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    <title>El Día Ahora</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Gualeguaychú y la región. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
    <updated>2026-07-25T21:56:26+00:00</updated>
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            Hacia una reforma monetaria: los tres pilares del nuevo proyecto oficial
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                <![CDATA[Alejo Lapalma]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZKoQx4VUxEOCZvrGCv8aSvBsDiE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/450/0000450423.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Imaginemos que nos aislamos con un grupo de personas y fundamos un país nuevo, con nuestra propia moneda. Elegimos a un gobernante para que administre nuestros impuestos, pero resulta ser muy irresponsable y asume gastos que superan ampliamente lo que recaudamos. Para tapar ese agujero, usa una herramienta sorpresa: una máquina de imprimir billetes. Al principio parece una gran solución. Hay más dinero en la calle y todos gastamos más, hasta llegar a un punto donde nuestras compras superan nuestra capacidad física de producir. Como los vendedores agotan su stock y no dan abasto, lógicamente empiezan a subir los precios.</p><p>Mientras tanto, la maquinita sigue imprimiendo. Cuando te querés acordar, lo que antes comprabas con una moneda ahora cuesta tres y lo que vendías a dos, ahora lo vendés a seis. Tus números son más grandes, pero no sos más rico; simplemente el dinero vale menos. Al darse cuenta de esto, nadie quiere usar esa moneda para ahorrar porque la maquinita destruye su valor todos los días. Al final, el nuevo país se quedó sin moneda y sus habitantes terminan ahorrando en otra: Bienvenidos a la inflación.</p><p>Esto, llevado a gran escala, es exactamente lo que hizo la política argentina durante años. Y esa famosa "máquina" tiene nombre y apellido: el Banco Central de la República Argentina (BCRA). En las próximas semanas, el Gobierno enviará al Congreso lo que ya definen como el “proyecto del semestre”: una reforma estructural a la Carta Orgánica del BCRA (la constitución interna del ente, lo que dictamina que se puede hacer y qué no). El objetivo es claro y contundente: desconectar la maquinita para siempre y cambiar el ADN de nuestra política monetaria. Entonces, ¿qué propone exactamente esta nueva ley?</p><p>Un aspecto fundamental es el regreso al “Mandato Único”. El Banco Central pasará a tener una sola misión primordial: cuidar el valor del peso. Se terminan los objetivos socioproductivos. La mayor contribución que puede hacer el Estado por el crecimiento es lograr que nuestra moneda no pierda su valor y no podamos tener acceso a crédito para producir, para invertir en educación, o que no podamos ahorrar en nuestra propia moneda.</p><p>Otro aspecto importante es la prohibición absoluta de financiar al Tesoro. Se eliminan los adelantos transitorios y los trucos contables. Es, literalmente, sacarle la tarjeta de crédito al presidente de turno. Si el Estado gasta de más, tendrá que financiarse recaudando impuestos o tomando deuda, pero jamás emitiendo pesos. El proyecto incluye sanciones penales para los funcionarios que habiliten la emisión. Incluso introduce el concepto de “shutdown” (cierre temporal), que obligaría al Gobierno a paralizar funciones no esenciales si se queda sin presupuesto, sin poder tocar la puerta del BCRA.</p><p>Para que esto se cumpla, el BCRA no puede funcionar como una dependencia del Ejecutivo. Por eso, el proyecto establece que los mandatos de los directores durarán seis años con renovaciones escalonadas para no coincidir con los ciclos presidenciales. Echar al titular del Banco requerirá el acuerdo de dos tercios del Congreso. El objetivo final es que las elecciones pasen a ser “monetariamente irrelevantes”. De paso, el proyecto actualiza al banco para que pueda regular de manera moderna los activos virtuales, las billeteras digitales y las stablecoins.</p><p>Durante años, como el Estado necesitaba dinero para cubrir su déficit, los bancos hacían negocio: tomaban nuestros depósitos y se los prestaban al Gobierno comprando bonos. Era más cómodo y seguro que prestarle a la gente.</p><p>Si esta ley se aprueba, los bancos locales van a tener que volver a su verdadero trabajo: prestarle al sector privado. Esto significa que la Pyme o las empresas de los parques industriales, el productor avícola o el comerciante tendrán acceso a créditos reales. Y, fundamentalmente, el vecino de a pie podrá volver a soñar con un crédito hipotecario o prendario a largo plazo si logramos estabilizar y blindar institucionalmente la moneda.</p><p>Cambiar una ley es un gran paso, pero en Argentina sabemos que todavía queda mucho trabajo por hacer y esto es muy importante. El objetivo de este “blindaje” es elevar al máximo el costo político de volver a las malas prácticas. ¿Estará dispuesta la dirigencia política a atarse las manos definitivamente y vivir dentro de sus posibilidades? Si lo logramos, habremos dado uno de los pasos económico más importantes de los últimos años.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZKoQx4VUxEOCZvrGCv8aSvBsDiE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/450/0000450423.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Imaginemos que nos aislamos con un grupo de personas y fundamos un país nuevo, con nuestra propia moneda. Elegimos a un gobernante para que administre...]]>
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                <published>2026-07-25T20:16:00+00:00</published>
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            La economía de dos velocidades: el gran riesgo del éxito petrolero
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oNgdIBXoYw6B4hUWISx_nT_kOow=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/petroleo_vaca_muerta.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A veces el descubrimiento de los recursos naturales es visto como una excelente noticia -de hecho, lo es- sin considerar que también conlleva una serie de responsabilidades por parte de quienes toman las decisiones de un país, si no quieren que termine en un desastre.</p><p>En Argentina vivimos con el fenómeno emergente de Vaca Muerta, la reserva neuquina de gas y petróleo que ya se encuentra entre las más grandes del planeta. Es una excelente noticia para Argentina porque representa una oportunidad de transformación para nuestra balanza energética y nuestra cuenta corriente en general (o sea, haría que le vendamos más energía al mundo de la que compramos, y que entren más dólares de los que salen del país).</p><p>Para tomar dimensión: pasamos de perder 4.400 millones de dólares importando energía en 2022, a proyectar un superávit de 30.000 millones de dólares para el 2030, según estimaciones de la industria.</p><p>Pero los especialistas hablan de un fenómeno común y peligroso en países que llegan a estos descubrimientos: la enfermedad holandesa. ¿Qué es?</p><p>En los años sesenta, Holanda descubrió yacimientos gigantes de gas natural en el Mar del Norte. Empezaron a exportar, se llenaron de divisas extranjeras, pero de golpe sus fábricas empezaron a cerrar y aumentó el desempleo. ¿Qué pasó?</p><p>Cuando en un país comienza a haber abundancia de exportaciones, y por ende comienzan a liquidarse muchos dólares por parte de los exportadores, esto se ve reflejado en el mercado de cambios y, por ende, en el precio del dólar.</p><p>Como es una cuestión de oferta y demanda, el precio del dólar se abarata y ya no temporalmente como venimos acostumbrados, sino que se vuelve una nueva normalidad en la economía. Al hacerse el precio del dólar más barato, los productos producidos en el país comienzan a encarecerse respecto a los bienes de afuera y es por esto que cuando en Argentina el dólar está barato suben mucho las importaciones. En este marco, se hace mucho más difícil para todas las industrias a nivel local competir, y comienzan a fundirse las empresas que no pueden pelear contra los productos extranjeros, incluso si son eficientes algunas veces.</p><p>Esto es problemático, porque la economía se transforma de manera tal que sólo brillan los sectores exportadores y los demás se apagan, generando desórdenes estructurales con consecuencias de corto y largo plazo. Para Argentina este es un escenario posible, dado que sabemos que los principales sectores exportadores no son intensivos en mano de obra, y tendríamos bolsones de desempleo y pobreza en una economía con serias dificultades para generar empleo a través de la producción local.</p><p>A nivel nacional, el riesgo más grave de la enfermedad holandesa es la creación de lo que los economistas llaman una “economía de dos velocidades” (¿No te suena?). ¿Qué significa esto en la práctica? Que el país se parte en dos realidades diametralmente opuestas. Por un lado, el sector vinculado a la energía vuela: salarios altísimos, tecnología de punta y rentabilidad extraordinaria. Por el otro, el resto de la matriz productiva nacional, que es la que verdaderamente emplea a la inmensa mayoría de los argentinos, avanza en cámara lenta o directamente retrocede, asfixiada por costos en dólares que le impiden competir frente a lo importado.</p><p>No hace falta mirar los libros de historia europea para ver los primeros síntomas; basta con observar hoy a la provincia de Neuquén. Allí, el boom petrolero generó una burbuja de precios locales: los alquileres, la comida y los servicios se ajustaron rápidamente al bolsillo del trabajador petrolero. Sin embargo, el maestro de escuela, el empleado de comercio o el policía neuquino, que ganan sueldos "normales", cada vez tienen más problemas para llegar a fin de mes en su propia ciudad. Si la macroeconomía no se gestiona con inteligencia, el éxito de Vaca Muerta podría exportar esta brutal desigualdad a todo el territorio nacional.</p><p>Además, caeríamos en un viejo vicio de nuestra historia: la dependencia extrema de un solo factor. Durante décadas, la salud de la economía argentina dependió exclusivamente de si llovía o no en la Pampa Húmeda. Si el campo tenía una buena cosecha, el Banco Central respiraba; si había sequía, entrábamos en crisis. Si por falta de planificación permitimos que los dólares del petróleo arrasen con el resto de nuestras industrias, simplemente habremos cambiado la dependencia del clima por la dependencia del precio internacional del barril de crudo. Seguiremos siendo igual de frágiles ante el mundo.</p><p>Podemos pensar en lo que sucede en las ciudades fronterizas cuando el dólar está “barato” de manera sostenida y estas ciudades viven del turismo. En el caso de Gualeguaychú, vemos que la cantidad de personas provenientes de Uruguay disminuye, ralentizando el motor económico de estas ciudades, como la gastronomía entre otros sectores.&nbsp;</p><p>Lo mismo sucedería con aquellas ciudades dependientes de parques o polos industriales, donde allí también se verían afectados los principales motores económicos de las ciudades o provincias. Imaginemos que eso pasa a nivel país y para muchos más sectores.</p><p>Esto no significa que la aparición de estas industrias sea algo malo para el país o las economías regionales, pero acarrea nuevos desafíos para la economía del futuro que inevitablemente afrontaremos, y es necesaria la planificación de una estrategia para lograr que el impacto de esta nueva realidad no resulte pernicioso para la economía en general.&nbsp;</p><p>¿Cómo han resuelto este dilema los países que ya pasaron por esto? Noruega también encontró petróleo en su mar, y en lugar de inundar su país de billetes y encarecer su costo de vida, crearon una alcancía gigante. Se trata de un fondo soberano que cumple una serie de condiciones:</p><p>1)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El dinero no entra a la economía. El dinero permanece en un fondo soberano (del estado) pero fuera del país, de manera que todos esos dólares no inundan el mercado de cambios y no generan un dólar excesivamente barato.</p><p>2)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Noruega prohíbe que el capital de ese fondo se invierta dentro del país. Con los dólares del petróleo compran acciones de Apple en Estados Unidos, edificios en París o bonos en Japón. Al mantener los dólares fuera de Noruega, evitan que su propia moneda se vuelva artificialmente fuerte. Así, el país sigue siendo competitivo y el resto de sus fábricas no cierran.</p><p>3)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los políticos noruegos tienen prohibido tocar el capital del fondo. La regla fiscal establece que el Estado sólo puede transferir a su presupuesto anual el rendimiento real esperado de esas inversiones, que ronda apenas el 3% o 4% anual. Ese porcentaje alcanza y sobra para financiar sus escuelas, hospitales y garantizar las jubilaciones de las futuras generaciones.</p><p>Las preguntas son: ¿Cómo planificamos en Argentina administrar la futura abundancia de dólares? ¿Aprenderemos de las experiencias del pasado o sólo cometeremos nuevas versiones de los errores antes cometidos?</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oNgdIBXoYw6B4hUWISx_nT_kOow=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/07/petroleo_vaca_muerta.webp" class="type:primaryImage" /></figure>A veces el descubrimiento de los recursos naturales es visto como una excelente noticia -de hecho, lo es- sin considerar que también conlleva una seri...]]>
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                                <updated>2026-07-05T11:35:07+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T21:38:00+00:00</published>
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