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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-04-22T15:35:04+00:00</updated>
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            Cayó parte de una banda de extorsionadores tras una investigación iniciada en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/exwuWyF44Fp_yIvfKLlhogpvngg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/extorsion_2.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>La investigación por una causa de extorsión telefónica tuvo este martes nuevos avances con una serie de allanamientos y detenciones en la provincia de Buenos Aires. Personal de la DDI de Gualeguaychú, en conjunto con efectivos de la Policía bonaerense, se trasladó al partido de San Isidro, donde logró detener a un hombre y una mujer de 43 y 46 años, quienes ya fueron trasladados a la ciudad. En tanto, otras dos mujeres, de 32 y 31 años, permanecen prófugas.</p><p>Los procedimientos se realizaron en domicilios de Boulogne Sur Mer, por orden del juez de Garantías Ignacio Telenta, a pedido del fiscal Lucas Pascual. Durante los operativos se secuestraron teléfonos celulares que serán peritados, mientras que en las próximas horas se definirá la situación procesal de los detenidos. Además, dos hombres que ya se encontraban alojados en la Unidad Penal N°21 de Campana fueron notificados de su detención y serán indagados mediante videollamada.</p><p>Estos avances son el resultado de una investigación que se extendió durante seis meses y que permitió desarticular una red de extorsionadores. A partir del análisis de líneas telefónicas y cuentas bancarias, con intervención de la División Cibercrimen, se logró establecer que desde el penal de Campana se realizaban parte de las llamadas extorsivas. Uno de los implicados cumple una condena por homicidio agravado en grado de tentativa y operaba junto a su compañero de celda.</p><p>La causa se originó el 30 de septiembre de 2025, cuando un vecino de Gualeguaychú denunció que recibía llamados desde distintos números. En esas comunicaciones, los autores se hacían pasar por personal policial y luego por un supuesto juez, indicándole que estaba siendo investigado por un delito. Bajo amenazas —incluyendo referencias a su entorno familiar y la advertencia de una posible detención y traslado a Buenos Aires— le exigían dinero para frenar una supuesta causa judicial.</p><p>Ante el temor generado, la víctima llegó a realizar transferencias a distintas cuentas indicadas por los estafadores. La denuncia permitió activar la investigación judicial y el seguimiento de los involucrados.</p><p>Un primer avance en la causa se había producido a comienzos de octubre, cuando fueron detenidos dos hermanos, de 37 y 32 años, oriundos de San Isidro, en un parador de Ceibas. Ambos habían llegado para cobrar parte del dinero de la extorsión. Si bien luego recuperaron la libertad tras un acuerdo económico con la víctima, se determinó que cumplían un rol secundario dentro de la organización y su testimonio aportó información clave para avanzar sobre el resto de la banda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/exwuWyF44Fp_yIvfKLlhogpvngg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/extorsion_2.png" class="type:primaryImage" /></figure>Hay dos detenidos y dos prófugas tras allanamientos en San Isidro. La causa comenzó en 2025 a partir de la denuncia de un vecino que fue amenazado con una falsa investigación judicial y obligado a transferir dinero.]]>
                </summary>
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                <updated>2026-04-22T15:35:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-22T15:24:07+00:00</published>
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            La historia de Tahiel, otro “Ángel” que no fue escuchado: tenía 3 años y lo mataron a golpes
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MWYVX5JhROYxZpivAPD3Gfrs-8I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/tahiel.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Primero fue Lucio. Casi en forma simultánea fue lo de Kathaleyha en Paraná. Luego vino lo sucedido con Tahiel; y ahora el horror con Ángel, ese chiquito de 4 años que lloraba para no volver a su casa, que nadie lo escuchó. Terminó muerto, con más de 20 lesiones internas en su cabeza. Tenía golpes en todo el cráneo. Esos traumas provocaron derrames y una acumulación de sangre, que originó un edema cerebral y culminó con un paro cardiorrespiratorio. Igual que Tahiel.</p><p>A Lucio Dupuy lo asesinaron el 26 de noviembre del 2021, pero su destino había comenzado a escribirse mucho antes. Durante largo tiempo, este nene de 5 años fue víctima de un trajín judicial que incluyó regímenes de visitas, disputas entre familiares y un acuerdo final entre las partes que les otorgó a la mamá y a su novia la posibilidad de quedárselo definitivamente. Esa resolución de la Justicia de La Pampa se homologó a principios de noviembre de 2020. Poco más de un año después, las mujeres que debían cuidar al chico fueron acusadas de haberlo torturado, abusado y golpeado hasta la muerte. La autopsia determinó que la muerte se produjo por una “hemorragia interna”, producto de las agresiones. Además, reveló que Lucio tenía lesiones antiguas y recientes. Igual que Tahiel.</p><p>En estos días, se juzga a los padres de Kathaleyha Quetzaly Hernández, una beba de sólo dos meses que murió el 12 de octubre de 2021, tras ingresar al Hospital Militar de Paraná con gravísimas lesiones que la ciencia forense contabilizó: 18 lesiones externas y múltiples lesiones internas, incluyendo cinco costillas rotas y sangrado en la cabeza y ojos.</p><p>&nbsp;</p><p>Una muerte que conmovió a la ciudad</p><p>Tahiel tenía casi 3 años. Faltaba un mes para su cumpleaños, cuando su madre, Macarena Ortiz, se presentó en la mañana del 2 de mayo de 2022 en la guardia del Hospital Centenario con su hijo en brazos, envuelto en una frazada, ya sin vida.</p><p>A los médicos no les fue difícil descubrir lo que había ocurrido: su cuerpito hablaba. Evidenciaba el maltrato al que había sido sometido. El médico policial primero y luego el médico forense, corroboraron en el momento que se trataba de una muerte violenta. La autopsia determinó como causal un fuerte traumatismo encefalocraneal y en todo su cuerpo se encontraron indicios del sometimiento: tenía escoriaciones de vieja data y otras con menos de 12 horas, además de hematomas en el rostro. También, y como otra causa de muerte, había sufrido una broncoaspiración y según detalló el forense que lo revisó una hora y media después de haber ingresado al Hospital, Tahiel llevaba entre 4 y 6 horas de fallecido.</p><p>Inmediatamente su madre fue interrogada, pero no tenía palabras ni argumentos que pudieran explicar lo que había ocurrido. Tanto ella como su pareja, padrastro de Tahiel, quedaron detenidos. Ya se había iniciado una investigación en contra de ambos por un delito que los llevaría indefectiblemente a una cadena perpetua.</p><p>Alfredo “Pato” Ferreyra no soportó lo que se venía. Pocas horas después de haber sido trasladado a la Jefatura de Policía y mientras aguardaba el llamado a declarar del fiscal Mauricio Guerrero, decidió quitarse la vida en la celda. Tenía 38 años.</p><p>Macarena Ortiz quedó alojada en la Comisaría del Menor y Violencia Familiar de Gualeguaychú, y en ese lugar permaneció alojada cumpliendo con la prisión preventiva que se le dispuso hasta que finalmente fue trasladada a la cárcel de mujeres de Paraná para cumplir con la pena que se le impuso en Gualeguaychú luego que un jurado la encontró culpable.</p><p>En ese juicio, que se realizó en julio de 2023, el jurado no creyó en los argumentos defensivos de responsabilizar plenamente a Ferreyra de toda la violencia y del sometimiento de Macarena Ortiz, y la jueza Alicia Vivian le impuso la pena máxima. La mujer de 26 años debía cumplir cadena perpetua por el homicidio de su hijo, agravado por el vínculo y también por el grado de "indefensión" de la víctima.</p><p>Pero tan solo dos años después, el 1 de julio de 2025, Macarena Ayelén Ortíz murió en la Unidad Penal N°6 "Concepción Arenal". La joven de 28 años falleció a causa de una enfermedad respiratoria de base que sufría. Un año antes, el Superior tribunal de Justicia de Entre Ríos había dejado firme su sentencia.</p><p>&nbsp;</p><p>Estadísticas que abruman</p><p>En su corta vida, Tahiel sólo conoció el desamparo y la violencia. Y más allá de que en el núcleo familiar materno había personas que se preocuparon por su integridad y que expusieron el caso ante el Copnaf, la intervención estatal careció del criterio necesario para prevenir un desenlace evitable.</p><p>Qué lleva a una madre o a un padre a castigar de tal forma a una criatura. ¿No percibe que ese maltrato al que lo está sometiendo puede causarle la muerte? ¿Es instinto asesino o un instante de locura? ¿Es ignorancia o psicopatía? ¿Son casos excepcionales?</p><p>La psicóloga Sonia Almada es Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO), y el pasado jueves escribió una columna de opinión publicada en Infobae donde explicó que el maltrato infantil es un problema estructural y persistente, que en muy pocos países ha sido tomado como una política de estado.</p><p>El grooming, sextorsión, producción y circulación de material y violencia sexual por streaming. Ya no son eventos marginales, sino formas dominantes de una violencia que hoy opera a escala masiva, sostenida, transnacional y organizada. Casi 50 millones de adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años (1 de cada 6) han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de sus compañeros sentimentales en el último año en el mundo.</p><p>Cada año, la violencia se cobra la vida de un promedio de 130.000 bebés, niños, niñas y adolescentes antes de los 20 años. Los niños varones corren un mayor riesgo de morir a causa de la violencia: 3 de cada 4 niños, niñas y adolescentes muertos a causa de la violencia eran varones.</p><p>La violencia no queda circunscrita solo al vínculo de pareja: atraviesa la vida cotidiana y alcanza directamente a la infancia, no como testigos sino víctimas directas, expuestas a dinámicas de miedo, sometimiento y desprotección que impactan de manera profunda en su desarrollo subjetivo y en su salud mental.</p><p>En Argentina, entre 2017 y 2024, la Corte Suprema de Justicia de la Nación registró 1.685 niñas, niños y adolescentes que quedaron huérfanos atravesados por el femicidio de su mamá. La Corte también reveló que casi 1000 niños, niñas y adolescentes denunciaron violencia intrafamiliar durante el primer trimestre de 2025, es decir 11 por día. En el 80% de los casos los agresores denunciados fueron los propios progenitores.</p><p>Un ejemplo claro de toso esto es lo que pasó hace muy pocos días atrás en Federación, en la provincia de Entre Ríos. Luana Cabral, una adolescente de 15 años con parálisis cerebral, fue encontrada muerta dentro de su casa. Las pericias indicaron que el cuerpo llevaba semanas en ese estado. La investigación corroboró abandono extremo. Y, en ese contexto, se pudo hacer el rescate gracias a un niño de cinco años que salió a la calle a pedir ayuda.</p><p>“Los casos extremos son desenlaces de trayectorias donde hubo señales, pero las intervenciones no existieron o fueron insuficientes por la falta de capacitación para detectarlas, por la renegación de esta problemática desde el mundo adulto y por el destajo y precarización en que trabajan muchas buenas personas que intentan salvar a los niños y niñas, con sus excepciones obvias”, señaló la psicóloga.</p><p>La violencia contra bebés, niñas, niños y adolescentes no es marginal ni excepcional. Es masiva y ocurre, en su gran mayoría, en el ámbito familiar. En Argentina, en algunos casos, se encuentra imbricada en prácticas de crianza, golpes, gritos, humillaciones y amenazas.</p><p>Hay que poner algo en claro: en cada caso de violencia de género, hay menores que también son víctimas. El maltrato infantil no es un hecho aislado: la mayoría de las veces viene acompañado de un contexto familiar de mucha violencia. En las denuncias formuladas por mujeres están presentes los hijos menores, que también son alcanzados por las consecuencias de los mayores.</p><p>&nbsp;</p><p>La violencia en casa</p><p>Un caso como el de Tahiel, el de Lucio Dupuy o incluso el de Ángel López, no son hechos aislados. Es el producto final de un sinfín de violencias domésticas que empiezan hacia las parejas y por consecuencia también son víctimas los menores.</p><p>Muchas veces se ha expuesto que, en la Justicia, la mayor cantidad de casos que se tramitan son los hechos de violencia de género. En Gualeguaychú se radican o se intervienen en al menos tres casos de violencia de género por día y en la gran mayoría de ellos hay menores en el medio que también – directa o indirectamente – son víctimas.</p><p>Hace años atrás, una niña de 7 años resultó golpeada por su padre cuando intentó defender a su madre de la agresión a la que estaba siendo sometida. Luego, su hermana de 13 años también intermedió y por esa acción resultó lesionada en la cabeza.</p><p>En 2023, en Urdinarrain, una mujer había tomado pastillas para dormir y su esposo aprovechó esa indefensión para golpearla. La hija menor de ambos, de 5 años, observó todo y le dijo a su madre: “Papá te pegó”. La mujer no quiso que su pequeña declarara en Cámara Gesell e igualmente la Fiscalía logró condenar al sujeto.</p><p>En otra oportunidad se denunció que un menor de 13 años, acudió al centro barrial Asunción de María relatando con angustia que su mamá consumía alcohol puro y que era habitual que lo desalojara de su habitación para llevar a otras personas. Como el niño se negaba a dejar su casa, la mujer lo golpeaba "a trompadas".</p><p>En otra ocasión, una niña debió intervenir en una pelea entre sus padres y tranquilizar al hombre para que desistiera de la agresión y dejara de apuntar a su madre con un arma de fuego. Eso también es violencia. Que un niño o niña deba atravesar esa situación, ser testigo de ello, es algo que deja huellas.</p><p>El año pasado, el Copnaf denunció que un hombre de 38 años golpeó a su hija de 7 años causándole lesiones. La madre lo había denunciado en tres oportunidades anteriores, por violencia de genero.</p><p>Hace pocos días atrás, un vecino denunció a una pareja de 70 y 65 años de edad, por ejercer maltrato hacia un adolescente discapacitado, de 15 años, que no recibe los cuidados necesarios para su patología.</p><p>El mes pasado, el 12 de marzo, una mujer denunció a su ex pareja por haber golpeado a su hijo de 11 años con un palo en la cabeza. El padre, al ser entrevistado por la Fiscal en Género, reconoció haber golpeado también a sus otros hijos, hermanos del niño, “cuando se portan mal”. La madre también había radicado denuncias por maltrato hacia ella.</p><p>Por último, y sólo a modo de ejemplo de los cientos de casos que se tramitan en Gualeguaychú, el martes pasado una vecina se acercó hasta la Fiscalía y denuncio que su sobrino maltrataba a su hijo de 10 años. Contó que ha escuchado como el niño le pide al padre que no le pegue más. Otra vecina aportó que escuchó discusiones en ese domicilio. Este hombre fue denunciado por la madre del niño, por violencia de género y este niño fue testigo del hecho de violencia. Incluso intervino rogándole a su padre que dejara de golpear a su madre.</p><p>Por este caso, la Fiscalía solicitó la exclusión del hogar y la medida fue otorgada por el Juez de Garantías, además de ordenar la intervención del Copnaf. También intervino el Juzgado de Familia y el Ministerio Pupilar en resguardo de los derechos del menor. El niño fue examinado por la médica forense y aún se aguardan los informes.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/MWYVX5JhROYxZpivAPD3Gfrs-8I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/tahiel.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>No hay forma de entender la muerte de un niño a manos de sus padres. Sin embargo, esos casos ocurren y cuando suceden conmueven a la opinión pública. Hace cuatro años atrás, la ciudad quedó consternada con el homicidio de Tahiel Moussou. Una tragedia para no olvidar.]]>
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                <updated>2026-04-18T23:20:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-18T22:52:03+00:00</published>
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            Crónicas del delito en Gualeguaychú: A 12 años de la llegada del Indio y un femicidio que tiñó de sangre la fiesta
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C2EI1iZ-7tMzUsETazwBM2NwiU4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/femicidio_indio_solari.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando se rememora lo ocurrido en Gualeguaychú hace más de una década atrás, se recuerda el famoso recital del Indio Solari en el Hipódromo y lo que se generó a partir de ello. Pero también sucedió un hecho policial que enlutó lo que debía ser una fiesta. Julia Flammini fue asesinada por decirle “No” a su asesino, que hoy cumple con una prisión perpetua en la Unidad Penal Nº 9.</p><p>Julia tenía 29 años, era oriunda de Azul y trabajaba como abogada en La Plata, dentro de un organismo gubernamental. Había llegado a la ciudad dos días antes del recital y ya tenía una reserva realizada en el bungalow 23 de las Termas del Gualeguaychú, en donde se hospedaría junto a Andrés Roldán, que pocas horas después se convertiría en su asesino.</p><p>Entre ambos no había ninguna relación amorosa. Se habían conocido en un recital del Indio Solari en Mendoza y habían tejido cierta amistad junto a otros seguidores del ex Redondito de Ricota. Entre todos se organizaban para conseguir hospedaje y viajar en grupo desde Buenos Aires a cada lugar donde se presentara el convocante artista.</p><p>Para esta oportunidad, Flammini viajó junto a un amigo que se hospedó en un apart dentro del complejo termal. Roldán lo iba a hacer con su hija que por ese entonces tenía 14 años, pero finalmente la adolescente no vino y con Julia acordaron entre ambos compartir los gastos de la cabaña. Otra pareja de Florencio Varela, que viajó con Roldán, se hospedó en el bungalow 22, contiguo a donde se cometió el crimen.</p><p>&nbsp;</p><p>Un ataque que no dio tiempo a nada</p><p>Esa misma tarde del 10 de abril, mientras Julia Flammini y Andrés Roldán estaban en la cabaña del complejo, la joven abogada comenzó a enviarle mensajes a su amigo alojado en el apart, diciéndole que Roldán “se estaba propasando”. Incluso ella le preguntó si no tenía inconveniente en poder alojarse con él porque Roldán estaba en otra sintonía.</p><p>Quienes la describieron a Julia en el juicio lo hicieron con halagos. Era una joven muy bonita, profesional, independiente y, sobre todo, muy sociable, por lo cual Roldán creyó que podía tener un acercamiento con ella, aprovechando el lugar, el contexto y la soledad, pero se equivocó.</p><p>El amigo de Julia, al recibir el mensaje donde ella le manifestó cierta preocupación y miedo por la reacción que pudiera tener Roldán, o lo que pudiera hacer, no dudó en decirle que se mudara a su alojamiento, pero tras ello ya no tuvo mas respuestas por parte de la joven.</p><p>Luego, y en forma simultánea, ocurrieron dos cosas. Alrededor de las 17 horas, un empleado de las termas se acercó hasta el bungalow 22 donde estaba la pareja de Florencio Varela que había viajado con Roldán para informarles que su amigo se había quedado empantanado en un sector dentro del complejo.</p><p>Cuando van a socorrerlo, Roldán abandonó el auto, un Renault Clío de color negro, y salió corriendo en dirección al monte, perdiéndose de vista. El vehículo fue remolcado hacia los bungalows donde se hospedaban y cuando llegaron, otro empleado observó que por debajo de la puerta de la cabaña 23 vertía agua del interior.</p><p>La puerta estaba cerrada y pensaron que la llave podía estar dentro del auto que había sido remolcado. Efectivamente la llave del bungalow estaba allí, pero cuando abrieron la puerta el panorama con el que se encontraron fue terrible. El agua salía a borbotones desde el baño y a medida que se acercaron hasta ver qué era lo que pasaba, la sangre comenzaba a teñir todo.</p><p>Uno de los empleados del lugar salió corriendo para dar aviso de lo que había pasado. Nunca había sucedido nada igual en ese espacio recreativo, por lo cual había mucha desesperación. Fue hasta el ingreso, donde funciona la administración, y alertó al resto de los empleados que debían llamar a la Policía porque había sucedido un crimen en el bungalow 23. Casualmente, en esa administración se encontraba el amigo de Julia, que había concurrido a hacer un reclamo y al escuchar el desesperado pedido del trabajador a sus compañeros, no dudó en que la víctima había sido la joven con la que había viajado desde Buenos Aires.</p><p>La Policía llegó muy rápido. Primero fue el personal de la Comisaría Quinta de Pueblo Belgrano y más tarde lo hizo el personal de Criminalística y los funcionarios de mayor rango de la cúpula policial de aquel momento, que estaban de guardia continua por el mega operativo de seguridad que se había desplegado en Gualeguaychú por las miles y miles de personas convocadas al recital.</p><p>Julia estaba vestida, tendida boca abajo y tirada en forma diagonal en el baño. Tenía zapatillas, un jean, una remera negra y presentaba varias puñaladas con un cuchillo de cocina, que incluso fue encontrado quebrado a un costado del cuerpo. Roldán había tapado el desagüe de la bañadera y dejó verter el agua de la ducha con la posible intensión de que se inundara el lugar y se borraran indicios del hecho. Había abandonado la escena sin llevarse ninguna pertenencia y, por ello, se pudo secuestrar su teléfono celular, el auto, la ropa y demás elementos que había en el bungalow.</p><p>Los policías supieron inmediatamente a quién tenían que buscar. No había dudas sobre quién había sido el autor del crimen. Lo habían visto escapar. Su auto se había quedado empantanado tratando de huir por el fondo del predio termal. El único problema era encontrarlo en esa marea humana que inundaba las calles de la ciudad.</p><p>Roldán pasó toda la noche vagando, mezclándose entre el público que ignoraba lo que ese hombre de 37 años había hecho. Fue localizado en la mañana del 11 de abril por un móvil de la División Investigaciones en la punta del Corsódromo, justo en la esquina del viejo molino. Cuando lo detuvieron no opuso resistencia y desde ese momento quedó detenido con prisión preventiva.</p><p>&nbsp;</p><p>Una condena que sentó un precedente</p><p>El cuerpo de Julia fue llevado a la Morgue Judicial. El médico forense Marcelo Benetti realizó la autopsia al mismo momento en que se originaba la detención del autor del crimen, y según contabilizó en su informe, el cadáver presentó más de 60 heridas de arma blanca, con distintas profundidades y tipo de cortes.</p><p>No había dudas de quién había sido el autor del hecho y el móvil estaba claro: las insinuaciones de Roldán y las negativas de la abogada fueron la causa para que el hombre arremetiera contra la mujer. “Julia Flammini murió porque no accedió a los deseos sexuales de Roldán”, fue lo que dijo en su alegato final el fiscal Lisandro Beherán.</p><p>En ese juicio, que se realizó en septiembre de ese mismo año, Beherán detalló una a una las pruebas recolectadas durante la Investigación Penal Preparatoria, que reforzaron su imputación de homicidio calificado por alevosía y violencia de género. Ahí señaló que el ataque de Roldán se debió a que no fue correspondido en su deseo sexual y por ello la atacó en el baño, donde Flammini no tenía escapatoria y era difícil que escucharan sus pedidos de auxilio.</p><p>También, calificó el relato de Roldán ante los jueces como "inverosímil", donde cada uno de sus dichos fue desbaratado por la prueba, y de irracional la excusa del corte en su mano defendiéndose de un ataque de la abogada. "Las heridas de Roldán en la mano son incompatibles con las formas en la que dijo que se produjeron, sino que son compatibles con el cuchillo con el que le produjo la muerte a Julia y con los hematomas que presentaba la víctima en el rostro", argumentó.</p><p>El Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguaychú, presidido por Alicia Vivian y por los vocales Eduardo García Jurado y Mariano López, dieron a conocer su decisión el 22 de septiembre de 2014. Por ese entonces, no había juicio por jurados y los magistrados dictaron una sentencia de 17 años de prisión.</p><p>No se otorgó la calificación que había peticionado Beherán y, por ende, se rechazó su planteo de prisión perpetua, al que también había adherido el querellante. Según los jueces no hubo un homicidio calificado en el marco de una violencia de género, sino un homicidio simple. Dos de los jueces habían dictado 17 años, y Vivian, 12 años.</p><p>Pero esto no quedó ahí: tanto el Fiscal, como la querella, e incluso el abogado defensor Pablo Di Lollo, apoyado principalmente en el voto de Vivian que había dictado 12 años de prisión, decidieron recurrir la sentencia a la Cámara de Casación de Concordia.</p><p>Lo que vino después es lo que terminó siendo. La jueza Marcela Davite, de la Cámara concordiense, analizó el caso y sostuvo que “puede concluirse que la situación típica de ‘violencia de género’ está debidamente acreditada en la causa, por ello resultaría inútil acudir a un nuevo juicio, por lo que cabe casar la calificación jurídica otorgada por el Tribunal a la conducta de Roldán y encuadrarla en el delito de Homicidio calificado por mediar violencia de género”. Y agregó: “la imposición de la pena perpetua no lesiona el principio de proporcionalidad que debe haber entre la sanción impuesta, la magnitud del delito y la culpabilidad del autor, ya que sin lugar a dudas el hecho de dar muerte en la forma en que lo hizo, es un delito que reviste singular y extraordinaria gravedad, sin que se hayan verificado razones que muestren un déficit relevante en la culpabilidad”. Es decir, se revirtió el monto de la pena a Andrés Roldán y se encuadró el caso dentro de un femicidio, condenándolo a prisión perpetua. Hasta ese momento, no se había condenado a nadie por femicidio. Era una figura penal relativamente nueva en el país, a raíz de los innumerables casos que hasta el día de hoy ocurren diariamente.</p><p>&nbsp;</p><p>El “No” de una mujer</p><p>Graciela Bardelli, la madre de Julia, que siguió cada una de las audiencias, debió esperar un año y cinco días para que realmente se hiciera justicia por lo ocurrido con su hija. La familia debió escuchar que el asesino fue juzgado por homicidio simple y condenado a 17 años, sin tener en cuenta la brutalidad del ataque y mucho menos las 62 heridas de arma blanca que recibió.</p><p>“Roldán debería tomar una determinación, porque respirar es gratis”, había dicho a la salida de los Tribunales de Gualeguaychú. Luego, cuando la sentencia se revirtió en Casación, Bardelli opinó que “lo ocurrido con Julia sentará un precedente para los casos de femicidio, y eso es lo que deseo de todo corazón. Quisiera que ninguna mujer deba vivir con miedo, exista o no relación con el victimario”.</p><p>En aquellos años, al ser la figura del femicidio instaurada en 2012, resultaba penalmente complicado de demostrar. Sin embargo, para Beherán “resultaba evidente que el homicidio de Julia Flammini fue en un contexto de género, sin perjuicio de que no había una relación previa entre víctima y victimario”, y explicó que esa falta de relación previa es precisamente lo que movió al legislador a tipificar dos conductas diferentes; es decir, el homicidio de la cónyuge, pareja, conviviente o no conviviente, ex pareja, etcétera; y por otro lado, el homicidio perpetrado por un hombre, cuando la víctima es mujer y se produce en un contexto de género".</p><p>En su alegato ante los camaristas de Casación, Beherán mencionó que “el Tribunal (de Gualeguaychú) no tuvo en cuenta que el hecho se produjo a consecuencia de que la víctima no accedió a las insinuaciones sexuales previas de parte del atacante, y así puso a la mujer en una situación de inferioridad, de pretendida dominación por parte del autor, que es lo que la Ley de Violencia de Género pretende resguardar”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/C2EI1iZ-7tMzUsETazwBM2NwiU4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/femicidio_indio_solari.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La visita del ex Redondito de Ricota y la muerte de Julia Flammini en abril de 2014 son dos hechos indivisibles. No se puede hablar, ni recordar un caso sin el otro. Con más de 60 puñaladas y un intento fallido de borrar las huellas del crimen, el caso no solo dejó al descubierto la brutalidad del atacante, sino que también marcó un hito judicial en la provincia.]]>
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                <updated>2026-04-12T09:00:05+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T21:56:28+00:00</published>
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            Mató al entrenador de su hijo en pleno centro por una partida de ajedrez
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        <link rel="alternate" href="https://www.eldiaonline.com/mato-al-entrenador-de-su-hijo-en-pleno-centro-por-una-partida-de-ajedrez" type="text/html" title="Mató al entrenador de su hijo en pleno centro por una partida de ajedrez" />
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DF2pEiCR0S8Lm2STCOIcoFqbLmA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ajedrecista.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Era el evento destacado de ese año. Jóvenes promesas del ajedrez llegarían desde distintos puntos del país para disputar un campeonato que posicionaría al ganador a nivel nacional. Pero no era casual que se eligiera a nuestra ciudad como sede: Gualeguaychú tenía su “pollo”, que con 10 años le jugaría de igual a igual a chicos que estaban en la puerta de la mayoría de edad.</p><p>Su nombre era Fernando Martínez del Sel. Había mucha expectativa y optimismo en cómo le iba a ir a esta joven promesa local del ajedrez su primera gran presentación a nivel nacional. Había arrancado desde muy chico y tanto su padre Raúl Martínez del Sel, como su entrenador Pedro Martin, confiaban en que era el momento indicado para que “El Niño”, como se lo había apodado, tuviera sus primeros grandes roces.</p><p>Por aquel entonces, Gualeguaychú era una ciudad muy distinta a la que hoy se conoce. No existía el desfile que posteriormente evolucionó en el Carnaval del País y las actividades sociales eran muy diferentes a las actuales.</p><p>Una de las actividades que tomó mucho impulso en esos tiempos fue el ajedrez. Con la Segunda Guerra Mundial, muchos grandes ajedrecistas europeos se refugiaron en la Argentina y ello llevó a que en nuestro país creciera activamente todo lo relacionado con este juego. Incluso, tuvimos jugadores nacionalizados que nos representaron en la Olimpiadas de Ajedrez y que fueron subcampeones en tres de estas competencias, detrás de los grandes maestros que tuvo la desaparecida Unión Soviética.</p><p>Este marco histórico sirve para entender por qué había crecido tanto la actividad en la ciudad. Y un factor determinante fue la llegada de Pedro Martin, que le dio un impulso tremendo con su entrenamiento en el club Neptunia y que propició la llegada de Oscar Panno, quien es considerado el más alto exponente del ajedrez argentino, para dar unas “simultáneas”.</p><p>Pedro Martin era el referente del ajedrez en Gualeguaychú por su alto nivel ajedrecístico y esa experiencia la volcó en los más chicos. Entre sus alumnos, el más adelantado y fuerte era Fernando Martínez del Sel.</p>Fernando Martínez del Sel era la gran promesa que Gualeguaychú tenía por aquellos años.<p>Temperamentales</p><p>“El Niño” estaba rodeado de dos personas que eran reconocidas por sus fuertes personalidades. Tanto su padre, que en 1974 rondaba los 40 años, como Pedro Martin que tenía 47, eran conocidos por sus modismos y por no tener miedo a una confrontación. Incluso, se sabía que Martínez del Sel siempre andaba armado.</p><p>El vigésimo Campeonato Argentino Juvenil de Ajedrez se desarrolló del 6 al 16 de febrero en las instalaciones de la Cooperativa de Créditos (actual Cooperativa Eléctrica) y transmitido por LT 41. Ahí estaban puestas todas las expectativas por el “crédito” local, que con sólo 10 años le iba a batallar de igual a igual a otros adolescentes de la Argentina.</p><p>Pero las cosas para Fernando Martínez del Sel no fueron las esperadas, o por lo menos para su padre Raúl, porque “El Niño” perdió sus tres primeras partidas en los tres primeros días del certamen y esto enfureció al hombre. Lejos de entender que los resultados de Fernando podían estar dentro de la lógica, al caer con chicos más grandes, sentía que a su hijo lo habían humillado y que el responsable de esto era su entrenador, Pedro Martin.</p><p>Fue así que al cierre de la tercera noche se realizó una reunión en Neptunia para hablar sobre el torneo, en la que estaba Martínez del Sel padre y Martin. No terminó de buena forma: los ánimos fueron subiendo con el mismo tenor que se elevaban las recriminaciones de Martínez del Sel hacia el entrenador de su hijo, pero como Martin estaba lejos de amedrentarse, todo explotó.</p><p>En medio de ese cruce de recriminaciones, Martin le arrojó a Martínez del Sel una botella de gaseosa de vidrio, que por fortuna no alcanzó a impactarlo, pero fue el detalle que Martínez del Sel necesitaba para sacar a relucir su arma de fuego. No estaban solos y por eso la desgracia no ocurrió esa noche del 8 de febrero.</p><p>Las personas que los acompañaban inmediatamente intervinieron y neutralizaron la situación. Incluso dos de ellas subieron a Martínez del Sel a un auto y lo tranquilizaron dando vueltas por la ciudad hasta que lo dejaron en la madrugada en su casa de Urquiza, casi Neyra. Parecía que todo iba a quedar en la “calentura” de una noche, pero no fue así.</p><p>Martínez del Sel dejó tranquilos a quienes lo llevaron, pero adentro suyo ya sabía lo que iba a hacer. Su crimen no fue un arrebato. Fue premeditado. Hacia el mediodía del 9 de febrero de 1974, se subió a su Renault 4L y llevó consigo su revólver calibre 32. Se dirigió hacia la sedería Bari, propiedad de Martin y ubicada en plena 25 de Mayo, y comenzó a girar esperando el momento oportuno.</p><p>Luego de dar varias vueltas, en una de ellos lo vio. Frenó su auto en la mitad de la calle y desde el interior le hizo señas para que se acercara. Cuando Martin se posó sobre la entrada del negocio, Martínez del Sel le descerrajó dos disparos. Uno pegó en el marco de madera de la puerta del comercio, mientras que el otro le entró por el tórax.</p><p>La víctima se desplomó en el piso, mientras que su victimario arrancó su auto y se dio a la fuga. Todo había sucedido a plena luz del mediodía, en el centro de la ciudad; testigos había de sobra, y más teniendo en cuenta el altercado que habían protagonizado la noche anterior en el club Neptunia.</p><p>Del Sel escapó con alguna aspiración a quedar impune por el crimen, pero atinó a pedir el consejo de un abogado quien, criteriosamente, le dijo que se entregara de inmediato. El asesino le hizo caso y se presentó en la Jefatura de Policía.</p>El Campeonato Argentino Juvenil de Ajedrez se realizó pese a las circunstancias y lo ganó Sergio Giardelli, que con los años terminó siendo Maestro Internacional.<p>Las crónicas de la época</p><p>Se trataba de gente conocida, del “centro”, por lo cual se puede suponer que las presiones al periodismo eran más que lo habitual para que se conozca poco sobre un hecho de sangre que en la calle era el tema de conversación.</p><p>Las informaciones eran escasas a pesar de la dimensión del hecho en una Gualeguaychú por demás tranquila. “De un balazo fue muerto ayer un conocido vecino”, tituló El Argentino el 10 de febrero de 1974. “La víctima es el maestro de ajedrez don Pedro Martín. Su autor se encuentra detenido en la Jefatura Departamental”, se agregó en la bajada.</p><p>En la cronología de los hechos no hay ambigüedades. Había un autor, estaba identificado y se informaba que estaba preso. Había confesado el crimen. Respecto a la víctima, luego de ser baleado, fue llevado al (ex) Sanatorio Cometra, “donde los médicos encontraron que el proyectil había penetrado por el intercostal derecho, perforando la columna vertebral e ingresándole al pulmón. Antes de que pudiera ser sometido a una intervención quirúrgica, a fin de extraer la bala, una hemorragia interna provocó el deceso del señor Martin, haciendo inútiles todos los esfuerzos para contrarrestarla, dada la extrema gravedad de la herida”.</p><p>Tras esta breve noticia, no hay más informaciones sobre el caso y de toda la acción judicial que provino más tarde. En cuanto a la condena, Raúl Martínez del Sel fue imputado por homicidio simple, que lleva una pena actual de 8 a 25 años de cárcel, pero en su caso habría recibido 12 años de prisión de los cuales habría alcanzado a cumplir de forma efectiva sólo 8, pero fue beneficiado con salidas transitorias al año.</p><p>Las repercusiones</p><p>En el libro “Panno Magistral”, Enrique Arguiñariz se refirió al Campeonato Argentino Juvenil de Ajedrez que se desarrolló en Gualeguaychú en 1974 y del incidente que de alguna forma manchó lo ocurrido en ese certamen. Incluso se refirió al temperamento que tenía Pedro Martin.</p><p>“Ocurrió que, en la doceava ronda, un altercado entre el árbitro del campeonato y el temperamental ajedrecista Pedro Martin, terminó con un certero trompadón de este último que dejó tendido en el piso al primero. El hecho se complicó a raíz de opiniones encontradas de los jugadores y las autoridades de la FADA de entonces. Los primeros tomaron partido por el jugador, y exigieron que se aparte de la competencia al árbitro de la disputa, mientras que la dirigencia se negó a hacerlo. El conflicto llegó a un nivel tal, que finalmente las autoridades optaron por anular la prueba”, escribió Arguiñariz sobre otro episodio que protagonizó la víctima.</p><p>“El fuerte temperamento que caracterizaba a Pedro Martin, determinó su final en otro hecho de violencia en ajedrez, esta vez trágico. Martin se estaba desempeñando como docente, árbitro y dirigente de ajedrez en la ciudad donde vivía, Gualeguaychú. En aquel año se disputó el Campeonato Juvenil Argentino en su ciudad, y el maestro cumplió destacadas funciones en la organización del certamen. A raíz de una cuestión que perjudicaba de alguna manera a uno de sus alumnos, se generó una violenta discusión con el padre del joven. Como este señor también era un tipo de reacciones intempestivas, todo desembocó, tal lo ocurrido veinte años antes, en escenas de pugilato. Los contendientes fueron separados, y parecía que la cuestión no pasaría a mayores, cuando al otro día, 9 de febrero de 1974, en el mismo momento en que Martin salía de su domicilio, alguien le efectuó dos disparos, que terminaron con su vida. Se identificó al agresor, que no era otro que el hombre con el que se había peleado el día anterior, quien fue detenido, juzgado y condenado”, se agrega en el libro sobre la vida y ajedrez de un gran maestro.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DF2pEiCR0S8Lm2STCOIcoFqbLmA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/04/ajedrecista.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Pasó poco más de medio siglo de un hecho que conmocionó a toda la ciudad y que aún hay muchos que lo recuerdan. Fue en el marco de un Campeonato Argentino Juvenil de Ajedrez que se desarrolló en Gualeguaychú en 1974.]]>
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                <updated>2026-04-05T13:01:08+00:00</updated>
                <published>2026-04-04T23:00:04+00:00</published>
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            El misterio del cuerpo decapitado, mutilado y enterrado descubierto por unos pescadores
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uPKSe-H2pBXDfKnv8FB7ZYmD-Yc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/decapitado.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un camino vecinal próximo al puente Urquiza de la Isla Talavera, a metros del límite con la provincia de Buenos Aires, cuatro pescadores paraguayos descubrieron un cadáver semienterrado, en un lugar pantanoso y de difícil acceso.</p><p>El hallazgo se produjo el 8 de septiembre de 2012. Fue junto a un arroyo, cerca del puente sobre el lado entrerriano del complejo Zárate-Brazo Largo. El cuerpo pertenecía a una mujer joven, que tenía entre 25 y 35 años. Estaba completamente denudo. Había sido decapitada y le habían cortado las falanges en todos los dedos de sus manos.</p><p>El cadáver había sido tirado en una fosa y luego lo taparon con tierra y ramas: sólo podía verse parte de un omóplato. Estaba cerca de un camino que lleva a los complejos turísticos ubicados en el delta entrerriano, a un kilómetro de la Ruta Nacional 12, en una zona cubierta de vegetación.</p><p>La semana antes había llovido intensamente en la zona, durante varios días, por lo cual todo el lugar se convertía en un pantanal. Sin embargo, no había huellas de vehículos ni de otra índole, no había signos de arrastre, por lo cual era una gran incógnita cómo había sido trasladado el cuerpo hasta ese lugar. Todo lo que involucraba a este hecho generaba mucho misterio.</p><p>Los pescadores dieron aviso de inmediato a las autoridades y por jurisdicción, el caso quedó en manos de quien era entonces el juez de Instrucción N° 2 de Gualeguaychú, Arturo Dumón. Todavía no se había realizado la reforma del Código Penal y la instrumentación del actual sistema de enjuiciamiento, por lo cual la investigación quedaba a cargo de un magistrado y no de un fiscal, como ocurre actualmente.</p><p>Rápidamente empezaron las pericias. Mientras el personal policial de la División Criminalística de la Policía trabajó en el relevamiento del lugar y levantamiento de rastros, los Bomberos de Ceibas e Ibicuy aportaron en la extracción del cuerpo para su traslado a la Morgue Judicial del Cementerio Norte de la ciudad. También se sumaron buzos tácticos de la Prefectura de Zárate, que además estuvieron abocados a las tareas de rastrillaje sobre los arroyos cercanos.</p><p>Pero para la Justicia, era clave localizar la cabeza de la víctima. Esto no sólo iba a aportar a la identificación del cuerpo, sino también a determinar cómo había sido su muerte, pero no pudieron hallar nada. No había indicio sobre el lugar dónde pudiera estar. En un principio se creyó que el crimen tenía tintes mafiosos, e incluso se pensó que podría tratarse de un ajuste de cuentas vinculado a un caso de narcotráfico, pero sólo fueron especulaciones porque no había nada que pudiera orientar la investigación en esas primeras horas.</p><p>El lugar, la clave</p><p>Los investigadores tenían muy poco hasta ese momento. Lo único que se sabía era que se trataba de una mujer joven y que había una clara intención de su asesino para que el cuerpo no fuera identificado. De ello se desprendían varias hipótesis: podría ser una persona que se estuviera buscando y una vez identificada se llegaría rápidamente a sus últimos pasos. También, el solitario y desolado lugar que se eligió como esconder el cuerpo podía ser otro indicio.</p><p>El cuerpo se conservaba en buen estado, por lo cual se estimaba que había sido enterrada entre 12 y 24 horas antes de ser encontrada por los pescadores paraguayos. “La investigación puede cambiar de rumbo de momento a otro, nada se descarta, todo está librado a la investigación”, había dicho a ElDía el jefe de la Policía Departamental de Islas, Enrique Hugo Tabia en esas primeras horas y ya se sospechaba que “posiblemente no fue muerta en el territorio provincial, fue traída”.</p><p>La noticia comenzó a rodar por todo el país. Las características y los detalles que comenzaban a darse a conocer sobre lo que había sucedido eran tema en los diarios, radios y canales de televisión. Cuando el caso llegó a oídos del fiscal de San Isidro, Sebastián Fittipaldi, todo le hizo pensar que podía tratarse de la joven que se encontraba desaparecida desde hacía unos días en Benavídez.</p><p>La búsqueda en Buenos Aires</p><p>Solange Victoria Aguirre tenía 22 años y dos hijos: un varón de 5 y una nena que hacía pocos días había cumplido 2 años. El miércoles 5 de septiembre de 2012 salió de su casa a comprar cigarrillos a un supermercado cercano a su domicilio sobre la Ruta 9 y desde allí cruzó hacia la pollería de su ex pareja Alejandro Reynoso, un hombre de 41 años que era el padre de su hija. Pero a partir de ese momento no se supo nada más nada de ella.</p><p>La familia de Solange denunció el 6 de septiembre la desaparición. Ella le había dicho a su madre que iba a ir hasta la pollería a encontrarse con su ex pareja, con quien tenía una relación complicada a raíz de los reclamos que la joven le hacía por la manutención de la pequeña.</p><p>Reynoso, cuando se lo interrogó sobre la denuncia por el paradero de Aguirre, admitió que la chica había estado en su comercio, contó que le entregó dinero para la manutención de la niña, pero le dijo a la Policía que luego de ello, Solange abandonó el lugar y no volvió a tener noticias.</p><p>Para ese momento no se había descubierto el cuerpo en el sur entrerriano, por lo cual no había nada que lo involucrara en ningún delito. Hasta ese momento, sólo había una búsqueda de paradero de una persona mayor de edad. Igualmente, en Benavidez ya se realizaban marchas e incluso atacaron las pollerías de Reynoso a quien ya señalaban los familiares de Solange como el responsable de la desaparición.</p><p>El reconocimiento y la confesión</p><p>Fittipaldi y Dumón se pusieron en contacto rápidamente cuando la noticia comenzó a rodar. El fiscal bonaerense creía que el cuerpo que Dumón tenía en la morgue podía ser el de la joven que estaba buscando. Y no se equivocó.</p><p>Desde la Justicia de Gualeguaychú remitieron fotos a la familia de la joven para determinar si podían reconocer el cuerpo y con ello hacer una primera identificación. Un tatuaje con las iniciales A y L, que tenía en un hombro y con cortes profundos con la intención de que no fuera identificable, fue clave en el reconocimiento. Luego, la madre y una hermana de la víctima llegaron hasta Gualeguaychú y realizaron una segunda identificación, pero ya para ese momento se habían extraído muestras de ADN para una identificación fehaciente.</p><p>Una vez que finalmente el cuerpo fue identificado, la sospecha se volcó sobre la última persona que la había visto con vida: su ex pareja Alejandro Reynoso. Cuando fue detenido e interrogado, rápidamente se quebró y contó lo sucedido.</p><p>Confesó ante la Justicia de Buenos Aires haberla asesinado tras una discusión en la pollería de Benavídez. Dijo que le pegó un golpe en la sien con una chaira para afilar cuchillos. Al advertir que la había matado, colocó el cuerpo en unas bolsas de consorcio grandes que había en el local, lo cargó en su camioneta y concurrió a su casa de Boulogne, donde estaba su hijo Sergio de 19 años. Por la madrugada del día siguiente, fue con su hijo al lugar que conocían porque solían ir a pescar, y allí enterró el cadáver.</p><p>Pero la investigación no se quedó en esa confesión: había muchas preguntas sin respuestas que todavía faltaban esclarecer. Aún restaba encontrar la cabeza de la joven, que permitiría obtener conclusiones que servirían en la imputación que realizaría el fiscal Fittipaldi para el momento en llevar a juicio a Reynoso.</p><p>Fue el propio acusado, luego de reconocer su responsabilidad material en el hecho y desligar de cualquier responsabilidad a su hijo, quien señaló el lugar donde había ocultado la cabeza de la mujer. Fue a fines de septiembre de 2012 que se lo trasladó hasta el lugar y en presencia del fiscal Fittipaldi y con ayuda de los buzos tácticos de la Policía de San Nicolás, permitió el hallazgo.</p><p>En la autopsia realizada en Gualeguaychú, realizada por los forenses Oscar Chiapetti y Mauricio Godoy, se había podido determinar que el cuerpo había sido vejado y que la mujer había fallecido entre el mediodía y la noche previa al día en que fue encontrada. Incluso, se confirmó que el cuerpo había sido lavado y no presentaba sangre en el exterior.</p><p>Por una cuestión de jurisdicción, porque el crimen -según el confeso asesino - se había producido en la pollería, la competencia se fijó en la Justicia de San Isidro. Pero al aparecer la cabeza y realizar un segundo análisis en tierras bonaerenses, se conoció un detalle espeluznante en abril de 2013: los estudios histopatológicos realizados sobre algunos tejidos del cuello y otras heridas que presentaba el cadáver, determinaron que hubo irrigación sanguínea al momento en el que a Solange le rebanaron las yemas de los dedos y los tatuajes; y luego la decapitaron.</p><p>"Esto demuestra que Solange sangró y por lo tanto aún estaba con vida, cuando el asesino la llevó a la isla de Entre Ríos donde le mutiló y luego la decapitó de una manera salvaje", fue lo que le dijo a Télam el abogado querellante José Vera, cuando se conoció el dato.</p><p>La cabeza de la víctima -que fue hallada 20 días más tarde que el cuerpo-, presentaba una fractura con hundimiento de cráneo, por lo que los peritos consideraron que Solange pudo haber estado inconsciente por ese golpe, y en realidad murió desangrada al momento de la decapitación.</p><p>Perpetua y la duda</p><p>Tras su detención, a Reynoso se le dictó una prisión preventiva que cumplió en el penal de Campana, mientras que su hijo – también implicado en el crimen e imputado por el fiscal Fittipaldi – quedó en libertad hasta el inicio del juicio, luego que su padre se responsabilizara plenamente del crimen y lo desvinculara del hecho.</p><p>Según lo que había dicho el hombre, la noche del hecho le dijo al joven que lo acompañara a pescar al puente de Zárate-Brazo Largo y cuando llegaron a esa zona le pidió que se alejara; y fue él quien se encargó de mutilar y enterrar el cadáver sin decirle lo que había hecho. Por ese motivo, el hijo fue liberado por el juez de Garantías de San Isidro, Rafael Sal Lari, por falta de pruebas.</p><p>A principios de agosto de 2014, casi dos años después del hecho, se realizó el juicio. El Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de San Isidro condenó a prisión perpetua a Alejandro Reynoso por “homicidio calificado por ensañamiento y alevosía”, tal como lo había requerido en su alegato de clausura el fiscal, Sebastián Fitipaldi. Sergio Reynoso, que para el momento del juicio tenía 21 años, coimputado en la causa, quedó absuelto por el “beneficio de la duda”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uPKSe-H2pBXDfKnv8FB7ZYmD-Yc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/decapitado.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Fue un gran desafío para la Justicia de la ciudad determinar la identidad del cuerpo al cual le habían quitado casi todo lo que pudiera identificarlo. Sin cabeza ni falanges y con cortes en la piel donde había un tatuaje. Mientras, en otra parte del país, se desarrollaba otra investigación paralela para localizar a una joven madre de dos hijos.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-28T22:52:00+00:00</published>
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        <title>
            La muerte del ex comisario Jaisal Adón y el crimen de la videocasetera
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pj9Mc9tHk5OZ9D43EQnbD8pCHZ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/crimen." class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Para 1989, Gualeguaychú era un lugar tranquilo, sin mayores sobresaltos más que los económicos a los cuales estamos acostumbrados. El crecimiento de la ciudad se mezclaba con la idiosincrasia de un pueblo que se resistía a abandonar, o a resignar, ciertas conductas que la caracterizaban.</p><p>Pero hasta en los lugares más recónditos del planeta, “donde nunca pasa nada”, hay días que quedan guardados en la memoria de sus habitantes, y hasta el día de hoy hay quienes se acuerdan de lo que sucedió con Jaisal Alejandro Adón.</p><p>&nbsp;</p><p>Horrendo y espeluznanteEsos fueron los términos que se utilizaron en los diarios para titular en agosto de 1989 lo que había ocurrido con el Comisario Inspector retirado de la Policía de Entre Ríos que había sido encontrado sin vida en el interior de su domicilio en San José al 200.&nbsp;</p><p>Para ese momento en que los diarios hicieron público lo que había sucedido, la noticia ya corría como reguero de pólvora por la ciudad. Los programas de radio, que no tenían que esperar tanto para dar detalles de lo ocurrido, seguían el minuto a minuto de una investigación que en un principio se mostraba cerrada y misteriosa. Nada se sabía sobre el móvil del terrible crimen.</p><p>Jaisal Alejandro Adón tenía 68 años cuando el 23 de agosto de 1989 abrió la puerta del garage de su casa y fue atacado con “un elemento romo (sin puntas) y contundente”, que le destrozó el cráneo. Su cuerpo fue hallado al lado del Citroën que se guardaba en el lugar.</p><p>Este hombre había sido Subjefe de la Jefatura Departamental de Concordia y su hijo, Héctor Alejandro Adón, que en 1989 era Inspector Mayor, estaba a cargo de la misma Jefatura en la que su padre había ejercido años antes, por lo cual, lo sucedido en Gualeguaychú golpeaba fuertemente a toda la familia policial.</p><p>En un principio el móvil del robo había sido descartado por dos cuestiones. Por un lado, la puerta no había sido violentada, por lo cual se estableció que la víctima conocía a su asesino. La hipótesis era que le había abierto la puerta, sin la sospecha de lo que ocurriría después. Lo único que en un principio se confirmó que faltaba en la casa era una videocasetera y esto llamó la atención, pero como todo lo demás estaba en su lugar y no había nada revuelto, la primera teoría del móvil no fue la de una muerte por robo.</p><p>A partir de esto, la investigación se orientó hacia otro lado, como ser una posible venganza o algo que tuviera relación con el pasado policial de la víctima, pero con el correr de las horas esa videocasetera que faltaba jugaría un rol clave en la causa y permitiría llegar al autor del hecho.</p><p>&nbsp;</p><p>Pasto secoEl ataque ocurrió en la noche del 23 de agosto, pero se cree que Jaisal Adón agonizó alrededor de una hora. Cuando lo encontraron a la mañana del día siguiente, había logrado arrastrarse unos metros hasta la puerta de acceso de la casa sobre la calle San José. Tenía una media colocada “hasta la garganta”.</p><p>Pero con el correr de las horas se confirmó que no sólo se habían llevado una videocasetera, sino también una suma de dinero y un par de anillos de oro, que sumaban en total más de un millón de australes (la moneda argentina de aquellos tiempos). Ya comenzaba a hablarse de “los asesinos”, porque dada la modalidad del crimen se creía que más de una persona había actuado en el crimen.</p><p>Para el sábado 26 ya se tenía a tres personas detenidas, pero solo una de ellas fue la que finalmente quedó como imputada. Se trataba de un joven de 20 años, conocido como “pasto seco” en referencia a su pelo. Néstor Arturo Antonio Quintana fue detenido por tener en su poder la videocasetera de Adón. La encontraron en su domicilio de Doello Jurado 1168, casi Rocamora.</p><p>El juez de Instrucción, Celestino Toller, fue quien tuvo a su cargo la investigación y como era común en aquellos años y hasta el 2013, el mismo magistrado que dirigía la causa e imputaba al sospechoso, era quien estaba a cargo de suministrarle las garantías. Un rol algo “esquizofrénico”, como supo calificar años después otro Juez de Instrucción de Gualeguaychú.</p><p>Quintana se mantuvo siempre en silencio. Nunca abrió la boca. Pese a que había sospechas de que no había actuado solo, este joven decidió no declarar. Y así fue como llegó al juicio. Sin responsabilizarse y sin involucrar a terceros. Pero eso cambiaría años después cuando en el debate realizado en Gualeguay dio su versión de los hechos e involucró a dos ex policías.</p><p>Toller lo imputó de Homicidio agravado en concurso real con robo simple. Se le dictó prisión preventiva y por cuestiones de seguridad fue trasladado a la Unidad Penal de Gualeguay hasta el inicio del juicio que comenzó el 27 de abril de 1992.</p><p>&nbsp;</p><p>Dos policías involucradosEntre el 27 y 28 de abril de 1992 declararon tres peritos y 14 testigos, pero los magistrados dispusieron un cuarto intermedio hasta el 8 de mayo porque entendieron que era necesaria la presencia de un joven a quien se señaló como el encargado de vender la videocasetera que había sido sustraída de la casa de Adón. Como esa persona vivía en Buenos Aires o en el sur del país, no estaba muy claro dónde residía, se necesitó de tiempo, pero una vez que se logró comunicarlo y traerlo al juicio, su palabra no agregó nada importante a lo que ya se tenía.</p><p>Hasta ese momento, una de las declaraciones más significativas había sido la de Héctor Alejandro Adón, hijo de Jaisal y jefe de Policía de Concordia. Este hombre dijo conocer a Quintana y precisó que el joven conocía los movimientos de la casa; y sabía que su padre vivía solo. Incluso reveló que la víctima le había contado pocos días antes que Quintana había concurrido a la vivienda de la calle San José junto a un familiar, con la excusa de que quería ingresar a la Policía.</p><p>Pero lo más importante vino después, cuando el juicio se reanudó el 8 de mayo. Ese fue el día en que Quintana decidió hablar por consejo de su abogado, Virgilio Cardozo. Dos años y nueves meses después del hecho aseguró que no había hablado “por temor a represalias” de parte de las personas que sindicó como los autores.</p><p>Narró que el 23 de agosto de 1989, alrededor de las 20, se encontraba junto a Jaisal Adón en la vereda de la casa y de allí pasaron a una de las salas. Estaban sentados en un sillón, mirando televisión y conversando, cuando tocaron el timbre de la casa. Adón atendió por la puerta del garage, e inmediatamente oyó que entraba gente corriendo.</p><p>En su declaración mencionó que vio a la víctima tirada en el piso del garage y a dos ex policías que conocía, a quienes identificó con nombre y apellido. Dijo que uno tenía una herramienta en la mano y el otro tenía un arma. Cuando lo vieron se acercaron hasta él, y el que tenía el arma lo tomó del cabello y le dijo: “quédate tranquilo, a vos no te va a pasar nada”.</p><p>Relató que logró escapar cuando lo llevaban hacia un apartamento interior que ocupaba a veces el hijo de Adón cuando llegaba a Gualeguaychú. Pudo zafarse del hombre que lo tenía tomado y por una puerta que estaba abierta se escapó. Luego de allí se fue al bar de Campostrini, se tomó una “naranjada” y se fue a su casa.</p><p>Pero el relato no terminó allí. Para explicar lo sucedido con la videocasetera, contó que tomó el bolso con elementos de fútbol y se fue para la casa de su novia. Se subió a un colectivo y como conocía al colectivero, el chofer le habría ofrecido el aparato para ver películas y lo tomó. “Llevala”, le habría dicho el colectivero, pero Quintana no pudo bajar en la casa de su novia porque había mucho barro y por eso regresó a su casa con la videocasetera en su poder. Un relato demasiado extraño.</p><p>Dijo que recién al día siguiente se enteró de la muerte de Adón y que no dijo nada por miedo. Fue en ese momento en que tomó conocimiento que faltaba una videocasetera de la casa de Adón y entonces se acordó del colectivero. Como lo conocía, se la llevó para regresársela, pero Quintana cayó detenido cuando el colectivero lo marcó como la persona que le había querido vender la videocasetera.</p><p>En su alegato, el fiscal Antonio Cirigliano enumeró una a una las inconsistencias en el relato de Quintana y destacó que no sólo fue el hecho de la videocasetera lo que implicó al joven acusado. No tenía coartada. Había confirmado que estuvo presente en el crimen y que luego escapó. Además, en un martillo de zapatero y en una campera “vaquero” que le secuestraron, había rastros de sangre compatible con la de Adón. Incluso, unas zapatillas Adidas y el bolso que reconoció haberse llevado de la casa, también tenían vestigio de sangre, pese a haber sido lavados.</p><p>Otra de las pruebas que lo incriminaron fueron los pelos hallados en la media que tenía Adón en su boca. Eran coincidente con otros rastros que fueron cotejados a los encontrados en la campera de Quintana. Todo lo comprometía y su relato carecía de toda credibilidad.</p><p>&nbsp;</p><p>Probado, con grado de certezaPara la Justicia no hubo dudas respecto a la participación de Quintana en el caso. La única pregunta que restaba responder era si había actuado solo; y esto nunca llegó a esclarecerse con el grado de certeza que se necesita y por ello Quintana fue el único imputado y condenado a 13 años de prisión.</p><p>Existió una movilización pidiendo la libertad de Quintana, luego de haber sido condenado. Esa marcha se realizó frente a la Municipalidad, y fueron los funcionarios de aquel momento los que recibieron a los familiares. El concejal Ernesto Mindeguía, el secretario de Servicio Público Pablo Baffico y el secretario de Gobierno Daniel Irigoyen escucharon los reclamos y denuncias que tenían como objetivo que se investigue a los dos ex policías que habían sido nombrados por Quintana en el juicio, pero eso era menester de la Justicia.</p><p>Se la llamó la marcha del silencio, en clara resonancia con lo que ocurría en otros puntos del país, principalmente con lo sucedido con María Soledad Morales en Catamarca, que fue asesinada en septiembre de 1990. “Un hecho casi inédito, ya que en Gualeguaychú no se recuerda otra movilización de estas características”, escribían los diarios de aquella época.</p><p>La madre de Quintana denunciaba ante los grabadores de los periodistas: “Queremos que se haga justicia. Mi hijo que está detenido no fue culpable de lo ocurrido, simplemente fue testigo del hecho. Y a las personas que Néstor nombró en el juicio, queremos que se las detenga y se las investigue, porque no es justo que vivamos con esta gente”.</p><p>Lo cierto es que nada sucedió judicialmente con estos dos hombres. Lo único que la historia retrata fue la condena de Quintana. Tras permanecer un corto periodo de tiempo en la cárcel de Gualeguay, fue trasladado a la Unidad Penal 2 de Gualeguaychú a cumplir con los 13 años. Se supo que mantuvo un buen comportamiento. Luego, y con los dos tercios de la condena cumplida, comenzó con sus salidas transitorias hasta que finalmente recuperó la libertad.</p><p>El llamado caso Adón fue uno de los sucesos policiales más recordados en Gualeguaychú.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Pj9Mc9tHk5OZ9D43EQnbD8pCHZ0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/crimen." class="type:primaryImage" /></figure>Parece mentira, y hay quienes aún dudan que ese haya sido el verdadero móvil del homicidio que en aquel tiempo espantó a la opinión pública. Habían matado a golpes, “con un elemento romo” y “destrozándole el cráneo”, a un ex policía, a sólo tres cuadras de la catedral San José.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T23:36:13+00:00</published>
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            Condenaron a prisión a uno de los implicados en el ataque a un hombre de 72 años en Pueblo Belgrano
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4ZakjQn3wGbW4uxWmS5JGgw3zOU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/06/tribunales.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la madrugada del sábado 22 de noviembre, Gonzalo Daniel Villagra fue el autor de un ataque a un hombre de 72 años en su vivienda situada en calle Ceibas y Urquiza, en Pueblo General Belgrano.</p><p>Dos delincuentes llegaron hasta el domicilio de la víctima con la excusa de entregarle mercadería. Confiado, el hombre le permitió el ingreso, sin embargo, la visita de confianza se convirtió en una emboscada criminal: en un momento de descuido, Villagra le propinó un violento golpe de puño en el rostro que hizo caer al anciano, causándole lesiones visibles en la cabeza y el rostro. Villagra empujó a la víctima sobre la cama y siguió golpeándolo mientras lo tomaba del cuello con sus manos, hasta que el anciano se desmayó. Luego de ello, y junto a su cómplice que aguardaba afuera de campana, se apoderaron de 222 mil pesos que estaban en frascos de vidrio dentro de una caja metálica escondida debajo de la cama.</p><p>Villagra y su cómplice escaparon, pero la víctima despertó y pudo alertar a la Policía sobre lo que le había sucedido. Fue así que, al poco tiempo y durante esa misma madrugada, en un operativo que montó la Policía, lograron detener a los sospechosos en el puente Méndez Casariego cuando caminaban en dirección a Gualeguaychú.</p><p>El hombre dueño de casa resultó con traumatismo de cráneo; fracturas dentarias; sufrió una lesión a la altura de la sien izquierda, también una herida cortante en el parietal derecho que requirió una sutura de 4 centímetros y lo último que detalló el informe médico fue las heridas cortantes en ambos labios.</p><p>Ambos detenidos fueron indagados por el fiscal Facundo Álvarez y a las 48 horas se realizó la audiencia en el Juzgado de Garantías para definir la situación procesal. Para Villagra, de 30 años, se definió que cumpliera con 30 días de prisión preventiva en la Jefatura Departamental de Policía, mientras se continuaba con la investigación del caso. Para el otro detenido, de 33 años, se decidieron 30 días, pero de arresto domiciliario que cumplió en la ciudad de Zárate, aunque luego quedó sobreseído en la causa porque no fue identificado en la rueda de reconocimiento.</p><p>Pero el más complicado era Villagra, que además ya contaba con antecedentes. Días previos a este hecho, el 11 de noviembre, había sido detenido junto a otros dos hombres de 31 y 33 años, en inmediaciones de calle Alberdi y Etchevehere, por un hecho ocurrido momentos antes. Ese procedimiento a raíz de un llamado a la Policía que alertaba sobre tres personas que se entraron a una obra en construcción ubicada en inmediaciones de Avenida Parque y Churruarín.</p><p>Cuando el móvil de la Comisaría Segunda arribó a la zona, cruzó a los tres sospechosos caminando por calle Alberdi, entre Etchevehere y José Ingenieros, que llevaban una puerta placa. Al ver a la Policía descartaron la abertura, pero igual fueron aprehendidos en su intento de fuga.</p><p>Villagra ya tenía antecedentes penales, por lo cual era el más complicado judicialmente. El fiscal Álvarez le imputó violación de domicilio y robo simple por lo sucedido en Pueblo Belgrano, y hurto simple por el caso ocurrido previamente. Se lo declaró primer reincidente y se lo condenó a un año de prisión efectiva, que ya cumple en la Unidad Penal de Gualeguaychú.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4ZakjQn3wGbW4uxWmS5JGgw3zOU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/06/tribunales.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En la madrugada del sábado 22 de noviembre, Gonzalo Daniel Villagra fue el autor de un ataque a un hombre de 72 años en su vivienda situada en calle C...]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-20T15:50:01+00:00</published>
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            Fue amigo de Monzón, asesinó a golpes a Faué y escapó de la cárcel vestido de mujer
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qE9Qe4q5vDdUlNVvFY67vG_f8LI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/faue.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Para contar la historia de José Faué hay que ir al principio. Mucho antes del hecho que terminó con su vida y por el cual fueron condenados tres hombres y una mujer. Hay que comenzar por saber quién era este hombre que, al momento de su muerte, tenía 59 años y era propietario de uno de los comercios más populares de la ciudad.</p><p>A principios de la década del 80, todavía existían los negocios de ramos generales. Eran comercios donde había de todo y para todos los gustos. Juguetería, zapatería, indumentaria, bazar, mercería, librería, y todo tipo de artículos para el campo. El bazar respondía a las necesidades de aquellas personas que vivían en la zona rural y venían cada tanto a la ciudad para abastecerse.</p><p>Estaba ubicado en la esquina noroeste de la actual Sarmiento y Constitución, frente al Hipódromo de Gualeguaychú, cuando todavía por ese lugar pasaba el tren con destino a la estación por donde hoy desfilan las comparsas. Era un comercio próspero, lleno de mercadería, pero que llamó la atención de un delincuente en particular.</p><p>&nbsp;</p><p>El antecedente que marcó el crimen</p><p>Dos años y medio antes de encontrarlo muerto dentro de la casa, Faué fue atacado el 5 de junio de 1982 por dos delincuentes que irrumpieron dentro del hogar mientras el hombre miraba televisión en la cocina. La casa estaba pegada al comercio y se conectaban por el interior, por lo cual el blanco era llevarse lo que encontraran de valor y, obviamente, la recaudación, pero se encontraron con la resistencia de este fornido hombre que impidió el robo.</p><p>Pero esa suerte terminó la noche del sábado 3 de noviembre de 1984. A la mañana siguiente, cuando un empleado pasó a buscarlo para ir al campo que Faué tenía en la zona de “La Lata”, en Pehuajó Sur, se encontró con un panorama terrible. La puerta del garaje sobre Sarmiento estaba abierta y en el medio del comedor yacía el cuerpo sin vida del comerciante de 59 años. Estaba boca abajo, en medio de un charco de sangre por la herida de 20 centímetros que tenía en la cabeza.</p><p>La Policía no tardó en llegar y a las pocas horas la noticia ya se conocía en toda la ciudad. Faué había sido golpeado reiteradamente en la cabeza con un fierro de alambrador. La lesión era gravísima, e incluso tuvo pérdida de masa encefálica. Agonizó en el piso de su casa hasta que finalmente murió durante la madrugada del domingo 4 de noviembre de 1984. &nbsp;</p><p>La Policía realizó el peritaje criminalístico y levantó rastros en ventanas, botellas, y todo vidrio que había por los distintos lugares del inmueble. Todo fue analizado y esta labor dio sus frutos cuando dos semanas después del crimen, apareció el nombre de José Francisco “Pepe” Gaboardi.</p><p>Los crímenes no son perfectos. Siempre hay alguien que aporta algún dato que se transforma en la punta del iceberg. Una joven de 25 años que pasó circunstancialmente por el frente de la casa de Faué, aportó que había visto una camioneta blanca con dos o tres personas que salía “apresuradamente”.</p><p>Esa camioneta pertenecía a Gaboardi y ya para el 18 de enero de 1985, los investigadores tenían pistas firmes sobre el principal implicado. Ya para mediados de febrero, la Policía tenía a todos los involucrados declarando en Gualeguaychú ante el juez de Instrucción, Celestino Toller. Ya se tenía claro el móvil del crimen y, sobre todo, cómo había ocurrido, cuál fue el papel de cada uno y quién había sido el autor intelectual y material del homicidio.</p><p>&nbsp;</p><p>El amigo del campeón</p><p>Gaboardi era un santafesino que había nacido en la misma ciudad que el ex campeón mundial de boxeo e ídolo argentino, Carlos Monzón. Tenía 41 años, casi la misma edad del pugilista en ese momento, y cada vez que podía sacaba chapa de la relación que lo unía con el hombre que cuatro años más tarde pasaría a ser conocido como el femicida de Alicia Muñiz.</p><p>Ya tenía antecedentes, e incluso alternaba su vida delictiva entre Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes. Este hombre ya había sido condenado a 17 años de prisión efectiva en 1963 cuando tenía 20 años. Y fue gracias a su pasado que rápidamente lo ubicaron en la escena del crimen por los rastros que dejó.</p><p>Había reunido a su equipo en San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires, de donde eran todos oriundos, con el pretexto de que tenía que hacer un “laburito” en Gualeguaychú, con un “viejo” que le debía dinero. Sus cómplices fueron Miguel Ángel Boulán, de 28 años, Oscar Antonio Torres de 26 años, y su esposa Florentina Alfonso, de 24 años, que jugaría un rol clave en la planificación del crimen.</p><p>Torres y Alfonso vivían el día a día. Era un matrimonio joven, con tres hijos, desempleados ambos, por lo cual toda promesa de trabajo era bien recibida sin importar la naturaleza. En cambio, Boulán era un transportista que conocía a Gaboardi desde hacía un tiempo, y también banquineaba entre lo bueno y lo malo.</p><p>El 20 de febrero de 1985, Torres decidió abrir la boca y contarle todo al juez Toller. Le relató que Gaboardi le había dicho que iban a “apretar” a un viejo y que era necesario contar con una mujer para que la víctima les diera entrada. Sabían que Faué había enviudado hacía diez años y Florentina Alfonso, una morocha de 24 años, se iba a transformar en el caballo de Troya para lograr el atraco.</p><p>Torres fue claro en su declaración: Gaboardi nunca dijo que iba a matar a Faué y en esto coincidieron todos los imputados cuando declararon ante el Juez Toller y la fiscal Graciela Pross Laporte. Todos hablaron de que habían sido convocados para robar la casa y que la “apretada” era solo pegarle para reducirlo, pero no matarlo.</p><p>Pero Gaboardi tenía un motivo para acabar con la vida del comerciante. O por lo menos eso creía. Este delincuente había sido uno de los dos que participaron del intento de robo dos años antes, que el propio Faué logró resistir. Sabía que si lo dejaba vivo lo iba a reconocer y lo iba a vincular con el hecho anterior, y por ello no quería dejarlo con vida.</p><p>&nbsp;</p><p>Todo fue premeditado</p><p>El plan fue el siguiente: llegaron a Gualeguaychú por la mañana del sábado 3 de noviembre luego de haber salido de San Nicolás durante la tarde del día anterior, pero una serie de problemas mecánicos en la camioneta Dodge los obligaron a pasar la noche en la ruta hasta que los solucionaron con la salida del sol.</p><p>Llegaron hasta un prostíbulo ubicado frente al Regimiento, sobre Urquiza al oeste, porque Gaboardi conocía a la regente y allí organizó a su tropa, con los roles que tendría cada uno. Esa misma mañana partieron rumbo al centro, dieron unas vueltas por la ciudad y luego de ello se dirigieron hacia el comercio de Faué que estaba abierto hasta el mediodía de ese sábado.</p><p>Estacionaron unas cuadras antes e hizo bajar de la camioneta a Florentina Alfonso. Gaboardi le dijo que fuera al negocio, que pidiera por ropa interior y le advirtió que el dueño mismo la iba a atender. No se equivocó. Faué la atendió y concertó para que la joven fuera a su casa a las 20.15, una vez que cerrara el negocio.</p><p>A la hora pactada, los cuatro regresaron por la noche. Torres y Boulán bajaron unas cuadras antes, mientras que Gaboardi y la mujer estacionaron más adelante. Fue sólo para no levantar sospechas porque al final se reunieron los cuatro a pocos metros del comercio. Ella era la primera en la fila, y detrás la siguieron Gaboardi, Boulán y Torres.</p><p>La puerta del garaje estaba entreabierta. La orden de Gaboardi para la mujer fue que abrazara a Faué cuando la atendiera, pero Florentina Alfonso tocó a la puerta y se metió a la casa; &nbsp;y cuando Faué fue a cerrar el garaje, Gaboardi apareció y lo empujó hacia adentro. Atrás se metieron los otros dos cómplices, que vieron cuando el cabecilla sacó de su pantalón el fierro tipo grifa de 12 mm de espesor y le asestó un primer golpe entre la base del cráneo y la parte alta de la espalda.</p><p>Faué quedó muy golpeado. Tropezó, pero no cayó. Se apoyó en el paragolpe del Ford Falcon estacionado en el garaje y siguió trastabillándose hacia el comedor, pero fue allí donde Gaboardi le aplicó un segundo golpe mortal en la cabeza, que fue determinante para que no volviera a levantarse. La víctima quedó tendida boca abajo, con los brazos extendidos, clamando por ayuda, pero sus ruegos se perdían en la música a todo volumen que salía del tocadiscos.</p><p>Mientras Gaboardi tenía su atención en Faué, el resto revisaba y cargaba todo lo que podía. Torres y su esposa sacaban la ropa que luego iban a vender en San Nicolás, tal como les había prometido el líder de la banda, y Boulán andaba por la planta alta buscando dinero y joyas en los cajones.</p><p>Estuvieron algo más de una hora dentro de la casa mientras la víctima agonizaba en el piso de mosaicos. Luego, Gaboardi y Boulán salieron a buscar la camioneta, en tanto Torres y su esposa esperaron en el domicilio a que pasaran a buscarlos para cargar las tres valijas repletas con mercadería.</p><p>Todos a bordo, rumbearon hacia la salida de Gualeguaychú. Juntos llegaron hasta la Ruta 14, donde el matrimonio bajó y se tomó un colectivo, mientras los otros dos los siguieron detrás, hasta la rotonda de Zárate. Allí volvieron a encontrarse y repartieron parte del botín que Boulán había encontrado y entregado a Gaboardi.</p><p>&nbsp;</p><p>La palabra esperada</p><p>La declaración más importante que esperaba el juez Celestino Toller fue la de José Francisco Gaboardi. Esa indagatoria se produjo el 23 de febrero de 1985 y en ella negó totalmente los hechos que le fueron imputados. “Yo no he hecho nada, pero me buscan en todas partes a partir del hecho por el cual lo detienen a Monzón, por unas armas, y me echa el fardo a mí diciendo que esas armas eran mías, ya que yo vivía en el departamento de Monzón porque éramos amigos desde la infancia. Desde entonces cualquier hecho que sucede o mujer que desaparece me lo achacan a mí, por mis antecedentes”, dijo Gaboardi en su declaración.</p><p>Gaboardi fue detenido por el crimen de Faué cuando transitaba por una ruta correntina, en Curuzú Cuatiá, luego de estar evadiendo a la Policía por cada una de las ciudades que frecuentaba para sus negocios. “Yo me entregué y acepté venir porque sabía que tenía garantías con este juzgado, sino no hubiese venido”, le dijo a Toller creyendo que por esa adulación iba a ser condescendiente. &nbsp;&nbsp;</p><p>Para Toller no fue difícil procesar a todos los involucrados,&nbsp; ya que Torres, su esposa y Boulán confesaron ser parte del hecho, pero tomaron distancia del crimen. Los tres, en sus respectivas declaraciones, coincidieron en que desconocían las verdaderas intenciones de Gaboardi, e incluso uno de ellos lo confrontó en el momento en que lo golpeaba con la barra de hierro. “Hay que matarlo a este hijo de puta”, fue lo que le contó Boulán a Toller sobre la respuesta de Gaboardi en el momento del crimen.</p><p>El 13 de marzo de 1985, el magistrado resolvió el procesamiento y prisión preventiva de José Gaboardi por los delitos de homicidio calificado y robo calificado. Lo mismo se decidió para Torres y Boulán, pero fueron imputados como partícipes de robo calificado. En tanto, a Florentina Alfonso también se la procesó y se le dictó la prisión preventiva, pero se la imputó de robo simple.</p><p>&nbsp;</p><p>La fuga y muerte de Gaboardi</p><p>Por esos años, los juicios por delitos graves se desarrollaban en la Cámara del Crimen de Gualeguay. Hasta ese lugar viajó la causa de José Faué, con los procesados cumpliendo prisión preventiva. En los primeros meses de 1986, poco antes de que Argentina saliera campeón del mundo en México, el Tribunal integrado por Carlos Pabón Ezpeleta, Eclio Dumón y Carlos Chiara Díaz, resolvió la condena para los cuatro implicados.</p><p>Gaboardi fue condenado a 24 años, mientras que los otros tres recibieron 12 años de prisión. Florentina Alfonso fue trasladada a la cárcel de mujeres de Paraná, en tanto los hombres quedaron en la Unidad Penal de Gualeguay. Pero fue durante esos primeros meses de su estadía que Gaboardi burló la seguridad penitenciaria y escapó. Los relatos sobre las formas en que sucedió difieren según quién lo cuente.</p><p>Hay una historia que afirma que salió caminando por la puerta principal del penal disfrazado de mujer, con la complicidad de algunos guardias, y existe otro relato, quizás menos cinematográfico, que certifica que se evadió saltando el tapial del contrafrente por Misiones; y que a raíz de ese hecho se colocaron los alambres de púas que permanecen hasta la actualidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p><p>La fuga generó una gran conmoción, no sólo en Gualeguay, sino en toda la provincia y principalmente en Gualeguaychú, porque no había pasado mucho tiempo desde que había sucedido el crimen y el principal condenado ya se había escapado. Tiempo después trascendió que Gaboardi estaba en Salta y desde allí contrabandeaba mercadería por el norte del país, pero realizando esa actividad había tenido un enfrentamiento armado con Gendarmería Nacional y ello le había costado la vida.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/qE9Qe4q5vDdUlNVvFY67vG_f8LI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/faue.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El homicidio de José Faué fue uno de los tantos crímenes imborrables de la memoria colectiva de la ciudad. Cayó engañado por una viuda negra y atacado dentro de su casa por un grupo de delincuentes que lo dejaron agonizando toda la noche. A todos los atraparon y fueron condenados, pero el cabecilla pudo escapar, aunque las historias difieren en la forma.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-14T23:26:45+00:00</published>
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            El crimen del Golf Country Club: el femicidio que pasó rápido al olvido en Gualeguaychú
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                <![CDATA[Carlos Riera]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7Yai5Vk3vpRxJoMd785606jnG6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/001/104/0001104756.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Néstor Antonio Schwindt era un hombre de 44 años, que la noche del lunes 5 de octubre de 2009 se inmiscuyó dentro de la casa donde Alicia Vanini de 35 años trabajaba como empleada doméstica, y aprovechándose de que se encontraba sola, le disparó en la cabeza y luego se mató.</p><p>Este atroz crimen y posterior suicidio del femicida ocurrió en el Golf Country Club de Gualeguaychú, en una de las viviendas ubicadas a pocos metros del acceso principal al barrio privado de la zona oeste, sobre Urquiza.</p><p>Según las crónicas de aquel momento, el hecho fue descubierto por la dueña de casa donde trabajaba Alicia. Al llegar a la vivienda, la mujer percibió algunas cosas fuera de lugar. Inmediatamente dio aviso a la seguridad del barrio y junto al guardia ingresaron al inmueble. Lo que se encontraron fue un escenario tremendo: la empleada doméstica y su ex marido estaban muertos en la cocina.</p><p>Enseguida se denunció el hecho y a los pocos minutos ya se había desplegado todo el protocolo policial y judicial en torno a la casa. El jefe de Policía, Carlos Antonio Velázquez, y el subjefe departamental, Roberto Sánchez, se presentaron en la vivienda para controlar que la escena no fuera alterada por fuera de las autoridades judiciales. Pero para ese momento ya se tenía una idea de lo que había sucedido dentro de la casa.</p><p>Había una bicicleta apoyada sobre una pared a un costado de la vivienda y se confirmó que el femicida entró por una puerta trasera que se encontraba sin llave. Había llevado un arma de fuego y adentro encontró a su ex mujer, con quien estaba en plena separación.</p><p>Nadie escuchó gritos. Ni siquiera el estallido de los disparos, por lo que se presume que Schwindt extrajo el revólver calibre 22 y le disparó a sangre fría en la cabeza, provocándole la muerte en el acto. Luego, con el mismo revólver, apuntó a su sien y se descerrajó un balazo que le produjo el fallecimiento en forma instantánea.</p><p>Las tareas del personal de Criminalística de la Policía de Gualeguaychú estuvieron centradas en levantar rastros y todo el material probatorio para la causa que instruyó el ex juez Eduardo García Jurado. El magistrado, que por ese entonces tenía el cargo de Juez de Instrucción N°3 de Gualeguaychú, ordenó las autopsias a los cuerpos, no sólo para determinar las causas de muerte, sino para tener una mayor precisión sobre el horario en el que pudo haber ocurrido el trágico crimen.</p><p>Fue un caso que rápidamente se olvidó en la opinión pública. Pasó casi desapercibido para algunos porque a diferencia de otros, lo sucedido no tuvo implicancia dentro de los Tribunales. Una vez que García Jurado tuvo todos los elementos necesarios en su poder, dio por cerrada la causa. Para la Justicia estaba claro lo que había sucedido y quién había sido el causante de ese femicidio.</p><p>&nbsp;</p><p>Números que asustan</p><p>Lo que ocurrió hace 16 años no es algo aislado. Sucede todo el tiempo. Mujeres muertas a manos de hombres con quienes tuvieron relación de pareja. Hace sólo días atrás, el lunes para ser más específicos, se encontró en Concordia el cuerpo sin vida de Priscila Macarena Alanis de 33 años, con dos heridas de arma blanca. Cerca de ella se halló ahorcado a su pareja, Alcides Alfredo Yedro de 31 años.</p><p>Vanesa López, de 39 años, fue víctima de un femicidio el 12 de febrero pasado en el barrio Matadero Viejo de Gualeguay. Su asesino, Ernesto Fabián Camaño, se encuentra en la Unidad Penal Nº 9 de Gualeguaychú con una preventiva por noventa días. Fue trasladado luego de intentar quitarse la vida en la Jefatura.</p><p>Un poco más atrás, en Gualeguaychú, el domingo 24 de agosto de 2025, el sargento de Policía, Mariano Leonel Corvalán, le tiró con su arma reglamentaria a su pareja Carolina Huck y luego se disparó en la mandíbula. El hombre sobrevivió. Sólo perdió la visión de un ojo. Ella también sobrevivió, pero hoy está imposibilitada de volver a caminar. Todo sucedió delante de la hija de ambos, en el domicilio de La Rioja y Gutenberg.</p><p>Para dimensionar la gravedad de la situación: durante los dos primeros meses del año en Gualeguaychú, la Fiscalía de Género recibió 300 denuncias mensuales, de las cuales 80 fueron por delitos de género agravados por la relación de pareja, mientras que el resto se debieron a conflictos familiares. Asimismo, hubo seis condenas por casos de violencia de género; y para ejemplificar la situación: desde la Fiscalía requirieron en febrero poco más de cien medidas de protección hacia la víctima, allanamientos, exclusiones y secuestros de armas u otros elementos con los cuales se cometió la violencia.</p><p>La Oficina de la Mujer (OM) y la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) dependientes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, elaboraron un informe especial para Naciones Unidas sobre la violencia de género contra las madres que se publicó el pasado 3 de marzo.</p><p>El informe fue enviado en respuesta a la solicitud formulada por la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, a ser presentado en el 62° período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos.</p><p>Para ello, se procesaron y analizaron datos correspondientes al período 2023–2024 incluidos en los informes del Registro Nacional de Femicidio de la Justicia Argentina (RNFJA) y las presentaciones por violencia doméstica recibidas por la OVD en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) durante el mismo período.</p><p>La información presentada incluye datos relativos a 2023-2024:</p><p>-Violencia doméstica contra madres: de un total de 14.602 mujeres que realizaron presentaciones en la OVD en el ámbito de la CABA, 11.886 tenían hijas o hijos, esto es, que el 81% de las mujeres denunciantes de violencia doméstica eran madres.</p><p>-Madres víctimas de femicidio: del total de 478 mujeres víctimas directas de femicidio reportadas en el RNFJA a nivel nacional, al menos 204 eran madres (43% del total) de al menos 434 hijas/os menores de 21 años.</p><p>-Violencia contra madres y sus hijas/os: en el 31% de las presentaciones realizadas por madres ante la OVD en CABA también resultaron afectados por situaciones de violencia doméstica niñas, niños o adolescentes. Asimismo, en el RNFJA a nivel nacional se registraron 9 hechos en los que fueron asesinadas tanto las madres como sus hijas o hijos, así como 6 víctimas de femicidio vinculado en los que se mataron a las hijas o hijos para afectar a la madre, sin asesinarla.</p><p>-Vínculo con los agresores: en las presentaciones ante la OVD en CABA, el 52% de las personas denunciadas eran exparejas, el 20% parejas convivientes y el 18% eran familiares de las madres denunciantes. En los femicidios de mujeres madres a nivel nacional, el 80% de los sujetos activos eran pareja, ex pareja o mantenía o había mantenido un vínculo sexo-afectivo con la víctima.</p><p>-Grupos especialmente afectados: entre las mujeres con hijos/as que denunciaron violencia doméstica en la OVD en CABA, el 26% eran migrantes internacionales y el 15% migrantes internas. También se registraron situaciones de discapacidad y pertenencia a pueblos originarios. En el caso de las madres víctimas de femicidio a nivel nacional, en el 26% se identificaron condiciones de vulnerabilidad, principalmente migrantes tanto internas como del exterior y vulnerabilidad social.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7Yai5Vk3vpRxJoMd785606jnG6o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/001/104/0001104756.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Alicia Vanini tenía 35 años cuando su ex pareja se metió en la casa donde ella trabajaba y la sorprendió con un disparo mortal en la cabeza. Luego, el asesino se disparó en la sien. La escena fue descubierta por la dueña de la vivienda.]]>
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                <updated>2026-04-01T17:40:14+00:00</updated>
                <published>2026-03-07T22:56:35+00:00</published>
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