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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-04-26T11:45:07+00:00</updated>
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            El legado de Francisco y el protagonismo de las nuevas generaciones en la Iglesia de Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JjoKpGppAvlmARhBQoFttoyvXuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/encuentro_jovenes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El fin de semana pasado, una escena poco habitual en la Plaza de Mayo volvió a poner en discusión el vínculo entre la Iglesia y las nuevas generaciones. El sacerdote portugués Guilherme Peixoto encabezó un multitudinario evento en el que combinó música electrónica con mensajes religiosos y fragmentos de discursos del papa Francisco, en el marco de un homenaje a un año de su fallecimiento. La propuesta, abierta y gratuita, reunió a miles de jóvenes en un formato más cercano a un festival que a una celebración tradicional.</p><p>Más allá de lo llamativo del formato, el evento reflejó un cambio más profundo dentro de la Iglesia: la búsqueda de nuevos lenguajes para acercarse a los jóvenes. La música, la experiencia colectiva y la ocupación del espacio público aparecen como herramientas para generar pertenencia en una generación que muchas veces se siente distante de las estructuras religiosas más clásicas. Este giro tiene una relación directa con el legado de Francisco, quien durante su pontificado insistió en la necesidad de “salir” hacia las periferias, incluso las culturales, y de construir una Iglesia más abierta, cercana e inclusiva.</p><p>Otra lectura interesante que intuye un renovado acercamiento a la fe por parte de los jóvenes es la que plantea la activista socioambiental Mercedes Pombo en su reciente entrega del newsletter Naturaleza de Derechos. En su texto titulado “¿Los jóvenes están volviendo a Dios?” Pombo aduce que esto podría tener que ver con una reacción frente a la fragmentación del sentido y la saturación del individualismo contemporáneo. En un contexto donde todo parece reducido a la lógica del consumo, la autoexigencia y la construcción permanente de una identidad individual, muchas veces mediada por lo digital, emerge una necesidad más profunda: la de pertenecer a algo que trascienda lo inmediato y lo personal.&nbsp;La propuesta cristiana, especialmente en la línea impulsada por el papa Francisco, aparece entonces como una alternativa que no solo ofrece espiritualidad, sino también comunidad, historia y un horizonte compartido. Frente a una vida marcada por la precariedad, la incertidumbre y la falta de proyección, la fe vuelve a presentarse como un espacio donde reconstruir vínculos, recuperar raíces y encontrar un sentido que no dependa exclusivamente del éxito individual, sino de la relación con los otros y con un proyecto común.</p><p>Este contexto y las reflexiones que habilita sirven como disparador para remitirnos al plano local y ahondar en el rol que tienen hoy los jóvenes en la Iglesia Católica de Gualeguaychú. En ese sentido, Ahora ElDía indagó en el XXXVI Encuentro Diocesano de Jóvenes que se realizó ayer en la ciudad y habló con dos de sus protagonistas y organizadores: Matías Padilla y Tiago Ramírez, oriundos de Gualeguay y Gualeguaychú, respectivamente.&nbsp;</p><p>Bajo el lema “Cuidas mi vida joven”, la jornada organizada por la Pastoral Juvenil y Vocacional reunió a jóvenes mayores de 18 años de toda la diócesis con el objetivo de fortalecer la fe, fomentar el encuentro entre pares y generar cercanía con el obispo diocesano, Héctor Zordán.</p><p>Las actividades comenzaron en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, donde los jóvenes partícipes fueron recibidos por el obispo para luego peregrinar hasta el Instituto Sedes Sapientiae, donde se desarrollaron las actividades centrales entre el mediodía y la tarde. Posteriormente, se realizó una procesión hacia la parroquia Santa Teresita y una misa de cierre. La jornada tuvo por cierre una propuesta gratuita y abierta a toda la comunidad: la presentación de la popular cantante católica oriunda de Paraná Verónica Sanfilippo, la cual fue acompañada por un momento de adoración y alabanza.</p><p>&nbsp;</p><p>“Tener estos encuentros siempre es importante para la vida espiritual de los jóvenes. Se trata de espacios en los que, además de reunirnos y compartir un lindo momento, nos encontramos principalmente con Dios y lo vivenciamos en los gestos y palabras de nuestros hermanos”, dijo Matías, y resaltó que “en los tiempos que corren, esto adquiere especial importancia” ya que “los jóvenes nos encontramos buscando cada vez más el sentido de nuestra vida”. “Esto se vio reflejado en las encuestas realizadas previamente al encuentro. Necesitamos reafirmar la idea de que Dios cuida nuestra vida joven y le da sentido dentro del plan que tiene para nosotros”, añadió.</p><p>Por su parte, Tiago puso el foco en que “estos encuentros demuestran lo importante que somos los jóvenes, no solo en nuestra Iglesia, sino también en la sociedad”. “Es común escuchar ‘la juventud está perdida’, y no lo está, hay que salir a buscarla solamente. Y estos espacios son para eso, para que todos los jóvenes encontremos nuestro lugar y seamos escuchados. Algunos dicen ‘los jóvenes son el futuro’ pero también somos el presente, como decía el papa Francisco”, marcó.</p><p>Respecto a la figura del papa Francisco y su llegada hacia la juventud argentina, Matías señaló que “todo papa nos muestra a Dios con su carisma propio y su persona”, y en el caso de Francisco, “muestra el rostro de un Dios misericordioso y sencillo, que acoge a toda persona que lo busca y cree especialmente en el joven”. “Es un Papa que acercó y seguirá acercando a muchos jóvenes a la Iglesia, y nos entusiasmó a ser testigos de Dios con frases como ‘Hagan lío’ o ‘Ustedes son el ahora de la Iglesia’. Además, no dudó en mostrarse como argentino, con todo lo que nuestra cultura implica. Esto último provocó que su mensaje tuviera especial aprecio y llegada en nuestro país”, observó.</p><p>Tiago coincidió en la importancia y vigencia actual de Francisco, y destacó que “es un ejemplo de servicio y entrega a Dios, de dejar nuestra comodidad y salir a buscar a más jóvenes que necesitan de Jesús”. “Sin irnos muy lejos, en nuestra ciudad muchos necesitan de Él. El papa Francisco decía que la Iglesia está abierta para todos, y es así; con nuestros errores y defectos, Jesús va a nuestro encuentro siempre con los brazos abiertos”, expresó.</p><p>Tradicionalmente, Gualeguaychú se destacó como una ciudad con gran participación de jóvenes en grupos parroquiales y de Acción Católica, innovando y logrando buena convocatoria en encuentros y retiros como “Pascua Joven” y “Gualeguaychú es Navidad”, por nombrar algunos. Hoy por hoy, este espíritu sigue presente.“Los jóvenes cada vez adquieren mayor relevancia y unidad en la Diócesis, y Gualeguaychú no es la excepción”, aseguró Matías. “Si bien estaría bueno generar cada vez más espacios y opciones, hoy en día contamos con diferentes alternativas para vivir nuestra vida de fe en comunidad. Hay varios grupos misioneros y parroquiales, grupos de espiritualidad, grupos para universitarios, entre otros. También son de edades varias, en algunas comunidades desde los 7 u 8 años, extendiéndose hasta la plena juventud. Algo a destacar es que los jóvenes hoy no se quedan en una sola comunidad dentro de su ciudad si no que van viviendo su fe en otras más, sintiéndose parte de una misma Iglesia. Además, a nivel diocesano se realizan diferentes eventos que se realizan cada año y nos muestran que todos somos parte de la misma Iglesia Diocesana, tales como el Encuentro de Jóvenes, el Encuentro de Adolescentes o la Misión Diocesana”, explicó.Por su parte, Tiago también mencionó estos encuentros y la diversidad de grupos, a los cuáles sumó los de Infancia y Adolescencia Misionera y de Scouts. Destacó el lugar preponderante de los jóvenes en la Iglesia y mencionó que hoy tienen además un espacio para participar de los consejos pastorales parroquiales, lo cual “suma para que los jóvenes se sientan tenidos en cuenta en sus comunidades”.</p><p>Y concluyó: “Quiero decirles a los jóvenes que se animen a buscar a Cristo. Es una búsqueda constante y no nos soluciona todos los problemas, pero nos da las herramientas para superarlos, hacerlos más sencillos. En estos encuentros y comunidades encontramos amistades que duran para toda la vida, nos encontramos con personas que hablan el mismo idioma y que están necesitados de Jesús. El demostrar que uno lo necesita es mostrar fortaleza. Es algo hermoso y simple”.</p><p>Otro de los organizadores del encuentro fue el Padre Juan Pablo Martinolich, quien también conversó con este medio y remarcó que, más allá de priorizar el encuentro con Jesús, “estos espacios también son de encuentro entre jóvenes, para que puedan escucharse entre sí y nosotros a ellos, y puedan contarnos la realidad que están viviendo”.</p><p>En ese sentido, comentó que antes de comenzar con la organización del encuentro se enviaron encuestas para saber qué temas querían que se trabajaran en la jornada. “Salió mucho el tema de las adicciones, de los suicidios, de ver la realidad del joven, de cómo ser escuchados. Los jóvenes piden mucho ser escuchados, no solamente acá, sino que también lo vimos en el Encuentro Regional de Jóvenes que se hizo el año pasado. En base a todo eso diagramamos el encuentro. Por eso se llama “Cuidas mi Vida Joven”, que un poco va a referido a Jesús, pero también para ver, nosotros como adultos y entre ellos, cómo cuidar ese tesoro tan grande que es la juventud”, contó y agregó: “El papa Francisco nos pedía en este contexto actual que tengamos ‘la cultura del encuentro’: escucharnos, vernos a los ojos, sentarnos y charlar. Ver que cuando nos unimos podemos lograr cosas grandes. Es importante encontrarnos entre nosotros y con Dios. Por eso estos espacios son relevantes y tratamos de que la invitación llegue a todos los jóvenes, no solamente a quienes ya participan de comunidades”.</p><p>“Hagan lío”: el pedido de Francisco a los jóvenes para transformar la Iglesia</p><p>Probablemente sea uno de los mensajes más recordados del papa Francisco hacia la juventud, o al menos la primera de tantas frases que interpelaron a la Iglesia joven y al catolicismo en general. La dijo en 2013, durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, y desde entonces se convirtió en una especie de consigna dentro de la Iglesia.</p><p>Pero con ella el por entonces recién elegido Papa no se refería a provocar caos sin sentido, sino a sacudir la comodidad. Francisco invitaba a los jóvenes a no ser pasivos, a no quedarse encerrados en una fe rutinaria o individual, sino a salir, involucrarse y transformar la realidad. “Hacer lío” implicaba cuestionar lo que no funciona, comprometerse con los demás y animarse a incomodar incluso dentro de la propia Iglesia si eso ayudaba a renovarla.</p><p>También tenía un fuerte sentido social: el Papa pedía a los jóvenes que se metieran en los problemas concretos: la pobreza, la exclusión, la injusticia, y que no miraran desde afuera. En su lógica, una Iglesia viva es una Iglesia en movimiento, con jóvenes activos, creativos y comprometidos.</p><p>Con el tiempo, la frase quedó como un símbolo de su estilo: una Iglesia menos rígida y más dinámica, donde los jóvenes no solo participan, sino que empujan cambios. En ese marco, iniciativas más innovadoras, como encuentros juveniles, actividades en el espacio público o propuestas culturales distintas, pueden leerse justamente como una forma concreta de ese “lío” que Francisco proponía.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JjoKpGppAvlmARhBQoFttoyvXuQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/encuentro_jovenes.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Bajo el lema “Cuidas mi vida joven”, el XXXVI Encuentro Diocesano reunió ayer a jóvenes de la ciudad y alrededores en un espacio de comunidad, escucha y sentido compartido. En un contexto marcado por nuevas formas de acercamiento a la fe, el evento puso en primer plano el rol activo de las juventudes en la Iglesia Católica local.]]>
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                                <category term="miradas" label="Miradas" />
                <updated>2026-04-26T11:45:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-26T11:00:00+00:00</published>
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            Visibilizar el legado chaná: el desafío de transformar una ordenanza en memoria viva
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante gran parte de su historia, Gualeguaychú desconoció sus raíces originarias y quiénes fueron realmente los chaná: un pueblo seminómada de hábiles canoeros y artesanos que habitó los ríos y montes entrerrianos, sustentándose en la pesca, la caza, la recolección y algunos cultivos elementales. Su presencia en el territorio comenzó a ser rescatada del olvido gracias al trabajo arqueológico del profesor Manuel Almeida. A partir de sus investigaciones y de la labor de quienes continuaron su camino, una cultura arrasada durante la Conquista e invisibilizada por el relato dominante empezó a recuperar su lugar en la historia local.</p><p>Dos décadas atrás, un hecho clave fortaleció ese proceso de recuperación: el nogoyaense Blas Jaime reveló que conservaba la lengua chaná, considerada extinta desde hacía casi dos siglos. Según relató, el idioma había sido transmitido en secreto de generación en generación, especialmente entre mujeres, reconocidas como “guardianas de la memoria”. A partir de ese hallazgo, los estudios sobre el pueblo chaná cobraron un nuevo impulso y crecieron el interés y la curiosidad de muchos entrerrianos por redescubrir su pasado y, en algunos casos, sus posibles vínculos ancestrales.</p>Blas Jaime junto a su hija, realizando un tradicional saludo chaná.<p>En la ciudad, ese interés se tradujo en acciones concretas. Músicos, escritores, docentes y vecinos de distintas edades impulsaron producciones artísticas y propuestas pedagógicas que, año a año, fueron ganando visibilidad. En ese marco, en 2023 la docente de Historia y Geografía Noelia Echeverría, junto a estudiantes del Colegio Malvina Seguí de Clavarino, llevó a la Banca Abierta del Concejo Deliberante un proyecto que derivó en la sanción de la Ordenanza Nº 12840, que instituyó el 26 de marzo como el “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”.</p><p>El reconocimiento marcó un punto de inflexión. A partir de entonces se conformó el Comité “Opatimá”, que hace menos de un mes organizó, por tercer año consecutivo, una jornada abierta de reflexión, debate y expresión artística en el Teatro del Puerto y sus alrededores. Entre las actividades se destacó la realización de un mural en la Plaza Almeida, a cargo de la artista Victoria Frigo, quien recrea escenas de la vida cotidiana del pueblo chaná a través de su obra.</p><p>En la previa del Día del Aborigen Americano, que se conmemora cada 19 de abril en toda Latinoamérica desde 1940, Ahora ElDía dialogó con Echeverría sobre los desafíos actuales del comité y la necesidad de profundizar la implementación de la iniciativa, con el objetivo de ampliar su alcance educativo y cultural.“Sentimos que la Ordenanza no logra tener el alcance de impacto educativo ni cultural que quisiéramos. Siempre nos planteamos el temor de que esta iniciativa caduque en algunos agentes interesados y que por lo tanto la normativa pierda vitalidad. Por eso, se nos planteó la posibilidad de establecer que estas jornadas de diálogo y preservación de la cultura chaná puedan designarse como de interés cultural. Todavía nos falta lograr el ensamblaje con la parte educativa, porque la Ordenanza debería ser parte del Área de Educación y de Cultura para que ejecuten su articulación. Como eso no es visiblemente palpable nosotros generamos todo tipo de propuestas y actividades”, contó Echeverría, e indicó que si bien no redactaron un plan de acción ni establecieron un protocolo, la jornada sostuvo un nutrido diálogo en torno a “pensar cómo ampliar los involucrados”.&nbsp;</p><p>“El comité es muy autogestivo. Entendemos que la única forma de mantener esto vivo es que crezca, y nuestro deseo es que lo haga cada vez más. Por eso, revitalizamos la idea de ampliar la comunicación, creando un perfil en redes sociales y dejando a la mano de los docentes y asistentes al encuentro una guía de difusión con información importante para abordarlo en las escuelas. También estamos abiertos a sugerencias y otras instancias de socialización y trabajo compartido y comunitario”, amplió.</p><p>Acerca de la ordenanza</p><p>En noviembre de 2023, el Honorable Concejo Deliberante de Gualeguaychú sancionó la Ordenanza Nº 12840 con el objetivo de saldar una deuda histórica con la nación chaná. A más de dos años de su aprobación, la normativa continúa siendo una herramienta clave en el proceso de recuperación de la memoria y el reconocimiento de esta cultura.</p><p>La ordenanza estableció el 26 de marzo como fecha conmemorativa, en referencia a la presentación del diccionario bilingüe chaná-español de Blas Wilfredo “Don” Omar Jaime, considerado el último hablante registrado de esta lengua en Entre Ríos.</p><p>En sus fundamentos, la norma subrayó que los chaná fueron una sociedad organizada, con normas, autoridades y una cosmovisión profundamente ligada a la naturaleza. Los hallazgos arqueológicos, con más de 2000 años de antigüedad, evidencian una presencia sostenida previa a las narrativas coloniales que estructuraron la historia oficial.</p><p>Asimismo, advirtió sobre el desconocimiento persistente en torno a esta cultura, reflejado en su escasa presencia en la currícula educativa y en los relatos institucionales. En respuesta, la ordenanza promovió la incorporación de contenidos específicos en las escuelas, junto con la realización de actividades, talleres y políticas públicas orientadas a su visibilización.</p><p>La iniciativa también planteó la necesidad de fortalecer la identidad regional desde sus raíces, reconociendo que la relación con el río y el entorno natural, tan característica del ser entrerriano, tiene profundas bases en estas culturas originarias.</p><p>Además, impulsó la articulación entre el Estado, instituciones educativas, organizaciones sociales y universidades, e incorporó una perspectiva de género en las acciones vinculadas.</p><p>A más de dos años de su sanción, la ordenanza no solo sumó una efeméride al calendario local, sino que abrió un proceso más amplio de revisión histórica. En un contexto donde los debates sobre memoria e identidad ganan centralidad, recuperar el legado chaná sigue siendo un desafío vigente. Porque en esa reconstrucción no solo se revisa el pasado, también se redefine la identidad presente de Gualeguaychú desde una mirada más inclusiva y consciente de sus raíces.</p><p>Miradas que sostienen el rescate de la memoria</p><p>El proceso de recuperación de la cultura chaná en Gualeguaychú no es reciente ni aislado, sino el resultado de años de trabajo de artistas, docentes e investigadores que vienen impulsando una reparación histórica e identitaria desde distintos ámbitos.&nbsp;</p><p>En ese sentido, la artista y docente Paulina Lemes remarcó en una entrevista anterior con este medio la necesidad de romper con las imágenes estereotipadas construidas desde la Conquista. A través de proyectos visuales y pedagógicos, planteó la importancia de reconstruir escenas cotidianas que permitan “imaginar a una mamá o abuela haciendo cerámica y a los gurises alrededor”, en contraposición a la figura del indígena asociada exclusivamente a la guerra.</p>Ilustración: Victoria Frigo<p>Desde una perspectiva similar, el profesor y editor Amadeo Nicolás Darchez subrayó que el rescate de esta historia no solo amplía el conocimiento del pasado, sino que también interpela el presente: entender que la sociedad se construyó sobre un “borramiento histórico” permite mirarse de forma más crítica y reconocer otras formas de vínculo con el entorno, más armónicas y sostenibles.</p><p>Sin embargo, también advirtió que se trata de un proceso en desarrollo, con avances, pero aún con desafíos.</p><p>En la misma línea, el antropólogo Axel Weissler consideró que la recuperación de la memoria indígena implica ampliar la idea de identidad local. Señaló que la historia de la ciudad no puede entenderse únicamente desde su herencia europea o criolla, sino que debe incorporar las raíces originarias como parte constitutiva del territorio. “Sin esa recuperación, se está contando solo una parte de la historia”, planteó.</p><p>Además, destacó que este proceso es también una forma de enfrentar el olvido producto del genocidio y de construir una identidad más inclusiva, donde convivan las distintas tradiciones que dieron forma a la región.</p><p>Las distintas voces coinciden en un punto central: visibilizar el legado chaná no es solo una tarea cultural, sino también política y educativa. Y, en ese sentido, el desafío actual, tal como hoy señalan desde el Comité Opatimá, es lograr que ese camino de recuperación histórica se sostenga en el tiempo y se traduzca en acciones concretas que alcancen a toda la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yxRgV65JI8gWJMxHgw9CgoK4wE8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2025/04/chana.png" class="type:primaryImage" /></figure>A más de dos años de la sanción de la institución del “Día del Chaná y de la Preservación de la Cultura Chaná”, referentes culturales y educativos de Gualeguaychú impulsan nuevas acciones para fortalecer la implementación de la norma y, lograr que la historia y herencia de este pueblo tengan un lugar real en la comunidad y en las escuelas.]]>
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                <published>2026-04-18T23:13:00+00:00</published>
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            Día Mundial del Malbec: la historia del vino ícono de la argentinidad que conquistó el mundo desde nuestro suelo
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                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ECgnO3sbz_PF3T7-BFpB7bbp7SE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/placeres.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace apenas cuarenta años, nadie se hubiera animado a pronosticar el éxito vertiginoso y aplastante que hoy goza nuestra uva de bandera en todo el mundo. Pero se trata de una realidad incuestionable, tanto como que el héroe de los varietales tintos argentinos supo tener, también, épocas de anonimato, tiempos de sostén de vinos populares, períodos de dura erradicación de viñedos y décadas de triste olvido en las bodegas. El estrellato no ha sido fácil: es el resultado de un largo camino lleno de obstáculos y sinsabores que constituyen una historia por sí mismos.</p><p>La introducción del legendario Michel Aimé Pouget en 1853 forma parte de la historia oficial y no da lugar a ningún tipo de revisionismo. Los registros dan absoluta fe de ello, así como de la creación de la Quinta Normal de Mendoza, donde el especialista francés pudo darle a la entonces naciente industria del vino argentino una impronta de calidad desde su composición varietal. Doce años después, se reconoce oficialmente el primer viñedo de esta cepa en la localidad de Panquehua, al norte de la capital mendocina, propiedad de la bodega González Videla (existente aún hoy y la más antigua de la provincia).</p><p>El Malbec tuvo una amplia aceptación entre los productores de la época, cuya sabiduría les permitió apreciar todas las virtudes que presentaba en las tierras de Cuyo, tales como vigor, volumen y poca susceptibilidad a las enfermedades, además de producir vinos de buen grado alcohólico, buen color, aromas intensos y ricos sabores. La entonces llamada “uva francesa” fue la cepa más difundida en la Argentina. Los primeros viticultores plantaban según la tradición europea: cada seis plantas de Malbec una de la variedad blanca Semillón. De este modo se elaboraba un corte que, según los antiguos bodegueros, equilibraba la gran concentración de color del Malbec y le quitaba esa marcada aspereza aportada por los taninos.</p><p>Con tantas cosas a favor, no resulta extraño que el Malbec haya sido la variedad tinta más plantada en los viñedos desde 1900 hasta 1980.</p><p>Hacia el final de ese período, la situación general de la vitivinicultura argentina se volvió sumamente sombría. Los tiempos del consumo monstruoso en volumen se habían terminado en un proceso tan inesperado como veloz. En el camino quedaba un modelo de producción que apuntaba a los grandes volúmenes, de un modo tan exagerado que hoy puede parecer irreal por su envergadura. Mientras tanto, la falta de horizontes y el derrumbe de muchas bodegas hicieron decrecer los números del viñedo nacional en casi una tercera parte. En medio de aquellos días de tormenta, nuestro tinto tenía pocos exponentes puros ya que su mayor uso estaba reservado al corte con vinos de menor valor en calidad y precio.</p><p>No obstante, el cambio ya estaba llegando. Durante los años finales del fin de siglo pasado, la reconversión de la industria hacia el concepto de calidad modificó las cosas una vez más a favor del Malbec. Los lanzamientos de nuevas marcas en el mercado doméstico y la exportación tuvieron a nuestro abanderado como protagonista incuestionable. Al filo del 2000, el viejo y querido cepaje tinto argentino volvió a encabezar la lista en los censos vitícolas, lugar que había perdido durante los años más duros a manos del Bonarda. Mientras tanto, los referentes internacionales de la prensa especializada ponían su mirada en ese vino tinto corpulento pero redondo, capaz de llenar la boca sin dureza, tan rico, tan versátil y tan agradable de beber. Sin dudas, comenzaba una nueva época de esplendor para el producto vinícola nacional más arraigado en el alma de los consumidores.</p><p>Nuestro país es el mayor productor mundial de Malbec, un cepaje cultivado en todas las regiones vitivinícolas del territorio nacional. Es por ello que Wines of Argentina ha decidido desde 2011 rendirle homenaje a su cepa emblema a través de la creación del Malbec World Day todos los 17 de abril.</p><p>Datos al margen• Tiene su origen en la región sudoeste de Francia, donde suele formar parte del corte de los vinos. Como varietal se elabora en Cahors, pero sus características son sustancialmente distintas a las del Malbec argentino. Se la conoce también como Côt, Auxerrois, Cauly, Etranger, Mourame, Lutkens y Malbeck, entre otros nombres.&nbsp;&nbsp;</p><p>• Se cultiva en todos los oasis vitivinícolas argentinos, a lo largo del cordón de la cordillera de los Andes. En el noroeste –entre los 1.750 y más allá de los 2.300 metros sobre el nivel del mar–; más al sur en La Rioja y en los valles de Tulum, Ullum, Zonda y El Pedernal de San Juan; en Mendoza, en especial en Maipú, Luján de Cuyo, San Rafael y el Valle de Uco; y en la Patagonia, en el Alto Valle del Río Negro. También se lo puede encontrar en la altura de lso Valles Calchaquíes, en la zona marítima de Buenos Aires y hasta en la Mesopotamia, incluidas las viñas de Gualeguaychú.</p><p>• Es un cepaje versátil, con el cual se elaboran vinos jóvenes, rosados, espumantes, dulces, encabezados, ejemplares aptos para prolongadas guardas y hasta destilados (grappa).</p><p>• El Cavas de Weinert Estrella 1977, elaborado por el enólogo Raúl de la Mota, fue el primer Malbec emblemático de la viticultura local. Aún hoy se puede conseguir alguna botella.&nbsp;&nbsp;</p><p>• Luján de Cuyo es una Denominación de Origen Controlada (DOC) para todos los vinos elaborados a base de Malbec procedentes de esta zona de la provincia de Mendoza que cumplan con la legislación vigente. Fue aprobada en 1989 y se convirtió en la primera DOC vinícola de la Argentina. Tiene un reglamento que controla al mismo tiempo la calidad, la producción, la elaboración, el embotellado y la comercialización dentro del área geográfica delimitada, que se corresponde con variedades de uva tradicionales, con sus sistemas típicos de cultivo, técnicas de manejo, etcétera.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ECgnO3sbz_PF3T7-BFpB7bbp7SE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/placeres.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Es nuestra variedad emblema, la que más se bebe en nuestro país y la que más se exporta. Da vinos frutados, potentes y de taninos redondos, que de a poco van ganando fanáticos en todo el mundo.]]>
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                <updated>2026-04-20T09:45:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-17T09:30:00+00:00</published>
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            El violento ocaso de Justo José de Urquiza, el crimen que selló el fin de una era
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 11 de abril de 1870, en su residencia del Palacio San José, el general Justo José de Urquiza fue asesinado por un grupo armado vinculado al movimiento encabezado por Ricardo López Jordán. Casi en simultáneo, otras partidas vinculadas a la Rebelión jordanista asesinaron en Concordia a dos de sus hijos, Justo Carmelo y Waldino Urquiza. Ambos ocupaban cargos políticos y militares, y eran vistos como continuadores del poder y la influencia de su padre en la provincia.</p><p>Los hechos, violentos y simbólicos, no sólo terminaron con la vida de uno de los protagonistas centrales de la organización nacional y la de sus posibles herederos, sino que también abrió una nueva etapa en la historia política argentina, especialmente en Entre Ríos.</p><p>No hay dudas de que Urquiza fue una de las figuras más influyentes del siglo XIX argentino. Tras años como aliado de Juan Manuel de Rosas, en 1851 encabezó el Pronunciamiento que lo enfrentó al poder porteño. Poco después, al frente del Ejército Grande, logró derrotarlo en la Batalla de Caseros, un hecho decisivo que permitió iniciar el proceso de organización institucional del país. Ese triunfo abrió paso a la sanción de la Constitución de 1853 y a su posterior presidencia de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860.</p><p>Pero la Batalla de Pavón de 1861 marcaría un punto de quiebre para la historia nacional y del caudillo entrerriano. Allí se enfrentaron la Confederación Argentina, comandada por Urquiza, y el Estado de Buenos Aires, dirigido por Bartolomé Mitre. Estaba en juego qué modelo de país se iba a imponer: una organización con mayor peso de las provincias o un esquema centralizado bajo la hegemonía porteña.</p><p>El desarrollo del combate fue parejo y sin un vencedor claro. Sin embargo, en una decisión que aún hoy genera debate, Urquiza ordenó retirarse del campo de batalla y replegarse hacia Entre Ríos. Esa determinación, más política que militar, resultó decisiva: la Confederación se desarticuló y Mitre asumió poco después la presidencia del país unificado, consolidando el predominio porteño.</p><p>Desde entonces, el rol de Urquiza cambió de manera profunda. De acuerdo con algunas corrientes historiográficas, su actitud conciliadora con el poder central -primero con Mitre y luego con Sarmiento- fue vista como una claudicación para muchos entrerrianos y federales. En ese sentido, su negativa a apoyar levantamientos federales y su respaldo a la política nacional, incluso durante la Guerra del Paraguay, habrían profundizado el descontento y conducido a una erosión de su liderazgo, sentado las bases para la posterior insurrección que se cobró su vida. Se argumenta que durante años la figura de Urquiza había sido blanco de críticas, campañas periodísticas y advertencias sobre posibles atentados, y que desde sectores políticos se había instalado la idea de su eliminación como salida al conflicto.</p><p>Sin embargo, otras lecturas de los hechos afirman que no fue así, como la del profesor e historiador entrerriano Gastón Buet, especialista en el tema:&nbsp;“Se han tejido muchas mentiras alrededor de su asesinato. En primer lugar, las fuentes históricas revisionistas mienten cuando dicen que la estrella de Urquiza se había eclipsado. ¿Por qué en la partida que lo asesinó había solo un entrerriano? Si hubiera sido una persona mal vista en Entre Ríos, les hubiera sido fácil encontrar asesinos en la provincia. Por otro lado, cuando se lo acusa de traición y demás, fue toda una falacia inventada por López Jordán, apoyada después por la historia revisionista, que es rosista, y siempre trató de destruir la imagen de Urquiza. El trasfondo real era que López Jordán quería ser gobernador de Entre Ríos. Lo había intentado, había tratado de postularse y Urquiza apoyó a Domínguez. Ahí López Jordán se dio cuenta de que nunca iba a ser gobernador mientras Urquiza estuviera vivo. Entonces planeó este asesinato, que no fue uno cualquiera, fue el asesinato del gobernador legal del estado de Entre Ríos. Y la confirmación es que no solo mató al gobernador, sino también a sus dos hijos mayores que vivían en Concordia y se perfilaban como sus sucesores políticos. Todo fue orquestado por López Jordán para dar un golpe de Estado en la provincia. La excusa fue traición, fue Pavón, fue una alianza con Brasil en Caseros. El asesinato de Urquiza se produce simplemente por ambiciones políticas de un caudillo, que era López Jordán, que no entendía que el tiempo de las lanzas había terminado, que no solo había una Constitución Argentina sino también una Constitución Provincial, y que -en última instancia- fue el idiota útil para intervenir en la provincia. Mientras Urquiza vivía, Entre Ríos era el segundo PBI más rico de la Nación y la única provincia que el presidente Mitre no había intervenido militarmente. La muerte del gobernador le dio el pie legal al presidente Sarmiento para intervenir y ahí empezó el derrotero de fracaso económico del estado entrerriano”.</p>Ricardo López Jordán<p>Tras la muerte de Urquiza, Entre Ríos entró en una etapa de crisis profunda que rápidamente derivó en guerra abierta. El hecho formó parte del inicio de la Rebelión jordanista, encabezada por Ricardo López Jordán, quien poco después fue proclamado gobernador por la Legislatura provincial. Sin embargo, su autoridad no fue reconocida por el gobierno nacional de Domingo Faustino Sarmiento.</p><p>Ante esa situación, la Nación intervino militarmente. Tropas del Ejército ingresaron a Entre Ríos y se desató una serie de enfrentamientos que se prolongaron durante años, dando lugar a las llamadas guerras jordanistas. La provincia quedó así sumida en un conflicto armado casi permanente. Con el correr de las campañas, López Jordán fue derrotado y obligado al exilio, tras varios intentos fallidos de retomar el poder. Su caída marcó el debilitamiento definitivo del federalismo entrerriano como fuerza capaz de disputar el control político.</p><p>Más allá de Entre Ríos, el crimen de Urquiza simbolizó el cierre de la etapa de los grandes caudillos del siglo XIX y consolidó el avance del Estado nacional centralizado. Desde entonces, el poder político quedó cada vez más concentrado en el gobierno nacional, reduciendo la autonomía que las provincias habían ejercido durante décadas.</p><p>La crónica del asesinato y el ocultamiento del cadáver</p><p>A fines del siglo XIX, el escritor gualeguaychuense Fray Mocho publicó en la revista Caras y Caretas una entrevista al coronel Carlos Anderson, quien había sido jefe de la guardia del Palacio San José y testigo directo del crimen. Ese testimonio, recogido casi treinta años después de los hechos, constituye una de las reconstrucciones más vívidas de aquella jornada. Según ese relato, en la tarde del 11 de abril de 1870 una partida armada vinculada a López Jordán irrumpió en la residencia de Urquiza al grito de “¡Abajo el tirano!”. El ataque fue rápido y coordinado.</p><p>“Serían entre las siete y siete y veinte de la noche, cuando sentí que don Justo –que estaba, como era su costumbre, tomando el té bajo la galería en la entrada del patio– le preguntaba al hombre de servicio: “¿Qué ruido es ese?”. Parecía ser un tropel bastante sonoro que se acercaba rápidamente. “¡Ah! lAh! ¡Eso es!… Ha de ser una comisión que debe llegar de Nogoyá…”. Y luego, no más como el tropel siguiera y no se detuviese dónde estaba ordenado se detuvieran las comisiones, agregó –ya gritando– “son asesinos… cierre la puerta del pasillo”. Y lo oí que corría para la sala-costurero de la señora, que quedaba casi en la esquina del patio y se comunicaba con la torre del Palacio por medio de otro cuartito donde estaba la escalera, que era de fierro y de esas llamadas de caracol. En la torre había armas y si el General sube se salva, pero lo perdió su genio, pues como encontró un riflecito a mano, volvió al patio corriendo”, relató Anderson, y agregó que, al ver a sus atacantes, Urquiza les gritó “¡No se mata así a un hombre en su casa, canallas!”, disparando contra uno de ellos.</p><p>“Álvarez, entonces, le tiró con un revólver y le pegó al lado de la boca –era herida mortal, sin vuelta–. El General cayó en el vano de la puerta y en esa posición Nico Coronel le pegó dos puñaladas y tres el cordobés Luengo, –único que venía de militar– que lo alcanzó cuando ya la señora Dolores y Lola, la hija, tomaban el cuerpo y lo entraban a la pieza, en la cual se encerraron con él, yendo a recostarlo en la esquina del frente, donde se conservan hasta ahora las manchas de sangre en las baldosas”, narró ante Fray Mocho el testigo de los hechos.</p><p>El asesinato ocurrió frente a su familia y en el corazón mismo del poder que Urquiza había construido durante décadas. El cuerpo, ya sin vida, fue retirado del Palacio y trasladado a Concepción del Uruguay, donde fue velado con discreción en la casa de su hija. El clima era de temor: muchos de sus allegados evitaban asistir por miedo a represalias en medio de la insurrección jordanista.</p><p>Inicialmente, los restos fueron sepultados en el cementerio local. Sin embargo, la situación política y el odio que aún despertaba su figura generaron un temor concreto: que el cadáver fuera profanado o utilizado como trofeo. Por ese motivo, su viuda, Dolores Costa, decidió trasladarlo en secreto. En una operación nocturna y reservada, el féretro fue llevado a la iglesia principal de la ciudad y ocultado en un lugar desconocido.</p>La foto póstuma de Urquiza<p>Ese secreto se mantuvo durante décadas. Solo unas pocas personas conocían el verdadero paradero del cuerpo y, con el paso del tiempo, esa información se perdió. Durante más de 80 años, nadie supo con certeza dónde estaban los restos de Urquiza. Recién en 1951, tras una búsqueda dentro de la basílica, se descubrió que el cadáver había sido ocultado dentro de una pared, en una cripta tapiada.</p><p>El hallazgo permitió confirmar detalles del asesinato: el cráneo presentaba daños compatibles con el disparo en el rostro y las heridas posteriores. Finalmente, los restos fueron identificados y trasladados a un mausoleo en la Basílica de la Inmaculada Concepción, donde descansan en la actualidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AQkI4TDx95caBT3rHlX4LuoSITc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/urquiza.png" class="type:primaryImage" /></figure>Su muerte en 1870 no solo fue el final de un caudillo clave en la organización nacional, sino también el punto de quiebre definitivo del federalismo entrerriano. El asesinato, ejecutado en el marco de la Rebelión jordanista, derivó en la intervención del Estado nacional, una prolongada guerra civil y la consolidación de un nuevo orden político en la Argentina.]]>
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                <updated>2026-04-11T19:30:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T19:28:19+00:00</published>
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            Malvinas, lo que no se llora no desaparece
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                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_YK3FKfimnNvXMEM69az9bDqMG8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay cosas que duelen de una manera que no se explica bien. No es el dolor de perder algo y saberlo perdido. Es otro tipo, más raro: una herida con capas, con silencios de décadas y llantos que aparecen de golpe, sin aviso, sin que nadie pueda explicar del todo por qué.</p><p>Cada 2 de abril, Argentina se pone en pausa. En ciudades grandes y chicas, en escuelas, en lugares públicos, en la mesa de los veteranos que ya van quedando cada vez menos. En lugares como Río Grande, donde más de 150 instituciones se unen a un desfile conmemorativo con el objetivo de mantener viva la memoria y el reclamo de soberanía sobre las islas; o en Gualeguaychú, con su vigilia nocturna y un acto que cada año convoca más gente de la que se espera.</p><p>Este 2026 el ritual pesa más: se cumplió también medio siglo del último golpe de Estado y eso nos fuerza a volver sobre uno de sus hitos más difíciles de explicar: la guerra de Malvinas, un acontecimiento injusto que implica reconocer que el conflicto se libró por una causa justa, pero durante una dictadura donde estaba suspendida la soberanía popular. Esa paradoja —la causa justa en la guerra injusta— es el nudo que, desde hace poco más de cuatro décadas, intentamos desatar.</p><p>La plaza que no debería haber aplaudido</p><p>El 2 de abril de 1982 es una fecha que todavía no terminamos de entender. La Junta Militar ordenó la recuperación de las islas usurpadas por el Reino Unido desde 1833. La Operación Rosario, que comenzó en la madrugada de ese día, cumplió su cometido casi sin resistencia. Y entonces pasó algo que todavía cuesta explicar: la Plaza de Mayo se llenó. El mismo pueblo que la dictadura había aterrorizado durante seis años salió a aplaudirlos y a aclamarlos. Eso desconcertó a los analistas de entonces y sigue sin tener una explicación simple.</p><p>Lo que ocurrió ese día en la plaza no fue solo manipulación ni locura de multitudes. El historiador Federico Lorenz, que dedicó toda su carrera académica a estudiar el conflicto y dirigió durante años el Museo Malvinas en la ex ESMA, siempre insistió en que la lectura puramente política —“fue solamente la maniobra de la dictadura”— es verdadera, pero incompleta. Detrás de la manipulación había algo real: el reclamo de soberanía sobre las islas no era una invención de Galtieri. Era una demanda histórica legítima que el régimen usurpó para sus propios fines. Y una parte del pueblo, agotada por el miedo y hambrienta de cualquier cosa que se pareciera a la dignidad, dejó que eso ocurriera. Y eso cuesta asumirlo. No el patriotismo, sino la imagen de la plaza llena; ese momento en que el pueblo y sus verdugos querían, aparentemente, lo mismo.</p><p>Los chicos de la guerra</p><p>La cultura popular eligió una palabra para nombrarlos: los chicos. No fue una elección inocente. Las tropas estuvieron integradas mayoritariamente por soldados conscriptos de todas las provincias, de las clases del 62 y del 63, pibes que hacían el Servicio Militar Obligatorio porque no había opción. Tenían dieciocho, diecinueve y veinte años. Muchos no habían terminado la secundaria. Muchos no sabían exactamente dónde quedaban las islas por las que iban a pelear. Algunos fueron al frente sin el calzado adecuado, con temperaturas bajo cero y viento constante, con miedo y sin el entrenamiento que ese tipo de situación exigía. Seiscientos cuarenta y nueve de ellos no volvieron.</p><p>Hubo una Junta que los mandó. Hubo oficiales que los trataron con la misma brutalidad con que la dictadura trató a todos: hay testimonios documentados de soldados estaquedados en el frío como castigo, de hambre administrada como método de control, de terror ejercido por quienes debían conducirlos. La guerra tuvo dos enemigos para muchos de ellos: el ejército británico, que estaba en frente; y los propios mandos, que estaban detrás.</p><p>Los conscriptos que se fueron bajo la euforia colectiva volvieron en silencio. Muchas veces de noche. Sin ceremonia. Con la instrucción explícita o implícita de no hablar de lo que habían visto. La sociedad de 1982 no estaba preparada para procesar la derrota, quería olvidarla y el modo en que lo hizo dejó una marca que tardó décadas en hacerse visible. El país que los había enviado entre aplausos no supo —o no quiso— recibirlos. Y ese abandono los fue destruyendo por dentro, uno a uno, en silencio, sin que nadie lo contara.</p><p>La herida que espera cerrar</p><p>La causa soberana sigue pendiente: los territorios continúan bajo administración británica. Los kelpers —como se llama a los habitantes de las islas— rechazaron en el referéndum de 2013 cualquier cambio de soberanía con el 99,8% de los votos. El reclamo diplomático argentino persiste, pero sin horizonte claro de resolución. En ese limbo, la herida no puede cicatrizar porque la pérdida no puede ser ni recuperada ni definitivamente resignada. Y lo que no puede nombrarse del todo —ni como recuperación ni como renuncia— queda suspendido, sin destino. A eso se suma lo que el país nunca terminó de llorar con nombres propios. Cada caído con una historia antes del Atlántico Sur: un barrio, una madre, un club de fútbol, un primer amor, un futuro imaginado. La mayoría venía de las provincias más pobres del país, de las familias que no tenían cómo evitar el servicio militar, de los sectores que nunca tuvieron demasiadas opciones en ningún aspecto de su vida.</p><p>No hubo para ellos el duelo que merecían. La derrota fue tan vertiginosa —74 días de conflicto, el 14 de junio de 1982 ya todo era pasado— y la transición democrática tan urgente y tan sobrecargada de otros dolores, que los muertos del sur quedaron en un lugar extraño: demasiado presentes para olvidarlos, demasiado incómodos para llorarlos del todo. Y lo que no se llora no desaparece: espera, vuelve y se reinventa.</p><p>Lo que se hereda sin que nadie lo enseñe</p><p>Malvinas es el nombre de un sentimiento que puede vivir en una canción, un tatuaje, una pintada, una bandera de una hinchada, un nombre de una calle, un monumento y otra cantidad de lugares simbólicos y materiales que la sostienen y recrean a lo largo del tiempo. Ningún decreto hubiera podido fabricar eso: Malvinas sobrevivió a la derrota militar, a los cambios de gobierno y a las distintas modas intelectuales porque entró en la cultura popular por la puerta grande y se quedó.</p><p>El rock, por ejemplo, hizo con todo esto lo que hace con los traumas: lo convirtió en canciones. El 16 de mayo de 1982, con los enfrentamientos todavía en curso y los soldados cayendo, más de sesenta mil personas fueron al club Obras Sanitarias para el Festival de la Solidaridad Latinoamericana. Tocaron Charly García, Spinetta, León Gieco, Litto Nebbia, Nito Mestre… artistas cuya difusión había estado prohibida por los mismos que promovían el festival. La ironía era tan brutal que resultaba difícil de tragar en tiempo real. Charly lo hizo a su manera: bajó del escenario con una bronca que le duró meses y que derivó en “No bombardeen Buenos Aires”, grabada mientras los combates en las islas terminaban y presentada en diciembre de aquel año en Ferro, ante 25.000 almas, con un simulacro bélico que derrumbó la escenografía. Era una canción sobre el miedo, sobre la hipocresía, sobre los jefes de los chicos tomando whisky con los ricos mientras los obreros hacían masa en la plaza. Una canción de guerra para bailar.</p><p>Más acá en el tiempo, en las canchas, las hinchadas evocan las islas con una intensidad que sorprende a cualquier visitante extranjero. “Las Malvinas son argentinas” se escucha en partidos que nada tienen que ver con la diplomacia. Ese grito vive en el lugar más básico: ahí donde operan los reflejos y no los argumentos, donde está lo que somos antes de pensar.</p><p>Hay veteranos de sesenta y tantos años con las islas tatuadas en el antebrazo. Hay hijos de ex combatientes que nunca conocieron a sus padres en paz —porque esos días en el sur los devolvieron rotos— y que llevan el mismo tatuaje. Hay pibes de veinte que nacieron décadas después de lo que pasó y que lo sienten como algo propio sin que nadie se los haya enseñado. Eso no se fabrica, se hereda.</p><p>El reclamo también vive en los foros internacionales, en las resoluciones de la ONU y en las notas diplomáticas que se envían al Reino Unido sin demasiada urgencia. Esa Malvinas institucional coexiste con la del tatuaje y la de la cancha, pero rara vez se hablan.</p><p>Lo que todavía espera</p><p>Malvinas duele tanto porque es demasiadas cosas al mismo tiempo y ninguna de ellas está resuelta. Es la causa soberana legítima que sigue pendiente. Es la guerra que ordenó una dictadura criminal. Son los muertos que merecen más que un desfile. Son los veteranos que volvieron y fueron abandonados, y que siguieron muriendo en silencio durante décadas. Es el pueblo que aplaudió su recuperación y la sociedad que tardó años en poder mirarse al espejo. Es el nudo imposible entre la condena a los militares y el reconocimiento de quienes pelearon bajo sus órdenes sin pedirlo. Es el reclamo diplomático que no avanza. Es la canción que se aprende antes que la historia. Es el nombre de una avenida o una calle. Es el tatuaje. Es el llanto que aparece en los actos sin que nadie pueda explicar exactamente de dónde viene.</p><p>Malvinas es una herida abierta porque el país que la vivió todavía no terminó de entenderse a sí mismo. La democracia volvió sobre los escombros que dejó la dictadura, y fue de urgencia en urgencia, de crisis en crisis, y todo eso quedó siempre ahí, a la espera. Como esos temas de familia que se evitan en las reuniones y que sin embargo organizan todo lo que ocurre debajo de la superficie. Lo que no se llora, duele. Y mientras eso pase, algo en este país todavía puede cambiar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/_YK3FKfimnNvXMEM69az9bDqMG8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/malvinas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Pasaron 44 años del 2 de abril de 1982 y Argentina vuelve a detenerse frente a sus islas con una mezcla de duelo, orgullo y confusión que casi ningún otro hecho de nuestra historia genera. No es solamente nostalgia o patriotismo. Es algo más incómodo: la marca de una herida que este país jamás procesó del todo.]]>
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                <updated>2026-04-06T10:50:12+00:00</updated>
                <published>2026-04-02T09:55:34+00:00</published>
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            Rubén Oscar García: “Los valores que nos puede enseñar Malvinas son fundamentales”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cSDBWHJ46EBk2TAo73R76z4_Hw4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ruben_oscar_garcia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada año, los primeros días de abril traen consigo el recuerdo de la Guerra de Malvinas, un episodio que marcó para siempre al pueblo argentino y que continúa despertando miles de memorias, reflexiones y emociones al día de hoy. El 2 de abril de 1982, la Dictadura al mando de Galtieri recuperó por la fuerza las Islas Malvinas e inició una guerra contra el Reino Unido, la potencia imperial que las ocupa desde 1833.</p><p>Se trató de una maniobra política para frenar el descontento social ante la crisis, la represión y la pérdida de legitimidad del gobierno de facto, que se realizó tomando una causa profundamente justa como lo es el reclamo de soberanía sobre las Islas. Con esta y otras particularidades y contradicciones, las experiencias y sentimientos en torno a Malvinas siempre han sido complejos y diversos.Hoy, con el paso del tiempo, la sociedad en su conjunto entiende que más allá de las circunstancias en que se dio el conflicto, la causa Malvinas es justa, y el reconocimiento y homenaje a quienes defendieron nuestra bandera, incluso entregando la vida, es más que necesario. Sus historias y palabras están presentes en escuelas, actos, charlas y medios de comunicación; siembran memoria e identidad nacional, y transmiten los valores y aprendizajes que la dura vivencia de la guerra, con sus luces y sombras, les ha dejado.Nuestra ciudad tiene a sus caídos y veteranos de guerra, y año tras año crecen las iniciativas para recordarlos, visibilizar sus testimonios y reflexionar sobre Malvinas. En esa línea, Ahora ElDía conversó con Rubén Oscar García, excombatiente gualeguaychuense, quien compartió su mirada sobre el tema y relató su experiencia personal en las islas.&nbsp;</p>Créditos: Mauricio Ríos<p>García nació y se crió en Gualeguaychú, cursó sus estudios primarios en la Escuela Rawson y parte de la secundaria en el Colegio Nacional “Luis Clavarino”. Cuando tenía casi 16 años dejó los estudios para hacer la carrera militar en la Escuela de Suboficiales del Ejército "Sargento Cabral". Recibido como Cabo conductor-motorista, fue destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 7, con asiento en la ciudad de La Plata.</p><p>&nbsp;Aquel 2 de abril lo encontró de vacaciones en Gualeguaychú, con 20 años. Pocos días después, cuando se presentó en su regimiento, encontró un gran despliegue. Todo estaba pronto para partir hacia las Islas. Muchos lo hicieron en avión, pero a García le tocó hacerlo por vía marítima, en el buque “Formosa”.</p><p>“Salimos el martes 13 de abril y llegamos el día de mi cumpleaños, el 21 de ese mes. Llevábamos todos los pertrechos militares de nuestro regimiento: carros aguateros, vehículos, municiones, armamento y alimentos. El ‘Formosa’ fue el único buque que cruzó el bloqueo de los submarinos ingleses. Salimos de Buenos Aires rumbo a Santa Cruz, pasamos por Punta Quilla y ahí hubo una reunión con los altos mandos, ya que estaba la disyuntiva de si seguir o no porque el bloqueo ya estaba impuesto por los ingleses: todo buque o aeronave que violara ese espacio iba a ser declarado como hostil. Se tomó la decisión de seguir y fue el único buque que llegó hasta Puerto Argentino”, contó.&nbsp;&nbsp;</p>Créditos: Mauricio Ríos<p>El rol de García estaba en la Compañía de Servicio, por lo cual fue parte de la complicada logística que tuvieron para trasladar y repartir todo el material militar en el difícil terreno malvinense. El sitio donde le tocó estar fue Moody Brook, frente al excuartel de los Royal Marines; una de las zonas clave en la historia del conflicto. Allí, y en otros lugares de las Islas, el primero de mayo se vivió como un punto de inflexión.</p><p>“A partir del primero de mayo se empezó a sentir la realidad de esta historia. Los bombardeos de los ingleses tuvieron un efecto psicológico muy importante. Si bien no tenían un objetivo puntual, generaban un desgaste mental. Había varias alertas constantemente. Psicológicamente era terrible porque escuchábamos el estampido de la boca del cañón, esperábamos el proyectil que no llegaba, hasta que escuchábamos el silbido y sentíamos su impacto. La isla entera temblaba. Fue terrible, en esos momentos pensé que no iba a poder regresar”, recordó.Bautismo de fuego</p><p>&nbsp;El Regimiento de Infantería Mecanizado N.º 7, conocido como "El 7 Bravo", fue la unidad que más bajas tuvo durante el conflicto de Malvinas: 36 muertos y más de 150 heridos. Entre el 11 y 12 de junio, en los últimos días de la guerra, enfrentó durante horas al 3er Batallón de Paracaidistas británico en lo que fue el combate más largo y encarnizado del conflicto: la Batalla de Monte Longdon. A su vez, otros batallones y compañías del mismo regimiento resistieron a la artillería y al avance de las tropas inglesas en otras áreas cercanas, como Moody Brook, donde estaba apostado García. Fueron combates decisivos en cercanías de Puerto Argentino (Stanley), un punto clave a defender.“La situación a partir del 11 de junio fue muy crítica. Hubo muchos nervios, miedo e incertidumbre, porque muchas veces no podíamos tener acceso a la información real de lo que estaba pasando. Ese día hubo bombardeos de todo tipo, la artillería tiraba continuamente, apoyando el avance de la infantería para que tome posición. A los ingleses les costó llegar, el regimiento luchó cuerpo a cuerpo hasta donde pudo. Cuando se firmó la rendición fue una mezcla de tristeza y alivio a la vez porque no sé lo que hubiese pasado. Hubiera sido una matanza. Una cosa es contarlo, pero verlo y sentirlo es muy distinto. Es algo difícil de expresar”, describió.Y agregó: “De esos días tan críticos pienso en la situación de batalla, los ruidos, los gritos. El hambre y el frío se hacían notar. Llegó un momento en que se priorizaba más la munición que la alimentación”.&nbsp;</p>Paracaidistas britanicos afuera del cuartel de Moody Brook, finalizada la batalla por Puerto Argentino (foto restaurada)<p>La rendición de las fuerzas argentinas llegó precipitadamente el 14 de junio. Al igual que otros miles de soldados, Rubén Oscar García fue tomado prisionero por los ingleses y llevado en el buque SS Canberra al continente. “Nos llevaron a todos al puerto. Los ingleses querían saber sobre las minas que habíamos plantado en el territorio. Querían saber el grado y que es lo que hacía cada uno en la guerra, para lo cual tenían un traductor. El trato por parte de ellos fue muy bueno. Nos hicieron bañar y nos dieron de comer. Desde ahí fuimos hasta Puerto Madryn, después a Trelew y a Campo de Mayo. Ahí no querían que nos presentáramos ante la sociedad y los familiares así como estábamos, por lo que nos dieron ropa nueva, nos cortaron el pelo y nos hicieron un test psicológico. Como a los dos o tres días pudimos salir. Nos dieron dos o tres días de vacaciones y después había que volver así como si hubiéramos ido a un paseo”, resumió. Sin embargo, el mayor desafío quizá estaba en volver a casa.Cuando el olvido es peor que la guerraUna vez terminado el conflicto, García siguió en el Ejército hasta 1983, cuando decidió darse de baja y volver a Gualeguaychú. “La posguerra fue durísima, creo que fue más dura que la guerra. La posguerra hizo que el veterano a veces se escondiera, y no quisiera hablar o le costase hacerlo, porque nos inculcaron eso, la desmalvinización. Hay muchos veteranos que se quedaron con eso. No es mi caso, siempre traté de seguir mi camino como pude y con las herramientas que teníamos. Lamentablemente, las cifras de los suicidios prácticamente superan las bajas en la guerra, y ese no es un dato menor”, relató.Y amplió: “Hubo mucha indiferencia. Con los distintos gobiernos constitucionales se trató de que de Malvinas no se hable nada. Había una especie de miedo y vergüenza. Y todo eso hizo mella en nosotros. Había compañeros que no querían decir que habían estado en la guerra. En mi caso se sintió peor porque tenía el rótulo de haber sido ‘militar’. Al principio, se hacían diferencias entre quienes habían ido a las Islas como conscriptos y quienes estaban en las Fuerzas Armadas. Pero yo nunca sentí ni fui parte de la Dictadura, ni participé en nada relacionado a ella. Había entrado con 16 años al Ejército y me tocó ir a Malvinas con 20”.“Me costó mucho reinsertarme en la sociedad. Haber sido militar no me favorecía para nada. Hice changas durante varios años hasta que en 1988 entré a trabajar a la Municipalidad de Gualeguaychú, hasta que me jubilé”, completó. Por otra parte, el veterano gualeguaychuense recordó que la lucha por el reconocimiento a los excombatientes fue un proceso largo, en el que les costó mucho conseguir las reivindicaciones correspondientes por parte del Estado.“La sociedad de Gualeguaychú y toda la sociedad en general está al lado nuestro. Sin duda que la situación ha cambiado a lo largo de todos estos años. Nos hemos agrupado y hemos luchado por nuestros derechos y hoy estamos reconocidos a nivel municipal, provincial e internacional, que no es poca cosa. Pero todo ha sido a base de organización, de lucha y de estar permanentemente reclamando, algo que no tendría que ser así”, expuso.Sobre la salud mental y la vida después de la guerra, García también comentó: “A veces escucho a otros compañeros veteranos y es como si todavía estuvieran combatiendo. Cada quien lo ha procesado a su manera y tuvo la contención que pudo para atravesar una situación de tal magnitud. Creo que la familia, en mi caso, fue un pilar fundamental”.&nbsp;La complejidad de Malvinas y de las vivencias dispares que tuvo cada soldado, hayan sido profesionales o apenas conscriptos, dio lugar a narrativas de “víctimas” y “héroes”. “Personalmente, traté de nunca quedarme con lo que pasó, ni de victimizarme. Fue una situación que me tocó vivir y lo hice lo mejor posible. Siempre digo: ahí todos dieron todo, y algunos su vida. Los verdaderos héroes son los que quedaron, ya que hicieron honor a su juramento. Los demás fuimos testigos privilegiados de lo que pasó, protagonistas. Estoy orgulloso de haber sido parte de esa gesta, pero no me siento víctima para nada. No es mi caso, pero todas las opiniones son válidas y cada quien tuvo una experiencia distinta”, reflexionó.</p>Créditos: Mauricio Ríos<p>El sentido de “malvinizar”</p><p>Según expresó García, detrás del concepto de “malvinizar” no solamente está la enseñanza de la historia y del reclamo legítimo sobre las Islas, sino también los aprendizajes que dejó esta experiencia tan dura. “No hay una causa que nos una tanto a los argentinos como Malvinas. A diferencia de otras cosas, con Malvinas estamos todos juntos y eso es sumamente importante, como también lo es transmitir nuestra experiencia y mensaje. A veces pienso, ¿Qué va a pasar después, cuando no estemos? Con el legado, por así decirlo. Nuestra idea es seguir inculcando Malvinas en todos los lugares”, manifestó.En ese sentido, señaló: “A veces esquivo hablar de la guerra en sí, porque creo que hay que transmitir otros valores. La guerra debe ser lo peor que le puede pasar a un ser humano, pero los valores que nos puede enseñar Malvinas son fundamentales, como el amor a la Patria, la solidaridad, la hermandad y la perseverancia. A veces uno escucha la palabra patria y no toma dimensión de lo que significa. Patria es mi vecino, es mi hermano, es mi tierra, es mi idioma, es todo. La palabra tiene un peso tremendo, un significado enorme”. Y concluyó: “Ese es el mensaje, para los jóvenes, sobre todo, que son el futuro. Creo que una nación se hace grande con los valores como punto de partida”.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cSDBWHJ46EBk2TAo73R76z4_Hw4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/ruben_oscar_garcia_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>A 44 años de la guerra, Ahora ElDía conversó con Rubén Oscar García, uno de los excombatientes de nuestra ciudad, quien compartió su mirada sobre la causa y relató su experiencia personal en las Islas. En la entrevista, hizo hincapié en que, si bien la guerra es una tragedia, su misión es trasmitir valores de amor a la Patria, solidaridad, hermandad y perseverancia.]]>
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                <published>2026-03-29T00:02:14+00:00</published>
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            Cómo vivió Gualeguaychú el inicio de la dictadura más cruenta de nuestra historia hace 50 años
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1oIqAmx2exN_G5zxRKV9dV3L2e4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/24m_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, la Junta Militar compuesta por los comandantes en jefe del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea interrumpió el orden constitucional y democrático haciéndose con el control total de la República Argentina. El Congreso quedó disuelto, las autoridades gubernamentales derrocadas y las instituciones intervenidas. Así lo anunció el Comunicado Nº1, transmitido por primera vez alrededor de las 3.15 a.m. por Cadena Nacional de radio y televisión:“Se comunica a la población que a partir del día de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanan de la autoridad militar, de seguridad o policial; así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operación". Lo firmaban los jefes de las tres fuerzas: Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti.</p><p>Pocas horas después, a las 8.30 de la mañana, autoridades militares del Escuadrón de Exploraciones de Caballería Blindada de Gualeguaychú ingresaron al palacio municipal de nuestra ciudad y relevaron de su cargo al intendente Leoncio Otero y a su gabinete, a la par que disolvieron el Concejo Deliberante. Según los diarios locales El Argentino y Noticias, el Mayor Juan Miguel Valentino y el Capitán Gustavo Martínez Zuviría, quien asumiría ese mismo día como “intendente interventor interino” o comisionado, reunieron a los trabajadores municipales en el hall de entrada a las 10 de la mañana para transmitirles los objetivos de la intervención militar:</p><p>“(…) el Ejército Argentino ha tenido que salir a la calle para luchar contra un flagelo, el flagelo subversivo (…) Así como le expresé a los delegados de gremios, este no es un golpe militar, no es un “golpe” que pretende ir contra un partido político. Esto que hemos realizado es un movimiento de reorganización nacional, en el cual tienen que tomar participación todos aquellos que se consideren argentinos", les indicó el Mayor Valentino, según fue transcrito de manera textual en los periódicos.&nbsp;</p><p>Luego, en diálogo con la prensa, Valentino aseguró: “La situación actual en la ciudad de Gualeguaychú es de completa normalidad y hemos encontrado la mayor de las disposiciones a los efectos de continuar el proceso de reorganización nacional que se ha iniciado en el día de la fecha”. Consultado sobre si existían detenidos políticos, el Mayor expresó que “no podría decirles detenidos políticos”, ya que su lucha “es la lucha contra la subversión”, y que “por consiguiente, los allanamientos y las detenciones que se han producido son producto, y valga la redundancia, de operaciones que estamos realizando contra la subversión”. Después, respondió a la pregunta por los nombres de los detenidos indicando que los darían a conocer “a posteriori, cuando sea oportuno”.&nbsp;</p>El Mayor Juan Miguel Valentino, en diálogo con la prensa local<p>Tras el paso del Capitán Martínez Zubiría por el gobierno local, le sucedieron Isidoro Etchebarne (1976-1980), Raúl Esnaola (1980-1981), Emilio G. Vitale (1981-1983) y Damián Denardi (1983), quien con el retorno de la democracia entregó el mando al intendente electo Ricardo César Taffarel.</p><p>En tanto, a nivel provincial, el Gobernador de Entre Ríos depuesto por el Golpe fue Enrique Tomás Cresto. Fue desplazado por el coronel Juan Carlos Trimarco, quien después de una breve intervención, dejó la provincia a cargo del brigadier Rubén Daniel Di Bello (1976-1978). Le siguieron el comodoro Pablo Federico Jávega (1978), el general de brigada Carlos Enrique Aguirre (1978-1981), el doctor Jorge Washington Ferreyra (1981-1983) y el ingeniero Mario César Bertozzi (1983). Este último, le entregó el poder al doctor Sergio Alberto Montiel, quien ganó las elecciones democráticas del 30 de octubre de 1983.En línea con los grandes medios gráficos como La Nación o Clarín, los periódicos locales también retrataron el golpe como si se tratase de un evento natural, haciendo alusión a una “normalidad” y “tranquilidad” reinantes. “Las FF.AA asumieron el gobierno. Reina tranquilidad en todo el país”, anunciaba la tapa de El Argentino, mientras que Noticias afirmaba: “Fin de la crisis. Asumió el teniente Gral. Videla”. El editorial de este último, titulado “El país vuelve a la normalidad”, decía:&nbsp;“(...) la ciudadanía espera ansiosa las medidas que las autoridades militares tomarán para adecentar la administración pública, sin caer en exceso, pero con el rigor que sea necesario y que exigen las actuales circunstancias. El pueblo trabajador no perderá las conquistas sociales ya adquiridas, pero tanto la actividad gremial y política tendrá que ser desterrada de cuajo, para evitar males mayores a la República”.Luego, refiriendo a los comunicados y proclamas de la Junta Militar, agregaba: “La ciudadanía confía plenamente en esos propósitos inspirados en el bien común, y no habrá ningún argentino de bien que no esté consustanciado con los textos dados a publicidad”.</p><p>En todo el país, la Dictadura contó con la complicidad de civiles, de los medios de comunicación y de una parte de la Iglesia y del Poder Judicial, así como también con la colaboración de grandes empresarios, quienes ayudaron a pergeñar el Golpe y, en algunos casos, dispusieron de sus fábricas para el secuestro y detención ilegal de trabajadores y líderes sindicales. Su interés estaba alineado al plan de la cúpula militar y sus aliados: imponer, un modelo económico ligado al naciente neoliberalismo, basado en la distribución desigual de la renta, el desincentivo de la industria nacional, el fomento de la especulación financiera y la desintegración de toda forma de organización de la clase trabajadora.El objetivo expreso de la Dictadura era, entre otras cosas, lo que ellos llamaban “el exterminio de la subversión”, un concepto amplio y difuso que utilizaron como justificativo para ejercer el terrorismo de Estado. La idea de subversión excedía ampliamente a las organizaciones políticas armadas. La definían como un "virus" o "enfermedad" social, dentro de la cual incluían no solo a guerrilleros sino también a militantes políticos, sociales, sindicalistas, sacerdotes, intelectuales, artistas, docentes, estudiantes y cualquiera que cuestionara el orden establecido, considerándolos enemigos que debían ser aniquilados.</p><p>Así lo demostraron efectivamente en la práctica: la enorme mayoría de las personas secuestradas, detenidas, torturadas, ejecutadas y desaparecidas no tenían vínculo alguno con la violencia armada. Por otra parte, lejos de tratarse de una “guerra” o de la Justicia impartiendo su condena, la represión tuvo un modus operandi ilegal y clandestino. Si bien parte de este accionar ya estaba en marcha desde 1974, el Golpe implementó un plan sistemático de probada intencionalidad genocida, y los crímenes cometidos adquirieron el carácter de delitos de lesa humanidad. No se trataba de “excesos”.Gualeguaychú vivió en carne propia el terrorismo de Estado, que secuestró, desapareció y/o asesinó a 37 jóvenes de la ciudad. Varias familias sufrieron la pérdida de dos de sus hijos o hermanos. Al día de hoy, se sigue buscando a quienes nunca fueron encontrados y a dos bebés que fueron apropiados: Pedro, hijo de Blanca Angerosa, y a otro/a hijo/a de Marta Bugnone. Por otra parte, el horror de la Dictadura también se impartió en la ciudad a través de los allanamientos, amenazas y estigmas sufridos por las familias y amigos de las víctimas, así como también mediante la privación de la libertad por motivos meramente políticos que vivieron muchos otros gualeguaychuenses.</p><p>El recuerdo de aquellos días de terror, en palabras de Patricia SavoyLa referente de la Asociación Madres de Plaza de Mayo Gualeguaychú compartió con Ahora ElDía una mirada retrospectiva y personal sobre la atmósfera que se vivía en Gualeguaychú en los momentos previos al golpe de estado y durante el oscuro período que le siguió.</p><p>“No tengo un recuerdo claro de dónde estaba en el momento del anuncio, de aquel famoso comunicado de la Junta Militar, pero sí tengo muy clara la sensación de miedo, de terror, de decir ‘no nos puede estar pasando esto’. Ya se vivía un clima de mucha tensión para la militancia política y social. En el gobierno anterior habían comenzado las persecuciones, y en la unidad penitenciaria de Gualeguaychú ya había presos políticos, militantes sociales, como Enrique Guastavino, Daniel Yrigoyen o Siri Chacón, por nombrar algunos. Por otro lado, esto era una irrupción en la democracia, por lo que se sabía que iba a traer consecuencias serias: era un estado de sitio, con pérdida de garantías, toques de queda, y un montón de situaciones que hacían difícil prever qué es lo que iba a pasar hacia adelante”, relató Patricia Savoy.La referente de Madres de Plaza de Mayo local, contó que en ese momento “estaba casada, tenía un bebé, un hijo pequeño, y estaba embarazada nuevamente. Con mi marido ya habíamos sufrido un allanamiento, en esta persecución que hubo durante el último tiempo del gobierno de Isabel Perón. El allanamiento fue dirigido por la Policía Federal de Concepción del Uruguay con el apoyo de la policía y del ejército local. Si bien no fuimos detenidos, no sé qué es lo que buscaban ni querían comprobar, y no lograron su objetivo, estábamos marcados en esas famosas listas que ellos tenían para perseguir a gente en Gualeguaychú”.“Lo que se vivió después fue muy difícil porque a partir de ahí hubo muchas detenciones a nivel local: de amigos, compañeros de militancia, compañeros de colegio. La gran mayoría terminó en la unidad penitenciaria; algunos estuvieron algunos días desaparecidos y después fueron blanqueados y traídos al ejército local. Todos habíamos atravesado nuestra adolescencia, nuestra juventud, en un compromiso social fuerte. Muchos habíamos pasado por la Casa de la Juventud, que era una casa de la iglesia en la que teníamos nuestros grupos de trabajo, sobre todo los trabajos sociales, de contención social en los barrios”, detalló sobre el clima que se vivía hace cincuenta años.Savoy dijo que la casa de sus padres fue allanada, “porque mi hermana estuvo detenida dos o tres días en Chajarí, con sus compañeras de trabajo. Ellas vivían en una escuela rural y trabajaban mucho con las ligas agrarias. Mi hermana quedó en libertad, pero perdió su trabajo, porque todos los que tenían antecedentes a partir del 24 de marzo quedaron cesantes en las actividades educativas. Sus compañeras quedaron detenidas y fueron llevadas a Paraná, donde estuvieron presas prácticamente durante todo el proceso que duró la dictadura. En Gualeguaychú desaparecieron dos de nuestros amigos: la Noni González y el Ruso Dezorzi. Eran amigos, de compartir un montón de vivencias y situaciones de la diaria. A fines de diciembre de 1976 desapareció mi hermana en La Plata”.&nbsp;A medio siglo del último golpe militar en nuestro país, Savoy reflexionó y reconoció que “todos estos hechos atravesaron la vida cotidiana de nuestras familias. Fue un proceso duro de atravesar, tratando de acompañar, y de vivir también preservándonos en algunas situaciones, porque a medida que iban avanzando los días íbamos sabiendo de los secuestros, de las desapariciones, de las detenciones. Era una situación que no pasaba lejos del entorno de uno, por lo tanto se hizo difícil. ¿Qué consecuencias me trajo a mí esto? Un cambio rotundo en mi vida, y creo que fue lo que me convirtió en lo que soy hoy: una militante de los derechos humanos”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1oIqAmx2exN_G5zxRKV9dV3L2e4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/24m_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El 24 de marzo de 1976 se instauró un régimen sistemático de represión clandestina, exterminio y desaparición de personas a fin de imponer un modelo económico, ideológico y social. Nuestra ciudad sufrió sus consecuencias desde el primer día. La crónica de los hechos nos transporta al principio de ese período que dejó un dolor inexplicable en muchas familias gualeguaychuenses y un recuerdo oscuro en toda la comunidad.]]>
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            Cincuenta marzos de un silencio que todavía nos aprieta la mano
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                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
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No íbamos a la plaza, ni al kiosco de José, el Rengo; íbamos metidos en una urgencia que yo no sabía de qué se trataba, pero que le hacía latir fuerte el pulso en la muñeca.</p><p>Su mano no solo me sostenía; me apresaba. Era un agarre que se sentía distinto al de todos los días, ese que servía para que no te atropellara un auto. Era una presión de puño cerrado, como si en cualquier momento pudiera tragarme alguno de esos huecos negros que se armaban entre los árboles de la vereda. Los chicos de esa época aprendimos pronto que el miedo de los padres no se explicaba con palabras, sino con reacciones del cuerpo: los hombros que se tensan, el paso que se vuelve casi una carrera y esa forma de vigilar la calle de punta a punta antes de doblar una esquina.</p><p>Llegamos a la estación de servicio YPF, en la intersección con Manuela Pedraza. En esa esquina, el olor a nafta te anestesiaba la nariz de tanto respirarlo. Los surtidores, con su forma de heladeras de hierro viejo, daban la sensación de estar vigilando. Justo en la diagonal, el bar del Gallego aguantaba ahí parado como un sobreviviente de otra época. Era un local de techos altos, donde el humo de los cigarrillos formaba una capa densa sobre las mesas de billar. Desde la vereda, se escuchaba el “clac” seco de las bolas chocando, un sonido que para mí siempre había sido la señal de que era sábado y el tiempo no importaba. Pero ese día, el bar tenía las persianas a medio camino y una mudez inédita.</p><p>Allí, junto a uno de los surtidores, apareció Chichín, el tío de mi viejo, un hombre que se había gastado la vida arriba del asfalto, un laburante de la línea 111 que conocía los baches y los secretos de la ciudad mejor que nadie. Chichín no tenía el uniforme puesto, pero tenía encima ese peso de los que acaban de ver una desgracia. Su rostro, donde siempre vivía un chiste rápido, estaba rígido, como si el frío de la calle se le hubiera quedado pegado a los huesos y no lo dejara ni sonreír.</p><p>Mi viejo no se detuvo en los saludos de siempre. No hubo preguntas sobre la salud ni comentarios sobre el clima. Fue directo al hueso de la preocupación que nos había llevado hasta ahí, mientras su mano volvía a cerrarse sobre la mía con una fuerza que empezaba a dolerme.</p><p>— ¿Qué pasó con los primos? —preguntó mi viejo, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo.</p><p>Chichín no respondió enseguida. Primero hizo un paneo lento por la avenida, fijándose en los autos que pasaban y en los vecinos que, con la cabeza gacha, evitaban mirar hacia la estación. La desconfianza era una gimnasia que todos hacíamos sin darnos cuenta. Finalmente, se acercó un poco más, borrando cualquier distancia, y habló con el tono de quien suelta una verdad que quema.</p><p>— Se los llevaron hace un ratito nomás —dijo Chichín, y la palabra "llevaron" se quedó vibrando como una mala noticia.</p><p>— Lo más raro de todo fue el método —siguió Chichín, casi para sí mismo—. No trajeron camiones, ni los Falcon que uno ya conoce. Pararon un bondi de línea que venía por Constituyentes. Lo interceptaron en la mitad de la cuadra, hicieron bajar a todos los pasajeros a los gritos, a los empujones. Gente común que volvía del trabajo, señoras con bolsas de las compras... todos a la vereda. Nadie entendía por qué les cortaban el viaje así.</p><p>En ese momento, la imagen de un colectivo de línea, algo tan cotidiano y familiar como el mate cocido en el desayuno, se transformó ante mis ojos en algo oscuro. Un vehículo que debía llevarte a casa se convertía en un lugar para esconder el terror.</p><p>El silencio que siguió a sus palabras fue pesado. Mi viejo no dijo nada más. Solo asintió, con la mandíbula apretada hasta que los músculos del cuello se le marcaron como si fueran cables. En ese instante, comprendí que el mundo de los adultos no era el lugar tranquilo que creía. El bar del Gallego ya no era el lugar de encuentro de los muchachos y la YPF no era solo una parada técnica. Todo el barrio se había convertido en un lugar lleno de trampas, donde a cualquiera lo podían sacar de la calle en un segundo.</p><p>Caminamos de vuelta a casa sin emitir sonido. Mi viejo no me soltó la mano ni un segundo. Años después entendería que ese apretón era su forma de decirme: "estás acá, conmigo".</p><p>A los primos los largaron un par de días después. Fue un alivio que llegó envuelto en una tristeza que no se iba. Volvieron a casa, pero algo en ellos se había quebrado. Estaban machucados, con marcas que la ropa intentaba esconder, pero lo peor eran sus ojos. Traían una mirada que no estaba en ningún lado, como si todavía estuvieran sentados adentro de ese colectivo que los arrancó de la vida. Se volvieron hombres de pocas palabras, de esos que pegan un salto ante cualquier ruido.</p><p>Ellos volvieron, y esa fue su pequeña y trágica victoria. Pero la memoria de Chichín, de mi viejo apretándome la mano en la YPF y de los gritos sordos en el bar del Gallego, quedó grabada como una cicatriz en el asfalto del barrio. Miles de otros no tuvieron ese regreso; se perdieron en los pliegues de una noche que duró años, en un sistema de desaparición que no dejó rastro, pero sí un vacío que todavía nos duele en el pecho.</p><p>Pasaron cincuenta años de ese episodio y hace mucho que no visito esa esquina, que podría haber sido cualquier otra en el país; pero cuando llega el otoño, todavía suelo sentir aquel apretón de mi viejo en mi mano, porque la memoria viaja con uno.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Yow1TPcX7eyUnV-c0kY5Rp_O6e8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/24m_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Buenos Aires, fines de los setenta. Un niño de siete años mide el mundo por la presión de la mano de su padre. Una tarde en una YPF de barrio y un recuerdo imposible de soltar.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T11:18:43+00:00</published>
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            La presencia olvidada de los franceses en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDWwJZg9qy0ORLBDYuLIifukcSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/franceses.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La influencia de la inmigración italiana, española e incluso sirio-libanesa está muy presente en la memoria e instituciones de la ciudad. Sin embargo, aunque al día de hoy no sea tan recordada, la colectividad francesa supo ocupar un lugar destacado en la Gualeguaychú de la segunda mitad del siglo XIX. La pista sobre su rol protagónico en el pasado ha llegado a nuestros días gracias a las investigaciones de Elsa Beatriz Bachini, quien en 1966 dictó una de sus recordadas conferencias sobre este tema.Según la abogada estudiosa de la historia local, muchos franceses llegaron a nuestras tierras escapando del régimen de Napoleón III, conocido como el Segundo Imperio Francés (1852-1870). Tal es así que el censo de 1853 reveló que, en una Gualeguaychú de alrededor de 3.500 habitantes, 258 eran franceses: 194 varones y 64 mujeres. Más allá de este número, lo que por aquel entonces marcó una diferencia fue el perfil de quienes llegaron, ya que muchos eran hombres de sólida formación cultural que traían consigo ideas modernas en el plano político, social e industrial.Algunos fueron intelectuales y educadores; otros aportaron sus oficios, dedicándose a la agricultura, la industria, el comercio y diversos rubros artesanos. Una figura, probablemente la más notoria dentro de esta colectividad, supo combinar ambos elementos: el hojalatero y periodista José Lefevre.&nbsp;Lefevre llegó a la ciudad hacia 1852 y abrió un taller de hojalatería en la calle Urquiza. Con el tiempo comenzó a participar activamente en la vida periodística local y en 1858 fundó el periódico “La Esperanza de Entre Ríos”, del cual fue director, con Luis Grimaux como editor responsable. Se trató de un medio de firmes convicciones liberales que se oponía al gobierno de Urquiza, y protagonizaba intensos debates con los diarios oficialistas “La Época” y “El Duende”. Sus confrontaciones fueron tan encendidas que llegaron a trasladarse a ámbitos públicos como el teatro 1º de Mayo, donde hubo cruces con insultos de palco a palco.&nbsp;</p>(Grok AI)<p>En el mismo local del periódico también se instaló una librería que anunciaba suscripciones a obras de autores como Alejandro Dumas, que se entregaban en cuadernillos ilustrados a precios accesibles. En enero de 1859, desde la misma imprenta y con colaboradores similares, comenzó a publicarse “El Eco de Entre Ríos”, dirigido por Honoré Roustand, un uruguayo hijo de franceses que impulsó diversas iniciativas de interés público en la ciudad.</p><p>Otro dato que da la pauta de la presencia que tenía la colectividad francesa en Gualeguaychú es el hecho de que algunos textos publicados en esos diarios aparecían directamente en francés. Uno de ellos, publicado en El Eco del Litoral el 6 de abril de 1856, convocaba a los residentes franceses a firmar una solicitud dirigida al ministro de Francia en Buenos Aires para designar un vicecónsul en la ciudad. A partir de ese mismo año, y hasta su fallecimiento en 1876, fue Lefevre quien se desempeñó como agente consular de Francia en Gualeguaychú.</p><p>Los antiguos periódicos locales también dejaron registro de la impronta francesa en la actividad comercial y la vida cotidiana de la ciudad. Emprendimientos como el molino de Crucet, la jabonería y velería de Adela A. de Rivier, la botica “El Indio” de Pedro Peytaví, la mueblería y tapicería de Soulié, o la fotografía de Jardim y Berger. También funcionaban cafés regentados por Dutté, Lalanne, Bon y Descoins, así como el Hotel París de Roustand.</p><p>En marzo de 1856, por ejemplo, el periódico El Eco del Litoral publicaba un aviso de “Madama Gotier, modista francesa”, quien ofrecía gorras, plumas, flores y cintas recién llegadas de París, además de confeccionar manteletas, capas y otras prendas de moda. También estaban presentes por aquel entonces el sombrerero Esteban Clement, que restauraba galeras en la calle San José; y el sastre Devese, que se dedicaba a la compostura y limpieza de ropa masculina.</p><p>En cuanto a su involucramiento en la enseñanza, cabe señalar que franceses e hijos de franceses, como Florencia Marreins (1883-1977), primera directora y maestra de la Escuela Nº 9, no se limitaron a incorporarse como docentes en las escuelas ya existentes, sino que también impulsaron la creación de nuevos establecimientos educativos. Algunos de ellos tuvieron una prolongada trayectoria, como el Colegio Franco-Argentino, que estaba ubicado en Urquiza 120.</p><p>En 1858 aparecía en “El Eco del Litoral “este aviso dirigido a las familias: “A las madres de familia. El día 15 del corriente se abrirá un colegio francés de señoritas, dirigido por la señorita Bertha Grimaux, quien enseñará religión y moral, lectura, escritura, aritmética, gramática francesa, geografía, historia, dibujo, reglas de urbanidad y diversas labores”. En el mismo periódico se anunciaban además “lecciones particulares de teneduría de libros e idioma francés, según un método teórico-práctico breve y sencillo”, a cargo de don Luis Grimaux.</p><p>A estas iniciativas se sumaban las escuelas de Marcela Vidart, Micaela Etchenique, Domingo Plandolit, Olegario Errasquin, Graciana Garat, el Colegio Argentino dirigido por Cayetano Huguet, con profesores Mauleón y Ledesma, y la pequeña escuela de Carmen Bot, que ya funcionaba hacia 1860.</p><p>Otros franceses contemporáneos que dieron sus aportes a la ciudad fueron el arquitecto Ferdinand Lebleu, quien presentó al general Urquiza en 1858 el proyecto del primer muelle del puerto. De hecho, el primer farol público a kerosene de la ciudad fue donado por Lefevre y Poitevín en 1863, cuando se inauguró dicho muelle. También fue un francés, Benjamín Lambert, quien instaló los primeros teléfonos en Gualeguaychú. Y la fotografía más conocida de la ciudad pertenecía a Luis Dorgebal, frente a cuya cámara muchos vecinos posaron, rodeados de palomas y azucenas.</p><p>Juan Iroumet fue el primer ecónomo del Hospital de Caridad en 1866; Casimiro Labastie presidió la comisión encargada de construir el nuevo cementerio ese mismo año; Luis Rauschert tuvo a su cargo los registros matrimoniales y de nacimiento en la Municipalidad desde 1874; y el ingeniero Pedro Eberlé dirigió las obras del nuevo cementerio inaugurado en 1877.</p><p>El doctor Chaumery introdujo cepas traídas de Francia para elaborar vino; Crucet instaló el primer molino harinero a vapor; y Enrique Gambier trajo las primeras máquinas para enfardar lana en su barraca del barrio de la estación. Incluso la alimentación cotidiana cambió con la llegada de los franceses a Gualeguaychú: el pan casero, amasado en los hogares, fue reemplazado gradualmente por el pan francés elaborado por panaderos como Pedro Margalot, los hermanos Batmalle, Domingo Partarrieu, “Petit” Philipe y Juan Pedro Laplacette, conocido como “Yampier” (Jean-Pierre).</p><p>Otra curiosidad que rescató Elsa Bachini en sus investigaciones es que, a pesar de la distancia, la colectividad francesa mantuvo fuertes vínculos con su país de origen. Cada acontecimiento que ocurría en el Viejo Mundo tenía repercusión entre los residentes locales. Así, en septiembre de 1875 se organizó en Gualeguaychú una colecta para ayudar a los damnificados por inundaciones en el sur de Francia, iniciativa que reunió numerosos aportes de vecinos, cuyos nombres fueron publicados en los periódicos de la época.</p><p>Los franceses también cultivaban la vida social y las celebraciones patrióticas, organizando reuniones y banquetes para conmemorar fechas importantes de su país. En 1860, por ejemplo, los residentes celebraron el cumpleaños de Napoleón con una gran cena en el Hotel de París. Del mismo modo, el 14 de julio (Aniversario de la toma de La Bastilla) y la recordación de la batalla de Sebastopol eran ocasiones especiales para reunirse y festejar.</p><p>De aquellas celebraciones surgiría, finalmente, una institución destinada a perdurar: el 14 de julio de 1881, por iniciativa de Luis Vicat, se creó la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos “Unión Française”. Esta entidad levantó su sede en la calle Luis N. Palma y construyó también un panteón en el cementerio local, donde descansan muchos de los franceses que contribuyeron al desarrollo de la ciudad.</p><p>De esta manera, aunque a veces parezca que el paso del tiempo dejó de lado la importancia de los franceses en Gualeguaychú, el archivo histórico y las historias que salen a la luz, nos permiten recordar a este y otros tantos grupos migratorios que nutrieron de multiculturalidad la identidad local y permitieron que la ciudad progrese y se desarrolle como tal.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/QDWwJZg9qy0ORLBDYuLIifukcSA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/franceses.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Durante la segunda mitad del siglo XIX, muchos franceses se integraron a la comunidad local en los más diversos ámbitos y marcaron con su impronta la prensa escrita, la educación y la industria. Aunque no siempre se los recuerde, este grupo de inmigrantes contribuyó de manera especial al desarrollo de la ciudad en una época en la que aún todo estaba por hacerse.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-14T22:22:21+00:00</published>
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            Nina Fuentes, medio siglo de enseñanza y amor por la danza
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cjtiP1qwmXbSvyAg9SGgZ0Ho-yw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/nina_fuentes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 8 de marzo de 1976 no fue un día más para Nina Fuentes, sino un punto de inflexión que marcaría su vida para siempre. Era lunes y tenía apenas 17 años cuando abrió por primera vez la puerta de un pequeño salón en calle Gualeguay, entre Urquiza y 25 de Mayo. “Ese día di mi primera clase”, recordó en conversación con Ahora ElDía.</p><p>El instituto funcionaba en un espacio mínimo, con una vidriera a la calle y una barra que su padre le había construido. Dos sillas con escritorio completaban el mobiliario.</p><p>A nivel nacional, el país atravesaba uno de los períodos más oscuros de su historia. De hecho, Nina quería irse a estudiar Educación Física, pero sus padres no la dejaron. “Era plena dictadura y querían cuidarme”, relató. En ese contexto, se preguntó qué hacer.</p><p>Desde los ocho años, había estudiado danza. En principio para que perdiera la timidez y corrigiera su postura, sin embargo, en la joven adultez se convertiría en algo más importante. Nina reconoció que nunca pensó en la danza como su sueño, y que la idea de enseñar la disciplina era sólo por el término de un año.</p><p>La respuesta fue inmediata. “Todo el barrio vino a tomar clases”, señaló. El primer año cerró con 48 alumnos; el segundo ya eran 100.</p><p>Estuvo poco más de un año en aquel primer salón, hasta que con la ayuda nuevamente de su su padre y, quien entonces era su marido, compró una casona en calle Urquiza y Lavalle, con piso de madera de pinotea. “Los alumnos salían con los pedazos del piso en sus calzados, porque era un piso viejo”, ilustró.</p><p>Más tarde llegaría el espacio actual, construido desde cero por su papá. “Él siempre me ayudó en lo que era la infraestructura”, afirmó. Sin embargo, la mudanza no fue sencilla en lo emocional. Su padre falleció cuando el nuevo salón ya estaba listo. “Cuando lo tuve, él no estaba. Me costó mucho psicológicamente”, confesó con la voz quebrada.</p><p>En esos primeros años, cuando aún era soltera, sus padres fueron su sostén absoluto. “Fueron el pilar número uno en mi carrera. Mi mamá me llevaba la merienda al instituto, si no, seguía de largo”, confesó. Más adelante, ya consolidada, se manejó económicamente sola, pero nunca olvidó ese acompañamiento inicial.</p><p>En 1983 comenzó a viajar a Buenos Aires para perfeccionarse y durante 15 años asistió a seminarios de verano en el Teatro Colón, una experiencia que marcó su formación. “Fue donde más aprendí”, aseguró.</p><p>Ese aprendizaje no quedó solo para ella, aunque lo considera un gran logro personal, ya que le permitió trae a la ciudad a figuras de primer nivel en la danza como Maximiliano Guerra, Eleonora Casano y Rocky Pashkus, entre otros. Para Nina, fue una forma de devolverle a la comunidad todo lo que ella había recibido. “Fue muy gratificante e importante para Gualeguaychú y las ciudades de alrededor”, reconoció.</p><p>Además, en 1998 y 1999 representó a la Argentina en París como parte del equipo nacional de competición. “Eso fue lo más lejos que llegué”, afirmó. También fue jurado en Italia, España, Marruecos, Uruguay, Brasil y Paraguay.</p><p>A pesar de que se había planteado tener el instituto sólo por un año, se convirtió en una vida entera. “Empecé y me enamoré de lo que hago”, sostuvo. La danza fue su sostén en los momentos felices y también en los más duros. “He vivido, criado a mis hijos, les he podido dar estudios. Y cuando atravesé grandes tristezas, la danza fue mi refugio”, aseguró.</p><p>En cinco décadas vio cambiar generaciones. Observa que hoy muchos buscan resultados inmediatos. “Y lo que yo hago es imposible a corto plazo”, destacó. Su método requiere tiempo, constancia y disciplina. Tiene alumnos desde los tres hasta los 18 años que crecen a su lado. Más allá de los pasos y las coreografías, insistió en la formación integral: “Nos enseñaste la prolijidad, la presentación, el horario”, le repiten antiguos alumnos que hoy agradecen esas herramientas en su vida cotidiana.</p><p>Muchas de las docentes que actualmente dictan clases en Gualeguaychú se formaron en su instituto. Entre sus alumnas destaca a Elizabeth Antúnez, primera bailarina del Teatro Argentino de la Plata: “Es la que más lejos ha llegado”, resaltó con orgullo. Pero lo que más la emociona es otra cosa: “Aquellos que empezaron conmigo todavía están. Si hago un espectáculo o una clase, están al pie del cañón”.</p><p>En los últimos años también aceptó nuevos desafíos. Acompañó a su hijo Rogelio en la puesta en escena de este año de la comparsa O ‘Bahía.</p><p>“Lo único que pedí fue trabajar con mis bailarinas, que fueron 14. Lo que más me ha sorprendido es que las fotos y videos de las chicas aparecian en todos lados, es decir que gustó. La interpretación fue la más complicada, porque eran las almas muertas de las esposas del sultán, por eso no podían sonreír”, describió sobre la experiencia carnavalera.</p><p>A pesar que disfrutó su participación como coreógrafa, aseguró que no volvería a hacerlo. “Es muy cansador por las horas previas. El desfile se pasa en un suspiro, me gustó, pero no lo repetiría, quería saber si podía y pude”, afirmó fiel a su espíritu de superación.</p><p>Los 50 años de trayectoria no la encuentran detenida, sino celebrando. Este domingo realizará una misa en la Capilla de Luján a las 19.30 horas en agradecimiento, y el 11 de julio organizará en Festroom una gran fiesta del reencuentro. Allí entregará reconocimientos y premios, habrá sorpresas y, por supuesto, baile. “Vamos a divertirnos y tratar de disfrutar. Hay gente que no he visto hace muchos años, y todos me contestan con mucha felicidad”, dijo. La celebración, sin embargo, tendrá un matiz de tristeza por la reciente partida de Teresita Pighetti, quien fue su alumna desde pequeña. “Fue muy dura la noticia de su fallecimiento”, manifestó.</p><p>Nina admitió que trabaja mucho en terapia porque “no sé qué es vivir sin trabajar. Más allá de ser mi vida, la danza es mi trabajo”, reflexionó. No imagina cerrar el instituto, no sólo porque su hijo desarrolla allí su labor teatral, sino porque sostiene que es un lugar histórico. “El tiempo dispondrá de mi vida”, apuntó.</p><p>Como reconocimiento a sus cinco décadas en la danza, sus hijos le regalaron recientemente un viaje a Turquía y Dubái, y Paulo, la pareja de su hijo, entradas para ver “El Lago de los Cisnes” en el Teatro Colón.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cjtiP1qwmXbSvyAg9SGgZ0Ho-yw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/nina_fuentes.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La reconocida profesora de danza Nina Fuentes cumple hoy 50 años de trayectoria formando a bailarines. En este marco, el próximo martes será reconocida por la Cámara de Diputados de la Provincia por su trayectoria y aporte a la cultura.]]>
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                <published>2026-03-08T12:30:00+00:00</published>
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            María Luisa Guerra, la gualeguaychuense prodigio que conquistó la escena musical europea
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JvrhvoC6pV7bWpS-upRiA7NOKH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/maria_luisa_guerra_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Gualeguaychú es cuna de artistas. Siempre lo fue. Desde los grandes escritores que le dieron su fama de “ciudad de los poetas” hasta los cientos de músicos, bailarines y carroceros que dan vida cada verano al Carnaval del País. Ejemplos hay muchos; innumerables. Pero existe una historia, quizá no tan conocida, que destaca por el contexto en que transcurrió y por su protagonista: la de María Luisa Guerra. Una niña prodigio que a finales del siglo XIX deslumbró al público europeo con sus dotes de pianista y llegó a ser nombrada Baronesa por la Corona Española.“La Flor del Plata”, como le llamaron en España, nació en Gualeguaychú el 8 de junio de 1869 en el seno de una familia acomodada de la ciudad. Hija de Francisco Guerra y de Bárbara Cortínez, creció en una casa ubicada en la esquina de 25 de Mayo y Rocamora, donde tiempo más tarde existiría el Bazar Alemán de los hermanos Crespo.</p><p>Según se reseña en el libro “Mujeres de Gualeguaychú”, desde temprana edad manifestó una marcada inclinación por la música y notables condiciones para el piano. Tal es así que sus tíos, Leopoldo Guerra y Fátima Zunino, la llevaron a Rosario, Santa Fe, con apenas seis años para impulsar su formación artística. Allí estudió con el maestro Narciso Fontanals y, dado su evidente talento, fue llevada con 10 años a Europa para continuar sus estudios y su prometedora carrera musical. Antes de partir, María Luisa ofreció un concierto de despedida en el Club Recreo Argentino, donde despertó gran admiración. Una imagen que se repetiría en las incontables salas y teatros que le aguardaban al otro lado del océano.</p><p>Ya en el Viejo Continente, se convirtió en discípula del maestro Luca Fumagalli, en Milán. Allí profundizó sus estudios, perfeccionó su técnica y desarrolló plenamente sus dotes de intérprete. Continuó su camino bajo la tutela del máximo concertista español Carlos Vidiella y de Melchor Rodríguez de Alcántara en Barcelona, para luego seguir con Valentín Arín en la Escuela Nacional de Música de Madrid.&nbsp;</p><p>En sus conciertos de Barcelona y París, el público quedaba deslumbrado por su ejecución artística y su corta edad. Tal es así que la Asociación Musical Barcelonesa la hizo socia honoraria, y el Ateneo de Barcelona le regaló una medalla de oro como homenaje “a su genio y mérito indiscutible”.</p><p>Pero su verdadera consagración llegaría entre 1890 y 1895, a lo largo de seis conciertos que dio en el Ateneo de Madrid, el cual la nombró socia de mérito, un hecho sin precedentes en la historia de la entidad. Y es que el Ateneo de Madrid se encontraba en una época en la que abrazó la modernidad y dio espacio a que la mujer ocupase un rol de concertista profesional. A su vez, daba un lugar preponderante al público femenino que, según la prensa de aquel entonces, llegaba incluso a desbordar la capacidad del propio salón durante las veladas.El periódico El Nuevo Progreso recoge la noticia de una de las actuaciones de María Luisa en abril de 1890 y destaca que “el entusiasmo del público fue indescriptible, y la ovación de las más entusiastas que el Ateneo ha presenciado”, mientras que El Liberal -cinco años más tarde- señala que “la musa del Ateneo, como llaman algunos socios de esta casa a la célebre pianista argentina, tiene el privilegio de atraer a los salones de aquella corporación mayor auditorio que todas las eminencias políticas y literarias que allí suelen dar sesiones y conferencias”.</p><p>En medio, en 1893, la revista madrileña “Blanco y Negro”, publicaba que “la inspirada pianista (...) ha obtenido recientemente en el Ateneo de Madrid uno de los triunfos más entusiastas, unánimes y valiosos de su brillante carrera artística”. Maestros ilustres en el arte de Euterpe, profesores no fáciles de entusiasmar, público, en fin, perito, autorizado y escogido como pocos, tributó a la Srta. Guerra (...) una ovación delirante y entusiasta, arrancada a pulso por las raras dotes de esta artista”, seguía.</p>Retrato de 1893, publicado en Blanco y Negro<p>Y completaba: “Las obras más difíciles de Thalberg, Raff, Chopin, Liszt y Heller, son dominadas de todo en todo por la bella y muy simpática ejecutante, en tales términos, que, según opinión autorizada, desde Rubinstein no se ha oído en Madrid nada parecido”.&nbsp; Por aquel entonces, María Luisa tenía 23 años. Se dice que era profundamente tímida, y que antes de comenzar a tocar se conmovía hasta un estado nervioso, casi enfermizo, que desaparecía en el instante en que apoyaba los dedos sobre el piano y desplegaba su prodigioso talento interpretativo. También se la describe con un aspecto frágil, de delicada silueta, brazos delgados y manos trémulas, de ojos grandes, oscuros y cabellos renegridos.</p><p>En 1895 viajó a Gualeguaychú y ofreció en el mes de noviembre dos conciertos en el Teatro 1° de Mayo, un recinto para 700 personas que estaba ubicado en la actual calle Urquiza, entre Mitre y 3 de febrero, frente a la plaza. Los recitales estuvieron organizados por las damas de la Sociedad de la Caridad: uno de ellos a beneficio de la Comisión Pro Monumento al presbítero Luis N. Palma; y el otro destinado a las obras que realizaban para sostener un colegio y hogar de huérfanos y ancianos.&nbsp;</p><p>Para la ocasión, encargaron traer desde Rosario un piano de cola, se enviaron invitaciones al Gobernador de Entre Ríos y a destacadas personalidades, se contrató la orquesta del maestro Batlle y se programó alternar la música con recitados de poemas y canciones. Fue un éxito: se vendieron en su totalidad las entradas generales y los derechos a palcos, cazuelas y lunetas de ambas funciones. El piano fue destinado como premio para una rifa que realizaron un mes después.Días más tarde, el 17 de noviembre, María Luisa partió hacia Buenos Aires desde el Puerto de Gualeguaychú a bordo del vapor “Oriente G”. Eran las cuatro de la tarde de un domingo primaveral. Dejaba atrás a su ciudad querida, cuyo amor y reconocimiento seguramente le significaban más que cualquier otro honor recibido lejos de casa.Según se reseña en la edición Nº 21 de Cuadernos de Gualeguaychú, estuvo unida a su pueblo natal por la asidua correspondencia que mantenía con sus familiares y cedió tierras para que se trazara el camino al Cementerio. Esto último se relaciona con otra de sus cualidades, el uso generoso que dio a su inmensa fortuna: tanto la que heredó, ya que sus padres fallecieron cuando era adolescente, como la que amasó con su propio talento.Tanto por su fama y admiración, como por su elevada posición económica y social, mantuvo relación con las élites europeas de la época. Al punto tal que el rey de España Alfonso XIII la distinguió con el título nobiliario de Baronesa, en reconocimiento a su técnica y a su sensibilidad artística.María Luisa se estableció en San Sebastián, en la costa norte de España, donde tenía una finca a la que llamó “Villa Argentina”. Allí descansaba de sus giras artísticas y vivió hasta el final de sus días cuando falleció en 1949, a la edad de 80 años. En su honor, la ciudad española la homenajeó con una calle. Lo mismo hizo Gualeguaychú, pero recién en 1973, cuando nombró Guerra a la continuación de la calle Brasil, que va desde Urquiza hasta la Costanera.A este y al otro lado del Atlántico, “La Flor del Plata” dejó una huella singular. Protagonista de la escena musical europea hace más de un siglo, trajo orgullo a la ciudad que la vio crecer y convertirse en una joven digna de admiración; y fue un ejemplo más de las grandes mujeres gualeguaychuenses que con su vida y obra marcaron el rumbo para que otras puedan ocupar espacios históricamente vedados y desarrollen con plenitud su talento y vocación.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JvrhvoC6pV7bWpS-upRiA7NOKH0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/maria_luisa_guerra_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Conocida como “La Flor del Plata”, llegó a ser una de las mejores concertistas del mundo a finales del siglo XIX. Con un don innato para la música, dejó su Gualeguaychú natal para formarse con los grandes maestros de Europa y despertar la ferviente admiración del público ilustrado cada vez que tocaba el piano.]]>
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            Entre vapores e inmigrantes: Cuando el corazón de Gualeguaychú estaba en su puerto
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MxsC1PjWu21nnybu0ia41M3uC5U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/puerto_gualeguaychu_historia_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde hace ya varias décadas, el Puerto de Gualeguaychú es entendido y habitado como un lugar de paseo y recreación; una continuidad de la turística Costanera. Este rol se consolidó a raíz de las plazas y espacios verdes cercanos, su hermosa vista al río, la puesta en valor de su infraestructura histórica y -sobre todo- por el uso que se le ha dado a los Galpones del Puerto para desarrollar las más diversas actividades culturales y deportivas: desde la realización de torneos, eventos y ferias hasta la construcción de las carrozas estudiantiles.Sin embargo, durante gran parte de la historia de la ciudad, el puerto no cumplió ninguna de estas funciones, pero sí otras que resultaron fundamentales para la transformación de Gualeguaychú en un enclave comercial, integrado al modelo agroexportador nacional y protagonista del desarrollo económico regional.&nbsp;Los primeros antecedentes portuarios datan de comienzos del siglo XIX. En 1808 ya existía un embarcadero muy precario conocido como “Puerto de Petisco”. Pero los registros formales del puerto se remontan a 1821, cuando se organizó formalmente su administración bajo la figura del “Cabo de Rentas”, un funcionario que concentraba las tareas de control, seguridad y cobro de aranceles.Desde la fundación de las distintas villas entrerrianas y hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, la ausencia de caminos convirtió al río en la única vía segura de comunicación. En un territorio surcado por arroyos y cursos de agua, el caballo era prácticamente el único medio de transporte terrestre en su interior, mientras que las carretas tiradas por bueyes resultaban lentas y costosas. A modo de ejemplo, basta decir que recién en 1858 comenzó a funcionar la primera diligencia entre Gualeguaychú y Concepción del Uruguay. Por otra parte, hasta la construcción de los puentes en el último tercio del siglo XX, la vía fluvial era la única alternativa para salir de la provincia.</p><p>En ese contexto, el puerto se convirtió en el eje del abastecimiento y la economía local. Casi todos los productos llegaban en barco desde Buenos Aires, Montevideo o directamente de Europa. La industria local era prácticamente inexistente, con excepción de los saladeros, que producían carne vacuna, grasa, velas de sebo y derivados. Los registros de la época muestran un movimiento portuario modesto pero constante: embarcaciones que traían sal, azúcar, ginebra, tabaco, madera, arroz, baldosas, muebles, instrumentos musicales y artículos de imprenta, entre muchos otros productos. La mayoría regresaba con leña, cueros, lana o productos saladeriles. El nivel de vida de la población era austero, como lo reflejan testamentos y crónicas de la época.El verdadero punto de inflexión llegó a partir de 1851 y 1852, cuando Justo José de Urquiza elevó a Gualeguaychú al rango de ciudad y proclamó la libre navegación de los ríos tras su triunfo en la batalla de Caseros. La Ley de Aduanas de 1835, dictada por Juan Manuel de Rosas, perjudicaba a los puertos del interior al obligar a que las mercaderías ingresaran por Buenos Aires. Al romperse el monopolio portuario, Gualeguaychú se convirtió en un activo puerto de cabotaje, que dio inicio a una etapa de prosperidad.</p><p>A su vez, en 1857, la Ley de Derechos Diferenciales favoreció aún más el ingreso directo de buques a los puertos del interior. Hacia 1858 podían encontrarse hasta quince barcos extranjeros simultáneamente en el puerto, incluso antes de que existiera el muelle de piedra, construido en 1863.</p><p>Con la apertura fluvial comenzó también la llegada masiva de inmigrantes europeos -vascos, italianos y franceses, entre otros- quienes dinamizaron la economía con nuevas industrias, técnicas agrícolas y oficios. El comercio creció, surgieron agencias navieras, fondas, hoteles, astilleros y almacenes navales en torno a la zona portuaria, que se convirtió en el centro comercial más activo de la ciudad. Es así que hacia fines de la década de 1860 aparecieron las primeras actividades bancarias para acompañar el crecimiento del mercado interno. Tiempo después, en 1878, se crearía un Asilo de Inmigrantes en la zona de la actual Plaza Almeida (ex Plaza Colón), sostenido en gran parte por la solidaridad vecinal.</p><p></p><p>Un dato digno de mencionar es que poco antes de toda esta transformación, hacia 1850, se construyó la Capitanía del Puerto, también conocida como Casilla del Resguardo: un pequeño edificio octogonal ubicado frente a la Plaza Almeida que sigue en pie al día de hoy y constituye la edificación más antigua que se conserva en el Puerto de Gualeguaychú.</p><p>En ese momento, las funciones portuarias de control de mercaderías, seguridad y cobro de aranceles estaban concentradas en una misma autoridad. El edificio cumplía precisamente ese rol: desde allí se supervisaba el ingreso y egreso de embarcaciones, se registraban cargas y se garantizaba el cumplimiento de las disposiciones aduaneras.</p><p>El resto de la infraestructura portuaria fue mejorando progresivamente: en 1863 se construyó el muelle de piedra; en 1889, con la llegada del ferrocarril a la ciudad y su conexión directa con puerto, el transporte de mercaderías se modernizó e integró; en 1894, en tanto, comenzó la construcción del Muelle Nacional de madera; y en 1904 se concretaron finalmente el dragado y la canalización del río, obras largamente reclamadas para evitar varaduras en la desembocadura.El crecimiento exponencial fue tal que en 1914 el puerto superó las 600 embarcaciones despachadas. Salían vapores en línea regular con destino a Concordia-Carmelo-Montevideo-Buenos Aires y cargas que salían directamente a Cuba, EE.UU. y Europa. Luego, hacia 1916, comenzó a operar la emblemática grúa a vapor, esencial para descargar materiales pesados. Algunos años más tarde se ejecutaron otras dos obras claves, vinculadas al río y el puerto: la inauguración del puente en 1931, que permitió integrar definitivamente el Parque Unzué a la vida urbana, y la obra de la Costanera en 1935.</p><p>Por otro lado, hasta mediados del siglo XX existían los barcos a vapor para el transporte de pasajeros. De todos los que surcaron el río Gualeguaychú, sin dudas el más emblemático fue el Vapor Luna. Construido en 1889 y adquirido por el empresario Nicolás Mihanovich hacia fines del siglo XIX, comenzó como vapor a caldera y en 1933 fue transformado en motonave, es decir, con un motor de combustión interna. Tenía unos 40 metros de eslora, cuatro camarotes, salón comedor y una amplia toldilla.</p><p>El Luna realizaba viajes nocturnos a Buenos Aires, lo que resultaba muy conveniente: partía alrededor de las 21 horas y llegaba temprano a destino, permitiendo aprovechar el día completo. Esta modalidad fue clave en su éxito. La partida del Luna era un verdadero acontecimiento social, ya que, aunque muchos no viajaran, iban al puerto para ver la salida. El movimiento de pasajeros, changarines, equipajes, despedidas y la sirena marcando la zarpada formaban parte de la “fiesta del puerto”. Fue el último gran vapor de pasajeros que hegemonizó el transporte fluvial en las décadas de 1940 y principios de 1950.&nbsp;</p><p>El declive de la actividad portuaria comenzó progresivamente después, en las décadas de 1960 y 1970, cuando las comunicaciones terrestres desplazaron al transporte fluvial, un proceso que se vio acentuado por la construcción de grandes complejos viales como el túnel subfluvial Paraná-Santa Fe y el puente Puerto Unzué–Fray Bentos. En los años ’80 el puerto dejó de operar y el área fue ocupada por areneras, que posteriormente fueron trasladadas. Finalmente, a partir de 1997, se impulsó la reconversión del espacio como atractivo turístico, y es así que hoy el Paseo del Puerto forma parte del nuevo perfil económico de la ciudad, orientado al turismo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MxsC1PjWu21nnybu0ia41M3uC5U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/puerto_gualeguaychu_historia_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Durante más de un siglo, el puerto fue el centro económico y social de la ciudad: por allí entraban y salían pasajeros, mercaderías del resto del mundo e inmigrantes que llegaban a “hacer la América”. El vínculo histórico de nuestro pueblo con el río y los avatares de los siglos XIX y XX redefinieron el escenario con el que nos encontramos hoy.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
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            Pioneras y herederas: Mujeres de ayer y de hoy en la ciencia de Gualeguaychú
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/S61TOGRzXC4FMMKHXCsoE08V_hk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/mujeres_en_la_ciencia_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A pesar de que los tiempos cambiaron, sigue siendo difícil identificar a las mujeres que contribuyeron con sus aportes al desarrollo de la ciencia. En un primer intento, el nombre natural que aparece es el de Madame Curie, pionera en el campo de la radiactividad. Pero si lo pensamos en términos locales, la tarea se vuelve un tanto difícil.</p><p>Sin embargo, con la ayuda de historiadores locales y algunos libros, es posible conocer a grandes mujeres en el campo de la ciencia, y que de alguna forma u otra guardan relación con nuestra ciudad.</p><p>Una de ellas es Helena Larroque de Roffo, nacida en Concepción del Uruguay, cuyo nombre asigna a una de las calles que pasa cerca del Hospital Centenario. Gualeguaychú, es una de las pocas ciudades que rinde honor a la célebre científica reconocida principalmente por haber fundado la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer. En 1904 fue admitida en la Facultad de Medicina, aunque no tuvo la oportunidad de graduarse debido a una enfermedad.</p>Helena Larroque de Roffo, científica entrerriana, cuyo nombre es homenajeado &nbsp;en una calle de la ciudad<p>En 1919, junto con su esposo, decidió trasladarse a Europa para continuar con su formación. Allí tuvieron la oportunidad de trabajar con la renombrada científica Marie Curie, cuyo nombre designa a la calle contigua a la de Roffo en nuestra ciudad.</p><p>De acuerdo a investigaciones de María de las Mercedes Chaparro de Sameghini, la primera gualeguaychuense que se recibió de médica en Gualeguaychú fue María Teresa Quaranta, quien ingresó a la Universidad en 1920 y Dora Avigliani, fue la primera cirujana dentista.</p><p>Por otro lado, un nombre que resuena, aunque a primera vista sólo aparece ligado a la creación del Instituto Superior de Formación Docente, es el de María Inés Elizalde.</p><p>En el libro “Mujeres de Gualeguaychú”, Silvia Goyburu relata que María Inés Elizalde realizó el Perfeccionamiento en Taxidermia en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde luego envió muestras de fauna ictícuola (conjunto de especies de la región) como parte de un trabajo que realizó. Además, equipó con recursos propios “una magnífica sala de Ciencias Naturales en la Escuela Normal”.</p><p>Como si fuera poco, en 1972, gestionó la creación del Profesorado de Física y Química, y al cabo de un año logró su creación, siendo el primero en su especialidad en el país. Con todas estas acciones, “Inesita”, cómo la llamaban cariñosamente, sembró una semilla muy importante para promover el interés científico de su alumnado y el de generaciones futuras.</p>María Inés Elizalde, impulsora de las Ciencias Naturales en la ciudad<p>La autora describió que tras “una vida intensamente dedicada a la profesión, la ciencia y la educación”, cerró sus ojos el 30 de octubre de 1988, y con ello “dejó un enorme vacío en las ciencias de nuestra ciudad”.</p><p>El mismo año que Elizalde logró la creación del Profesorado de Física y Química, desembarcó en la ciudad la primera bioquímica que tuvo Gualeguaychú: Silvia Blanco.</p><p>En diálogo con Ahora ElDía Blanco contó que nació en Lucas González, Nogoyá, y que en 1968 comenzó a estudiar Bioquímica en Córdoba. Tras finalizar sus estudios, se casó con su esposo, también bioquímico, y se mudaron a Gualeguaychú en 1973, de donde era oriunda su mamá.</p><p>“En ese momento había pocos bioquímicos en la ciudad”, relató Silvia Blanco, quien montó un laboratorio privado junto con su marido.</p>Silvia Blanco, primera bioquímica que llegó a Gualeguaychú<p>Casi inmediatamente se incorporó a trabajar en la recién creada Facultad de Bromatología. “Trabajé en la universidad 40 años, daba clases tanto en la carrera de Bromatología como en la de Nutrición. Hicimos varios proyectos de investigación en laboratorio, pero sobre todo me dediqué mucho más a lo social. Con un grupo de colegas realizamos investigamos sobre el cosmopolitismo alimentario argentino, es decir la herencia alimentaria que tenemos como país”, precisó.</p><p>Además, también cursó una maestría en Biología Molecular en la Universidad Nacional de San Martín y en INTA de Castelar.</p><p>La Facultad de Bromatología fue un gran escenario para que las mujeres de la ciudad, y de alrededores, pudieran adentrarse en el mundo de la Ciencia. Es así que, según los antecedentes disponibles en su base de datos, los primeros registros de mujeres realizando investigación científica dentro de la institución datan de 1992.</p><p>Entre ellas se destacan: Sekaf, Liliana Mabel con su glosario inglés-castellano de términos de interés bromatológico; Baldi Coronel, Berta Mabel con estudio de productos regionales como la miel; Lound, Liliana Haydée con sus investigaciones en el Área de Microbiología; y Taus Rosalba con análisis de procesos biológicos, entre ellos la parasitología en la salud humana y animal.</p><p>“Estos aportes marcaron un punto de partida fundamental para la participación activa de las mujeres en la ciencia dentro de la institución”, valoraron desde la Facultad.</p><p>Las científicas gualeguaychuenses en la actualidad</p><p>Hoy en día, la Facultad de Bromatología cuenta con más de 80 mujeres liderando y participando en proyectos de investigación, muchas de ellas como directoras de laboratorios y grupos de trabajo consolidados.</p>Irene Taravini y su equipo de investigación<p>Entre las principales líneas de investigación a cargo de mujeres se encuentran: la investigación sobre yatay y carne de pollo, dirigida por Natalia Sosa; Estudios sobre nuez pecán y embutidos a cargo de Virginia Larrosa;&nbsp; Investigaciones sobre yerba mate y enfermedad de Parkinson con Irene Taravini al frente del equipo; investigación y desarrollo en Microbiología dirigido por Mercedes Piaggio;&nbsp; Investigación en frutos autóctonos y miel por Verónica Busch; Diseño y formulación de panificados e ingredientes funcionales orientados a grupos poblacionales con necesidades nutricionales específicas, a cargo de Carolina Genevoise; e Innovación Alimentaria a cargo de Beatriz Gómez.</p><p>Además, la Facultad cuenta con un instituto de doble dependencia, el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos (Ictaer), que funciona bajo la órbita conjunta de la Uner y el Conicet. El Instituto se destaca no solo por su producción científica y su impacto regional, sino también por estar liderado por mujeres, consolidando el rol protagónico femenino en la conducción de la ciencia, la generación de conocimiento y la formación de recursos humanos en el área de los alimentos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/S61TOGRzXC4FMMKHXCsoE08V_hk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/mujeres_en_la_ciencia_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Esta semana se conmemoró el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia con el objetivo de destacar a quienes se dedican a la producción de conocimiento y promover el acceso a este campo. Nuestra ciudad, como todas las del país y el mundo, tiene sus referentes. Este es un intento por recuperar los nombres de quienes fueron pioneras y quienes en la actualidad desarrollan investigaciones científicas a nivel local.]]>
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                <updated>2026-04-10T13:20:04+00:00</updated>
                <published>2026-02-14T22:49:36+00:00</published>
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            Europa en el Museo del Carnaval: una muestra fotográfica que invita a un viaje más allá de las fronteras
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dn1ZcoHq4AbVQHMnOitNMIip_iU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/carnavales_de_europa_2.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>La muestra que lleva el nombre de “Carnavales de Europa a América Latina – Máscaras sin Fronteras” opera como excusa para viajar hacia algunas de las fiestas más antiguas y convocantes del continente europeo.</p><p>En medio del ambiente carnavalero típicamente gualeguaychuense del Museo del Carnaval, se erigen cinco tótems con imágenes que contrastan, algunos más, algunos menos, con la representación que los locales tenemos de esta fiesta. En ellos se exhiben las particularidades de las festividades carnavalescas de Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Eslovenia, Grecia, Polonia y Portugal.</p><p>La iniciativa, no sólo se plantea unir internacionalmente a los carnavales latinoamericanos con los europeos, sino también tender relaciones con la Unión Europea más allá de los límites de Buenos Aires, y reconocer que independientemente de dónde vivamos, hay muchas cosas que nos unen. Al mismo tiempo, es una invitación para dejarse sorprender y aprender de otras culturas.&nbsp;</p><p>Austria: máscaras y vals&nbsp;</p><p>En Austria, el carnaval adopta la forma del Fasching, un ciclo festivo que se extiende desde enero hasta el inicio de la Cuaresma. Todos tienen en común las elaboradas máscaras.&nbsp;</p><p>Por supuesto, las costumbres y tradiciones también difieren a nivel regional y de estado a estado. Mientras que en Tirol es común lanzar leña al rojo vivo desde una colina el domingo de carnaval, en Estiria es una larga tradición participar en la carrera anual de carnaval. Los participantes caminan de casa en casa hasta la granja más alta del pueblo para ahuyentar el invierno. En la capital de Austria, las costumbres rurales no son tan comunes, principalmente debido a la famosa temporada de bailes vieneses, que también comienza en enero.&nbsp;</p><p>Además, durante toda esta temporada se comen los Faschingskrapfen (rosquillas austriacas), que se pueden encontrar por todas partes de Austria. Estos están rellenos de mermelada de damasco y espolvoreada con azúcar glas.&nbsp;</p><p>Bélgica: los Gilles y el patrimonio vivo de Binche</p><p>Uno de los carnavales más singulares del mundo se celebra en la ciudad belga de Binche. Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. El célebre Carnaval de Binche se remontan a la Edad Media, es una de las más antiguas celebraciones de este tipo que sobreviven en Europa.&nbsp;</p><p>El domingo de Carnaval, que marca el inicio oficial de las festividades, las calles y los cafés de Binche se ven invadidos por muchedumbres que recorren la ciudad disfrazadas. Los mam’selles, hombres vestidos con extravagantes atuendos femeninos, son la principal atracción de ese día. El apogeo de la fiesta es el martes de Carnaval, cuando hacen su espectacular aparición los legendarios Gilles. Una vez ataviados en una ceremonia ritual, varios centenares de Gilles ostentando sus trajes rojos, amarillos y negros, sombreros de plumas de avestruz, zuecos de madera, campanillas, máscaras de cera y pequeños anteojos, recorren la ciudad al compás del tambor. Pierrots, arlequines y campesinos siguen los desfiles mezclándose con los participantes y las bandas de música locales de instrumentos de cobre y clarinetes. Los bailarines ejecutan una serie de complicados pasos, y entre ellos el eterno favorito, “el paso de Gille”.</p><p>Bulgaria: Surva y las máscaras contra el mal</p><p>En la ciudad de Pernik se desarrolla el Festival Internacional de Juegos de Máscaras Surva. Sus protagonistas son los kukeri, figuras cubiertas con pieles, cuernos y enormes campanas que desfilan para espantar los malos espíritus y atraer buenas cosechas.</p><p>La primera noche del festejo, las comparsas acuden al centro del pueblo para encender hogueras y divertirse con el público presente. Algunos participantes representan determinados personajes: el jefe, el sacerdote, el oso o la pareja de recién casados. Al día siguiente, pronto por la mañana, se agrupan y recorren todo el pueblo, visitando a las familias en sus hogares, para que el sacerdote “case” a las parejas jóvenes y el oso desee buena salud a todos con empujones. Las familias esperan la llegada de los survakari para recibirlos con bebidas y regalos. Después del desfile por el pueblo, los comparsas distribuyen los regalos y ofrecen el dinero colectado a personas vulnerables.&nbsp;</p><p>Familias enteras de los pueblos se dedican durante todo el año a reunir los materiales necesarios para confeccionar las máscaras y otros elementos de la fiesta</p><p>Chipre: Limassol y el gran carnaval mediterráneo</p><p>El carnaval más importante de Chipre tiene sede en Limassol y se extiende durante diez días previos a la Cuaresma. Esta celebración aparece por primera vez en referencias escritas en el medio evo cuando la isla era administrada por los franceses y los venecianos.</p><p>Las festividades de carnaval comienzan el Jueves de Carnaval. Este es el día en que el Rey y la Reina del Carnaval entran en la ciudad y dan inicio a las festividades. Tras el inicio de las festividades, se invita al público a participar en numerosos eventos y actividades, como el Desfile Infantil y múltiples espectáculos de serenatas. El Gran Desfile es el evento final y más grande, y se celebra el último domingo de carnaval, el día anterior al Lunes Verde.</p><p>Croacia: Rijeka, potencia carnavalesca del Adriático</p><p>Los carnavales en Croacia, conocidos como poklade o fašnik, son una vibrante tradición que marca el final del invierno y la llegada de la primavera, con el famoso Carnaval de Rijeka como el más destacado.&nbsp;</p><p>Los Zvončari (hombres campana), personajes con pieles de oveja y máscaras monstruosas declarados Patrimonio de la Humanidad, hacen ruido por las calles de la ciudad para ahuyentar los malos espíritus durante la festividad.</p><p>Eslovenia: los Kurenti y la despedida del invierno</p><p>Durante el período de carnaval, la ciudad eslovena más antigua, Ptuj, se convierte en un gran escenario de carnaval, donde los famosos personajes kurenti desempeñan el papel principal.&nbsp;</p><p>La figura del kurent y sus desfiles durante la época de carnaval también están incluidas en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Unesco. La vestimenta, kurentija, que consiste en un gorro, un vestido de piel de oveja, polainas verdes o rojas, cencerros atados a una cadena alrededor de la cintura y un palo llamado ježevka.</p><p>Si antiguamente sólo los chicos jóvenes eran los kurenti, hoy en día la vestimenta kurentija la llevan todas las generaciones, desde los más jóvenes hasta los mayores, incluso algunas mujeres y chicas.&nbsp;</p><p>Su origen tiene raíces mitológicas, y su tarea principal es ahuyentar las fuerzas del mal y traer al país tiempos mejores, ya sea en forma de prosperidad, una primavera más cálida o una buena cosecha.</p><p>Grecia: Con carrozas gigantes y ayuno</p><p>El Carnaval griego, conocido como "Apokries", es la temporada festiva que precede a la Cuaresma. Tradicionalmente, comienza tres semanas antes de la Pascua Ortodoxa Griega. "Apokria" significa literalmente "adiós" al período de consumo de carne o abstinencia de carne.&nbsp;</p><p>Con raíces en los antiguos festivales dionisíacos, combina tradiciones paganas y religiosas, destacando los desfiles de Patras, Xanthi y la "guerra de harina" en Galaxydi.</p><p>La ciudad portuaria de Patras alberga el carnaval más grande de Grecia y uno de los más grandes de Europa. El carnaval alcanza su punto álgido el último fin de semana, con un desfile el sábado, en el que los participantes recorren las calles con antorchas, y el espectacular desfile de carrozas florales, artísticas y satíricas el domingo, con el Rey y la Reina del Carnaval en todo su esplendor.</p><p>Polonia: Karnawał y la tradición del Kulig</p><p>El carnaval polaco, conocido como Karnawał, prioriza los bailes de máscaras, galas urbanas y recreaciones históricas. Entre sus postales más características aparece el Kulig, desfile de trineos con música y banquetes que remite a celebraciones nobiliarias del pasado.</p><p>El día más destacado, ocurre el último jueves antes de la cuaresma. La tradición principal es comer pączki (donas rellenas, comúnmente de mermelada de rosa o ciruela) para atraer buena suerte y abundancia.</p><p>Portugal: donde lo confluye lo tradicional con lo brasilero</p><p>Lo que realmente distingue a los carnavales portugueses es su mezcla de tradiciones religiosas y costumbres paganas. A diferencia de sus homólogos brasileños, las celebraciones portuguesas mantienen un carácter marcadamente europeo, incorporando elementos de diversas influencias culturales a lo largo de la historia.</p><p>En este sentido, destacan por desfiles coloridos, disfraces satíricos y tradiciones únicas, siendo los de Torres Vedras (más tradicional), Podence (con sus Caretos), Ovar y Madeira los más famosos, estos últimos con fuerte influencia brasileña, más cercanos a los carnavales latinoamericanos.&nbsp;</p><p>En tanto, en Podence, los “caretos” se cubren el rostro con máscaras de hojalata o de cuero, visten ropajes con flecos de lana de varios colores y llevan colgados cencerros en el cuerpo para festejar el fin del invierno.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dn1ZcoHq4AbVQHMnOitNMIip_iU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/carnavales_de_europa_2.png" class="type:primaryImage" /></figure>El Museo del Carnaval inauguró una muestra fotográfica internacional que propone ampliar la mirada sobre una de las celebraciones más emblemáticas del mundo. La exposición reúne un recorrido visual por los carnavales de Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Eslovenia, Grecia, Polonia y Portugal.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-02-07T23:14:25+00:00</published>
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            Los vascos: un linaje protagonista de la historia de Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vZOSwMlN96o-t6cFpU0Jk0CJHqY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vascos_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A lo largo de la historia, un mosaico de pueblos y culturas contribuyeron al progreso de la ciudad y a formar la identidad gualeguaychuense como la conocemos. Entre ellos, estaban los vascos. Asentados desde tiempos inmemoriales en un territorio que hoy abarca el norte de España y el suroeste de Francia, el pueblo vasco es uno de los más antiguos del Viejo Continente, con una continuidad poblacional desde por lo menos el Neolítico. Su rasgo más distintivo es el euskera, una lengua no indoeuropea y sin parentesco demostrado con otros idiomas conocidos.</p><p>Durante siglos, este grupo étnico ha mantenido sus tradiciones, sus instituciones comunitarias y una fuerte conciencia de su identidad a pesar de las invasiones de otros pueblos y los procesos de romanización, primero, y de modernización después. Pero las diversas crisis, guerras y transformaciones sociales que se sucedieron en Europa llevaron a los vascos a buscar nuevos horizontes, y Argentina fue uno de ellos.</p><p>Según la historiadora local Delia Reynoso, la presencia de los vascos en América también responde “a su vocación de navegar y a sus cualidades”, motivos por los cuales participaron “desde el primer momento de la aventura castellana”. “De hábitos sencillos y austeros; como rasgos distintivos de su modo de ser, se le reconocen la franqueza y la tenacidad.&nbsp; Esta última característica es símbolo de tesón y sacrificio, pero al mismo tiempo se aplica para caracterizarlos como porfiados y testarudos”, describió la historiadora en sus escritos.Reynoso ha identificado tres grandes etapas en el arribo de los vascos a nuestro país. La primera coincide con los procesos de exploración, conquista y colonización, que van desde principios del siglo XVI hasta las luchas por la Independencia. Entre aquellos funcionarios, soldados y sacerdotes pasaron a la historia nombres como el de Pedro de Mendoza, Juan de Garay, Ortíz de Zárate, Juan de Ayolas, Domingo Martínez de Irala, los virreyes Vértiz y Nicolás de Arredondo, o el Fray Martín Ignacio de Loyola. Durante la segunda etapa se produjo la mayor afluencia de vascos, y esta coincide con el período de organización nacional, a lo largo del siglo XIX. Y la tercera, que fue de escasa incidencia en Entre Ríos, se dio en el siglo XX, motivada por la Guerra Civil Española.</p><p>Siguiendo este relato, cabe mencionar que los vascos estuvieron en Gualeguaychú desde las épocas previas a su fundación en 1783. El primer bautismo documentado en la capilla que erigieron los pobladores primigenios data de 1764 y es el de María Josefa de la Cruz, la hija de un matrimonio vasco. A su vez, en las actas capitulares de la naciente Villa aparecen apellidos vascos entre sus habitantes.</p><p>Un dato no menor es que al día de hoy muchísimos apellidos presentes en Gualeguaychú tienen un origen vasco: Orué, Echazarreta, Navarro, Urtazún, Aramburu, Echegoyen, Echeverría, Elizalde, Etchepare, Irigoyen, Mendizábal, Olazábal, Arrate, Salaberry, Murúa, Unzué, Izaguirre, Irigoitía, Ochoa. La lista sigue.Volviendo al protagonismo de los vascos en la temprana organización territorial y productiva de la zona, se pueden mencionar a algunos de los primeros terratenientes como José Antonio de Ormaechea y Miguel de Arburúa, quienes establecieron estancias y hornos de cal en la denominada Calera de los Vascos, en la zona de Ñancay. Yendo a la ciudad ya constituida como tal, cabe señalar que José Antonio Haedo, figura importante de la Gualeguaychú de principios del siglo XIX, provenía del Reino de Vizcaya, en el País Vasco. Hoy su propiedad es la reconocida Casa Museo de Haedo y el edificio más antiguo que sigue en pie en la ciudad.Otros datos curiosos de la época reseñados por Reynoso indican que durante la segunda Invasión Inglesa de 1807, las milicias de Entre Ríos estuvieron bajo el mando de un vasco y contaron con una importante participación de vecinos de Gualeguaychú de ese mismo origen. También está el hecho de que, en 1810, la adhesión de la Villa a la Junta de Mayo fue firmada, entre otros, por tres vecinos de origen vasco, dos de los cuales fueron firmes partidarios de la Revolución.Hacia 1837, el primer saladero de la zona perteneció a un vasco, Juan Iriarte. Años después, en ese mismo lugar se estableció el Frigorífico Gualeguaychú, del cual algunos de sus fundadores también tenían sangre vasca, Ignacio Olaechea y Julián Irazusta. Este último fue el apellido del primer intendente de Gualeguaychú, Don Cándido Irazusta, quien también era vasco, de Gipuzkoa.Tanto en nuestra ciudad como en otras partes de Entre Ríos, los vascos tuvieron un papel destacado en la ganadería, la lechería y la explotación agropecuaria. En las ciudades se dedicaron al comercio, la hotelería, la industria y los oficios, ganando fama por su espíritu emprendedor y su fuerte ética de trabajo. Muchas estancias, tambos y casas comerciales importantes tuvieron origen vasco. Una de ellas fue Casa Goldaracena, el histórico almacén de ramos generales de Gualeguaychú fundado en 1864 por el inmigrante vasco-navarro Eusebio Goldaracena.</p><p>Un ejemplo de este vínculo con la hotelería es el emblemático Hotel del Vapor, que estaba ubicado en el centro de la ciudad y pertenecía a un inmigrante vasco. Lo mismo sucedía con la posada de Isabel Ardans de Harispe, una familia vasco-francesa. Junto a esta posada, propiedad de los Harispe, se creó la “Cancha de los Vascos”, emblema de dicha colectividad en Gualeguaychú que sigue en pie hasta nuestros días. Algunas fuentes apuntan que se construyó hacia 1869 y otras ubican la fecha en torno a 1890. Lo cierto es que los miembros de la Asociación Civil Cancha de los Vascos (instituida como tal en 2011) celebran el nacimiento de una nueva época de la Cancha cada 20 de septiembre.&nbsp;Se trata de la fecha que lleva una foto de 1916 en la que posan jugadores de "Xare" (o "Share"), una de las especialidades de la Pelota Vasca, que constituye el registro documental datado más antiguo de la Cancha. Ese año, un grupo de amantes del juego de “Pelota Mano” (otra modalidad del tradicional juego) arrendó la cancha a la familia Harispe y creó el “Club Pelotaris Unidos”, nombre con el que fue reinaugurada en 1918. Luego, en los años 30, se la empezó a llamar “Cancha de los Vascos”, y es así como se la conoce al día de hoy.</p>Jugadores de pelota vasca de Gualeguaychú en 1916. Créditos: Blogspot de la Cancha de los Vascos.<p>Desde 2009, la “Cancha de los Vascos” forma parte por Ordenanza Municipal del Patrimonio Histórico, Arquitectónico y Urbanístico de Gualeguaychú. Un reconocimiento a una de las tantas huellas profundas que este pueblo de raíces singulares y milenarias dejó a través de sus inmigrantes en nuestra ciudad.</p>Otro registro de la Cancha de los Vascos. La foto data aproximadamente de la década de 1930, cuando dejó de llamarse Club de Pelotaris Unidos.]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vZOSwMlN96o-t6cFpU0Jk0CJHqY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/02/vascos_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde los orígenes de la ciudad, muchos inmigrantes provenientes del País Vasco (Euskadi) se asentaron en ella y ocuparon un papel destacado en el comercio, la producción y la política local. Con el tiempo, sus familias y apellidos pasarían a formar parte constitutiva del tejido social gualeguaychuense, trayendo consigo sus costumbres e idiosincrasia.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-02-01T00:59:00+00:00</published>
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            El desafío de pensar la conservación más allá del monte
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KHx5O8e0hemYwrgQCYj9pcCcHTU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/carpincho.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>El atropello de fauna silvestre en las rutas constituye una problemática siempre latente. Se trata de situaciones en las que además de lamentar -casi con certeza- la muerte de un animal también se pone en riesgo la vida de las personas que transitan los caminos con sus vehículos. Es así que, en el marco de las acciones de conservación realizadas desde el Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Gualeguaychú, comenzó a llevarse a cabo desde hace alrededor de dos meses un monitoreo de fauna autóctona y de evaluación del impacto del tránsito y de las actividades humanas en el camino de acceso a la Reserva Natural Municipal “Las Piedras” y en su entorno inmediato.Para conocer sobre la iniciativa e indagar en los objetivos y proyectos de dicho sistema, Ahora ElDía conversó con Guillermo Treboux, su actual encargado y coordinador de Conservación y Planes de Manejo del municipio. “Utilizando la tecnología disponible, generamos proyectos en aplicaciones de código abierto para poder tomar datos de atropellamiento de fauna con información georreferenciada. De esa manera, vamos creando una base de datos, que luego procesamos para obtener información. Implementamos un registro sistemático: cada vez que recorremos la ruta -por ejemplo, la Ruta 20, que va desde la Reserva Las Piedras a la ciudad- y nos encontramos con un episodio de un animal muerto, frenamos, lo registramos y retiramos el animal del camino, para evitar que se acerquen los carroñeros y estos también sean atropellados”, explicó.&nbsp;</p><p>Y detalló: “Se trata de generar información que nos permita tomar algunas decisiones informadas, por ejemplo, respecto a los mejores lugares para instalar la cartelería con la cual recomendar bajar la velocidad. A medida que aumenta la velocidad, aumenta la posibilidad del atropellamiento y con eso la posibilidad de un accidente, y muchas veces de siniestros graves”.Treboux apuntó que además de medir y evaluar el impacto del tránsito y la acción humana sobre la fauna local se busca hacer un aporte a la seguridad vial. En ese sentido, remarcó la importancia de solicitar a las personas “que sean conscientes a la hora de manejar y que los horarios crepusculares, tanto al amanecer como al atardecer y durante la noche, se debe manejar con un poco más de precaución, ya que es el momento en que más se mueve la fauna”.</p><p>En ese período, se registraron 14 casos de fauna atropellada, siendo el gualacate (Euphractus sexcinctus) -también conocido como tatú poyú, tatú peludo o armadillo amarillo- la especie más afectada. En el 69% de los casos se trató de mamíferos, mientras que en el 23% de reptiles y en el 8% restante de aves atropelladas.</p><p>Ubicada a unos 15 kilómetros de la ciudad, “Las Piedras”, protege además valiosos montes xerófilos del Parque Chaqueño, con bosques de chañares y quebrachos que albergan una notable diversidad biológica. En su territorio se han registrado más de 200 especies nativas, y sus senderos habilitados permiten recorrer el área y apreciar su riqueza natural.Un abordaje integral para la conservación local</p><p>El Sistema de Áreas Naturales Protegidas de Gualeguaychú fue creado formalmente en 2024 a través de la Ordenanza Nº 12939. Se trata de una normativa que establece un marco legal unificado para la conservación de espacios naturales de alto valor ecológico, paisajístico, cultural y educativo, con el objetivo de preservar la biodiversidad y garantizar su uso responsable por parte de la comunidad.</p><p>El sistema integra distintas categorías de protección que permiten resguardar ambientes claves como humedales, montes nativos, cursos de agua y áreas ribereñas. La ordenanza define criterios de manejo y conservación, al tiempo que promueve la restauración de ecosistemas degradados y reconoce la importancia de estos espacios como herramientas para la educación ambiental, la investigación científica y el turismo sostenible.</p><p>Uno de los ejes centrales de la normativa es la gestión activa de las áreas protegidas, para lo cual se institucionalizó el rol del guardaparque municipal y se prevén acciones de monitoreo ambiental, control del impactos del ser humano y planificación del uso público. Asimismo, la ordenanza contempla la protección del patrimonio arqueológico y cultural presente en estos territorios, lo que refuerza una mirada integral del ambiente.</p><p>“La Ordenanza nos obliga a tener una gestión integrada”, explicó Treboux, e indicó que hoy por hoy nuestra ciudad tiene tres áreas protegidas municipales: la Reserva Natural Las Piedras, la Reserva Natural del Parque Florístico y el Paisaje Protegido del Parque Unzué. De esta manera, las áreas protegidas no son abordadas como “parches aislados”, sino de manera integral, un elemento fundamental para lograr la conectividad, pieza fundamental de la conservación.</p><p>“A través de la conectividad se genera una circulación biofísica, circula la materia y los seres vivos. Al tener esa circulación genética entre los distintos parches de conservación aportamos a la preservación, al intercambio de individuos y a su dispersión entre distintas poblaciones. Ese es el primer y principal objetivo de las áreas protegidas, más allá de conservar y preservar el patrimonio natural que se encuentre en tal o cual lugar, también es trabajar para la articulación de la conectividad, el intercambio biofísico entre los distintos espacios de la naturaleza”, explicó Treboux.</p><p>Y añadió que, por este mismo motivo, no sólo se piensa en las actuales áreas protegidas, sino también en las futuras: “Si seguimos sumando parches, lo que estamos generando es que existan cada vez más posibilidades de que los organismos, plantas o animales, se muevan o sean dispersados desde distintas áreas protegidas hacia otras. Eso es fundamental para la conservación de la naturaleza. Tenemos que empezar a mirar el territorio como un todo, en el que existe un mosaico de áreas protegidas y donde nuestro desafío es generar esa conectividad. El objetivo está puesto principalmente en eso: en no tener una visión parcializada, de mirar un área protegida hacia su límite formal, sino en ver cómo interactúa esa reserva con el entorno productivo o el entorno urbano”, señaló.Para esto, afirmó que prevén ampliar en un futuro el listado de áreas protegidas del departamento Gualeguaychú, incorporando nuevos territorios. “Necesitamos imperiosamente seguir interesando en la conservación al Estado y a los privados. Una parte de las funciones que tenemos es la interacción con el sector privado y nuestro compromiso de brindar acompañamiento y asistencia -técnica, por ejemplo- para la creación de nuevas áreas protegidas”, precisó.</p><p>Los ejes de trabajo para el 2026</p><p>Treboux indicó que en estos momentos se encuentran abocados en la elaboración de un plan de manejo para la Reserva “Las Piedras’, del cual esperan tener lista la etapa propositiva para finales del mes entrante o bien para marzo. “Un plan de manejo es un documento de gestión en el que se planifica a cinco años, indicando qué se va a hacer respecto a la conservación y qué actividades pueden o no llevarse adelante”, recordó, y explicó que el plan en el que trabajan “incluye distintos tipos de proyectos, como el manejo de la población de vizcachas o el manejo y ampliación de la población de ñandúes”. “También tenemos proyectos de control de especies exóticas leñosas a través de programas de restauración ecológica; y el proyecto de articulación y conectividad de “Las Piedras” con el entorno”, sumó.</p><p>Por último, Treboux adelantó que además de la elaboración de los planes de manejo otros objetivos principales para este año apuntan a continuar y profundizar la labor de las mesas de trabajo del tordo amarillo y de la acacia negra. De ambas participan distintos organismos, ONG’s y fundaciones que trabajan en forma articulada con el municipio. Estas contribuyen al conocimiento y al desarrollo de los distintos programas y proyectos de conservación.</p><p>La acacia negra, o tamarindo, es una especie exótica invasora que genera serias consecuencias ambientales y también impactos en la producción, afectando campos ganaderos y áreas agrícolas. El tordo amarillo, en cambio, es la especie emblemática de los pastizales que se encuentra en estado crítico de conservación, por lo que en dicha mesa se desarrolla un trabajo conjunto con organizaciones locales y nacionales, orientado al estudio y sostenimiento de sus poblaciones. Durante el año pasado, además, se avanzó en un proyecto que no sólo apunta a la protección del ave, sino también a generar información clave sobre sus movimientos y áreas de ocupación a lo largo del año.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KHx5O8e0hemYwrgQCYj9pcCcHTU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/carpincho.png" class="type:primaryImage" /></figure>El Sistema de Áreas Naturales Protegidas inició un relevamiento sistemático en el acceso a la Reserva “Las Piedras” para prevenir los frecuentes accidentes con animales autóctonos. En simultáneo, comenzaron a trazar los planes de manejo para cada reserva municipal y profundizan las acciones ya puestas en marcha para la conservación de la fauna local.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-01-25T00:01:20+00:00</published>
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        <title>
            Inteligencia artificial en el aula: el desafío de enseñar sin delegar el pensamiento
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/inteligencia-artificial-en-el-aula-el-desafio-de-ensenar-sin-delegar-el-pensamiento" type="text/html" title="Inteligencia artificial en el aula: el desafío de enseñar sin delegar el pensamiento" />
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        <author>
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                <![CDATA[Sol Alzú]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iKhj3pSwGkhj1B8rSThsaP6Mv1U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El uso de la inteligencia artificial se expande entre los estudiantes argentinos, y abre una discusión sobre las oportunidades y los riesgos. Por un lado, la IA puede ofrecer tutorías personalizadas, aprendizaje adaptativo, asistencia a los docentes y transformación de la gestión institucional, pero también plantea desafíos éticos y pedagógicos.</p><p>El análisis surge del informe “Inteligencia artificial en la educación: desafíos y perspectivas”, con autoría María Sol Alzú y Martín Nistal (Argentinos por la Educación) y Andrés Salazar-Gómez y Sanjay Sarma, investigadores de la Universidad de Massachusetts (MIT). El documento aborda las oportunidades y riesgos que implica el creciente uso de la inteligencia artificial en el sistema educativo argentino.</p><p>El 76% de los niños y adolescentes de entre 9 y 17 años conoce la IA generativa y un 58% ha utilizado herramientas como ChatGPT, según datos relevados por Unicef y Unesco. Su principal aplicación está vinculada con fines educativos: dos de cada tres chicos (66%) la usan para hacer trabajos escolares. Otras razones incluyen la búsqueda de información (44%), curiosidad por su funcionamiento (33%) y diversión (24%).</p><p>Al analizar el potencial transformador de la IA en el aprendizaje, los autores destacan los sistemas de tutoría inteligente, que pueden responder consultas, adaptar explicaciones y ofrecer retroalimentación inmediata ajustada al ritmo y nivel de cada usuario. También mencionan los sistemas de aprendizaje adaptativo, que reconfiguran el contenido, las evaluaciones y la secuencia didáctica a partir del desempeño y necesidades del alumno.</p><p>Además, las herramientas de evaluación automatizada y retroalimentación en tiempo real y los chatbots educativos pueden responder dudas, enviar recordatorios y orientar la organización del estudio. Por otro lado, hay tecnologías de asistencia basadas en IA, como el reconocimiento de voz o la traducción automática, que facilitan la inclusión de estudiantes con barreras idiomáticas o discapacidades.</p><p>El informe también analiza el impacto de la IA en la tarea docente. En ese punto, menciona la generación automatizada de contenidos, que permite crear ejercicios y actividades personalizadas en pocos minutos, lo que favorece la atención a la diversidad de estudiantes en el aula.</p><p>La corrección automática posibilita a los docentes analizar grandes cantidades de tareas, identificar errores recurrentes y ofrecer retroalimentación inmediata. En tanto, los reportes automatizados pueden transformar los datos de desempeño en información útil para detectar dificultades y diseñar intervenciones más precisas.</p><p>Al abordar el impacto de la IA en la administración y gestión del sistema educativo, los autores destacan las plataformas analíticas que pueden procesar volúmenes masivos de datos sobre matrícula, asistencia y recursos, y que permiten optimizar la planificación institucional. Además, el informe señala que la automatización de procesos administrativos mediante asistentes virtuales puede agilizar la inscripción, tramitación de becas y emisión de certificados.</p><p>Entre los desarrollos más destacados figuran los sistemas de alerta temprana, que emplean algoritmos de aprendizaje automático para detectar patrones de inasistencia, bajo rendimiento o riesgo de abandono escolar. Estas herramientas permiten intervenir a tiempo para sostener las trayectorias escolares más vulnerables. Por otro lado, la IA también puede contribuir a la gobernanza del sistema al fortalecer los sistemas de información y la calidad de los datos, lo que permite diseñar políticas basadas en evidencia.</p><p>El informe dedica un apartado final a los riesgos asociados al avance de la IA en el sistema educativo. Entre los desafíos éticos y regulatorios más urgentes, identifica el aprendizaje superficial, la disminución del pensamiento crítico, el aislamiento social, la deshonestidad académica y los sesgos algorítmicos.</p><p>Los autores advierten por el posible debilitamiento de la autonomía intelectual y la creatividad de los estudiantes que dependen de la IA para resolver tareas. Además, señalan que la sobreutilización podría disminuir las interacciones humanas, esenciales para el desarrollo socioemocional de los estudiantes.</p><p>“El principal riesgo de la IA para el aprendizaje es el epistémico. A la vez que acelera la adquisición de conocimiento, puede distorsionar la comprensión” sostiene Alejandro Artopoulos, director del Centro de Innovación Pedagógica de la Universidad de San Andrés. Y afirma que “es clave desarrollar competencias emergentes críticas y creativas —como el vibecoding o la lectura distante— primero en los docentes y luego en los estudiantes. No hay atajos ni nativos digitales con la IA”.</p><p>A su vez, Andrés Salazar-Gómez, investigador de la Universidad de Massachusetts (MIT), sostiene: “Este documento busca promover una conversación sobre el valor y, más importante aún, la necesidad de alfabetizar en inteligencia artificial a toda la sociedad, especialmente en los colegios, en Argentina, en América Latina y en el mundo. Es evidente que las nuevas generaciones han crecido con la IA; sin embargo, esa familiaridad no significa necesariamente que sean usuarias críticas y responsables, ni que conozcan el verdadero impacto que esta tecnología tiene en sus vidas, en su desarrollo cognitivo y emocional, y en su futuro en la sociedad. La alfabetización en IA nos da la capacidad de entender y controlar la tecnología; sin ella, será la IA -y quienes sí han sido alfabetizados- la que nos controle.”</p><p>Por su parte, Agustina Brizio, coordinadora de innovación y tecnologías digitales de Asuntos del Sur, plantea que “el artículo aporta datos concretos sobre el uso de la IA en educación y pone en evidencia el enorme potencial de estas herramientas para avanzar hacia una educación más centrada en los estudiantes, siempre que se las entienda como apoyo y no como reemplazo”. A la vez, advierte que “persisten riesgos relevantes vinculados a los sesgos de los modelos, la pérdida de pensamiento crítico y dinámicas como la validación constante o la psicofancia, particularmente problemáticas en edades tempranas”, y subraya que “el desafío para docentes e instituciones es fomentar una alfabetización crítica en IA”.</p><p>Santiago Siri, presidente de Democracy Earth Foundation, remarca que “La IA ya está en el aula, nos guste o no: la mayoría de los pibes la conoce y muchos ya la usan para hacer tareas. El punto no es prohibirla ni celebrarla como magia: es diseñar alfabetismo en IA, reglas claras y supervisión humana para que la personalización no se convierta en desigualdad, y para que la ‘muleta’ no termine reemplazando el pensamiento crítico.”</p><p>Por su parte, Andrés Rieznik, doctor en Física, divulgador y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella subraya que “las IAs amplifican la diferencia, en la capacidad de generar valor, entre quienes tienen un entendimiento y formación profunda sobre los temas y quienes sólo hicieron un curso corto, por ejemplo. Resaltan la importancia de la educación de calidad desde la primaria hasta el posgrado”. Y agrega: “Las personas y países que se preparen para ese futuro, invirtiendo en aprendizaje de calidad (que siempre lleva mucho tiempo y esfuerzo, con o sin IAs) serán quienes decidan los destinos de la humanidad”.</p><p>Diego López Yse, fundador de Eleva y docente e investigador en IA (UTN), señala que el uso masivo de estas herramientas obliga a abandonar la adopción intuitiva y avanzar hacia estrategias institucionales basadas en evidencia. “Hoy enfrentamos una crisis de validación: si una IA puede obtener una calificación en lugar de un estudiante, esa nota ya no certifica aprendizaje”, advierte, y plantea: “Necesitamos un enfoque sistémico que garantice que la IA funcione como palanca para el desarrollo humano y no como un acelerador de atajos cognitivos”.</p><p>Finalmente, Emiliano Pereiro, Jefe Pensamiento Computacional e Inteligencia Artificial en CEIBAL, destaca: "Este informe constituye un aporte clave para el debate educativo actual en la Argentina, al ofrecer evidencia clara y un marco conceptual sólido sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación. La IA ya está siendo utilizada masivamente por estudiantes y docentes, aun cuando el sistema educativo todavía no ha definido de manera explícita cómo acompañar ese proceso. En ese sentido, este documento es un insumo fundamental para discutir e impulsar políticas públicas que integren la inteligencia artificial con criterios pedagógicos, formación docente y resguardos éticos, entendiendo que su incorporación no es una opción tecnológica, sino una decisión política"</p><p>Ante estos riesgos, el informe resalta la necesidad de marcos normativos que aseguren la supervisión humana, la equidad y la transparencia en el uso de la inteligencia artificial en todos los niveles educativos. ​</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iKhj3pSwGkhj1B8rSThsaP6Mv1U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ia.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un informe de Argentinos por la Educación con investigadores de la Universidad de Massachusetts (MIT) analiza cómo la expansión del uso de la inteligencia artificial (IA) puede transformar la enseñanza y el aprendizaje. Sin embargo, alerta sobre los riesgos para el desarrollo cognitivo y socioemocional de los estudiantes.]]>
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                                <category term="miradas" label="Miradas" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-01-17T23:36:00+00:00</published>
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            La soledad algorítmica y lo que perdimos en el tiempo
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/la-soledad-algoritmica-y-lo-que-perdimos-en-el-tiempo" type="text/html" title="La soledad algorítmica y lo que perdimos en el tiempo" />
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        <author>
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                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/la-soledad-algoritmica-y-lo-que-perdimos-en-el-tiempo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OLs2K5DEJYQ0B5_byJgzG2twZIs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/musica.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay algo difícil de explicar a quienes no lo vivieron: escuchar la radio, en ciertos momentos, era un acontecimiento colectivo. No un ruido de fondo o un hilo sonoro que acompaña mientras hacíamos otra cosa, era esperar a que sonara ese tema del que todos hablaban, quedarse despierto hasta la medianoche para grabarlo en un cassette, sentir que en ese instante —frágil e irrepetible— se producía algo nuevo. En los ochenta y noventa, las FM eran las protagonistas de esa liturgia: las canciones no eran información disponible, eran irrupciones en tu cotidianeidad que abrían un vínculo espacio-tiempo distinto.</p><p>Ese vértigo, una suerte de mezcla entre ansiedad y celebración, se perdió en la transición hacia las plataformas digitales. Hoy, un estreno musical llega junto a cientos más, cada cierta cantidad de días, en listas diseñadas por algoritmos que deciden qué debería interesarnos según la información que recolectaron de nuestros gustos. La novedad ya no interrumpe la rutina, sino que se integra a un flujo inagotable e incesante de propuestas que aparecen y se olvidan a la misma velocidad. Lo nuevo ya no es acontecimiento, es acumulación.</p><p>El filósofo francés Jacques Attali advirtió que la música es siempre un laboratorio de lo social. En Ruidos escribió que escuchar no es un acto pasivo: es participar en una economía simbólica que anticipa los modos de organizar la vida en común. Si lo pensamos desde ahí, lo que ofrecía la radio, como medio difusor, era un tiempo compartido porque existía la certeza de que otros estaban escuchando lo mismo al mismo tiempo, mientras que lo digital impone un disfrute solitario, privado, casi encapsulado en un algoritmo que refuerza preferencias y evita sorpresas demasiado bruscas.</p><p>La diferencia es abismal. Cuando escuché, por ejemplo, Smells Like Teen Spirit de Nirvana por primera vez en un programa de medianoche, semanas antes de que saliera al mercado, no fue simplemente una nueva canción, sino sentir que algo cambiaba, que lo inesperado tenía todavía un lugar. Lo mismo les pasó a miles y ese gesto colectivo contuvo una forma de esperanza: que lo nuevo nos encontró a todos al mismo tiempo.</p><p>En su famoso ensayo sobre la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Walter Benjamin habló de la pérdida del aura, de la cual decía que no era un atributo místico, sino la experiencia de lo irrepetible, del aquí y el ahora. La música en la radio todavía conservaba algo de ese aura: llegaba como evento, como una irrupción deseada, mientras que a través de las apps de streaming aparece, pero disuelve ese carácter único en un universo de disponibilidad permanente porque cuando todo está siempre al alcance, nada sorprende de verdad.</p><p>El problema no es solo de cantidad, sino de tiempo. La radio imponía una espera: había que quedarse pendiente, escuchar los temas previos, soportar las publicidades, dejarse llevar por la programación. En esa demora nacía la expectativa. En la actualidad, en Spotify o en alguna otra, ofrecen todo ya: no hay espera, no hay demora, no hay tensión previa. Todo es inmediato cuando está disponible, sin restricciones, con lo cual el vértigo desaparece.</p><p>Quizás lo que hemos perdido sea la capacidad de escuchar con hambre. Convertimos a la música en un flujo constante, como si se tratara de un paisaje sonoro que adorna el día y nos olvidamos que, en otros momentos, disfrutar una nueva canción podía ser un acto de comunión, un descubrimiento compartido, un hito en la memoria de una generación. Presencia real y humana.</p><p>En lo virtual, sin embargo, cada estreno es apenas una notificación más y así como la política cabe en un tuit, la amistad se escribe en un chat y la memoria flota en la nube, la música se disuelve en playlists infinitas.</p><p>Lo que está en juego no es la nostalgia por algo que ya no existe, sino la pregunta por cómo queremos escuchar el arte en el futuro. Tal vez el desafío no sea resistir al algoritmo, sino reaprender a esperar, devolverle al sonido su capacidad de conmovernos, aunque dure tres minutos y medio.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OLs2K5DEJYQ0B5_byJgzG2twZIs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/musica.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Hubo una época en que descubrir una canción en la radio podía ser un hito generacional. Ahora, cada estreno es apenas una notificación más. Entre la espera y la inmediatez, entre lo irrepetible y lo disponible, se juega también la memoria.]]>
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                                <category term="miradas" label="Miradas" />
                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-01-17T13:07:00+00:00</published>
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        <title>
            Comercio global en 2026: un mapa más fragmentado que desafía a la logística y a las cadenas de suministro
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        <author>
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                <![CDATA[Florencia Carbone]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/comercio-global-en-2026-un-mapa-mas-fragmentado-que-desafia-a-la-logistica-y-a-las-cadenas-de-suministro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CoyYTOAqdctxhkBVNJ54xkVzip8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/10/puertos_entre_rios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Menor crecimiento, más proteccionismo y una profunda reconfiguración de las cadenas de valor marcan el escenario del comercio internacional para 2026, año en el que la logística, el transporte y la infraestructura volverán a ocupar un rol estratégico. Las definiciones surgen el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).</p><p>Los analistas señalan que el comercio mundial entra en 2026 con señales mixtas. Tras el récord de 2025, cuando las transacciones globales crecieron 7% y superaron por primera vez los 35 billones de dólares, el dinamismo se mantiene, aunque a un ritmo más lento, advierte el trabajo.</p><p>A continuación se describe un escenario que muestra que el comercio ya no crece solo por volumen, sino que se redefine por geopolítica, regulación y resiliencia.</p><p>La combinación de desaceleración económica, tensiones internacionales y nuevas exigencias ambientales y digitales está transformando los flujos comerciales y obligando a empresas, operadores logísticos y Estados a repensar estrategias.</p><p>RalentizaciónEl crecimiento global se proyecta en apenas 2,6% para 2026, con una desaceleración más marcada en las economías en desarrollo -excluida China- que crecerían 4,2%. Estados Unidos, China y Europa muestran una pérdida de impulso que impacta directamente en la demanda de importaciones y en los volúmenes transportados.</p><p>Para el comercio exterior, el efecto es inmediato: menor previsibilidad, más presión sobre márgenes y una competencia más intensa por mercados. En este contexto, la eficiencia logística, la conectividad regional y la diversificación de destinos se vuelven factores clave para sostener exportaciones.</p><p>Reglas comerciales en tensiónLa reforma del sistema multilateral atraviesa un momento crítico, señala el informe. El aumento de aranceles unilaterales y de restricciones comerciales introduce un nivel de incertidumbre que complica la planificación de largo plazo, especialmente en sectores industriales.</p><p>Los aranceles ya no solo encarecen productos: alteran rutas, cambian orígenes de abastecimiento y obligan a rediseñar cadenas logísticas incluso antes de entrar en vigor. Las economías más pequeñas, con menor capacidad de adaptación, son las más expuestas.</p><p>Luego se explica que aunque casi dos tercios del comercio mundial se canalizan a través de cadenas globales de valor, ese entramado está cambiando. Las empresas priorizan hoy la gestión del riesgo por sobre la lógica del menor costo, impulsadas por tensiones geopolíticas, políticas industriales y exigencias ambientales.</p><p>Eso se traduce en una mayor diversificación de proveedores, relocalización productiva más cerca de los mercados finales y un mayor control sobre insumos estratégicos. Para la logística, el impacto es profundo: surgen nuevos hubs, se acortan recorridos, pero también se pierde eficiencia y escala, describe el trabajo de UNCTAD.</p><p>Los países con infraestructura adecuada, conectividad, capital humano y reglas estables pueden capturar inversiones. Aquellos que no logren mejorar su desempeño logístico corren el riesgo de quedar al margen de los nuevos flujos, se advierte.</p><p>Servicios, digitalización y brecha logística-tecnológicaLos servicios ya representan el 27% del comercio global y crecen mucho más rápido que los bienes. Son, además, el principal insumo intermedio de la producción mundial. La digitalización acelera este proceso, pero también amplía las brechas.</p><p>Mientras en los países desarrollados más del 60% de las exportaciones de servicios se entregan digitalmente, en los países menos adelantados esa proporción apenas alcanza el 16%. Para el transporte y la logística, esto implica una creciente integración entre servicios digitales, trazabilidad, gestión de datos y comercio transfronterizo.</p><p>Sin inversión en infraestructura digital, capacitación y marcos regulatorios modernos, gran parte del mundo quedará fuera del segmento más dinámico del comercio internacional, opinan los analistas.</p><p>El comercio Sur-Sur gana peso y redefine rutasCon la demanda debilitándose en las economías avanzadas, el comercio entre países en desarrollo se consolida como uno de los principales motores del crecimiento global. Hoy, más de la mitad de las exportaciones del Sur se dirige a otros mercados del Sur.</p><p>Asia lidera este proceso, pero África y América Latina comienzan a profundizar sus vínculos. Para el sector logístico, esto implica una oportunidad concreta: fortalecer corredores regionales, mejorar la conectividad intercontinental y reducir costos en rutas históricamente subatendidas.</p><p>Comercio, ambiente y nuevas exigencias operativasLas políticas climáticas avanzan desde los compromisos hacia la implementación. Mecanismos como el ajuste en frontera por carbono de la Unión Europea, que comenzará a regir este año, introducen nuevas exigencias para exportadores y operadores logísticos.</p><p>El crecimiento del comercio de bienes y servicios verdes abre oportunidades, pero también eleva los costos de cumplimiento. Medición de emisiones, certificaciones ambientales y trazabilidad se incorporan como variables centrales en la competitividad logística.</p><p>Minerales críticos y alimentosLos minerales clave para la transición energética atraviesan un período de volatilidad, con precios a la baja pero crecientes riesgos geopolíticos y controles a las exportaciones. La seguridad del abastecimiento se convierte en una prioridad estratégica y vuelve a poner a la logística en el centro de la escena.</p><p>Algo similar ocurre con los alimentos. El comercio agrícola sigue siendo vital para la seguridad alimentaria global, pero permanece expuesto a conflictos, eventos climáticos extremos y altos costos de insumos. Mantener abiertas y eficientes las rutas comerciales será clave en 2026.</p><p>Más regulación, más costos y un desafío para la competitividadDesde 2020 se han implementado alrededor de 18.000 medidas comerciales discriminatorias. Las regulaciones técnicas, sanitarias, ambientales y sociales afectan hoy a dos tercios del comercio mundial.Para el transporte y la logística, esto se traduce en más controles, mayores exigencias documentales y costos operativos crecientes. El riesgo es que las nuevas reglas, aunque legítimas, profundicen las asimetrías y expulsen del mercado a los actores más pequeños.</p><p>Comercio más fragmentado, logística más estratégicaEl comercio global de 2026 no será solo una cuestión de volumen, sino de adaptación. En un mundo más fragmentado, con reglas más estrictas y cadenas de valor en transición, la logística deja de ser un eslabón operativo para convertirse en una ventaja competitiva.Infraestructura, integración regional, digitalización y previsibilidad regulatoria serán los factores que definan quiénes logran sostener y ampliar su inserción en el comercio internacional.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CoyYTOAqdctxhkBVNJ54xkVzip8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2023/10/puertos_entre_rios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Menor crecimiento, más proteccionismo y una profunda reconfiguración de las cadenas de valor marcan el escenario del comercio internacional para 2026,...]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-01-15T19:27:00+00:00</published>
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            La anestesia del spoiler permanente
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Fernando Piciana]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/la-anestesia-del-spoiler-permanente">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oJtYX3MOdh0IeqcoFFbewIPXP_k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/la_anestesia_del_spoiler.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde el estreno del primer capítulo en el invierno de 2016, cada nueva temporada de Stranger Things la esperé con una ansiedad que ahora me cuesta explicar. Es una de esas series con una estética que me conectaba con ese pasado ochentero que tanto me gustaba. Cada lanzamiento era un evento: sabías que millones de personas iban a verlo al mismo tiempo, que durante semanas se hablaría de eso. Esa espera era ritual. Netflix soltaba los capítulos un viernes a la madrugada y el mundo se dividía entre los que ya habían maratoneado todo el fin de semana y los que todavía estaban a mitad de camino, esquivando spoilers.</p><p>El miércoles 31 de diciembre, como parte del cierre de la quinta y última temporada de la producción creada por los hermanos Duffer, liberaron el último capítulo. El lunes siguiente a la mañana, después de un fin de semana larguísimo y antes de que pudiera verlo, dos personas me lo spoilearon. Una por mensaje privado y la otra en un comentario de Instagram que leí sin querer mientras scrolleaba sin rumbo. Pensé en bloquearlas, en putearlas, en hacer algo. Pero la verdad es que me dio más bronca conmigo mismo por haber entrado a ese perfil sabiendo que muchos ya lo habían visto. Es como meter la mano en el fuego y enojarte porque te quemaste. Para el mediodía ya sabía cómo terminaba todo.</p><p>Cuando finalmente me senté a disfrutarlo esa noche, mi mirada ya no buscaba descubrir, sino verificar. No era una experiencia, sino el trámite de confirmar lo que ya sabía. Pero lo peor no fue eso, sino darme cuenta de que ya ni siquiera me molestó tanto. Como si una parte de mí hubiera aceptado, en algún momento de los últimos años, que así funciona la cosa y que el spoiler permanente es el precio que pagamos por estar conectados.</p><p>No sucede solo con las series, obviamente. Es con todo, pero me costó verlo hasta que empecé a prestarle más atención: consumimos información de múltiples fuentes antes del anuncio oficial, cada una con su propio spin y su indignación prefabricada. Y cuando llega el comunicado formal, la noticia no es tal. O esas anécdotas que te cuenta alguien en un asado y que ya escuchaste porque circuló por mensajes de voz antes de llegar a vos en vivo. Ahí estás, fingiendo sorpresa, porque socialmente es lo que corresponde, pero por dentro ya sabés el remate.</p><p>Solía pasar una cosa que ahora parece de otra época: ibas al cine sin saber de qué iba la película o comprabas un vinilo y lo escuchabas completo, sin haber leído antes qué decían los críticos, sin saber cuál era el hit que tenías que esperar. Ahora todo es contenido previo al contenido, capas y capas de información que te preparan para lo que vas a consumir antes de consumirlo. Hay trailers de trailers y análisis sobre situaciones que todavía no existen. Y uno termina funcionando igual: devorando sinopsis antes de decidir qué merece la pena, como si el riesgo de enfrentarse a lo desconocido sin saber qué esperar fuera demasiado alto.</p><p>Mi sobrino, de siete años, mira videos en YouTube y no los ve completos nunca. Salta a los treinta segundos. “¿Por qué no los ves enteros?”, le pregunté. “Porque ya sé si me va a gustar o no”, me dijo, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Su lógica, imparable, me dejó helado: aprendió que la incertidumbre no es emoción, sino un error de carga, un tiempo muerto que hay que optimizar. No es culpa suya. Es lo que le enseñamos todos los días con nuestros propios hábitos: todo debe ser predecible, procesable y digerible en segundos.</p><p>Lo que me inquieta no es tanto la velocidad sino la anestesia que viene con ella, esa impermeabilidad adquirida que nos vuelve espectadores de nuestras propias vidas. Esa sensación de que nada te atraviesa del todo porque ya llegaste preparado, ya sabías más o menos qué esperar, ya leíste lo que otros sintieron al respecto. Es como ir a un recital habiendo escuchado tanto sobre cómo estuvo la noche anterior que cuando te toca a vos ya estás comparando en lugar de viviendo.</p><p>Alfred Hitchcock solía decir que el suspenso no está en la sorpresa sino en la anticipación: mostrar la bomba debajo de la mesa genera más tensión que hacerla explotar sin avisar. Pero eso era un recurso narrativo para construir ficción. Nosotros lo convertimos en filosofía de vida y vivimos en estado de alerta permanente sobre lo que viene en lugar de concentrarnos en lo que está pasando. Y después nos preguntamos por qué todo nos aburre tan rápido, por qué sentimos que nada nos conmueve como antes. No es que el mundo se volvió menos interesante, sino que nosotros nos encapsulamos frente a él.</p><p>El otro día volví a ver The Man from Earth, una película que me había impactado hace años. Ya sabía cada giro, cada revelación. Pero esta vez me quedé con todo ese tiempo muerto que en realidad estaba vivo porque te dejaba procesar antes de que llegara el siguiente estímulo.</p><p>Eso es lo que perdimos: ese espacio mental donde la experiencia se hace personal. No sé si se puede recuperar, pero al menos podemos reconocer que vivimos sin pausas y que sin ellas ya nada puede sorprendernos de verdad, solo hay ruido. Y en el ruido, todo suena más o menos igual.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oJtYX3MOdh0IeqcoFFbewIPXP_k=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/01/la_anestesia_del_spoiler.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Ya nada nos asombra porque todo nos llega antes de vivirlo y las experiencias terminan vacías de sentido. Es la era de la antesala perpetua de lo que podría ser, pero nunca en el instante que es. Consumimos en modo preview y en algún momento, sin darnos cuenta, perdimos lo que parecía imposible de perder: la capacidad de sorprendernos.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-01-10T19:23:20+00:00</published>
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