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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-10-31T23:56:56+00:00</updated>
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            Los molinos que marcaron el paisaje y la economía de la ciudad
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                <![CDATA[Leticia Mascheroni de Gasparovic]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Z364FfonK4TDQMmxiImKRs0St9U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/molinos_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La historia de los molinos empezó lejos y llegó recién con la inmigración a la ciudad. Los movidos por el viento tienen un origen remoto: ya en el siglo VII se utilizaban en Persia (hoy, Irán) para el riego y para moler el grano. En estos artefactos, la rueda que sujetaba las aspas era horizontal y estaba soportada sobre un eje vertical. Estas máquinas no resultaban demasiado eficaces, pero aun así se extendieron por China y el Oriente próximo.</p><p>En Europa, los primeros aparecieron en el siglo XII en Francia e Inglaterra y se distribuyeron por el continente. Eran unas estructuras de madera que se hacían girar a mano alrededor de un poste central para levantar sus aspas al viento. El molino de torre se desarrolló en Francia a lo largo del siglo XIV. Consistía en una torre de piedra coronada por un armazón rotativo que soportaba el eje y su maquinaria superior. Estos ejemplares tenían una serie de características comunes: de la parte superior sobresalía un eje horizontal y de allí partían de cuatro a ocho aspas, con una longitud entre 3 y 9 metros. Las vigas se cubrían con telas o planchas de madera y la energía generada por el giro del eje se transmitía, a través de un sistema de engranajes, al mecanismo del molino emplazada en la base de la estructura.</p><p>El paisaje de las chimeneas</p><p>Desde mediados del siglo XIX, Gualeguaychú crecía con casas bajas, pocas calles empedradas, mientras que las chimeneas y las veletas delineaban el paisaje. La lenta pero sostenida afluencia de inmigrantes que arribaban a la ciudad contribuyó al incremento de los saladeros y de los molinos harineros. Así, fue surgiendo el molino de viento de don Lázaro Fontanarrosa, cuyo torreón desmantelado podía verse en la que fue luego la chacra de los Copello, ubicado al norte sobre la actual calle La Rioja. Acompañaban las tahonas movidas por caballos o por mulas de Etchezarreta, Carabelli, Cabilla, Torell, Bentacour y Molinari.</p><p>En 1850, Buada y Crucet instalaron el primer molino a vapor en Seguí, entre Rivadavia y Luis N. Palma, llamado Molino Chico, que no tuvo la importancia de los otros. Diez años después, Leonardo Caviglia inauguró un moderno establecimiento que ocupaba toda la manzana, ubicado en las actuales Borques, Andrade, Caseros y Bolívar, cuyo equipamiento fue traído de Londres. Elaboraba harina de maíz y de trigo, galletitas y fideos; sus productos se vendían en todo el país y se exportaban, para lo cual contaba con una fábrica de envases de hojalata, una imprenta para el etiquetado y un aserradero. Lamentablemente, el 27 de marzo de 1884 un incendio lo destruyó por completo y se lo conoció por mucho tiempo como “el molino quemado”.</p><p>Sobre sus ruinas, Pedro Augras levantó La Hobena por 1890. Finalmente, fue inaugurado en enero de 1908, según refiere el periódico local El Noticiero.</p><p>El edificio tenía una nave central en forma de T, subdividida en cuatro espacios principales. A su alrededor se encontraban las dependencias de servicios, elaboración, empaque y depósito.</p><p>La fachada tenía tres planos horizontales separados por cornisas; numerosas aberturas (algunas falsas) modulaban el frente, la mayoría en arco de medio punto en el primer piso. Las de planta baja estaban enmarcadas por rejas de hierro forjado tipo abanico.</p><p>Las jambas, con molduras y rejas móviles para descarga de mercadería, completaban una fachada de notable factura.</p><p>El último piso, más corto, mostraba cinco ventanas de vidrios repartidos y arcos de ¼ de punto. La cornisa doble superior reforzaba los arcos abiertos centrales que enmarcaban la fachada.</p><p>Sobre las ventanas de la planta intermedia se distinguía el nombre de la empresa: Fábrica de Galletitas La Hobena y en la pared que daba al norte se leía La Hobena. Contaba con su propio sector de empaque y distribución. Las cajas que contenían el producto eran muy apreciadas, sobre todo por los dibujos artesanales, diseños proporcionados desde Buenos Aires, que distinguían la calidad.</p><p>Lya y Puma eran las galletitas preferidas y sus sabores y presentación eran muy requeridos para regalos al tiempo que para exportación. Sus nombres se prestaron para la rima en la publicidad que hacía en los periódicos locales.</p><p>El 20 de mayo de 1927, la sociedad La Caridad festejó sus cincuenta años, con una exposición comercial e industrial en los jardines de la Sociedad Rural en Rocamora, próximos a la estación del ferrocarril. Allí expuso La Hobena sus mercaderías que contaron con la aprobación de los concurrentes.</p><p>No escapó a la crisis económica de mediados de siglo. La escasez de materia prima, la dificultad para conseguir mercados producida por un mundo en guerra y la mecanización agotaron la brillante trayectoria de este emprendimiento. Hoy, su edificio vetusto es testigo mudo de una época de esplendor y se ha salvado felizmente de la demolición.</p><p>También en 1860, los hermanos Esteban, Andrés y Domingo Carabelli transformaron su primitiva tahona en un importante establecimiento que denominaron Molino Central y el fideero La Esperanza, ubicado en Tucumán (actual Roca), entre Urquiza y Del Plata (actual Luis N. Palma). Ocupaba media manzana y por 1903 se asociaron con don Luis Luciano. Se dedicaban a la compra y venta de cereales, de máquinas agrícolas y de cigarrillos Monterrey y Vencedor; también era depósito de harinas, maíz y trigo pisado. En este molino se construyó el primer pozo semisurgente de la ciudad, con una profundidad de 55 metros.</p><p>Con el progreso, vendría el Establecimiento Molinero y los elevadores de granos San Pablo de Pablo Rossi y Cía. en 1876, situado en México (hoy Alberdi), cerca de donde se instalaría el ferrocarril.</p><p>Por 1945 lo adquirió La Plata Cereales SA, que lo rebautizó Molino Concepción. Más tarde lo compró Goldaracena Hnos. SA y, en homenaje a Joaquín Goldaracena, pasó a llamarse Molino San Joaquín. Cierra la historia de este predio un titular de Urdinarrain que lo denominó Molino Ross.</p><p>&nbsp;</p><p>En un paseo por los alrededores de la Avenida Parque y el Corsódromo, se pueden apreciar algunas estructuras que han vencido el paso del tiempo y traen añoranza a los más “grandecitos”, de épocas en que el silbato del tren anunciaba la próxima partida y los molinos se rodeaban de carros y carruajes que esperaban para transportar la carga.</p><p>Detrás de cada uno de estos nombres hay un inmigrante que llegó a una ciudad en construcción y apostó a alimentarla. No vinieron a hacer historia; vinieron a trabajar. Que su obra se cuente hoy, más de un siglo después, es la mejor prueba de que lo lograron.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Z364FfonK4TDQMmxiImKRs0St9U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/molinos_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Antes de que existiera el Corsódromo, esa parte de la ciudad era un paisaje de chimeneas, veletas y carros cargados de granos. Los molinos de Gualeguaychú no eran apenas industria: eran parte del horizonte. Hoy algunos de esos edificios todavía están en pie.]]>
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                                <updated>2026-10-31T23:56:56+00:00</updated>
                <published>2026-10-31T19:54:00+00:00</published>
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            La primera biblioteca fundada por mujeres en Argentina nació en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Leticia Mascheroni de Gasparovic]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sqrHbkJ-D96_esnAZfKt8lGT7Eg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/biblioteca_magnasco_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los albores del siglo XX, en una época donde el acceso al conocimiento y a la vida pública le estaba mayoritariamente vedado a la mujer, un grupo de pioneras en Gualeguaychú decidió transformar la realidad cultural de su comunidad. Encabezadas por la docente Camila Nievas, estas mujeres no solo fundaron la primera biblioteca popular del país impulsada íntegramente por manos femeninas, sino que sembraron la semilla de lo que hoy es una de las instituciones más valiosas del patrimonio entrerriano: el Instituto Magnasco.</p><p>Lo que comenzó en 1900 como una modesta colección de 300 libros albergada en una pequeña sala, floreció a lo largo de las décadas hasta convertirse en un tesoro bibliográfico y documental que hoy custodia más de 60.000 volúmenes, colecciones históricas únicas y una reliquia incalculable del pensamiento medieval. La historia de la Biblioteca Popular “Olegario Víctor Andrade” es el testimonio vivo de una visión transformadora que logró abrir las puertas de la cultura a toda una sociedad.</p><p>La escuela para niñas "José León Torres", fundada por Luisa Bugnone y Camila Nievas, contaba con la pequeña biblioteca "Manuel Belgrano", conformada por apenas veinticuatro libros donados por ellas mismas. Las restantes fundadoras se sumaron a la donación de libros y, cuando despuntaba el siglo XX, el 9 de julio de 1900, con solo 300 libros, Camila Nievas creó la biblioteca “Olegario Víctor Andrade”, -primera en Argentina fundada por mujeres- en el local que ocupaba la “Sociedad por la Patria y el Hogar”, perteneciente a la “Sociedad entre Argentinos y Orientales”. Aunque la biblioteca fue inaugurada un año después, Camila inició, junto con la comisión de damas, una campaña de donación de libros, que no tardaría en dar sus frutos. Ferviente lectora de la poesía de Andrade, era el mejor homenaje que podía tributar al vate. También sentía gran admiración por otro poeta local: Gervasio Bibiano Méndez, al cual la unían lazos de sangre, pues ambos descendían de un tronco común: Pedro Ramón de León y María Josefa Ledesma, pertenecientes a las familias fundadoras de Gualeguaychú.&nbsp;&nbsp;</p><p>Aunque Camila Nievas no pudo concluir sus estudios en Paraná por razones personales, su maestra en la escuela de primeras letras, Luisa Bugnone, la propuso para desempeñar la docencia debido a sus excelentes condiciones.&nbsp;</p><p>Pasó así a ser maestra y directora de la “Escuela del Puerto” (hoy “Domingo Matheu”), en la cual continuó manifestando su admiración por el poeta copoblano Olegario Víctor Andrade, al trabajar codo a codo con la “Asociación Andrade”, entidad que contribuía a aliviar las carencias de los más pobres. En una publicación del periódico “El Noticiero” del 12 de julio de 1909, se destaca la valiosa contribución de comerciantes que colaboraron con la donación de telas para confeccionar vestimenta. Previamente y en conmemoración de los festejos de mayo, esta asociación también había colaborado para pagar la colección de animales embalsamados, con que Camila había enriquecido la sala de ciencias.&nbsp;</p><p>La biblioteca continuó creciendo en el espacio cedido por la “Sociedad Unione e Benevolenza” y, cuando se trasladaron a la “casa propia” en la calle 25 de Mayo —contigua al Colegio Nacional—, la espaciosa residencia permitió disponer de lugar para mobiliario, sala de conferencias y de lectura. El número de socios aumentaba permanentemente debido a los beneficios que brindaba la institución, especialmente para las mujeres, que pudieron acercarse al mundo de la cultura, que les había sido denegado.</p><p>Camila Nievas y su admiración por AndradeEn 1920, al producirse el fallecimiento del doctor Osvaldo Magnasco, amigo y benefactor, Camila Nievas impuso su nombre a la sociedad que presidía, pasando a denominarse “Instituto Magnasco” o “Institución Magnasco”, como aparece en algunos documentos. Ese mismo año salió en subasta pública la biblioteca de Magnasco y, deseosa de incorporarla, Camila salió a pedir ayuda. La encontró en don Félix Badano, quién le extendió un cheque en blanco y la nutrida biblioteca pasó a ser patrimonio del instituto por un costo de $5.000.</p><p>En el acta del Instituto del 7 de noviembre de 1931, consta la donación que la familia del canónigo Juan Carlos Borques hiciera de la biblioteca y archivo que habían pertenecido al ilustre sacerdote. 2286 volúmenes fueron acarreados en carros y carretas, para ser ubicados en los anaqueles comprados con la donación que hiciera la señora Eladia Aguilar de Borques. Ediciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, en idioma latín, griego, francés, inglés e italiano, permiten evaluar su cultura humanística y su curiosidad. Entre los “tesoros” de esta biblioteca, se halla el incunable del siglo XV, muy conservado en su caja de vidrio.&nbsp;</p><p>También merece destacar el soneto que le dedicara a la biblioteca, el poeta, historiador y escritor Delio Panizza en el Libro de Oro del Instituto Magnasco.</p><p>Con la inauguración del nuevo y definitivo edificio en el año 1942, la Biblioteca “Olegario V. Andrade”, pudo disponer de un espacio más amplio, apto para lectura, conferencias, conciertos, presentación de libros y otras actividades favorecidas con el crecimiento en cantidad y calidad de ejemplares. Tal vez, una de las más valiosas colecciones que posee la biblioteca Andrade, sea la de Caras y Caretas, fundada el 8 de octubre de 1898 en Buenos Aires por Eustaquio Pellicer, pocos meses después de la creación de la Sociedad “Por la Patria y el Hogar”. Se caracterizó por combinar humor, sátira política y fotoperiodismo, convirtiéndose en una de las publicaciones más importantes del país, con una primera etapa que se extendió hasta 1939. La estrella y figura principal de la revista, quien le otorgó el espíritu festivo característico, el alma, fue su director, José S. Álvarez -Fray Mocho-, un gualeguaychuense de cuarenta años que era conocido por haber trabajado como periodista en publicaciones de vida efímera. Pero la buena suerte de Álvarez no iba a durar demasiado. Una afección pulmonar incurable le segó la vida el 23 de agosto de 1903, cuando tenía apenas cuarenta y cinco años. En esta colección, se pueden encontrar varios artículos, con valiosas fotografías, que refieren a la historia de Gualeguaychú.</p><p>En 2016, el Instituto recibió la donación por parte de sus familiares, de la nutrida biblioteca de Carlos Maria Martinez, prestigioso dirigente, historiador y académico, oriundo de nuestra ciudad ligado a una tradicional familia.</p><p>Alrededor de 60.000 volúmenes conforman hoy la Biblioteca Popular “Olegario V. Andrade”, una muestra evidente del crecimiento que, a través de los años, han alimentado el accionar de las sucesivas comisiones directivas y de las inquietudes de los lectores. Permanentemente se reciben donaciones de libros, los cuales se catalogan y digitalizan para facilitar una rápida ubicación del ejemplar solicitado.&nbsp;</p><p>Digna de destacar, ha sido la labor permanente de las personas que se han desempeñado como bibliotecarias. Hoy, corresponde a Gimena Barral, quien, con título profesional, orienta al lector, ordena los anaqueles, ficha nuevos ejemplares y juega y entretiene a los niños en la atractiva Biblioteca infantil.</p><p>Una reliquia del pensamiento medieval en la ciudad</p><p>El Instituto Magnasco conserva un incunable del siglo XV, una de las piezas bibliográficas más extraordinarias de Entre Ríos y una rareza a nivel nacional. Se trata del tercer tomo de La Suma Teológica, impreso en 1489 en Pavía, Italia. Su autor es Alejandro de Hales, teólogo inglés nacido en 1185, y el texto está escrito en latín antiguo con tipografía gótica. La encuadernación es original, con tapas de cuero repujado.&nbsp;</p><p>El libro fue donado a la institución por el presbítero Juan Carlos Borques y hoy forma parte del patrimonio del Instituto Magnasco. Cuenta con aproximadamente 365 páginas en buen estado de conservación, aunque la cubierta muestra deterioro propio de su antigüedad. &nbsp;&nbsp;</p><p>Se estima que en el mundo existen unas 30.000 ediciones distintas de libros incunables. Se llama así a los impresos entre los primeros años de la imprenta de Gutenberg (1450-54) y el 31 de diciembre de 1500. &nbsp;&nbsp;</p><p>Los incunables no solo tienen valor por su antigüedad, sino porque representan el inicio de la democratización del conocimiento: antes de la imprenta, los libros eran copiados a mano, lo que los hacía inaccesibles para la mayoría de la población. Su aparición marcó una transformación cultural profunda. &nbsp;&nbsp;</p><p>La conservación del ejemplar es un desafío permanente para la institución. Requiere temperatura y humedad controlada, protección contra la luz directa y manipulación con guantes. &nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sqrHbkJ-D96_esnAZfKt8lGT7Eg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/biblioteca_magnasco_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Ferviente lectora de la poesía de Olegario Víctor Andrade, Camila Nievas eligió ese nombre para la biblioteca que fundó junto a un grupo de damas con 300 libros y la convicción de acercar la cultura a quienes más les había sido negada: las mujeres. Lo que comenzó como una pequeña sala es hoy el Instituto Magnasco, con más de 60.000 volúmenes, un incunable del siglo XV y una colección completa de la revista Caras y Caretas.]]>
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                                <updated>2026-10-25T11:10:31+00:00</updated>
                <published>2026-10-24T23:30:00+00:00</published>
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            Ecos del 17 de octubre: cómo vivió Gualeguaychú el hito fundacional del peronismo
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-k3_rmN90sqtbXgQlQPjw6-M1fg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/17_de_octubre_peronismo_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pocas movilizaciones obreras son tan recordadas en la historia argentina como la del 17 de octubre de 1945; una fecha que no sólo dio origen al movimiento peronista, que luego la recordaría como el Día de la Lealtad, sino que significó una irrupción activa de la clase trabajadora en la vida política del país.</p><p>Hacia finales de 1945, Argentina estaba gobernada por una dictadura militar iniciada con el golpe de 1943. Desde febrero de 1944, el general Edelmiro Julián Farrell ejercía como mandatario de facto. Dentro de ese gobierno, el entonces coronel Juan Domingo Perón había acumulado un gran poder ocupando tres cargos simultáneos: Vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y Previsión.</p><p>Desde la Secretaría de Trabajo, Perón había impulsado políticas inéditas que beneficiaban directamente a los trabajadores, como el Estatuto del Peón Rural, los tribunales de trabajo, el derecho a las vacaciones pagas, el aguinaldo y un fortalecimiento de los sindicatos. Esto generó una fuerte alianza con la clase obrera, pero le valió un rechazo al interior de las cámaras empresariales, los partidos políticos tradicionales y los sectores más conservadores de las propias Fuerzas Armadas. Ante la presión de estos últimos, y temiendo que el poder de Perón fuera incontrolable, el 9 de octubre de 1945 una facción militar lo obligó a renunciar a todos sus cargos. Tres días después, fue detenido y trasladado a la Isla Martín García.</p><p>La noticia de su captura generó una profunda inquietud en los cordones industriales del Gran Buenos Aires, zonas como Avellaneda, Lanús, Berisso y Ensenada, así como también en distintas ciudades del interior. Desde abajo, los trabajadores gestaron una gran movilización para pedir por la libertad de Perón, principalmente los obreros de la industria frigorífica, metalúrgica y textil.</p><p>Aunque la Confederación General del Trabajo (CGT) había convocado a una huelga general para el 18 de octubre, las bases obreras se adelantaron. Durante la madrugada y la mañana de aquel miércoles 17, los trabajadores comenzaron a abandonar espontáneamente las fábricas; cruzaron el Riachuelo a pie, en camiones o improvisando puentes cuando la policía levantó los puentes levadizos, y marcharon masivamente hacia el centro del poder político: la Plaza de Mayo.</p><p>Fue ahí cuando el gobierno del general Farrell se vio paralizado. La Plaza de Mayo y las calles adyacentes estaban desbordadas por una multitud pacífica pero firme, que exigía ver a Perón. La policía y el ejército se mostraron renuentes a reprimir, ya que el costo en vidas habría sido masivo y muchos efectivos simpatizaban con los reclamos.</p><p>Al comprender que habían perdido el control de las calles y que la única figura capaz de desmovilizar a esa masa era el propio Perón, el gobierno cedió. El líder fue trasladado desde el Hospital Militar (donde había sido llevado por un supuesto problema de salud) hacia la Casa Rosada. Cerca de la medianoche, salió al balcón para hablarle a la multitud, sellando una suerte de pacto de lealtad mutua y pidiendo a los trabajadores que se retiraran en paz, lo que efectivamente ocurrió.</p><p>A partir de este día, Perón pasó de ser un funcionario militar depuesto a líder indiscutido de un movimiento de masas, forzando al gobierno a convocar a elecciones democráticas para febrero de 1946, donde resultaría vencedor.</p>Perón habla a la multitud de trabajadores<p>El pulso en la ciudad: diarios divididos y la marcha del 18</p><p>Según el historiador Marcos Henchoz: “Los trabajadores en el interior del país siguieron con atención lo ocurrido en la capital, a través de los medios de comunicación y los telegramas gremiales. En Gualeguaychú, durante la intervención municipal de Capriotti, se realizaron reuniones, actos políticos y una marcha a favor de Perón, aunque esta se llevó a cabo el día 18. El periódico El Diario convocó a la marcha. El Censor continuó con su prédica antiperonista. El Argentino se mantuvo equidistante. La concentración de los trabajadores y adherentes fue en la intersección de las calles Del Valle y Pellegrini, a las 19:30. Tomaron esta calle hasta la 25 de Mayo y se dirigieron hasta la Rocamora regresando por Urquiza hasta el escenario central de Humberto Primo (hoy, Italia) y 25 de Mayo. Entre los oradores estuvieron Pedro Bachini (exdirector del diario El Argentino e integrante de la Federación Agraria Argentina), Roberto Massaferro y Alejandro Vela (dirigentes del radicalismo yrigoyenista). Si bien hubo algunas concentraciones menores el mismo 17, la movilización central, en diferentes localidades de Entre Ríos (Concepción del Uruguay, Concordia, Paraná, Gualeguay), fue el 18. Y, en algunos casos, el 19 como en Villaguay”.</p><p>La crónica de la movilización local publicada por El Argentino el 19 de octubre describe que los oradores hicieron alusión al momento político actual y a las conquistas sociales logradas en los últimos tiempos e incitaron al pueblo trabajador a mantenerse unido para asegurarlas: “Los oradores fueron muy aplaudidos y al terminar, la manifestación siempre guardando la mayor corrección, se disgregó por distintas calles. Según cálculos de personas entendidas, el número de concurrentes al acto superaba los mil”.</p><p>Por su parte, Henchoz también aportó el dato de que tanto la convocatoria como los activistas en Entre Ríos provenían de diferentes sectores sociales, económicos y políticos: “En Concordia jugó un rol importante el sindicato de empleados de Comercio. En Paraná, la oficina de la Secretaría de Trabajo y Previsión organizó la jornada. Mientras que, en Gualeguaychú hubo una base heterogénea, cuyos principales promotores fueron el radicalismo yrigoyenista y El Diario como herramienta de propaganda”.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p><p>De las “patas en la fuente” al estigma del “aluvión zoológico”</p><p>Si hay una postal que se volvió icónica de aquel día es la foto de “las patas en la fuente”, donde se ve a hombres, mujeres y hasta niños refrescando sus pies doloridos por caminatas de kilómetros en la Plaza de Mayo. Dentro de la construcción de la mística peronista, la imagen refleja el nacimiento del movimiento y la irrupción espontánea de los trabajadores y "descamisados" en la escena pública. Un emblema de la apropiación y conquista del espacio público por parte de una clase trabajadora antes invisibilizada (el "subsuelo de la patria sublevado"), marcando el inicio del Día de la Lealtad.</p><p>Para los sectores opositores, en cambio, el 17 de octubre fue un evento traumático, y el gesto de los pies en la fuente fue interpretado de forma despectiva como la marca de la "barbarie" invadiendo los espacios tradicionales de la alta sociedad y el poder político.</p><p>Radicales, socialistas, comunistas y conservadores, agrupados en la Unión Democrática, junto con las clases medias y altas, interpretaron la movilización con asombro y rechazo. Acostumbrados a una política de corte institucional e intelectual, vieron en la irrupción de las masas populares una amenaza a las instituciones democráticas e incluso un acto de demagogia fascista. También una amenaza a sus privilegios económicos y su control de la esfera política. Desde la prensa opositora y la dirigencia tradicional se utilizaron términos despectivos como "aluvión zoológico" o "cabecitas negras" para describir a los trabajadores del interior del país y de los suburbios que habían ocupado el centro histórico de la ciudad.</p><p>El primero corresponde a una frase del diputado radical Ernesto Sammartino, cuando casi dos años más tarde se refería en la Cámara de Diputados a que las elecciones de 1946 y la llegada de legisladores peronistas: “El aluvión zoológico del 24 de febrero parece haber arrojado a algún diputado a su banca, para que desde ella maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos. Que siga maullando, que a mí no me molesta”.</p><p>El término “cabecitas negras”, en cambio, tiene su origen en la nueva clase obrera industrial que surgió en los márgenes de Buenos Aires desde mediados de la década del 30’ y durante los años 40’. Estos trabajadores provenían en gran parte de zonas rurales del Interior del país, de poblaciones con un mayor componente de raíces indígenas y afrodescendientes, lo que a los ojos de las elites y burguesías nacionales contrastaba con el proletariado europeo que había ocupado las fábricas a principios del siglo XX.</p><p>Sociólogos como Alejandro Grimson, Mario Margulis y Marcelo Urresti sostienen que en Argentina el racismo y el clasismo están profundamente entrelazados. Para Grimson, cuando la industrialización atrajo masivamente a trabajadores del Interior, la élite y las clases medias urbanas no pudieron procesar esa visibilidad mediante sus categorías tradicionales, dando origen al estigma del "cabecita negra". De esta forma, ser "negro" en Argentina pasó a ser una categoría donde se fusionaron el color de piel (morocho, mestizo), la procedencia geográfica (provinciano o de países limítrofes) y la adscripción política y de clase (obrero, peronista).</p><p>De todos modos, el rechazo al contingente peronista no era nuevo. Algo similar había sucedido un siglo atrás con la experiencia de Juan Manuel de Rosas, quien había incorporado de manera activa a las clases populares rurales y urbanas, como los guachos y afrodescendientes. Tal es así que la oligarquía porteña, los sectores unitarios y las élites intelectuales (como la Generación del 37 de Sarmiento, Alberdi y Echeverría) calificaban a su gobierno como una "tiranía bárbara", y denostaban que el orden social dependiera del fervor de "la chusma" y los sectores subalternos.</p><p>Una fractura fundacional que perdura</p><p>La grieta que quedó al descubierto en aquella histórica jornada no hizo más que profundizarse y cristalizarse durante los gobiernos de Juan Domingo Perón y en las décadas posteriores. La vieja dicotomía de "civilización y barbarie" encontró una nueva y perdurable encarnación en la antinomia "antiperonismo-peronismo", estructurando desde entonces la identidad política argentina contemporánea. Mientras el peronismo en el poder institucionalizó su vínculo con las masas mediante la ampliación de derechos sociales y la centralidad del Estado, el antiperonismo consolidó una identidad cohesionada por el rechazo visceral a esa matriz popular, a la que siguió percibiendo como una anomalía autoritaria y demagógica.</p><p>Tras el violento derrocamiento de Perón en 1955 y a lo largo de los años de proscripción y resistencia, este antagonismo de clase (profundamente atravesado por los prejuicios raciales y culturales que nacieron en aquella plaza) dejó de ser una reacción coyuntural para convertirse en una cuestión permanente sobre la cual se edificarían los conflictos, las violencias y las disputas de sentido de la Argentina moderna.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-k3_rmN90sqtbXgQlQPjw6-M1fg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/17_de_octubre_peronismo_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras la Plaza de Mayo se llenaba de trabajadores exigiendo la liberación de Perón, la ciudad tuvo su propia movilización masiva al día siguiente. Un repaso de las crónicas de 1945, de la llegada de las clases populares a la política y de la reacción opositora que reavivó una histórica fractura social.]]>
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                <published>2026-10-17T19:41:00+00:00</published>
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            Desde la academia hasta el Corsódromo: el pulso de la danza en Gualeguaychú y su identidad en movimiento
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s5K9Lk8ijrfdYZvuoyHCQ8CseWw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/elisa_zonis.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 10 de octubre se conmemora en la Argentina el Día Nacional de la Danza, en homenaje a los nueve integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón que murieron en un accidente aéreo en 1971. Entre las víctimas estaban los primeros bailarines Norma Fontenla y José Neglia, junto a otros siete integrantes de la compañía, que viajaban a Trelew para participar de un espectáculo a beneficio.</p>José Neglia, Carlos Schiaffino, Carlos Santamarina, José Zambrana y Rubén Astanga (fila superior, de izquierda a derecha); Sara Bochkovsky, Norma Fontenla, Margarita Fernández y Marta Raspanti (abajo). Imagen Archivo Teatro Colón.<p>Con los años, la fecha se convirtió también en una oportunidad para reconocer el valor de la danza como expresión artística y cultural. Es así que hoy, junto al recuerdo de aquellos bailarines, se busca rendir homenaje a este género artístico como medio de expresión cultural de los pueblos.</p><p>En Gualeguaychú, la danza ocupa un lugar destacado en la vida cultural, con una actividad que abarca desde la formación en academias hasta las grandes puestas escénicas del Carnaval del País.</p><p>Nina Fuentes es una de las referentes en la materia. Fue declarada la semana pasada Personalidad Destacada, a través de una sesión especial del Honorable Concejo Deliberante: “Sentí una emoción muy profunda”, dijo y agregó: “Después de 50 años ininterrumpidos de dedicar mi vida a la danza, recibir esta declaración en mi propia ciudad me hizo mirar hacia atrás y tomar conciencia de todo el camino recorrido. No es solamente un reconocimiento a mi trayectoria, sino también a este arte, a mis alumnos, a mis maestros, a mi familia y a todas las personas que compartieron este camino conmigo. La danza fue y sigue siendo mi manera de expresarme, de enseñar, de crear y de dejar una huella. Y si algo me emociona especialmente es pensar que, durante todos estos años, pude ayudar a muchas personas a descubrir su propio artista. Por eso lo recibo con enorme gratitud y con la certeza de que, después de tantos años, sigo sintiendo la misma pasión que cuando comencé”.</p><p>Elisa Zonis, otra de las profesoras de gran renombre que también está próxima a cumplir medio siglo de trayectoria, recordó sus comienzos y los cambios de los que se siente privilegiada de haber sido testigo y protagonista: “Empecé a bailar a los 5 años y a dar clases a los 13. Tuve luego la oportunidad de formarme en el Teatro Colón. La danza clásica tenía un lugar muy fuerte como disciplina de formación, pero con el paso del tiempo fueron creciendo muchísimo otras propuestas: el jazz, el contemporáneo, la fusión, los ritmos urbanos y el folklore, por ejemplo. No siento que un estilo haya reemplazado a otro; por el contrario, se fueron sumando lenguajes y eso enriqueció muchísimo la danza. Ya no es solamente una actividad para niñas que quieren formarse como bailarinas. Hay niños, adolescentes, jóvenes y adultos que encuentran en ella una manera de expresarse, de encontrarse con otros, de disfrutar y de crecer. Por eso creo que la danza en Gualeguaychú no solamente creció: se consolidó. Se hizo más diversa, más amplia y accesible, pero sin perder sus raíces. Y me emociona poder seguir siendo parte de esa historia”.</p>Elisa Zonis<p>Fuentes también destacó que la evolución de la danza en Gualeguaychú “ha sido enorme”: “Cuando empecé éramos solamente tres profesores. Hoy hay aproximadamente más de 25 academias y 60 profesores enseñando. Ese dato, por sí solo, muestra cuánto creció la actividad y el lugar que la danza fue ganando en nuestra ciudad. Habla de una ciudad que aprendió a valorar cada vez más el arte y la cultura”. En el caso de la danza clásica, notó “una evolución importante en la enseñanza y en la preparación técnica”: “Hay mayor conocimiento, más capacitación y una mirada más profesional sobre la formación de los bailarines”.</p><p>El Corsódromo como escenario</p><p>Ambas referentes hicieron mención al rol que cumple el Carnaval del País en el desarrollo artístico local, y puntualmente en el universo de la danza. “El Carnaval creció muchísimo en su nivel artístico y coreográfico. Hoy vemos comparsas con puestas en escena cada vez más elaboradas, bailarines con mayor preparación técnica y coreografías que requieren mucho trabajo, ensayo y conocimiento del movimiento. Y en ese crecimiento, sin dudas, la formación que brindan las academias de danza tiene mucho para aportar. Muchos bailarines que pasan por nuestras academias después encuentran en el Carnaval un espacio donde pueden poner en práctica todo lo aprendido: la técnica, la expresión, la musicalidad, el trabajo grupal y, fundamentalmente, la disciplina que requiere preparar una coreografía y sostenerla durante un espectáculo de esas características”, señaló Zonis.</p><p>“Al mismo tiempo, el Carnaval les da una experiencia escénica enorme: bailar frente a miles de personas, tener presencia, energía y aprender a comunicarse con el público”, aportó por su lado Fuentes, quien compartió una lectura muy similar sobre este claro vínculo entre las academias y nuestro mayor espectáculo.</p><p>Felicita Fouce, Reina de la edición 2025, consideró que “el Carnaval tiene una gran influencia en el interés y la motivación de los gualeguaychuenses por aprender algún tipo de danza o explorar otras expresiones artísticas, como el teatro, el canto o la actuación”. “En lo que respecta a la danza y al samba no pé, creo que el Carnaval funciona como un puntapié inicial, algo que despierta la curiosidad de las personas y las impulsa a acercarse a esto. Una vez que uno se adentra en el mundo del samba, tanto desde lo dancístico como desde su dimensión cultural, se abren otras puertas y cada persona decide si quiere cruzarlas o no”, contó.</p>Felicita Fouce<p>Si bien observó que muchos comienzan a tomar clases y a participar de workshops de samba con la intención de incorporar herramientas para su performance carnavalera, “también hay muchísima gente que se acerca al samba por otros motivos”: “Al menos en mis clases, entre un 60 y un 70 por ciento de las personas vienen con ganas de aprender algo nuevo, de explorar el movimiento y de vivir una experiencia diferente, sin que eso esté directamente relacionado con el Carnaval”. “Si bien el Carnaval es un gran puntapié que hoy despierta en muchos la curiosidad por aprender distintas expresiones artísticas, el samba también tiene un valor propio que trasciende al Carnaval y motiva a las personas a acercarse a esta danza por otros caminos”, agregó.</p><p>Lejos de limitarse y en busca de una innovación constante, las comparsas han sabido incorporar distintas estéticas visuales, géneros musicales y estilos de baile a sus propuestas de cada edición sin perder los elementos característicos del Carnaval. Un ejemplo claro se vio este año con “La Resistencia”, la temática gauchesca con la que Ará Yeví llevó el folklore a la pasarela del Corsódromo. Los bailarines de malambo Felipe Bon y Cielo Pereyra fueron los portabanderas de la comparsa y sorprendieron con su destreza en la pista.</p>Felipe Bon y Cielo Pereyra<p>“Gualeguaychú es cuna de artistas. El Carnaval ha sido y seguirá siendo un semillero para quienes necesitan expresarse de manera artística, y la danza no queda ajena a eso. Muchos niños, niñas y adolescentes se forman en disciplinas de danza que luego algún día sueñan con mostrar en la pasarela del Corsódromo. Todos los que hemos integrado alguna vez una comparsa sabemos que la danza es un punto súper importante para poder enaltecer nuestro mayor espectáculo cultural que tenemos en la ciudad. Por eso entiendo que el Carnaval y la danza, así como otras expresiones artísticas vinculadas al Carnaval (música, teatro, etcétera) forman parte de nuestra identidad local y siempre será nuestro orgullo formar parte de este espectáculo, ya sea como integrante, trabajador o espectador del mismo”, expresó Pereyra.</p><p>La exponente local de danza folklórica coincidió en que se nota un crecimiento o una mayor visibilidad del género en la ciudad: “En parte creo que se debe a que se está entendiendo la importancia de contar de dónde venimos, quiénes somos, por qué bailamos así o qué nos representa. Investigar, saber y representar nuestras raíces se ha convertido en algo esencial. Es muy lindo ver cada vez más jóvenes, incluso niños y adolescentes que se interesan por el folklore y se arriman a querer aprender a bailarlo. Que van a alguna peña, que se suman a las clases y te dicen que quieren bailar eso que vos hacés. El hecho de que Gualeguaychú sea sede de uno de los festivales folklóricos más importantes del país también abrió esa puerta. Y el hecho de que artistas de la ciudad nos estén representando en esos festivales también”, dijo, haciendo alusión al certamen del Pre-Cosquín.</p>Cielo Pereyra en el Campeonato Nacional de Malambo femenino de Córdoba<p>De hecho, sus palabras llegaron esta semana mientras se encontraba representando a Entre Ríos en el Campeonato Nacional de Malambo femenino, en Córdoba. “Siento una emoción tan grande por haber llegado hasta acá, sabiendo que todavía como provincia (y más aún como ciudad) somos nuevos en Malambo y estamos creciendo de a poquito, pero siendo consciente del camino que estamos trazando en estos escenarios de nivel nacional, pudiendo visibilizar para nuestra gente el nivel de folklore y la diversidad de estilos y propuestas que existe en otras provincias”, compartió.</p><p>“Es real que en estos últimos años las disciplinas folklóricas han cobrado más protagonismo, al igual que el flamenco”, sumó Valentina Gonella, profesora de esta expresión artística tradicional de España, y agregó: “En estos últimos años adquirió un poco más de notoriedad por el gran esfuerzo de docentes y artistas -‘bailaores’ y guitarristas- que ofrecen clases, organizan talleres y convocan a profesionales para que viajen hasta Gualeguaychú y brinden sus conocimientos. Además, organizan los famosos ‘tablaos' (shows con músicos en vivo), presentan proyectos al Fondo Municipal de las Artes para facilitar el acceso a la formación y buscan dar a conocer esta cultura con muchísimo respeto e intentando mostrar su ‘pureza’. La comunidad participa y responde con apertura a estas propuestas y quienes intentamos sostenernos desde ese lugar estamos agradecidos”, contó.</p>Valentina Gonella<p>“Gualeguaychú tiene un vínculo muy profundo y genuino con la danza”, remarcó Gonella, y aseguró que “el Carnaval del País es, sin duda, una escuela de exigencia física y despliegue escénico espectacular, que se nutre del semillero enorme formado en danza clásica, contemporánea, ritmos urbanos y españoles gracias al trabajo de muchísimos profes”.</p><p>A modo de reflexión, observó que hoy el circuito local sigue funcionando de manera muy recreativa: “Si analizamos que en la ciudad no existen carreras terciarias o universitarias de formación pública en danzas, como sí existe, por ejemplo, el Profesorado de Teatro, ocurre que tenemos bailarines con un potencial enorme, de nivel internacional, que terminan participando en eventos por muy poca plata porque el mercado local no está profesionalizado. Lamentablemente, para desarrollarse al máximo y vivir de los escenarios, el talento local se ve obligado a migrar a Buenos Aires o al exterior. El que no tiene la posibilidad de irse, muchas veces termina estudiando algo que considera 'con mayor salida laboral', dejando su vocación de costado, o bien volcándose a la danza, pero exclusivamente desde la docencia para poder subsistir, lo que hace que su carrera arriba de las tablas quede ahí”, manifestó, dejando en claro que “la docencia es hermosa y necesaria, pero el artista necesita el escenario”.</p><p>De la disciplina académica a la libertad del movimiento popular, la danza reafirma su lugar. Reconocer el camino recorrido por sus pioneras y acompañar la diversidad de sus nuevas expresiones es el mejor homenaje para quienes hacen del movimiento una forma de vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s5K9Lk8ijrfdYZvuoyHCQ8CseWw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/elisa_zonis.webp" class="type:primaryImage" /></figure>De la formación en los estudios y salas con decenas de profesores en actividad al despliegue escénico dentro del Carnaval del País, esta expresión artística amplió su presencia en la ciudad y, con el paso del tiempo, se convirtió en un pilar fundamental del ADN cultural gualeguaychuense.]]>
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                <published>2026-10-10T22:09:31+00:00</published>
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            Nuestra Señora del Rosario: una historia de devoción que moldeó los orígenes de Gualeguaychú
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dGaD-GvjxeAoE7QYZ1VEut59U94=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/virgen_del_rosario_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 7 de octubre se celebra la festividad de Nuestra Señora del Rosario, patrona de Gualeguaychú, Paraná, Crespo, Rosario del Tala, Gualeguay y Oro Verde. En nuestra ciudad, más allá de ostentar ese título, esta advocación mariana fue el pilar espiritual del asentamiento originario, y su historia está intrínsecamente ligada al desarrollo cívico y religioso de la región.</p><p>Antes que nada, cabe mencionar el origen del Santo Rosario y la aparición que da pie a la futura adoración. En la tradición cristiana, la rosa se considera un símbolo de la Virgen María. Aunque la palabra latina rosarium puede traducirse como el “sitio donde crecen las rosas”, con el tiempo pasó a significar “corona de rosas”, y su rezo comenzó a simbolizar la entrega simbólica de una corona de estas flores a la Virgen.La historia cuenta que en el año 1208 la Virgen María se le apareció al fraile castellano Domingo de Guzmán, declarado santo en 1234 por el papa Gregorio IX. En esa aparición, la Virgen le entregó el Santo Rosario, le enseñó cómo rezarlo y le encomendó que lo propagara, especialmente como arma contra la herejía. Es así que Guzmán fundó la Orden de Predicadores (los frailes dominicos) y promovió la devoción del rosario como herramienta espiritual para la conversión y la oración contemplativa.</p>La aparición ante Domingo de Guzmán<p>La elección de la fecha festiva responde a un hecho histórico un poco posterior: la Batalla de Lepanto, que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 en las aguas del Mar Jónico. En este enfrentamiento, una coalición de fuerzas navales cristianas luchó contra la armada del imperio Otomano, de fé islámica, que buscaba expandirse en Occidente y recuperar el control del Mediterráneo. Se dice que antes del combate los cristianos se encomendaron a la Virgen y rezaron el Santo Rosario, por lo que luego de vencer a los otomanos atribuyeron su victoria a la intercesión de la Madre de Dios.</p><p>En agradecimiento, el Papa Pío V instituyó la fiesta de la "Virgen de las Victorias" para el primer domingo de octubre, y añadió el título de "Auxilio de los Cristianos" a las letanías. Posteriormente, el Papa Gregorio XIII cambió el nombre por el de "Nuestra Señora del Rosario". Más tarde, Clemente XI extendió esta celebración a toda la Iglesia de Occidente. Finalmente, San Pío X fijó la fiesta de forma definitiva para el 7 de octubre, inmortalizando la frase: “Denme un ejército que rece el Rosario y este vencerá al mundo”.</p><p>Los padres dominicos y el primitivo asentamiento de Gualeguaychú&nbsp;En los dominios españoles de América, y particularmente en la zona del litoral, los misioneros de la Orden de los Predicadores del Convento de Santo Domingo, emplazado en Buenos Aires, fueron activos agentes de evangelización tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Estos sacerdotes españoles, seguidores de Santo Domingo (comúnmente llamados dominicos), eran grandes impulsores del rezo del rosario y estuvieron a cargo de la misión de Santo Domingo de Soriano. Este fue uno de los asentamientos más antiguos de la Banda Oriental y un punto clave en la etapa inicial de la colonización del Río de la Plata. Su origen se remonta a comienzos del siglo XVII, cuando los españoles establecieron una reducción destinada a concentrar y evangelizar a grupos indígenas, en especial chanás y guaraníes.</p><p>Aunque inicialmente la Reducción de Soriano no tuvo un emplazamiento fijo, diversas investigaciones históricas, como las de Don Manuel Almeida, sostienen que su primera ubicación pudo haber estado en el territorio que hoy pertenece a nuestra provincia, sobre la margen occidental del río Uruguay, y que posteriormente el asentamiento se habría trasladado a la margen oriental, donde terminó consolidándose en el actual departamento de Soriano.Hacia el año 1761, un núcleo espontáneo de poblamiento había comenzado a estructurarse en torno a una capilla pública. Este primer asentamiento y su capilla estaban emplazados en el área limitada por los arroyos Sauce, Venerato, Sarandí y Del Capitán (actualmente arroyo Del Cura). Allí floreció la devoción a la Virgen del Rosario. El primer poblado mantuvo en el lugar a un capellán durante veintidós años. Estos capellanes también mantenían una capilla en el Arroyo de la China y tenían bajo su sujeción a la zona del Gualeguay.Se dice que la primera imagen de Nuestra Señora del Rosario venerada en esa capilla primitiva erigida a orillas del río Gualeguaychú fue traída en 1777 por el padre Fray Mariano Amaro. Era una pieza tallada a mano en cedro paraguayo por los indios de las misiones del Paraguay, y estaba pintada con tinta de árboles.</p><p>La talla original estaba solo pintada, lucía un cinturón que tiempo después desapareció, y poseía un largo cabello tallado que luego se le cortó para poder revestirla con un manto y otras vestimentas. Esta imagen fue colocada en el templo por el Capitán Pérez, dando origen a la conocida leyenda que luego el escritor Fray Mocho impulsó y que hoy está plasmada en la bandera de la ciudad. Según el relato, un toro salvó a Pérez de la picadura de una serpiente; en agradecimiento, el capitán mandó a hacer una base para la Virgen con la misma madera, incrustaciones de piedra y las astas del toro. Cabe aclarar que, aunque se conserva al día de hoy una imagen muy antigua en la Catedral, no es aquella figura primigenia.El 28 de septiembre de 1780, tras pasar por la zona, el obispo Sebastián Malvar y Pinto creó formalmente la parroquia y proveyó un cura, poniéndola bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario. Poco después, en 1783, Gualeguaychú fue fundada por Tomás de Rocamora.&nbsp;Al evaluar el terreno, Rocamora no vio conveniente que la villa permaneciera donde estaba la primitiva capilla, por lo que buscó un sitio más elevado hacia el norte y trasladó la población a poco más de una legua de distancia. El 18 de octubre labró el acta de fundación y destinó para la Iglesia un sitio en el ángulo nordeste de la manzana que, en la actualidad ocupa la Catedral, lugar donde el templo permaneció hasta 1853.</p><p>El 20 de octubre, Rocamora le escribió al Virrey advirtiendo una particularidad: “La Patrona de esta Capilla es la Virgen del Rosario; San Joseph, el copatrono. La Virgen misma es también patrona de Paraná por donde podría reservarse y quedar San Joseph de Gualeguaychú, para dar nombre y tutela a su reciente Villa”. Así, ante la incompatibilidad de repetir la patrona de Paraná, se propuso a San José para dar nombre a la comunidad, desarrollándose desde entonces la fe cristiana bajo ambos patrones.</p><p>La devoción a la Virgen continuó siendo central: en una sesión del 19 de septiembre de 1794, el Cabildo acordó con el cura interino realizar la festividad de Nuestra Señora del Rosario la primera Domínica de octubre. Para ello, dispusieron hacer la limosna correspondiente en todo el partido, como en años anteriores, invirtiendo lo recaudado en cera, misa, sermón y demás necesidades.</p><p>Por otra parte, hay que decir que el problema del patronazgo planteado por Rocamora en 1783 continuó sin solución oficial durante años. El 13 de abril de 1801, se resolvió convocar a un cabildo abierto para el último día de mayo con el fin de confirmar al patrono San José. Finalmente, la reunión se concretó el 8 de junio de 1801. Al pedirles que dijeran en voz clara qué patrono apetecían, los treinta y dos vecinos concurrentes votaron con el orden debido por San José.&nbsp;Este acto, registrado en las actas del Cabildo cuyos originales se conservan en el Obispado, representó un avance pastoral y civil que fortaleció la condición de pueblo y su distinción respecto a Paraná. Los vecinos pidieron con urgencia que se enviaran las actas al Superior Gobierno. El Cura Gordillo acompañó de cerca todos estos actos, señalando que la costumbre ya denominaba al pueblo como San José de Gualeguaychú. La petición fue aprobada por el Virrey Del Pino el 5 de agosto de 1801, quien luego se lo comunicó al soberano.</p><p>En 1851, San José de Gualeguaychú fue elevada a la categoría de ciudad. Sin embargo, el reconocimiento canónico definitivo de San José y la Virgen del Rosario como patronos llegó recién en 1853 mediante una Bula Papal. Cuando se creó la diócesis local en 1957 (jurisdicción que comprende los departamentos de Gualeguaychú, Islas, Uruguay, Gualeguay, Victoria y Tala), el patronazgo de Nuestra Señora del Rosario se extendió a todo ese territorio. En 1958, el Papa Pío XI oficializó esta extensión para toda la Diócesis de Gualeguaychú.Es por eso que la devoción a la Virgen del Rosario trasciende la efeméride del calendario para representar uno de los pilares de la historia e identidad religiosa gualeguaychuense. Aquella fe que comenzó en una humilde capilla de paja y barro, custodiada por los primeros pobladores y los misioneros dominicos, sobrevivió a los reacomodamientos institucionales y al paso del tiempo. Hoy, más de dos siglos después, el legado mariano junto a la figura de San José permanece intacto en los cimientos de la comunidad diocesana local.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dGaD-GvjxeAoE7QYZ1VEut59U94=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/10/virgen_del_rosario_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La advocación mariana introducida por los misioneros dominicos impulsó la creación del núcleo urbano primitivo y forjó, junto a San José, la identidad religiosa de la ciudad. Dio lugar a la leyenda del Toro y la Víbora, y su rol protagónico en la comunidad supo mantenerse a lo largo de más de dos siglos.]]>
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                                <updated>2026-10-04T14:38:38+00:00</updated>
                <published>2026-10-03T23:50:15+00:00</published>
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            “Pancho” Ramírez y La Delfina: la épica y trágica historia de amor en tiempos de caudillos
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BUGqqI8vQmdb_K-jFrkiKPHPGdA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/pancho_ramirez_la_delfina.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos días trascendió la noticia de que ingresó a la Cámara de Diputados de la provincia un proyecto que propone declarar el 29 de septiembre de cada año como el “Día del Supremo Entrerriano”, en conmemoración de la creación de la República de Entre Ríos, un hito que representa el primer antecedente de organización institucional autónoma provincial. La iniciativa, presentada por el Bloque de Juntos por Entre Ríos, busca reivindicar la figura de Francisco “Pancho” Ramírez, no sólo como parte de la historia litoraleña sino también por su importancia en la construcción de la Nación.</p><p>Además, el texto solicita la incorporación del estudio de la vida y obra de Francisco Ramírez en la currícula escolar de los niveles primario y secundario, destacando el “pilar fundamental” que asentó la organización entrerriana en la historia del país; esto contribuiría a que “las nuevas generaciones conozcan los orígenes de nuestra organización institucional y refuercen su identidad y pertenencia entrerrianas”, explicaron. De aprobarse, la iniciativa establece que el Poder Ejecutivo, a través del Consejo General de Educación (CGE), arbitrará los medios necesarios para la realización de actos y homenajes en instituciones educativas públicas y privadas.</p><p>Asimismo, el proyecto resalta que Ramírez fue protagonista de la primera experiencia de sufragio popular para la designación de un gobernante en el territorio de la actual República Argentina: el 24 de noviembre de 1820 convocó a los pueblos de Entre Ríos, Corrientes y Misiones a elegir por voto libre y directo a su Jefe Supremo, resultando consagrado por consentimiento unánime. De esa jornada surgió el título con el que la posteridad lo recuerda: el “Supremo Entrerriano”.</p><p>Una figura clave de nuestra historia</p><p>Los entrerrianos solemos ver el nombre de “Pancho” Ramírez en plazas, calles y monumentos, pero, por extraño que parezca, no siempre nos llega su historia. Cuando la escuchamos, en muchos casos es de forma vaga, más bien reducida a su trágico romance con La Delfina, la cautiva por la que murió en combate. El papel de esta mujer en la vida del caudillo llama la atención tanto por el componente narrativo de pasión, traiciones y sacrificios como por la enigmática figura de La Delfina. A continuación, un breve recorrido por el mito y los datos que, juntos, dejan certezas e interrogantes sobre esta historia.</p><p>Para entender la irrupción de Ramírez, es necesario comprender el violento contexto del Río de la Plata post-Revolución de Mayo. Nacido el 13 de marzo de 1786 en Concepción del Uruguay, Ramírez provenía de una familia acomodada vinculada a la tierra. Su figura cobró relevancia bajo el paraguas de José Gervasio Artigas y la Liga de los Pueblos Libres, combatiendo tanto al centralismo de Buenos Aires como al avance de los portugueses en la Banda Oriental y el Litoral. Como comandante artiguista, logró importantes victorias contra los lusitanos en Arroyo Ceballos (1817) y Saucecito (1818), blindando la soberanía de la región.</p><p>Pero el punto de quiebre absoluto llegó el 1 de febrero de 1820 en la Batalla de Cepeda. Junto al santafesino Estanislao López, Ramírez derrotó a las fuerzas del Directorio, provocando la caída de las autoridades nacionales y sentenciando el fin de la hegemonía porteña absoluta. Poco después, la firma del Tratado del Pilar (23 de febrero de 1820) reconoció la autonomía de las provincias, pero generó una consecuencia ineludible: la ruptura definitiva de Ramírez con Artigas, quien terminó derrotado y exiliado.</p><p>“Su triunfo en la batalla de Cepeda elimina la Constitución unitaria de 1819. Con eso se pone fin al periodo de las Provincias Unidas y da comienzo a uno de 1820 a 1830, en el que cada estado irá confirmando sus propias instituciones y autoridades”, explicó a Ahora ElDía el historiador entrerriano Gastón Buet, y apuntó que “el Tratado del Pilar que se firmó luego es uno de los pactos preexistentes de la Constitución Nacional”. Por estos motivos, remarcó que Francisco Ramírez también es muy importante para la historia argentina, y no sólo entrerriana.</p><p>Con Artigas fuera del escenario político y Buenos Aires reorganizándose, Ramírez decidió consolidar su poder ante las invasiones lusitanas (portuguesas) que asediaban Misiones. El 29 de septiembre de 1820, promulgó un reglamento en Corrientes que dio nacimiento a la República de Entre Ríos.</p><p>“Fue el primer hombre que defendió la autonomía y lo logró. Él creó la República de Entre Ríos y entonces se convirtió en el primer entrerriano, hablando políticamente. Hubo muchos hombres defensores de la política entrerriana antes que él, pero Ramírez fue quien logró realmente llevarla adelante. Si bien la República de Entre Ríos fue muy efímera, resultó muy importante: abarcaba el territorio de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Nunca tuvo un sentimiento separatista, sino que lo que indicaba era que quería el modo republicano para gobernar, con la división de poderes y demás”, señaló Buet.</p><p>Se trató así de una entidad política y militar federada que agrupaba a las tres provincias en un frente unido. Pero lo destacable de esta experiencia política fueron las reformas de orden civil que introdujo en sus breves diez meses de vida. En el Reglamento de la República de Entre Ríos, Ramírez demostró su gran capacidad como estadista: entre otras cosas, el documento estableció una amnistía general para pacificar la región tras los conflictos previos con el artiguismo y el centralismo porteño; ordenó el primer censo regional de las Provincias Unidas y reactivó la economía impulsando la ganadería y la agricultura; estructuró las instituciones del nuevo Estado, organizando las fuerzas armadas, la Justicia y el sistema de correos; y declaró la educación primaria como obligatoria, “hasta saber leer, escribir y contar”.</p><p>La Delfina: un enigma con peso propio</p><p>Fue durante este período de guerras continuas contra los portugueses que La Delfina entró en la historia de Ramírez. De origen portugués o brasileño, la historiografía la ubica como una cautiva recuperada o desertora que decidió seguir a las tropas federales y entabló un romance con Ramírez.</p><p>“La Delfina era su compañera de campaña. Él tenía a su prometida en Concepción del Uruguay, Norberta Calvento, pero su amante fue Delfina. No se sabe bien quién es; si Delfina era su nombre, su apellido; si era morocha, rubia, solo se sabe que la llamaban La Delfina. Se supone que la conoció en las campañas de la Banda Oriental”, comentó Buet.</p><p>Su origen admite muchas conjeturas. Una teoría la ubica como hija de un hombre perteneciente a la nobleza con el grado de “Delfín” en el Imperio de Portugal, Brasil y Algarbes, e indica que habría nacido en Río Grande hacia 1798. Otra, la hace porteña y le da como nombre María Delfina Menchaca.</p><p></p><p>El lugar que las mujeres tenían en las guerras independentistas y civiles estaba confinado al apoyo logístico: eran enfermeras, cocineras o cantineras. La Delfina rompió esta jerarquía. Vestía chaquetilla roja, montaba como un soldado, portaba armas y combatía como lancera dentro de la estructura militar de Ramírez. La llamaban “La Coronela”.</p><p>“Ella estuvo presente en los acontecimientos de 1820. Acompañó a Ramírez en el Tratado de Pilar. Estaba a la par de él, y que una mujer estuviera en ese momento cuando se hacían tratativas de paz o se pactaban acuerdos no era lo normal”, apuntó por su parte Ana Gandola, Licenciada y Profesora de Historia de nuestra ciudad, otra de las fuentes consultadas por este medio.</p><p>Lejos del rol pasivo de “amante abnegada”, La Delfina se ubica como una protagonista activa en su historia. Y aunque su caso representa la excepción y no la regla, no fue el único, ya que la historiografía moderna señala que existieron otras mujeres que empuñaron las armas dentro del bando federal y artiguista.</p><p>La tragedia de Río Seco y las dos muertes del Supremo</p><p>El experimento republicano se desmoronó por divisiones internas, la traición de Estanislao López y el asedio de las tropas porteñas y cordobesas. En una desesperada campaña hacia el norte, las fuerzas menguadas de Ramírez fueron acorraladas por una partida de hombres enviados por el gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos. El desenlace tuvo lugar el 10 de julio de 1821, cerca de Chañar Viejo y San Francisco del Río Seco (Córdoba). La historia documenta dos versiones bien diferenciadas sobre el instante fatal.</p><p>La primera, ampliamente difundida por la literatura y la tradición oral, sostiene que Ramírez y sus hombres ya habían evadido la emboscada enemiga. Al escuchar los gritos de La Delfina, quien había quedado rezagada y atrapada en la retaguardia, Ramírez giró su caballo y se internó en el fuego cruzado para rescatarla. Tras lograr que ella huyera, recibió un disparo, cayó de su caballo y fue lanceado.</p><p>La otra versión, registrada en apuntes tardíos de su oficial de confianza, Anacleto Medina, relata cómo, en plena persecución, Ramírez observó que al mando de la partida enemiga se encontraba un antiguo ayudante suyo que lo había traicionado. Ciego de ira, el caudillo dio la vuelta a su caballo, dispuesto a cobrarse la traición él mismo, pero fue abatido.</p><p>Cualquiera haya sido el motivo real por el cual volvió a la línea de fuego, el resultado fue fatal, y los medios atroces: su cabeza cortada fue enviada como trofeo a su examigo Estanislao López y exhibida públicamente en una pica en Santa Fe.</p><p>Mientras tanto, La Delfina protagonizaba un escape de leyenda. Rescatada en la balacera por Anacleto Medina, el pequeño grupo de sobrevivientes emprendió un durísimo derrotero burlando a sus captores y atravesando la región del Chaco hasta lograr retornar a Entre Ríos. Pero la provincia ya no era suya: la República había sido desmantelada.</p><p>“Utilizaron a su amor para poder someterlo porque no había otra manera. Ramírez era un hombre muy diestro y planificaba los combates, tenía una agudeza propia quizás de la experiencia, pero también de la viveza del criollo de la zona. Lo que mandaba a hacer era enseguida aceptado y seguido a ojo cerrado por todos sus gauchos”, comentó Gandola, e hizo mención a la odisea del regreso de La Delfina y sus compañeros: “Tuvieron que dar toda una vuelta muy grande por el Norte para perder a los grupos que los buscaban para matarlos. En el camino tuvieron privaciones de todo tipo hasta llegar al Río Paraná y poder adentrarse en la provincia”.</p><p>El final de ambas mujeres también fue triste, y las dos vivieron hasta sus últimos días en Concepción del Uruguay. Norberta fue la dueña del luto “legítimo”, vistió de negro y falleció soltera en 1880 a los 90 años; la tradición oral y diversos relatos históricos señalan que fue enterrada con el velo o vestido de novia que nunca pudo usar. La Delfina, en cambio, murió marginada mucho antes. En los archivos de la Parroquia de la Inmaculada Concepción, el vicario Agustín de los Santos inscribió su sepultura el 28 de junio de 1839. El documento dice solamente: “Sepulté con entierro rezado el cadáver de Ma. Delfina (...) portuguesa soltera”. Deja un espacio en blanco en su apellido.</p><p>Dos siglos después, la historia de Francisco Ramírez y La Delfina nos llega en esa delgada línea donde el rigor documental se funde con el mito popular. Aunque la épica del amor trágico y el enigma de la guerrera sigue cautivando nuestra imaginación, el verdadero peso de Ramírez reside en su moderna visión de Estado, y en cómo pagó con su vida el atrevimiento de pensar un territorio autónomo frente al centralismo porteño.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/BUGqqI8vQmdb_K-jFrkiKPHPGdA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/pancho_ramirez_la_delfina.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En una época en la que las provincias se desangraban en luchas internas, surgió un líder que impulsó un moderno proyecto político que daba autonomía a Entre Ríos. Pero su figura pasaría a la posteridad atada a la de una enigmática mujer que peleó a su lado y por quien dejó la vida: La Delfina.]]>
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                                <updated>2026-09-27T15:50:57+00:00</updated>
                <published>2026-09-26T23:11:45+00:00</published>
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            50 años del Puente Internacional: crónica de una inauguración manchada por la historia
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bX-Xnv_osa6_cW_POPBxDP_owAQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/puente_videla.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este 18 de septiembre se cumplieron 50 años de un acontecimiento histórico en Gualeguaychú: la inauguración del Puente Internacional General San Martín, que une a nuestra ciudad con Uruguay. Un hecho de obvia importancia, que si bien generó un natural entusiasmo en buena parte de la sociedad de aquel entonces, pasó a la historia opacado por la presencia de un personaje siniestro: Jorge Rafael Videla, quien por aquel entonces, en 1976, presidía la Junta Militar que meses antes había dado un golpe de Estado y puesto en marcha un plan sistemático de represión clandestina que incluyó la desaparición forzada de miles de personas, entre otros crímenes de lesa humanidad.El dictador estuvo presente en Gualeguaychú durante algunas horas de aquel sábado junto a su par uruguayo, el presidente de facto Aparicio Méndez. Se realizó una ceremonia oficial junto al flamante puente y un multitudinario acto en la Costanera. Además, los mandatarios junto a un selecto grupo de personas participaron de un almuerzo en el Club Recreo Argentino. Para recuperar información sobre aquel episodio y reconstruir la crónica de los hechos, Ahora ElDía indagó en los archivos periodísticos de la época: los diarios locales Noticias y El Argentino.Lo primero que llama la atención al hojear sus páginas es que, en línea con los grandes medios gráficos como La Nación o Clarín, los periódicos de la ciudad también se alineaban al discurso oficial de la Dictadura, por lo menos hasta esta fecha. Tal es así que, en los días previos al acontecimiento, los diarios daban cuenta con entusiasmo de los preparativos, y del cronograma de actos y celebraciones alusivas a la visita oficial de Videla y Méndez. Por otra parte, también abundan los artículos y comentarios que prevían el impacto positivo que tendría la nueva conexión para las comunidades de ambas orillas.</p><p>Tres días antes de la inauguración, el intendente designado por las autoridades militares, Isidoro Etchebarne, difundió a través de los medios una convocatoria abierta a la ciudadanía en la que confirmó que el siguiente sábado 18 de septiembre tendría lugar la inauguración y que los actos centrales se realizarían en la Avenida Costanera, frente a la Plaza Colón. “Horas más y el Cono Sur Entrerriano -especialmente nuestro departamento- expandirá su imagen fuera de sus fronteras provinciales y aún nacionales”, expresaba en su mensaje.</p><p>Simultáneamente, el Municipio decretaba aquel sábado como día no laborable: “Se dispone que el asueto sea absoluto, tanto en lo comercial como en lo industrial, permaneciendo abiertos solamente los negocios de restaurant, bares y otros de ese tipo”, informaban los diarios. En los días sucesivos, sus páginas detallaban cómo funcionarían los servicios públicos, como la limpieza de veredas y la recolección de residuos, que vieron afectados su funcionamiento habitual.</p><p>Se publicaban cables de noticias de la agencia Télam con información sobre la imponente obra y sobre la visita de los dos presidentes de facto. “El puente tiene una extensión total de 5.366 metros y fue construido con un costo de alrededor de los 24 millones de dólares, de los cuales Argentina aporta el 71,7 y Uruguay el 28,3 por ciento”, informaba Télam, junto a un desglose detallado de cada una de las características constructivas.</p><p>La agencia nacional de noticias también reseñó que los antecedentes de la obra se remontaban a 1960, cuando ambos gobiernos decidieron constituir la Comisión Técnica Mixta de los Puentes entre Argentina y Uruguay (Compau), “que luego de los estudios pertinentes estableció como lugares apropiados para la construcción de puentes las zonas de Puerto Unzué-Fray Bentos, Colón-Paysandú y la coronación de la Presa de Salto Grande como unión ferroviaria y carretera entre ambos países”.</p><p>“En 1967 fue suscripto el convenio entre ambos gobiernos para iniciar los estudios destinados a levantar el puente Gualeguaychú - Fray Bentos, para lo cual se logró un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo que se sumó a los aportes de ambos gobiernos y a un préstamo concedido por la Argentina a Uruguay. El proyecto fue finalizado en 1969 y el mismo año luego de una licitación de la obra se procedió a adjudicar los trabajos”, precisaba.Una celebración no exenta del clima de épocaLejos de ser ajena al Terrorismo de Estado impuesto por la dictadura, la comunidad de Gualeguaychú sufrió sus consecuencias desde el primer día. Basta recordar que 37 jóvenes de la ciudad fueron asesinados y/o secuestrados y desaparecidos por el aparato represivo; y que varias familias vivieron la pérdida de dos de sus hijos o hermanos por esta causa.</p><p>Tal es así que el contexto violento del 76, que buena parte de la población vivió con cierto temor y silencio bajo el mensaje del “no te metas”, también estaba presente en Gualeguaychú. En víspera de la inauguración del puente, por ejemplo, Noticias comentaba:&nbsp;“Se ha podido palpar, en la ciudad, en estos días, un sentimiento generalizado de una especie de temor hacia el significado de la fecha, en cuanto a medidas de seguridad se refiere. Se teme, al parecer, (en esencia) que las medidas de seguridad que obviamente deben adoptarse, ante la presencia conjunta de dos presidentes, desemboquen en un clima de intranquilidad, que pueda favorecer algún tipo de problemas. Es menester tratar de erradicar este sentimiento, y de buscar que la mayor cantidad de gualeguaychuenses posibles se ubique en torno al palco que recogerá a ambos primeros mandatarios, en pos de un acto público que dé lustre a la ciudad. Debe ponerse énfasis en señalar que las medidas de seguridad -que es elemental existan- no afectarán en medida dramática a quienes quieran presenciar los actos, ya que es de presumir el deseo de los gobernantes de verse rodeados de un clima popular fervoroso. La ocasión es propicia -nos comentaba recientemente un alto funcionario- para que los más altos funcionarios de la Nación reciban una óptima imagen de nuestra ciudad, que facilite posteriormente las gestiones que deban emprenderse a distintos niveles. Gualeguaychú ha sido tradicionalmente hospitalario, y es de desear que mañana -en una ocasión que probablemente no se repita jamás- acuda masivamente a acompañar con su presencia los actos que tengan lugar en la zona portuaria”.Por otra parte, testimonios de gualeguaychuenses recogidos por Ahora ElDía aseguran que la seguridad desplegada por la comitiva de Videla, inspeccionaba las bocacalles del circuito que iba a realizar el mandatario en busca de posibles explosivos. También que, en las semanas previas al acontecimiento, se notaba la presencia de personas ajenas a la ciudad realizando presumiblemente tareas de inteligencia.Otro dato llamativo, que apareció en la portada de Noticias, es que en la tarde del jueves 16 dos custodios presidenciales murieron en un violento choque en la ruta, a la altura de Perdices. Se trataba de los suboficiales de la Policía Federal Argentina Carlos Alberto Inglese y Guillermo Garrido. También resultaron heridos dos custodios más y el conductor del otro vehículo involucrado.El día de la inauguración</p><p>El diario Noticias cubrió con dos enviados especiales todas las ceremonias que tuvieron lugar en Gualeguaychú y junto al puente. Según describen sus páginas, Videla llegó en el avión presidencial T-02 al aeródromo local apenas pasadas las 10, desde donde se trasladó en helicóptero hasta la cabecera del puente. Allí fue recibido por el gobernador y otras autoridades. A las 10 en punto, había llegado el Obispo Diocesano local monseñor Pedro Boxler, quien al recibir a las autoridades procedió a bendecir las obras.</p><p>&nbsp;</p><p>“La inauguración del puente se concretó antes de mediodía bajo pleno sol en el límite internacional del mismo, en presencia de autoridades civiles y militares platenses. Videla y Méndez cortaron las cintas simbólicas y luego se confundieron en un abrazo. Mientras, ambas comitivas entre cuyos integrantes estaban el canciller de la Argentina y del Uruguay, estallaron en un cerrado aplauso. El acto fue captado por un centenar de fotógrafos y camarógrafos. Posteriormente los presidentes descubrieron una placa recordatoria instalada en un monolito ubicado justo sobre la línea de frontera, en la parte más elevada del puente”, relataba el diario.Y ampliaba: “Concluído el acto Videla invitó a su colega a pasar del lado argentino, trasladándose a la Subprefectura donde mantuvieron una entrevista, analizando temas de interés común para ambas naciones”.&nbsp;</p>Los dictadores argentino y uruguayo, Jorge Rafael Videla y Aparicio Méndez, en la inauguración del Puente Internacional General San Martín (18/09/1976). Foto publicada en el diario Noticias (restaurada con IA).<p>Alrededor de las 12, como estaba previsto, tuvo lugar el acto en inmediaciones de la Plaza Colón, en la Costanera de la ciudad, donde se había levantado un palco en el Videla y Méndez tomaron la palabra. Finalizado el acto, la comitiva presidencial se trasladó al Club Social Recreo Argentino, donde firmaron y leyeron una declaración conjunta en el Salón de Acuerdos. Luego tuvieron un almuerzo con invitados exclusivos en los salones del 1er piso. Allí también la Compau hizo entrega de unas plaquetas.</p><p>Finalizado el almuerzo, según luego relataría Noticias, “numeroso público se reunió frente al Club Recreo y posteriormente por calle 25 de Mayo para saludar a los mandatarios, especialmente -como es obvio- al argentino”. “El paso del coche que conducía al Teniente General Videla por nuestra arteria principal fue saludado por un grueso sector de espectadores, algunos de los cuales demostraban mucho entusiasmo”, describía.</p><p>Otra perspectiva de los hechos, 50 años despuésCon el retorno de la democracia, distintos juicios condenaron a Videla a prisión perpetua tras hallarlo culpable de múltiples crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura: homicidios, privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y robo de bebés. En este último caso, fue sentenciado como organizador y responsable de un plan sistemático para sustraer, retener y ocultar menores (hijos de desaparecidos), alterando y suplantando sus identidades.Es así que hoy, 50 años más tarde, la mirada sobre el fugaz paso del presidente de facto por nuestra ciudad, reviste la incomodidad propia de ver cómo su llegada fue celebrada y aplaudida, sin que muchos vieran (y otros decidieran no ver) lo que estaba viviendo y a punto de vivir nuestro país: una tragedia sin precedentes, comandada por figuras como Videla, que con total cinismo aseguraban traer la paz y ser paladines de la moral y los valores cristianos, mientras cometían los crímenes más atroces, que siguen siendo una herida abierta.</p><p>Conocer historias como esta, nos llama a reflexionar sobre nuestro pasado con la lupa del presente, ayudándonos a entender los procesos históricos que nos constituyen como sociedad con la profundidad que merecen.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bX-Xnv_osa6_cW_POPBxDP_owAQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/puente_videla.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El 18 de septiembre de 1976, los dictadores argentino y uruguayo, Jorge Rafael Videla y Aparicio Méndez cortaron las cintas del Puente Internacional General San Martín. A 50 años del hecho, Ahora ElDía reconstruyó a través de los diarios de la época cómo convivieron el entusiasmo ciudadano y el discurso oficial con el clima de terror de una de las épocas más oscuras de la historia argentina.]]>
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                                <updated>2026-09-19T23:17:56+00:00</updated>
                <published>2026-09-19T22:15:18+00:00</published>
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            Ser maestra: la profesión que dio autonomía económica y estatus a las mujeres
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jF-TEgThOj8-szvXUfJ2PcoBSCg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/maestras.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 11 de septiembre se celebra el Día del Maestro, una fecha destinada a honrar la labor de quienes dedican su vida a la enseñanza. La efeméride responde al fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, quien es considerado el padre de la educación argentina.</p><p>A pesar de que la fecha tiene su justificación en una figura masculina, son las mujeres quienes tuvieron y siguen teniendo mayor representación dentro de esta área, sobre todo en el nivel inicial, primario y secundario.</p><p>La periodista, ensayista y escritora argentina Beatriz Sarlo expuso, hace ya mucho tiempo, en su texto “Cabezas rapadas y cintas argentinas”, cómo la docencia funcionó históricamente en la Argentina como una poderosa zona de promesas, permitiendo a las mujeres un respetable camino de ascenso social, autonomía económica e integración cultural. Por eso, no es raro que al leer “Mujeres de Gualeguaychú”, una obra creada en 2010, la mayoría de las gualeguaychuenses destacadas sean maestras.</p><p>La docencia fue la plataforma desde la cual se habilitó a las mujeres a pensar su potencial por fuera del ámbito del hogar, y les permitió dejar una huella imborrable en la sociedad que perdura hasta la actualidad. Esta es una breve recopilación de algunas de sus hazañas e historias.</p><p>&nbsp;</p><p>La maestra del barrio norteFlorencia Marreins fue la primera directora y maestra de la que conocemos hoy como Escuela Nº8 Coronel Rosendo Fraga. Con sacrificio forjó esa institución que cambió para siempre la fisonomía del barrio norte de la ciudad llamado Franco.</p><p>Su principal preocupación era lograr que los estudiantes no abandonaran su educación, ya que, al provenir de familias pobres, muchos debían salir a trabajar para llevar sustento a sus hogares. A eso se sumaba la poca importancia que el núcleo familiar le daba a la escuela por tener, en parte, que privilegiar el plato de comida de todos los días.</p><p>De hecho, Florencia remitió incontables veces notas a las autoridades policiales en las que solicitaba su colaboración para hacer cumplir el artículo 33 sobre Educación Común.</p><p>Además de impartir clases, Marreins se dedicó a brindar un entorno agradable para sus estudiantes, que estaban habituados a condiciones precarias. Por eso, en 1920 solicitó árboles frutales “de preferencia duraznos, ciruelos y damascos” a la Escuela Rural Alberdi y a las autoridades de la Escuela de Villa Urquiza.</p><p>Como parte de su compromiso humano y educativo, también veló por las necesidades alimentarias de su alumnado, y dirigió una nota al intendente solicitando la donación semanal de “galleta suiza”. Este pedido se repitió en sucesivas oportunidades a lo largo de los años que estuvo al frente de la escuela.</p><p>&nbsp;</p><p>La pionera de la Educación EspecialMercedes Adriana Aguilar Vidart fue la primera maestra de Educación Especial que tuvo Gualeguaychú y fundadora de la Escuela Rizzuto. Según consta en registros históricos, “desde muy temprana edad disfrutaba ayudando a pequeños con dificultades escolares”, y cuando creció incorporó esto a su vida adulta. Cursó sus estudios en la Escuela Normal, donde se recibió de maestra, y luego continuó sus estudios en La Plata. Allí recibió el título de maestra diferenciada.</p><p>Su rol fue muy disruptivo para la época, debido a que tener un hijo con discapacidad era mal visto, a tal punto que se los solía ocultar. Sin embargo, Mercedes hizo todos los esfuerzos posibles por escolarizar a estos chicos, a los que empezó a educar en su propia casa: en el patio cuando el clima era cálido, y en su comedor cuando hacía frío.</p><p>Su tenacidad y su visión la llevaron a fundar la Escuela Rizzuto. Pero no se conformó con eso, sino que en 1965 reunió a un grupo de personas influyentes de la ciudad, y al cabo de un año, concretó la apertura del actual ISPED con dos carreras, una de ellas, Educación Especial. Este instituto fue el primero en su tipo en la provincia, y funcionó como modelo, no sólo en nuestro país, sino también en América Latina.</p><p>&nbsp;</p><p>De las escuelas rurales al INTA&nbsp;Nelly Amelia Badano Piaggio fue docente en Islas del Ibicuy y otras zonas rurales, este contacto con el campo fue lo que generó su ingreso en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Allí, se desempeñó como extensionista de Clubes Rurales en Entre Ríos, que tenía como objetivo mejorar las condiciones de vida de las familias en el campo. Su radio de actividad abarcó Gualeguaychú, Urdinarrain y Concepción del Uruguay.</p><p>Como mujer, tuvo una mirada especial sobre las condiciones de vida de las mujeres en el campo, por lo que bregó para que estas lograran crecimiento personal y alcanzaran un mayor bienestar. Con esos objetivos, implementó programas de salud, educación y capacitación laboral.</p><p>En el INTA, gracias a su gran labor, desarrolló una destacada trayectoria profesional hasta alcanzar el cargo de Secretaria Nacional.</p><p>&nbsp;</p><p>Por amor a los más pequeñosA Rita Latallada se la conoce como “la fundadora de los Jardines de Infantes en Argentina”. De 1888 a 1893 ejerció el magisterio en el nivel preescolar y fue reconocida por el mismísimo Sarmiento.</p><p>A los 20 años, fundó la Escuela Superior de Niños de Paraná. También creó la Escuela Normal de Maestros de Santa Fe, de la que fue regente y directora, y la Escuela Normal Regional de Catamarca.</p><p>De 1931 a 1932 se desempeñó como vocal del Concejo Escolar Nº 16, en Capital Federal, y en 1935 fundó la Asociación Pro-Difusión del Kindergarten. Desde 1937 gestionó ante el Gobierno Nacional la creación de Jardines de Infante en el país. Así dio nacimiento al Jardín del Instituto Bernasconi, el de la Escuela Normal Sarmiento, y el de la Escuela Normal de Gualeguaychú (1939), entre otros.</p><p>Sus trabajos pedagógicos y su informe sobre los jardines, le valieron el diploma de Vicepresidente Honoraria del Congreso Pedagógico de Chicago.</p><p>&nbsp;</p><p>Impulsora del primer jardín privado de la ciudadAngelina Lapalma nació en Costa Uruguay y cuando su mamá enviudó, toda la familia se mudó a Gualeguaychú. En la Escuela Normal egresó como parte de una de las primeras promociones de maestras. Ya recibida, cargó sobre sus hombros a la familia, tomó un tren y se fue a vivir y a trabajar a Diamante, donde conoció al amor de su vida, un militar dispuesto a casarse con ella, propuesta que rechazó para no desamparar económicamente a su familia.</p><p>De regreso a Gualeguaychú, comenzó a trabajar en la Escuela Rocamora, donde se jubiló. Al mismo tiempo, para ayudarse económicamente, daba clases particulares.</p><p>Una vez jubilada, creó el primer Jardín de Infantes privado de la ciudad, por el cual pasaron varias generaciones de niños.</p><p>También se desempeñó como trabajadora de la Asociación de Magisterio de Entre Ríos y de la Federación del Magisterio de Entre Ríos; y ocupó un lugar como funcionaria en la Municipalidad.</p><p>En la Biblioteca Sarmiento, de la cual fue presidenta, impulsó la Biblioteca Infantil para despertar en los niños el gusto por la lectura.</p><p>&nbsp;</p><p>La primera Profesora de Enseñanza GeneralLuisa Bugnone nació en el seno de una familia de intelectuales. Se formó como docente y fue la primera gualeguaychuense en recibirse como Profesora de Enseñanza General.</p><p>Ejerció como directora de la Escuela Rawson en la sección de niñas, cargo que ejerció hasta 1895. Tiempo después fue nombrada directora en la sección de varones, pero como se la reemplazó por alguien que carecía de título habilitante, consideró el hecho como injusticia y renunció.</p><p>Fundó con Camila Nievas la escuela gratuita de niñas, cuyo nombre fue José María Torres. Este establecimiento funcionaba en un local para renta de la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza, contiguo a la sede. Allí nació, entre ambas educadoras, la idea de crear una institución para que la mujer se cultivara y tuviera vida propia; entidad que nació con el nombre de Sociedad por la Patria y el Hogar, el 19 de junio de 1898. Luisa fue la primera presidenta de la Comisión Directiva del Instituto Magnasco.</p><p>De las aulas locales al impacto socialEl proceso de formación docente en nuestro país comienza a mediados del siglo XIX, consolidándose entre sus últimas décadas y las primeras del siglo XX. Cuando comenzaron las clases, el 7 de marzo de 1910, la formación docente en Gualeguaychú tenía 29 estudiantes en primer año de magisterio. Aunque la institución había sido pensada originalmente para varones, las mujeres fueron mayoría entre los inscriptos. La primera alumna registrada fue María Francisca Frávega, mientras que en 1913 egresó la primera promoción de maestras, integrada por 15 mujeres: Magdalena Audiffred, Amalia Barbosa, América Barbosa, Amalia Bellone, Atlántida Borzone, María Frávega, María Fuentes, Alba Hermelo, Emilia Muñoz, Julia Puccio, María L. Queirolo, Carlota Rivas, Magdalena Zamacoits, Elvira Secchi y Luisa Venturino.</p><p>Su llegada a las aulas se produjo en un momento en que el acceso de las mujeres a la educación y al trabajo profesional todavía generaba fuertes debates. Si bien la docencia comenzaba a consolidarse como un espacio laboral para ellas, no ocurría lo mismo con los cargos de conducción. Incluso Leopoldo Lugones cuestionaba que las mujeres fueran directoras o inspectoras, aunque consideraba que sus cualidades afectivas y su cercanía con la infancia las hacían especialmente aptas para enseñar. De este modo, se instaló una división entre una profesión considerada apropiada para las mujeres y los espacios de autoridad que continuaban siendo mayoritariamente masculinos.</p><p>A esto se sumaban condiciones laborales restrictivas: durante las primeras décadas no existían garantías de estabilidad laboral ni salarial y las docentes estaban sometidas a normas que incluso podían limitar su derecho a casarse. Mientras cada vez más mujeres se incorporaban a la enseñanza, también crecían las discusiones sobre su posibilidad de ocupar cargos directivos, de inspección y otros espacios de decisión. Las primeras maestras formadas en Gualeguaychú fueron, así, parte de un proceso más amplio que transformó el lugar de las mujeres en la educación y abrió un camino que durante años tuvieron que seguir ampliando.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jF-TEgThOj8-szvXUfJ2PcoBSCg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/maestras.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Aunque el Día del Maestro conmemora a una figura masculina, las mujeres han sido y son las verdaderas protagonistas del sistema educativo. La docencia funcionó como una plataforma clave —si no la única— de ascenso social, independencia financiera e integración cultural para las mujeres. Muchas gualeguaychuenses optaron por este camino e hicieron historia.]]>
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                                <updated>2026-09-12T23:21:00+00:00</updated>
                <published>2026-09-12T23:11:42+00:00</published>
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            Fascismo y otros extremismos: cuando el odio también llegó a nuestras comunidades
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DI4Asc7cIYBb63YFvRRr-wAr8OU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/fascismo_entre_rios.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El pasado 2 de septiembre se cumplieron 81 años del fin oficial de la Segunda Guerra Mundial, cuando Japón firmó el acta de rendición incondicional a bordo del acorazado USS Missouri en la bahía de Tokio. Meses antes, el 8 y 9 de mayo, había caído la Alemania nazi, marcando el cese de las hostilidades en Europa y el punto final a un período de terror.</p><p>Desde entonces, lo que es considerado como el mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad se instaló como una temática recurrente en las producciones culturales y en la memoria colectiva de Occidente. Al día de hoy, sus acontecimientos y la imagen del nazismo como la de aquel gran enemigo al que hubo que enfrentar sigue despertando el interés de las personas, al tiempo que los horrores del Holocausto no dejan de suscitar la pregunta de cómo fue posible tanto odio y deshumanización.</p><p>Asimismo, el estudio y los nuevos hallazgos sobre la sombra del Tercer Reich fuera de Alemania a menudo ocupan un lugar significativo en los medios de comunicación. El año pasado, por ejemplo, trascendió la noticia de que funcionarios de la Corte Suprema de Justicia Argentina encontraron una serie de cajas con documentación vinculada al nazismo. Parte del material buscaba consolidar y expandir las ideas de Adolf Hitler en el país.</p><p>Aunque nuestra nación se mantuvo neutral hasta que la Segunda Guerra estuvo virtualmente terminada, una parte no insignificante de la sociedad argentina simpatizaba -en mayor o menor medida- con la ideología del fascismo italiano y del nazismo alemán, que prometían el retorno a un pasado glorioso y encontraban en un chivo expiatorio la culpa de todos sus males.</p><p>Desde sus orígenes en la década de 1920, y durante su apogeo en los años 30, estos discursos habían llegado a una porción de los inmigrantes europeos venidos a la Argentina y a sus hijos. Por otra parte, ciertos elementos de los fascismos europeos también se alineaban con ideas preexistentes en las elites nacionalistas de extrema derecha, como el antisemitismo, el anticomunismo y el rechazo hacia el sistema democrático.</p><p>En la década del 30, Argentina dio lugar a numerosas expresiones de adhesión al régimen Nazi, que había llegado al poder en Alemania en 1933 y desplegaba un inmenso aparato de propaganda. El ejemplo más contundente tuvo lugar en el Luna Park en 1938, cuando cerca de 20.000 personas celebraron la anexión de Austria al territorio alemán en el que es considerado como el acto nazi más grande que haya tenido lugar fuera de Alemania. Las cruces esvásticas se multiplicaban donde sea que hubiese comunidades alemanas importantes, por lo que Argentina en general, y Entre Ríos en particular, no fue inmune a esta influencia.</p><p>En nuestra provincia, la localidad de General Galarza fue uno de los mayores receptáculos del nazismo en la región, y uno de los primeros lugares del país donde se efectuaría un acto de neto corte nazi. Allí, el 19 de septiembre de 1936, se inauguró el edificio de la Unión Germánica, un centro social que nucleaba a una porción importante de la población que tenía origen alemán y que funcionó como escuela. Las crónicas periodísticas de la época dan cuenta de la enorme cantidad de banderas con esvásticas que hubo en el lugar y de los discursos racistas enfervorizados que señalaban a los judíos con los más crudos adjetivos y enaltecían la supuesta superioridad alemana. Así lo describen los investigadores uruguayenses Celomar Argachá y Orlando Busiello en su libro “Nazismo y otros extremismos en Entre Ríos”.</p><p>En los meses siguientes, la actividad del grupo germánico de Galarza no cesó. Incluso llegaron a pintar cruces esvásticas en las casas de vecinos judíos, lo que provocó la intervención de la Justicia y la condena a prisión de tres personas. Las expresiones de ideología nazi fueron creciendo y se hicieron más visibles: niños realizando el saludo nazi en actos escolares, publicaciones germanófilas, y actos públicos cada vez más osados.</p>El edificio de General Galarza<p>En ciudades como Concordia, Crespo, La Paz y Paraná también se registraron hechos similares. En Concordia, por ejemplo, un grupo de jóvenes desfiló en un acto del 9 de Julio al estilo militar nazi, conocido como “paso de ganso”, provocando indignación. En La Paz, otro grupo intentó marchar vestido con camisas pardas tras un acto oficial, aunque fue frenado por la Policía. Crespo, una ciudad con fuerte presencia alemana, albergaba instituciones que difundían propaganda nazi, como gimnasios, sociedades culturales y publicaciones deportivas; allí, según los periódicos de la época, “en las paredes de las aulas se ven con profusión los retratos de Hitler y la cruz esvástica”.</p><p>Mientras tanto, las comunidades judías entrerrianas intentaron organizarse para contrarrestar la influencia del nazismo. En 1936 comenzaron a movilizarse, y ese mismo año la escritora judía estadounidense Gina Medem brindó una conferencia en el Centro Social Israelita de Concepción del Uruguay advirtiendo sobre el avance del Tercer Reich. En 1938, se planificó un congreso provincial de organizaciones judías con sede en Basavilbaso, buscando destacar su contribución al desarrollo regional y responder al creciente antisemitismo.</p><p>“Sabemos de acciones represivas por parte de células nazis en las localidades de Basavilbaso, Villa Domínguez y Concepción del Uruguay hacia personas e instituciones de la colectividad judía. De hecho, algunas familias con ese origen se trasladaron a Gualeguaychú escapando de aquellos conflictos y reorganizaron sus vidas en nuestra ciudad”, contó a Ahora ElDía el historiador local Marcos Henchoz, quien indicó que “las acciones antisemitas se expresaron de diferentes maneras: desde la suspensión o expulsión de socios en clubes deportivos y sociales por su origen judío, hasta cambios en la denominación de espacios públicos relacionados con personalidades judías o simbologías de su religión”.</p><p>En cuanto al nivel de adhesión que tuvo el nazismo específicamente en el sur entrerriano, Henchoz señaló que hubo dirigentes de organizaciones nazis en Islas del Ibicuy, General Ramírez y Urdinarrain, y que si bien existieron personas afiliadas al Partido Nacionalsocialista Nazi Argentino en algunas localidades de la zona, “no hay registro de participación activa en tanto creación de células o subsedes partidarias”. De todas formas, recordó que “Argentina tuvo la mayor cantidad de afiliados al Partido Nazi en el mundo después de Alemania”, y acotó que “los aportes eran a través de militancia activa y contribuciones dinerarias”.</p><p>“Según los registros oficiales, hubo personas afiliadas residentes en Gualeguaychú, Villa Paranacito, Aldea Santa Celia y Urdinarrain. Es probable que haya habido más simpatizantes, aunque no necesariamente afiliados a algunas de las agrupaciones nazis”, precisó el historiador.</p><p>En este punto, explicó que “hay que entender la época y los tiempos de desarrollo de la guerra”, dado que “no es lo mismo el pensamiento y la adhesión de un sector de la población hacia el nacionalsocialismo antes de la guerra que durante ella y lo que se vivió en el transcurso del conflicto”. “Lo mismo ocurrió con otros movimientos, como el fascismo. El inicio de la Segunda Guerra Mundial produjo muchos cambios en las posiciones políticas, entre ellas, adhesiones anteriores que luego fueron rechazadas a raíz de las posturas de segregación racial o cultural”, aclaró.&nbsp;</p><p>Frente a este panorama que se vivía por aquel entonces en Entre Ríos, el gobierno provincial, bajo la conducción del radical Enrique Mihura, comenzó a tomar medidas. Se prohibieron actos nazifascistas, se cerraron escuelas financiadas por entidades extranjeras y se impulsaron acciones cívicas para rechazar estas ideologías. Un importante acto de repudio se realizó en el Teatro 3 de Febrero de Paraná en julio de 1941, organizado por la Unión Cívica Radical. De todos modos, cabe recordar que al igual que sucedía en el plano global, una de las principales resistencias al nazi-fascismo en la región la llevaron adelante los socialistas y comunistas.</p><p>A medida que avanzaba la Segunda Guerra Mundial, la cobertura periodística se enfocó en los acontecimientos bélicos, y la actividad de los grupos fascistas en la región empezó a disminuir. Sin embargo, una parte de la influencia ideológica persistió durante varios años más, incluso después de terminado el conflicto. De esta manera, aún queda mucho por indagar y dar a conocer sobre el lugar que tuvieron en nuestras comunidades las ideologías radicalizadas que tanto dolor causaron a este y al otro lado del mundo.</p><p>¿A qué llamamos fascismo?</p><p>En su ensayo, “La construcción del enano fascista, los usos del odio como estrategia política en Argentina”, el sociólogo e investigador argentino Daniel Feierstein explica que no hay un consenso académico para definir al fascismo y propone tres formas de entenderlo: como ideología, como régimen de gobierno y como práctica social.</p><p>En tanto ideología, el fascismo buscaría que la representación esté monopolizada por un partido único de masas, se caracterizaría por proyectos mesiánicos, con el culto personalista de un jefe, la verticalización autoritaria de la sociedad, y un aparato de propaganda centralizado que restringe o elimina medios opositores; también por la exaltación de la comunidad nacional y la estigmatización de quienes no pertenecerían a ella, sumado a un desprecio del individualismo liberal y un violento anticomunismo. También estaría presente la idea de un origen mítico de la identidad nacional y la búsqueda de una expansión imperialista.</p><p>Como sistema de gobierno, sería de carácter corporativo, antidemocrático, y buscaría articular a empresarios, sindicalistas afines al régimen o creados desde el aparato estatal, militares y a la Iglesia; un régimen tendiente, a su vez, a un dirigismo estatal de la economía.</p><p>Y entendido como conjunto de prácticas sociales, el fascismo implica la posibilidad de movilizar activamente a grandes colectivos y hacerlos partícipes en la estigmatización, hostigamiento y persecución de grupos de la población por su identidad nacional, étnica, socioeconómica, política, religiosa, de género, etc. Una forma de exacerbar y proyectar los odios de los sectores medios y excluidos de la población en contra de grupos minoritarios, como estrategia de los sectores concentrados del capital para destruir la organización popular.</p><p>Expresiones fascistas en Entre Ríos</p><p>Este viernes tuvo lugar en la Casa De Deken la Jornada de Historia de Entre Ríos “Aspectos de la sociedad, economía y política de los siglos XIX y XX”, un ciclo de exposiciones abierto al público en el que investigadores, docentes y becarios del Conicet, INES y UNER recorrieron distintos procesos de la historia entrerriana de los últimos dos siglos. Una de ellas estuvo a cargo del profesor Henchoz, quien abordó precisamente la cuestión del fascismo en Entre Ríos durante el período de 1930 a 1945 bajo el interrogante ¿mito o realidad?</p><p>Desde el comienzo de su disertación, el historiador señaló que efectivamente se trata de una realidad, ya que hubo expresiones aisladas de fascismo en Entre Ríos que “se adecuan a definiciones más laxas del término como tal”, un concepto que de por sí reviste muchas interpretaciones. Y es que Henchoz puso el foco en el problema que supone trasladar definiciones “importadas” o “encasilladas” para estudiar las experiencias particulares que tuvieron lugar en nuestra sociedad. Es decir, tratar de hacer encajar la noción de los fascismos europeos, tal y como se expresaron en España o Italia, por ejemplo, con los discursos de odio y acciones violentas por parte de civiles que tuvieron lugar en Argentina.</p><p>En ese sentido, explicó que, por un lado, existieron estas adhesiones y manifestaciones propiamente fascistas en la provincia, que fueron minoritarias ya que “no tuvieron representación política que pudiera marcar tendencia y disputar el poder”; y por otro, indicó que aunque no se ajustan del todo al término “fascista”, durante la década del 20 y del 30 hubo grupos de choque o parapoliciales, como la Liga Patriótica Argentina, que presentaron similitudes -y también diferencias- con elementos característicos de las ideologías fascistas.</p><p>La Liga Patriótica fue un movimiento de extrema derecha nacido al interior de la oligarquía porteña como respuesta a la conflictividad social de las protestas obreras de las primeras décadas del siglo XX. Los historiadores suelen definir a la Liga Patriótica como nacionalista, anti-izquierdista, antisemita, racista, antisindical y, a diferencia de los fascismos clásicos, era liberal en materia económica. Fundada en enero de 1919, actuó como grupo de choque en huelgas de todo el país, destacándose por sus actos de violencia criminal durante la Semana Trágica de Buenos Aires (1919) y los hechos represivos de la Patagonia Rebelde (1922). En Gualeguaychú también surgió en 1919, aunque dejó su huella sangrienta el 1 de mayo de 1921, en un violento enfrentamiento que tuvo por saldo cinco obreros muertos y más de treinta heridos.</p><p>Otra agrupación que estuvo presente en Entre Ríos, aunque se desconoce si también en Gualeguaychú, fue la Legión Cívica: un grupo paramilitar creado en 1930 por el General José Félix Uriburu, quien ese mismo año encabezó un golpe de Estado. Fue reconocida como entidad política en 1931, siendo la única autorizada a funcionar durante el gobierno de facto. Los miembros del movimiento fueron autorizados a recibir entrenamiento militar. Uriburu los bautizó como los “Camisas negras argentinos”, siguiendo la base de las milicias de combate voluntarias de Benito Mussolini. Se sabe que el movimiento cometió actos de violencia contra sus opositores políticos y torturó a los capturados.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DI4Asc7cIYBb63YFvRRr-wAr8OU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/fascismo_entre_rios.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En la década de 1930, distintas expresiones de adhesión al nazismo y a ideologías fascistas tuvieron lugar en la provincia: desde la intensa actividad nazi en Galarza y Crespo ‒con saludos, banderas y retratos de Hitler en las escuelas‒, hasta la persecución a los judíos de Basavilbaso y alrededores.]]>
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            Los alemanes del Volga: una colectividad que mantiene viva su identidad en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SYM3Gy5muSuOpIEqQpaogIMETEM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/alemanes_deportados.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>De todos los grupos migrantes que históricamente contribuyeron a conformar la sociedad gualeguaychuense como la conocemos, los alemanes del Volga constituyen un caso distintivo. Una identidad étnica y lingüística que supo construirse y fortalecerse en la adversidad y encontró en nuestras tierras un lugar donde prosperar, integrándose y adaptándose a la idiosincrasia local sin perder sus costumbres, valores y fuerte sentido de pertenencia.</p><p>El viaje de este pueblo tiene su punto de partida en 1763, cuando alemanes étnicos del suroeste y centro germano (en particular las actuales regiones de Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg y Baviera) aceptaron la invitación de la emperatriz Catalina II de Rusia para instalarse en las tierras del bajo río Volga. La inmigración alemana a esta zona se mantuvo constante durante casi un siglo. Allí establecieron colonias, tanto católicas como protestantes y se dedicaron fundamentalmente a la agricultura, aunque entre ellos había profesionales y artesanos.</p>Catalina II de Rusia, llamada Catalina la Grande (1729 - 1796)<p>Catalina la Grande les prometía que allí podrían practicar libremente su religión, estar exentos del servicio militar, mantener su idioma natal, tener organización escolar propia y administrar sus colonias y aldeas por estatutos propios. Sin embargo, si bien eso les fue respetado, al llegar a Rusia la mayoría se vio obligada a confinarse por completo a las actividades rurales. Al mismo tiempo, debieron jurar fidelidad a su majestad imperial y les impusieron estrictas restricciones si querían dejar el territorio. En ese contexto, se aferraron a una fuerte cultura del trabajo con la esperanza de que las próximas generaciones pudieran tener una mejor vida.</p><p>Con el tiempo, muchos alemanes se convirtieron en importantes terratenientes en la zona del Volga y su población se multiplicó notablemente, dando lugar a innumerables aldeas y ciudades. Los colonos y sus descendientes conservaron el idioma y las tradiciones alemanas: no se daban casamientos mixtos entre rusos y alemanes.&nbsp;Sin embargo, a partir de 1874, el zar Alejandro II anuló los privilegios concedidos originalmente por Catalina con medidas que buscaban la rusificación cultural, a fin de modernizar y unificar el imperio: el servicio militar empezó a ser obligatorio, el idioma ruso se convirtió en la lengua oficial para los documentos públicos, tribunales y las escuelas locales, y las comunidades del Volga comenzaron a perder su autonomía. Estos factores, sumado al fomento de la inmigración por parte del Gobierno argentino, que les ofrecía tierras fértiles en provincias como Entre Ríos, Buenos Aires, La Pampa y Santa Fe, llevó a que grandes contingentes de alemanes comenzaran a llegar desde entonces, fundando en 1878 su primera colonia en nuestro país. Otros también optaron por destinos como Canadá, Estados Unidos, Brasil e incluso Paraguay.Pero no todos migraron, un gran porcentaje de los alemanes volguenses permaneció en Rusia y continuó siendo un motor agrícola clave en esa región. Con el paso del tiempo y los avatares políticos, las condiciones se volvieron cada vez más hostiles para los alemanes. El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, por ejemplo, llevó a que la minoría germana comenzara a ser vista con abierta desconfianza por el Estado imperial ruso. Se prohibió la prensa en alemán, se restringió el uso del idioma y se proyectaron expropiaciones de tierras.Tras la Revolución Bolchevique de 1917, la Guerra Civil Soviética devastó la zona, y las requisas forzadas de grano provocaron hambrunas que diezmaron a la población del Volga.Posteriormente, con el objetivo de proyectar una imagen de tolerancia étnica hacia el exterior y reorganizar el Estado, el gobierno de la URSS creó en 1924 la República Socialista Soviética Autónoma de los Alemanes del Volga. Allí, entre 1928 y 1940 los agricultores prósperos (kulaks) sufrieron la colectivización forzosa de Stalin, que confiscó todas sus propiedades y granjas. Entre 1937 y 1938, tuvo lugar la Gran Purga Stalinista,</p><p>donde la policía secreta soviética ejecutó operaciones masivas dirigidas contra minorías étnicas consideradas «sospechosas». Se ordenó la detención sistemática de docentes, religiosos, autoridades locales y campesinos prósperos en el Volga. Miles fueron acusados falsamente de espionaje para el Tercer Reich, arrestados y enviados a campos de trabajo en Siberia.Finalmente, el 28 de agosto de 1941, se decretó que todos los alemanes del Volga fueran desterrados sin excepción, incluyendo a todo habitante de la URSS que fuese de ascendencia alemana, y deportados a campos de concentración (gulags). Se los acusaba colectivamente de actuar como "quinta columna", espías y saboteadores a favor de Adolf Hitler.</p><p>En cuestión de días, cercaron los pueblos, disolvieron la República Autónoma y confiscaron todas las propiedades, viviendas y ganado. Alrededor de 500.000 alemanes del Volga fueron subidos a vagones de carga para ganado y deportados hacia las estepas de Kazajistán y las regiones desoladas de Siberia. Decenas de miles murieron durante el trayecto debido a la falta de alimento, agua y atención médica.</p><p>Al llegar a sus destinos de deportación, la población civil fue reclutada forzosamente en la Trudarmee (Ejército de Trabajo). Hombres y mujeres de entre 16 y 55 años fueron separados de sus hijos e internados en campos de trabajo forzado. Se los destinó a la tala de bosques, minería, construcción de ferrocarriles y fábricas pesadas en condiciones extremas. Las elevadas tasas de mortalidad por inanición, congelamiento y agotamiento diezmaron a las familias.</p><p>Este viernes se cumplieron 85 años de aquel decreto que selló la suerte de los alemanes que se habían quedado en el Volga, mientras sus parientes y compatriotas construían una nueva vida en nuestro país. En el marco de este aniversario, la Asociación de Descendientes de Alemanes del Volga de Gualeguaychú realizó un acto conmemorativo en su sede, del que participaron unas cuarenta personas. Hubo palabras alusivas, ofrendas florales, una invocación religiosa compartida por el Pastor Joel Nagel, de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, y Mons. Héctor Luis Zordán, Obispo de Gualeguaychú.</p><p>El Prof. Dr. René Krüger dio una conferencia que reunió una importante documentación histórica y fotográfica sobre la persecución y las durísimas condiciones a las que fueron sometidos los alemanes en los campos de trabajo soviéticos. Al finalizar la exposición, algunas de las personas presentes compartieron relatos transmitidos por sus propios antepasados inmigrantes del Volga.</p><p>A raíz de este acontecimiento, Ahora ElDía conversó con Leandro Hildt, presidente de la Asociación, quien compartió sus investigaciones sobre la llegada de los primeros alemanes del Volga a Gualeguaychú. Tras fundar casi una treintena de aldeas y colonias en nuestra provincia entre 1878 y 1904, los descendientes de los alemanes del Volga comenzaron gradualmente a trasladarse a pueblos y ciudades como la nuestra debido a una serie de factores.Según explicó Hildt, el crecimiento demográfico y la fragmentación de las tierras por herencias redujeron el tamaño y la rentabilidad de las explotaciones, mientras que la escasez de nuevas tierras limitó las posibilidades de las nuevas generaciones de permanecer en el campo. “La mecanización o las nuevas tecnologías agrícolas disminuyó la necesidad de mano de obra en las actividades rurales familiares. Paralelamente, en las ciudades más grandes, la diversificación de oportunidades de trabajo permitió que muchos descendientes encontraran empleo en el comercio, la industria, los servicios y las profesiones urbanas. El creciente atractivo de los centros urbanos, con mejores posibilidades laborales, educativas y sanitarias, reforzó la decisión de abandonar las colonias”.&nbsp;</p>La presencia de los alemanes del Volga en Aldea San Antonio (foto restaurada con IA)<p>El proceso se sostuvo durante décadas. Muchos jóvenes, después del servicio militar, no regresaban al campo, mientras que numerosas mujeres se trasladaban para trabajar en el servicio doméstico y terminaban estableciéndose en las ciudades. También los arrendatarios enfrentaban dificultades por los altos costos, la incertidumbre de los contratos, las malas cosechas y el endeudamiento, lo que llevó a muchos de sus hijos a buscar empleos más estables en pueblos y ciudades.</p><p>Según Hildt, desde la década de 1940, esta migración comenzó a reflejarse en Gualeguaychú. Numerosos descendientes de alemanes del Volga se radicaron en la ciudad y desarrollaron actividades comerciales, industriales, artesanales y de servicios. Durante las décadas de 1940 y 1950 llegaron algunas de las primeras familias y personas de esta colectividad, cuya presencia continuó creciendo con el paso de los años y pasó a formar parte del patrimonio cultural gualeguaychuense.</p><p>Entre ellas se encontraban familias y personas vinculadas a distintos oficios y actividades, como hotelería, fabricación de productos lácteos, almacenes, ladrillería, semillerías, transporte, zapatería y hospedaje, además de integrantes de la Asociación Cultural y Social Germano-Argentina. Apellidos como Alt, Weigandt, Bauer, Preisz, Heidenreich, Hermann, Hildt, Huck, Riffel, Michel, Heine, Sack, Kindsvater, Ross, Spomer, Fritzler, Schlundt, Müller, Sittner o Vogel.</p><p>Paralelamente, Gualeguaychú contaba con vecinos de origen alemán provenientes de otras regiones y procesos migratorios. Aunque su trayectoria era diferente a la de los alemanes del Volga, también estaban integrados a la vida económica, social y cultural de la ciudad y mantuvieron vínculos de amistad, trabajo y colaboración con esta comunidad. Entre ellos se mencionan Fandrich, Feldkamp, Fischer, Kunath, Luginger, Muhlbauer, Sommer, Trösken, Weigandt, Weinhold y Wodske.La historia de los alemanes del Volga es la historia de un pueblo que, a lo largo de casi tres siglos, debió adaptarse a distintos territorios y atravesar profundas transformaciones políticas, sociales y económicas. A 85 años de uno de los episodios más trágicos de la historia de esta comunidad, recuperar su recorrido no implica solamente recordar el sufrimiento de quienes fueron perseguidos y deportados. También permite comprender cómo, pese al desarraigo y a las dificultades, quienes vinieron a nuestras tierras pudieron construir un presente y futuro mejor, integrándose y enriqueciendo la vida social y económica de Gualeguaychú, sin olvidar nunca su identidad.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SYM3Gy5muSuOpIEqQpaogIMETEM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/alemanes_deportados.webp" class="type:primaryImage" /></figure>A 85 años de la deportación de los alemanes del Volga de la Unión Soviética, nos sumergimos en el largo recorrido de migraciones, persecuciones, adaptación y resiliencia de esta comunidad. Hoy, sus descendientes recuerdan a quienes llegaron en busca de un futuro mejor, pero también a aquellos que sufrieron los avatares de una Europa convulsionada.]]>
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                                <updated>2026-08-30T20:28:18+00:00</updated>
                <published>2026-08-29T21:17:43+00:00</published>
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            El movimiento como aliado para combatir el sedentarismo y lograr una vejez saludable
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EtjQ8LrXYVKudl0z04e942pLAPc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/vejez_y_salud_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace un tiempo, empecé a notar en mi familia, sobre todo las mujeres de más de 50 años, que consumían vídeos de redes sociales en los que se habla sobre la importancia de los hábitos para construir una vejez autónoma y con menos problemas de salud.</p><p>El incremento en la esperanza de vida media de las últimas décadas generó un interés renovado por mejorar su calidad y distintos especialistas sugieren que el cambio de perspectiva respecto al ejercicio físico puede cumplir un rol fundamental.</p><p>Son cada vez más los médicos que difunden la importancia de moverse y hacer ejercicios de fuerza para que, al llegar a una edad avanzada, se pueda seguir cargando las compras del supermercado, subiendo escaleras, alzando a los nietos y levantarse de la cama, entre muchas otras actividades.</p><p>La evidencia científica respalda el valor capital del ejercicio en las estrategias preventivas. Muchos de los estudios que siguen esta línea se basan en la teoría de la salutogénesis, elaborada por el sociólogo y médico Aaron Antonovsky a finales de la década del ‘70.</p><p>Este modelo propone un cambio de perspectiva respecto de la forma tradicional de entender la salud. En lugar de preguntarse por qué enfermamos (enfoque patogénico), plantea una pregunta diferente: ¿Qué genera salud, a nivel individual y comunitario?</p><p>Bajo esta premisa, los investigadores Monica Eriksson y Bengt Lindström hicieron énfasis en la existencia de entornos salutogénicos, dentro de los cuales los gimnasios, por ejemplo, se convierten en lugares clave como generadores de salud. Con los profesionales, la información y los recursos adecuados, los espacios donde se realiza actividad física dejan de estar reducidos a la dimensión estética y se convierten en agentes sanitarios activos.</p><p>Raúl Aubert, preparador físico de un gimnasio de la ciudad, aseguró: “Existe un aumento de la población adulta que comienza a realizar ejercicios de fuerza. Tenemos muchas personas de 65 a 85 años, derivadas por médicos, neurólogos, kinesiólogos y demás profesionales de la salud, que vienen a hacer ejercicio. El conocimiento científico actual, ampliamente difundido, afirma que el músculo ya no es tomado como un órgano contráctil que sólo permite movimiento, sino que sabemos que es un órgano endocrino, paracrino y autocrino; es decir que segrega diferentes sustancias que actúan tanto en él como en todo el organismo. Esto nos dice que el músculo se desarrolla, que mantiene sus funciones y/o crece, especialmente a través de ejercicios vigorosos de fuerza. Y el lugar donde se puede dar un entrenamiento planificado, dosificado y personalizado de estas características es en una sala de musculación o gimnasio”.</p><p>Entender el movimiento</p><p>El kinesiólogo Diego Rodríguez habló con Ahora ElDía y reflexionó sobre la necesidad de adoptar este enfoque preventivo y cuáles son los obstáculos para lograrlo: “Hay dos cosas que se ven muy frecuentemente cuando las personas llegan a la consulta: se sienten mal y funcionan mal. La salud, para la kinesiología, es sentirse bien y funcionar bien, y la forma que tenemos de propiciar esto es trabajando con la movilidad. Es muy habitual escuchar a los pacientes decir ‘Ya no puedo salir a caminar, hago dos cuadras y tengo que parar por el dolor, o me canso’; ‘Antes podía jugar dos veces por semana al fútbol, y ahora sólo puedo hacerlo una vez’; ‘Si me agacho para jugar con mis nietos, no me puedo levantar’; y muchas otras expresiones de este tipo. Lo que ocurre es que hay una pérdida de función, es decir una incapacidad para, por ejemplo, ponerse en una postura que se quiere, y eso, viene acompañado de sentirse mal, porque la persona no se siente acompañada por su cuerpo. Esta insatisfacción corporal responde a un síntoma de época, ya que décadas atrás, las personas no se permitían sentir, sino que era necesario seguir adelante como fuera. Ha habido un cambio cultural en el que se permite sentir, entonces esa situación se la puede identificar y se le da importancia y es ahí que se empiezan a buscar soluciones”.</p><p>Según Rodríguez, nuestros hábitos de vida (lo que hacemos todos los días) condicionan un 80% las funciones que vamos perdiendo y el resto influye la genética y el cumplir años: “Hoy en día se acepta que una persona pase de 6 a 7 horas sentada trabajando y/ o estudiando, pero eso es un hábito nocivo. El ser humano no está diseñado para estar mucho tiempo acostado, sentado o parado. En la actualidad, vemos personas de 70 años que están mejor que treintañeros que salen al mercado laboral, por estar tanto tiempo sentados frente a una computadora. Las personas que tienen que estar mucho tiempo sentada, deben tomarse recreos de movimiento, porque si cada 40 minutos no te movés, tenés que prepararte para perder esa capacidad. Lo que ocurre es que se rectifica la lumbar, es decir, se pierde la curvatura de la columna que es muy saludable, y empiezo a recibir presión en lugares donde no corresponde, esto genera un desgaste precoz del cuerpo”.</p><p>El movimiento es uno de los pilares de la salud, pero también debe contemplar la alimentación, el descanso y el manejo del estrés, sin estas otras aristas, la posibilidad de gozar de una buena salud en casi cualquier momento de la vida, disminuye: “Las personas tienen calidad de vida según como pueden moverse. Si no me muevo no tengo posibilidades de vivir bien. Moverse es una necesidad biológica del ser humano. Cuando hablamos de movimiento tenemos que pensar en todas las opciones que hay, desde el deporte, la actividad física, yoga, pilates, clases aeróbicas, son todas muy buenas opciones, pero no hay un solo método que cubra todas las necesidades del ser humano, pero es necesario diversificar la cantidad de opciones para que las personas elijan la que más les gusta. En estos últimos años hemos desarrollado más opciones de movimiento, y esto genera la posibilidad de que no se elija por obligación, sino porque la persona se identifica con esa forma de moverse, que tiene en cuenta lo físico, lo mental y lo social. La gente se deteriora porque pierde la conexión social también. Entonces, puedo tener un gimnasio en casa, pero si no me conecto o interactuó con los demás no puedo alcanzar niveles óptimos de salud. Puedo estar bien físicamente, pero necesito compartir un montón de sensaciones con otros”.</p><p>¿Por qué hay que hacer cardio y fuerza?&nbsp;</p><p>Rodríguez reconoció que todos los movimientos que haga una persona cuentan, incluso si se ponen a limpiar la casa, pero que eso no es suficiente: “El cardio te da años de vida, y la fuerza, calidad de vida. Entonces, tenemos que aspirar a lograr los dos. Actividades como bailar, o caminar, no necesariamente tienen trabajo de fuerza, pero aportan a lo cardiológico. Por otro lado, tener masa muscular es como sacar un seguro de vida, porque los beneficios que tenés en tu cuerpo son infinitos. El músculo es un órgano metabólico, tiene la capacidad de secretar hormonas que van a la sangre y que tienen efectos en todo el cuerpo, sobre todo a nivel cerebral. Hay un factor neurotrófico que puede producir neuroplasticidad, esto evita que se atrofien las neuronas y se mantengan vivas. Si quisiera prevenir los trastornos neurodegenerativos hay que trabajar los músculos. Trabajar la fuerza no es solo poder levantar una pesa. Para hacer fuerza y cardio primero hay que trabajar capacidades físicas que son condicionantes de los músculos y el cardio. Hay que pensar si la persona tiene conciencia corporal, si registra su propio cuerpo, si respira bien, si tiene buen equilibrio, si tiene un buen tono muscular, todo eso es necesario antes de hacer fuerza”.</p><p>Para quienes no tienen acceso por cuestiones económicas a un espacio para trabajar la fuerza, Rodríguez recomendó la gimnasia casual: “Se trata de hacer un esfuerzo y moverme cada vez que puedo. Si vas al supermercado, podes ir caminando y volver con las bolsas en la mano. En tu casa también podés practicar fuerza con elementos sencillos, como botellas de agua de 1.5 litros, que pueden hacer de pesas. La salud tiene que ver con la fuerza, pero también tiene que ver con moverse cada vez que se puede, es mucho más simple de lo que pensamos. Tenemos que ser conscientes de que nuestro cuerpo y salud están pensados para movernos, si cada vez que tengo la oportunidad de moverme no lo hago, tengo que prepararme para perder funciones en determinada edad”.</p><p>Por último, calificó de “muy positiva” la evolución de cambios de hábitos que se está gestando en la sociedad: “Cuando era chico, a los 35 años una persona fumaba, y después nos dimos cuenta de que era malo. En cambio, ahora esa misma persona con los mismos recursos no fuma, sino que va al gimnasio y se está cuidando. No hay forma de sentirse mejor que hacer ejercicio. El problema es que todo el mundo lo sabe, pero no está accionando, y eso es porque nos estamos olvidando del componente psicosocial. Está pasando que las opciones de movimiento que nos ofrecen son muy limitadas, y algunas veces no encontramos eso con lo que nos sentimos a gusto, por eso, es necesario que ampliemos las opciones de ese ‘menú’. Aumentan los índices de sedentarismo porque las opciones de movimientos son muy pocas. También podemos ver que Gualeguaychú, por ejemplo, no tiene bicisendas, es decir que es una ciudad donde la bicicleta no está bien vista o alentada como ‘vehículo’, cuando en cualquier parte del mundo es absolutamente al revés, sino que privilegia el desplazamiento en auto, que alienta el sedentarismo. Entonces, lo que falta para estar más sanos es educación, y que los espacios se adapten y contribuyan a ello”.</p><p>Entre el dato de la OMS y el diagnóstico de los especialistas locales aparece una misma idea: envejecer mejor no depende de una fórmula única, sino de sostener el movimiento como parte de la rutina, sea en un gimnasio, caminando o subiendo una escalera. La diferencia, coinciden, no está en encontrar el ejercicio perfecto, sino en no dejar de moverse.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EtjQ8LrXYVKudl0z04e942pLAPc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/vejez_y_salud_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los argentinos pasan al menos diez años con una salud deteriorada y baja capacidad funcional, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Frente a este dato y la mayor difusión de información en redes sociales sobre cómo “envejecer mejor”, cada vez más adultos, de mediana edad en adelante, recurren a la actividad física.]]>
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                                <updated>2026-08-23T10:41:41+00:00</updated>
                <published>2026-08-23T00:22:24+00:00</published>
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            Del folklore al freestyle: Gualeguaychú como semillero de artistas
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YEQuFGt5Q1xpbfsEMxZtVugrrmg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/cesar_cabeza_lorenzo_fiorotto_damian_lemes_malena_almeida_kenta_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nuestra ciudad tiene un vínculo innegable con el arte, en todas (o casi todas) sus expresiones. Muchas encuentran su espacio en el Carnaval, donde la danza, la música y lo performático se juntan con el talento de los carroceros, vestuaristas, maquilladores y mentes creativas que hacen posible este espectáculo que nos caracteriza. Pero la inquietud e identidad artística local también vive y se construye cada día en la gran cantidad de bandas locales, las academias de baile, tradiciones populares como los Corsos Matecito, certámenes estudiantiles como el Desfile de Carrozas o Gualeguaychú Joven, y las plazas en las que el freestyle rap (una rama de la cultura hip-hop) gana lugar entre la Generación Z.</p><p>Este último fenómeno convive con el revival que experimenta el folklore en todo el país, con audiencias jóvenes que lo redescubren a través de artistas como Abel Pintos, Nahuel Pennisi, Raly Barrionuevo, e incluso Milo J y Cazzu, que lo han fusionado dentro de su estilo moderno. En una era de consumos globalizados (a la par que cada vez más de nicho), lo urbano y lo folklórico llaman la atención dentro de la rica escena musical actual de la Argentina, de la que Gualeguaychú no es ajena.</p><p>Siendo la “ciudad de los poetas” el semillero de artistas que es, constantemente surgen o ganan visibilidad nuevos talentos locales, dentro y fuera de la música. En los últimos días, dos noticias lo pusieron de manifiesto.&nbsp;</p><p>Por un lado, tres gualeguaychuenses (Lorenzo Fiorotto, Malena Almeida y César Cabeza) llegaron a la semifinal de “Es mi sueño”, el programa de talento y canto conducido por Guido Kaczka en El Trece, que cuenta con un jurado integrado por figuras como Abel Pintos, Jimena Barón, Joaquín Levinton y Natalie Pérez; Lorenzo, además, pasó a la final, que será el próximo martes 18.&nbsp;</p><p>Por otra parte, Gualeguaychú fue escenario de una competencia de freestyle que ofició como única sede argentina para clasificar al Torneo de Plazas que organiza Red Bull en Perú, y su ganador fue un exponente local oriundo de Gualeguay apodado Kenta (K.N.T).</p><p>Ahora ElDía conversó con estas y otras voces destacadas para conocer cómo viven este momento especial en su trayectoria y cómo entienden la relación que tiene Gualeguaychú con la música y el arte.</p><p>Con una voz y carisma que han cautivado al jurado y público por igual, Lorenzo, de 13 años, expresó su alegría y entusiasmo por la gran experiencia que tuvo transitando cada una de las etapas que lo condujeron a la esperada final de “Es mi sueño”. “Me parece un concurso muy lindo, la experiencia es hermosa. A través de las etapas, los jurados me dieron lindas devoluciones que he aplicado a lo largo de toda la competencia. En la primera etapa me fue súper bien, fue una de las mejores presentaciones que he hecho. En la segunda, me había olvidado un poquito la letra, pero pude seguir bien y pasar a la tercera etapa, donde me fue re bien cantando “Sueña” de Luis Miguel. Ahí ya estaba aplicando todo me dijeron los jurados en las etapas anteriores. En la cuarta, canté un tema muy especial que es de la película Coco, “El latido de mi corazón"; me fue súper bien, me moví más y estuve mucho más suelto. Pero la semifinal, fue una de mis mejores presentaciones, así como la primera; canté “Cómo te extraño” de Abel Pintos, un tema hermoso que es de mis favoritos. Hice llorar a Natalie Pérez y eso también me hizo emocionar mucho”, contó.&nbsp;</p>Lorenzo Fiorotto<p>César y Malena, quienes también sorprendieron con su talento en el exitoso programa de El Trece, hablaron sobre lo que hace a nuestra ciudad una cuna para el arte.</p><p>“Creo que Gualeguaychú es un nido de artistas, y la gran influencia de eso es el Carnaval. Hay calidad de músicos y por ende mucha competencia. Creo que esta ciudad se debe al arte y por eso mismo los medios siempre hacen un lugar para nosotros; hay mucho apoyo de parte de las radios, los streamings, etcétera. Acá siempre se habla de cantantes, de músicos y de bandas, y eso también genera repercusión en la sociedad”, dijo Malena, quien actualmente estudia la carrera de Cantante Profesional en Buenos Aires.</p>Malena Almeida<p>La joven, que fue convocada para ser una de las voces principales de la comparsa Papelitos en el Carnaval 2027, contó que empezó a cantar a los 16 años en Marí Marí, donde vivió una etapa muy significativa en su formación artística y aprendió muchísimo sobre “el escenario, el trabajo en equipo y la exigencia de un espectáculo de esa magnitud”. Acerca de su paso por “Es mi sueño”, agregó: “Llegar hasta la semifinal fue algo que, sinceramente, superó muchas de mis expectativas. Fue un proceso de muchísimo aprendizaje, de conocerme más como artista, de enfrentar nervios, exigencias y desafíos que nunca había vivido de esa manera”.</p><p>César, por su parte, señaló cómo el Carnaval, los Corsos Matecito, Gualeguaychú Joven y diferentes propuestas culturales hacen que “desde la infancia ya haya un incentivo a que nos conectemos con algo artístico”. “Desde siempre hubo artistas, pero siento que hoy con las redes sociales y la cercanía con Buenos Aires, que es un polo cultural, se vuelve más posible atravesar el río y hacerse un poco más visible. Creo que había talentos antes, pero era más difícil que ganasen visibilidad. Los que tuvimos la suerte de estudiar o vivir un tiempo allá, cuando volvemos a nuestra ciudad natal traemos lo que hemos aprendido y eso hace que siga creciendo la movida cultural local”, observó.</p>César Cabeza<p>También resaltó el rol de los maestros de la ciudad que precedieron a los nuevos músicos: “Hubo grandes artistas, poetas y actores. En lo personal, tuve la suerte de formarme de chico en la Asociación Musical Gualeguaychú donde tomaba clases con el guitarrista Juan Pablo Pérez. Después me fui a estudiar a Concepción de Uruguay. Así como Juan Pablo hay grandes estudiosos de la música que nos brindan su experiencia y su conocimiento. Pienso en Luis Luján o en muchos otros artistas locales”.</p><p>El ADN musical de Gualeguaychú</p><p>Otro de los artistas de la ciudad que compartió su mirada fue el reconocido cantautor Damián Lemes, quien a principios de este año se consagró ganador en el rubro Canción Inédita del Certamen Nuevos Valores del Pre Cosquín 2026 con “La Yuyera”. En línea con lo que expresó César, Damián remarcó que “siempre nos nutrimos de maestros del arte local, pero no solamente del pasado”.</p><p>“Mi profesión es la de arquitecto, pero en la música he ido aprendiendo con músicos locales y algunos de la región”, destacó y reflexionó acerca de la idea de que la relación directa con el arte “está en nuestra idiosincrasia gualeguaychuense”.</p><p>“De manera lúdica, en nuestra secundaria, hacemos Carrozas Estudiantiles, Gualeguaychú Joven, y quema de muñecos. En mi caso particular, además, viví esto de respirar arte desde el seno familiar: mi mamá es maestra de danzas y ensayaba en casa algunas veces; mi papá es albañil de toda la vida, pero también un gran lector y un aficionado a la poesía de verso libre. Entonces para mí eso fue siempre natural: de repente había una guitarra arriba de la cama, un acordeón siempre a mano y sonaban discos del folclore argentino y latinoamericano en los ensayos de mamá”, relató.</p><p>Luego, Damián comentó que “hablar de Gualeguaychú es hablar del Carnaval”, un elemento que refuerza su idea de que, seamos más o menos carnavaleros, “es parte de nuestro folclore” y constituye “el acervo cultural más importante que tenemos. Cuando era chico jugaba a pegarle a un tarro de dulce de batata que buscaba del almacén”, añadió.</p><p>Al igual que César, coincidió en la influencia que ejerce no sólo la cercanía con la gran ciudad sino también estar enfrente del Uruguay: “Somos un Entre Ríos particular, que es frontera con Buenos Aires y con los hermanos uruguayos. Entonces también sucede que suenan los tambores del otro lado y algo sucede con nuestra sangre. Es inevitable”.</p><p>“Desde afuera siempre nos ven como artistas por ser de acá, practiquemos o no el arte. Simplemente hay algo que tiene que ver con nuestras vivencias, algo que es tan natural en nosotros, pero genera extrañamiento desde afuera. Ver pasar una carroza por la esquina de una casa, escuchar tambores a lo lejos en el barrio, vivir el Carnaval desde los comienzos más humildes hasta el Corsódromo. A todo esto, se suma la relación con la naturaleza y la contemplación de este paisaje que nos moldeó hasta la forma de ser. Vivimos en un litoral particular y eso es lo más lindo”, concluyó.</p><p>Con la palabra en lo más alto</p><p>El freestyle rap (o rap de estilo libre) es el arte de improvisar rimas, versos y métricas en el momento, sin una letra escrita ni preparación previa, por lo general sobre una base instrumental (beat). En los últimos años, tanto en Argentina como en otros países fuera de Estados Unidos (donde surgió hace décadas), el freestyle pasó de ser un movimiento alternativo a convertirse en un fenómeno cultural global gracias al éxito de las competencias locales y la llegada de las redes sociales.</p><p>En 2023 nació en Gualeguaychú la “Entre Freestyle”, una competencia que buscaba reunir las distintas ramas del hip hop en un mismo espacio y darle impulso a toda la escena entrerriana. “La Entre” creció tanto que el sábado 8 de agosto fue la única sede clasificatoria del país para el Torneo de Plazas organizado por Red Bull en Perú. Su ganador fue un exponente local oriundo de Gualeguay apodado Kenta.</p><p>Kenta, cuyo nombre artístico suele escribirse como K.N.T., habló de la importancia que cobra en la actualidad la escena del freestyle en Gualeguaychú, y el talento que de allí surge.</p>K.N.T. (izq.), ganador de la final del último Entre Freestyle. El joven gualeyo representará a la Argentina en Perú.<p>“Siento que es una ciudad que se atrevió a sostener una cultura artística como la del Carnaval, a partir de la cual empezás a normalizar que exista el vínculo con el arte de alguna manera”, dijo, y coincidió con los demás artistas acerca de la influencia que ejerce nuestra cercanía con ciudades como Montevideo, Rosario, Paraná o Buenos Aires: “Es un poco el punto donde estamos y las personas que convergen en él. Siendo de Gualeguay, desde el principio noté magia acá en Gualeguaychú, y siempre me sorprende la cantidad de personas activas y comprometidas con la cultura y el arte que hay; algo que no he visto nunca en ciudades similares”, manifestó.</p><p>Luego describió a la escena local del freestyle como “única en el país”, en parte por la idiosincrasia entrerriana. “En un momento coincidieron varias formas de ver el freestyle; se quiso traer la palabra lo más limpia y pura posible, con un mensaje que sea real y honesto con lo que a uno le pasa adentro. Creo que en Gualeguaychú se cultivó eso con la ‘Entre Freestyle’, una valoración artística muy fuerte de la palabra, porque cuando quizá el mensaje no es claro, la forma en la que suena o se ejecuta el verso, termina siendo muy elevada. Acá se aprecia mucho eso, hay un trabajo de escucha tremendo. Eso también es un buen entrerriano. El entrerriano es muy buen recibidor y por consecuencia escucha bien. Y es amable. Entonces, tanto los que vienen de afuera como a nosotros mismos nos sentimos escuchados en lo que tenemos para decir, y eso hace que se vaya elevando la vara de las formas que hay para decirlo”, concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YEQuFGt5Q1xpbfsEMxZtVugrrmg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/cesar_cabeza_lorenzo_fiorotto_damian_lemes_malena_almeida_kenta_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La “ciudad de los poetas” mantiene una estrecha relación con el arte que atraviesa generaciones y expresiones, desde las más tradicionales hasta las nuevas culturas urbanas. Músicos locales que hoy brillan en los escenarios de certámenes y ganan visibilidad en las redes compartieron su visión al respecto.]]>
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                                <updated>2026-08-15T22:45:32+00:00</updated>
                <published>2026-08-15T22:36:44+00:00</published>
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            ¿Libertad de precios o de voces?: cuando desregular los libros pone en riesgo su existencia
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b7tq8Ae9YuqJgIk64vroI13lAOM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/libro_libreria_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El Gobierno nacional planea enviar al Congreso un nuevo paquete de reformas impulsado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que busca profundizar el proceso de desregulación económica mediante modificaciones a un amplio conjunto de leyes. El borrador del proyecto consta de más de 300 artículos, y contempla cambios en el sistema de venta de medicamentos, la navegación fluvial, el mercado inmobiliario, los arrendamientos rurales, la industria vitivinícola, el régimen de garrafas, el sistema financiero, los traductores públicos, las cooperativas y el mercado del libro. El objetivo es eliminar restricciones consideradas “innecesarias”, promover la competencia, facilitar la incorporación de nuevas tecnologías y reducir la intervención estatal en distintos mercados.</p><p>Entre las normas a eliminar se encuentra la Ley de Protección de la Actividad Librera (Ley 25.542), también conocida como Ley del Libro. Sancionada en 2001, establece que “todo editor, importador o representante de libros deberá establecer un precio uniforme de venta al público (PVP) o consumidor final de los libros que edite o importe”. La Ley sólo permite excepciones limitadas: descuentos de hasta el 10% en ferias del libro y determinados eventos culturales, y de hasta el 50% para compras realizadas por organismos públicos como la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares o el Ministerio de Educación con fines de distribución gratuita.</p><p>Mientras el Gobierno sostiene que cada comercio o plataforma de venta debería fijar libremente los precios y aplicar descuentos sin restricciones, libreros, editoriales y autores explican que eliminar esa regulación favorecería a los grandes jugadores del mercado en detrimento de las librerías independientes y de la diversidad editorial. Tal es así que la Cámara del Libro, en conjunto con otras cámaras y federaciones del sector, publicó un comunicado en respuesta a la difusión de ese proyecto de ley, manifestando que “es el segundo intento en poco más de dos años” y que “ninguno de los actores relevantes de la cadena -autores, editores, distribuidores, libreros, promotores de la lectura- lo ha solicitado, ni ahora ni antes”.</p><p>“No hay un mercado cautivo esperando ser liberado”, advierte el texto, recordando que “el Estado no fija el precio de ningún libro”, sino que “lo fija el editor o el importador, en ejercicio de su autonomía, y la ley sólo garantiza que ese precio se respete de manera uniforme en toda la cadena minorista”. “No es un precio administrado ni una planificación cultural: es una regla que impide que el libro se use como ‘producto gancho’ para capturar el mercado”, resalta.</p><p>Gualeguaychú no escapa a decisiones de esta magnitud, que involucran a la totalidad de un sector comercial vinculado directamente con la producción, difusión, fomento y acceso a la educación, la cultura y la pluralidad de voces por medio de la palabra escrita en todo el país. Por eso, en pos de dar una perspectiva local a este debate nacional, Ahora ElDía conversó con referentes de librerías y editoriales de la ciudad para conocer su mirada al respecto.</p><p>Juan José Selva, dueño de la histórica librería Rayuela, observó que “el precio único del libro en Argentina afecta directamente al mantenimiento de una riqueza argentina, que es la existencia de alrededor de mil quinientas librerías en todo el país y alrededor de quinientas editoriales, algunas grandes pero muchas medianas y pequeñas”. “Si el precio es el mismo en todos lados, y los vendedores no pueden hacer descuentos mayores al 10%, las librerías pequeñas no están en desventaja desde el inicio con las grandes superficies o las cadenas. Compiten con servicios, con atención, con orientación a los compradores. Y además, si el precio es uniforme, un libro cuesta lo mismo en Jujuy y en Buenos Aires, con lo cual no hay perjuicio para el lector del interior, que depende más de las librerías independientes para conseguir los libros”, expuso.</p><p>Selva también mencionó que se busca modificar la Ley 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura, eliminando el Fondo Nacional de Fomento, destinado a programas públicos de promoción de la lectura, y la disposición que habilita al Estado a adquirir parte de la primera edición de autores argentinos para integrar y fortalecer el patrimonio bibliográfico nacional.&nbsp; “El Estado renuncia a generar incentivos para crear y sostener lectores. Porque si una persona o una familia no puede adquirir todos los libros que quisiera, por una cuestión de precios, tiene siempre la posibilidad de recurrir a la biblioteca popular, pública o escolar. En esta modificación que se pretende, se elimina el precio uniforme y también la posibilidad de que las bibliotecas estén surtidas con libros variados, y en muchos casos, la posibilidad de subsistencia”, advirtió.</p><p>Y agregó: “En el mundo, los países con ecosistemas editoriales grandes tienen un sistema de precios uniformes. No es una realidad de la mayoría de los países, sino de los que como el nuestro tienen proporcionalmente una gran cantidad de editoriales y librerías. En el mundo más desarrollado, los países tienen políticas de incentivo a la circulación de libros y a la lectura. El ejemplo más destacado es el de los países nórdicos, algunos con precios fijos y otros no, pero todos con políticas públicas proactivas. En nuestro país se ha advertido un déficit importante en la alfabetización y se está trabajando al respecto. La promoción de la lectura de libros, el cuidado de la bibliodiversidad, del acceso al precio justo, de la propiedad intelectual (no es lo mismo un libro que una copia), complementa y enriquece esta política, que redunda en una sociedad más libre y abierta”.</p><p>Por su parte, Guillermo Navarro, quien preside actualmente la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular Rodolfo García y su editora homónima, opinó que quienes impulsan estas medidas “toman a la cultura como una cuestión de competencia de precios, y no como debe ser y es con la ley actual, una competencia de contenidos”.</p><p>En cuanto al riesgo que correrían las librerías y los escritores de la ciudad, Navarro puso como ejemplo los autores que publican en la Editorial Rodolfo García: “Dejarían de contar con una vidriera local para comercializar sus obras, y eso les dificultaría poder llegar a los lectores”.</p><p>También manifestó su preocupación por el impacto que tendría la modificación de la Ley de Fomento del Libro y la Lectura en las bibliotecas populares. Según explicó, ese marco legal, al reconocer la diversidad y la existencia de las bibliotecas les da participación en la estructura de la Secretaría de Cultura a través de la Conabip (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y genera que se las apoye mediante subsidios para gastos de mantenimiento y la adquisición de nuevos títulos al 50% de su valor en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. “Al no tener este dinero disponible para comprar libros, las bibliotecas no van a poder renovar stock ni títulos y actualizarse como corresponde”, remarcó.</p><p>Otro referente local que dio su punto de vista al respecto fue Gustavo Risso, de Fray Mocho Libros, quien aseguró que “hay motivos suficientes para ver que en los lugares donde se ha hecho esto los precios de los libros no han bajado, como promete el Gobierno”, y apuntó: “Es una mentira que bajarían los precios. Según la experiencia que ha habido en otros países, al principio sí podrían llegar a bajar, pero después lo volverían a llevar al mismo valor promedio, una vez que limpiaron a todas las librerías chiquitas; se quedan con el mercado, por eso digo que es monopólico. La ley protege a las librerías chiquitas como la mía. Con el precio de venta al público nos permite competir a mis colegas de la ciudad y a mí. Las grandes cadenas no sacan ventaja en ese aspecto, y esto evita también los monopolios”.</p><p>Risso agregó que, de derogarse esta norma, también correrían riesgo “las pequeñas ediciones de aquellos autores que pagan su libro y sacan una tirada chiquitita para difundir su arte, su creatividad y sus pensamientos”, ya que quienes están dispuestos a vender de &nbsp;20 o 50 ejemplares son las pequeñas librerías locales y no las grandes tiendas.</p><p>En ese sentido, Carolina Bittel, librera y coordinadora cultural de Puente Naranja Libros, coincidió en que “regular el precio de los libros resguarda la democratización de la edición y evita la concentración del mercado editorial en pocos grupos empresariales”, y evaluó que una derogación de la Ley del Libro dejaría de considerarlos como bienes culturales para ubicarlos en el plano de cualquier otra mercancía.</p><p>Bittel explicó que el precio fijo de venta al público “resguarda toda la cadena editorial”: “Hay un porcentaje para escritores, ilustradores, imprenteros, editores, distribuidores y libreros. Las librerías obtienen un pequeño porcentaje del precio de venta al público que se utiliza para los gastos operativos de un comercio y para solventar la logística que se necesita para traer los títulos a la localidad y específicamente al negocio y poder ofrecerlos. La desregulación no abarata los costos de todos los libros; hace oferta con los libros que los grandes puntos de venta o las plataformas online quieran poner como oferta y aumenta otros o hace que otros desaparezcan, porque para las editoriales va a ser imposible competir”.</p><p>De acuerdo con la librera, la consecuencia de esto no sólo sería un perjuicio a la actividad comercial del sector sino que también implicaría “un empobrecimiento respecto a los universos culturales” y a la “bibliodiversidad”, la posibilidad de que cada librería tenga una gran diversidad de títulos que ofrecer a sus lectores. “Una plataforma online, o la exhibición de libros en una caja de supermercado o cadena de farmacia, no ofrecen las lecturas teniendo en cuenta la diversidad y necesidad de los lectores, ni la búsqueda de acompañamiento para los chicos en distintos momentos de su crecimiento, por ejemplo. Todo ese trabajo de curaduría, de selección, asesoramiento, búsqueda y encuentro entre un lector y un libro que hacemos los libreros y libreras no va a estar”, argumentó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b7tq8Ae9YuqJgIk64vroI13lAOM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/libro_libreria_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El Gobierno nacional pretende una vez más eliminar la Ley de Protección de la Actividad Librera, que fija un precio único de venta al público para cada libro. Referentes del sector a nivel local advierten que la medida perjudicaría seriamente a las pequeñas librerías y editoriales de todo el país, limitando la diversidad en su catálogo y la posibilidad de que nuevos autores y contenidos lleguen a los lectores argentinos.]]>
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                                <updated>2026-08-09T00:24:20+00:00</updated>
                <published>2026-08-09T00:19:39+00:00</published>
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            Hacia una paleontología entrerriana: la historia fosilizada que aún podemos descubrir
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1yT-JFDns9ZnjFBwDi9wsN5zMa4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/megafauna_paleontologia_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Solemos pensar en la paleontología como una ciencia vinculada exclusivamente al estudio de los dinosaurios, pero va mucho más allá de eso: pretende descubrir y comprender el pasado de la vida en la Tierra a partir de los fósiles, lo que le da un campo de acción para buscar restos que datan desde hace millones hasta hace varios miles de años. Si se tiene en cuenta este amplio margen, Entre Ríos puede considerarse otro de los tantos enclaves paleontológicos de la Argentina, con una riqueza poco conocida que aguarda a ser descubierta en la costa de sus ríos y bajo el suelo de sus campos.</p><p>Y es que nuestra provincia alberga restos de una amplia variedad de especies ya extintas que conformaron la imponente Megafauna del Pleistoceno: mamíferos gigantescos que habitaron la tierra durante la última Edad de Hielo, un período glacial que comenzó hace unos 2,8 millones de años y llegó a su fin hace aproximadamente 11.000. Entre ellos, se encontraban los ancestros de los elefantes –los mastodontes–, perezosos y mulitas gigantes –como el megaterio y el gliptodonte– y el temible smilodon, conocido popularmente como tigre dientes de sable, del cual se encontraron restos en un campo de Sarandí, departamento de Gualeguaychú, en 2021. Un hallazgo más reciente tuvo lugar en abril del año pasado, cuando recuperaron de la ribera del Arroyo Las Piedras parte del húmero de un megaterio y placas de coraza de gliptodonte.</p><p>Este tipo de descubrimientos, junto al trabajo sostenido y la gran llegada a la comunidad del Museo Manuel Almeida, han despertado la curiosidad por la paleontología en nuestra ciudad, y hacen que el tema empiece a ganar un lugar dentro de la agenda científica y educativa local.</p><p>En ese sentido, y a raíz de su vínculo con el Museo Almeida, la Fundación de Historia Natural Félix de Azara participará con un puesto en la Expo Gualeguaychú Sustenta 2026, que se realizará el próximo jueves 6 y viernes 7 de agosto en los Galpones del Puerto. La Expo, organizada por el Centro de Desarrollo del Conocimiento de la Municipalidad, presentará stands, actividades participativas y espacios de capacitación orientados a la educación, la innovación, la sustentabilidad, la salud, la seguridad laboral y la inclusión. Según informaron, la propuesta busca ofrecer un espacio de encuentro entre instituciones educativas, empresas, organismos públicos y la comunidad.</p><p>Para conocer más sobre esta iniciativa y profundizar en la importancia del desarrollo de esta ciencia en el sur entrerriano, Ahora ElDía conversó con los paleontólogos de la Fundación Azara Leonardo Javier Pazo y Nicolás Chimento, quien está a cargo del Área de Paleontología del Museo Almeida.</p>Museo Manuel Almeida<p>Según explicó Pazo, a lo largo de ambas jornadas, de 9 a 17 horas, aproximadamente, tendrán montado un taller en el stand, donde el equipo de profesionales estará trabajando sobre algunas piezas fósiles. El minucioso trabajo de laboratorio va a ser captado en vivo a través de una lupa con cámara y se va a transmitir en televisores, para que los visitantes puedan conocer algunos de los aspectos que no suelen verse sobre la labor paleontológica.</p><p>“Vamos a tratar de hacer una narrativa de cómo sacamos los fósiles, cómo se transportan, qué equipamiento se utiliza, cómo se escanea y prepara un material. También queremos mostrar un poco el taller 3D que tiene hoy la institución en Buenos Aires. Para eso voy a estar junto a Lautaro Rodríguez Blanco, quien forma parte del laboratorio de Azara y realiza modelos y renderizados de imágenes de dinosaurios y megafauna”, contó.</p><p>Un potencial aún por explotar</p><p>Desde los aportes de Florentino Ameghino hasta la actualidad, la paleontología en Argentina tiene un peso considerable. La formación permanente de profesionales a través del sistema nacional de ciencia y las prestigiosas universidades públicas, así como también los invaluables yacimientos fosilíferos de la Patagonia han colaborado en ese sentido. Pero aún queda mucho por hacer. “La ciencia está en constante movimiento y lo que hoy es de una manera mañana puede ser de otra. Además, el registro fósil es finito. Lo que nos muestran es un fotograma, un momento de la historia de la vida en la Tierra, pero no tenemos la película completa, la vamos reconstruyendo”, expresó Pazo.Chimento, por su parte, se refirió puntualmente al desarrollo de la paleontología en el sur entrerriano como campo de acción aún por explotar. “Hay muy pocas carreras científicas en Entre Ríos que aporten el conocimiento para poder generar después conocimiento aplicado. Por ejemplo, para que puedan desarrollarse fármacos nuevos o un médico logre una técnica nueva se necesita conocimiento básico, que lo generan ciencias básicas como la Química o la Biología. La biología aporta conocimiento sobre cómo es determinado organismo y qué puede contribuir a la naturaleza. En el caso de la paleontología, este tipo de conocimientos sirven muchísimo para saber cómo sucedieron las catástrofes en el pasado, cómo los seres vivos se adaptaron o no a ellas, y cómo sobrellevaron esos cambios a nivel biológico y evolutivo. En tanto seres vivos, nos sirve a los humanos para saber sobrellevar muchos de los cambios que hoy estamos ocasionando nosotros mismos en el ambiente. Todavía queda mucho por hacer para el desarrollo científico a nivel educativo en el sur entrerriano, hay que generarlo para poder aplicarlo en el territorio”, indicó.</p>Nicolás Chimento junto al cráneo de un smilodon, comunmente conocido como tigre dientes de sable<p>Luego, apuntó que “en la actualidad solamente hay un solo centro científico que se dedica a la paleontología en todo Entre Ríos, y está en Diamante”. “Allí hay paleontólogos trabajando para el Conicet, y como Diamante está en el margen oeste de la provincia, cerca del Paraná, lógicamente la mayor parte de los científicos gastan sus esfuerzos en ir a buscar fósiles ahí en sus cercanías, que son lugares fosilíferamente fértiles. Nuestra zona, cercana al río Uruguay, Gualeguaychú y Gualeguay, son lugares donde afloran formaciones geológicas del pasado que prácticamente no han sido estudiadas. Por lo que resulta muy importante desarrollar nuevos centros tecnológicos-científicos en el que trabajen paleontólogos, biólogos y otros científicos de las ciencias naturales a este lado de la provincia”, manifestó.&nbsp;</p><p>Por último, Chimento señaló que la paleontología es un área que suele despertar curiosidad en muchos niños y adultos. “La gente se siente muy atraída, lee mucho sobre dinosaurios y descubrimientos, y esto no es ni más ni menos que educación: conocer cómo fue nuestra tierra en el pasado, nos ayuda a conocer lo que pasa en la actualidad, y eso puede despertar nuevas vocaciones en las personas. Me pasó a mí cuando era chico, me despertó una vocación y hoy en día me dedico a esto que me encanta. Eso puede seguir sucediendo, y que surjan nuevos científicos entrerrianos que después puedan investigar en la provincia y dedicarse a cómo fue la evolución acá”, expresó.</p><p>En conversaciones anteriores con este medio, el investigador y Doctor en Ciencias Naturales había explicado que el principal foco de la paleontología en la región está puesto en el hallazgo de mamíferos extintos, dado que las condiciones geológicas hacen que sea prácticamente imposible acceder a restos fósiles más antiguos como, por ejemplo, de dinosaurios. Sin embargo, en la zona noreste de Entre Ríos existen capas geológicas que datan de hace más de 65 millones de años en las que efectivamente se han encontrado restos fósiles de dinosaurios, aunque demasiado fragmentarios.</p><p>“En el sur entrerriano identificamos capas geológicas relativamente nuevas que, como mucho, llegan a los 110.000 años de antigüedad. La mayor parte de la provincia tiene yacimientos que datan de la Era de Hielo. En aquel entonces, la media térmica en todo el mundo era más baja que la actual y el clima de la región era distinto, más árido y con ambientes más abiertos, como los pastizales. Hace 18 mil años se dio el pico máximo de bajas temperaturas, y desde entonces el clima comenzó a calentarse. Con el calor avanzaron los bosques y selvas, disminuyeron los pastizales y las poblaciones de grandes mamíferos que habitaban allí. La última de estas reducciones fue hace unos 11.000 años y coincide con el momento en que aparecemos los seres humanos, por lo que quizá fuimos nosotros quienes les dimos el golpe final. La extinción de los grandes mamíferos marcó el fin del Pleistoceno y el inicio del Holoceno, una nueva etapa. Se dio en todo el mundo, pero América del Sur fue el único continente donde no quedó viva ni una sola especie de mamífero que llegase a la tonelada de peso. En la actualidad, la especie nativa más grande es el tapir, que llega a los 300 kilos”, había detallado Chimento.</p><p>El desafío de defender el sistema científico</p><p>Finalmente, cabe mencionar que además de la gran tarea que tiene por delante la ciencia en la región, esta asiste a un desafío aún más grande y preocupante a nivel país: el desfinanciamiento del sistema científico-técnico-universitario que pone en riesgo la continuidad de estudios, equipos de investigación y la generación de un sinfín de conocimientos que resultan claves para el desarrollo soberano y el progreso de la nación. Al respecto, Pazo apuntó: “Estamos en una situación crítica. Tenemos un montón de cosas que muchas veces la población desconoce. Por ejemplo, hace 70 años teníamos un plan de estrategia de energía nuclear y hoy eso se está desmantelando. También es fundamental resaltar la importancia del Conicet, que es una de las estructuras más aplaudidas a nivel mundial. Un país sin ciencia no es un país y la ignorancia es lo que resulta caro. Hay grupos de investigación que se están rompiendo, que nuevamente hay cortes generacionales”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1yT-JFDns9ZnjFBwDi9wsN5zMa4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/08/megafauna_paleontologia_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los hallazgos de restos de megafauna en el sur de la provincia han despertado la curiosidad y visibilizado el trabajo paleontológico que se ha llevado adelante, y que aún debe potenciarse, en la región. En ese contexto, especialistas de la Fundación Azara participarán esta semana de la Expo Gualeguaychú Sustenta 2026 para mostrar más de su fascinante labor a los gualeguaychuenses.]]>
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                                <updated>2026-08-01T22:44:23+00:00</updated>
                <published>2026-08-01T22:37:22+00:00</published>
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        <title>
            A 74 años de la muerte de Eva Perón: cómo vivió Gualeguaychú el duelo que paralizó a un país entero
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/a-74-anos-de-la-muerte-de-eva-peron-como-vivio-gualeguaychu-el-duelo-que-paralizo-a-un-pais-entero" type="text/html" title="A 74 años de la muerte de Eva Perón: cómo vivió Gualeguaychú el duelo que paralizó a un país entero" />
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/a-74-anos-de-la-muerte-de-eva-peron-como-vivio-gualeguaychu-el-duelo-que-paralizo-a-un-pais-entero">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6mHTHs90XHfJKwZGpvQaDOcviaU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/evita_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 26 de julio de 1952, a las 20.25, María Eva Duarte de Perón moría víctima de un cáncer de cuello uterino. Tenía sólo 33 años, pero en su breve e intenso paso dentro de la conducción política del país había transformado a la sociedad argentina para siempre. Su figura había excedido por lejos el rol de primera dama y forjado un liderazgo que desafiaba las restricciones que pesaban sobre las mujeres en aquel entonces; hecho que se vio reflejado en la Ley de Sufragio Femenino de 1947, que estableció el derecho de las mujeres a elegir y ser elegidas; un reclamo que impulsaban desde hacía décadas figuras como Julieta Lanteri y Alicia Moreau de Justo.</p><p>Evita fue la voz y el rostro de la acción social del proyecto peronista, y representó para las grandes mayorías la encarnación de un compromiso absoluto con los derechos del pueblo trabajador, lo que le valió el título de “abanderada de los humildes”. Tal es así que su partida provocó una conmoción que duró meses, y fue incomparable en su magnitud a la de cualquier otro acontecimiento similar de nuestra historia.</p><p>El velatorio se extendió durante 16 días. En una primera etapa, su cuerpo fue expuesto en el Ministerio de Trabajo y Previsión, organismo desde el que había impulsado buena parte de su labor política y social. Luego, fue trasladado al Congreso Nacional para que continuaran las ceremonias. Se estima que más de dos millones de personas pasaron por las calles de Buenos Aires para rendirle homenaje.</p><p>Con el paso del tiempo, la historiografía comenzó a interpretar aquel episodio no solo como un hecho político, sino también como un fenómeno social y cultural. Para amplios sectores populares, la muerte de Evita representó la pérdida de una figura protectora, cuya admiración pasó a cobrar la mística de una devoción religiosa. Para el movimiento peronista, fue la pérdida de un puente emocional clave entre Perón y los trabajadores, un punto de inflexión y el nacimiento de un mito político que lo acompañaría por siempre.</p><p>Para conocer cómo repercutió este suceso en Gualeguaychú, Ahora ElDía indagó en los archivos periodísticos de la época. El más llamativo, sin duda, fue que el ilustre escritor (y conocido opositor al peronismo) Jorge Luis Borges se encontraba dando una conferencia en el Instituto Magnasco cuando se supo la noticia de que Evita había fallecido.</p><p>El abogado y escritor local Pablo Daneri compartía un vínculo intelectual y de amistad con Borges, lo que llevó a que aceptara su invitación a disertar en la ciudad. La presentación, titulada “El escritor y nuestro tiempo”, se dio en un salón colmado que llenó de aplausos al autor. Este, a su vez, dejó su firma y una dedicatoria especial en el Libro de Oro del Magnasco, que registra el paso de personajes destacados: “La amistad y el fervor de Jorge Luis Borges”. La visita, sin embargo, quedó totalmente opacada en los diarios del día siguiente por el hecho que sacudía a todo el país.</p><p>El 27 de julio de 1952, el diario El Argentino titulaba en primera plana “A las 20,25 de ayer falleció M. Eva D. de Perón”. Casi toda la tapa y buena parte de las páginas siguientes estuvieron dedicadas a la noticia, y lo mismo sucedió en los ejemplares de los días siguientes. Acompañó aquel título la foto de Evita junto a una reseña de su intensa vida y trayectoria, así como también un sentido mensaje editorial que concluía: “(...) Y ahora, ante lo irreparable el pueblo llora su muerte y descontando las actividades sumamente necesarias las demás quedaron suspendidas. En nuestra ciudad al conocerse la triste nueva, cine, bares, clubes, cerraron sus puertas y todos los programas que debían desarrollarse en el día de hoy han sido anulados. EL ARGENTINO comparte la pena que embarga el alma del Excmo. Señor Presidente de la Nación Argentina y del pueblo todo de la patria”.</p><p>Ya en los días anteriores, la preocupación por la salud de Evita estaba presente en este diario local, pero fue este acontecimiento el que, por obvias razones, marcó un antes y un después en la agenda pública y mediática de Gualeguaychú. En ese sentido, la sección “Adhesiones al Duelo Provocado por el Deceso de Eva Perón” fue ampliándose desde el 27 de julio en adelante. Instituciones deportivas, educativas, religiosas, sindicales, comerciales, civiles… todas, desde las más populares hasta las más elitistas adherían (al menos en el discurso público) al duelo nacional y enviaban su pésame al presidente de la República. El Jockey Club Gualeguaychú, la Liga Departamental de Fútbol y el Sindicato de Trabajadores del Frigorífico Gualeguaychú S.A. estuvieron entre los primeros que manifestaron el pésame.</p><p>Este último resolvía, además, y entre otras cosas, “acatar en un todo los homenajes póstumos dispuestos por la CGT”, “realizar una procesión con antorchas simultánea como la que se realizará en Capital Federal” y “solicitar se enlute con crespón durante 80 días” el local gremial y los lugares de trabajo del Frigorífico.</p><p>De forma inmediata, y a través de un mensaje que se replicó los días siguientes, el Gobierno de Entre Ríos y la Municipalidad de Gualeguaychú impartieron profundas medidas de adhesión al Duelo Nacional. El Ejecutivo local decretó, entre otras cosas, suspender por dos días las actividades administrativas del Municipio y colocar por treinta días crespones de luto en sus puertas, utilizar la emisora municipal para transmitir durante treinta días “música sacra y los comunicados de circunstancia exclusivamente”, y suspender hasta después del sepelio todos los espectáculos públicos dentro del ejido municipal.</p><p>En línea con esto último, el Teatro Gualeguaychú publicaba el 27 de julio que se suspendían las funciones de la fecha y se devolvería al público dentro de las 10 a 12 horas el importe de las entradas que habían sido retiradas.</p><p>Entre las adhesiones al duelo figuran incontables entidades que tienen vigencia al día de hoy, como la Sociedad Rural Gualeguaychú, el Club Recreo Argentino, el Tiro Federal Gualeguaychú, el Instituto Magnasco, el Centro de Empleados de Comercio y Anexos, los clubes Racing, Defensores del Oeste y Neptunia, y la Asociación Musical Gualeguaychú. Muchas suspendían sus actividades o incluso cerraban sus puertas por varios días.</p><p>En cambio, las misas dedicadas especialmente a rogar por el eterno descanso de Evita se replicaban a diario y en distintos horarios en toda la ciudad, colmando la capacidad de las iglesias locales.</p><p>La sección Notas Sociales del 29 de julio relataba: “El deceso de la señora Eva Perón ha puesto de manifiesto el pesar que embarga a la población, en los túmulos levantados en las iglesias San José y Santa Teresita y en la sede del Sindicato de Trabajadores del Frigorífico Gualeguaychú, en forma incesante y renovada, desfila una interminable caravana presa de un hondo recogimiento. Las ofrendas florales y las plegarias se asocian al duelo colectivo que experimenta la ciudad con sus calles desiertas, y donde sólo se ven grupos de personas de ambos sexos que se dirigen a los templos o a sedes de las entidades gremiales donde se efectúan actos póstumos”.</p><p>Es difícil de imaginar en estos tiempos una expresión de duelo colectivo de tal magnitud, genuino por parte de un gran porcentaje de la población e impuesto o “protocolar” sobre otros sectores que no necesariamente comulgaban con la doctrina peronista. Pero gracias a los testimonios y archivos periodísticos puede hacerse el ejercicio de reconstruir aquel momento histórico: una eterna y multitudinaria despedida, sin precedentes ni sucesos futuros que se le comparen.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/6mHTHs90XHfJKwZGpvQaDOcviaU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/evita_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La noticia del fallecimiento de Evita conmocionó por completo a toda la sociedad argentina. Cerca de dos millones de personas la despidieron en Buenos Aires a lo largo de los 16 días que duró su velatorio. Mientras tanto, nuestra ciudad frenó por completo sus actividades y dio lugar a innumerables muestras de pésame por la partida de “la Jefa Espiritual de la Nación”.]]>
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                                <updated>2026-07-27T09:37:42+00:00</updated>
                <published>2026-07-26T10:00:00+00:00</published>
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            Malvinas y una amistad más allá de la guerra
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/malvinas-y-una-amistad-mas-alla-de-la-guerra" type="text/html" title="Malvinas y una amistad más allá de la guerra" />
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        <author>
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.eldiaonline.com/malvinas-y-una-amistad-mas-alla-de-la-guerra">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jRAxogsVFExo8yXXB7cRmxqRQHA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/veteranos_malvinas_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Oscar Pérez es el primero en llegar a la entrevista. Trae bajo el brazo un sobre de papel madera. Con una sonrisa bien amplia, entra y saluda a todos los que se encuentran en ese momento en la recepción del diario. Por último, me saluda a mí, que estoy al pie de la escalera que en instantes nos va a conducir al espacio destinado para que charlemos.</p><p>A través de los amplios ventanales, vemos a Pedro Vergara bajar de su auto con un paquete de yerba y unas facturas. Como si fuera un gesto típico de su amigo, Oscar dice para sí mismo “Este Pedrito siempre atento…”, y asiente con la cabeza.</p><p>Los tres nos instalamos en una sala, ambientada para la entrevista. Pedro se hace cargo del mate y pongo a grabar la conversación con el celular. La primera pregunta que hago es “¿Cómo se conocieron?”. Pedro toma la delantera y me dice que lo interrumpa si habla demasiado.</p><p>“Nos conocimos en el servicio militar obligatorio. Por cosas de la vida, nos tocó a los dos hacerlo en Tierra del Fuego, en el Batallón de Infantería de Marina N° 5, conocido entre nosotros como el BIM5. Oscar fue unos meses antes que yo, porque tardó en llegarme la cédula para ir con ellos. No lo vi en el Batallón, porque éramos casi mil personas, era como una pequeña ciudad, y además, pertenecíamos a diferentes compañías. Las actividades eran distintas y nunca nos cruzamos. Pero ocurrió algo: una semana antes del 2 de abril, mi batallón tuvo un ‘zafarrancho’, una especie de simulacro para prepararse para la guerra, y nos sacaron de ahí. El día que volvimos y nos comunicaron lo del conflicto, Oscar ya estaba vestido de civil para venirse de baja. Nos enteramos que a la primera tanda de la Compañía Mar les habían dado la baja, y se habían ido en el primer vuelo disponible, y quedaron lugares vacantes que había que cubrir. Cuando ordenaron que la Batería Delta fuera a ocupar esos lugares vacíos de la Armada, fue cuando conocí a Oscar, y marchamos juntos a Malvinas. El 3 de abril empezamos a equiparnos, y me tocó preparar todo el equipamiento para ese grupo. De él me acordaba, porque recuerdo como si fuese hoy la cara que tenía cuando le di el arma”.</p><p>Oscar admite que no se acuerda de Pedro, pero confirma la expresión que tenía en su rostro, y qué bien recuerda su amigo: “Éramos once a los que todavía no nos habían firmado la libreta para la baja, por eso, en ese momento, mi cara era la de una tristeza absoluta. No por ir a Malvinas, sino porque había terminado el servicio y quería volverme a mi casa. No tenía la consciencia de la guerra. En ese momento fue recontra difícil para mí. Mi vocación no era militar, había cumplido la ley y quería volver con mi familia. Entramos a la colimba con 18 años y egresamos con 20. Ahí nos conocimos con Pedro y no nos vimos más. Hasta que volvimos a Gualeguaychú”.</p><p>Ambos estaban en la misma compañía, pero en diferentes secciones. A Oscar le tocó en la tercera sección, y a Pedro en una que formaba un cordón alrededor del búnker de los jefes. Su ubicación era el Cerro Zapador, mejor conocido como Sapper Hill, por su nombre en inglés. Un punto a 138 metros sobre el nivel del mar ubicado en la isla Soledad, justo al sur de Puerto Argentino.</p><p>“Al principio vivimos en carpa, pero después del 1 de mayo, cayó una bomba sobre mi tienda, y tuvimos que hacer cuevas tipo refugios. Las bombas venían de los buques, y cuando cayó yo estaba a cinco metros del lugar del impacto, en el ‘pozo de zorro’”, rememora Pedro.</p><p>Oscar también recuerda bien ese día, porque dice que es él quien vió el primer cañonazo del buque inglés.</p><p>“En ese momento estaba de guardia, y vi que una bola de fuego volaba desde el mar. Del susto que me pegué, me tiré de cabeza en la trinchera, caí arriba de mis compañeros que estaban descansando y no entendían nada. Teníamos una posición en la que entrábamos siete, y otra individual por si el enemigo desembarcaba. Cuando empezaron a bombardear, nos dijeron que fuéramos a nuestras posiciones individuales. En mi caso, había hecho una muy chiquita, porque había encontrado el obstáculo de una piedra. Ese día, como no entraba, en vez de volver corriendo a la ubicación grupal, metí la mano, escarbé, saqué la piedra y me metí. Al otro día no me explicaba cómo había sacado semejante piedra. Fue la adrenalina y el instinto de supervivencia. Éramos gurises, era casi imposible salir vivos de la guerra, y nosotros seguíamos como si nada. Por eso me vi tan representado con lo que dijo Scaloni en la conferencia de prensa tras el triunfo de Argentina frente a Inglaterra. Éramos ‘indios’, en el buen sentido de la palabra, como los jugadores; íbamos perdiendo, pero nosotros continuábamos como si no lo supiéramos”.</p><p>Un amigo para toda la vida</p><p>Cuando terminó el conflicto bélico y fueron liberados por los ingleses, Oscar y Pedro volvieron a Entre Ríos. El primero a Gualeguaychú, y el segundo a Rosario del Tala. Faltaban un par de años para que el destino los volviera a juntar.</p><p>La vuelta de la guerra no fue fácil para ninguno de los dos, sobre todo cargar en soledad las heridas internas de Malvinas y conseguir trabajo. Oscar se empleó en el Correo Argentino como cartero y Pedro en un mayorista, aunque no por mucho tiempo, ya que decidió ingresar a la Escuela de Oficiales de Policía, de la que egresó como oficial ayudante en 1985, con destino en Gualeguaychú. Esto era lo último que faltaba para que se reencontraran.</p><p>En su recorrido habitual como cartero de la ciudad, Oscar entregaba la correspondencia a una señora que se había interesado mucho en su experiencia en Malvinas. “Resulta que esta mujer era la abuela de Pedro, había averiguado en qué lugar de Malvinas había estado yo, para informarle todo a su nieto”, expresa Pérez.</p><p>Pedro confirma que su abuela le comentó sobre este cartero que había formado parte del BIM 5 y que estaba abierto a reunirse con él.</p><p>Aunque ninguno de los dos se acuerda bien de ese primer encuentro, Oscar dice que lo emocionó el hecho de que Pedro se acordara de la expresión de su cara. Desde ese momento, la amistad fue creciendo, y confirman que se volvieron “como hermanos”.</p><p>“El saber que habíamos estado ahí los dos fue como una comunión. No sabíamos quiénes éramos, pero habíamos vivido esa situación los dos”, resalta Pérez.</p><p>Desde entonces, ambos han sido testigos del transcurrir de la vida del otro: cómo formó cada uno su familia, cómo vieron crecer a sus hijas, y los infinitos asados y viajes compartidos.</p><p>La amistad como espacio de salud mental</p><p>Tres años después de la guerra, los veteranos de Entre Ríos comenzaron a reunirse para hablar sobre lo que había pasado. El primer encuentro del Centro de Ex Conscriptos Combatientes de Islas Malvinas de Entre Ríos (Cecimer) se celebró en Gualeguaychú.</p><p>“Ningún veterano salió ileso de la guerra, las heridas psicológicas las tenemos todos, algunos más, otros menos. El (estrés) postraumático mal curado es lo peor. Estuvimos 10 años sin ningún tipo de atención, sin ningún tipo de obra social, tirados a la deriva, arreglándonos cómo podíamos. Eso nos llevó a los soldados a juntarnos para hablar entre nosotros, porque la verdad es que nadie nos ayudaba. Nos costó mucho conseguir trabajo, y eso nos llevó a enfermarnos un poco más. Vivimos situaciones violentas muchos días, y en muchos momentos. No tuvimos contención. No atendernos enseguida fue un error garrafal del gobierno de turno y de los que le siguieron. Por eso todos los veteranos de guerra estamos afectados psicológicamente; los que te dicen que no, son los más afectados, porque no se puede tapar el sol con la mano. Recuerdo que en la primera reunión, que se hizo acá en Gualeguaychú, empezamos a hablar, y a todos nos pasaba lo mismo. Entonces dijimos ‘Vamos a salir a las escuelas a dar charlas’, aunque no sabíamos ni que contar. En la primera charla éramos más veteranos que gente, no sabíamos ni qué decir. Ahí empezó a caminar nuestro Centro de Veteranos, y ahora camina sólo. Esas fueron las cosas que vivimos con Pedro y junto a otros soldados. Pedir permiso en los trabajos para ir a dar charlas también era difícil, todo se nos hacía contramano. Los primeros 2 de Abril no eran feriados, y los actos se hacían frente a Obras Sanitarias. En una de esas fechas, como siempre hacía el recorrido con la cartera del Correo y me paraba en el acto, tuve la mala o buena suerte de salir en la foto del diario. Mi jefe la vio, me llamó y me felicitó”, cuenta Oscar Pérez.</p><p>Pedro suma: “Recién a los 24 años de Malvinas fue cuando la Armada Argentina, que sería la Fuerza a la que pertenecemos, nos llamó para hacernos un estudio psicológico. Y porque lo pedimos. Todos teníamos problemas. Se pidió una junta médica regional en Santa Fé. En ese momento yo estaba en Paraná, así que esperé a Oscar en la terminal y fuimos juntos”.</p><p>Mucho tiempo antes, los amigos hicieron dedo para acudir a las reuniones de Cecimer en diferentes partes de la provincia. No lo recuerdan con amargura, sino con una sonrisa, e incluso se ríen rememorando alguna anécdota, como aquella cuando los subió un camión viejo de YPF. No obstante, son muy críticos con lo que pasó, y enfatizan que, con mayor contención, muchos de los veteranos no habrían tomado el camino de la autodeterminación.</p><p>Dos décadas después de ese primer contacto en Tierra del Fuego (en el que Pedro le entregó el arma a Oscar, aunque este no lo recuerde), se llevó adelante un encuentro de veteranos de todo el país. Como era de esperar, ambos se sentaron el uno junto al otro en los asientos del avión. Delante de ellos viajaba Ricardo Bochini, exfutbolista de Independiente y campeón del Mundial de 1986, y toda su familia.</p><p>Treinta años pasaron desde que Argentina les ganó a los ingleses y ninguno de los dos lo deja pasar en la conversación. Oscar relata que, en ese momento, vio el partido en la casa de su hermana porque no tenía televisión: “El gol de Maradona lo grité arrodillado y llorando”.</p><p>A pocos días de que se haya repetido la historia, los amigos valoran el gesto de los jugadores de la Selección, que exhibieron una bandera con la leyenda: “Las Malvinas son argentinas”.</p><p>“Era un partido de fútbol, pero sea como sea, tenían que ganar. Tengo una sobrina de 4 años que dice ‘que los ingleses nos devuelvan las Malvinas’. Estuvimos mucho tiempo sin poder hablar, no me voy a olvidar nunca que, a nosotros, antes de salir de baja, nos hicieron firmar un papel que decía que no podíamos contar nada. Y uno por miedo no hablaba, y eso te va quedando adentro. Pero una vez que empezamos a hablar y a contar nuestra experiencia, a contar la verdad, hemos ayudado a que se tome mucha conciencia de qué es Malvinas, de qué representa para nosotros y para todos los argentinos”, resalta Vergara.</p><p>“Nosotros no reivindicamos la guerra, fue un hecho que nos pasó; no sirvió, nadie sale ganando, hay muertos de los dos lados y mucho sufrimiento de ambos pueblos. Pero sí reivindicamos que las Malvinas son incuestionablemente argentinas. Ellos lo único que están sosteniendo hoy es que tienen una población, pero ni siquiera es genuina, es implantada, así que los ingleses no tienen razón de ningún tipo. Eso se está haciendo carne en el pueblo y eso nos da mucha satisfacción y es muy importante. El otro día se vio en los gurises de la Selección. Seguro escucharon a algún veterano de guerra en sus escuelas, cuando eran más chicos, que les contó qué pasó, y se les hizo carne. Paredes, cuando una periodista le preguntó por la bandera, le respondió que las Malvinas son argentinas, y van a seguir siéndolo siempre”, rescata Pérez del reciente triunfo.</p><p>Por último, les pregunto si se imaginan la vida sin el otro, e inmediatamente responden que no. “Hablamos el mismo idioma. Si Pedro habla de Malvinas, yo sé de qué está hablando, y lo mismo cuando hablo yo. Más allá de que él no haya estado en mi lugar, ni yo en el de él. Nunca me voy a pelear con él, aunque tengamos diferencias y no estemos de acuerdo”.</p><p>Oscar y Pedro abandonan el edificio juntos y se quedan charlando cerca de sus autos, como hace la mayoría con sus amigos cuando se está despidiendo, pero quedaron cosas por hablar. Ambos, son el ejemplo de una amistad resiliente, que respeta la historia personal del otro, que han sido testigos de su transcurrir en la vida y de cómo juntos lograron sobreponerse y persistir más allá de la guerra.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jRAxogsVFExo8yXXB7cRmxqRQHA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/veteranos_malvinas_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Pedro Vergara y Oscar Pérez son veteranos de Malvinas; combatieron juntos, aunque en distintos sectores, en Sapper Hill, un monte ubicado en la Isla Soledad. En la previa al Día del Amigo, contaron cómo se conocieron y cómo el lazo de hermandad que estrecharon los ayudó a seguir adelante luego de que terminara el conflicto bélico.]]>
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                                <updated>2026-07-20T01:00:12+00:00</updated>
                <published>2026-07-19T00:29:11+00:00</published>
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            Héroes entrerrianos en el desastre: los bomberos y sus canes que rescataron a cinco sobrevivientes en Venezuela
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        <author>
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                <![CDATA[Camila Mateo]]>
            </name>
        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b5Gh7lNalqdX7L54Sfhh9eKhfys=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/bomberos_gualeguay_rescate_venezuela.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Mientras el polvo de la catástrofe todavía flotaba en el aire de Venezuela, dos binomios de Bomberos Voluntarios de Gualeguay preparaban sus mochilas con una sola certeza: cada segundo atrapado bajo los escombros es la diferencia entre la vida y la muerte. Gastón Velázquez con la perra Oma, y Osiris López junto a Roma, no dudaron cuando llegó la convocatoria humanitaria. Tras un extenuante viaje de tres días por tierra y aire que incluyó el cruce fronterizo por Cúcuta que conecta Colombia con suelo venezolano, los rescatistas entrerrianos se convirtieron en piezas clave de una misión internacional: lograron el milagro de salvar cinco vidas y la dolorosa pero necesaria tarea de recuperar 43 cuerpos.</p><p>Todo comenzó hace nueve años, en el inicio de la formación del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay. Durante todo un año, Velázquez y Osiris se formaron como guías de perros de rescate en la Asociación Civil Escuela Canina de Catástrofe (Acecc).</p><p>A partir de esa capacitación, empezaron a entrenar a Oma, una ovejera de casi 8 años, y después, a Roma, de 5 años. Y, aunque participaron en otros escenarios adversos como las inundaciones en Bahía Blanca, en Venezuela fue la primera vez que trabajaron en un lugar atravesado por la fuerza destructiva de dos terremotos.</p><p>“Junto con Roma, que es mi can, hacemos búsquedas de restos humanos. Y mi compañero, Osiris, trabaja con Oma, que busca personas con vida. En este caso, fuimos convocados por Acecc, que es la asociación civil a la cual nosotros pertenecemos como equipo de búsqueda, y donde entrenamos nuestros perros. Ellos fueron los convocados a trabajar en Venezuela, y es a través suyo que nos sumamos al equipo”, contó Gastón Velázquez.</p><p>Los dos binomios, Gastón con Roma y Osiris con Oma, fueron notificados de la posibilidad de viajar a Venezuela el viernes 25 de junio, veinticuatro horas después de la catástrofe natural. Ese mismo día, viajaron a Buenos Aires para unirse al equipo de rescate de Accec mientras aguardaban la finalización de los trámites administrativos para viajar.</p><p>“El sábado nos trasladamos a Venezuela por aviones comerciales, ya que los únicos aviones que está recibiendo el aeropuerto local son militares y no podíamos esperar. Hicimos dos escalas dentro en territorio colombiano (Medellín y Cútuta) y desde ahí, entramos por vía terrestre hasta Caracas, en un micro que nos consiguieron los bomberos venezolanos. Tuvimos 15 horas de viaje terrestre, atravesamos prácticamente el país. Una vez en la capital, que fue el primer punto donde nos juntamos con los bomberos de allá para iniciar las búsquedas, nos asignaron las zonas”, relató Velázquez.</p><p>Tras casi tres días de viaje, hicieron base en La Guayra, lugar en el que trabajaron hasta el sábado 4 de julio: “Los bomberos venezolanos nos indicaban la zona para trabajar y ahí íbamos con los canes. Nuestro trabajo consistía en la búsqueda de las víctimas, vivas o fallecidas, y tratar de marcar el punto más exacto para que los rescatistas hicieran la extracción. Tratábamos de evitar las horas después del mediodía, que eran los momentos de más calor para cuidar a las perras, así que comenzábamos temprano y después volvíamos a arrancar al atardecer hasta la madrugada. El tiempo de descanso era poco y el trabajo de las perras era mucho, así que intentábamos intercalar descanso y trabajo, para mantenerlas bien hidratadas”, manifestó López y agregó: “Todos coincidimos en que nos sorprendía la magnitud del desastre, si bien sabíamos a lo que íbamos a encontrar, estar en el lugar te llama la atención por la grandeza del desastre provocado por el terremoto”.</p><p>Algunos miembros del equipo de búsqueda del que formaban parte tenían experiencia en sismos, pero reconocían que nunca habían visto algo igual. “Fue bastante impactante ver la destrucción que había”, resaltó López.</p><p>Como parte del trabajo, los gualeyos debían llegar lo más cerca posible del punto en que se encontraban las personas vivas, o los restos, para poder indicar con la mayor precisión al grupo de rescate: “En algunos casos, pudimos tener contacto con las víctimas, no visual, pero sí escuchábamos golpes y nos fueron respondiendo. Pero una vez que señalábamos el lugar, se hacían cargo los rescatistas y nosotros nos trasladábamos para otro punto de búsqueda”, aclaró Velázquez y contó que, además de la inmensidad de la catástrofe, los que más los atravesó fue el abandono en el que se encontraban las familias: “Muchas acampaban en las puertas de los edificios, esperando tener una respuesta de si el familiar que estaba dentro, todavía seguía con vida. Había personas que ya estaban resignadas a encontrar un cuerpo, entonces nos pedían que intentáramos localizarlos para que ellos pudieran cerrar el duelo. Eso es lo que nos hacía todo más chocante, porque estaban solos, no había apoyo de psicólogos. Era un padre que te decía ´tengo a mi esposa y a mis hijos en ese edificio’, eran historias que se repetían en todos los edificios en los que estábamos trabajando. Y por más que uno esté preparado para este tipo de trabajos, te termina afectando también. Por suerte, siempre tuvimos a disposición profesionales de la salud mental, allá y acá”. Y destacó: “Sabemos que todo este proceso que tiene por delante el país es enorme, que han recibido mucha ayuda, pero queda mucho trabajo para hacer, para acompañar a las familias, que siguen esperando respuestas sobre parientes, para reconstruir kilómetros de una zona costera donde no quedaron prácticamente edificios habitables. Y es ahí donde la comunidad internacional tiene que estar muy atenta y acompañar al pueblo venezolano”.</p><p>Dentro de la tragedia, ambos bomberos reconocieron que la experiencia les confirmó que “el entrenamiento, el esfuerzo, y la inversión que hizo el cuartel no fue en vano, que el día que nos pusieron a prueba, estuvimos a la altura, que pudimos dar una respuesta profesional. Nos incentiva a seguir trabajando en esto. Las inversiones que hacen las instituciones no van a la basura, sino que cuando el ciudadano lo necesita, se le puede dar una respuesta. Tenemos que seguir sumando canes, personal y capacitación, que es lo más importante”.</p><p>K-9 Gualeguay, pioneros de la provincia</p><p>La Asociación K-9 del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay es la única y la primera de Entre Ríos que tiene personería jurídica y entrena a perros para búsqueda y rescate.</p><p>Desde los tres meses de vida de los cachorros comienzan a entrenar con ellos. Oma de 7 años y medio y Roma de 5 años son los únicos canes operativos del cuartel, y hay otros tres en formación.</p><p>“La especialidad de Oma es encontrar personas con vida, es una ovejera, y Roma, una Golden, busca restos humanos. Cada perro vive con su guía, nosotros las criamos desde cachorras, empezamos a entrenar con ellas. En la vida cotidiana, tenemos diariamente entre 20 y 30 minutos de entrenamiento, mientras que los fines de semana es más prolongado, donde practicamos lo que es el trabajo de búsqueda. La formación la hacemos en Gualeguay y una o dos veces al mes, viajamos a la escuela en Buenos Aires a hacer algún trabajo más específico o a corregir algunas cosas”, contó Velázquez.&nbsp;&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/b5Gh7lNalqdX7L54Sfhh9eKhfys=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/bomberos_gualeguay_rescate_venezuela.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Gastón Velázquez y Osiris López, junto a las perras Oma y Roma, formaron parte del equipo que trabajó entre los escombros del centro-norte y noroeste venezolano, tras los dos sismos de magnitudes similares sufridos en un lapso de tiempo extremadamente corto y en ubicaciones muy cercanas. El regreso a casa con el deber cumplido y el dolor de una comunidad devastada.]]>
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                                <updated>2026-07-11T20:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T19:45:31+00:00</published>
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            La argentinidad de moda: la pasión que supimos construir y sus límites reales
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mbX3-Faq2pcPNjlTnOaCXXLcmAs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_moda_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos años, o al menos desde diciembre de 2022, existe un fenómeno innegable: “lo argentino” se puso de moda. Buzos, remeras, gorras y accesorios con temática patria se cuelan en las vidrieras y ganan cada vez más espacio entre los jóvenes: el Sol de Mayo; la bandera nacional; San Martín; las Malvinas; el mate y el fernet; el asado y la milanesa; Messi y Maradona; el Papa Francisco; la UBA; el Conicet; el Gauchito Gil; el fileteado porteño; los carpinchos... La lista es infinita y se acomoda según las ideologías, identidades, gustos y pertenencias que conforman ese gran mosaico social que somos los argentinos.&nbsp;</p><p>Con esas mismas referencias se llenan de stickers los termos, y de memes e ilustraciones las cuentas de Instagram y Pinterest. Surge así el concepto de “nacionalismo estético”, la tendencia cultural que toma elementos comunes de la identidad y las costumbres argentinas, en especial los símbolos patrios, y los exhibe con un diseño moderno, minimalista y desaturado.</p><p>Las modas difícilmente son mera y exclusivamente estéticas, superficiales o carentes de significado. A veces son todo lo contrario, al igual que lo artístico. Y, de por sí, siempre hay una razón por la que miles de personas validan y hacen propia una forma de vestirse o decorar su casa, por ejemplo. Son otras formas de comunicación que no pasan inalteradas ante un clima de época y hablan de criterios compartidos con otros, de nuestras aspiraciones personales, sentidos de pertenencia y la imagen que buscamos proyectar hacia los demás.</p><p>Lo cierto es que, para un país históricamente atravesado por la conflictividad política y las crisis económicas recurrentes, que alimentan el descreimiento en las instituciones y el derrotismo para con lo público y nacional, la búsqueda de un sentimiento de orgullo y pertenencia colectiva, que salve todas las diferencias y nos una bajo una mística de grandeza, más de una vez se volvió necesaria; casi inevitable. Y el fútbol ha sido ese gran catalizador que lo ha hecho posible, o que al menos pudo encender la chispa “argentinizadora”.Más que cualquier otra cosa, es sabido que la pasión futbolera llega a todos sin distinguir clase social, y que excede ampliamente al deporte en sí. También es un hecho que la celeste y blanca actúa como un emblema común, que cada argentino puede hacer propio y cargar de significado.</p><p>Fue así que la epopeya de Messi, Scaloni y su equipo en Qatar 2022, que tuvo un arco narrativo de película y generó una enorme identificación con los sueños, alegrías y sufrimientos de sus protagonistas, desató un fervor mundialista que creció gradualmente con cada partido, movilizó hasta a los menos futboleros y culminó con los épicos festejos de su triunfo. El furor, la emoción y la felicidad se extendieron por alrededor de un mes. Pero pasados los días en que miles se tatuaron las tres estrellas o la cara de Lionel, y todos cantamos “Muchachos” hasta el cansancio, algo quedó.</p><p>Desde entonces, el marketing y la cultura popular se impregnaron con la idea de que “ser argentino es ser campeón del mundo”. Ese “aura” o valoración social de la argentinidad se trasladó del fútbol y la Selección a todo un universo de significantes distintos; o más bien se construyó en paralelo, respaldada por un reconocimiento de nuestra grandeza y autenticidad que ahora estaba ante los ojos de todo el mundo. Además de la temática nacionalista que se metió en la moda y el diseño, el fenómeno cobró vida fundamentalmente en las redes, ese espacio intangible en el que cada día transcurre más nuestra existencia como sociedad.</p><p>Cada éxito de un artista, científico o deportista argentino, dentro del país o en el extranjero, pasó a ser celebrado colectivamente como “otra coronación de gloria”, con una mezcla de ingenio, orgullo y humor. Lo mismo a nivel más irónico con videos virales o noticias de hechos insólitos protagonizados por argentinos, donde por fuera del status per sé que se le da hoy a la visibilidad masiva, se trata de confirmar la idea de que “somos distintos”, apasionados; genios, locos, o las dos cosas; reconociendo (con falsa modestia o no) que, “podemos ser lo mejor o también lo peor”, como dice la canción de la Bersuit.</p><p>Más que nunca, el talento y potencial de nuestro pueblo se empezó a exaltar en las redes, escenarios, canales de streaming y marchas y reclamos en defensa de la educación y la salud públicas, el desarrollo científico nacional y la industria audiovisual (por sólo nombrar algunos de los sectores desfinanciados e incluso agraviados por la actual gestión de gobierno). Esto último no es un hecho menor, ya que la era Milei trajo consigo resistencias a su modelo abiertamente anti-estado, que arremetió contra instituciones de gran prestigio social como la UBA, el Conicet, el Garrahan o el INCAA. Muchos las tomaron como emblema de lo nacional, y respaldaron sus reclamos no sólo en las calles sino también compartiendo ilustraciones, slogans y otros contenidos en la digitalidad. El éxito del streaming del Conicet desde las profundidades del Mar Argentino bien podría tener que ver con todo esto.</p><p>En el plano internacional, el “argenverso” pareciera expandirse o retroalimentarse cada vez que un famoso confiesa su amor por Messi o empieza a tomar mate, difundido por la diáspora de jugadores argentinos en el exterior o por otras figuras del deporte como Franco Colapinto. Sucedió cuando Dua Lipa recomendó a la escritora entrerriana Selva Almada o cuando los japoneses se fanatizaron con el truco después de ver El Eternauta, serie que tuvo repercusión mundial.</p><p>El fenómeno hoy por hoy sigue vigente, y quizá pase más desapercibido porque ya se instaló como un lugar común en las expresiones de la cultura popular y del sentir colectivo. En el marco de este nuevo Mundial, es probable que se actualice o se transforme, imposible saberlo. Lo que sí podría estar pasando y reforzando este brote contemporáneo de argentinidad, es una cierta nostalgia por los grandes ídolos populares y líderes que se van y, con ellos, una parte de nuestra historia y cultura, va quedando huérfana de otros que estén a su altura. Maradona, el Papa Francisco y, más recientemente, el Indio, son los mayores ejemplos.</p><p>Los límites de la imagen y del sentimiento genuinoEs válido cuestionar en todo esto qué tanto hay de mera estética, o performance para el afuera, y cuánto de verdadero orgullo patrio. Probablemente un poco de las dos cosas. Pero el problema podría radicar más bien en que el alcance de la pasión y amor por la Patria se reduzca a expresiones efímeras de la digitalidad y rara vez se traduzca en protesta organizada para defender la soberanía y los intereses nacionales, desde la participación ciudadana y la construcción política.En esa línea, desde una lectura mucho más crítica, la politóloga y escritora argentina Leyla Bechara en su artículo “La nueva cara del progresismo: nacionalismo pop, para divertirse”, publicado en septiembre del año pasado, describió cómo “Argentina se volvió una tendencia estética” y que basta con “salir a ver cualquier vidriera para encontrar un sol de mayo o algún paisaje autóctono sublimado en tela para descubrir cómo la Nación puede ser un símbolo más en el banco de fotos de algún diseñador”. Advierte que “lo que estamos viviendo no es un revival del orgullo nacional sino un intento desesperado por seguir siendo un país”.</p><p>Según la autora, “la economía de la atención le quitó densidad a los símbolos y hoy la patria dura lo que dura un clip”. “El nacionalismo ya no se ejerce se estetiza. Y como toda estética sin mito, no funda nada, apenas sirve para vender y producir stock visual. El aura nacional se escurre en la lógica del merchandising y, con ella, se diluye la potencia política del símbolo”, y explicó que “la nación es ante todo un relato compartido: una comunidad imaginada que se sostiene en historias, símbolos y prácticas que permiten reconocernos como parte de un mismo nosotros”, pero que “el problema aparece cuando ese relato deja de construirse en la experiencia real de un pueblo y se terceriza en la estética”.&nbsp;“El conflicto inherente a la constitución de una nación está sublimado en el orgullo exacerbado de un país que no crece hace más de una década, con salarios aniquilados y condiciones laborales cada vez más paupérrimas. Nuestra economía no compite en ningún ranking, pero nos quedan aquellos orgullos biográficos. Personajes desperdigados por el mundo que encarnan el carisma de lo argentino en instantes virales. En el mejor de los casos las figuras y los colores logran atrapar algo del sentido revoltoso y sublevado de la cultura nacional, pero al calor de la realidad política está claro que esas tonalidades solo revisten la domesticación de aquello que siempre surgió de abajo hacia arriba”, expuso Bechara.Y concluyó: “La paradoja es folklórica, cuanto más vacíos de relato verdadero están los espacios políticos y culturales, más se recurre al placebo visual de lo nacional. Lo que debería ser mito vivo (...) se reduce a logo y a souvenir. Y el pueblo, huérfano de relatos que lo expliquen y lo organicen, consume ese placebo porque es lo único disponible. En la sociedad del espectáculo, lo real se sustituye por la representación y la bandera se convierte en la forma de participar de un nosotros que ya no tiene contenido político. El nacionalismo chato permite simular pertenencia sin entrar en la incomodidad de los antagonismos y una Argentina sin conflicto, donde la unidad de sentido se reduce a un telón de fondo en el acto partidario o a un diseño gráfico en la colección de moda, significa un pueblo domesticado. Al estetizar lo patrio sin contenido, se inhibe la posibilidad de pensar una Argentina presente, conflictiva, contradictoria y real. Una Argentina donde los símbolos sirvan para organizar pueblo y destino y no para decorar feeds y hacer campaña”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mbX3-Faq2pcPNjlTnOaCXXLcmAs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_moda_4.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Desde que ganamos “la tercera”, el marketing y la cultura popular se impregnaron con la idea de que “ser argentino es ser campeón del mundo”. La fiebre por la Scaloneta dio lugar a nuevas formas de manifestar el orgullo patrio, que excedió ampliamente al mundo del fútbol y nos llevó a la celebración colectiva de cada “coronación de gloria”. Un fenómeno que persiste y muta, aunque no sin límites evidentes.]]>
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                                <updated>2026-07-04T23:40:05+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T23:26:54+00:00</published>
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            Tener voz antes de tener voto: los jóvenes y la participación ciudadana en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l8gs_AnJW6YZTu7GV_7uWrKifQs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/jovenes_concejo_deliberante_foro_joven.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La juventud siempre ha sido retratada como motor de cambio. Son las nuevas generaciones quienes encarnan las transformaciones más radicales en los modos de relacionarse, de hacer propia la digitalidad que hoy nos atraviesa y de construir sentidos, aspiraciones y subjetividades muy distintas a las de sus mayores. Sin embargo, la impronta y el punto de vista único que podrían aportar al debate público y a la toma de decisiones pocas veces encuentra un lugar en el que materializarse. Es una voz que, si llega, lo hace mediada por otros interlocutores, y no directamente por los más jóvenes.</p><p>Pero más allá de lo que su participación ciudadana pueda ofrecer al bienestar común y al funcionamiento democrático, el principal problema es que los chicos en edad escolar y universitaria no experimenten ni reciban herramientas que puedan empoderarlos en sus derechos, deseos y capacidades. Por ejemplo: el desarrollo del pensamiento crítico y el interés por las más diversas cuestiones políticas (como la educación, el mundo del trabajo o la soberanía); la enseñanza de las formas adecuadas para informarse, argumentar y confrontar ideas y opiniones; y la oportunidad para ponerlas en práctica. En épocas en que los discursos de odio y la crisis de los partidos políticos conviven con el individualismo, el aislamiento digital y los sesgos cognitivos reforzados por algoritmos y fake news, estas instancias se vuelven aún más necesarias.</p><p>Distintas voces locales conversaron con Ahora ElDía acerca de este tema. Una de ellas fue Cintia Otero, rectora de la Escuela Superior de Adultos ESJA Nº 82 “Libertad" y docente del colegio E.E.T. Nº 2, quien advirtió que “el tópico sobre participación ciudadana ha disminuido considerablemente en los últimos tiempos”.</p><p>“Supongo que debido a la crisis y descreimiento que envuelve a toda la sociedad y que claramente resuena en las escuelas”, expuso y agregó: “Creo que los tiempos cambian; que quienes circulamos en las escuelas compartimos con diferentes generaciones que reconocen y viven de formas distintas la participación democrática, la responsabilidad, la empatía, el trabajo colectivo e individual. Quizás la crisis económica, social, cultural e histórica hace que estos lugares de participación vayan cambiando. Está en nosotros, los adultos, acompañar y mostrarles a los estudiantes las habilidades que tienen para dar pie a todo lo que pueden lograr”.</p><p>Enzo Damer, docente secundario en las escuelas E.E.T. Nº 2 y Nº 3, fue otro de los consultados, y contó que él mismo participó de centros de estudiantes hace mucho tiempo. Hoy, acompaña a los chicos en este tipo de instancias. “La E.E.T. Nº 2 tiene un nuevo centro y están esas ganas de querer hacer y de aprender para qué sirve un centro de estudiantes, para que todos los demás lo conozcan. Creo que es una herramienta muy importante en la vida secundaria y quizás los jóvenes no le prestan atención, o lo ven de lejos”, comentó.</p><p>A su vez, Damer valoró propuestas como el Concejo Deliberante Estudiantil, en las que se aprende sobre la vida legislativa, y consideró que deberían llegar a más jóvenes. También mencionó que si bien “hay grupos de jóvenes que forman parte de la vida política partidaria, no se ve mucha participación activa o directa en ese ámbito”: “Pareciera que les cuesta cada vez más encontrar su lugar de participación genuina en los partidos. No se ve una renovación, o no hay lugares de toma de decisión para los jóvenes, y eso genera que se alejen cada vez más o no encuentren quien los represente”, completó.</p><p>El docente observó que en Gualeguaychú “los jóvenes siempre se movilizan ante alguna eventual situación solidaria o un objetivo puntual”, pero que “faltan herramientas o actividades que sirvan para motorizarlos en cuestiones políticas de la sociedad, que sean más partícipes y critiquen más”. “Y que lo hagan teniendo argumentos, con información genuina, porque hoy consumimos contenido que quizás no es cierto o está distorsionado, y nos quedamos con eso. También hay que poner el foco en que vivimos en sociedad, y hay cuestiones que son colectivas. Se está yendo hacia una mirada única en la que hay que preocuparse por uno mismo y el resto no interesa, y no es así”, concluyó.</p><p>Por último, Ana Severin, encargada del Área de Juventud del Municipio, compartió su devolución sobre las iniciativas que el Gobierno local lleva adelante para fomentar la participación ciudadana en los jóvenes y dar lugar a que expresen las problemáticas que los atraviesan y las políticas públicas que consideran necesarias.</p><p>“Las propuestas que trabajamos este año reflejan que cada vez hay más jóvenes con ganas de involucrarse y de ser parte de las decisiones que hacen a su comunidad. En el Concejo Deliberante Estudiantil tuvimos una cantidad de inscriptos superior a la de los últimos años, y eso demuestra que cuando se generan espacios reales de participación, los adolescentes responden con compromiso, entusiasmo y una enorme capacidad para debatir, construir consensos y proponer ideas”, señaló acerca del programa creado a través de la Ordenanza N° 11.141/2008.</p><p>El Concejo Deliberante Estudiantil permite a alumnos de cuarto, quinto y sexto año de las escuelas secundarias vivir de cerca la experiencia legislativa. A través de esta iniciativa, los jóvenes representantes de distintas escuelas asumen el rol de concejales para elaborar, debatir y votar proyectos de ordenanza que pueden impactar en la realidad local. El proceso fomenta el ejercicio de la democracia, el debate de ideas y el compromiso ciudadano, brindando a los estudiantes la oportunidad de conocer desde adentro el funcionamiento institucional del municipio.</p>&nbsp;<p>El Foro Joven Gualeguaychú es otra propuesta novedosa con la que el Área de Juventud busca dar a los adolescentes “un lugar protagónico en la construcción de la ciudad que quieren”. Bajo el lema "Pensá la ciudad que querés vivir", a principios de este mes se llevó la primera jornada de este Foro que convocó a alumnos de diferentes colegios secundarios. Impulsado por UNICEF bajo la estrategia global Municipio Unido por la Niñez y la Adolescencia (MUNA), el propósito central de este espacio es superar las instancias meramente testimoniales y generar canales institucionales donde las voces de los jóvenes de entre 13 y 18 años sean escuchadas, organizadas y traducidas en herramientas concretas de planificación estatal.La metodología de trabajo combinó sesiones plenarias con instancias de comisiones reducidas de 8 a 10 integrantes, coordinadas por los líderes juveniles quienes cuentan con trayectoria preexistente en programas locales como el Presupuesto Participativo Joven y el Concejo Deliberante Estudiantil, asumiendo en esta oportunidad el rol de facilitadores.“No era solamente convocarlos a participar, sino confiar en ellos, darles herramientas y convertirlos en actores centrales del proceso a través de la figura del referente joven. La respuesta fue muy positiva. Más allá de que no tenemos ediciones anteriores con las que comparar, vimos un fuerte compromiso, propuestas muy valiosas y jóvenes que asumieron ese rol con mucha responsabilidad y entusiasmo. Incluso, al finalizar la jornada, nos transmitieron que se sintieron escuchados, valorados y protagonistas de un espacio que sentían necesario, contó Severín.</p><p>Y agregó: “Desde el comienzo de esta gestión venimos sosteniendo la decisión de fortalecer la participación juvenil y generar ámbitos donde los jóvenes puedan expresar qué ciudad imaginan, cuáles son las problemáticas que los atraviesan y qué políticas públicas consideran necesarias. Creemos que las mejores políticas para las juventudes son aquellas que se construyen con los jóvenes y no solamente para los jóvenes. El Foro Joven representa un paso más en ese camino”.</p><p>También se refirió al Presupuesto Participativo Joven, cuya convocatoria recién está comenzando, por lo que todavía no se conocen los números y alcances de su participación. “Sin embargo, ya estamos recibiendo una gran cantidad de consultas, lo que nos hace pensar que volverá a ser una herramienta muy convocante y que seguirá afianzándose como un espacio donde las ideas de los jóvenes pueden transformarse en proyectos concretos para la comunidad”, completó.Consultada sobre las inquietudes que expresan los adolescentes y jóvenes de la ciudad, la responsable del Área de Juventud indicó que “son muy diversas y muestran la complejidad de la realidad que ellos viven”. “Aparecen frecuentemente temas vinculados al ambiente, la accesibilidad, la inclusión y, especialmente, la salud mental, que hoy constituye una de las demandas más presentes. También surgen propuestas relacionadas con la mejora de los espacios públicos, el deporte, la cultura, la educación y distintas iniciativas orientadas a fortalecer la vida comunitaria. Esto nos muestra que los jóvenes no solo plantean las problemáticas que los atraviesan, sino que también llegan con ideas concretas para abordarlas”, observó.</p>Ana Severin, encargada del Área de Juventud del Municipio<p>Por último, marcó que si bien tanto el Municipio como las organizaciones de la sociedad civil generan espacios importantes en la ciudad para que los jóvenes sean parte de la agenda pública, todavía existe un “doble desafío”: “El primero es lograr que esos espacios sean cada vez más convocantes. No alcanza con que existan; es necesario que los jóvenes los conozcan, los sientan propios y encuentren en ellos un lugar real para expresar sus ideas, debatir y transformar su realidad. El segundo desafío, que está muy vinculado con el primero, es repensar esos espacios para que sean cada vez más inclusivos. Hoy muchas de las convocatorias se canalizan a través de las escuelas, lo cual es lógico porque son uno de los principales ámbitos de encuentro de las juventudes. Pero también existe una realidad que duele pero que no podemos desconocer: hay muchos adolescentes y jóvenes que están por fuera del sistema educativo y que, en consecuencia, tienen menos oportunidades de acceder a estas instancias de participación. Ese es un desafío que tenemos como Estado, pero también como comunidad: construir estrategias que nos permitan llegar a esos jóvenes, generar nuevos ámbitos de participación y garantizar que la posibilidad de involucrarse en los asuntos públicos no dependa exclusivamente de estar dentro de una institución educativa. Si queremos construir políticas públicas con las juventudes, tenemos que asegurar que todas las voces tengan la oportunidad de ser escuchadas”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/l8gs_AnJW6YZTu7GV_7uWrKifQs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/jovenes_concejo_deliberante_foro_joven.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La juventud tiene opiniones, propuestas y energía. Lo que les falta, muchas veces, son los canales. ¿Qué lugares encuentran las nuevas generaciones en la ciudad para involucrarse en los debates y decisiones que hacen a la política y la vida en comunidad? Docentes y funcionarios abocados a esta temática remarcaron la importancia de construir una democracia plena desde la participación estudiantil.]]>
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                                <updated>2026-06-28T13:20:08+00:00</updated>
                <published>2026-06-27T23:25:11+00:00</published>
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            Gualeguaychú 1978: entre el fuego, la inundación y el Mundial que no pudo tapar el horror
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                <![CDATA[Matías Daniel Venditti]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MP_sXPB3tdYnffj6aVlEqKRcuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mundial_78_inundacion_incendio_gualeguaychu_11.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El primer título que consiguió nuestro país en un Campeonato Mundial de fútbol tiene el sabor de un triunfo amargo. Dos años después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la dictadura al mando de Jorge Rafael Videla enfrentaba crecientes denuncias internacionales por secuestros, torturas y desapariciones forzadas.</p><p>En ese contexto, la organización del torneo de 1978, otorgada a la Argentina una década antes, se presentó al gobierno de facto como una oportunidad para mostrar una nación unida, ordenada, moderna y en paz. Una herramienta con la que el régimen buscaría mejorar su imagen en el exterior y fortalecer su legitimidad en el plano interno, entendiendo que pocos elementos podían generar una identificación colectiva tan fuerte como el fútbol.</p><p>Con ese objetivo se puso en marcha una gigantesca operación política y comunicacional. A través del Ente Autárquico Mundial 78 se impulsaron obras de infraestructura, remodelaciones de estadios, mejoras aeroportuarias y hoteleras, la modernización de la televisión estatal y una intensa campaña de propaganda. Entre sus expresiones más recordadas quedó el eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”, concebido para responder a las denuncias sobre violaciones sistemáticas a los derechos humanos que llegaban desde distintos países.</p><p>A pocas cuadras del estadio Monumental, donde Mario Kempes se convertía en héroe nacional, funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio de la dictadura. Algunos sobrevivientes recuerdan haber escuchado simultáneamente los festejos provenientes del estadio y los alaridos de las salas de tortura. Otros relatan cómo los represores colocaban televisores para que los detenidos siguieran los encuentros. Para muchos sobrevivientes, aquello formaba parte de una estrategia destinada a mostrarles que el mundo seguía adelante mientras ellos permanecían secuestrados y desaparecidos.</p><p>La contradicción atravesó a gran parte de la sociedad argentina. Durante los 25 días que duró el campeonato coexistieron comportamientos muy diversos. Hubo apoyo al régimen, indiferencia, miedo, resistencia, denuncias y celebraciones genuinas. Hubo ciudadanos que aprovecharon la llegada de periodistas extranjeros para difundir información sobre los desaparecidos. Hubo organismos de derechos humanos que redoblaron sus esfuerzos para romper el silencio. Y hubo millones de personas que simplemente se dejaron llevar por la pasión futbolera.</p><p>En años marcados por el miedo y la represión, la alegría y celebración colectiva se expresó de manera auténtica en las calles. Un fenómeno social contradictorio que deja la pregunta de cómo pudo convivir esa felicidad con el conocimiento, mayor o menor, de lo que estaba ocurriendo en el país; cómo la euforia popular y el terrorismo de Estado coexistieron en el mismo tiempo y espacio.</p><p>Durante aquella época, Gualeguaychú vivió en carne propia el terrorismo de Estado, que secuestró, desapareció y/o asesinó a 37 jóvenes de la ciudad. Varias familias sufrieron la pérdida de dos de sus hijos o hermanos. Al día de hoy, se sigue buscando a quienes nunca fueron encontrados y a dos bebés que fueron apropiados. Por otra parte, el horror de la Dictadura también se impartió en la ciudad a través de los allanamientos, amenazas y estigmas sufridos por las familias y amigos de las víctimas, así como también mediante la privación de la libertad por motivos meramente políticos que vivieron muchos otros gualeguaychuenses.Es por eso que la lectura sobre la contradicción social que se vivió en el Mundial 78’ también aplica a nuestra ciudad, que por supuesto también seguía de cerca a la Selección argentina. Pero aquel año particular atravesó a la comunidad gualeguaychuense con otros acontecimientos en los que se mezclaría el dolor y la desesperación con la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo.Según contó a Ahora ElDía el especialista local en fenómenos meteorológicos y testigo directo de los hechos, Daniel Hernández, Gualeguaychú sufrió un verano muy caluroso y salpicado de incendios en 1978. Muchos se produjeron en campos y montes, pero el más recordado tuvo lugar en pleno centro, en las tiendas Blanco y Negro, ubicadas en la esquina noreste de las calles 25 de Mayo y Chacabuco. Poco después, la mayor inundación hasta entonces registrada movilizó a la ciudad por completo.</p><p>Sobre el incendio de Blanco y Negro, Hernández recordó: “En el interior, la ropa de algodón y sintética colgaba de los expositores dentro de un verdadero invernadero. Sin corrientes de aire por estar cerrado en el mediodía de aquel domingo 8 de enero, el interior del único gran espacio del local debe haber alcanzado los 45 º C. Se desconocen las causas exactas, pero las 13.04 se recibió un aviso en el cuartel de Bomberos Voluntarios. El incendio, detectado originalmente cerca de la puerta ubicada sobre la calle 25 de mayo, crecía favorecido por la combustibilidad de la mercadería y calor interno. Estalló la primera vidriera cuando llegaba la primera dotación. La abrupta entrada de aire suministró el oxígeno necesario para generalizar el incendio”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Y siguió: “Rápidamente se atacó el fuego, pero la presión de la red de agua era insuficiente para subir a las cisternas y abastecer a los autobombas. Mientras el incendio se generalizaba, llegaban más dotaciones y se sumaron los regadores Municipales. El esfuerzo se concentró en evitar la propagación y daños a linderos. Muy cerca estaba la estación de servicio del Automóvil Club. Todo el mundo quería ayudar, y era difícil aún para la policía controlar a la gente que se acercaba con este propósito. Alguien tuvo una idea y pidió a todos que sostuvieran en alto las mangueras de abastecimiento que, ahora sí, traían agua hasta los autobombas desde una válvula hidrante. Se formó así un inmenso ‘ciempiés’ de 80 metros de largo. El fuego arrasó el interior de la tienda, pero se circunscribió sólo al local. Tres días después, se continuaba efectuando la remoción y extinción final, y el enfriamiento y retiro de los escombros”.</p><p>Tan sólo dos meses después, el sábado 18 de marzo, el río empezó a subir su nivel. “Los primeros pedidos de ayuda llegaron al cuartel de Bomberos Voluntarios, que acudió a auxiliar a los vecinos ribereños. Al principio improvisando, y con el correr de las horas inventando procedimientos y lugares de alojamiento. Las horas se sumaban al igual que las dotaciones, pero los pedidos de auxilio se multiplicaban. A las 21 horas, se reunió la junta local de Defensa Civil convocada por el intendente. Ya había más de 500 evacuados y el ritmo de crecida, que sorprendió a todos, aumentaba violentamente”, contó Hernández.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Y sumó: “Un casamiento debió ser suspendido en la mitad de la celebración porque el agua entraba al templo de la calle Alem. Inmensa cantidad de solidarios vecinos anónimos trabajaron ayudando a los inundados. Ya por la calle Caseros, navegaban lanchas auxiliando a los vecinos que tenían casi dos metros de agua en sus casas. No se supo de víctimas fatales, pero las pérdidas económicas fueron incalculables”.</p><p>A casi cinco décadas de aquellos acontecimientos, 1978 permanece en la memoria de Gualeguaychú como un año atravesado por contrastes. Mientras el país celebraba la conquista de su primer Mundial en medio de una de las etapas más oscuras de su historia, la ciudad enfrentaba sus propias tragedias, entre incendios devastadores, una inundación sin precedentes y el dolor silencioso que dejaba la represión. Un tiempo complejo y contradictorio, que nos obliga a recordarlo con más preguntas que respuestas y con la incomodidad de saber que la alegría y solidaridad colectiva, en la ciudad y el país, convivieron con la indiferencia del “no te metas”, la complicidad y la crueldad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MP_sXPB3tdYnffj6aVlEqKRcuCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/06/mundial_78_inundacion_incendio_gualeguaychu_11.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Mientras la represión de la última Dictadura estaba en marcha, el gobierno de facto aprovechó que el país era anfitrión de la Copa del Mundo para limpiar su imagen ante la prensa internacional. No ajena a esta realidad y al contradictorio fervor mundialista, nuestra ciudad sufría a su vez los estragos de violentos incendios y una inédita crecida del río que quedaron en la historia.]]>
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                                <updated>2026-06-22T01:05:04+00:00</updated>
                <published>2026-06-20T22:43:00+00:00</published>
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