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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
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            Los primeros almacenes ultramarinos de la ciudad
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                <![CDATA[Leticia Mascheroni de Gasparovic]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/g2o8Tg7cT80f6bxi4Vr9fxC4xAo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/07/primeros_almacenes_ultramarinos_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un pequeño muelle de piedra servía de referencia para que viajeros y mercancías hicieran su recalada en la villa de San José de Gualeguaychú. Despuntaba el siglo XIX, si bien escaso al principio, población y comercio se fueron incrementando con los movimientos que los vaivenes de la política determinaban.</p><p>La Europa convulsionada “expulsaba” a jóvenes solos o grupos de familias hacia una América que les ofrecía campos fértiles e incipientes industrias a sus expectativas de progreso.</p><p>Así, el puerto fue creciendo al calor del arribo de embarcaciones, primero impulsadas por velas, luego a vapor y finalmente, a motor.&nbsp;</p><p>El escaso calado en la boca del río Gualeguaychú demoraba muchas veces la llegada de las embarcaciones, al mismo tiempo que se concretaba la construcción de un muelle de madera, para facilitar las tareas de carga y descarga de mercaderías y el ascenso y descenso de pasajeros, ya que las embarcaciones aumentaban su porte. Por 1853, se registraron catorce barcos de ultramar.</p><p>¿Y qué se acopiaba? Baldosas, sillas, cajones de cognac y de fósforos, barricas de azúcar refinada, cajas de azul (para blanquear), artículos de imprenta, tachos de cobre, damajuanas de anís, cuñetes de pimentón, sacos de nueces y cajas de almidón. No faltaban las cajas de bacalao, cajones de té, de vermut, juegos de sala, camas y un piano.</p><p>El europeo necesitaba mantener sus costumbres y este nuevo destino no podía satisfacer sus demandas. Esta situación dio lugar a la aparición de las primeras agencias marítimas y de las primeras fondas y hoteles para alojamiento.</p><p>No quedaron atrás los almacenes navales, también llamados ultramarinos, que acopiaban las descargas para luego ser vendidas en los almacenes del pueblo.&nbsp;Un informe de 1857, daba cuenta:</p>José Gavazzo, procedente de Italia, contaba con un capital de $1.000 y llevaba diez años de residencia.Manuel Gianello, de Italia, comerciante con $20.0000 y 17 años de residencia.Ángel Mendaro, de Italia, con comercio y un capital de $10.000.<p>Todos tuvieron vinculación con los movimientos comerciales que se realizaban en la zona del puerto.</p><p>&nbsp;</p><p>“Almacén Buenos Aires”&nbsp;de Nicolás Mendaro.&nbsp;Procedente de Italia, hizo escala en Buenos Aires y luego se estableció en Gualeguaychú con un importante comercio de ramos generales en calle Alem y Uruguay (Gervasio Méndez). Se especializaba en lonas y artículos navales, al mismo tiempo que era depósito de bebidas y comestibles, destacando el vino en barriles y la yerba en barricas. Remplazó el comercio por menor y quedó como casa importadora y ventas por mayor.</p><p>Integró el Directorio del “Banco de Italia y Río de la Plata” y fue activo colaborador de la “Sociedad Italiana de Socorros Mutuos”. Cuando se retiró de la actividad comercial, dejó a su hijo Virgilio al frente del negocio. Otro hijo, Amadeo, fue un médico muy reconocido por su actuación en la Cruz Roja Internacional durante la Primera Guerra Mundial.</p><p>Agencia Marítima “La Nacional” de Carmelo Gavazzo y su socio César Murature (Cocola). Ubicado en la esquina suroeste de las calles La Paz (Del Valle) y Alem. El local era propiedad de don Nicolás Mendaro y en esa esquina, el 24 de febrero de 1867, se colocó la primera piedra de la calle “del Puerto” (Alem).</p><p>Allí comenzó sus tareas siendo muy joven don Juan Solari, que luego fuera capitán del “Golondrina”, barco al que salvó de un naufragio una noche de tormenta.</p><p>El capataz y hombre de confianza era don Andrés Rivas, alias “Macho Viejo”. Se sumaban los “correctos empleados” Ruperto Rodríguez y Juan Bibé, padre del futuro intendente de la ciudad y los jovencitos Félix Etchegoyen (sobrino de Carmelo) luego eminente abogado y poeta y Juan Manuel Gavazzo Buchardo (hijo de Agustín y sobrino de Carmelo) que sobresalió como pintor. Eran los carreros con “cargas de cuidado”; en realidad, le asignaban carretillas con poca carga debido a la corta edad de los “peones”. Era representante de la empresa “Nicolás Mihanovich”.</p><p>En 1922, al morir Carmelo, pasó a propiedad de la firma “Rivas y Gavazzo” y años más tarde fue propiedad de la firma Vaispapir hermanos.</p><p>“Almacén Colón”.&nbsp;Emplazado en&nbsp;La Paz y del Puerto, era depósito de comestibles, bebidas y artículos navales. Se caracterizaba por la jocosidad en los avisos que publicaba en los diarios: “Para los ricos: tomates, castañas, nueces y limones. Para los pobres: papas nuevas, baratas, baratas, baratas”.</p><p>Agencia Marítima “La Platense” de José Gavazzo. En Del Valle entre Alem y San Lorenzo, vereda sur.</p><p>“Ánimo y Fide”&nbsp;de Francisco Gavazzo, Agente Marítimo. Ubicado en Alem y Bolívar, ángulo suroeste.</p><p>“Almacén Naval” de José Bonifacino. En la esquina suroeste de Alem y Concordia.&nbsp;La construcción del Muelle Nacional, dio otra jerarquía al puerto y al crecer la afluencia inmigratoria, también se incrementó el variado surtido de importación: alfombres de Esmirna, galletitas, chocolates, café, aceitunas, dátiles, horquillas, arados y hongos, se mezclaban con garbanzos y alpargatas.&nbsp;</p><p>Los almacenes navales se atiborraron, las ratas proliferaban y los malos olores provocaban la queja de los pasajeros y paseantes en el puerto.</p><p>Agencia “Mensajería Fluvial del Plata” de Juan Bagalciaga. En Alem y Del Valle, esquina noroeste. Anteriormente estuvo la fonda de Batmalle, luego la de Portela y tiempo después del cierre de la agencia, ocupó el lugar el bar “El ancla” de “Tanicho” Indart.</p><p>“La Pava Tuerta” de Francisco Babuglia. En Del Valle entre Alem y Costanera, vereda norte.&nbsp;</p><p>“Gran Almacén del Criollo”&nbsp;de Esteban Gavazzo, ubicado en Bolívar y Caseros.</p><p>Almacén Naval “La Marina” de Juan Girardelli. Ubicado en la esquina noroeste de Alem y Diamante (3 de Caballería). Su propietario donó luego el terreno y se levantó en el lugar la capilla de “Nuestra Señora de Fátima”.</p><p>Agencia Cabilla.&nbsp;Larga trayectoria tuvo esta empresa, emplazada en la esquina de calles San Lorenzo y Concordia. Hermoso edificio erigido frente a la plaza Colón y al histórico de la aduana, fue centro de intensa actividad mercantil, encarada por un grupo familiar muy comprometido.</p><p>Ya no siente Gualeguaychú la sirena de los vapores ni el silbato del tren anunciando su arribo. El puerto y la estación se han convertido en atractivos centros de distracción y paseo. El camión absorbió su magia y las rutas por las que transita, ya no son como los rieles con su traqueteo, ni las aguas con fascinante paisaje.&nbsp;</p><p>Otra gente, otros tiempos, otras inquietudes, marcan el sello actual de la ciudad; por eso, es necesario ir al rescate de nuestra historia, para saber del esfuerzo y la pasión que pusieron muchos al servicio de su progreso.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/g2o8Tg7cT80f6bxi4Vr9fxC4xAo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/07/primeros_almacenes_ultramarinos_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A mediados del siglo XIX, el europeo que llegaba al puerto necesitaba mantener sus costumbres y Gualeguaychú no podía satisfacer sus demandas. Esta situación dio lugar a la aparición de las primeras agencias marítimas. fondas y hoteles para alojamiento. No quedaron atrás los almacenes navales, también llamados ultramarinos.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2024-07-14T00:18:00+00:00</published>
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            Justo José de Urquiza, acción y legado en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Leticia Mascheroni de Gasparovic]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1UjTNZFL0FqkEiyGt3bSxdWkovY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/urquiza.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 11 de abril de 1870 fue asesinado en su residencia del Palacio San José, el general Justo José de Urquiza. Organizador de la Confederación Argentina, la consolidó con una estructura jurídica para fortalecer a las instituciones y al pueblo argentino: la Constitución Nacional, que desde 1853 guía los destinos de la República Argentina.&nbsp;</p><p>Por tratarse de un hombre admirado y odiado al mismo tiempo, no es menester detenerse en las alternativas del horrendo crimen; más bien, destacar sus acciones en el campo de la política, de la guerra, de la cultura y de sus obras, canalizadas a través de sus espacios de poder, al haber ejercido los cargos de diputado provincial, gobernador de la provincia de Entre Ríos y presidente de la Confederación Argentina.</p><p>Aún más, en la ciudad de Gualeguaychú, también produjo honda congoja el brutal crimen, porque Urquiza la visitaba asiduamente, ya fuere porque hacía operaciones comerciales, porque se preocupaba por las necesidades que las autoridades locales le informaban y también, por haberse enamorado de la jovencita Dolores Costa Brizuela, que fue madre de sus últimos once hijos.</p><p>Precisamente, en la casa paterna de ella, que estaba ubicada en la esquina sureste de las calles 24 de enero (25 de Mayo) y Solís (España), hoy ocupada por el Banco de Entre Ríos, Urquiza hizo levantar una magnífica vivienda que ocupaba casi media manzana y que encargó al arquitecto Fossati, el mismo que diseñara el Palacio San José.</p><p>Otras obras a las que dedicó su atención y muchas veces dinero de su propio peculio, pues las arcas del Estado y las contribuciones de los vecinos no eran suficientes fueron:</p>Foto gentileza Leticia Mascheroni<p>Hospital militar.&nbsp;Por 1847 no existía en la ciudad un nosocomio que diera auxilio a los ancianos, a los pobres y a los afectados por las epidemias, sobre todo las de cólera y viruela. En el predio que ocupa actualmente la Escuela de EducaciónTécnica 2 ”Pbro. José M. Colombo”, Urquiza apoyó la creación del hospital, que también sirvió para atención de los heridos de guerra. Hermoso edificio que se complementó con la construcción de una capilla.</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>Comandancia. Un rancho en deplorable estado, sin puertas que garantizaran la vigilancia de los presos, decidió a Urquiza a apoyar el pedido de las autoridades y de la población que se veía amenazada. Por 1850 se construyó un nuevo edificio de siete puertas al frente, aunque el revoque y la pintura tardaron mucho en aplicarse. En las procesiones, era común la procrastinación, por la que los prisioneros se veían beneficiados con el perdón o la postergación de su pena. Actualmente, el lugar es ocupado por la Jefatura Departamental de Policía en calle Sáenz Peña y cuyo edificio fue erigido en el año 1890.</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>Teatro 1º de Mayo.&nbsp;En Urquiza, entre Mitre y 3 de febrero, vereda sur, se erigió este teatro en 1850. La presencia de Urquiza en la villa -que fue elevada a la categoría de ciudad por decreto del 4 de noviembre de 1851- y su preferencia por los espectáculos teatrales, el baile y los juegos de entretenimientos, hicieron que apoyara la iniciativa, para que los artistas contaran con un edificio acorde con sus necesidades. Tal como ocurriera con otras construcciones, contribuyó con su aporte económico personal y el del estado, que se sumaron al de los vecinos.&nbsp;</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>Mercado 1º de Mayo.&nbsp;Debido a que la carne se vendía en carretillas o carros tirados por caballos, que recorrían las calles ofreciendo el producto a los pobladores y dejaban el rastro de sangre que chorreaba, de olores nauseabundos y de perros en alerta, se decidió la construcción de un edifico que reuniera a los comerciantes, locales y regionales, para vender sus productos con mejores condiciones de higiene y organización. Fue inaugurado en junio de 1865. Indudablemente que estas construcciones más sólidas, iban dejando de lado el rancherío y daban un marco edilicio más agradable al progreso, que se mantenía sostenido por los períodos de calma.&nbsp;</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>Cementerio del Oeste.&nbsp;La plaza Independencia (hoy San Martín), fue escenario de múltiples y variadas actividades de carácter religioso, cívico, cultural y, por momentos, bélico. Su entorno iba cambiando de acuerdo con las necesidades edilicias, ya fueren de índole oficial o particular.&nbsp; &nbsp;Tanto la “casa de los Haedo”, primera de ladrillo cocido de azotea, cita en la esquina noroeste de Rivadavia y San José, la escuela, la iglesia, (ambas de barro y paja) y el cementerio contiguo, conformaban el paisaje edilicio de la zona.</p><p>Con el tiempo, el deterioro se fue acentuando y requirió de la acción de las autoridades y del pueblo para mejorar las condiciones. Así, los olores nauseabundos que despedían los restos humanos cuando “flotaban” por efecto de las lluvias, decidieron un nuevo emplazamiento del cementerio alejado del conglomerado urbano. Nació así el “Cementerio de la loma”, en una parte del predio que ocupara a partir de 1913 el hospital Centenario.</p><p>En 1850 se inauguró con gran pompa y se trasladaron los muertos del cementerio viejo en solemne procesión por la calle Urquiza. Una capilla en bóveda le daba vista y el general Urquiza donó las estatuas de madera de los santos Justo y Pastor, que se conservan en la sala religiosa del Instituto Magnasco.</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>Iglesia y escuela.&nbsp;Un nuevo edificio para escuela fue construido en la esquina noroeste de San José y Urquiza pero, el lamentable estado de la iglesia, determinó que ésta ocupara ese lugar y, que en 1863, Urquiza y su esposa colocaran la piedra fundacional del nuevo templo de la parroquia San José. La escuela funcionaría en el ángulo noroeste de San José y Luis N. Palma, actual escuela Guillermo Rawson.&nbsp;</p><p>Ese mismo año, Urquiza dictó la Ley de vagos, por la cual se penalizaba a los desocupados que produjeran desorden.</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>La isla.&nbsp;La actual isla Libertad era de propiedad de Urquiza. Allí se firmó el tratado con Uruguay y Brasil con el objetivo de derrocar a Juan Manuel de Rosas. También estuvo Sarmiento a quién se lo nombró boletinero del Ejército Grande.</p><p>Luego, la isla se llamó “de Fraga” y su nombre definitivo recuerda el enfrentamiento con las fuerzas enviadas por el presidente Sarmiento para combatir a las de López Jordán, acusado del asesinato de Urquiza</p>Fotos gentileza Leticia Mascheroni<p>La Chacra del Cura.&nbsp;El cura Manuel Erausquin había adquirido las tierras en donde se emplaza el regimiento.&nbsp; Como lindaban con el arroyo, los vecinos terminaron por identificarlo como Arroyo del cura.&nbsp;Urquiza adquirió el terreno e hizo construir una casa al estilo del palacio San José, en donde recibía a diplomáticos, viajeros, familiares y amigos.</p><p>Estas son algunas referencias que recuerdan el accionar de Urquiza en Gualeguaychú. Su legado es frondoso y destaca sus dotes de gobernante ejecutivo.</p><p>Después de su asesinato, la provincia entró en caos; las persecuciones, los degüellos y los saqueos, dejaron el tendal de muertos, heridos, viudas y huérfanos. Pero se recuperó y la violencia no pudo opacar su obra.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1UjTNZFL0FqkEiyGt3bSxdWkovY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/04/urquiza.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Figura clave de la historia argentina, e l 11 de abril de 1870 fue asesinado en su residencia del Palacio San José. Al igual que en toda la provincia, pero particularmente en nuestra ciudad, la noticia del brutal crimen produjo mucha angustia y dolor, porque Urquiza la visitaba asiduamente, tenía vínculos comerciales y, también, sentimentales con Dolores Costa Brizuela, la madre de sus últimos once hijos.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2024-04-07T01:24:06+00:00</published>
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            Carnaval de Gualeguaychú: orígenes y serpentinas de recuerdos
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                <![CDATA[Leticia Mascheroni de Gasparovic]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p9DaZFsEdNXIym9gOt_cf_0IDTQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/02/carnaval_antiguo_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A mediados del siglo XIX, asomaron en Gualeguaychú las primeras expresiones carnavalescas. Por esos días, solo se jugaba con agua en las calles, valiéndose de vejigas de animales infladas con agua o recipientes cargados que iban a parar en algún distraído transeúnte que terminaba empapado, enojado y, encima, soportando las risas y las burlas de los pícaros juguetones. Urquiza llegó a prohibir este juego por la agresividad que había tomado la diversión.</p>Conjunto siete y medio - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>Sin embargo, por 1860 había mucha inquietud porque la Sociedad Liceo no ponía en conocimiento de las beldades la realización de un baile de carnaval, más teniendo en cuenta que el del año anterior había sido un éxito.</p><p>En 1876 se hizo el primer desfile en el corso por la tardecita, pues había que aprovechar la luz solar. Por tradición europea importada, ya que la inmigración se fue acentuando, comenzaron a improvisarse los primeros disfraces, recurriendo al infaltable baúl que custodiaba cintas, collares, peinetas, sombreros y todo aquello que sirviera para exaltar las frivolidades.</p>Palco de la familia Frávega - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>La municipalidad elaboró un reglamento especial en 1879, en donde se especificaba que los días 23, 24 y 25 de febrero empezaría el juego de carnaval, fuera de las calles que recorrería el corso. Un toque de campana a las once daría el inicio y otro a las cuatro de la tarde lo daría por finalizado.&nbsp; Quedaba prohibido arrojar aguas sucias o servidas sobre los transeúntes y hacer uso de otras cáscaras que no fueran las de huevos de gallina. Se podría usar disfraz previa tarjeta de autorización emitida por la municipalidad.&nbsp;</p><p>Los jóvenes eran los más entusiastas y formaban sociedades, de las cuáles salieron las primeras comparsas, que eran grupos de personas con intención jocosa o sarcástica, que animaban una fiesta popular. Generalmente, elegían un atuendo similar, como lo hicieron las que se presentaron en el año 1879. Masculinas: Los Hijos del Pueblo; Los Improvisados y Los Monos Libres. De señoritas, solo se presentó El Porvenir.</p>Comparsa Los Negros del Sahara, fines del siglo XIX - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>Además, se organizaban “espléndidos bailes”. Generalmente, el primero de fantasía y el segundo de disfraz y particular. Los más destacados se hacían en el Recreo Argentino, en el Club Artesanos y en la Sociedad Los Amantes, en el espacioso salón de la casa que fue de la testamentaria Domínguez.</p><p>También había una mixta: La estudiantina, que tenía la particularidad de ofrecer un repertorio de canciones especiales para el festejo. Se identificaban con capas y sombreros de estudiantes. Ese mismo día de carnaval comenzaban las clases en las escuelas públicas de la localidad.&nbsp;</p>Carro Adornado - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>Por ese año, la municipalidad publicaba que “el Segundo día de carnaval será Corso Libre”. Las comparsas recorrían las calles adornadas, mientras que el público lo hacía de a pie por otras aledañas, para no alterar el objetivo de los carros preparados.</p><p>La iluminación de las calles con velas y faroles obligaba a realizar los festejos aprovechando la luz del día, con excepción de algunos bailes en salones a la luz de los candiles. Ni siquiera el gas pudo dar más brillo al carnaval.</p>1919 Conparsa nupciona de Lila Fontana - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>La murga Los negros del Sahara desfiló un par de años por la calle 25 de Mayo, y detrás de cada rostro pintado de negro betún podía esconderse un funcionario, un profesional, una bella dama o un niño travieso. La revista Caras y Caretas lo reflejó en uno de sus números. Competía con otras expresiones, como la comparsa los Ku-Klux-Klan, Amor Primaveral y la inolvidable y más importante de la época: La Comparsa de Nerón, con su prestigioso y ocurrente director Abelardo Devoto.</p><p>Los nombres de estas agrupaciones nos dan una idea de la meticulosa investigación histórica, el ingenio y la creatividad que demandaba su estructura y presentación.</p>1919 familia Chivas - primer premio - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>Recién en el año 1907, con la llegada de la electricidad, los corsos empezaron a tener más importancia, aunque se colocaran cientos de lamparitas por cuadra para tener una iluminación respetable. Se impuso el uso de palcos, generalmente de las familias ubicadas en el circuito del corso y para ello, la municipalidad reglamentó sus medidas. Los carpinteros… de parabienes, las casas de comercio que expendían artículos para adornar carrozas, carros, volantas, etc. como también a personas, esperaban con nerviosismo la llegada de los barcos trayendo la mercadería.&nbsp;</p><p>La familia Oyhamburu-Rossi tenía una hermosa residencia en el saladero de su propiedad, donde estuvo emplazado el Frigorífico Gualeguaychú. Para carnaval, solían hacer reuniones danzantes y los invitados debían esperar las embarcaciones en el puerto para llevarlos a destino. Hermosas guirnaldas de luces y flores daban un bellísimo marco a la residencia y las notas de la orquesta dirigida por el maestro Marranti, invitaba a danzar hasta el amanecer.</p>Vestidos para un baile - Julio Aléxis Lahorcade - Década del 20 - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>Los niños se preparaban con el mismo entusiasmo que los mayores y la fotografía fijó su imagen para la posteridad. El ingenio para representar distintos temas, generaba una saludable competencia. Era digno de ver el intercambio de cintas, serpentinas y papel picado entre los que circulaban en los carruajes y los que disfrutaban desde un palco. Los ramitos de flores provocaban algún atractivo mutuo entre jóvenes, paso inicial, en muchas ocasiones, para rematar en el altar.</p><p>Los carros veían atascadas sus ruedas por las coloridas serpentinas y el juego con agua, si bien estaba prohibido, estallaba en los rincones a donde la autoridad policial no alcanzaba.</p>Palco en calle 25 de Mayo - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>En 1910, la calle 25 de mayo mejoró las condiciones del circuito, al establecerse el adoquinado de madera que, si bien facilitó el desplazamiento de los carruajes y de las personas, en sí presentaba la dificultad de que la madera se hinchaba, el paso del tranvía hacía vibrar el ajuste y los adoquines terminaban dispersos . En el año 1927 se retiraron los últimos vestigios de esta innovación, siendo remplazado por el adoquín y luego por el asfalto.</p><p>Despuntaba el siglo XX y el carnaval acompañaba el crecimiento de la ciudad. Cada año se agregaban más comparsas, murgas, conjuntos, máscaras sueltas y público, que concurría entusiasta a deleitarse y a compartir alegrías, bromas y el infaltable juego con agua.</p>Orquesta amor y primavera - Crédito: Archivo del Instituto Magnasco<p>A este ritmo sostenido, el carnaval de Gualeguaychú fue creciendo, fue cambiando de escenarios y de protagonistas, pero nunca, nunca, perdió su esencia. Muchas páginas puede ocupar su historial, ésta es solo una estampa de sus comienzos.</p><p>No en vano transitó entre el esfuerzo de los clubes, de las autoridades, de los geniales directores y de la alegría y la espontaneidad que circula por las venas de sus integrantes, que, como en otros tiempos, tienden un lazo con el público que los admira.</p><p>Merecido reconocimiento. Gualeguaychú es… ¡el Carnaval del País!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/p9DaZFsEdNXIym9gOt_cf_0IDTQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/02/carnaval_antiguo_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A mediados del siglo XIX, asomaron en Gualeguaychú las primeras expresiones carnavalescas. Por esos días, solo se jugaba con agua en las calles, valié...]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2024-02-10T00:03:26+00:00</published>
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