatología.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/tShx2svJYvPiXU-iIEdJmhgkpOc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/cientificas_mate.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Laboratorio de Neurobiología Experimental (LNE) del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos estudia los efectos de la yerba mate en enfermedades neurodegenerativas y su impacto directo en el bienestar de la comunidad. A través de ensayos que simulan el consumo tradicional, el equipo de científicas descubrió cualidades de neuroprotección frente al Parkinson que ayudan a combatir la oxidación celular.]]>
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                                <updated>2026-05-17T00:25:08+00:00</updated>
                <published>2026-05-17T00:09:55+00:00</published>
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            Noticias desde el frente: cuando Gualeguaychú seguía la Segunda Guerra Mundial a través de los diarios
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m-g5f1cXeSMiNW7vwMsrZsz-rFI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/segunda_guerra_mundial.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El pasado 8 de mayo se cumplieron 81 años de la caída de la Alemania nazi, hito que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, que terminaría por completo meses después con la rendición forzada de Japón. La fecha, conocida como el Día de la Victoria en Europa, coincide con la capitulación oficial del ejército alemán ante las fuerzas soviéticas y los Aliados. Tras el anuncio, decenas de miles de personas salieron a las calles en Londres, París y otras ciudades aliadas para celebrar el fin de las hostilidades.Desde entonces, lo que es considerado como el mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad se instaló como una temática recurrente en las producciones culturales y en la memoria colectiva de Occidente. Al día de hoy, sus acontecimientos y la imagen del nazismo como la de aquel gran enemigo al que hubo que enfrentar sigue despertando el interés de las personas, al tiempo que los horrores del Holocausto no dejan de suscitar la pregunta de cómo fue posible tanto odio.</p><p>Aunque nuestro país se mantuvo neutral hasta que la guerra estuvo virtualmente terminada, los acontecimientos que tenían lugar en el Viejo Continente ocupaban un lugar central en las noticias e intereses de los argentinos. Por el vínculo comercial, geopolítico e incluso inmigratorio que tenía Argentina con Europa, Gualeguaychú y sus habitantes no eran ajenos al contexto de la Segunda Guerra Mundial. A este lado del Atlántico, muchos seguían atentos el desarrollo del conflicto bélico y no faltaban quienes tomaban posición en favor de los Aliados (la coalición liderada por el Reino Unido, Estados Unidos y, desde 1941, la Unión Soviética) o del Eje (Alemania, Italia y Japón).</p><p>El trasfondo era ideológico: los discursos del fascismo italiano y español y del nazismo alemán, que prometían el retorno a un pasado glorioso y encontraban en un chivo expiatorio la culpa de todos sus males, calaban hondo en los inmigrantes europeos llegados a la Argentina y en sus hijos. De la misma manera, también lo hacían las expresiones contrarias, representadas tanto por la resistencia anarquista y socialista como por las democracias liberales. Esta última, la visión del bloque occidental, enemigo del nazismo, era al igual que hoy, el discurso dominante en estas latitudes.</p><p>Es interesante ver cómo los diarios locales, en pleno transcurso de la guerra, informaban con lujo de detalles y daban un lugar preponderante a las noticias sobre cada batalla y movimiento. Los gualeguaychuenses de aquel entonces eran conscientes de que a miles de kilómetros se estaba definiendo el curso de la historia.</p><p>Gracias al trabajo del Centro Documental Gualeguaychú, una iniciativa gestionada desde los museos locales y la Subsecretaría de Cultura, que reúne, preserva y digitaliza el patrimonio histórico de la ciudad. Ahora ElDía pudo acceder a los ejemplares de 1942 de El Diario, un periódico local que hoy nos sirve para reconstruir el lugar central que ocupó el conflicto bélico mundial en la agenda local.</p><p>Cabe destacar que 1942 marcó un punto de inflexión decisivo en la Segunda Guerra Mundial, ya que durante esos meses se definieron cambios estratégicos que terminarían inclinando el conflicto a favor de los Aliados. Hasta entonces, las potencias del Eje parecían avanzar de manera imparable en Europa, África y Asia. Sin embargo, en 1942 esa expansión encontró un límite y, en varios frentes, empezó a retroceder.</p><p>En junio de ese año, Estados Unidos destruyó gran parte de la flota japonesa en la Batalla de Midway y cambió el equilibrio de fuerzas en el océano Pacífico. Poco después, en agosto, comenzó la Batalla de Stalingrado, considerada una de las más sangrientas de la historia: cinco meses de combate entre los nazis y el Ejército Rojo que dejó más de 2 millones de bajas entre ambos bandos. En octubre se dio la Segunda Batalla de El Alamein, donde los británicos frenaron el avance alemán de Rommel en el norte de África.</p><p>Pero, además, 1942 estuvo marcado por la profundización del terror nazi. Durante ese año se consolidó la llamada “Solución Final”, el plan sistemático de exterminio de la población judía europea impulsado por los nazis. La Conferencia de Wannsee, realizada en enero, había organizado administrativamente el genocidio que luego sería conocido como el Holocausto.</p><p>El Diario informaba a los gualeguaychuenses de cada acontecimiento de la guerra con lujo de detalles y permanente actualización. En cada número, titulaba en primera plana las noticias más impactantes, incluía telegramas internacionales de ciudades como Moscú, Estocolmo, Roma, Berlín y Londres e ilustraba sus páginas con fotos de los ejércitos o incluso historietas que recreaban escenas de combate.</p><p>Aún tratándose de una época previa a la globalización, la información del conflicto llegaba a la ciudad en menos de 24 horas, dando cuenta del verdadero carácter mundial de lo que se estaba viviendo en Europa y el Pacífico. Por ejemplo, los titulares del 27 de abril y 12 de mayo decían -respectivamente- “Hitler confesó el fracaso del ataque en los frentes de Rusia en su discurso de ayer” y “Lanzó esta madrugada Alemania su primer gran ofensiva en Rusia”.</p><p>Otros títulos llamativos que pueden encontrarse hojeando los ejemplares del medio local son: “Cien mil japoneses avanzan sobre las últimas posiciones aliadas en Birmania”; “Los Aliados ultiman los detalles de una poderosa ofensiva en el Mediterráneo”; “Tokio bombardeado: 4.000 muertos”; “Se está librando en Rusia la más sangrienta de las batallas”, “Fracasaron totalmente los ataques nazis en Leningrado”, por mencionar algunos. Los telegramas internacionales también tenían alto impacto en su contenido, como el que aseguraba que “el frente de Kersch se convirtió en pocas horas en un infierno, dicen los corresponsales de guerra”.&nbsp;</p><p>Las fotos que llegaban desde lejos mostraban imágenes de la aviación militar inglesa, el invierno en el frente ruso o los soldados filipinos listos para resistir a los japoneses. Iban acompañadas de epígrafes con descripciones precisas y narrativas épicas y arengadoras. Por ejemplo, uno que se titula “Medicina para el Tercer Reich" y expresa: “El único tónico que conviene a los nazis es el hierro, y se lo suministran en dosis generosas los cazas y bombarderos de las Reales Fuerzas Aéreas británicas”.&nbsp;</p><p>En esa línea, algunas novedades se contaban a su vez en forma de ilustraciones cómicas, con caricaturas de Hitler perdiendo contra Stalin en el frente ruso.</p><p>Tomando información de la Agencia Noticiosa Saporiti, la primera fundada en Argentina, también llegaban historias curiosas protagonizadas en el frente de batalla que buscaban atrapar el interés del lector acercando las increíbles y trágicas experiencias de la guerra. Una de ellas es la de Leonard Dumbridge, un civil inglés de 18 años que a bordo de un buque mercante derribó tres bombarderos alemanes.</p><p>También se incluían pequeñas tiras de historietas a cuatro cuadros que contaban “Una historia en los países ocupados”. Ficciones que bien podrían haber sucedido en aquellos escenarios de ocupación y resistencia, donde los héroes y protagonistas son por lo general civiles que deben hacer frente a la crudeza de la guerra.&nbsp;</p><p>Por otra parte, más allá de lo estrictamente noticioso, es lógico pensar que, al igual que en otras partes del mundo, pero sobre todo en un país que siempre miró hacia Europa, el conflicto bélico despertaba un claro interés en la población y era común que se hiciera alusión a ella en producciones culturales y conversaciones cotidianas. Así lo reflejan las películas y el “noticiorio de la guerra” que se pasaba en el Teatro Gualeguaychú (que por entonces también era sala de cine) e incluso en las publicidades.Por mencionar solamente un ejemplo, un diario de julio anunciaba la proyección de “El león tiene alas”, “extraordinario film documental con notas gráficas del poderío aéreo de las potencias en lucha, como base del continuado mixto de mañana”; mientras que otro de agosto incluye una publicidad a gran tamaño de Tiendas París-Londres que aseguraba que “se acabó la guerra… la guerra a la suba de precios”. En otra publicación, la histórica tienda de Gualeguaychú reconocía que “a pesar de los inconvenientes de la guerra” lograban ofrecer a la clientela las mejores marcas.</p><p>Otra clara confirmación de esto es el hecho de que dos secciones de El Diario, llamadas “Comentando…” y “Comentarios de actualidad” a menudo se veían copadas por escritos, análisis y opiniones que vaticinaban el fin del conflicto o describían el terror que el ejército alemán imponía sobre Europa. En ese sentido, también había columnas editoriales, como la del 11 de mayo titulada “Buscando el talón de Aquiles de los nazis”, en la que ya se vislumbraba el golpe final que asestarían dos años más tarde los Aliados en el corazón del Reich.En cuanto a las acciones y el involucramiento de la ciudadanía respecto a lo que pasaba en Europa, El Diario da cuenta de la existencia de vecinos de Gualeguaychú que integraban la “Comisión de apoyo a los pueblos agredidos por el nazifascismo”. Esta fue creada en nuestro país en conjunto con la "Comisión Especial Investigadora de Actividades Antiargentinas" (1941-1943). La comisión de apoyo fue un espacio de solidaridad y resistencia estrechamente vinculado a las labores de denuncia contra la penetración nazi en la región y ayuda a las víctimas del fascismo europeo. Ambas organizaciones investigaban la propaganda del Tercer Reich en el país, incluyendo las actividades de las "escuelas nazis" en la provincia de Entre Ríos.</p><p>En uno de los ejemplares de este periódico, La Comisión de Apoyo hacía un llamado a la solidaridad con la “Jornada de ayuda y sacrificio para la campaña de botas” manifestando que “nadie puede permanecer indiferente ante las horribles atrocidades cometidas por las hordas nazistas”. Para eso informaba que había puesto en circulación “estampillas de $0.50 y $1 como también bonos fraccionados por un par de bolsos de valor $12 m/n”, las cuales eran impresas para la U.R.S.S., Inglaterra, EE.UU. y China, “de modo que el ayudista elija el país a que ha de destinarse la donación, las que son enviadas por intermedio de la Cruz Roja de cada país”.</p><p>Por último, y en cuanto a la incidencia de la guerra en la economía global, cabe decir que sus avatares y oportunidades también llegaron a Gualeguaychú. Por ejemplo, en un diario de junio se publicó un proyecto impulsado por el Gobierno de Entre Ríos para organizar la compra, procesamiento y exportación de huevos en polvo a Europa (muy consumido en aquel entonces por ejércitos y civiles) a través del Frigorífico Gualeguaychú. La nota explica que la Provincia quería instalar una fábrica secadora para aprovechar la demanda internacional generada por la guerra y abrir mercados exteriores para los productos entrerrianos. El texto incluso habla de la posibilidad de competir en la “posguerra” con productos de calidad.</p><p>De esta manera, con sólo mirar uno de los medios gráficos locales de la época se puede intuir que el devenir de la Segunda Guerra Mundial estaba más que presente en la cotidianidad de los gualeguaychuenses. Un análisis más extensivo de otros diarios contemporáneos que puedan digitalizarse y recuperarse va a poder sin dudas arrojar nuevas curiosidades y lecturas de cómo nuestra ciudad fue, a la distancia, testigo del mayor conflicto bélico de la historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m-g5f1cXeSMiNW7vwMsrZsz-rFI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/segunda_guerra_mundial.png" class="type:primaryImage" /></figure>A pesar de la distancia y la neutralidad de Argentina, nuestra ciudad estaba al tanto de cada acontecimiento del conflicto con lujo de detalles y permanente actualización. El curso de la guerra ocupaba los titulares de la primera plana y disparaba análisis y opiniones, mientras que los telegramas internacionales y las fotos de los ejércitos llegaban a los ojos de los gualeguaychuenses.]]>
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                                <updated>2026-05-09T20:21:26+00:00</updated>
                <published>2026-05-09T20:12:33+00:00</published>
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            IA en el trabajo: entre la adaptación constante y el miedo a sentirse obsoleto
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WSYrELgqeCDy84f6mh_ST6rNOok=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/ia_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El miedo a que las máquinas nos reemplacen no es algo nuevo. A lo largo de la historia, cada gran salto tecnológico trajo consigo el temor a que nuestros conocimientos y habilidades técnicas ya no sirvan, poniendo en jaque el sentido mismo de nuestros trabajos o bien volviéndolos algo “poco eficiente” y “costoso” para el capital.</p><p>El antecedente más recordado quizá sea el Movimiento Ludita de principios del siglo XIX. Entre 1811 y 1816, en pleno inicio de la Revolución Industrial, artesanos textiles de Inglaterra vieron sus oficios amenazados por la aparición de los telares mecánicos, que producían mucho más rápido y barato. Fue así que entraban a las fábricas por la noche para destruir las máquinas a martillazos; una protesta no contra la tecnología en sí sino contra el uso que se le daba para degradar sus condiciones laborales y reducir los salarios.</p><p>Más cerca en el tiempo, en las décadas de 1950 y 1960 apareció la maquinaria automatizada compleja, que generó preocupación por la eliminación de trabajos manuales. Se popularizó la idea de que los robots industriales provocarían un desempleo masivo. De manera similar pasó en los años 70 y 80 con la llegada de los ordenadores personales a las oficinas: se pensaba que las computadoras realizarían tareas administrativas, contables y de gestión, eliminando masivamente los empleos de “cuello blanco”.</p><p>También pasó en los 90’ y en la primera década del 2000 con la “Era Digital” y su protagonista, el Internet, que efectivamente puso en riesgo y reconfiguró profesiones basadas en la intermediación de información, como agentes de viajes, administrativos y teleoperadores. Un ejemplo claro es que ya no hace falta la presencia física en la gestión de servicios bancarios y comerciales.</p><p>En los últimos años, fue la Revolución de la Inteligencia Artificial la que trajo consigo un nuevo momento de ansiedad e incertidumbre en el plano social y laboral. Esta vez le pusimos nombre: el “miedo a volverse obsoleto” o FOBO, por sus siglas en inglés (Fear of Becoming Obsolete).</p><p>Durante años, el temor a la automatización estuvo asociado a tareas repetitivas o fácilmente reemplazables. Lo que cambia ahora es la velocidad y el alcance de esta tecnología, que impacta tanto en tareas físicas como cognitivas. Si en el siglo XIX y XX se erosionaban oficios manuales cualificados y tareas administrativas, hoy se cuestiona el valor del trabajo intelectual y creativo: la imaginación y capacidad humana para idear, escribir, traducir, diseñar y hacer algo nuevo a partir de lo que otros hicieron antes.&nbsp;</p><p>Todo aparece fácilmente delegable a la IA generativa, capaz de crear en pocos segundos contenidos originales —texto, imágenes, música, audio, vídeo y código— a partir de patrones aprendidos de grandes conjuntos de datos. Asimismo, en muchos casos, estos datos han sido recopilados sin consentimiento explícito, lo que plantea otro problema de base: la apropiación del trabajo colectivo como materia prima para modelos controlados por grandes corporaciones.&nbsp;</p><p>Es decir, hoy no sólo se reemplaza el brazo del obrero en la fábrica o la asistencia de un empleado en una oficina, también se sustituye fácilmente la imperfecta y singular huella humana de distintas tareas intelectuales, artísticas y comunicacionales. Pero, además, esta vez somos los mismos trabajadores quienes caemos en la irresistible comodidad y conveniencia de utilizarla. En la era de la inmediatez, el burnout y la precarización laboral ¿Quién no quisiera ahorrar tiempo y energía?</p><p>Por supuesto, nada es blanco y negro. La IA puede integrarse como una gran aliada en la investigación, la organización, la síntesis de información y la resolución práctica de varios problemas, sin delegar el pensamiento crítico, el criterio profesional, la intención creativa y la toma de decisiones por parte de las personas. En esa línea, suele decirse que la solución para los trabajadores es aprender a manejar mejor estas herramientas y así reconfigurar su rol laboral.</p><p>Sin embargo, el temor a que la IA supere nuestra capacidad de adaptación y formación permanente persiste, sobre todo cuando los avances se producen a pasos agigantados y parecieran no tener límites. De esta manera, publicistas, periodistas, escritores, diseñadores y artistas -por nombrar sólo algunos oficios y profesiones- pueden ver cómo una buena parte de sus habilidades y capacidades para generar valor corren riesgo de ser reducidas a saber cómo ejecutar bien un prompt (dar una serie de instrucciones a la IA).&nbsp;</p><p>En ese caso, una de las consecuencias de delegar prácticamente todo a la Inteligencia Artificial se traduce en la sensación de que nuestro intelecto, experiencia o conocimiento acumulado ya no parezca tan útil como antes. También está la pérdida de esa satisfacción o recompensa simbólica que toda persona experimenta al ver reflejado en el trabajo finalizado el fruto de su esfuerzo y capacidad. Algo parecido a lo que Karl Marx llamó la alienación (o enajenación) en el sistema capitalista: el proceso mediante el cual el trabajador se siente ajeno, extraño y despojado de los productos de su trabajo, de su actividad productiva, de su propia esencia humana y de sus semejantes.</p><p>Pero más allá de esta lectura existe una consecuencia probada de dejar en manos de la Inteligencia Artificial las decisiones del día a día, de dejar de buscar soluciones, e incluso de delegar el pensamiento: el sedentarismo cognitivo.</p><p>“Cuando uno cede todo el tiempo una cierta capacidad a un dispositivo tecnológico, de a poco esa capacidad se va oxidando y se pierde. Eso no necesariamente es malo, porque capacidades perdidas también pueden dar lugar a nuevas capacidades. La pregunta es, ¿hasta qué punto? ¿Cuáles son esas capacidades que queremos conservar? La clave es ser crítico y consciente de eso”, señala Diego Fernández Slezak, referente del mundo IA en Argentina, profesor e investigador, en un artículo publicado por la Universidad de Buenos Aires.&nbsp;</p><p>Y concluye: “La clave está en interiorizar esta idea de sedentarismo cognitivo. Que cuando uno elija hacerlo, lo haga de forma consciente. Un ejemplo de una tecnología disponible para todos es la del GPS. Su uso constante nos lleva a dejar de formar mapas mentales, dejar de planificar y establecer rutas. Es una capacidad que se puede perder, o dejar de aprender en las nuevas generaciones. Pero uno puede elegir cuándo la usa, y cuándo no, para no caer en el sedentarismo cognitivo”.</p><p>Así, mientras millones de trabajadores especializados tratan de adaptarse a la IA de la manera más equilibrada posible, persisten muchas dudas y pocas certezas: ¿Hasta cuándo y hacia dónde evolucionará esta tecnología? ¿Hasta qué punto los trabajadores podremos delegar nuestra mente a una máquina? ¿Quiénes se benefician de que cada vez sea más difícil distinguir lo real de lo ficticio? ¿Cuántos trabajos se perderán en comparación a los que se generen? En el mejor de los casos, sólo el tiempo lo dirá; y cuando lo haga, quizá ya exista un nuevo avance que sacuda otra vez nuestra forma de pensar el trabajo y corra aún más lejos el límite de lo posible.Útil pero amenazante: la paradoja de la IA en Argentina</p><p>El avance de la tecnología en el ámbito laboral del país muestra una tendencia de crecimiento sostenido que convive con una inquietud cada vez más marcada entre los trabajadores respecto a la estabilidad de sus puestos frente a la automatización. Según el estudio anual sobre inteligencia artificial de Bumeran, el 57% de los empleados en Argentina usan IA para realizar su trabajo, lo que representa un incremento de dos puntos porcentuales en comparación con los registros de 2025.</p><p>Esta adopción progresiva no es un fenómeno aislado, sino que se integra en un contexto donde la gran mayoría de los profesionales reconoce la utilidad práctica de estas innovaciones. Actualmente, un 99% de los encuestados califica a la inteligencia artificial como una herramienta útil o muy útil para el desempeño de sus funciones. Sin embargo, la mayor familiaridad con la tecnología ha traído consigo una percepción más aguda sobre los riesgos potenciales que implica para el empleo humano.</p><p>A pesar de esta valoración técnica positiva, el temor al desplazamiento laboral ha ganado terreno en la conciencia de los trabajadores argentinos. Las cifras indican que el 41% de los empleados cree que la inteligencia artificial llegará a reemplazar la labor humana en el futuro cercano. Este sentimiento de desprotección o incertidumbre muestra una evolución ascendente, ya que en el relevamiento del año anterior la proporción de quienes sostenían esta creencia era del 36%.</p><p>Los puestos que se perciben como más vulnerables ante este cambio de paradigma son aquellos relacionados con el marketing y la publicidad, donde un 19% de los casos ya reporta afectaciones por la IA. Los perfiles administrativos siguen de cerca con un 18%, mientras que tareas vinculadas a la redacción, la atención al cliente y el reclutamiento de personal registra un impacto del 9%.</p><p>Ante este escenario, la respuesta de los trabajadores parece orientarse hacia la adaptación y la formación continua. El 92% de los empleados argentinos manifestó su intención de capacitarse para mantenerse actualizado en su área de especialización, mientras que un 95% busca adquirir nuevas habilidades que le permitan complementar el uso de la tecnología en lugar de ser sustituido por ella.</p><p>El trabajo invisible: explotación y “mano de obra fantasma” detrás de la IA</p><p>Detrás del brillo de la inteligencia artificial —presentada muchas veces como una tecnología autónoma, casi mágica— existe una infraestructura laboral global profundamente desigual. Una de las voces más relevantes para comprender este fenómeno es la de Milagros Miceli, socióloga y doctora en Ingeniería Informática, reconocida internacionalmente por sus investigaciones sobre el trabajo humano que sostiene el desarrollo de la IA. Incluida en la lista de las 100 personas más influyentes en inteligencia artificial de la revista TIME, su mirada introduce una crítica incómoda en medio del entusiasmo tecnológico: la IA no funciona sola, sino que depende de millones de trabajadores precarizados.</p><p>Miceli ha centrado su trabajo en lo que denomina “trabajadores de datos”: personas que etiquetan imágenes, corrigen textos, moderan contenido o validan respuestas de algoritmos. Estas tareas son fundamentales para entrenar sistemas de aprendizaje automático, pero suelen realizarse en condiciones invisibilizadas, mal remuneradas y sin protección laboral. A través de investigaciones en países como Kenia, Venezuela o Madagascar, la autora documentó cómo este trabajo es tercerizado globalmente hacia regiones con menores costos laborales, replicando lógicas históricas de explotación propias del capitalismo global.</p><p>Uno de los puntos centrales de su crítica es la construcción de un relato engañoso: la idea de que la inteligencia artificial es completamente automatizada. Según Miceli, esta narrativa oculta deliberadamente la intervención humana para sostener el mito de una tecnología autónoma y eficiente. En realidad, incluso los sistemas más avanzados requieren intervención constante: desde la curación de datos hasta la supervisión de resultados. En sus palabras, la promesa de automatización total es falsa, ya que la IA “necesita el trabajo manual y precarizado de millones de personas”.</p><p>Las condiciones laborales de estos trabajadores revelan una forma contemporánea de explotación. Muchos operan como freelancers o bajo esquemas de microtareas, cobrando centavos por cada actividad completada, sin estabilidad ni derechos laborales básicos. Además, el trabajo suele implicar exposición a contenidos sensibles —violencia, abuso, discursos de odio— especialmente en tareas de moderación, lo que genera impactos psicológicos significativos. Este modelo ha sido caracterizado como una “uberización” del trabajo digital: flexible para las empresas, pero profundamente inestable para quienes lo realizan.</p><p>Miceli también introduce una dimensión clave en el debate: el vínculo entre producción de datos y relaciones de poder. En sus investigaciones académicas, sostiene que los procesos de generación de datos no son neutrales, sino que están atravesados por intereses corporativos y estructuras de dominación. Las instrucciones que reciben los trabajadores, los criterios de evaluación y las métricas de rendimiento reproducen visiones del mundo impuestas por las empresas tecnológicas, lo que termina influyendo en los propios sistemas de IA. Es decir, la explotación laboral no solo afecta a las personas, sino que también moldea los resultados tecnológicos.</p><p>Desde esta perspectiva, el auge de la inteligencia artificial no puede entenderse al margen del capitalismo contemporáneo. Miceli describe un modelo extractivo en el que las grandes compañías tecnológicas concentran beneficios mientras externalizan costos laborales y sociales hacia el Sur Global. La escala masiva de la IA —que requiere enormes volúmenes de datos— solo es posible gracias a esta disponibilidad constante de mano de obra barata y reemplazable.</p><p>Su crítica, sin embargo, no se limita a la denuncia. También plantea la necesidad de repensar el desarrollo tecnológico desde una perspectiva ética y política: ¿quién produce la tecnología?, ¿en qué condiciones?, ¿y para beneficio de quién? Frente al discurso dominante que celebra la innovación sin cuestionamientos, Miceli propone visibilizar a estos trabajadores invisibles y construir modelos más justos, donde el conocimiento y el valor generado por la IA no se sostengan sobre la precarización.</p><p>En definitiva, su trabajo desmonta una de las grandes ficciones del presente: que la inteligencia artificial es puramente artificial. Por el contrario, revela que en su núcleo hay trabajo humano —muchas veces explotado— que permanece oculto para sostener una de las industrias más poderosas del siglo XXI.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/WSYrELgqeCDy84f6mh_ST6rNOok=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/05/ia_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>La irrupción de la IA y su capacidad para resolver tareas complejas en pocos segundos supuso un salto cualitativo para el mundo del trabajo. Su crecimiento vertiginoso y exponencial pareciera no tener límites, y lo que algunos ven con fascinación tecno-utópica otros sienten como un sacrificio a los aspectos más humanos de toda labor: el pensamiento elaborado y el impulso creativo.]]>
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                                <updated>2026-05-02T21:14:51+00:00</updated>
                <published>2026-05-02T21:10:05+00:00</published>
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            El legado de Francisco y el protagonismo de las nuevas generaciones en la Iglesia de Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JjoKpGppAvlmARhBQoFttoyvXuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/encuentro_jovenes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El fin de semana pasado, una escena poco habitual en la Plaza de Mayo volvió a poner en discusión el vínculo entre la Iglesia y las nuevas generaciones. El sacerdote portugués Guilherme Peixoto encabezó un multitudinario evento en el que combinó música electrónica con mensajes religiosos y fragmentos de discursos del papa Francisco, en el marco de un homenaje a un año de su fallecimiento. La propuesta, abierta y gratuita, reunió a miles de jóvenes en un formato más cercano a un festival que a una celebración tradicional.</p><p>Más allá de lo llamativo del formato, el evento reflejó un cambio más profundo dentro de la Iglesia: la búsqueda de nuevos lenguajes para acercarse a los jóvenes. La música, la experiencia colectiva y la ocupación del espacio público aparecen como herramientas para generar pertenencia en una generación que muchas veces se siente distante de las estructuras religiosas más clásicas. Este giro tiene una relación directa con el legado de Francisco, quien durante su pontificado insistió en la necesidad de “salir” hacia las periferias, incluso las culturales, y de construir una Iglesia más abierta, cercana e inclusiva.</p><p>Otra lectura interesante que intuye un renovado acercamiento a la fe por parte de los jóvenes es la que plantea la activista socioambiental Mercedes Pombo en su reciente entrega del newsletter Naturaleza de Derechos. En su texto titulado “¿Los jóvenes están volviendo a Dios?” Pombo aduce que esto podría tener que ver con una reacción frente a la fragmentación del sentido y la saturación del individualismo contemporáneo. En un contexto donde todo parece reducido a la lógica del consumo, la autoexigencia y la construcción permanente de una identidad individual, muchas veces mediada por lo digital, emerge una necesidad más profunda: la de pertenecer a algo que trascienda lo inmediato y lo personal.&nbsp;La propuesta cristiana, especialmente en la línea impulsada por el papa Francisco, aparece entonces como una alternativa que no solo ofrece espiritualidad, sino también comunidad, historia y un horizonte compartido. Frente a una vida marcada por la precariedad, la incertidumbre y la falta de proyección, la fe vuelve a presentarse como un espacio donde reconstruir vínculos, recuperar raíces y encontrar un sentido que no dependa exclusivamente del éxito individual, sino de la relación con los otros y con un proyecto común.</p><p>Este contexto y las reflexiones que habilita sirven como disparador para remitirnos al plano local y ahondar en el rol que tienen hoy los jóvenes en la Iglesia Católica de Gualeguaychú. En ese sentido, Ahora ElDía indagó en el XXXVI Encuentro Diocesano de Jóvenes que se realizó ayer en la ciudad y habló con dos de sus protagonistas y organizadores: Matías Padilla y Tiago Ramírez, oriundos de Gualeguay y Gualeguaychú, respectivamente.&nbsp;</p><p>Bajo el lema “Cuidas mi vida joven”, la jornada organizada por la Pastoral Juvenil y Vocacional reunió a jóvenes mayores de 18 años de toda la diócesis con el objetivo de fortalecer la fe, fomentar el encuentro entre pares y generar cercanía con el obispo diocesano, Héctor Zordán.</p><p>Las actividades comenzaron en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, donde los jóvenes partícipes fueron recibidos por el obispo para luego peregrinar hasta el Instituto Sedes Sapientiae, donde se desarrollaron las actividades centrales entre el mediodía y la tarde. Posteriormente, se realizó una procesión hacia la parroquia Santa Teresita y una misa de cierre. La jornada tuvo por cierre una propuesta gratuita y abierta a toda la comunidad: la presentación de la popular cantante católica oriunda de Paraná Verónica Sanfilippo, la cual fue acompañada por un momento de adoración y alabanza.</p><p>&nbsp;</p><p>“Tener estos encuentros siempre es importante para la vida espiritual de los jóvenes. Se trata de espacios en los que, además de reunirnos y compartir un lindo momento, nos encontramos principalmente con Dios y lo vivenciamos en los gestos y palabras de nuestros hermanos”, dijo Matías, y resaltó que “en los tiempos que corren, esto adquiere especial importancia” ya que “los jóvenes nos encontramos buscando cada vez más el sentido de nuestra vida”. “Esto se vio reflejado en las encuestas realizadas previamente al encuentro. Necesitamos reafirmar la idea de que Dios cuida nuestra vida joven y le da sentido dentro del plan que tiene para nosotros”, añadió.</p><p>Por su parte, Tiago puso el foco en que “estos encuentros demuestran lo importante que somos los jóvenes, no solo en nuestra Iglesia, sino también en la sociedad”. “Es común escuchar ‘la juventud está perdida’, y no lo está, hay que salir a buscarla solamente. Y estos espacios son para eso, para que todos los jóvenes encontremos nuestro lugar y seamos escuchados. Algunos dicen ‘los jóvenes son el futuro’ pero también somos el presente, como decía el papa Francisco”, marcó.</p><p>Respecto a la figura del papa Francisco y su llegada hacia la juventud argentina, Matías señaló que “todo papa nos muestra a Dios con su carisma propio y su persona”, y en el caso de Francisco, “muestra el rostro de un Dios misericordioso y sencillo, que acoge a toda persona que lo busca y cree especialmente en el joven”. “Es un Papa que acercó y seguirá acercando a muchos jóvenes a la Iglesia, y nos entusiasmó a ser testigos de Dios con frases como ‘Hagan lío’ o ‘Ustedes son el ahora de la Iglesia’. Además, no dudó en mostrarse como argentino, con todo lo que nuestra cultura implica. Esto último provocó que su mensaje tuviera especial aprecio y llegada en nuestro país”, observó.</p><p>Tiago coincidió en la importancia y vigencia actual de Francisco, y destacó que “es un ejemplo de servicio y entrega a Dios, de dejar nuestra comodidad y salir a buscar a más jóvenes que necesitan de Jesús”. “Sin irnos muy lejos, en nuestra ciudad muchos necesitan de Él. El papa Francisco decía que la Iglesia está abierta para todos, y es así; con nuestros errores y defectos, Jesús va a nuestro encuentro siempre con los brazos abiertos”, expresó.</p><p>Tradicionalmente, Gualeguaychú se destacó como una ciudad con gran participación de jóvenes en grupos parroquiales y de Acción Católica, innovando y logrando buena convocatoria en encuentros y retiros como “Pascua Joven” y “Gualeguaychú es Navidad”, por nombrar algunos. Hoy por hoy, este espíritu sigue presente.“Los jóvenes cada vez adquieren mayor relevancia y unidad en la Diócesis, y Gualeguaychú no es la excepción”, aseguró Matías. “Si bien estaría bueno generar cada vez más espacios y opciones, hoy en día contamos con diferentes alternativas para vivir nuestra vida de fe en comunidad. Hay varios grupos misioneros y parroquiales, grupos de espiritualidad, grupos para universitarios, entre otros. También son de edades varias, en algunas comunidades desde los 7 u 8 años, extendiéndose hasta la plena juventud. Algo a destacar es que los jóvenes hoy no se quedan en una sola comunidad dentro de su ciudad si no que van viviendo su fe en otras más, sintiéndose parte de una misma Iglesia. Además, a nivel diocesano se realizan diferentes eventos que se realizan cada año y nos muestran que todos somos parte de la misma Iglesia Diocesana, tales como el Encuentro de Jóvenes, el Encuentro de Adolescentes o la Misión Diocesana”, explicó.Por su parte, Tiago también mencionó estos encuentros y la diversidad de grupos, a los cuáles sumó los de Infancia y Adolescencia Misionera y de Scouts. Destacó el lugar preponderante de los jóvenes en la Iglesia y mencionó que hoy tienen además un espacio para participar de los consejos pastorales parroquiales, lo cual “suma para que los jóvenes se sientan tenidos en cuenta en sus comunidades”.</p><p>Y concluyó: “Quiero decirles a los jóvenes que se animen a buscar a Cristo. Es una búsqueda constante y no nos soluciona todos los problemas, pero nos da las herramientas para superarlos, hacerlos más sencillos. En estos encuentros y comunidades encontramos amistades que duran para toda la vida, nos encontramos con personas que hablan el mismo idioma y que están necesitados de Jesús. El demostrar que uno lo necesita es mostrar fortaleza. Es algo hermoso y simple”.</p><p>Otro de los organizadores del encuentro fue el Padre Juan Pablo Martinolich, quien también conversó con este medio y remarcó que, más allá de priorizar el encuentro con Jesús, “estos espacios también son de encuentro entre jóvenes, para que puedan escucharse entre sí y nosotros a ellos, y puedan contarnos la realidad que están viviendo”.</p><p>En ese sentido, comentó que antes de comenzar con la organización del encuentro se enviaron encuestas para saber qué temas querían que se trabajaran en la jornada. “Salió mucho el tema de las adicciones, de los suicidios, de ver la realidad del joven, de cómo ser escuchados. Los jóvenes piden mucho ser escuchados, no solamente acá, sino que también lo vimos en el Encuentro Regional de Jóvenes que se hizo el año pasado. En base a todo eso diagramamos el encuentro. Por eso se llama “Cuidas mi Vida Joven”, que un poco va a referido a Jesús, pero también para ver, nosotros como adultos y entre ellos, cómo cuidar ese tesoro tan grande que es la juventud”, contó y agregó: “El papa Francisco nos pedía en este contexto actual que tengamos ‘la cultura del encuentro’: escucharnos, vernos a los ojos, sentarnos y charlar. Ver que cuando nos unimos podemos lograr cosas grandes. Es importante encontrarnos entre nosotros y con Dios. Por eso estos espacios son relevantes y tratamos de que la invitación llegue a todos los jóvenes, no solamente a quienes ya participan de comunidades”.</p><p>“Hagan lío”: el pedido de Francisco a los jóvenes para transformar la Iglesia</p><p>Probablemente sea uno de los mensajes más recordados del papa Francisco hacia la juventud, o al menos la primera de tantas frases que interpelaron a la Iglesia joven y al catolicismo en general. La dijo en 2013, durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, y desde entonces se convirtió en una especie de consigna dentro de la Iglesia.</p><p>Pero con ella el por entonces recién elegido Papa no se refería a provocar caos sin sentido, sino a sacudir la comodidad. Francisco invitaba a los jóvenes a no ser pasivos, a no quedarse encerrados en una fe rutinaria o individual, sino a salir, involucrarse y transformar la realidad. “Hacer lío” implicaba cuestionar lo que no funciona, comprometerse con los demás y animarse a incomodar incluso dentro de la propia Iglesia si eso ayudaba a renovarla.</p><p>También tenía un fuerte sentido social: el Papa pedía a los jóvenes que se metieran en los problemas concretos: la pobreza, la exclusión, la injusticia, y que no miraran desde afuera. En su lógica, una Iglesia viva es una Iglesia en movimiento, con jóvenes activos, creativos y comprometidos.</p><p>Con el tiempo, la frase quedó como un símbolo de su estilo: una Iglesia menos rígida y más dinámica, donde los jóvenes no solo participan, sino que empujan cambios. En ese marco, iniciativas más innovadoras, como encuentros juveniles, actividades en el espacio público o propuestas culturales distintas, pueden leerse justamente como una forma concreta de ese “lío” que Francisco proponía.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JjoKpGppAvlmARhBQoFttoyvXuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/encuentro_jovenes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Bajo el lema “Cuidas mi vida joven”, el XXXVI Encuentro Diocesano reunió ayer a jóvenes de la ciudad y alrededores en un espacio de comunidad, escucha y sentido compartido. En un contexto marcado por nuevas formas de acercamiento a la fe, el evento puso en primer plano el rol activo de las juventudes en la Iglesia Católica local.]]>
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                                <updated>2026-04-26T11:45:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-26T11:00:00+00:00</published>
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            Visibilizar el legado chaná: el desafío de transformar una ordenanza en memoria viva
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante gran parte de su historia, Gualeguaychú desconoció sus raíces originarias y quiénes fueron realmente los chaná: un pueblo seminómada de hábiles canoeros y artesanos que habitó los ríos y montes entrerrianos, sustentándose en la pesca, la caza, la recolección y algunos cultivos elementales. Su presencia en el territorio comenzó a ser rescatada del olvido gracias al trabajo arqueológico del profesor Manuel Almeida. A partir de sus investigaciones y de la labor de quienes continuaron su camino, una cultura arrasada durante la Conquista e invisibilizada por el relato dominante empezó a recuperar su lugar en la historia local.</p><p>Dos décadas atrás, un hecho clave fortaleció ese proceso de recuperación: el nogoyaense Blas Jaime reveló que conservaba la lengua chaná, considerada extinta desde hacía casi dos siglos. Según relató, el idioma había sido transmitido en secreto de generación en generación, especialmente entre mujeres, reconocidas como “guardianas de la memoria”. A partir de ese hallazgo, los estudios sobre el pueblo chaná cobraron un nuevo impulso y crecieron el interés y la curiosidad de muchos entrerrianos por redescubrir su pasado y, en algunos casos, sus posibles vínculos ancestrales.</p>Blas Jaime junto a su hija, realizando un tradicional saludo chaná.<p>En la ciudad, ese interés se tradujo en acciones concretas. Músicos, escritores, docentes y vecinos de distintas edades impulsaron producciones artísticas y propuestas pedagógicas que, año a año, fueron ganando visibilidad. En ese marco, en 2023 la docente de Historia y Geografía Noelia Echeverría, junto a estudiantes del Colegio Malvina Seguí de Clavarino, llevó a la Banca Abierta del Concejo Deliberante un proyecto que derivó en la sanción de la Ordenanza Nº 12840, que instituyó el 26 de marzo como el “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”.</p><p>El reconocimiento marcó un punto de inflexión. A partir de entonces se conformó el Comité “Opatimá”, que hace menos de un mes organizó, por tercer año consecutivo, una jornada abierta de reflexión, debate y expresión artística en el Teatro del Puerto y sus alrededores. Entre las actividades se destacó la realización de un mural en la Plaza Almeida, a cargo de la artista Victoria Frigo, quien recrea escenas de la vida cotidiana del pueblo chaná a través de su obra.</p><p>En la previa del Día del Aborigen Americano, que se conmemora cada 19 de abril en toda Latinoamérica desde 1940, Ahora ElDía dialogó con Echeverría sobre los desafíos actuales del comité y la necesidad de profundizar la implementación de la iniciativa, con el objetivo de ampliar su alcance educativo y cultural.“Sentimos que la Ordenanza no logra tener el alcance de impacto educativo ni cultural que quisiéramos. Siempre nos planteamos el temor de que esta iniciativa caduque en algunos agentes interesados y que por lo tanto la normativa pierda vitalidad. Por eso, se nos planteó la posibilidad de establecer que estas jornadas de diálogo y preservación de la cultura chaná puedan designarse como de interés cultural. Todavía nos falta lograr el ensamblaje con la parte educativa, porque la Ordenanza debería ser parte del Área de Educación y de Cultura para que ejecuten su articulación. Como eso no es visiblemente palpable nosotros generamos todo tipo de propuestas y actividades”, contó Echeverría, e indicó que si bien no redactaron un plan de acción ni establecieron un protocolo, la jornada sostuvo un nutrido diálogo en torno a “pensar cómo ampliar los involucrados”.&nbsp;</p><p>“El comité es muy autogestivo. Entendemos que la única forma de mantener esto vivo es que crezca, y nuestro deseo es que lo haga cada vez más. Por eso, revitalizamos la idea de ampliar la comunicación, creando un perfil en redes sociales y dejando a la mano de los docentes y asistentes al encuentro una guía de difusión con información importante para abordarlo en las escuelas. También estamos abiertos a sugerencias y otras instancias de socialización y trabajo compartido y comunitario”, amplió.</p><p>Acerca de la ordenanza</p><p>En noviembre de 2023, el Honorable Concejo Deliberante de Gualeguaychú sancionó la Ordenanza Nº 12840 con el objetivo de saldar una deuda histórica con la nación chaná. A más de dos años de su aprobación, la normativa continúa siendo una herramienta clave en el proceso de recuperación de la memoria y el reconocimiento de esta cultura.</p><p>La ordenanza estableció el 26 de marzo como fecha conmemorativa, en referencia a la presentación del diccionario bilingüe chaná-español de Blas Wilfredo “Don” Omar Jaime, considerado el último hablante registrado de esta lengua en Entre Ríos.</p><p>En sus fundamentos, la norma subrayó que los chaná fueron una sociedad organizada, con normas, autoridades y una cosmovisión profundamente ligada a la naturaleza. Los hallazgos arqueológicos, con más de 2000 años de antigüedad, evidencian una presencia sostenida previa a las narrativas coloniales que estructuraron la historia oficial.</p><p>Asimismo, advirtió sobre el desconocimiento persistente en torno a esta cultura, reflejado en su escasa presencia en la currícula educativa y en los relatos institucionales. En respuesta, la ordenanza promovió la incorporación de contenidos específicos en las escuelas, junto con la realización de actividades, talleres y políticas públicas orientadas a su visibilización.</p><p>La iniciativa también planteó la necesidad de fortalecer la identidad regional desde sus raíces, reconociendo que la relación con el río y el entorno natural, tan característica del ser entrerriano, tiene profundas bases en estas culturas originarias.</p><p>Además, impulsó la articulación entre el Estado, instituciones educativas, organizaciones sociales y universidades, e incorporó una perspectiva de género en las acciones vinculadas.</p><p>A más de dos años de su sanción, la ordenanza no solo sumó una efeméride al calendario local, sino que abrió un proceso más amplio de revisión histórica. En un contexto donde los debates sobre memoria e identidad ganan centralidad, recuperar el legado chaná sigue siendo un desafío vigente. Porque en esa reconstrucción no solo se revisa el pasado, también se redefine la identidad presente de Gualeguaychú desde una mirada más inclusiva y consciente de sus raíces.</p><p>Miradas que sostienen el rescate de la memoria</p><p>El proceso de recuperación de la cultura chaná en Gualeguaychú no es reciente ni aislado, sino el resultado de años de trabajo de artistas, docentes e investigadores que vienen impulsando una reparación histórica e identitaria desde distintos ámbitos.&nbsp;</p><p>En ese sentido, la artista y docente Paulina Lemes remarcó en una entrevista anterior con este medio la necesidad de romper con las imágenes estereotipadas construidas desde la Conquista. A través de proyectos visuales y pedagógicos, planteó la importancia de reconstruir escenas cotidianas que permitan “imaginar a una mamá o abuela haciendo cerámica y a los gurises alrededor”, en contraposición a la figura del indígena asociada exclusivamente a la guerra.</p>Ilustración: Victoria Frigo<p>Desde una perspectiva similar, el profesor y editor Amadeo Nicolás Darchez subrayó que el rescate de esta historia no solo amplía el conocimiento del pasado, sino que también interpela el presente: entender que la sociedad se construyó sobre un “borramiento histórico” permite mirarse de forma más crítica y reconocer otras formas de vínculo con el entorno, más armónicas y sostenibles.</p><p>Sin embargo, también advirtió que se trata de un proceso en desarrollo, con avances, pero aún con desafíos.</p><p>En la misma línea, el antropólogo Axel Weissler consideró que la recuperación de la memoria indígena implica ampliar la idea de identidad local. Señaló que la historia de la ciudad no puede entenderse únicamente desde su herencia europea o criolla, sino que debe incorporar las raíces originarias como parte constitutiva del territorio. “Sin esa recuperación, se está contando solo una parte de la historia”, planteó.</p><p>Además, destacó que este proceso es también una forma de enfrentar el olvido producto del genocidio y de construir una identidad más inclusiva, donde convivan las distintas tradiciones que dieron forma a la región.</p><p>Las distintas voces coinciden en un punto central: visibilizar el legado chaná no es solo una tarea cultural, sino también política y educativa. Y, en ese sentido, el desafío actual, tal como hoy señalan desde el Comité Opatimá, es lograr que ese camino de recuperación histórica se sostenga en el tiempo y se traduzca en acciones concretas que alcancen a toda la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure>A más de dos años de la sanción de la institución del “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”, referentes culturales y educativos de Gualeguaychú impulsan nuevas acciones para fortalecer la implementación de la norma y, lograr que la historia y herencia de este pueblo tengan un lugar real en la comunidad y en las escuelas.]]>
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                                <updated>2026-04-19T10:00:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-18T23:13:00+00:00</published>
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            Día Mundial del Malbec: la historia del vino ícono de la argentinidad que conquistó el mundo desde nuestro suelo
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                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
            </name>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ECgnO3sbz_PF3T7-BFpB7bbp7SE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/placeres.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace apenas cuarenta años, nadie se hubiera animado a pronosticar el éxito vertiginoso y aplastante que hoy goza nuestra uva de bandera en todo el mundo. Pero se trata de una realidad incuestionable, tanto como que el héroe de los varietales tintos argentinos supo tener, también, épocas de anonimato, tiempos de sostén de vinos populares, períodos de dura erradicación de viñedos y décadas de triste olvido en las bodegas. El estrellato no ha sido fácil: es el resultado de un largo camino lleno de obstáculos y sinsabores que constituyen una historia por sí mismos.</p><p>La introducción del legendario Michel Aimé Pouget en 1853 forma parte de la historia oficial y no da lugar a ningún tipo de revisionismo. Los registros dan absoluta fe de ello, así como de la creación de la Quinta Normal de Mendoza, donde el especialista francés pudo darle a la entonces naciente industria del vino argentino una impronta de calidad desde su composición varietal. Doce años después, se reconoce oficialmente el primer viñedo de esta cepa en la localidad de Panquehua, al norte de la capital mendocina, propiedad de la bodega González Videla (existente aún hoy y la más antigua de la provincia).</p><p>El Malbec tuvo una amplia aceptación entre los productores de la época, cuya sabiduría les permitió apreciar todas las virtudes que presentaba en las tierras de Cuyo, tales como vigor, volumen y poca susceptibilidad a las enfermedades, además de producir vinos de buen grado alcohólico, buen color, aromas intensos y ricos sabores. La entonces llamada “uva francesa” fue la cepa más difundida en la Argentina. Los primeros viticultores plantaban según la tradición europea: cada seis plantas de Malbec una de la variedad blanca Semillón. De este modo se elaboraba un corte que, según los antiguos bodegueros, equilibraba la gran concentración de color del Malbec y le quitaba esa marcada aspereza aportada por los taninos.</p><p>Con tantas cosas a favor, no resulta extraño que el Malbec haya sido la variedad tinta más plantada en los viñedos desde 1900 hasta 1980.</p><p>Hacia el final de ese período, la situación general de la vitivinicultura argentina se volvió sumamente sombría. Los tiempos del consumo monstruoso en volumen se habían terminado en un proceso tan inesperado como veloz. En el camino quedaba un modelo de producción que apuntaba a los grandes volúmenes, de un modo tan exagerado que hoy puede parecer irreal por su envergadura. Mientras tanto, la falta de horizontes y el derrumbe de muchas bodegas hicieron decrecer los números del viñedo nacional en casi una tercera parte. En medio de aquellos días de tormenta, nuestro tinto tenía pocos exponentes puros ya que su mayor uso estaba reservado al corte con vinos de menor valor en calidad y precio.</p><p>No obstante, el cambio ya estaba llegando. Durante los años finales del fin de siglo pasado, la reconversión de la industria hacia el concepto de calidad modificó las cosas una vez más a favor del Malbec. Los lanzamientos de nuevas marcas en el mercado doméstico y la exportación tuvieron a nuestro abanderado como protagonista incuestionable. Al filo del 2000, el viejo y querido cepaje tinto argentino volvió a encabezar la lista en los censos vitícolas, lugar que había perdido durante los años más duros a manos del Bonarda. Mientras tanto, los referentes internacionales de la prensa especializada ponían su mirada en ese vino tinto corpulento pero redondo, capaz de llenar la boca sin dureza, tan rico, tan versátil y tan agradable de beber. Sin dudas, comenzaba una nueva época de esplendor para el producto vinícola nacional más arraigado en el alma de los consumidores.</p><p>Nuestro país es el mayor productor mundial de Malbec, un cepaje cultivado en todas las regiones vitivinícolas del territorio nacional. Es por ello que Wines of Argentina ha decidido desde 2011 rendirle homenaje a su cepa emblema a través de la creación del Malbec World Day todos los 17 de abril.</p><p>Datos al margen• Tiene su origen en la región sudoeste de Francia, donde suele formar parte del corte de los vinos. Como varietal se elabora en Cahors, pero sus características son sustancialmente distintas a las del Malbec argentino. Se la conoce también como Côt, Auxerrois, Cauly, Etranger, Mourame, Lutkens y Malbeck, entre otros nombres.&nbsp;&nbsp;</p><p>• Se cultiva en todos los oasis vitivinícolas argentinos, a lo largo del cordón de la cordillera de los Andes. En el noroeste –entre los 1.750 y más allá de los 2.300 metros sobre el nivel del mar–; más al sur en La Rioja y en los valles de Tulum, Ullum, Zonda y El Pedernal de San Juan; en Mendoza, en especial en Maipú, Luján de Cuyo, San Rafael y el Valle de Uco; y en la Patagonia, en el Alto Valle del Río Negro. También se lo puede encontrar en la altura de lso Valles Calchaquíes, en la zona marítima de Buenos Aires y hasta en la Mesopotamia, incluidas las viñas de Gualeguaychú.</p><p>• Es un cepaje versátil, con el cual se elaboran vinos jóvenes, rosados, espumantes, dulces, encabezados, ejemplares aptos para prolongadas guardas y hasta destilados (grappa).</p><p>• El Cavas de Weinert Estrella 1977, elaborado por el enólogo Raúl de la Mota, fue el primer Malbec emblemático de la viticultura local. Aún hoy se puede conseguir alguna botella.&nbsp;&nbsp;</p><p>• Luján de Cuyo es una Denominación de Origen Controlada (DOC) para todos los vinos elaborados a base de Malbec procedentes de esta zona de la provincia de Mendoza que cumplan con la legislación vigente. Fue aprobada en 1989 y se convirtió en la primera DOC vinícola de la Argentina. Tiene un reglamento que controla al mismo tiempo la calidad, la producción, la elaboración, el embotellado y la comercialización dentro del área geográfica delimitada, que se corresponde con variedades de uva tradicionales, con sus sistemas típicos de cultivo, técnicas de manejo, etcétera.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ECgnO3sbz_PF3T7-BFpB7bbp7SE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/placeres.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Es nuestra variedad emblema, la que más se bebe en nuestro país y la que más se exporta. Da vinos frutados, potentes y de taninos redondos, que de a poco van ganando fanáticos en todo el mundo.]]>
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                                <updated>2026-04-20T09:45:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-17T09:30:00+00:00</published>
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            El violento ocaso de Justo José de Urquiza, el crimen que selló el fin de una era
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 11 de abril de 1870, en su residencia del Palacio San José, el general Justo José de Urquiza fue asesinado por un grupo armado vinculado al movimiento encabezado por Ricardo López Jordán. Casi en simultáneo, otras partidas vinculadas a la Rebelión jordanista asesinaron en Concordia a dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino Urquiza. Ambos ocupaban cargos políticos y militares, y eran vistos como continuadores del poder y la influencia de su padre en la provincia.</p><p>Los hechos, violentos y simbólicos, no sólo terminaron con la vida de uno de los protagonistas centrales de la organización nacional y la de sus posibles herederos, sino que también abrió una nueva etapa en la historia política argentina, especialmente en Entre Ríos.</p><p>No hay dudas de que Urquiza fue una de las figuras más influyentes del siglo XIX argentino. Tras años como aliado de Juan Manuel de Rosas, en 1851 encabezó el Pronunciamiento que lo enfrentó al poder porteño. Poco después, al frente del Ejército Grande, logró derrotarlo en la Batalla de Caseros, un hecho decisivo que permitió iniciar el proceso de organización institucional del país. Ese triunfo abrió paso a la sanción de la Constitución de 1853 y a su posterior presidencia de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860.</p><p>Pero la Batalla de Pavón de 1861 marcaría un punto de quiebre para la historia nacional y del caudillo entrerriano. Allí se enfrentaron la Confederación Argentina, comandada por Urquiza, y el Estado de Buenos Aires, dirigido por Bartolomé Mitre. Estaba en juego qué modelo de país se iba a imponer: una organización con mayor peso de las provincias o un esquema centralizado bajo la hegemonía porteña.</p><p>El desarrollo del combate fue parejo y sin un vencedor claro. Sin embargo, en una decisión que aún hoy genera debate, Urquiza ordenó retirarse del campo de batalla y replegarse hacia Entre Ríos. Esa determinación, más política que militar, resultó decisiva: la Confederación se desarticuló y Mitre asumió poco después la presidencia del país unificado, consolidando el predominio porteño.</p><p>Desde entonces, el rol de Urquiza cambió de manera profunda. De acuerdo con algunas corrientes historiográficas, su actitud conciliadora con el poder central -primero con Mitre y luego con Sarmiento- fue vista como una claudicación para muchos entrerrianos y federales. En ese sentido, su negativa a apoyar levantamientos federales y su respaldo a la política nacional, incluso durante la Guerra del Paraguay, habrían profundizado el descontento y conducido a una erosión de su liderazgo, sentado las bases para la posterior insurrección que se cobró su vida. Se argumenta que durante años la figura de Urquiza había sido blanco de críticas, campañas periodísticas y advertencias sobre posibles atentados, y que desde sectores políticos se había instalado la idea de su eliminación como salida al conflicto.</p><p>Sin embargo, otras lecturas de los hechos afirman que no fue así, como la del profesor e historiador entrerriano Gastón Buet, especialista en el tema:&nbsp;“Se han tejido muchas mentiras alrededor de su asesinato. En primer lugar, las fuentes históricas revisionistas mienten cuando dicen que la estrella de Urquiza se había eclipsado. ¿Por qué en la partida que lo asesinó había solo un entrerriano? Si hubiera sido una persona mal vista en Entre Ríos, les hubiera sido fácil encontrar asesinos en la provincia. Por otro lado, cuando se lo acusa de traición y demás, fue toda una falacia inventada por López Jordán, apoyada después por la historia revisionista, que es rosista, y siempre trató de destruir la imagen de Urquiza. El trasfondo real era que López Jordán quería ser gobernador de Entre Ríos. Lo había intentado, había tratado de postularse y Urquiza apoyó a Domínguez. Ahí López Jordán se dio cuenta de que nunca iba a ser gobernador mientras Urquiza estuviera vivo. Entonces planeó este asesinato, que no fue uno cualquiera, fue el asesinato del gobernador legal del estado de Entre Ríos. Y la confirmación es que no solo mató al gobernador, sino también a sus dos hijos mayores que vivían en Concordia y se perfilaban como sus sucesores políticos. Todo fue orquestado por López Jordán para dar un golpe de Estado en la provincia. La excusa fue traición, fue Pavón, fue una alianza con Brasil en Caseros. El asesinato de Urquiza se produce simplemente por ambiciones políticas de un caudillo, que era López Jordán, que no entendía que el tiempo de las lanzas había terminado, que no solo había una Constitución Argentina sino también una Constitución Provincial, y que -en última instancia- fue el idiota útil para intervenir en la provincia. Mientras Urquiza vivía, Entre Ríos era el segundo PBI más rico de la Nación y la única provincia que el presidente Mitre no había intervenido militarmente. La muerte del gobernador le dio el pie legal al presidente Sarmiento para intervenir y ahí empezó el derrotero de fracaso económico del estado entrerriano”.</p>Ricardo López Jordán<p>Tras la muerte de Urquiza, Entre Ríos entró en una etapa de crisis profunda que rápidamente derivó en guerra abierta. El hecho formó parte del inicio de la Rebelión jordanista, encabezada por Ricardo López Jordán, quien poco después fue proclamado gobernador por la Legislatura provincial. Sin embargo, su autoridad no fue reconocida por el gobierno nacional de Domingo Faustino Sarmiento.</p><p>Ante esa situación, la Nación intervino militarmente. Tropas del Ejército ingresaron a Entre Ríos y se desató una serie de enfrentamientos que se prolongaron durante años, dando lugar a las llamadas guerras jordanistas. La provincia quedó así sumida en un conflicto armado casi permanente. Con el correr de las campañas, López Jordán fue derrotado y obligado al exilio, tras varios intentos fallidos de retomar el poder. Su caída marcó el debilitamiento definitivo del federalismo entrerriano como fuerza capaz de disputar el control político.</p><p>Más allá de Entre Ríos, el crimen de Urquiza simbolizó el cierre de la etapa de los grandes caudillos del siglo XIX y consolidó el avance del Estado nacional centralizado. Desde entonces, el poder político quedó cada vez más concentrado en el gobierno nacional, reduciendo la autonomía que las provincias habían ejercido durante décadas.</p><p>La crónica del asesinato y el ocultamiento del cadáver</p><p>A fines del siglo XIX, el escritor gualeguaychuense Fray Mocho publicó en la revista Caras y Caretas una entrevista al coronel Carlos Anderson, quien había sido jefe de la guardia del Palacio San José y testigo directo del crimen. Ese testimonio, recogido casi treinta años después de los hechos, constituye una de las reconstrucciones más vívidas de aquella jornada. Según ese relato, en la tarde del 11 de abril de 1870 una partida armada vinculada a López Jordán irrumpió en la residencia de Urquiza al grito de “¡Abajo el tirano!”. El ataque fue rápido y coordinado.</p><p>“Serían entre las siete y siete y veinte de la noche, cuando sentí que don Justo –que estaba, como era su costumbre, tomando el té bajo la galería en la entrada del patio– le preguntaba al hombre de servicio: “¿Qué ruido es ese?”. Parecía ser un tropel bastante sonoro que se acercaba rápidamente. “¡Ah! lAh! ¡Eso es!… Ha de ser una comisión que debe llegar de Nogoyá…”. Y luego, no más como el tropel siguiera y no se detuviese dónde estaba ordenado se detuvieran las comisiones, agregó –ya gritando– “son asesinos… cierre la puerta del pasillo”. Y lo oí que corría para la sala-costurero de la señora, que quedaba casi en la esquina del patio y se comunicaba con la torre del Palacio por medio de otro cuartito donde estaba la escalera, que era de fierro y de esas llamadas de caracol. En la torre había armas y si el General sube se salva, pero lo perdió su genio, pues como encontró un riflecito a mano, volvió al patio corriendo”, relató Anderson, y agregó que, al ver a sus atacantes, Urquiza les gritó “¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas!”, disparando contra uno de ellos.</p><p>“Álvarez, entonces, le tiró con un revólver y le pegó al lado de la boca –era herida mortal, sin vuelta–. El General cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, –único que venía de militar– que lo alcanzó cuando ya la señora Dolores y Lola, la hija, tomaban el cuerpo y lo entraban a la pieza, en la cual se encerraron con él, yendo a recostarlo en la esquina del frente, donde se conservan hasta ahora las manchas de sangre en las baldosas”, narró ante Fray Mocho el testigo de los hechos.</p><p>El asesinato ocurrió frente a su familia y en el corazón mismo del poder que Urquiza había construido durante décadas. El cuerpo, ya sin vida, fue retirado del Palacio y trasladado a Concepción del Uruguay, donde fue velado con discreción en la casa de su hija. El clima era de temor: muchos de sus allegados evitaban asistir por miedo a represalias en medio de la insurrección jordanista.</p><p>Inicialmente, los restos fueron sepultados en el cementerio local. Sin embargo, la situación política y el odio que aún despertaba su figura generaron un temor concreto: que el cadáver fuera profanado o utilizado como trofeo. Por ese motivo, su viuda, Dolores Costa, decidió trasladarlo en secreto. En una operación nocturna y reservada, el féretro fue llevado a la iglesia principal de la ciudad y ocultado en un lugar desconocido.</p>La foto póstuma de Urquiza<p>Ese secreto se mantuvo durante décadas. Solo unas pocas personas conocían el verdadero paradero del cuerpo y, con el paso del tiempo, esa información se perdió. Durante más de 80 años, nadie supo con certeza dónde estaban los restos de Urquiza. Recién en 1951, tras una búsqueda dentro de la basílica, se descubrió que el cadáver había sido ocultado dentro de una pared, en una cripta tapiada.</p><p>El hallazgo permitió confirmar detalles del asesinato: el cráneo presentaba daños compatibles con el disparo en el rostro y las heridas posteriores. Finalmente, los restos fueron identificados y trasladados a un mausoleo en la Basílica de la Inmaculada Concepción, donde descansan en la actualidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure>Su muerte en 1870 no solo fue el final de un caudillo clave en la organización nacional, sino también el punto de quiebre definitivo del federalismo entrerriano. El asesinato, ejecutado en el marco de la Rebelión jordanista, derivó en la intervención del Estado nacional, una prolongada guerra civil y la consolidación de un nuevo orden político en la Argentina.]]>
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                                <updated>2026-04-11T19:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T19:28:19+00:00</published>
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            Malvinas, lo que no se llora no desaparece
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_YK3FKfimnNvXMEM69az9bDqMG8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay cosas que duelen de una manera que no se explica bien. No es el dolor de perder algo y saberlo perdido. Es otro tipo, más raro: una herida con capas, con silencios de décadas y llantos que aparecen de golpe, sin aviso, sin que nadie pueda explicar del todo por qué.</p><p>Cada 2 de abril, Argentina se pone en pausa. En ciudades grandes y chicas, en escuelas, en lugares públicos, en la mesa de los veteranos que ya van quedando cada vez menos. En lugares como Río Grande, donde más de 150 instituciones se unen a un desfile conmemorativo con el objetivo de mantener viva la memoria y el reclamo de soberanía sobre las islas; o en Gualeguaychú, con su vigilia nocturna y un acto que cada año convoca más gente de la que se espera.</p><p>Este 2026 el ritual pesa más: se cumplió también medio siglo del último golpe de Estado y eso nos fuerza a volver sobre uno de sus hitos más difíciles de explicar: la guerra de Malvinas, un acontecimiento injusto que implica reconocer que el conflicto se libró por una causa justa, pero durante una dictadura donde estaba suspendida la soberanía popular. Esa paradoja —la causa justa en la guerra injusta— es el nudo que, desde hace poco más de cuatro décadas, intentamos desatar.</p><p>La plaza que no debería haber aplaudido</p><p>El 2 de abril de 1982 es una fecha que todavía no terminamos de entender. La Junta Militar ordenó la recuperación de las islas usurpadas por el Reino Unido desde 1833. La Operación Rosario, que comenzó en la madrugada de ese día, cumplió su cometido casi sin resistencia. Y entonces pasó algo que todavía cuesta explicar: la Plaza de Mayo se llenó. El mismo pueblo que la dictadura había aterrorizado durante seis años salió a aplaudirlos y a aclamarlos. Eso desconcertó a los analistas de entonces y sigue sin tener una explicación simple.</p><p>Lo que ocurrió ese día en la plaza no fue solo manipulación ni locura de multitudes. El historiador Federico Lorenz, que dedicó toda su carrera académica a estudiar el conflicto y dirigió durante años el Museo Malvinas en la ex ESMA, siempre insistió en que la lectura puramente política —“fue solamente la maniobra de la dictadura”— es verdadera, pero incompleta. Detrás de la manipulación había algo real: el reclamo de soberanía sobre las islas no era una invención de Galtieri. Era una demanda histórica legítima que el régimen usurpó para sus propios fines. Y una parte del pueblo, agotada por el miedo y hambrienta de cualquier cosa que se pareciera a la dignidad, dejó que eso ocurriera. Y eso cuesta asumirlo. No el patriotismo, sino la imagen de la plaza llena; ese momento en que el pueblo y sus verdugos querían, aparentemente, lo mismo.</p><p>Los chicos de la guerra</p><p>La cultura popular eligió una palabra para nombrarlos: los chicos. No fue una elección inocente. Las tropas estuvieron integradas mayoritariamente por soldados conscriptos de todas las provincias, de las clases del 62 y del 63, pibes que hacían el Servicio Militar Obligatorio porque no había opción. Tenían dieciocho, diecinueve y veinte años. Muchos no habían terminado la secundaria. Muchos no sabían exactamente dónde quedaban las islas por las que iban a pelear. Algunos fueron al frente sin el calzado adecuado, con temperaturas bajo cero y viento constante, con miedo y sin el entrenamiento que ese tipo de situación exigía. Seiscientos cuarenta y nueve de ellos no volvieron.</p><p>Hubo una Junta que los mandó. Hubo oficiales que los trataron con la misma brutalidad con que la dictadura trató a todos: hay testimonios documentados de soldados estaquedados en el frío como castigo, de hambre administrada como método de control, de terror ejercido por quienes debían conducirlos. La guerra tuvo dos enemigos para muchos de ellos: el ejército británico, que estaba en frente; y los propios mandos, que estaban detrás.</p><p>Los conscriptos que se fueron bajo la euforia colectiva volvieron en silencio. Muchas veces de noche. Sin ceremonia. Con la instrucción explícita o implícita de no hablar de lo que habían visto. La sociedad de 1982 no estaba preparada para procesar la derrota, quería olvidarla y el modo en que lo hizo dejó una marca que tardó décadas en hacerse visible. El país que los había enviado entre aplausos no supo —o no quiso— recibirlos. Y ese abandono los fue destruyendo por dentro, uno a uno, en silencio, sin que nadie lo contara.</p><p>La herida que espera cerrar</p><p>La causa soberana sigue pendiente: los territorios continúan bajo administración británica. Los kelpers —como se llama a los habitantes de las islas— rechazaron en el referéndum de 2013 cualquier cambio de soberanía con el 99,8% de los votos. El reclamo diplomático argentino persiste, pero sin horizonte claro de resolución. En ese limbo, la herida no puede cicatrizar porque la pérdida no puede ser ni recuperada ni definitivamente resignada. Y lo que no puede nombrarse del todo —ni como recuperación ni como renuncia— queda suspendido, sin destino. A eso se suma lo que el país nunca terminó de llorar con nombres propios. Cada caído con una historia antes del Atlántico Sur: un barrio, una madre, un club de fútbol, un primer amor, un futuro imaginado. La mayoría venía de las provincias más pobres del país, de las familias que no tenían cómo evitar el servicio militar, de los sectores que nunca tuvieron demasiadas opciones en ningún aspecto de su vida.</p><p>No hubo para ellos el duelo que merecían. La derrota fue tan vertiginosa —74 días de conflicto, el 14 de junio de 1982 ya todo era pasado— y la transición democrática tan urgente y tan sobrecargada de otros dolores, que los muertos del sur quedaron en un lugar extraño: demasiado presentes para olvidarlos, demasiado incómodos para llorarlos del todo. Y lo que no se llora no desaparece: espera, vuelve y se reinventa.</p><p>Lo que se hereda sin que nadie lo enseñe</p><p>Malvinas es el nombre de un sentimiento que puede vivir en una canción, un tatuaje, una pintada, una bandera de una hinchada, un nombre de una calle, un monumento y otra cantidad de lugares simbólicos y materiales que la sostienen y recrean a lo largo del tiempo. Ningún decreto hubiera podido fabricar eso: Malvinas sobrevivió a la derrota militar, a los cambios de gobierno y a las distintas modas intelectuales porque entró en la cultura popular por la puerta grande y se quedó.</p><p>El rock, por ejemplo, hizo con todo esto lo que hace con los traumas: lo convirtió en canciones. El 16 de mayo de 1982, con los enfrentamientos todavía en curso y los soldados cayendo, más de sesenta mil personas fueron al club Obras Sanitarias para el Festival de la Solidaridad Latinoamericana. Tocaron Charly García, Spinetta, León Gieco, Litto Nebbia, Nito Mestre… artistas cuya difusión había estado prohibida por los mismos que promovían el festival. La ironía era tan brutal que resultaba difícil de tragar en tiempo real. Charly lo hizo a su manera: bajó del escenario con una bronca que le duró meses y que derivó en “No bombardeen Buenos Aires”, grabada mientras los combates en las islas terminaban y presentada en diciembre de aquel año en Ferro, ante 25.000 almas, con un simulacro bélico que derrumbó la escenografía. Era una canción sobre el miedo, sobre la hipocresía, sobre los jefes de los chicos tomando whisky con los ricos mientras los obreros hacían masa en la plaza. Una canción de guerra para bailar.</p><p>Más acá en el tiempo, en las canchas, las hinchadas evocan las islas con una intensidad que sorprende a cualquier visitante extranjero. “Las Malvinas son argentinas” se escucha en partidos que nada tienen que ver con la diplomacia. Ese grito vive en el lugar más básico: ahí donde operan los reflejos y no los argumentos, donde está lo que somos antes de pensar.</p><p>Hay veteranos de sesenta y tantos años con las islas tatuadas en el antebrazo. Hay hijos de ex combatientes que nunca conocieron a sus padres en paz —porque esos días en el sur los devolvieron rotos— y que llevan el mismo tatuaje. Hay pibes de veinte que nacieron décadas después de lo que pasó y que lo sienten como algo propio sin que nadie se los haya enseñado. Eso no se fabrica, se hereda.</p><p>El reclamo también vive en los foros internacionales, en las resoluciones de la ONU y en las notas diplomáticas que se envían al Reino Unido sin demasiada urgencia. Esa Malvinas institucional coexiste con la del tatuaje y la de la cancha, pero rara vez se hablan.</p><p>Lo que todavía espera</p><p>Malvinas duele tanto porque es demasiadas cosas al mismo tiempo y ninguna de ellas está resuelta. Es la causa soberana legítima que sigue pendiente. Es la guerra que ordenó una dictadura criminal. Son los muertos que merecen más que un desfile. Son los veteranos que volvieron y fueron abandonados, y que siguieron muriendo en silencio durante décadas. Es el pueblo que aplaudió su recuperación y la sociedad que tardó años en poder mirarse al espejo. Es el nudo imposible entre la condena a los militares y el reconocimiento de quienes pelearon bajo sus órdenes sin pedirlo. Es el reclamo diplomático que no avanza. Es la canción que se aprende antes que la historia. Es el nombre de una avenida o una calle. Es el tatuaje. Es el llanto que aparece en los actos sin que nadie pueda explicar exactamente de dónde viene.</p><p>Malvinas es una herida abierta porque el país que la vivió todavía no terminó de entenderse a sí mismo. La democracia volvió sobre los escombros que dejó la dictadura, y fue de urgencia en urgencia, de crisis en crisis, y todo eso quedó siempre ahí, a la espera. Como esos temas de familia que se evitan en las reuniones y que sin embargo organizan todo lo que ocurre debajo de la superficie. Lo que no se llora, duele. Y mientras eso pase, algo en este país todavía puede cambiar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_YK3FKfimnNvXMEM69az9bDqMG8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Pasaron 44 años del 2 de abril de 1982 y Argentina vuelve a detenerse frente a sus islas con una mezcla de duelo, orgullo y confusión que casi ningún otro hecho de nuestra historia genera. No es solamente nostalgia o patriotismo. Es algo más incómodo: la marca de una herida que este país jamás procesó del todo.]]>
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                <published>2026-04-02T09:55:34+00:00</published>
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            Rubén Oscar García: “Los valores que nos puede enseñar Malvinas son fundamentales”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cSDBWHJ46EBk2TAo73R76z4_Hw4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ruben_oscar_garcia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada año, los primeros días de abril traen consigo el recuerdo de la Guerra de Malvinas, un episodio que marcó para siempre al pueblo argentino y que continúa despertando miles de memorias, reflexiones y emociones al día de hoy. El 2 de abril de 1982, la Dictadura al mando de Galtieri recuperó por la fuerza las Islas Malvinas e inició una guerra contra el Reino Unido, la potencia imperial que las ocupa desde 1833.</p><p>Se trató de una maniobra política para frenar el descontento social ante la crisis, la represión y la pérdida de legitimidad del gobierno de facto, que se realizó tomando una causa profundamente justa como lo es el reclamo de soberanía sobre las Islas. Con esta y otras particularidades y contradicciones, las experiencias y sentimientos en torno a Malvinas siempre han sido complejos y diversos.Hoy, con el paso del tiempo, la sociedad en su conjunto entiende que más allá de las circunstancias en que se dio el conflicto, la causa Malvinas es justa, y el reconocimiento y homenaje a quienes defendieron nuestra bandera, incluso entregando la vida, es más que necesario. Sus historias y palabras están presentes en escuelas, actos, charlas y medios de comunicación; siembran memoria e identidad nacional, y transmiten los valores y aprendizajes que la dura vivencia de la guerra, con sus luces y sombras, les ha dejado.Nuestra ciudad tiene a sus caídos y veteranos de guerra, y año tras año crecen las iniciativas para recordarlos, visibilizar sus testimonios y reflexionar sobre Malvinas. En esa línea, Ahora ElDía conversó con Rubén Oscar García, excombatiente gualeguaychuense, quien compartió su mirada sobre el tema y relató su experiencia personal en las islas.&nbsp;</p>Créditos: Mauricio Ríos<p>García nació y se crió en Gualeguaychú, cursó sus estudios primarios en la Escuela Rawson y parte de la secundaria en el Colegio Nacional “Luis Clavarino”. Cuando tenía casi 16 años dejó los estudios para hacer la carrera militar en la Escuela de Suboficiales del Ejército "Sargento Cabral". Recibido como Cabo conductor-motorista, fue destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 7, con asiento en la ciudad de La Plata.</p><p>&nbsp;Aquel 2 de abril lo encontró de vacaciones en Gualeguaychú, con 20 años. Pocos días después, cuando se presentó en su regimiento, encontró un gran despliegue. Todo estaba pronto para partir hacia las Islas. Muchos lo hicieron en avión, pero a García le tocó hacerlo por vía marítima, en el buque “Formosa”.</p><p>“Salimos el martes 13 de abril y llegamos el día de mi cumpleaños, el 21 de ese mes. Llevábamos todos los pertrechos militares de nuestro regimiento: carros aguateros, vehículos, municiones, armamento y alimentos. El ‘Formosa’ fue el único buque que cruzó el bloqueo de los submarinos ingleses. Salimos de Buenos Aires rumbo a Santa Cruz, pasamos por Punta Quilla y ahí hubo una reunión con los altos mandos, ya que estaba la disyuntiva de si seguir o no porque el bloqueo ya estaba impuesto por los ingleses: todo buque o aeronave que violara ese espacio iba a ser declarado como hostil. Se tomó la decisión de seguir y fue el único buque que llegó hasta Puerto Argentino”, contó.&nbsp;&nbsp;</p>Créditos: Mauricio Ríos<p>El rol de García estaba en la Compañía de Servicio, por lo cual fue parte de la complicada logística que tuvieron para trasladar y repartir todo el material militar en el difícil terreno malvinense. El sitio donde le tocó estar fue Moody Brook, frente al excuartel de los Royal Marines; una de las zonas clave en la historia del conflicto. Allí, y en otros lugares de las Islas, el primero de mayo se vivió como un punto de inflexión.</p><p>“A partir del primero de mayo se empezó a sentir la realidad de esta historia. Los bombardeos de los ingleses tuvieron un efecto psicológico muy importante. Si bien no tenían un objetivo puntual, generaban un desgaste mental. Había varias alertas constantemente. Psicológicamente era terrible porque escuchábamos el estampido de la boca del cañón, esperábamos el proyectil que no llegaba, hasta que escuchábamos el silbido y sentíamos su impacto. La isla entera temblaba. Fue terrible, en esos momentos pensé que no iba a poder regresar”, recordó.Bautismo de fuego</p><p>&nbsp;El Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 7, conocido como "El 7 Bravo", fue la unidad que más bajas tuvo durante el conflicto de Malvinas: 36 muertos y más de 150 heridos. Entre el 11 y 12 de junio, en los últimos días de la guerra, enfrentó durante horas al 3er Batallón de Paracaidistas británico en lo que fue el combate más largo y encarnizado del conflicto: la Batalla de Monte Longdon. A su vez, otros batallones y compañías del mismo regimiento resistieron a la artillería y al avance de las tropas inglesas en otras áreas cercanas, como Moody Brook, donde estaba apostado García. Fueron combates decisivos en cercanías de Puerto Argentino (Stanley), un punto clave a defender.“La situación a partir del 11 de junio fue muy crítica. Hubo muchos nervios, miedo e incertidumbre, porque muchas veces no podíamos tener acceso a la información real de lo que estaba pasando. Ese día hubo bombardeos de todo tipo, la artillería tiraba continuamente, apoyando el avance de la infantería para que tome posición. A los ingleses les costó llegar, el regimiento luchó cuerpo a cuerpo hasta donde pudo. Cuando se firmó la rendición fue una mezcla de tristeza y alivio a la vez porque no sé lo que hubiese pasado. Hubiera sido una matanza. Una cosa es contarlo, pero verlo y sentirlo es muy distinto. Es algo difícil de expresar”, describió.Y agregó: “De esos días tan críticos pienso en la situación de batalla, los ruidos, los gritos. El hambre y el frío se hacían notar. Llegó un momento en que se priorizaba más la munición que la alimentación”.&nbsp;</p>Paracaidistas britanicos afuera del cuartel de Moody Brook, finalizada la batalla por Puerto Argentino (foto restaurada)<p>La rendición de las fuerzas argentinas llegó precipitadamente el 14 de junio. Al igual que otros miles de soldados, Rubén Oscar García fue tomado prisionero por los ingleses y llevado en el buque SS Canberra al continente. “Nos llevaron a todos al puerto. Los ingleses querían saber sobre las minas que habíamos plantado en el territorio. Querían saber el grado y que es lo que hacía cada uno en la guerra, para lo cual tenían un traductor. El trato por parte de ellos fue muy bueno. Nos hicieron bañar y nos dieron de comer. Desde ahí fuimos hasta Puerto Madryn, después a Trelew y a Campo de Mayo. Ahí no querían que nos presentáramos ante la sociedad y los familiares así como estábamos, por lo que nos dieron ropa nueva, nos cortaron el pelo y nos hicieron un test psicológico. Como a los dos o tres días pudimos salir. Nos dieron dos o tres días de vacaciones y después había que volver así como si hubiéramos ido a un paseo”, resumió. Sin embargo, el mayor desafío quizá estaba en volver a casa.Cuando el olvido es peor que la guerraUna vez terminado el conflicto, García siguió en el Ejército hasta 1983, cuando decidió darse de baja y volver a Gualeguaychú. “La posguerra fue durísima, creo que fue más dura que la guerra. La posguerra hizo que el veterano a veces se escondiera, y no quisiera hablar o le costase hacerlo, porque nos inculcaron eso, la desmalvinización. Hay muchos veteranos que se quedaron con eso. No es mi caso, siempre traté de seguir mi camino como pude y con las herramientas que teníamos. Lamentablemente, las cifras de los suicidios prácticamente superan las bajas en la guerra, y ese no es un dato menor”, relató.Y amplió: “Hubo mucha indiferencia. Con los distintos gobiernos constitucionales se trató de que de Malvinas no se hable nada. Había una especie de miedo y vergüenza. Y todo eso hizo mella en nosotros. Había compañeros que no querían decir que habían estado en la guerra. En mi caso se sintió peor porque tenía el rótulo de haber sido ‘militar’. Al principio, se hacían diferencias entre quienes habían ido a las Islas como conscriptos y quienes estaban en las Fuerzas Armadas. Pero yo nunca sentí ni fui parte de la Dictadura, ni participé en nada relacionado a ella. Había entrado con 16 años al Ejército y me tocó ir a Malvinas con 20”.“Me costó mucho reinsertarme en la sociedad. Haber sido militar no me favorecía para nada. Hice changas durante varios años hasta que en 1988 entré a trabajar a la Municipalidad de Gualeguaychú, hasta que me jubilé”, completó. Por otra parte, el veterano gualeguaychuense recordó que la lucha por el reconocimiento a los excombatientes fue un proceso largo, en el que les costó mucho conseguir las reivindicaciones correspondientes por parte del Estado.“La sociedad de Gualeguaychú y toda la sociedad en general está al lado nuestro. Sin duda que la situación ha cambiado a lo largo de todos estos años. Nos hemos agrupado y hemos luchado por nuestros derechos y hoy estamos reconocidos a nivel municipal, provincial e internacional, que no es poca cosa. Pero todo ha sido a base de organización, de lucha y de estar permanentemente reclamando, algo que no tendría que ser así”, expuso.Sobre la salud mental y la vida después de la guerra, García también comentó: “A veces escucho a otros compañeros veteranos y es como si todavía estuvieran combatiendo. Cada quien lo ha procesado a su manera y tuvo la contención que pudo para atravesar una situación de tal magnitud. Creo que la familia, en mi caso, fue un pilar fundamental”.&nbsp;La complejidad de Malvinas y de las vivencias dispares que tuvo cada soldado, hayan sido profesionales o apenas conscriptos, dio lugar a narrativas de “víctimas” y “héroes”. “Personalmente, traté de nunca quedarme con lo que pasó, ni de victimizarme. Fue una situación que me tocó vivir y lo hice lo mejor posible. Siempre digo: ahí todos dieron todo, y algunos su vida. Los verdaderos héroes son los que quedaron, ya que hicieron honor a su juramento. Los demás fuimos testigos privilegiados de lo que pasó, protagonistas. Estoy orgulloso de haber sido parte de esa gesta, pero no me siento víctima para nada. No es mi caso, pero todas las opiniones son válidas y cada quien tuvo una experiencia distinta”, reflexionó.</p>Créditos: Mauricio Ríos<p>El sentido de “malvinizar”</p><p>Según expresó García, detrás del concepto de “malvinizar” no solamente está la enseñanza de la historia y del reclamo legítimo sobre las Islas, sino también los aprendizajes que dejó esta experiencia tan dura. “No hay una causa que nos una tanto a los argentinos como Malvinas. A diferencia de otras cosas, con Malvinas estamos todos juntos y eso es sumamente importante, como también lo es transmitir nuestra experiencia y mensaje. A veces pienso, ¿Qué va a pasar después, cuando no estemos? Con el legado, por así decirlo. Nuestra idea es seguir inculcando Malvinas en todos los lugares”, manifestó.En ese sentido, señaló: “A veces esquivo hablar de la guerra en sí, porque creo que hay que transmitir otros valores. La guerra debe ser lo peor que le puede pasar a un ser humano, pero los valores que nos puede enseñar Malvinas son fundamentales, como el amor a la Patria, la solidaridad, la hermandad y la perseverancia. A veces uno escucha la palabra patria y no toma dimensión de lo que significa. Patria es mi vecino, es mi hermano, es mi tierra, es mi idioma, es todo. La palabra tiene un peso tremendo, un significado enorme”. Y concluyó: “Ese es el mensaje, para los jóvenes, sobre todo, que son el futuro. Creo que una nación se hace grande con los valores como punto de partida”.&nbsp;</p>]]>
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